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 the next generation de harry potter

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janessi1
BlackTeenage


Mensajes : 219
Fecha de inscripción : 18/07/2012

MensajeTema: the next generation de harry potter   Miér Jul 24, 2013 6:48 pm

capitulo 1: LOS POTTER

Miles de familias de magos y brujas se vieron afectadas por lo sucedido aquél 1 de mayo de 1997. Pero ningunas quedaron tan marcadas como la de los Potter, los Weasley, los Longbottom, los Scamander y los Malfoy.

Estas cinco familias fueron, en parte, las más importantes dentro de esta Batalla, ya que sus integrantes lucharon en ella para derrocar al mago más tenebroso de todos los tiempos: Lord Voldemort.

Harry Potter fue el responsable de que los días de oscuridad en el mundo mágico terminaran. Él junto con sus amigos, Ronald Weasley y Hermione Granger, durante todo un año fueron a la búsqueda de objetos tenebrosos llamados Horcruxes, de los cuales había siete de ellos y si lograban destruirlos podrían acabar, por fin, con Voldemort.

La leyenda cuenta que, Harry Potter adquirió poderes especiales, más allá de los que todo mago pudiese imaginar, pues nunca antes nadie había sobrevivido a la Maldición de la Muerte, mucho menos en dos ocasiones.Mucha gente dice que Potter es el mismo descendiente del Mago Merlín, al único que se le conoce por poder escapar de la Muerte en severas ocasiones. Pero, ninguno se dedicó a buscar a fondo la verdad de los hechos. Ningún mago le dio la importancia necesaria, excepto uno… pero este hecho es parte de lo que les voy a narrar.

Nuestra historia comienza con una lechuza, una carta y la alegría de toda una familia.

Una lechuza, porque esa es la forma de correspondencia entre magos. A veces no tan fiable como usar el teléfono o un correo electrónico, ya que puede haber cartas extraviadas.

Una carta, porque es así como sabes que has sido aceptado en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Donde antes que tú,han ido miles de generaciones de magos. Fundada por los extraordinarios Godric Gryffindor, Rowena Ravenclaw, Helga Hufflepuff y Salazar Slytherin.

Una alegría, porque toda familia mágica, siempre espera el momento en que los más pequeños vayan a Hogwarts, el lugar en dónde aprendieron todo, y al que a veces darían todo el oro de Gringotts para poder regresar, pues esa había sido su casa por siete largos años.

La familia Potter, estaba compuesta por Harry, su esposa Ginny y los pequeños James, Albus y Lily. Este año era importante, pues su segundo hijo asistiría a Hogwarts.

El pequeño Albus, de once años, despertó aquella mañana de verano sintiéndose distinto. Durante años había soñado con poder asistir a la escuela donde su padre había vencido a Voldemort, y ese año sería en el que se cumpliría su máximo deseo. Aunque a veces eso le aterraba, sin duda ser el hijo del El Elegido, había sido un poco difícil para los hijos de Harry.

Albus había escuchado ya muchas historias acerca de las aventuras que Hogwarts depararía. Más aún, después de escuchar con entusiasmo a su hermano mayor, James, pues ese año sería su segundo en Hogwarts. Aún recordaba cómo había extrañado a su hermano durante ese año, pese a que nunca soportaba sus bromas.

La que ayudó un poco con la cuestión fue su prima Rose, hija de Ron Weasley y Hermione Granger, con la que Albus tenía una muy buena relación. Sus padres estaban felices de que ambos niños tuvieran ese lazo especial.

Albus se desperezó en su cama, su hermano James todavía dormía. Casi podía decir que extrañaba estar solo en su recámara, casi. Siempre era bueno tener a su hermano cerca, pero eso no debía saberlo James, al menos no por un tiempo. Sin más miramientos Albus se bajó de su cama, se puso sus pantuflas y con el mayor de los sigilos salió de su habitación, no quería despertar a James y tener problemas por ello. Su hermano sin duda, no era una persona madrugadora.

—Buenos días, corazón —le saludó su madre, quien ya se encontraba preparando el desayuno en la cocina.

—Buen día, mama— le respondió con una voz todavía un tanto adormilada.

— ¿Dormiste bien?

El chico asintió, mientras sus ojos verdes escaneaban la mesa de la cocina en busca de la correspondencia. Acto que no pasó desapercibido ante los ojos de su madre.

—Aún no han llegado— le sonrió.

—Ah.

— ¿Sabes? Esto me recuerda a cuando empecé mi primer año en Hogwarts.

— ¿De veras? —quiso saber Albus, siempre había escuchado las historias de sus padres con interés.

—Sí, de hecho estaba tan ansiosa como tú. Recuerdo que desperté esa mañana sintiendo un cosquilleo en el estómago— Albus sonrió, así se sentía él mismo—, y sin importar si despertaba a la casa entera, salí corriendo a la cocina. Tremendo susto me llevé al ver que todos ya estaban sentados a la mesa… incluso tu padre.

—Recuerdo que sólo te había saludado y saliste corriendo como el alma que se la lleva el diablo— dijo la voz de Harry detrás de ellos.

— ¡Papá! —le saludó el pequeño, mientras su padre se acercaba a saludarlos.

— ¿Qué tal el trabajo? —le preguntó Ginny.

—Bien— respondió vagamente Harry, esas últimas semanas habían sido bastante estresantes, en el Departamento de Aurores del Ministerio de Magia se había reportado que había indicios de magia oscura por unas zonas de Albania, una de las cosas más curiosas que desde hacía diecinueve años que no ocurrían.

Ginny observó con detenimiento a su marido. Su intuición le decía que algo les estaba ocultando, pero esa charla la dejaría para cuando estuvieran lejos de los oídos de sus pequeños.

—Entonces… ¿ya llegó el correo? —sonrió Harry al ver que Ginny rodaba los ojos, mientras que Albus parecía al borde de caerse de la silla de la emoción.

—No, aún no. Por eso mamá me estaba contando de cómo recibió su primera carta.

—Vaya, y yo que creía que te estaba contando acerca de su fijación conmigo en aquella época— Harry se lanzó a reír cuando su mujer resopló poniéndose tan roja como un tomate, acto que siempre le recordaba a su mejor amigo. Los Weasley tenían la tendencia de sonrojarse por muchas cosas—. De acuerdo, tu fanatismo…

— ¿Y luego qué pasó mamá? —Albus quiso saber más, pues en su opinión nunca había algo que no fuera de importancia.

—Luego, digamos que perdí la correspondencia—río Ginny ante el recuerdo, seguía teniendo las orejas rojas, por lo que Harry la miró con cariño.

—Si hubiera sabido que eso te espantaría de recibir tu carta…— comenzó Harry.

—No, creo que lo que lo hizo mejor fue el ir de compras al Callejón Diagon.

Harry hizo una mueca, esa experiencia había sido un tanto complicada para él, ya que fue su primera vez usando los Polvos Flu.

—Fue cuando caíste en el lugar equivocado, ¿no papá?

—Ese mismo día— le sonrió Harry a su pequeño—. Hablando del colegio, debemos ponernos de acuerdo con Ron y Hermione.

Albus sonrió, ir con su prima el mismo año a Hogwarts lo iba a hacer todo más emocionante, solo les faltaría el pequeño Hugo y Lily, aunque su hermana no era tan guay como el pequeño Weasley, puesto que era una niña. Sin bien Rose también era niña, a veces no lo parecía, tenía ese complejo de sabelotodo pero era tan ocurrente como su padre, Ron Weasley.

— ¡Papá! —Lily corrió a los brazos de su padre, la pequeña sin duda recién se había despertado.

— ¡Lily! ¿Cuántas veces te he dicho que no bajes corriendo las escaleras? —le regañó Ginny.

—Lo siento.

Albus ayudó a su mamá a poner la mesa, algo para mantener alejados sus pensamientos sobre el temor de no recibir una lechuza.

— ¿Todo bien campeón? —le peguntó Harry una vez que se sentaron en la mesa. Albus sólo asintió.

Harry suspiró, Albus sin duda era tan inseguro como él.

—Me crucé con Neville anoche— le dijo a su pequeño, pues sabía que nunca fallaba el hecho de que tuvieran contactos en Hogwarts—. Me dijo que las cartas no llegarían hasta las nueve de la mañana.

— ¿Y si se extravían? —preguntó con temor el pequeño Potter— James dijo que uno de sus compañeros recibió la carta un año después.

Ginny bufó. Su hijo mayor les daba tantos dolores de cabeza como a su madre se los daban los gemelos Fred, que en paz descanse, y George.

—Nunca pasa eso, hijo— le aseguró la pelirroja—. Siempre llegan a tiempo, seguro que el compañero de tu hermano repitió de año.

Harry no sabía si se podía repetir de año en Hogwarts, ya que él nunca había visto nada parecido en su generación, por lo que sólo se encogió de hombros y asintió con la cabeza. Truco que había aprendido por Ron, cuando Hermione decía cosas que ninguno de los dos entendía.

—Buenos días— se escuchó gruñir una voz desde las escaleras. James Potter se había despertado— ¿Huelo a tocino?

Ginny rodó los ojos, sus hijos a veces eran tan parecidos a sus tíos que daba miedo.

— ¿Llegaron las cartas? —preguntó entre bostezos James.

—Aún no— replicó Lily un tanto enojada, ella también quería recibir su carta, pero debería esperar un año más para eso.

—Oh, bueno.

El desayuno pasó tranquilamente, o al menos eso parecía hasta que algo se estrelló contra la ventana.

— ¿Otra vez? —se preguntó Harry con diversión— Y yo que pensé que el pobre Errol se había jubilado ya.

Errol, era la vieja lechuza de los Weasley, que siempre tenía la mala suerte de llevarse las cosas por delante.

—Solo que esta vez es Pig— sonrió Ginny—, ya debió de haber pasado por lo de Ron y Hermione.

Harry fue hacia la ventana, y pronto una lechuza un tanto pequeña entró revoloteando en el lugar. Esta era propiedad de Ron, quien la había recibido en su cuarto año en Hogwarts, luego de un incidente con su rata Scabbers en el tercer año… Bueno, incidente… no tan incidente, si uno se pone a pensar que una rata termina siendo el fiel servidor del mago más tenebroso de los últimos tiempos.

La lechuza llevaba consigo un manojo de sobres, entre ellos varios de carácter oficial, dos cartas, una de Molly Weasley -abuela de los pequeños- y otra de Hermione.

—James…— le entregó Harry a su hijo— y Albus.

El pequeño sonrió al ver la carta con el sello de Hogwarts. Su primera carta, la misma que estaba dirigida exclusivamente hacia él.

Señor A. Potter

Valle de Godric N°17

Bristol

— ¡No es justo! —sollozaba Lily a su madre, la pequeña a lo igual que sus hermanos, siempre había ansiado ir a Hogwarts.

Sin más demora, Albus abrió su carta:

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA Y HECHICERÍA

Directora: Sybil Trelawney

(Orden de Merlín Primera Clase)

Querido Señor Potter:

Tenemos el placer de informarle de que dispone de un puesto en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios.

Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.

Muy cordialmente,

Filius Flitwick

Director Adjunto

— ¿Y bien? —sonrió Harry a su hijo. Él sabía muy bien lo que sucedía por la mente del pequeño en aquél momento.

— ¿Qué debo responder? —preguntó con temor.

Harry rio, recordaba haberle preguntado algo similar a Hagrid, cuando el semi-gigante y guardián de llaves de Hogwarts, fue a recogerle a aquella isla pérdida en el medio de la nada en que sus asustadizos tíos los habían resguardado creyendo que así Harry jamás llegaría a conocer su identidad de mago.

—Déjamelo a mí— le sonrió al chico, lo mismo había hecho hacía un año atrás con James.

Albus se fijó con atención a la respuesta que estaba elaborando su padre.

Estimada  Profesora Trelawney:

Albus recibió su carta. Como mi hijo mayor, se presentará el día indicado.

Espero que se encuentre bien, saludos a los demás Profesores.

Con cariño,

Harry Potter

Una vez que Pig sostuvo la carta, la lechuza salió por la ventana tal y como había llegado.

—Bien, ¿quién está listo para ir al Callejón Diagon?


Los jóvenes Potter se pusieron a brincar, pues eso significaba además ver a sus primos los Weasley.
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janessi1
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MensajeTema: LA NUEVA GENERACION DE HARRY POTTER (1º AÑO)   Miér Nov 20, 2013 6:24 pm

CAPITULO DOS: EL CALLEJÓN DIAGON
               
Los Potter arribaron al Callejón Diagon de la forma muggle, tal y como lo habían hecho el año pasado, cuando James había recibido su carta .
Para Harry era casi indispensable que sus hijos aprendieran a valorar lo que las personas no-mágicas hacían. Ya que, durante once años él vivió en un mundo donde la magia prácticamente existía en las películas. A pesar de que siempre pasaban cosas extrañas a su alrededor, y era especialmente por ello que sus tíos, los Dursley, no querían que Harry supiera de su condición de mago. Después de los sucesos ocurridos hacia diecinueve años, Harry sólo había mantenido contacto ocasional con su primo Dudley, quien a pesar de haber hecho la vida de Harry imposible, comprendió en el último momento que su primo era una persona especial. Le había salvado la vida una noche, cuando en un callejón algo del mundo de Harry, que él no podía ver, los había atacado: dementores. Unas criaturas que podían hacer desaparecer la felicidad de todo aquél que se le acercara, haciendo que éste sólo recordara cosas desagradables de su pasado. Estos monstruos siempre habían sido un gran temor para Harry Potter. Ginny Potter no dejaba de maravillarse de todas las cosas que existían en el mundo no-mágico, por eso estaba de acuerdo que sus hijos tuvieran una educación similar a la que había tenido Harry, obviamente restándole el hecho de que fuera maltratado. James, Albus y Lily, a lo igual que sus primos Rose y Hugo, serían unos de los pocos magos en recibir una educación escolar muggle. La pelirroja aún recordaba cómo su madre se había visto reticente ante la idea, ya que ella misma había educado a sus hijos, sin ningún problema. Harry y Hermione fueron los que lograron convencerla.
Así fue como, Harry se encontró tomando el metro con sus hijos y esposa, rumbo a Londres, haciendo el mismo recorrido que había hecho hacía veintisiete años atrás con Hagrid.
   —¿Ya vamos a llegar? —preguntaba cada quince minutos Lily Luna.
—Ya falta poco— le respondió su padre con una sonrisa
Hacer ese recorrido con sus hijos le traía buenos recuerdos.
   Pronto se encontraron en Londres, donde las personas caminaban en todas direcciones, y ninguna tienda parecía contener nada fuera de lo común, eso si no prestabas atención suficiente…
 El Caldero Chorreante tenía el aspecto de un pub bastante viejo y destartalado, lo que hacía que nadie que no perteneciera al mundo de Harry pudiera saber que allí sucedían todo tipo de cosas disparatadas, mayormente relacionadas con la magia.
—¡Harry, Ginny! —les saludó con entusiasmo una bruja bajita, de pelo castaño claro y un tanto regordeta, desde atrás del mostrador.
 Se trataba de Hannah Abbott, ahora Longbottom, esposa de Neville y dueña de aquella estancia mágica.
—Hannah— sonrió Ginny a modo de saludo—, ¿cómo esta Neville?
—Oh, el pobre está casi de cabeza con todo lo que tiene que preparar para este año escolar. Ser maestro de Hogwarts, sin dudas, es más agotador de lo que aparenta.
—¿Hará Neville que veamos las mandrágoras? —quiso saber James.
—Lo siento— sonrió Hannah al chico—, mis labios están sellados— finalizó guiñándole el ojo. James sabía que eso significaba que después le contaría, no por nada era el favorito de su tía Hannah.
Los niños Potter querían mucho a los Longbottom, que desde siempre habían sido una familia más dentro del enorme clan que conformaba la creciente familia Weasley. Neville y Hannah querían a los pequeños casi como si fueran suyos, eso se debía especialmente a que ellos aún no habían podido tener hijos, algo que una vez le preguntó James a su padre, sólo por curiosidad, cuando era más pequeño, pues sus tíos eran bastante buenos como para no ser padres. Harry, siempre reservado en asuntos que no debía meterse, le respondió con el corazón, que algún día Neville sería un padre fantástico.
La gente que estaba en esos momentos en el Caldero Chorreante, trataban de disimular miradas a aquella familia, ya que eran gente importante en su mundo. Muchos de ellos estaban eternamente agradecidos con Harry Potter.
—La gente sigue viéndote como un héroe…— sonrió Hannah mirando disimuladamente a sus espaldas.
Ginny rió al ver como Harry se ruborizaba.
—¿Cómo es que dice Ron? —preguntó Harry frunciendo el ceño— ¡Oh, sí! Mi mayor logro es estar en los cromos de las Ranas de Chocolate.
—Muy Ron— concordó Hannah.
—Eso mismo decía Dumbledore— agregó Harry para sí mismo, aunque Ginny alcanzó a escucharlo.
—Hablando de Ron…— sonrió Hannah al ver que de la chimenea central de la estancia salía entre una llamarada verde la inconfundible figura de Ronald Weasley.
—¡Puaj! —exclamó el recién llegado mientras sacaba unas pocas cenizas de su boca— Malditos polvos flu.
—¿Es que no recordaste cerrar la boca hermanito? —rió Ginny.
—Ja, ja, ja— respondió Ron con tono de ironía y sarcasmo en la voz— Muy graciosa, Gin. ¡Harry! —saludó a su mejor amigo.
—En serio, ¿qué hiciste para que te entrara ceniza en la boca? —preguntó Harry una vez que Ron había saludado a los pequeños Potter.
Con la pequeña Lily colgando en brazos, Ron sonrió a su amigo.
—Estaba discutiendo con Rose…
—Te dije que me esperaras papá— una pequeña figura con melena abundante y de un color rojo intenso salió de la chimenea.
—Ya no eres una niña, a tu edad ya viajaba solo por la Red Flu.
La pequeña Weasley dio un respingo al ver que tenían audiencia, por lo que fue adorable, para los mayores, ver como su carita algo sucia por el hollín se coloreaba casi del mismo tono que el de su cabello. Rose Weasley sin duda era hija de Ron. Los pequeños saludaron a su prima con alegría, especialmente Albus. Era un alivio para ambos saber que no iban a estar solos en su experiencia en Hogwarts, más aún al saber que siempre estarían siendo observados de cerca, con grande expectativa, pues eran hijos de los magos que habían vencido a Lord Voldemort.
—Aun no entiendo cómo dejaron que Trelawney sea la directora suplente de Hogwarts. Vaya susto me pegué con ello cuando leí la carta de Rosie— anunció Ron a los mayores presentes.
—Es acreedora de una Orden de Merlín de Primera Clase por sus predicciones durante la Guerra contra Ya-Sabes-Quién, o al menos eso me ha dicho Nev.
Harry casi rodó los ojos, a pesar de haber pasado ya 19 años, había magos que aún seguían temiendo llamarlo por su nombre.
—Ya pero Hermione no está del todo contenta, a pesar de que la hayan nombrado Orden de Merlín de Tercera Clase por las profecías que ella ha dado.
—Hablando de Hermione— le cambió el tema Ginny al darse cuenta de que los niños estaban atentos a cada palabra que decían— ¿Dónde están ella y Hugo?
—Oh, hubo un pequeño incidente con Hugo.
—Mejor dicho, mi hermano hizo un puchero grande que hizo que él se llenara de un sarpullido horrible, que ni la pobre de mamá le pudo curar con las recetas de la abuela— se le adelantó Rose a su padre, a los más grandes esto les causó un poco de gracia, ya que lo mismo solía hacer Hermione de chica—. Mamá ha tenido que llevarlo a San Mungo.
—Se nos unirán en una hora— finalizó Ron.
—¿Pero por qué le sucedió eso? —quiso saber Albus, por lo que le preguntó en voz baja a Rose.
—Lo que pasa es que, él quiere ir a Hogwarts desesperadamente, y bueno… ya sabes cómo son las cosas, si uno se sobre carga emocionalmente, la magia hace acto de presencia.
—¿Cómo olvidarlo? —Albus hizo una mueca recordado cuántas veces le habían pasado cosas de ese estilo.
La más extraña había sido cuando un grupo de su escuela muggle había intentado pegarle con un balón, de la nada el balón cambió de dirección pegándoles a todo el grupo en las cabezas sin siquiera rebotar en el suelo. Esa vez tuvo problemas con los directivos, y su padre tuvo que explicarle que cosas así sucedían siempre.
—¿Ya has visto la lista de cosas que debemos llevar? — le preguntó animada Rose.
—Sí, no puedo creer que ya empecemos— sonrió un poco, ya que desde el día que había recibido su lechuza, tenía miedo de la Selección de Casas.
—Espero estar en Gryffindor como nuestros padres— expresó la pelirroja.
—Ya, pero… ¿y si no quedamos ahí?
—Cualquiera sería mejor que Slytherin— respondió rápidamente la chica, ya que ese mismo sermón se lo decía su padre. Pero a ella realmente no le importaba mucho, pues si algo había aprendido de las historias de sus padres y tíos es que al final todas las casas tienen algo bueno, a pesar de que su historia no lo sea.
Albus suspiró, ese era uno de sus grandes temores, quedar en Slytherin…
La Casa de Salazar Slytherin no era una de las más preciadas en Hogwarts debido a la cantidad de magos tenebrosos que ésta había dado al mundo. Fue precisamente en esa Casa dónde Lord Voldemort fue criado en sus tiempos de estudiante, y donde además fueron la mayoría de sus Mortífagos -como se hacían llamar sus seguidores. El gran temor de Albus de estar en esa casa se debía principalmente a que él tenía un especie de imán para los problemas, además de que últimamente le estaban pasando cosas más raras de lo habitual. La única que sabía de esto era Rose, pues temía que si les decía a sus padres, ellos le tomarían por loco e incluso dejarían de quererle. Este último pensamiento de Albus era, en parte, culpa de su hermano mayor, quien al regresar para vacaciones de Navidad le había dicho que sus padres estaban orgullosos de él por estar en Gryffindor, como toda la familia. Albus, ahora más que nunca, se sentía presionado por ello.
—¿Has hablado con Tío Harry? —susurró Rose, mientras los adultos se ponían en marcha para ir a la parte trasera del Caldero Chorreante, donde se encontraba la puerta al Callejón Diagon.
—No— le contestó Albus—, tú sabes muy bien que lo que hice el otro día fue… demasiado extraño. Incluso se podría decir que fue tenebroso.
—Pero Al, recuerda que algo parecido le pasó a tu papá mientras…
Rose se calló al darse cuenta de que la pared que todos habían tenido por delante en aquél "patio" trasero del Caldero Chorreante comenzaba a moverse, ladrillo por ladrillo, hasta dejar paso suficiente para todos para pasar a lo que era el Callejón Diagon. A la niña siempre le había gustado ese lugar, pues ante sus pequeños ojos esa cantidad de tiendas era como estar en un paraíso mágico. Nada podía compararse con aquél Callejón, inclusive ni las tiendas de los partidos de Quidditch a los que, de vez en cuando, asistían.
—Bien, ¿qué les parece si Harry y yo vamos a Gringotts mientras ustedes se van midiendo la ropa y cosas por el estilo? —preguntó Ron.
—Buena idea Ron— sonrió Ginny—, así ganaremos más tiempo y podremos darle una sorpresa a George.
—Merlín solo sabe que en la tienda hemos estado con mucho trabajo últimamente— se quejó Ron.
El pelirrojo, después de la Guerra había trabajado junto a su hermano en Sortilegios Weasley, ayudando a su hermano George a sacar adelante la tienda, pues su hermano gemelo y socio, Fred, había fallecido en la Batalla de Hogwarts en manos de un Mortífago. George nunca se había recuperado del todo de la pérdida, pero aceptó la ayuda que su hermano menor intentaba ofrecerle. Poco tiempo después se casó con Angelina Johnson, compañera de Gryffindor en sus tiempos de estudiante, su hijo Fred era de la edad de James, juntos habían sido seleccionados en Gryffindor el año pasado, mientras que su hija pequeña, Roxanne, iniciaría el próximo año, junto con Hugo y Lily. La familia Weasley sin duda se había expandido mucho en esos diecinueve años.
—Sólo no intenten jugar con los dragones esta vez— bromeó Ginny, mientras jalaba a un ansioso James (quien luego de escuchar la palabra dragones, quiso investigar) hacia la tienda de Madame Malkin, donde les compraría una túnica nueva a Rose, Albus y James, el último había crecido un par de centímetros desde el año pasado. Nuevamente la pelirroja pensó que su hijo mayor había heredado mucho de los genes Weasley.
—Entonces, ¿es cierto que hay dragones que custodian las cámaras de Gringotts? —quiso saber el mayor de los Potter.
Ginny suspiró.—Eso tendrás que preguntárselo a tu padre.
—Es un sí, ¿cierto?
Rose rodó los ojos, su primo mayor nunca cambiaría.
—A veces me pregunto si Hagrid no ha influenciado mucho en su gusto por los dragones— rió Albus.
El semi-gigante, Guardián de Llaves y Profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas en Hogwarts, siempre había sido un gran amigo de los Potter y los Weasley, ocasionalmente durante las vacaciones de verano todos se reunían en La Madriguera. A los niños les encantaba escuchar todas las historias que Hagrid tenía para contar de sus años en la Escuela de Magia y Hechicería.
—Es probabl...— Rose emitió un gritito asustado cuando de la nada se les apareció una bruja bajita y vieja, de un aspecto bastante demacrado.
—Lamento espantarla jovencita— la mujer exhibió una dentadura algo amarillenta al sonreírles— ¿Primer año en Hogwarts?
—Ellos sí— apareció Ginny—, mientras que mi otro hijo… será su tercer año, en la Casa Gryffindor.
—Oh, pero si son los Potter— sonrió la señora—. Mi hija mencionó que el año pasado habían venido. Lamento haberlos perdido.
Fue en ese momento (precisamente cuando Hugo exclamó un "¡Fantástico!"), que Albus se dio cuenta de que una cinta métrica lo media de pies a cabeza, de hombros a rodilla… y así sucesivamente, para luego pasar a medir a Rose.
—Sin duda será un gran año para Hogwarts— sonrió la mujer—. Casi todos los hijos de los Héroes de Guerra están ya cursando materias en el Castillo, ¿no es así?
Ginny sonrió algo incómoda.
—Todavía faltan unos cuantos.
—¡Espléndido, espléndido! — la bruja volteó a ver a Rose y a Albus—, ¿y los bombones ya saben a qué Casa irán?
—Aún no estamos seguros— respondió Rose con nerviosismo, esa bruja no le gustaba, y qué decir a Albus, quien encontraba a la mujer tan dulce como su tía Rebecca, la esposa de tío Dudley.
Dudley Dursley era el primo de Harry Potter por parte de sus madres, ambos se habían criado en la misma casa, en el número cuatro de Privet Drive. A decir verdad, de chico, Dudley nunca le había hecho la vida fácil a Harry pues sus padres, Vernon y Petunia, repudiaban todo lo que tuviera que ver con el mundo de Harry. Fue recién después de dieseis años, que Dudley le tomó un poco de cariño a su primo, después de que este le salvara la vida y además se enterara de que pronto debía embarcarse en un viaje peligroso, para salvar a ambos mundos de un mago siniestro. Con el paso de los años, Dudley y Harry mantuvieron contacto por medio de cartas, especialmente para Navidades y Cumpleaños, solo en cuatro ocasiones los Potter habían visitado a los Dursley. Y era algo que ninguno de los chicos olvidaría jamás, especialmente Albus, quien parecía ser el favorito de su tío por el parecido que tenía con su padre. Era precisamente por ello, que su tía cada vez que iban a visitarles le llenaba de besos y lo llamaba "caramelito", provocando los celos de su primas terceras Agatha y Sophie, que eran mellizas y tenian su misma edad.
—Maravilloso, maravilloso— sonreía la bruja, sin duda estaba un poco sorda.
—Es extraña, ¿no? — susurró Rose.
—¡Rose! —la regañó Ginny.
—¡Pero tía, si es la verdad! —exclamó la niña.
Albus rió por lo bajo mientras, su mirada viajó hacia la ventana que daba a la calle. Afuera había por lo menos cientos de brujas y magos, de todas las edades, pero fue una familia la que más le llamó la atención, tal vez era porque parecía que no pertenecían al lugar, o tal vez por la mirada de tristeza del padre, la incomodidad del hijo o el amor que emanaba la madre; el padre y el hijo eran rubios, mientras que la madre tenía el pelo castaño, los tres tenían una gran presencia, algo misteriosa, pero de gran porte. Albus creía haber visto al señor en algún lado antes, pero no recordaba dónde. El chico rubio parecía haber sentido la mirada de Albus, pues pronto comenzó a buscar algo con la mirada. Los ojos de ambos se toparon por segundos hasta que Albus rompió el contacto, pues un alfiler le había pinchado el brazo. Después de eso, Albus no volvió a ver ni al chico, ni a su familia, pese a que recorrieron prácticamente todo el Callejón Diagon comprando cosas para el Colegio una vez que su padre y su tío hubieron vuelto de Gringotts.
—Bueno, creo que se nos acortaron los lugares— sonrió Ron—, es hora de que tengan sus varitas.
Albus y Rose sonrieron de la emoción, era lo que más estaban esperando durante todo el viaje.
—¿Van sin mí? —preguntó una voz conocida a sus espaldas, la cara de Ron estaba más roja que su cabello.
—¡Tía Hermione! —exclamó Lily al ver a su tía y al pequeño Hugo.
Hugo, pelirrojo igual que su padre y hermana, se veía más pálido de lo normal, tenía un color un poco verdoso que hacía que sus pecas parecieran puntos negros de tinta en un pergamino.
—¿Cómo esta Hugo? —le preguntó Harry una vez que su amiga hubo saludado a todos.
—Pudo haber sido peor. Además del sarpullido comenzó a salirle vello en el cuello y las manos…
—Espero que a Lily no le pase igual cuando se vayan Albus y James, ya sabes cómo reaccionó la vez pasada— le cortó Ginny, recordando cómo su hija pequeña había colapsado en un mar de lágrimas que había, sin exagerar, inundado todo su cuarto en cuestión de segundos.
—¿Estas mejor Hugo? —le preguntó su hermana, el chico asintió.
—Sólo un poco mareado.
—No te desesperes, dentro de dos años irás a Hogwarts— le sonrió James a su primo.
—Ese es el problema, me preocupa ir a Hogwarts— el pelirrojo frunció el ceño— ¿Qué tal si no soy tan bueno como mamá o papá?
—Eso mismo me pregunto todos los días— le dijo Albus—, y si te soy sincero tengo miedo. Ser el hijo de Harry Potter nunca ha sido fácil— suspiró—. Pero, creo que sería un cobarde si por miedo a lo que más temo dejo de lado el sueño que más he deseado en toda mi vida, y esa es asistir a Hogwarts.
—¡Vaya, Al! —le miró con sorpresa James— No creí que fueras tan profundo.
—¡Oh, calla! —Albus sintió sus orejas calientes, el ruborizarse era algo que había heredado sin duda de su madre.
—Bien chicos— les llamaron la atención sus padres—, es hora de que Rose y Albus tengan sus varitas.
La Tienda de Ollivander se hallaba en el mismo lugar de siempre, con ese aire viejo pero imponente. Se decía que había estado en pie desde el mismo momento en que se había creado el Callejón Diagon, pocas tiendas habían sobrevivido tantos años.La campana del lugar sonó en cuanto entraron. Los más grandes junto con James, Lily y Hugo se quedaron más atrás, dejando a Albus y a Rose al frente.
—Qué aburrido, ¿no puedo ir a ver las escobas, papá? —le preguntó James. Harry lo miró con el ceño fruncido.
—Ha salido la nueva Rayo Lunar, la más veloz del mercado— dijo todo emocionado el chico—, es la más veloz del mercado.
—¡Quiero verla! —exigió Hugo, a quién estar ahí sin que Ollivander llegara le parecía pérdida de tiempo.
—Si ellos van, yo también— añadió Lily, ella siempre quería imitar todo lo que Hugo hiciera, por una extraña razón. Hermione decía que era porque lo consideraba su ejemplo, mientras que Ron se reía y decía que estaba enamorada, en cierta forma, de Hugo.
—Yo los llevo— se apresuró a calmar las cosas Ginny, que ya veía venir la Tercera Guerra Mágica si los pequeños retoños no tenían lo que querían. Lamentó perderse a Albus con su primera varita.
—¿Segura? —le preguntó Harry, sabiendo cómo a su mujer le gustaba ver todo lo que sus hijos lograban, y si eran justos, adquirir una varita no era algo que se viera todos los días.
—Sí, tú quédate con Albus, yo llevo a los niños a la tienda de Deportes, así de paso veo esos nuevos instrumentos de los que me pidieron hacer una nota en el Profeta.Después de que Ginny se alejó con los niños, pasaron unos minutos más cuando Ollivander, al fin, hizo acto de presencia.
—Señores Weasley, Potter… señora Granger— sonrió el hombre al entrar, no sin cierta dificultad, en el umbral detrás del mostrador. Ollivander era un mago viejo, ninguno de los adultos sabía con certeza qué edad tenía el hombre, pero desde la Batalla en Hogwarts entre ellos había nacido un vínculo muy especial. ¡Y qué decir del pequeño Teddy Lupin! Al joven parecía haberle agradado tanto el mago desde su infancia, que ahora seguiría sus pasos en el mundo de la fabricación de varitas. Sin duda, era un arte bastante interesante eso de poder canalizar toda la magia que un mago poseía en una simple varita de madera.
—Señor Ollivander— sonrió Hermione, quien de los tres era la que había mantenido más contacto, luego de la Batalla, con el Señor Ollivander.
—Es un placer verlos de nuevo…— sus ojos se posaron en Albus y Rose— El segundo Potter y la primera Weasley en ir a Hogwarts, ¿no es así?
Albus sintió como si el hombre lo estuviera mirando a través de Rayos X, era una sensación extraña.
—Sí, así es— respondió por los dos Rose.
—Señor Potter— se dirigió el hombre a Albus—, las damas irán primero.
—Oh, si… por su-supuesto.
El chico estaba nervioso, sabía que la varita elegía al mago, pero… ¿qué pasaba si ninguna le elegía? Rose no parecía tan nerviosa, o al menos eso creía el ojiverde, quien no podía estar más lejos de la realidad. La pelirroja estaba hecha un manojo de nervios en el interior, sabía lo mismo que su primo pero no dejaba de estar nerviosa, sabía que este era un momento casi tan importante como entrar en Hogwarts. ¡Tendría su primera varita!
—Veamos…— una cinta métrica apareció de la nada— ¿zurda o diestra?
—Diestra— dijo la niña y de inmediato la cinta comenzó a tomarle medidas de la palma, del dedo anular a la muñeca, del anular al codo, del anular al hombro y así siguió hasta que el Señor Ollivander, que se había metido detrás de una gran estantería salió con varias cajas.
—Probemos con esta…— le dijo el hombre, tendiéndole una varita—, veinticinco centímetros, madera de cerezo, bastante flexible y con pelo de unicornio. Agítela.
La pelirroja hizo lo que el mago le dijo, pero fue caótico. Las cajas de los estantes de detrás del mostrador salieron disparadas en todas las direcciones, para sorpresa de Albus y Rose. Harry sonrió al recordar que algo similar había sucedido con él en su primer año en Hogwarts.
—Creo que no— sonrió el hombre con ojos de fascinación, mientras tomaba otra varita—. Pruebe esta, veintitrés  centímetros y medio, fresno, ligeramente flexible, con nervio de corazón de dragón…— Rose siguió el procedimiento anterior obteniendo el mismo resultado—, veintiocho centímetros, madera de cerezo, elástica, su núcleo es de pelo de unicornio macho.
Así siguieron varias varitas, para la frustración Rose, hasta que…
—Treinta centimetros, palisandro y rigida, su núcleo es de nervio de corazón de dragón— Ollivander le tendió la varita. En cuanto Rose la tocó, de la punta salieron chispas rojas. La pelirroja sonrió con alegría, había recibido su primera varita. Atrás de ella, Ron y Hermione sonreían con orgullo a su hija con, principalmente Hermione, los ojos vidriosos de la emoción. Fue cuando le tocó a Albus, quien a lo igual que Rose comenzó teniendo dificultades, incluso con las varitas ya usadas por Rose.
—Tan difícil como su padre, ¿eh?— sonrió Ollivander, guiñándole el ojo a Harry. Albus estaba petrificado, ¿qué tal si realmente no había varita para él? . Harry, sintiendo el stress que emanaba su hijo, le puso una mano en el hombro, en señal de apoyo, mientras Ollivander buscaba en el fondo de su tienda.
—Creo que… — el mago sonrió—, esto es incluso muy curioso. Veintisiete centímetros, madera de caoba, flexible y… con pluma de ave fénix.
De la punta de la varita emergieron chispas rojas. Albus había conseguido su varita…
—Increíble, ¿no es así Harry? —sonrió George Weasley detrás del mostrador.
Después de haber comprado todos los materiales para Rose y Albus, los Potter y los Weasley habían ido a Sortilegios Weasley, la tienda que al parecer más concurrencia de niños y jóvenes brujos tenía. Sin duda, cuando los gemelos Weasley habían decidido lanzar su propia marca de artículos de broma, jamás habían imaginado el gran alcance que tendrían. Tal era así, que la misma se había expandido a varias partes del mundo, entre ellas Norteamérica, Oceanía y Asia, y países como Brasil, Argentina en América del Sur. Fred Weasley, hermano gemelo de George y fallecido en la Batalla de Hogwarts, sin duda estaría contento y orgulloso de saber cómo les estaba yendo en el negocio.
—Eh, si…— respondió vagamente Harry al ver el nuevo producto de los gemelos: un chicle capaz que hacía que quien lo mascara escupiera fuego.
—Falta perfeccionarlo un poco…, ya sabes con eso de que se te pueden quemar los labios… pero, son solo unos toques.
Ron sonrió con incomodidad al recordar las "pruebas" de su hermano.
—Papá, papá— le llamó a George una niña de unos ocho -casi nueve- años, de cabello castaño y de tez achocolatada, que resaltaba por sus enormes ojos azules, mismos que contemplaban a su padre con anhelo.
—¿Qué pasó Roxy? —le preguntó con ternura el pelirrojo.
—Papi, Freddie no nos deja jugar ni a Lily ni a mí, con sus cartas explosivas.
George suspiró. Su hijo Fred Weasley II, sin duda había sacado su carácter y disfrutaba de hacer rogar a su hermana menor, tal como lo hacía su difunto hermano con Ron. Aún era un recuerdo fantástico, al menos para él, cuando un pequeño Fred había convertido en araña al osito de peluche de un bebé Ron, todo en venganza porque el más pequeño le había roto su escoba de juguete.
—Son juegos de grandes, Roxy— le regañó su padre—, ¿por qué no juegas con Lily a las muñecas Raven?
—¡Son aburridas!
Ron rió por lo bajo, la pequeña era un dolor de cabeza para su padre, pero este siempre cedía a lo que ella pedía, no importaba qué fuera.
—¡Pero, si con tío Ron hemos logrado que Raven pueda cambiar de color o vestimenta cuando pronuncias las palabras correctas! —se quejó cansinamente el pelirrojo mayor. Esa muñeca les había costado seis meses de ardua investigación a su hermano y a él, todo porque quería, en un principio, satisfacer a su pequeña con una muñeca única en el mundo (tanto mágico como muggle).
—Pero yo no quiero…
"¡BOOM!", un sonido proveniente de la oficina de Ron logró interrumpir a Roxanne Weasley en medio de su queja hacia su padre.
—¡Rose! —Hermione fue la primera en correr hacia la habitación, donde Albus, Rose, Fred, James y Hugo aparecieron debajo de una nube de humo. Sus caras estaba llenas de la ceniza que las cartas explosivas habían dejado tras de sí.
—Todo…— Rose tosió—, ésta bien.
—¿No quemaron mi cromo, verdad? —entró Ron preocupado en la habitación, haciendo con su varita un hechizo que succionó el humo del lugar.
—¡RON! —le regañó Hermione—, te preocupa más un cromo que tus hijos.
—S-no, ¡No!, por supuesto que no— se apresuró a corregirse Ron, intentando sonar convincente ante su esposa, que parecía que en cualquier momento iría a sacar fuego por la boca, y eso que no había probado el chicle de George.
—Rayos, esta vez ha sido fuerte, ¿eh? —rió Verity, la ayudante de Ron y George en la tienda, al ver a los niños en aquél estado.
—¿Qué estaban jugando? —quiso saber Hermione.
—A las cartas ultra explosivas— le explicó la muchacha con orgullo—, son un hit entre los adolescentes. Nada comparadas con las cartas explosivas de antes.
Hermione rodó los ojos. Nunca le terminarían de convencer esos juegos "de bárbaros".
—Lo sentimos, mama— le dijo Hugo, su carita llena de ceniza hacía que sus ojos azules y cabello pelirrojo, sobresalieran de forma intensa. Era imposible decirle que no a un niño tan tierno como él. Hermione suspiro.
—La próxima vez dejen una ventana abierta…
—Y guarden mi cromo en…— Ron se detuvo al sentir la mirada asesina de Hermione—, si sólo… dejen la ventana o la puerta… abierta.
Los niños rieron, pues sabían que el mayor tesoro de Ron era su cromo de rana de chocolate. Había pasado años (diecinueve para ser exactos), buscando el cromo con su cara. Según él, ese era su mayor mérito alcanzado, por ello lo había colgado con orgullo en su pared de "cosas importantes" de su oficina, entre una foto de él con sus hijos y una del día de su boda con Hermione. La tarde pasó sin ningún tipo de eventos, los Potter y los Weasley (unidos más tarde por Angelina, esposa de George), cenaron en el Caldero Chorreante, donde luego todos acordaron de verse en La Madriguera el 31 de agosto, ya que los abuelos Molly y Arthur darían una cena en honor a sus nietos que irían a Hogwarts ese año, tradición iniciada hacía seis años cuando Victorie Weasley, la hija mayor de Bill y Fleur, había ingresado a su primer año en Hogwarts. Sin duda tanto Albus como Rose necesitarían un día familiar en La Madriguera, para disipar los miedos y para "despedirse" de sus vacaciones.


Última edición por janessi1 el Mar Dic 12, 2017 12:59 pm, editado 3 veces
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janessi1
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MensajeTema: capitulo 3 de next generation :errores del pasado   Miér Dic 18, 2013 5:26 pm



ERRORES DEL PASADO

Scorpius Malfoy era el hijo de Draco Malfoy y Astoria Greengrass, ahora Malfoy, tenía recién cumplidos los once años, y ese año iría a Hogwarts, junto a otros niños más.

Scorpius era un chico bastante callado para su edad, sus ojos azules grisáceos siempre denotaban tener un montón de conocimiento superior al de su edad. Esto era así debido a que desde que tenía memoria, el chico había tenido que convivir con los fantasmas de los errores de la familia de su padre, quien desde que él nació, se encargó de enseñarle que las cosas que él había hecho eran malas, erróneas y todo por tratar de complacer a su abuelo, Lucius Malfoy.

La historia de los Malfoy nunca fue del todo inocente, desde los primeros días de oscuridad bajo el temor de Lord Voldemort, Lucius se unió a sus seguidores, llegando a ser, casi, la mano derecha del Señor Tenebroso. Fue por ello que Draco creció en un ambiente donde el linaje de la sangre era lo más importante, a pesar de que había ocasiones en las que se cuestionó si lo que hacían estaba bien.

Ahora, 19 años después, Draco se daba cuenta de todos sus errores, los aceptaba y trataba de que su pequeño, su más preciado tesoro, no siguiera sus pasos. Jamás se perdonaría que eso sucediera. Por ello, intentaba que las visitas de Lucius a su casa fueran casi nulas, cosa que a veces resultaba imposible, justo como aquél día.

Su casa se encontraba a las afueras de Londres, era una casa bastante grande, de color blanco con tejas azules. Esta era todo lo contrario a la Mansión donde Draco había crecido; donde la Mansión era oscura y fría, su Casa tenía luz y vida. Los tres Malfoy regresaban de un día agotador en el Callejón Diagon, cuando encontraron la puerta de la calle entreabierta. Draco se puso en alerta sacando su varita.

—Quédense donde estan— les dijo a su mujer y a su hijo, la primera le veía con un tanto de miedo en los ojos—, iré a inspeccionar.

A pesar de que los días de oscuridad habían llegado a su fin, aun había seguidores de Lord Voldemort sueltos, y uno de los mayores temores de la pequeña familia era que fueran tras Draco, pues él había "traicionado" al Señor Oscuro, cuando mintió sobre la identidad de Harry Potter cuando éste y sus amigos fueron apresados en la Mansión Malfoy.

—¿Todo está bien, ma?—quiso saber Scorpius, minutos después de que su padre entrara en la casa.

—Todo bien cariño— le sonrió de manera algo forzada, se preguntaba qué era lo que estaba haciendo que Draco tardase tanto, ya que la Casa no era tan grande como una Mansión.

Pasados varios minutos angustiosos para Astoria, quien con Scorpius se había quedado como petrificada en su lugar a la entrada de la casa, la puerta de entrada se abrió de par en par y por ella salió Draco con cara de pocos amigos.

—Mi padre llegó de visita— anunció con voz sombría.

Astoria lo miró con comprensión, siempre era la misma historia. Cuando Lucius Malfoy decidía visitar a su hijo se dedicaba a molestar y a criticarle todo lo que estaba consiguiendo de buena manera en su vida actual. La forma en la que estaba educando a Scorpius era su tema preferido.

—¿Y tu madre?— preguntó esperanzada Astoria, pues sabía que si Narcissa Malfoy estaba presente, entonces Lucius sería menos duro con su esposo.

Draco suspiró con pesar, mientras tomaba algunas de las bolsas de su hijo. Scorpius le sonrió a su padre para darle ánimos, él sabía lo pesado que podía ser su abuelo cuando quería.

—Se fue a la casa de unas amigas… y como papá no tenía nada que hacer…

Astoria rodó los ojos, sin duda el pasatiempo favorito de Lucius Malfoy era hacer sufrir a su hijo.

Scorpius entró junto a sus padres en la casa, pronto un elfo doméstico joven apareció para ayudarlos.

—Gracias Dobby— sonrió Scorpius con agradecimiento, el elfo le sonrió.

—No hay de qué amo—dijo con voz chillona el elfo, sus ojos azules brillaron como dos bolas de tenis para desaparecer con un ligero "¡POP!", indicando que había aparecido en el cuarto del chico.

Dobby II era el elfo de los Malfoy. Draco había querido enmendar el pasado con su anterior elfo, Dobby I, pero poco después se enteró que mientras había salvado a Harry y sus amigos de la Mansión Malfoy, su tía, Bellatrix Lestrange, había logrado herirlo con un cuchillo, hiriéndole gravemente. El elfo no sobrevivió.

—No deberías ser tan amable con la servidumbre, Scorpius— una voz proveniente de la sala hizo que el chico se sobresaltara.

Scorpius trató de no soltar un bufido. Odiaba cuando su abuelo le reprendía por algo.

—Papá, con todo el respeto que me mereces, esta es mi casa— le dijo Draco—. Y yo le enseñé a mi hijo que no debe de tratar a los demás como si fueran inferiores a él, o algo semejante.

Lucius bufó.

—Siempre fuiste un debilucho— le soltó su padre.

Draco se tensó.

—Hijo, ¿por qué no vas a tu cuarto?

—Sí, papá— le obedeció Scorpius, pues ya sabía lo que venía a continuación.

Cada vez que su abuelo aparecía en su casa sucedía lo mismo, su padre y él discutían por todo durante horas hasta que su abuela venía a rescatarlos del aburrimiento de Lucius, pues eso era lo que le pasaba a su abuelo, cuando se aburría por estar solo en la vieja Mansión Malfoy iba directo a la casa de ellos, donde podía disfrutar de su pasatiempo favorito, quejarse de su hijo.

Scorpius suspiró, cerrando la puerta tras él. Sabía que las últimas discusiones de su abuelo y su padre eran debido a su carta de aceptación en Hogwarts, la misma que se encontraba en el escritorio que tenía delante de él.

Con algo de sigilo se sentó en el escritorio, y por lo que parecía la millonésima vez en el día releyó su carta. Sería una blasfemia si no dijera que estaba nervioso y emocionado a la vez, había leído tanto sobre Hogwarts en los últimos años, que hubiera sido casi un delito que hubiera decidido ir a otro colegio, tal como lo sugirió en repetidas ocasiones su abuelo paterno…, pero tanto le llamaba la atención Hogwarts que incluso había leído y comprado "Hogwarts, una historia". Libro que había encontrado en Flourish & Blotts (la librería mágica del Callejón Diagon), y el cual se había convertido en uno de sus libros favoritos.

Un ruido en la esquina de su cuarto lo distrajo de sus pensamientos, se trataba de su lechuza, Morgana, un ejemplar blanco y dorado de Tyto Alba.

—¿Quieres salir? —sonrió el chico al ver como el ave picoteaba la entrada de su jaula.

Scorpius abrió primero la ventana, y luego ayudo a Morgana a salir de su jaula. La lechuza salió volando desplegando su hermoso plumaje dorado. Ella había sido un regalo de su madre por cumplir los once años.

—Dobby— susurró Scorpius una vez que Morgana se perdió entre las nubes del cielo.

—¿Amo Scorpius? —apareció el elfo de repente.

—Hola, lamento el comportamiento de mi abuelo…— comenzó el chico.

—Dobby entiende, señor— le sonrió el elfo—. Aún existen magos que se niegan a lo que estan estableciendo las leyes mágicas desde la caída de Usted–Sabe–Quién.

—Dobby… ¿qué tan malo esta halla abajo?

El elfo hizo una mueca.

—Dobby prometió no decirle nada al señor Scorpius— las orejas de murciélago del elfo se movieron como alas, se notaba su nerviosismo.

—No importa, sólo… quería saber.

—Hay veces, señor, en las que es mejor no saber mucho.

—Lo sé Dobby, pero me preocupa papá. Ya sabe cómo le afectan estas apariciones repentinas del abuelo— finalizó sentándose en su cama.

El elfo se acercó al chico y le dio unas palmaditas en la espalda.

—¿El amo quiere jugar a snap explosivo? —Scorpius negó con la cabeza, sabía las tácticas de distracción del elfo.

—No quiero meterte en problemas, sólo quería saber…

—Dobby aceptará el castigo gustoso, solo quiero que el amo Scorpius este bien.

—Estoy bien Dobby— le dijo un poco más seguro el chico—. Ahora ve a ayudar a mi madre, antes de que mi abuelo…

El elfo asintió, recordando con estremecimiento la última vez que el abuelo del chico había ido a su Casa. Él se había quedado haciéndole compañía a Scorpius, dejando de lado los quehaceres más importantes, como la cena. Esa noche Dobby recibió un crucio por parte del abuelo del niño. Draco Malfoy nunca supo cómo pedirle perdón.

—No se preocupe amo Scorpius, cuando termine vendré a hacerle compañía…

Sin dejarle tiempo al chico para protestar, el elfo se desvaneció en el aire.

Una vez que Scorpius comprobó que Dobby se había marchado, corrió a su armario y del fondo extrajo una caja llena de chucherías de Sortilegios Weasley, de las que sacó un par de orejas extensibles. Había usado muchas veces ese artefacto para escuchar pláticas de sus padres, como las discusiones para sus regalos de Navidad o Cumpleaños, salvo que ese día las usaría con otro propósito: ganarle de antemano a su abuelo en sus quejas hacia él.

Con el mayor de los sigilos, Scorpius salió de su habitación y se pegó al barandal de la escalera, misma que daba al pasillo donde se encontraba el despacho de su padre y a la sala, en alguno de esos lugares debía estar llevándose a cabo la nueva Guerra Familiar.

—… el chico debería aprender los modales dignos de un Slytherin— escuchó Scorpius decir a su abuelo.

—Como yo eduqué a mi hijo, no es de tu incumbencia— susurró su padre, aunque por el sonido de la voz, parecía que estaba bastante cerca de la oreja extensible—, me sentiré orgulloso de él sea cual sea la Casa en la que quede.

—No puedes decirlo en serio— le atajó molesto Lucius.

—Lo hago, ya te lo dije mil veces. Prefiero que mi hijo viva feliz a que pase una vida miserable como la mía.

—Insolente.

—Para nada, sólo honesto querido padre— Scorpius pudo escuchar la sonrisa socarrona de su padre tras la frase—. ¿O debo enseñarte la marca de mi ante brazo izquierdo? Es una prueba bastante factible, sobre que mi vida fue miserable.

Scorpius sabía sobre el pasado de su padre. A veces se preguntaba cómo no había tenido el valor de enfrentarse a su abuelo y así evitar sufrir tanto.

—Son errores que uno comete, hijo— le dijo una vez cuando se lo preguntó—. Por ello debes prometerme que pase lo que pase, jamás intentarás cumplir con alguna expectativa, da lo mejor de ti. Y nunca te olvides tampoco de tu prójimo, de hacer verdaderos amigos, amigos que nunca te den la espalda.

Esa vez había sido una de las pocas veces en las que su padre le había admitido cuánto daño le había causado su abuelo. Y por ello era que, uno de los pactos que entre ellos habían hecho, de padre a hijo, era de que nunca iban a tratar de ser como él lo había sido con su abuelo, siempre tendrían la confianza para hablar el uno con el otro, serían los mejores de los amigos. Su padre siempre le daría consejos, pero nunca le obligaría a hacer nada que fuera contra lo que él creía, quería o pensaba.

Scorpius sospechaba que, por la historia que sabía de su padre, ese cambio se había dado gracias a Harry Potter, y tal vez un poco más por su madre. Astoria sin duda ejercía una gran influencia en la nueva forma de ser de Draco.

—¿Cómo te atreves? —espetó la voz de Lucius— Tú, quien falló…

—¿Por qué sigues viviendo en el pasado, papá? —quiso saber Draco, su voz denotaba cansancio.

—El pasado no se olvida.

—En eso te secundo, pero— Draco suspiró—, ¿no crees que es hora de dejarlo ir?

—Mis ideales seguirán siendo los mismos hasta el día de mi muerte— concluyó Lucius.

—De acuerdo…— un sonido como de pasos alertó a Scorpius de que era momento de dejar de espiar.

Una vez que estuvo de vuelta en su recámara se puso a pensar sobre todo lo que había escuchado. Se sintió en parte culpable, pues todo había surgido porque su abuelo quería que estuviera en Slytherin como toda su familia. El peso en el estómago, por el nerviosismo que ya tenía de antes, acrecentó.

No quería ser la decepción de su familia, el que le causara problemas a su padre.

La cena transcurrió en un silencio agobiante, hacía minutos que Narcissa Malfoy se había unido a su esposo en la casa de su hijo, pero aun así el ambiente estaba tenso, tanto que Scorpius estaba seguro que si tomaba su cuchillo y lo pasaba por el aire podría cortarlo.

—Te ha quedado delicioso— le felicitó Narcissa a Astoria.

—No lo hubiera logrado sin la ayuda de Dobby— sonrió la mujer.

Lucius hizo una mueca de desagrado que disimuló cuando su mujer le miró con severidad.

—Sin duda— sonrió sarcásticamente el hombre.

Draco apretó los puños por debajo de la mesa.

—Tu padre me dijo que hoy recibiste tu carta, ¿no es así Scor? —sonrió Narcissa.

El chico, quien hasta ese entonces había estado jugando con los brócolis en su plato, miró a su abuela.

—Eh, si abuela. Hoy recibí mi carta— le devolvió la sonrisa.

Después de su abuelo paterno, Hyperion Greengrass, su abuela era sin duda su favorita.

—Me ale…

—Deberás saber entonces, que ahora más que nunca deberás pensar en qué Casa estrás— interrumpió Lucius.

—Aún no lo sé— dijo firme Scorpius.

—Slytherin ha sido la Casa de los Malfoy por siglos— sonrió su abuelo—, así que… es tu deber seguir la tradición.

—¡Oh, vamos Lucius! —le regañó su mujer— Scorpius puede ir a cualquier Casa— dijo para luego, mirando a Scorpius, añadir—, no importa cuál sea, siempre serás nuestro orgullo.

—Eso mismo digo— sonrió Draco levantando su copa de vino, acto que molestó a Lucius.

—Pero, ¿qué es esto? —dijo en tono despectivo— ¿No se dan cuenta de que es importante?

—Ya no lo es, la fuerte división y rivalidad de las Casas en Hogwarts ha sido una de las peores cosas que han sucedido dentro del Colegio— le contestó Astoria sin dejar de sonar respetuosa—, si mi hijo es apto para otra Casa que no sea Slytherin, lo aceptaremos igual. Yo misma casi fui seleccionada para Ravenclaw.

Lucius rodó los ojos.

—Claro, pues tus abuelos pertenecieron a esa Casa…— refutó el viejo.

—Yo estaré orgulloso de mi hijo, aunque éste sea Seleccionado en Hufflepuff— le sonrió Draco a su hijo para darle ánimos. Él mejor que nadie sabía lo que pasaba por la mente de su pequeño, pues veintisiete años atrás él había estado en su lugar.

—Pamplinas— escupió con odio Lucius—, si tu hijo va a Hufflepuff olvídate de tu Herencia.

—Ya no te tengo miedo, padre— le respondió Draco con tranquilidad—. Puedes hacer lo que te plazca, a mí ni todo el oro de Gringotts podrá hacerme cambiar de opinión, pues amo a mi hijo.

Narcissa se aclaró la garganta.

—Creo que es hora de irnos, Lucius— dijo con la mirada fija en su marido, quien parecía estar a punto de decir algo—. Seguramente hoy han tenido un día agotador.

—No te imaginas cuánto— le respondió Draco mirando fijo a su padre.

—Bueno, nos retiramos.

Dobby apareció en la sala llevando los abrigos de los abuelos de Scorpius y una bolsita con Polvos Flu. El primero en irse fue el Señor Malfoy.

—Perdónalo hijo— le pidió su madre a Draco, a modo de despedida—. No sabe lo que hace.

—No es fácil, madre.

Narcissa suspiró.

—Buena suerte en Hogwarts, Scorpius— le sonrió a su nieto.

—Gracias abuela.

Sin decir nada más, Narcissa desapareció tras las llamas verdes de la chimenea, dejando tras su partida un silencio descomunal en la salita de los Malfoy.

Astoria abrazó a su esposo, se veía agotado y no por haber ido al Callejón Diagon y haber pasado el día comprando cosas.

Scorpius, sin decir nada, se fue a su habitación. Su cabeza era un torbellino de preguntas casi sin respuestas. De lo que estaba realmente seguro era que si no quedaba en Slytherin su abuelo le iba a armar, literalmente, la Guerra a su padre.

Al entrar en su habitación se dio cuenta de que Morgana ya había regresado, el suave ulular de la lechuza lo tranquilizó.

—Ha sido un día pesado— le dijo a la lechuza, mientras la acariciaba.

El chico se apresuró a cambiarse de ropa por sus pijamas. Cuanto más rápido se metiera en la cama, más rápido terminaría ese día horrible. Lo único que lo mejoraba un poco era el hecho de que iría a Hogwarts y su nuevo baúl lleno de los materiales para el Colegio, contando con su nueva y más preciada adquisición: su varita.

Scorpius se acostó en su cama, pero no podía pegar el ojo. Él siempre analizaba todas las situaciones, y lamentablemente no tenía amigos con los que compartir sus penas. Era patético pensar que un niño de once años no tuviera amistades, salvo por sus padres. Y es que eso no se debía a que Scorpius no tratara de hacer sociales, de hecho más de una vez en las fiestas de Navidad había tratado de hacerse amigo de los hijos de los "amigos" de su padre: Gregory Goyle y Blaise Zabini, pues ambos tenían hijos de su edad. Pero no importaba cuanto tratara, Cayo Goyle y Augustus Zabini, nunca querían estar cerca de él, alegando que era hijo de traidores, a pesar de que sus propios padres intentaban ser cordiales con Draco y Astoria.

—¿Puedo pasar? —preguntó desde la puerta la voz de su padre. Scorpius asintió.

Draco avanzó por la habitación con calma, observando cada detalle.

—Este cuarto no será lo mismo sin ti— le sonrió su padre, mientras se sentaba a los pies de su cama.

—Eso creo— murmuró Scorpius a modo de respuesta.

—¿Sabes? —Scorpius miró atento a su padre— La vida nunca es fácil, pero si le ponemos trabas en el camino será peor. Lo que… dije en el comedor durante la cena, es verdad. Nunca me sentiré menos orgulloso de ti si quedas en otra Casa.

—Pero el abuelo se enfadaría contigo…— Draco meneó la cabeza.

—Deja al abuelo con sus tonterías. Yo te quiero hijo, y no quiero que sufras. Vive tu vida, deja que el Sombrero Seleccionador sea quién decida donde debes estar.

—¿Aunque sea Hufflepuff? —preguntó el chico haciendo una mueca.

—Aunque seas de Hufflepuff— rió Draco—. Lo importante es que sigas siendo tú mismo, tu esencia, no la pierdas. Pues ha habido muchos magos que lo han hecho… aun siendo de otras Casas— sonrió al recordar su segundo año—. Un claro ejemplo fue mi segundo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.

—¿En serio?

—Gilderoy Lockhart, ese hombre era muy inteligente y astuto, fue alumno de Ravenclaw, pero pudo más su astucia y avaricia… deseo del poder que perdió el rumbo de quién era, estafando a muchas personas— Scorpius estaba atento a cada palabra de su padre—. Pero, un día su astucia encontró a su némesis…, creo que es la única cosa que he admirado de Ronald Weasley en mi vida.

—¿Qué sucedió?

—Ese año en Hogwarts estaban sucediendo cosas horribles, la Cámara de los Secretos había sido abierta…— su mirada se tornó lejana, como recordando un mal recuerdo—, casi al final del ciclo escolar se anunció que Ginny Weasley, hermana de Ronald, había sido secuestrada por el Heredero y el Monstruo que habita en la Cámara… sólo Harry Potter y su fiel amigo pudieron rescatarla, aunque era trabajo de Lockhart, quien alegaba conocer la entrada de la Cámara.

—¿Tu sabes dónde queda?

—La verdad que no lo sé— le respondió con seguridad—. Pero, sólo por ver los horrores de lo que podría hacer… hoy no quisiera descubrirlo, a pesar de que cuando era chico moría por servirle al Heredero.

Scorpius pensó en algo para distraer a su padre, ya que sabía que estaba recordando sus "años oscuros", como él secretamente llamaba a la época en la que Draco había servido a Lord Voldemort como Mortífago.

—¿Qué sucedió con Lockhart? —se apresuró a preguntar.

—Nadie sabe a ciencia cierta lo que ocurrió aquella noche, o cómo Potter y Weasley rescataron a la hermana de éste. Lo que si se supo era de que Lockhart había intentado lanzarles el hechizo obliviate a los dos con la varita rota de Weasley— sonrió un poco al recordar los problemas que había causado esa varita—. Lockhart aún se encuentra en San Mungo.

—Vaya— murmuró Scorpius, imaginando qué había podido pasar en la Cámara de los Secretos.

—Por eso hijo, si algo he aprendido de mis errores del pasado, es que no debes de tratar de ser lo que los demás esperan de ti— le dijo serio, mirándolo a los ojos—. Y recuerda siempre, no importa lo que suceda, siempre te querré porque eres mi hijo.

—Yo también te quiero, papá— le abrazó Scorpius.

Desde la puerta de la habitación Astoria Malfoy miraba la escena con ternura.


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MensajeTema: CAPITULO CUARTO : EL ANDEN 9 ¾    Vie Dic 20, 2013 3:10 pm

ESTE CAPÍTULO CONTIENE SPOILERS DEL ÉPILOGO DEL SÉPTIMO LIBRO

Las vacaciones de verano pronto llegaron a su fin y fue así como todos los Weasley y los Potter se vieron celebrando la última noche de la nueva generación que asistiría a Hogwarts en la madriguera. La madriguera había sido el hogar de Ron y sus hermanos, ahí se habían criado. Era una casa poco convencional, incluso para los magos, pues si uno la observaba desde afuera parecía la torre de Pisa, ya que al parecer Molly y Arthur habían ido añadiéndole pisos conforme sus retoños iban creciendo. El problema parecía que la casa por los pisos agregados parecía a punto de caerse, lo que la sostenía era un hechizo que hacía años le había lanzado Arthur, sin que su esposa se enterara del todo. Pese a su imagen, aquel sitio siempre fue para Harry Potter como su segundo hogar, después de Hogwarts. Esa noche Arthur Weasley se había encargado, con la ayuda de sus hijos y Harry a armar una carpa en el extenso jardín que tenían, así podrían cenar todos juntos, mientras los más pequeños se encargaban de ayudar a Molly a desgnomizar el mismo.
— ¿Y si petrificamos a los gnomos…? — Dijo pensativo Fred Weasley.
— ¡Oh, no lo harás! — Chilló Rose escandalizada — Son seres indefensos.
— ¿Indefensos? — Se quejó Hugo — ¡Uno acaba de morderme los dedos, Rose!
Albus río para sus adentros, siempre sucedía lo mismo. James y Fred intentaban hacer algo que sacaba de casillas a Rose, y Hugo terminaba quejándose.
— ¡Esto es asqueroso! — Exclamó Dominique Weasley, la segunda hija de Bill y Fleur quien sostenía en sus manos a un gnomo de aspecto espantoso y con más mugre que la que alguna vez había visto. Dominique tenía quince años y era muy femenina y guapa al igual que su madre, y eso a veces hacía que su ego creciera hasta los anillos de Saturno pero no era para menos, pues tenía un largo y precioso pelo pelirrojo y unos ojos azules que cuando quería algo y alguien se los miraba, no podía decirle que no. Sin duda era parte de su sangre veela.
— Deja de quejarte Dominique — Le dijo Louis a su hermana, el chico tenía trece años al igual que sus primos Fred y James solo que el a diferencia de sus primos era serio y disciplinado —. Y más os vale a vosotros dos no hacer nada- Amenazó a James y Fred quienes levantaron las manos en señal de inocencia -.Sabéis que está prohibido hacer magia fuera de Hogwarts.
— Deberías dejar de imitar a el tío Percy — Dijo James para escándalo de Louis, que le lanzó una miradas asesina.
— A menos de que quieras terminar siendo prefecto… — Sonrió Fred de manera socarrona. Y Louis, enfadado, pateó a un gnomo que tenía cercano, el pobre salió volando por lo menos unos treinta y cinco metros.
— ¡Vaya! — Sonrió James — Para ser de Ravenclaw pateas como de Gryffindor.
Y tanto el cómo su hermana Dominique rodaron los ojos. Ella y su hermano eran de la casa de las águilas, mientras que ellos, Molly y Victoire iban a la casa de los leones. Victoire y Molly eran las más grandes de todos los primos, la primera iba a empezar séptimo, mientras que la segunda (hija mayor de Percy y Audrey Weasley y hermana mayor de Lucy de ocho años) iría a sexto.
— Son insoportables — Refunfuñó Lily Potter de nueve años, quien parecía estar demasiado concentrada en la tarea, ella y su prima Roxanne de ocho años se tomaban muy en serio el hecho de lanzar los gnomos fuera del jardín. A diferencia de Lucy, quien se encontraba dentro de la casa, intentando ayudar a su madre, tías y abuela
— ¿Saben si vendrá Teddy? — Preguntó de golpe Albus,
— No lo sé — Se encogió de hombros Dominique. Ted Lupin era el único hijo de Remus Lupin y Nymphadora Tonks, quienes habían fallecido a manos de los mortífagos durante la batalla de Hogwarts. Él se había criado con su abuela materna Andrómeda Tonks que había muerto hacia unos meses, y también bajo el cariño y la protección de su padrino Harry Potter al que quería más que a un tío, por eso no era coincidencia que siempre estuviera presente en las reuniones de los Weasley.
— Sería divertido tenerlo aquí — Puntualizó James —. Aún me debe el que se pase el día con el pelo de color naranja.
Teddy había perdido una apuesta de Quidditch contra James, quien había apostado que los Tornados de Tushill perderían frente a los Chuddley Canon. Ganó James por muy poca diferencia y por ello Teddy había accedido a pasar un día entero pelirrojo, algo que no era muy difícil para él, ya que había heredado la condición de metamorfamago de su madre.
— ¿Te das cuenta de que lo confundirían con uno más de nosotros? — Espetó Louis.
— ¡Pero si Teddy ya es de la familia! — Río divertido Fred.
— Ya, déjense de tonterías, mientras más rápido terminemos esto, más rápido podremos cenar — Se quejó Rose. Albus sonrió al ver como con la palabra “comida”, Rose había convencido a todos sus primos. Sin duda todos eran familiares. La mayoría de los primos Weasley eran pelirrojos, sólo James, Albus, Roxanne, Fred y Victoire tenían el cabello de distinto color donde los dos hermanos Potter eran morenos los segundos eran castaños cobrizo y Victoire la primogénita de Bill y Fleur era rubia. Pronto el cielo se cubrió de gnomos volando en todas direcciones, lo que hacía que pareciera que del mismo estaban cayendo patatas. Las risas incontrolables de los primos Weasley era como música de acompañamiento junto a los gruñidos de los gnomos que eran lanzados por el aire. Desde adentro de la casa, sus madres y la abuela veían con sonrisas la escena, especialmente recordando cuando alguno de ellos tuvo que hacer el mismo trabajo que los pequeños estaban haciendo. Luego de desgnomizar el jardín, los chicos decidieron jugar con una pelota muggle de fútbol de su abuelo Arthur, solo para lanzárselas los unos a los otros. James alegaba que así podría practicar para entrar en el equipo, pues no quería que la pasara lo mismo que ese año que se había quedado fuera del equipo de Gryffindor debido a que la capitana Jocelyn Wood era demasiado exigente reclutando a los nuevos jugadores.
— ¡Atrápala Albus! — Le gritó Fred, pero la pelota voló más alto que él, perdiéndose de vista entre los primeros árboles del bosque.
— Yo voy — Les anunció Albus a sus primos molestos. Siempre era lo mismo, pero él no tenía la agilidad para atrapar la pelota como ellos, sin duda a lo mejor nunca podría jugar Quidditch como sus padres. El chico se adentró en el bosque buscando la pelota, pero era casi imposible por el tamaño del pasto que ahí crecía. Cuanto más caminaba, más las ramas de los árboles se iban cerrando a su paso.
— Ajá, te tengo — Susurró para sí al ver la pelota en una rama. Con mucha agilidad Albus trepó el árbol y lanzó la pelota al suelo, así podría recogerla y salir de ese lugar cuanto antes, más después de lo que le había pasado hacía un mes atrás.
— Veo que has regresado… — Una voz silbante sonó arriba de la cabeza de Albus, a quién se le encogió el corazón.
— No, sólo he venido por mi pelota — Albus tenía miedo.
— Oh, pensé que venías a hacerme compañía… — la voz se fue acercando cada vez más, hasta que Albus tuvo a su dueña cara a cara. Se trataba de una serpiente
—, nadie había hablado conmigo, hasta que llegaste tú.
Albus juraba que la serpiente le había guiñado un ojo, sus ojos grises le miraban de manera hipnótica. Un escalofrío recorrió el cuerpo del chico.
— Deb-debo irme — Tartamudeaba Albus, no quería que nadie le descubriera.
— Entiendo. Nos volveremos a ver, muchacho.
Albus salió corriendo del lugar tan rápido como le permitían sus cortas piernas (para su edad era bastante pequeño a comparación de su hermano y sus primos).
Tenía miedo, mucho miedo. Hablar en pársel era sólo de magos tenebrosos. No le importaba lo que su prima Rose le dijera, su padre ya no lo hacía, eso sólo había sido en tiempos de Lord Voldemort. Lo que le rondaba en la cabeza, era por qué él había adquirido ese poder. Con la misma destreza con la que se había internado, logró salir del bosque. Su cuerpo parecía temblar por dentro, el estómago le dolía y tenía la sensación de que iba a ponerse malo en cualquier momento.
— ¡Hasta que al fin regresas! — Le regañó James en cuanto llegó al lado de sus primos – Casi nos haces tener que ir a decirles a los mayores que habías desaparecido.
— Lo siento — Dijo Albus entregándole la pelota a Fred que lo miraba con el mismo reproche y diversión que James, a ambos les encantaba molestarle.
— ¡Basta ya, James! — Le regañó Rose — Hasta hace un momento estabas a punto de llorar pensando que un troll se había tragado a tu hermano. Albus logró sonreír.
Rose siempre intuía cuando algo no andaba bien con él y salía en su defensa.
— No es cierto — Le dijo James.
— Sí lo es.
— Que no.
— ¡Sí!
— ¡Qué no!
— ¿Qué, acaso tienes cuatro años? — Se burló su prima. James nunca salía victorioso de sus peleas con Rose, todo lo contrario. La pelirroja sin duda sabía cómo bajarles los humos a los varones de su familia, fueran de su generación o de la de sus padres
— Hay veces en las que no te soporto, primita — Dijo entre dientes malhumorado
— Pero igual me quieres — Sonrió la niña. La tarde pasó sin ninguna eventualidad después de ello, pero aun así cuanto más se acercaba la hora de cenar, más nervioso se ponía Albus. No podía dejar de pensar en la serpiente. A Rose no se le pasó por alto que su primo estuviera tan desanimado, ya que desde que había vuelto el bosque no hablaba mucho y se pasaba la mano por el cabello, un acto de nerviosismo que había adquirido con el tiempo y que Rose sabía leer a la perfección.
— A ti te pasa algo — Lo enfrentó una vez que se sentaron en la mesa a comer.
— No me pasa nada — Le dijo susurrando Albus a su prima.
— No me mientas — Le pellizcó el brazo.
— ¡Auch! — Se quejó Albus — Eres una salvaje.
Rose le miró mal.
— De acuerdo, de acuerdo — Suspiró el ojiverde —. No sé por qué me senté al lado tuyo — añadió más para sí. Rose estaba a punto de patearle, cuando prosiguió
—. Volví a ver a la serpiente. Era la misma.
— ¿Estás seguro? — Le miró con preocupación, a lo que Albus asintió sin poder hablar del todo — Pero eso es imposible Albus, quiero decir, es ilógico que sea la misma de la última vez.
— Lo sé, pero eso es lo extraño. Nunca antes me había pasado o son las serpientes del bosque de los abuelos o es que en serio hablo… ya sabes qué.
— Es extraño — Rose se quedó pensativa un rato había algo de todo eso que no le cuadraba a la pelirroja, tampoco le gustaba para nada.
— ¡Buenas noches familia! — La atronadora voz de Teddy Lupin interrumpió toda cavilación entre los dos primos, quienes se olvidaron del tema una vez que su “primo” favorito hubo empezado un tema de conversación donde incluyó a todos los presentes.
— ¿Cómo han estado? — Quiso saber Teddy, dirigiéndose especialmente a Albus y Rose, una vez que terminó de comer su primer plato. Victoire le miraba con ternura
— Bien — Respondió Albus algo cansino, Teddy lo miró como evaluándolo.
— Me alegro — Le dijo, aunque no sonó convincente —. Según tengo entendido han obtenido sus varitas hace una semana…
— ¡Sí! — Sonrió Rose de oreja a oreja, apresurándose a sacar su varita de sus pantalones. Desde que la había comprado siempre la llevaba consigo.
— Vaya que sí es bonita — sonrió Teddy — ¿puedo?
Rose sintió entregándole su varita, la cual Teddy tomó como si fuera una flor
— Treinta centímetros, rígida, madera de palisandro y núcleo de fibra de corazón de dragón — La examino detenidamente.-. Sin duda será muy buena para encantamientos es una mezcla muy curiosa — Añadió devolviéndole la varita a Rose.
— ¿Por qué? — Quiso saber Albus.
— El palisandro es una madera muy poderosa y cuando se une con la fibra de corazón de dragón — el chico siguió mirando a Teddy sin comprender, mientras que Rose admiraba su varita fascinada —. Es como si pusieras algo delicado con algo muy fuerte lo malo es que no serás la única Ollivanders me comento eso sí sin decirme nombres que uno de tus compañeros de curso tiene exactamente la misma varita.
— ¡Hey, Teddy! — Le llamó de pronto James, que hacía unos minutos había estado hablando con Fred acerca de un papel que había encontrado en su casa — Creo que me debes algo…
Teddy sonrió mientras su cabello empezaba a colorearse. Sin duda pasaría como un Weasley más si alguien no lo conociera.
— ¿Más patatas? — La Señora Weasley, la abuela de los niños, preguntó pasando desde su asiento hasta donde se había sentado Teddy.
— No, gracias — Le sonrió el joven. Teddy pronto comenzó a relatar sus vivencias ya cómo todo un adulto, y cuando Fred le preguntó si iría a despedirlos en el expreso de Hogwarts, el joven sólo se encogió de hombros, al parecer ese día, por la mañana, tendría que hacer una diligencia y no quería despertar falsas esperanzas en los chicos. Esa última noche de verano fue sin duda memorable. Fred y James prendieron bengalas de Sortilegios Weasley que se pasaron haciendo figuras, incluso hasta después de la partida de los Potter (quienes fueron los últimos en irse) para disgusto de su abuela. Horas más tarde Albus, Rose y Scorpius Malfoy al igual que todos los niños magos de once años de Reino Unido apenas podían dormir pues la emoción por ir a Hogwarts les invadía. Y por fin llego el esperado uno de septiembre todo parecía normal y tranquilo en aquel vecindario, nada parecía fuera de lo normal en el barrio de Chelsea hasta que la puerta de la casa más alejada se abrió. Por ella salió Hermione con un traje bastante formal y el pelo recogido en un moño tomando la mano del pequeño Hugo que aún llevaba una tostada con mermelada en la mano.
— ¡Ron date prisa o llegaremos tarde! — Se quejó la mujer. El aludido salió casi a los trompicones cargando un baúl enorme. —. ¿Qué le has puesto en el equipaje a Rose, toda la biblioteca?
— Muy gracioso, Ron — Le dijo con sarcasmo Hermione. Mientras Ron ponía el equipaje de Rose en el maletero del coche, su hija salía de la casa con una sonrisa.
— ¡Vamos Crookshanks! — Detrás de Rose salió un gato viejo y gordo, antaño con una agilidad increíble, pero que con el correr de los años se había desgastado.
El gato miró con desdén a Ron que lo miraba con algo de recelo.
— Que no se me acerque mientras conduzco — Le advirtió a Rose, que sólo atinó a asentí mientras (sin que Ron se diera cuenta), le guiñaba un ojo a su madre. Ambas sabían lo mucho que le molestaba el gato a su padre. El coche era un modelo familiar, por lo que se suponía que debían caber a la perfección, sólo que Ron había añadido unos toquecitos mágicos, había dicho a Rose cuando ella le pilló haciendo un encantamiento a los espejos retrovisores, de las que Hermione parecía no tener en cuenta o no decía nada. En parte aquel coche le recordaba al que años atrás había pertenecido a su padre y que ahora vivía en el bosque prohibido de Hogwarts. O al menos eso fue lo último que supo, porque Hagrid nunca le había visto en todas las veces que se había internado en el bosque.
— ¿Cinturones puestos? — Quiso saber Ron mientras encendía el motor del coche, esta sería la segunda ocasión que llevaría a su familia conduciendo “a lo muggle”. Y quería que Hermione viera lo responsable que era. Hacía un mes había ido a sacar
su carnet de conducir, que Hermione estrictamente le había pedido para darle el visto bueno a que tuvieran un coche en casa. Su mujer, sin duda, no confiaba en que Ron pasaría la prueba. Aún era un misterio para ella cómo su marido había aprobado, pero tenía las ligeras sospechas de que se debía a un encantamiento Confundus, aun así no dijo nada, ya que veía lo mucho que significaba aquél artefacto para su marido.
— Sí, papá — Resopló Hugo mientras se abrochaba el suyo
— Tienes mermelada en la nariz — Le señaló Rose a su hermano —, quítatela.
En los asientos delanteros Ron y Hermione contuvieron una risa. Mientras los Weasley-Granger iban rumbo a la Estación de Kings Cross con tiempo, los Potter-Weasley estaban algo atrasados
— ¡No debiste de haber cogido mi escoba! — Se quejó James mientras sus padres, en vano, intentaban poner el orden — ¡De otra forma no estaría buscándola!
— Estoy seguro de que la dejé en tu cuarto — Le decía con sinceridad Albus.
— Pues no está.
Lily Luna, que miraba la escena con desdén, sabía dónde estaba la escoba. Ella misma la había escondido en “venganza” porque su hermano mayor había usado a su muñeca preferida para hacer experimentos con su primo Fred.
— Basta ya, chicos — Les regañó Ginny mientras revisaba en cada habitación de Grimauld Place 12
— ¿La encontraste? — Quiso saber Harry, su mujer negó cansinamente — Bien, pues si no hay otro remedio… Accio Fly-bus 406.
Desde debajo del colchón de Lily, la escoba comenzó a moverse, para salir disparada rumbo al comedor, dónde James miró con sorpresa a su hermana.
— ¡Fuiste tú!
-James, deja de pelear con tus hermanos que se nos hace tarde — Le regañó su madre. En el camino a la estación James no paró de susurrarle cosas a Albus, a pesar de que sabía que su hermano no había sido quien al final había escondido su escoba, no descansaría hasta que se creyera sus bromas. Lily se había salvado de su ira, sólo por ir en el asiento delantero con su madre.
— Vas a estar en Slytherin — Le dijo convencido —, sin duda eres como la gente de esa casa, tomas las cosas sin pedirlas prestadas…
— No es cierto — Le respondió Albus sin tanto convencimiento. Su hermano ciertamente no estaba ayudando mucho en cuanto a su miedo sobre la ceremonia de selección. Pronto llegaron a la estación, donde fue algo difícil encontrar lugar para estacionar y donde sin duda despertaron la atención de más de uno gracias a las jaulas con las lechuzas de James (Cicerón) y de Albus (Arquímedes). Albus estaba aún más nervioso que nunca, por lo que sin querer tropezó con James cuando bajó del coche.
— Seguro serás un Hufflepuff o un Slytherin — Le dijo nuevamente James, esta vez sus padres le escucharon.
— ¡Por Merlín, James! — Le reprendió su madre. Una vez acomodado el equipaje y las jaulas en los carritos, Ginny y Harry indicaron el camino a sus hijos, quienes no habían parado de discutir sobre la selección. Lily los seguía con pesadumbre, mientras se aferraba al brazo de su padre. Harry, entendiendo el sentimiento de su pequeña le dijo — No pasará mucho y también irás…
— Dos años — Soltó indignada la pequeña —, ¡yo quiero ir ahora!
— Ya lo verás, serás un Slytherin por…
— ¡No!, ¡No estaré en Slytherin! — Reclamaba enfadado Albus. Harry miró a Ginny con preocupación, sabían que su hijo mediano explotaba bajo presión de una manera un tanto inusual
— ¡James, dale un respiro!-Exclamo su padre
— Sólo digo que podría ser — Dijo este mientras miraba sonriendo con autosuficiencia a su hermano menor. Pero captó la mirada casi asesina que le estaba mandando sus padres y calló a tiempo, no sin antes mirar de soslayo a Albus.
Al llegar a la barrera se separaron en tres grupos, James tomó su carrito de las manos de su madre y dejó que Lily se sentara sobre él para luego, con algo de diversión en el rostro, se dirigió a toda velocidad hacia la pared que había entre en Andén 9 y el 10. Albus suspiró, Harry lo tomó por los hombros mientras los dos se encaminaban hacia la barrera del andén 9 ¾.
— ¿Vamos? — Albus asintió. Lado a lado, padre e hijo avanzaron hacia la barrera. Albus cerró fuertemente los ojos, y a pesar de que el año pasado había acompañado a despedir a su hermano, sentía que jamás perdería la sensación de que se iría a estrellar contra la pared entre andenes. Pronto un silbido resonó en el ambiente, Albus abrió los ojos maravillado. Ante él, imponente, se encontraba el expreso de Hogwarts cubierto por humo blanco que cubría parcialmente el andén. Sus ojos recorrieron el lugar.
— ¿Dónde están? — Preguntó refiriéndose a Rose, Hugo y sus tíos Ron y Hermione.
— Los encontraremos — Respondió Ginny, quien se había materializado hacía unos segundos detrás de ellos. Avanzaron por el Andén hasta la parte despejada del humo.
— Creo que esos son ellos, Al — al fondo se erguían cuatro figuras entre un carrito que parecía que contener el equipaje más cargado de todo el expreso, tres de ellas se destacaban por la intensa cabellera pelirroja.
— ¡Hola! — Saludo Albus, quien su cara se tornó un tanto aliviada al ver a sus primos. Rose, le sonrió de oreja a oreja. Pronto los dos se pusieron a hablar sobre cómo había terminado la noche anterior en la madriguera. Albus le contó a Rose que había escuchado a Teddy decirle a Victoire en secreto, antes de que se fueran, que estaría en el Andén para despedirla. Mientras ellos charlaban sus padres subieron sus equipajes al expreso, y Ron le confesaba a Harry haber confundido al examinador muggle para obtener su carnet de conducir. Fue entonces que los pequeños Lily y Hugo sacaron a relucir nuevamente el tema de la selección de las casas.
— Si no entras en Gryffindor, te desheredaremos — Le dijo Ron a Rose
— ¡Ron!- Le reprendió Hermione. Lily y Hugo rieron, era común que Ron hiciera algo parecido, pero Rose y Albus respiraron profundamente sintiendo el peso, ambos, del deber familiar: estar en Gryffindor.
— Mira nada más quién está ahí — Señaló el pelirrojo con la cabeza a una familia a un par de metros delante de ellos. Eran los mismos que Albus había visto en el callejón Diagon días antes. Igualmente en ese lugar, parecían no encajar del todo.
— Así que ese es el pequeño Scorpius Hyperion Malfoy — Dijo por lo bajo Ron. Malfoy, Albus había escuchado ese apellido por lo menos un centenar de veces, sabía que esa familia había tenido un pasado oscuro y que el hijo del mortífago Lucius, había sido compañero de su padre y sus tíos en Hogwarts, pero nunca se habían llevado bien. Todo lo contrario.
— Asegúrate de machacarle en cada examen, Rose — Prosiguió Ron —. Gracias a Merlín que heredaste el cerebro de tu madre.
— ¡Ron, por el amor de Dios! — Le reprendió Hermione — ¡No intentes volverlos el uno contra el otro incluso antes de haber iniciado las clases!
— Tienes razón, lo siento — Dijo deprisa el pelirrojo para luego mirar con seriedad a su hija sin capaz de contenerse en añadir —. De todas formas no seas muy amable con él Rose. El abuelo Weasley nunca te perdonaría que te cases con un sangre pura.
A lo que la pelirroja no sabía si echarse a reír o llorar. Harry sabía que Albus empezaba a tomarse a pecho las bromas de James sobre la selección, por eso no le extrañó que antes de partir (después de que un James corriera a contarles que había visto a Teddy, y que éste estaba besuqueando a su prima Victoire), Albus le preguntara qué le sucedería si iba a Slytherin.
— Albus Severus — Se dirigió Harry a su hijo —, te pusimos ese nombre por dos directores de Hogwarts. Uno de ellos fue un Slytherin, y probablemente el hombre más valiente que jamás haya conocido…
Harry recordó con algo de pena a su antiguo profesor de pociones, Severus Snape,
a quien había juzgado en vano en varias ocasiones, sólo hasta el dos de mayo de 1998 comprendió que aquél hombre sería mayor que ningún otro en la faz de la tierra.
— Pero y si…
— Entonces Slytherin habrá ganado a un buen estudiante, ¿verdad? — Le interrumpió Harry — A nosotros no nos importa Al. Pero si a ti te importa, entonces debes saber que tienes la oportunidad de elegir. El sombrero seleccionador siempre tiene en cuenta tu elección.
— ¿De verdad? — Preguntó el chico sorprendido.
— Lo hizo en mi caso — Sonrió Harry al ver que los ojos verdes de su hijo se abrían de par en par por la sorpresa. Ninguno de sus hijos, antes, había escuchado esa historia. El tren silbó por tercera ocasión, anunciando así su partida. Albus se apresuró a meterse en el tren, para luego asomarse por la ventanilla y saludar a sus padres. El corazón le latía cada vez más fuerte y al compás de las ruedas del expreso, sintiendo que sus aventuras apenas comenzaban. Con una sonrisa en el rostro vio por la ventanilla como su padre lo seguía para saludarlo, perdiéndose de vista una vez que el tren acelero.


Última edición por janessi1 el Jue Dic 07, 2017 11:12 am, editado 10 veces
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janessi1
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MensajeTema: capitulo quinto :El sombrero seleccionador   Sáb Dic 21, 2013 2:54 pm

Albus y Rose pasaron la mayor parte del trayecto en un compartimento repleto por sus primos, y como casi siempre que alguno compraba ranas de chocolate, no faltó un revuelo por ver cuantos cromos le faltaba a quién para completar la colección. Esa vez iba ganando Victoire, a quien solo le faltaban los cromos de Hermione y de Luna Lovegood para completar su colección. A mitad de camino cuando los Weasley comenzaron a dispersarse para poder ir a charlar con sus amigos a otros vagones. Hasta ahí todo iba de perlas o eso pensaban Albus y Rose, porque en cuestión de minutos James y Fred los hicieron salir del compartimento cuando llegó el mejor amigo de los dos, Sean Finnigan, alegando que habían traído consigo algo de suma importancia y que ni Albus ni Rose podían ver.
— Es por precaución — Les dijo Fred —. No queremos que Molly se entere.
— Si se entera, por ende se enterarán papá y mamá — Siguió James, que miraba de forma inquisidora a su hermano —. Y no quisieras eso, ¿verdad Al? Meterte en problemas incluso antes de llegar al colegio no quedaría nada bien.
Sean Finnigan (Hijo pequeño de Seamus Finnigan y Lavender Brown) fue quien les cerró, con una sonrisa a modo de disculpa, la puerta en la cara.
— ¡Vaya, tontos! — Murmuró enfadada Rose.
— Vamos, vayamos a buscar un nuevo compartimento — Le dijo Albus resignado, a sabiendas de que si seguían ahí, lo más probable era que Molly los encontrara y no tenía ganas de pelear con James.
— Se meten con nosotros porque somos de primero — Aseguró Rose. Pasaron por varios vagones sin encontrar ningún compartimento libre.
— Odio a James — Susurró Albus —. Podría estar tomando una siesta antes de llegar.
— ¿Dormiste anoche? — Le miró de forma acusatoria la pelirroja, Albus negó con la cabeza a modo de respuesta —. Deberías haberles dicho a…
— Ya no importa — le aseguró Albus —. No importa en lo absoluto.
— ¿Por qué el cambio? Pregunto Rose
-Mi padre me contó algo que me hizo darme cuenta de que no importa qué habilidades tengas, lo que importa son las decisiones que tomes — Rose asintió con la cabeza.
— A mí me aterra la presión — Admitió la pelirroja susurrando por miedo a que alguien la escuchara —. Somos los hijos de los mejores héroes de la guerra.
— Ese es mi miedo también, ¿qué dirá la gente si saben que sé hablar pársel?
Rose suspiró negando con la cabeza había estado dando vueltas al asunto desde que su primo le había confesado la primera vez que había escuchado a una serpiente hablar en el bosque que lindaba con la madriguera. La chica se detuvo en seco ante un compartimento semi-vacío, y miró seriamente a su primo.
— ¿No te parece extraño que de todas las veces que hemos ido al zoológico o que hemos visto serpientes en algún otro lado, no hayas presentado signos de escucharlas y sólo te ocurra en el bosque que da a la Madriguera? — Comenzó la pelirroja
— Y lo que más me preocupa ayer dijiste que era la misma serpiente que habías visto la primera vez.
Albus seguía sin entender.
— No hablas pársel. Hay algo raro en esa serpiente — Le dijo convencida — ¿Qué te dijo esta vez?
— Que había pensado que yo iba a hacerle compañía… — Recordó Albus —, y que nos volveríamos a ver.
— ¿Lo ves? Hay algo extraño, y tú no quisiste decírselo al tío Harry…
La puerta del compartimento se abrió y por ella salió su único ocupante, un chico rubio de tez pálida que los miró con intenso interés.
— Disculpen — Su voz arrastraba un poco las palabras. Albus lo reconoció de inmediato en cuanto sus miradas se cruzaron. Se trataba de Scorpius Malfoy.
— ¿Ya llegamos? — Quiso saber el rubio
— No, aun no — Se apresuró a responder Rose.
— Oh, yo… — Las palabras del chico se atragantaron en cuanto su vista se posó en algo que había detrás de Albus.
— Con que ahí estas, Malfoy — Una voz un tanto cruel resonó detrás del chico.
Rose y Albus se dieron la vuelta para quedar cara a cara con un chico con cara de pocos amigos, que iba flaqueado por dos chicos y una chica.
— ¿Quiénes sois? — Se animó a preguntar Albus a los recién llegados.
-Vaya, vaya- Sonrió el que sin duda lideraba el grupo, un niño de once años alto para su edad, de pelo negro y de ojos verde oscuro que brillaban con malicia -. Pero si son los hijos de Potter y Weasley.
— ¿Quién eres? — Pregunto Albus con tranquilidad.
— Mi nombre es Vincent Goyle — Sonrió con desdén el chico —, ellos son Augustus Zabini, Oscar Derrick y Violeta Flint — Señalando primero al chico mulato, luego a uno que parecía un fideo y por último a la chica un tanto rechoncha de pelo negro y con la cara llena de pecas, los tres les miraban fijamente desde las espaldas de su cabecilla, dándoles un aire de guardaespaldas —. Y este idiota que tienen en frente es Malfoy, Scorpius Malfoy.
Si había algo que Rose no toleraba eran los chicos que se creían superiores a los demás, y si los cálculos de Albus no fallaban, su prima estaba a punto de estallar con las referencias que Goyle hacía sobre Scorpius.
— Bien, ya que todos nos conocemos, ¿qué les parece si se marchan y dejan a Malfoy en paz? — Soltó la pelirroja con brusquedad.
— Oh, veo que ya tienes novia Scor ¿qué dirá tu abuelo cuando se entere? — Río el chico con burla — ¡Un Malfoy y una Weasley!, no sabía que te gustaran las sucias mestizas.
Scorpius avanzó hasta donde estaba Vincent. — Jamás insultes a una chica.
Goyle río socarronamente. — ¿O qué?, ¿Me vas a pegar, Malfoy?
— ¿Qué está pasando aquí? — La voz autoritaria de Molly Weasley II resonó por el pasillo justo en el momento en el que Scorpius parecía dispuesto a propinarle un puñetazo a Goyle.
— ¡Ja, otra Weasley! — Miró despectivamente Vincent a la chica, pero pronto empalideció cuando sus ojos se toparon con la insignia de prefecto que colgaba reluciente en la túnica de la pelirroja. Molly sonrió con satisfacción.
— ¿Decías, mocoso?
— Nada, ya nos íbamos — Se alejó mirando sobre su hombro fijamente a Scorpius, quien captó lo que decía moviendo solo sus labios —. Esto no quedará así.
— Gracias, Molly — Sonrió Rose. La aludida le devolvió la sonrisa.
— ¿Y bien, qué hacen fuera de su compartimento?, deberían estar cambiándose, ya casi llegamos — Les anunció. Y rápidamente se metieron los 3 en el compartimento.
— Oigan… — Dijo Scorpius cerrando la puerta tras de sí —. Gracias.
— No, gracias a ti por defenderme — Le agradeció Rose sin perder el tono de desdén, simplemente se lo decía por mero respeto. Albus miraba la escena con incredulidad. Rose se estaba portando peor que un niño malcriado.
— Oh, que tonto soy — Sonrió Scorpius como no dándole importancia al tono de Rose —. No me he presentado formalmente…
— Eres Scorpius Malfoy — Le cortó Rose, diciendo su apellido de una forma extraña.
— Eh si, quitando lo obvio. Y vosotros sois…
— Albus y Rose — Se apresuró a contestar Albus antes de que Rose dijera algo fuera de lugar —. Los apellidos ya los sabes.
Scorpius río. — ¿Quién no ha escuchado sobre los Weasley y los Potter? Sólo un muggle no los reconocería, un gusto, entonces.
— Iré fuera, mientras se cambian — Dijo de golpe algo molesta Rose, mientras se levantaba y salía del compartimento. La chica no veía muy bien que su primo se llevara “bien” con el hijo de un ex-mortífago. Rose suspiró al cerrar la puerta tras de sí en el fondo sabia que estaba siendo prejuiciosa con Scorpius, y eso era algo semejante a lo que ella temía que hicieran con ella: compararla por la historia de su familia.
Una vez que los chicos estuvieron cambiados Rose entró al compartimento, con lo que pronto comenzaron a sentir que los nervios les embargaban.
— ¿Ya saben a qué casa van a ir? — Quiso saber Scorpius, quien estaba un poco más animado con el prospecto de que tal vez estaría haciendo amigos por primera vez
— Gryffindor — Dijo Rose segura de sí misma —. Toda mi familia estuvo ahí, sería casi pecado que no fuera…
— Ya, pero… — Scorpius la miró fijamente — ¿Eso es lo que realmente quieres? Digo, yo sé que mi familia ha estado años en Slytherin, pero si el sombrero me mandara a otra casa, lo aceptaría encantado, el sombrero jamas se equivoca.
— ¿Incluso si terminas en Hufflepuff?
— Para querer ser Gryffindor tienes mucho potencial para ser Slytherin, también — Albus estalló en carcajadas, era la primera vez que alguien callaba a su prima y daba en el clavo.
A veces Rose tenía la lengua más afilada que el aguijón de una abeja. La pálida pelirroja estaba furiosa y sin decir nada, se levantó de su asiento y se marchó
— ¿Se enfadó? — Scorpius miró preocupado a Albus, que seguía riéndose.
— Déjala, se le pasará una vez que nos hayan seleccionado, la verdad es que con sus comentarios se le estaba yendo la mano.
— Oye si te estoy reteniendo puedes ir con tu prima, no me molestaré — Le dijo serio
— No creo que sea ahora su persona favorita en el mundo — Albus se encogió de hombros —, por eso prefiero estar aquí que sufrir la furia del monstruo Rose Weasley.
— ¿Siempre se enfada así?
— ¡Puff, ni te imaginas! — Río Albus recordando todas las veces en que su prima había hecho pucheros enormes porque la habían regañado o había descubierto que algo que había hecho estaba mal. El resto del trayecto Albus aprendió un poco más de Scorpius, quien no era para nada como su tío Ron temía. El muchacho sin duda había pasado por todo tipo de prejuicios antes, por lo que el enfado de Rose no le había afectado en lo más mínimo.
— ¿Y qué se siente en una familia numerosa? — Pregunto el rubio,
— ¿Honestamente? — Albus hizo una mueca que hizo que Scorpius riera
— ¡No puede ser tan malo!
— Claro, dímelo cuando tengas a tres pares de orangutanes agarrándote del cuello para jugar con ellos al Quidditch.
Scorpius sonrió imaginándose por un momento con una familia numerosa, para él, que era hijo único, eso sería casi como estar en una especie de cielo.
— No es tan malo, entonces.
— ¿Y qué hay de ti ?
— No tengo hermanos, si a eso te refieres — Suspiró Scorpius con pena -. Pero tengo una prima, unos meses menor que nosotros llamada Dorea, pero ella y mi tía Daphne viven en Estados Unidos, y hace siete años que no las veo…
— ¿Y Dorea no vendrá a Hogwarts el siguiente año? — Quiso saber Albus.
— Tal vez, sino seguramente irá a Ilvermony — Se encogió de hombros Scorpius, mientras tomaba una de las ranas de chocolate que durante la charla habían ido sacando — ¡Me salió tu tío, de nuevo! — Río mientras le pasaba el cromo a Albus.
— ¿De nuevo? — Preguntó Albus asombrado mientras miraba como su tío Ron posaba en el cromo como si fuera para la revista corazón de bruja.
— Lo tengo repetido, por lo menos, unas veinte veces — Le dijo el rubio —, a tu padre lo tengo unas cinco veces, y a tu tía Hermione unas quince…
— ¡Vaya! — Río Albus — Y eso que tío Ron pasó años buscando su cromo.
— ¿En serio? — Se sorprendió Scorpius —, fue el primer cromo que me salió y con el que comencé la colección. Solo me faltan McGonagall, Merlín y Dumbledore.
— Creo que tengo a Dumbledore entre mis cosas cuando lleguemos prometo cambiártelo por uno de tía Hermione seguramente hará sufrir a tío Ron cuando se la mande por correo.
— ¿No las coleccionas?
— No es mi estilo, la que sí colecciona como maníaca es Rose.
Pronto el tren comenzó a disminuir la marcha, por lo que Scorpius pegó su nariz a la ventana. A lo lejos, en lo alto de una montaña se vislumbraba un castillo.
— Hagrid me ha dicho que se ve mil veces mejor de cerca — Le dijo Albus.
— ¿Hagrid?
— El guardián de llaves y profesor de cuidado de criaturas mágicas de Hogwarts.
— Oh-. Scorpius de inmediato supo de quién hablaba Albus. Su abuelo paterno siempre tenía historias despectivas ante aquel hombre semi-gigante. Ambos chicos se apresuraron a bajar del tren. Con lo que una voz conocida pronto retumbó en los oídos de Albus, que se apresuró a correr en dirección de la misma.
— ¡PRMER AÑO! ¡LOS DE PRIMER AÑO, POR AQUÍ!
— ¡Hagrid! — Sonrió al llegar junto a un hombre de aproximadamente dos metros y medio, cuyo rostro estaba cubierto por una enmarañada barba, que en antaño debiera haber sido castaña y que ahora se encontraba coloreada por el blanco de las canas. Sus ojos amables, de color castaño, brillaron con intensidad al ver al pequeño Potter.
— Albus, ¿has tenido buen viaje? — Trató de susurrar Hagrid — ¿Qué tal tus padres?
— El viaje estuvo genial, mamá y papá te mandan saludos — el chico tomó aire para hacer una pausa, quería presentarle a Hagrid a su nuevo amigo —, hay alguien que quiero presentarte…
Scorpius tragó saliva. Nada mal para pasar desapercibido, pensó con algo de recelo.
— Hagrid, éste es Scorpius Malfoy, mi nuevo amigo — si a Hagrid le sorprendió que un Potter anduviera con un Malfoy no lo demostró enseguida, simplemente asintió y saludo a Scorpius.
— Mucho gusto — Le dijo con respeto Scorpius.
— El gusto es mío — Sonrió Hagrid algo incómodo, ya que no estaba acostumbrado a que un Malfoy tuviera buenos modales con él —. Bueno esto… disculpen un segundo… ¡LOS DE PRIMERO, POR AQUÍ!
— ¡Esperen! — una niña bajita de pelo rubio claro, corría a toda velocidad hacia donde se encontraban ya formados los de primer año — Me he quedado dormida.
Albus vio con algo de molestia como Goyle y su pandilla se reía entre dientes.
La pobre chica bajó la vista al suelo avergonzada
— Bien, si ya estamos todos ¡Síganme! — Anunció por fin el semi-gigante que comenzó a andar a través de un camino algo fangoso y empinado — Tengan cuidado donde pisan, el suelo esta resbaloso- Les advirtió sobre su espalda al tiempo que Rose, teniendo los reflejos de un lince, sostenía a la niña que se había quedado dormida, pues había estado por caer.
— Gracias — Murmuró apenada.
— No hay de qué.
El camino siguió en silencio por unos cinco minutos, hasta que llegaron a una curva.
— Atención, chicos — Anunció el guardabosque —. Al finalizar esta curva tendrán la primera visión de Hogwarts. Una exclamación de sorpresa, asombro y fascinación recorrió al grupo. Ni en mil sueños Albus hubiera imaginado que el castillo sería tan imponente con todas sus torres iluminadas, sin duda dándoles la bienvenida a la que sería su casa por siete años.
— ¡No más de cuatro por bote! — La voz de Hagrid lo distrajo de su hilo de pensamientos para darse cuenta que frente a ellos, había unos pequeños botes alineados que flotaban alegremente en la orilla de la superficie de un gran lago negro, cuya superficie parecía hecha de cristal liso que reflejaba las luces alegres que emanaba el castillo de Hogwarts. Albus y Scorpius tomaron uno, y para sorpresa del rubio se les unió Rose Weasley junto con la chica que se había quedado dormida. Rose le lanzó una mirada desafiante a Scorpius, quien sin ningún gesto se volteó a ver a Hagrid que ayudaba a uno de los alumnos más pequeños a subir a su bote. Mientras que Albus se contenía de las ganas de rodar los ojos, preguntándose hasta cuando Rose dejaría ese comportamiento tan infantil.
— ¿Todos han subido, ya? — Preguntó Hagrid mientras subía a un bote para él solo, iluminando las caras de todos los chicos de primero — entonces… ¡ADELANTE!
Los botes comenzaron a andar mágicamente, dirigiéndose en una velocidad moderada hacia al castillo y navegando por todo el lago negro sin romper filas, los chicos ya no sabían hacia dónde mirar, todo les parecía maravilloso.
— No se asomen demasiado, debe de ser el calamar gigante que quiere darles la bienvenida — Les avisó Hagrid.
— ¿Calamar Gigante? — Murmuró aterrorizada la niña que les acompañaba .
— Tranquila, no es para temer — Se apresuró a decir Scorpius —. El calamar no es peligroso, lo sé porque he leído historia de Hogwarts…
La pelirroja al oír la declaración de Scorpius se cruzó de brazos con enfado, se suponía que ella debía ser la única de primer año que leería ese libro, o al menos eso fue lo que le había plantado su madre, ya que según lo que le había dicho, nadie en su generación lo había leído el libro, excepto ella.
— Bajen las cabezas — Les advirtió Hagrid en cuanto los primeros botes alcanzaban el peñasco. Pronto se encontraron deslizándose por entre las rocas, las cuales formaban una pequeña cueva donde se encontraban los desembarcaderos, los cuales no estaban del todo a la vista de los pequeños, pues la entrada se encontraba cubierta por una inmensa cortina de hiedra. Pasando por lo que parecía un túnel subterráneo al castillo, pronto llegaron al desembarcadero, Hagrid se desmontó de su barco y con una seña apremió a los pequeños jóvenes a que le imitaran trepando entre rocas y guijarros. Los chicos siguieron a Hagrid por un camino empinado hacia un pasadizo en la roca, que los conducía a la entrada de los terrenos de Hogwarts. El césped húmedo y suave brillaba con intensidad a medida que se acercaban al castillo que ahora parecía más imponente que nunca. Pronto el grupo se vio subiendo por unos grandes escalones de piedra. Hagrid, después de comprobar que todos los pequeños habían llegado con él, llamó a la gran puerta de roble que tenían frente a ellos. Unos segundos después la puerta se abrió y por ella salió Neville Longbottom
— Los de primer año, profesor Longbottom — Anunció Hagrid.
-Gracias, Hagrid Yo me encargaré desde aquí. ¡Síganme chicos! — Exclamó el profesor de herbologia con entusiasmo. Este los condujo a través de un área iluminada por antorchas, se trataba del enorme vestíbulo del castillo, y por donde resonaban cientos de voces alegres que Albus supuso serían del resto del alumnado. El techo alto parecía infinito y frente a ellos había una magnífica escalera de mármol que seguramente conectaba a esa área con el resto del castillo. Neville no se detuvo frente a la puerta situada a su derecha por la que salían las voces, sino que siguió caminando hacia lo que parecía una pequeña habitación vacía que estaba justo al lado del vestíbulo. Una vez que todos los pequeños estuvieron acomodados (algo apretados para el gusto de Rose), Neville habló — ¡Bienvenidos a Hogwarts!. En unos minutos se dará comienzo al banquete de celebración de inicio del curso, pero antes de que ocupen sus lugares en el gran comedor, deberán ser seleccionados para una de las cuatro casas que conforman Hogwarts. La ceremonia de selección es de suma importancia, ya que mientras completan sus estudios su casa pasará a ser como una familia aquí en el castillo. Las cuatro casas son Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin cada una de ellas tiene una historia noble y propia y han dado notables magos y brujas a lo largo de distintas generaciones. Mientras estén en Hogwarts, sus triunfos se verán premiados con puntos para su casa, mientras que por cada infracción a las normas que cometan hará que se les descuenten e incluso que se les aplique algún tipo de sanción. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un premio honorable. Espero que cada uno de vosotros, sea un orgullo para la casa que les sea designada. La ceremonia de selección tendrá lugar en unos pocos minutos, frente al resto del colegio. Les sugiero que, mientras esperan, se pongan cómodos y se arreglen un poco. Volveré a por vosotros en cuanto todo esté listo para la ceremonia de selección, por favor, esperen.
El silencio se hizo sepulcral una vez que el profesor abandonó la habitación, Albus suspiró con algo de melancolía, tenía miedo de enfrentarse al sombrero seleccionador y que le dijera que realmente era un Slytherin (a pesar de lo que su padre le había dicho horas atrás), o peor, que no encontraran una casa dónde poder colocarlo.
— ¿Cómo es que será la selección? — Escuchó Albus susurrar a alguien con temor.
— ¡Fácil! — La voz de Vincent Goyle resonó en el cuartito — Deberás mostrar tus aptitudes mágicas delante de todo el comedor.
Un murmullo de miedo recorrió pronto al grupo entero.
— Si ponerte un sombrero en la cabeza es signo de aptitud mágica, por favor… ¡qué alguien me lance una mandrágora en la cara! — Murmuró con enfado Rose.
— ¿Y tú si sabes mucho, no Weasley? — Exclamo Goyle — Aunque claro para ti y tu asquerosa familia será todo pan comido, siendo hijos de héroes de guerra…
Vincent se detuvo en ese mismo instante, cuando por la puerta volvió a hacer acto de presencia Neville. Albus suspiró agradecido, pues sabía que si su padrino hubiera entrado unos segundos más tarde, entonces la habitación estaría en pleno auge de la tercera guerra mágica encabezada por una pelirroja tan enfadada como una banshee
— Es hora chicos, la ceremonia va a empezar — Anunció con alegría el profesor
—. Formen una hilera y síganme.
Los chicos salieron de la habitación casi dando tumbos, volviendo a pasar por el vestíbulo, solo que esta vez sí pasaron por las enormes puertas dobles, entrando por primera vez en el gran comedor. Albus ya no sabía si admirar todo rápidamente o darle cabida a sus nervios y temores, optó por lo primero que momentáneamente parecía opacar a lo segundo. El gran comedor estaba iluminado por cientos de velas, que flotaban arriba de cuatro mesas que ya estaban ocupadas con el resto de los alumnos. La iluminación hacía la vajilla de oro que había sobre ellas y que parecía esperar la entrada de un banquete. Justo en la cabecera del comedor, encima de un entarimado, se encontraba la larga mesa de los profesores. El profesor Longbottom se adelantó un poco para acomodar un taburete de cuatro patas en el centro frente a los alumnos de primer año, colocando encima de este un viejo y raído sombrero puntiagudo. Todo el comedor quedó en silencio contemplando fijamente al sombrero, entonces el sombrero se movió y una rasgadura cercana al borde del ala se abrió, tan ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar:
Hace tal vez más de mil años que a mí me crearon,
Podrás pensar que soy ridículo, poniéndome nostálgico y narrativo,
Pero este fue el propósito, por el cual aún sigo en tránsito
No seré tu sombrero de uso diario, pero me agradecerás al pasar el año,
Pues yo soy el sombrero seleccionador de Hogwarts.
Cuatro nobles magos, en mí depositaron la confianza para esta selección llevar a cabo.
El noble Gryffindor, me pidió alumnos honorables y valientes
La perseverante Hufflepuff, gente trabajadora y leal recluía
La bella Ravenclaw, sólo sabiduría y creatividad era lo que pedía
Y el astuto Slytherin, solo codiciaba alumnos con ingenio y ambición.
No hay rincón oscuro en tu cabeza que a mí me quede oculto,
Acércate y pruébame de una vez que te diré, en qué casa te seleccionaré.
No tengas miedo, pues soy el sombrero seleccionador de Hogwarts.
El gran comedor estalló en aplausos al finalizar la canción, a lo que el sombrero volvió a moverse en forma de una ridícula reverencia (solo doblarse en dos) para luego quedar rígido, a la espera del primer alumno que debiera seleccionar. Longbottom se aclaró la garganta, mientras sujetaba un rollo de pergamino.
— Cuando yo los llame, deberán colocarse el sombrero y sentarse en el taburete para que sean seleccionados en sus respectivas casas — Anunció alegremente
—. ¡Abendroth, Charles!
Un chico moreno se adelantó, se colocó el sombrero y esperó sentado un segundo.
— ¡RAVENCLAW!
La segunda mesa a la izquierda estalló en aplausos, para recibir a su nuevo integrante.
— ¡Ackerley, Jane!
La chica que había compartido bote con Albus, Rose y Scorpius se adelantó, la niña temblaba de pies a cabeza, mientras Neville le colocaba el sombrero, que le tapó hasta los ojos, se sentaba. Pasaron unos cinco minutos de silencio hasta que el sombrero grito — ¡GRYFFINDOR! — . La mesa contigua a Ravenclaw, la más alejada hacia la izquierda, estalló en sendos vítores.
— ¡Babcock, Arabella!
— ¡RAVENCLAW! — Gritó el sombrero, la chica corrió a tomar asiento en la mesa. Bagman, Edward fue a Hufflepuff, con lo que la mesa de la derecha aplaudió para recibirle. Campbell, Andreas también fue a Ravenclaw. Mientras que Derrick, Oscar fue el primer Slytherin. Luego siguió Flint Violeta, quien como Derrick fue a Slytherin,, Finch-Fletchley Ariana que fue a la casa de los tejones, Francis, Olive fue a Gryffindor a lo igual que Goldstein, David y los mellizos Heldenberg, Horace y Helena. Algunas veces el sombrero tardaba más que en otros en nombrar la casa a la que los seleccionaba, pero otras lo hacían de manera inmediata, como sucedió con Goyle Vincent, a quien nada mas rozar su cabeza mandó a Slytherin , el chico al llegar a la mesa de las serpientes recibió el abrazo caluroso de su hermana mayor.
— ¡Hackleton, Aidan!
— ¡RAVENCLAW!
— ¡Inglebee, Fiona!
— ¡SLYTHERIN!
Jackson, Samuel fue a Gryffindor, a lo igual que Kirke Isabela., Lynch, Nathan fue a Ravenclaw. Macmillan, Joseph fue recibido en Hufflepuff.
— ¡Malfoy, Scorpius!
El rubio avanzó sigilosamente hacia el taburete, tenía un nudo en la garganta y las manos le sudaban. Tomó el sombrero y se lo colocó en la cabeza, cubriéndole así los ojos, de tan grande que le calzaba. Se sentó y esperó.
— Un Malfoy muy interesante — Susurró una vocecita en su oreja —. Eres astuto y ambicioso como todos tus familiares, pero posees algo que te hace distinto…
No quiero ser como ellos, pensó de inmediato Scorpius.
-¿Eso es lo que quieres, eh? — Susurró el sombrero alegre —, entonces tus deseos son mis órdenes… ¡GRYFFINDOR!
El silencio inundó al gran comedor hasta que la mesa de Gryffindor aplaudió con evidente sorpresa a Scorpius. Albus le sonrió con alegría, solo esperaba correr la misma suerte, mientras que a su lado Rose resoplaba, para ella el sombrero estaba funcionando mal sin duda. La selección continuó, por lo que pronto ya casi no quedaban muchos para seleccionar. McClaggen… Mim… Neil… Nicholson… O’Connell… Page, y más tarde Pingleton, Diana…
— ¡Potter, Albus!
Rose le dio unas palmaditas disimuladas en la espalda para infundirle valor. El chico tomó el sombrero y como todos los demás anteriormente a él, se sentó a esperar.
— Esto es sumamente complejo. Tienes la mente bastante interesante, tal como tu padre. Lleno de valor, lo veo. Gran talento… ¿dónde te pondré?
No en Slytherin pidió Albus.
— ¿Tu padre te ha contado el secreto eh? — Rió el Sombrero — En Slytherin tendrás grandes oportunidades, te ayudaría a sobresalir naturalmente…
No en Slytherin, repitió mentalmente Albus con mayor fuerza.
— De tal palo tal astilla… ¡GRYFFINDOR!
El chico suspiró con alivio y corrió a sentarse al lado de su nuevo amigo en la mesa de Gryffindor. Scorpius le felicitaba con alegría, mientras James y Fred los miraban con cierto asombro. Ellos también eran de mente cerrada como la de Rose. Molly, en su deber de prefecta, le felicitó desde su asiento guiñándole un ojo. Summers, Bianca resultó ser Hufflepuff. Tydeman, Zacarías fue a Slytherin. Y llego…
— ¡Weasley, Rose!
Rose avanzó con decisión al taburete colocándose el Sombrero de manera inmediata.
— ¡Por las barbas de Merlín! — Exclamó el sombrero — ¿Otro Weasley más?,
¿Es que acaso tienen una máquina secreta en casa?. Rose se puso roja como un tomate -Tienes una mente bastante maravillosa, talentosa… Serás difícil, como tu madre.
Los segundos se convirtieron en minutos, cosa que a Albus comenzaba a inquietarle.
— Ya sé qué haré contigo… — Dijo finalmente el sombrero — ¡GRYFFINDOR!
La ceremonia finalizó cuando Zabini, Augustus fue seleccionado para Slytherin.
De inmediato Albus vio como la directora se ponía de pie, era un bruja bastante delgada con unas gafas de pasta de color blanco, de cabello castaño y entrecano y que en ese momento vestia con un elegante traje de dos piezas de color morado.
— ¡Bienvenidos queridos míos! — Exclamó en voz entusiasta abriendo los brazos como abrazando a un gigante invisible — ¡Bienvenidos a un nuevo ciclo escolar en Hogwarts! Como ya es costumbre y tradición, solo me abstendré a decir… querida— llamó a una chica morena de la mesa de Hufflepuff que no tendría más que quince años —, por favor ten cuidado cuando llegues al postre, no querrás iniciar el año en la enfermería por culpa de un atracón — el comedor estalló en carcajadas, con lo que la chica se ruborizó —, y usted señor… — Señaló, para deleite de Albus y Scorpius, a Vincent Goyle —, más le vale que no tenga ninguna baja calificación porque su comportamiento en el año merecería un troll en el boletín.
— ¡Dios, nuestra directora esta chiflada! — Exclamó entre risas Rose.
— Pero sabe lo que hace — Le dijo Victoire algo animada a sus primos —. Es un poco más relajada que la vieja de McGonagall — finalizó Victoire que había tenido el placer, o la tragedia como ella decía, de haber estado en Hogwarts durante los últimos años de Minerva McGonagall como directora, según lo que contaba, era muy estricta y no era benevolente ni con los de su misma casa.
— Con tal de que le ponga troll a Goyle en el boletín, me basta — Sonrió Scorpius animado, los Weasley le devolvieron una sonrisa incómoda, sin duda, pensó Albus, ninguno de sus primos, incluido su propio hermano, sabía cómo actuar delante de él.
— Bien, ahora si ¡Qué comience el banquete! — Dijo al fin Sybill Trelawney.
Para asombro y maravilla de los de primer año, los platos se llenaron mágicamente ante sus ojos. Rose se apresuró a tomar un poco de cada cosa.
— ¡Hey, pequeña bestia! — Le dijo con cariño Molly a su prima
— ¡Pero si estoy en etapa de crecimiento!
— Sí, pero mejor que crezcas hacia arriba que hacia los costados — Se burló Fred, con lo que Rose, comportándose como una niña de cinco años, le enseñó la lengua.
Ese comportamiento era típico entre todos sus primos, por lo que Albus ya estaba más que acostumbrado, pero para Scorpius aquella interacción era algo nuevo, lo que le hacía añorar una familia numerosa, pues él siendo hijo único jamás había tenido una relación como la de los Weasley y los Potter.
— Los elfos se esmeran cada día más, sin duda alguna — Dijo una voz solemne, arriba de ellos. Se trataba de un fantasma de aspecto centenario, pues vestía gorguera y medias de época.
— ¡Sir, Nicholas! — Le saludaron a coro Fred y James
— Con que tú eres Nick casi decapitado — Le dijo Rose maravillada.
— Prefiero, Sir Nicholas, si no les molesta — Le sonrió con aplomo el fantasma
Cuando sus estómagos estaban casi a reventar de comida, los restos que había en los platos desaparecieron para dar paso a todo tipo de postres.
— Esto esta buenísimo — Dijo Jane Ackerley después de probar su pudín de frutos secos Rose Weasley, que se sentaba a su lado asintió con entusiasmo.
— ¿Toda su familia es de magos? — Quiso saber Samuel Jackson, un chico moreno y tez pálida que hacía que sus ojos saltones y grises destacaran en su cara.
— Si — Respondieron al unísono Rose, Albus, Scorpius, Jane y David.
— Por supuesto — Se apresuraron a añadir los mellizos Helgdenberg.
— No, la mía son mitad y mitad — Anunció Olive Francis, una chica rubia que tenía la voz algo aguda y nariz respingona —. Mi madre es muggle y mi padre es mago, ella lo aceptó todo bastante bien.
— Tienes suerte, mi padre abandonó a mi madre cuando se enteró de que era bruja- Dijo Isabela Kirke forzó una sonrisa en su, ya de por sí, triste rostro.
— A mí me crío solo mi padre — Anunció Samuel como para compensar la historia de Isabela —. Mi madre era bruja, pero le gustaba viajar y una vez se fue a Australia y nunca volvió.
Un silencio se hizo en la mesa.
— ¿Alguien quiere pastel de chocolate? — Preguntó Rose algo incómoda para romper el silencio. Pronto el tema de conversación cambió en torno a las clases.
El tiempo pasó casi volando y de nuevo los platos casi vacíos desaparecieron dejando la mesa limpia y reluciente. Sybill Trelawney volvió a ponerse de pie.
— Ya que estamos todos con los estómagos llenos… — Sonrió la directora
—. Debo hacer los anuncios habituales para los nuevos, y algunos recordatorios a los no tan nuevos — sus ojos se posaron especialmente en James y Fred — Los de primer año deben saber que el bosque prohibido está prohibido para todos los alumnos. Además nuestro querido celador, el señor Filch me ha pedido que por favor se abstengan de hacer uso de cualquier objeto de la lista que se encuentra colgada a las afueras de su despacho, especialmente los que son de sortilegios Weasley. Las pruebas de quidditch iniciarán a partir de la segunda semana del curso, como todos los años. Los que estén interesados, por favor, pónganse en contacto con Viktor Krum, nuestro nuevo profesor de vuelo. Albus, que hasta ahora no había visto bien a todo el plantel de profesores, pronto distinguió la figura del ex jugador de quidditch búlgaro, que se encontraba sentado entre una profesora de cabellera negra y Hagrid.
— ¡Y ahora, antes de que sus mentes se llenen de la neblina que provoca los sueños les invito a entonar el himno del colegio! — Exclamó con más alegría la directora. Algunos de los profesores forzaron sonrisas, mientras que una buena parte del alumnado gruño
— Esto es todos los años… — Escuchó Albus decir a Victoire —, quiere seguir la tradición que había impuesto Dumbledore en sus tiempos como director. El profesor Flitwick, a pedido de la directora agitó su varita y por ella salieron serpenteantes palabras doradas, que formaban las estrofas del himno de Hogwarts. Pronto el comedor comenzó a cantar:
Hogwarts, Hogwarts, Hogwarts,
Enséñanos algo, por favor.
Aunque seamos viejos y calvos
O jóvenes con rodillas sucias,
Nuestras mentes pueden ser llenadas
Con algunas materias interesantes.
Porque ahora están vacías y llenas de aire,
Pulgas muertas y un poco de pelusa.
Así que enséñanos cosas que valgan la pena saber,
Haz que recordemos lo que olvidamos,
Hazlo lo mejor que puedas, nosotros haremos el resto,
Y aprenderemos hasta que nuestros cerebros se consuman.
Al terminar Trelawney dijo — Ahora si pequeños míos vayan a sus respectivas salas y recuerden a partir de mañana deberán abrir sus mentes para ver cosas nuevas
— ¡Los de primer año, por favor, seguidnos! — Anunció Molly y su prima Victoire por encima del barullo que comenzó a generarse en el gran comedor. Los nuevos Gryffindor siguieron a la prefecta Molly y a la premio anual Victoire a través del gran comedor, para subir luego las grandes escaleras de mármol. Y se detuvieron a tiempo cuando de la nada un montón de globos con agua salían disparados desde el techo
— ¡Peeves! el Barón Sanguinario está por salir…-Exclamo con enfado Molly Weasley. El poltergeist se río estruendosamente mientras desaparecía con un “¡Bienvenidos pequeñitos, de primerito!”, y no sin antes echarle una pedorreta
— Tienen que tener cuidado con Peeves — Les advirtió Victoire Weasley, cuando comenzaron a andar de nuevo, subiendo las escaleras —. Sólo el Barón Sanguinario, fantasma de Slytherin, puede ponerlo en regla y controlarlo. No escucha a los prefectos, ni a los premios anuales y qué decir de los profesores…
Albus, Scorpius y Rose estaban tan adormilados a causa de la comida que no prestaban real atención al camino por el cual los llevaban en más de una ocasión atravesaron lo que parecía pasillos secretos. Subieron hasta el área de las torres, cuando de pronto se detuvieron ante la dama gorda.
— ¿Santo y seña? — Preguntó con voz grave y autoritaria a Victoire.
— Gárgolas y centellas — Horace Heldenberg rió por lo bajo al escuchar la contraseña y Molly suspiró —. Ya no saben qué poner de contraseñas, ¿a qué no?
— Ha habido peores — Le aseguró la dama gorda, quien se balanceó hacia delante para dejar a la vista un agujero redondo en la pared, el cual pronto todos pasaron.
Así, ante ellos, surgió la sala común de Gryffindor, una sala redonda y de aspecto acogedor, que tenía decoraciones a juego con el estandarte de la casa. Molly Weasley II y su prima les hicieron romper filas, mandando a las chicas por una puerta hacia lo que serían sus dormitorios durante los próximos siete años. Mientras que a los chicos los guío un prefecto varón por otra puerta al final de unas escaleras de caracol.
El dormitorio era circular como la sala común, y en ella había cinco camas con dosel de cortinas de terciopelo rojo oscuro. Los baúles y mochilas de cada chico se encontraban ya acomodadas a los pies de cada cama. Tan cansados como estaban, pronto se pusieron el pijama y se metieron en las camas.
— Buenas noches, Albus — Se despidió bostezando Scorpius desde la cama contigua.
— Buenas noches Scorpius.


Última edición por janessi1 el Jue Dic 07, 2017 11:17 am, editado 5 veces
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janessi1
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MensajeTema: Capitulo seis : Pelea en las mazmorras   Miér Dic 25, 2013 1:33 pm

Los niños de primero vivieron la primera semana de clases de manera intensa.
Albus pronto aprendió que todo lo que veía hacer a sus padres era algo que solo con el tiempo y la dedicación necesaria podría lograr mientras que por su parte tanto Rose como Scorpius parecían decididos a entablar una especie de competencia para ver quién era el mejor alumno de la clase algo que a veces divertía a los profesores y otras veces generaba momentos de tensión. El que tenía que soportar eso de manera casi agotadora era Albus pues ambos habían decidido sentarse a ambos lados de él. Albus sospechaba que era una especie de competencia por parte de Rose para probarle a Scorpius quién era su “mejor amiga”. Y así fue como se encontraron en su segunda clase de pociones la cual para el lamento de los tres , la compartían con los Slytherin.
— Alguien que no sea ni Weasley ni Malfoy me podría decir, ¿qué es el bezoar? -Quiso saber Miranda Harris la profesora de pociones a la que todos los Weasley, sin excepción alguna odiaban pues era una mujer seria y estricta, según las malas lenguas era como si Severus Snape hubiera reencarnado en el cuerpo de una mujer solo que Harris era de Ravenclaw y no favorecía ni a los miembros de su casa
— ¿Nadie? — La profesora rodó con cansancio su ojos marrones oscuros — A ver por lista Vincent Goyle — los ojos de la profesora viajaron por toda la clase en busca del chico, quien para satisfacción de Albus, Rose y Scorpius parecía a punto de ponerse malo. El aludido alzó la mano.
— Quiero que me explique para qué sirve el bezoar — Repitió la profesora .
— ¿Es para hacer pociones?
— Sí, señor Goyle — Le contesto con enfado la profesora —. Pero a qué clase de pociones pertenece y de dónde se extrae.
Era obvio de que a la profesora no le gustaba que le tomaran el pelo. Las manos de Rose y Scorpius se elevaron en seguida.
— Aguarden un segundo Malfoy y Weasley, veamos si el joven Goyle leyó su libro. Tiene cinco minutos para responderme, mientras tanto quiero que el resto vaya anotando las instrucciones para la elaboración de la poción que veremos en la siguiente clase.
Con un movimiento de varita en la pizarra del salón aparecieron escritas las instrucciones de lo que parecía, según Rose, la poción del olvido.
— ¿Ya vamos a comenzar con ésa poción?- Exclamó Scorpius con pesadumbre
Albus lo miró sin entender.
— Es la poción del olvido — Le explicó el rubio que tomaba apuntes casi a la velocidad del rayo sin descuidar su pulcra caligrafía, algo que pareció molestar a Rose pues la niña tenía una letra que a su juicio parecía tener patas de araña.
— Seguro que vendrá en el examen final — Se apresuró a agregar Rose. Scorpius se encogió de hombros y siguió copiando.
– Bien clase, dejen de copiar — Pidió la profesora después de unos momentos
-. Señor Goyle me debe una respuesta. ¿Para qué sirve el bezoar y dónde se puede conseguir?
La clase estaba atenta, no era un secreto que la mitad de los alumnos de primero repudiara a Vincent Goyle. En los pocos días que llevaban ya compartiendo como compañeros, el chico se había ganado la enemistad de muchos por su manera de ser.
— El bezoar es …— la voz grave de Goyle resonó en las mazmorras —, es una especie de ingrediente para una poción…
Scorpius no pudo evitar soltar una risa, el chico estaba muy lejos de conseguirle puntos a Slytherin. Augustus Zabini miró de manera desafiante al rubio, quien al darse cuenta no pudo evitar ponerse nervioso.
— Cinco puntos menos para Slytherin — Decidió ponerle fin la profesora a la auto-humillación de Goyle —. Por favor, señorita Weasley díganos qué es el bezoar.
Rose contenta con ser el centro de atención comenzó a recitar los usos del bezoar como antídoto, además de relatar la manera exacta de extraer la piedra del estómago de una cabra.
— Cinco puntos para Gryffindor — le concedió la profesora —, ahora bien, si alguien me da un ejemplo contundente sobre el uso del bezoar, le daré diez puntos a su casa.
— ¿Alguna idea? — Le preguntó Rose a Albus
Albus comenzó a recordar la historia, su padre se la había relatado con tal de molestar un poco al tío Ron, ya que esa era una historia que incomodaba a su tío.
— ¡Ya se! — Exclamó Albus contento — Rose, recuerdas el relato de los chocolates de San Valentín.
La pelirroja lo miró con cierta precaución y sorpresa, ella recordaba la historia a la perfección, era por una de las cosas que su padre odiaba a los Malfoy con creces, por eso estaba un tanto sorprendida que su primo no recordase los “detalles extras” de la salvación de su padre mediante el uso de un bezoar.
— Albus, olvídalo. Todo menos eso — Le advirtió Rose.
— ¿Qué pasó? — Quiso saber Scorpius.
— Es que su padre una vez fue víctima de un envenenamiento…
Los ojos de Albus pronto se posaron en los de Scorpius, y ambos habían recordado la parte de la historia en la que los relatos se interconectaban.
— Creo que Rose tiene razón — Dijo rápido Albus al darse cuenta de su error. Rose a su lado quería darle una tunda mentalmente. La pelirroja debía admitir que aunque trataba de seguir la orden de su padre, simplemente a veces se le hacía imposible, Scorpius Malfoy no era para nada como ella hubiera imaginado con pena recordó lo que tuvo que pasar el chico a la mañana siguiente de la ceremonia de selección, ciertamente recibir un howler de tu abuelo paterno insultándote por haber “deshonrado a la familia” al haber quedado en otra casa que no era por la que habían pasado sus antepasados, no era para nada agradable por su parte Scorpius por primera vez se sentía mal al recordar esa historia, sentía una especie de culpabilidad y vergüenza, no se merecía ser amigo de Albus, ni mucho menos que Rose le hablara. Lo que no sabían los tres chicos es que la mesa que estaba adelante justo donde se encontraban Goyle, Zabini y Flint, habían decidido aprovechar la información que “casualmente” habían escuchado. Ellos también sabían esa historia por labios de sus padres
— Lo tengo profesora — Anunció Zabini para sorpresa de la profesora y de la clase,
— Dígame, señor Zabini — Le pidió la profesora.
— Pues verá, hay una historia que se remonta a la época de estudio de mis padres
— Comenzó a decir el chico hico que sonrío con satisfacción al ver la cara apenada de Scorpius Malfoy —. Según sé, uno de sus amigos en aquel momento quería envenenar a Dumblodore para poder seguir las órdenes del señor tenebroso pero al haber fallado por error hizo que el padre de Rose Weasley tomara el veneno, fue una suerte que Potter padre estuviera allí y hubiera conseguido un bezoar antes de que el veneno hiciera efecto, sino tenga por sentado que por culpa de Draco Malfoy…
Scorpius no aguantó más, ya había tenido suficiente con los insultos de su abuelo delante de todo el colegio y tomando sus cosas rápidamente se alistó para salir volando de la clase. Su padre ya le había advertido que cosas como esas podían suceder pero eso era cien veces peor de lo que había imaginado. ¿Cómo podía ser amigo de ellos cuando la familia de ambos casi había fallecido a causa de la suya ?
— Deténgase ahí, señor Malfoy — la clase ya comenzaba a alterarse, Goyle y Zabini sonreían con satisfacción, habían cumplido su cometido. Mientras que Albus y Rose no sabían cómo mirar a Scorpius. Signo que el chico malinterpretó, sintiéndose, si eso era posible, mil veces más mal de lo que se sentía.
— No me siento bien, profesora — Le suplicó el chico con la mirada.
— Siéntese ahora, si no quiere que su casa pierda cincuenta puntos por su altanería-.
— Pero…
— ¡Siéntese, señor Malfoy! — Scorpius obedeció, la clase estaba en silencio
— Ahora bien, señor Zabini, su ejemplo fue muy bueno — el aludido sonrió con soberbia y orgullo, algo que asqueó tanto a Miranda Harris como a casi toda la clase de primero —, pero quisiera que la próxima vez que decida contestar una pregunta sea con un ejemplo de compañerismo y sin dar nombres de los involucrados…
Scorpius no escuchaba ya nada de lo que decía la profesora, a pesar de que le daba un poco de satisfacción saber que Zabini no se había salido con la suya, se sentía mal.
Era como si él mismo se hubiera tragado un veneno que le impedía moverse, o pensar otra cosa que no fuera en los errores que había cometido su familia paterna. Su abuelo Lucius tenía razón Hogwarts no era su lugar. En cuanto sonó la campana el rubio salió casi corriendo del aula. Las horas pasaron y no daba señales de vida, cosa que empezó a preocupar a sus dos mejores amigos
— ¿Alguien ha visto a Malfoy? — Quiso saber Albus cuando se sentaron a cenar, durante su receso había ido a buscarle sin haberlo encontrado.
— Me parece que la última vez que lo vi iba en dirección hacia los jardines — Le dijo una compañera de clase no muy convencida, mientras tomaba uno de los panecillos
— Será mejor de que no se quede vagando por ahí, ya casi termina el horario en que podemos salir a los terrenos del castillo y qué decir si alguien lo ve deambulando por los pasillos — Se apresuró a comentar David. Rose estaba muy callada, desde la tarde que no decía nada, lo más extraño era de que toda la comida que se había servido en el plato estaba por la mitad, cuando ella era una de las Weasley mas comilonas.
— ¿Todo bien, Rose? — Su prima Molly tomó asiento al lado de ellos, ya que desde que había entrado en el Gran Comedor se había dado cuenta de que algo no estaba del todo bien en la mesa de Gryffindor, en especial en el lugar que ocupaban sus primos .
— ¡Oh, me has asustado! — Rose pegó un respingo — ¿Qué pasó Molly?
— Pues es lo mismo que te pregunto a ti, Rose — los ojos avellana de la chica inspeccionaron a su prima con detenimiento — ¿Te pasa algo?
— ¿A mí? — Sonrió con nerviosismo Rose, esperaba que su prima dejara el tema, ya que sería algo muy malo si se enterara de la necesidad imperiosa que tenía de maldecir a los Slytherin por crear un ambiente tan desagradable — No me pasa nada.
Se maldijo internamente al darse cuenta de que parte de la desaparición de Scorpius podía ser producto del su forma de ser con el chico, y lo que había ocurrido en clase de pociones solo hubiera sido la gota que derramó el vaso.
— Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿verdad? — Rose asintió — Vale, pues. Entonces creo no me necesitan aquí — con una sonrisa un tanto incómoda, Molly se levantó para volver a sentarse con su grupo de amigas.
— Son asquerosos — Dijo Olive Francis señalándole con un movimiento de la cabeza a Goyle y sus amigos. — No tenían necesidad de humillar de esa forma a Scorpius.
Y la mesa de Gryyffindor le dio la razón. Los chicos se retiraron pronto de la mesa y se dirigieron rumbo a la torre de astronomía donde tendrían su última clase de la semana. La profesora Aurora Sinistra era la encargada de impartir las clases de astronomía, se trataba de una mujer alta, con los ojos marrones , de piel y cabellos oscuros y que en ese momento vestía con un vestido y tunica color verde oliva a juego con su sombrero de pico pero lo mejor de ella era su amena forma de dar las clases
— Solo para cerciorarnos de que estamos todos para ver las maravillas del universo, pasaré lista — Anunció la profesora.
— Y Scorpius aún no llega — Comentó algo preocupado Albus, que seguía viendo en dirección a la entrada de la torre de Astronomía, esperando a que pronto su amigo hiciera acto de presencia. Aunque no se lo había dicho personalmente al rubio, Albus Potter ya lo consideraba su mejor amigo, era un respiro a las miradas y preguntas que atraían él y su prima en las clases solo por ser hijos de los héroes de la guerra.
— Albus, prométeme que me pasarás los apuntes — el chico no tuvo tiempo para descifrar lo que su prima le había dicho cuando ésta comenzó a agarrarse el estómago, doblándose en dos — Humpf… — Gruñó a su lado Rose, con lo que Albus pegó un respingo, aunque sabía que eso estaba siendo el efecto de las nuevas pastillas vomitivas de Sortilegios Weasley que les había dado de cortesía su tío George.
— Profesora Sinistra — llamó Albus a la mujer —, mi prima no se siente bien.
Una de las chicas que estaba al lado de Rose, quien pertenecía a Ravenclaw, se apartó rápidamente de la pelirroja con cara de asco al ver que la primera se estaba poniendo de un color verdoso.
— ¡Por las barbas de Merlín que alguien la lleve a la enfermería, rápido!
Jane Ackerley se ofreció rápidamente a ayudar a la pelirroja. Antes de salir del aula, Rose le guiñó el ojo a Albus, quien enseguida le siguió le entendió el mensaje.
— Profesora — se acercó el ojiverde a su maestra —, al igual que Rose, Scorpius Malfoy no se sentía bien, ahora agradezco no haber comido esas grageas Berthe Bott que mandó mi tío…
— Que no se hable más, ambos están excusados — Le frenó rápidamente la mujer, por lo que Albus agradeció mentalmente el haber tocado un punto blando de la profesora; a quien, sin duda, no le gustaban para nada las grageas de todos los sabores ya que los rumores decían que a sus 15 años se comió uno con sabor a vomito y desde ese momento los había cogido asco. La clase continuó sin ninguna otra eventualidad, al parecer Rose logró convencer a Jane de que volviera a la torre antes de que llegaran a la enfermería. Albus sabía que se podían meter en un lío terrible si se les descubría mintiendo, solo esperaba que su prima hubiera logrado encontrar a Scorpius. Por su parte, Rose se encontraba vagando por el castillo a una velocidad casi inhumana, necesitaba encontrar pronto a Scorpius, quien no aparecía por ningún lado. Lo había ido a buscar en la sala común, en los dormitorios, en la biblioteca e incluso en los baños, pero tras hacerlo decidió que definitivamente Scorpius no se encontraba en ninguna de las “áreas normales” en las que un alumno se escondería para ahogar sus penas. Estaba pasando por un pasillo, cuando de la nada le cayó una cubeta con agua .
— ¡Peeves! — Chilló la pelirroja en cuanto escuchó la risotada del Poltergeist.
— Niñita Weasley camina por un pasillo desierto — Peeves canturreó —, parecía dormidita por lo que una cubetita era necesario para que se despertara.
— Juro solemnemente que te acusaré con el Barón Sanguinario.
— Y Peeves jura solemnemente acusarle con el jefe de su casita — Sonrió Peeves con malicia —. Esta es casi la hora de que sus pestañitas estén cerraditas en su dormitorio.
Rose bufó, no se había dado cuenta de la hora. Maldito Malfoy, pensó con enfado.
— Gracias por el recordatorio… — Le gruñó Rose, caminando de regreso hacia la sala común de Gryffindor. El Poltergeist se carcajeó en respuesta, mientras comenzó a cantar una cancioncilla que sonaba a “Weasley es nuestro Rey”. Rose frunció el ceño, nunca había escuchado esa canción, por lo que pensando que era invento del Poltergeist decidió continuar su viaje. En la sala común un Albus Potter paseaba ansioso de un lado al otro. Ni su prima ni Scorpius Malfoy estaban en la torre, solo esperaba que no les hubieran mandado un castigo. Estaba a punto de llamar a Victoire (ya que si acudía a Molly les generaría más problemas), cuando el agujero del retrato de la Dama Gorda se abrió, dejándole el paso a una Rose empapada de pies a cabeza. Albus frunció el ceño, afuera no estaba lloviendo.
— Peeves — Murmuró su prima al verle la cara, no quería atraer más miradas curiosas como las que ya tenía, muchos de sus compañeros se encontraban haciendo el resto de los deberes en las mesas que había en la sala —. Malfoy no está ni en el aula de trasformaciones, no está en la biblioteca, me fije rápido en la enfermería y nada no sé dónde se pudo haber metido — Finalizó la pelirroja con una mueca de cansancio y, aunque no lo admitiera, también preocupación. Los dos primos se acercaron a los sillones que estaban junto al fuego.
— Es mi culpa, no debí haber nombrado el incidente y así Zabini no lo hubiera escuchado — Dijo Albus con voz solemne.
— Ya va a aparecer — Le trató de consolar Rose —. A veces, cuando uno está molesto necesita despejar su mente …
Justo en ese instante el retrato de la Dama Gorda volvió a dar paso a alguien más. Por ella, con cara pálida e inexpresiva, entró Scorpius.
— ¡Scorpius, amigo! — Se levantó rápidamente Albus. El aludido siguió su camino rumbo a los dormitorios, como si fuera un zombi.
— ¡Genial! — Bufó con sarcasmo Rose — Me mojaron por su culpa y ni siquiera es capaz de abordarnos.
Albus suspiró, algo no andaba bien con Scorpius. — Te veo en la mañana, Rose —
se apresuró a decirle a su prima. La niña bufó, no era justo que después de todo lo que había pasado para buscar al chico rubio la dejaran afuera, por lo que decidió irse a cambiar (ya estaba sintiendo los efectos de estar empapada de pies a cabeza) y caerles en el dormitorio a los chicos, necesitaba explicaciones y por lo que se llamaba Rose Weasley las iba a tener. Albus entró con sigilo en los dormitorios, Scorpius se encontraba mirando por la ventana que daba hacia la parte donde se encontraba la cabaña de Hagrid.
— ¿Estas bien? — Scorpius pegó un respingo, pero siguió sin hablar, muy para el desmayo de Albus — Lo que hizo Zabini en clase no tiene nombre, pero espero que sepas que eso… eso es cosa del pasado. No tiene que influenciar quiénes somos las acciones que hayan hecho nuestros padres, ¿sabes?
Scorpius suspiró, era difícil seguir con la ley de hielo cuando Albus era tan bueno. Sinceramente no lo merecía como amigo.
— Lo siento — Dijo con la voz rasposa. Albus sonrió —, no quería preocuparles.
— ¿Quieres hablar?
Scorpius lo miró con preocupación y cuando le iba a decir lo que le había pasado el resto de sus compañeros llego en ese momento .
— ¡No sabes lo que te perdiste, Scorpius! — Exclamó con entusiasmo David Goldstein, su cabello rizado se movió de manera extraña cuando éste meneó la cabeza, acto que le recordaba a Albus a un perro caniche con la melena demasiado larga — La profesora Sinistra es lo máximo.
— Tampoco es para tanto — Se quejó Samuel, quien había tenido ciertas dificultades al tratar de identificar los límites de la Vía Láctea y encontrar en las estrellas a la Osa Mayor. Horace, por su parte, comenzó a vestirse, mientras dejaba que David siguiera alabando a Aurora y Samuel quejándose. Albus y Scorpius miraban la escena con cierta gracia, era extraño como ninguno de sus compañeros hubiera preguntado nada, y por eso Scorpius estaba agradecido, a pesar de no haber entablado mucha conversación con ellos, sin duda comenzaban a tener un lazo de compañerismo que los marcaría durante los siete años que compartieran como compañeros de Gryffindor. Una vez que los chicos de primer año se cambiaron a sus pijamas, algunos fueron de inmediato a dormir, mientras que otros aprovechaban que eran viernes por la noche para trasnochar contando historias de todo tipo, las mejores eran las de terror. A unos metros de distancia en la misma sala común, Rose Weasley intentaba poder salir de su dormitorio sin levantar sospechas, la intriga por saber dónde se había metido Scorpius Malfoy durante todo el día era demasiada para ella.
— Entonces Sean Finnigan se acercó a Lauren Donatella — explicaba animadamente Isabela Kirke, sus ojos oscuros brillaban con emoción —, y por lo que escuché le contó que…
Rose desvió su atención de su compañera, odiaba los chismes que se generaban en torno a las personas, ya demasiado tenía con su familia como para soportar las invenciones que se generaban de otras personas, ella más que nadie sabía el poder que una lengua filosa tenía y cómo a veces ésta no decía la verdad de las cosas, solo las transformaba a su antojo.
— ¿Al final supieron dónde estaba Scorpius? — La voz de Jane Ackerley logró sacar a Rose de sus pensamientos. La pelirroja prestó atención, las chicas se encontraban en su mayoría sentadas en sus respectivas camas en pijamas y con pinta de irse a quedar despiertas hasta pasada la media noche.
— La verdad que solo lo vi hace rato, cuando entró con cara de pocos amigos — Respondió de inmediato Isabela.
— ¿No lo viste en la enfermería, Rose? — La pelirroja se ruborizó, se había olvidado por completo de la mentira que su primo y ella habían organizado para buscarlo.
— No, la verdad que no — Se apresuró a mentir Rose.-Hannah ha puesto cortinas entre camilla y camilla, así que no logré saber si Scorpius estaba ahí o no.
— Pobre, todo por comer de las grageas — Helen miró a Rose — ¿Tú que sabor comiste, para también terminar en la Enfermería?
— Eh… — piensa Rose, algo asqueroso, vamos piensa — Era una con sabor a moco de troll — las chicas pusieron cara de asco, incluso la propia Rose sintió como si quisiera ponerse mala pero de verdad.
— ¡Que asco! — Exclamó Jane. Después de quedarse discutiendo las asquerosidades que podían salir de las grageas Berthe Bott, las niñas comenzaron a irse a la cama, para alivio de Rose. Cuando la última se durmió, la pelirroja se deslizó de su cama con el mayor de los silencios. No quería despertar a nadie. Scorpius esperó a que todos estuvieran dormidos, eran casi las once y media de la noche, en treinta minutos tenía que ir a cumplir lo que había pactado con Vincent Goyle y sus secuaces. El chico había accedido a enfrentarse a un duelo, a pesar de no saber mucho sobre el tema, con la finalidad de poder pasar el resto de sus días en Hogwarts con tranquilidad. Toda la tarde había estado en la cabaña de Hagrid, el semi-gigante amablemente le había invitado a pasar cuando lo vio tirando piedras en el lago justo cando se suponía que debía ser la hora del almuerzo. Hagrid, a su manera, se había abierto con el chico, quien sin duda estaba afligido. Scorpius le contó todo lo que había sucedido en la semana, sin omitir el detalle de la pelea con su abuelo, el miedo que esto le provocaba ya que su padre y su abuelo nunca terminaban en buenos términos, además de lo que había sentido con el comentario hecho por Zabini. Hagrid comenzó a entender que el chico se encontraba en una situación difícil, por lo que no dudó en contarle su historia, cómo siempre era despreciado por los demás por su condición (por supuesto omitiendo todo lo que involucrara los comentarios que había recibido a lo largo de los años por la familia Malfoy y parte de los Black), pero también le contó que muchas veces lo que se necesita es de la amistad. Que hacía unos años atrás tres chicos le habían demostrado que todo era posible si uno tenía un buen lazo de amistad, por lo que Scorpius no debía dudar de Albus si éste quería ser su amigo.
— Las cosas que han hecho nuestros familiares nunca nos definirán — Le dijo con tono sabio Hagrid. Más tarde, dejando de lado la charla intensa, Hagrid intentó cocinarle un almuerzo. Scorpius aprendió así que jamás debía aceptar los pasteles hechos por el semi-gigante, había tardado casi dos horas en despegar sus dientes. Tiempo que se dedicó a observar la cabaña, Hagrid le había contado que después de la guerra tuvo que hacerle reparaciones, lo mismo había ocurrido con algunas partes del castillo y que aún estaban en remodelación, como el proyecto de una sala común para todas las casa (con lo que Hagrid se dio cuenta que había hablado de más). La Cabaña era espaciosa, llena de cosas que Scorpius jamás había visto, era obvio que Hagrid amaba la naturaleza. Lo que más le gustó fue su mascota, un perro sabueso de aspecto joven, el cual se lo había regalado Harry Potter hacía unos años atrás por Navidad y el cual recibía el nombre de Patches.
— Al igual que mi antiguo perro, este can es un completo cobarde — Hagrid río con ganas. Al perro parecía agradarle también la compañía de Scorpius, ya que se la pasó al lado del chico lamiéndole los nudillos cada que quería llamar su atención. Hecho que sorprendió y además le causó gracia a Hagrid. Si diecinueve años atrás le hubieran dicho que estaría compartiendo un té amenamente con un Malfoy se hubiera reído completamente. Sin duda Draco Malfoy había criado a un chico muy distinto a lo que él en su juventud había sido. Scorpius se sintió mucho mejor después de su estancia con Hagrid, el tiempo había pasado volando, por lo que ya estaba tarde hasta para su clase de Astronomía, por lo que decidió ir directamente a la sala común.  El pequeño Malfoy iba tan absorto en sus pensamientos, rememorando todo lo que había charlado con Hagrid, que no se había dado cuenta que en vez de llegar a su Sala Común se había desviado pisos más abajo, específicamente en una zona alejada del castillo donde se encontraban las mazmorras y por lo que había observado en algunas mañanas, era el lugar por donde se encontraba la sala común de Slytherin.
— Con que ahí estas, Malfoy — La voz de Vincent Goyle le sacó de sus cavilaciones.
— ¿Qué quieres, Goyle? — Le preguntó cansinamente el chico.
— Hagamos un trato — Sonrió con malicia el Slytherin —, dejaré de molestarte durante toda tu estadía en Hogwarts solo si aceptas batirte en un duelo conmigo. Scorpius estaba sorprendido, ¿así de fácil sería librarse de él? Con agilidad se preparó a tomar su varita de entre su capa.
— Quieto Malfoy — Soltó Goyle al ver sus intenciones —. No será aquí, te espero a la media noche en las mazmorras, Zabini será mi segundo.
— Albus será el mío — Anunció el rubio
Goyle sonrió con burla. — En caso de que tú pierdas, serás mi esclavo durante toda nuestra vida escolar en Hogwarts y no podrás hablar con ni con los Potter ni con ninguno del clan Weasley.
— Hecho — Se apresuró a decir el Gryffindor.
— Te veo en la noche, Malfoy — Espetó socarronamente Goyle. Y ahí se encontraba Scorpius un poco atemorizado, una vez que se había dado cuenta de lo que había hecho se sintió mal, culpable y un poco tonto. Albus sería muy inteligente si decidía alejarse de él y nunca más dirigirle la palabra.
— ¿Sigues despierto, Scorp? — La voz de Albus lo asustó.
— Necesito que me hagas un favor, Al — Al rubio le tembló la voz.
— ¿Qué cosa?
— Me metí en problemas con Goyle, a la medianoche tengo que ir a enfrentarme a un duelo con el y Zabini y le dije que tu serias mi segundo-
Albus sopesó lo que su amigo le estaba diciendo. — De acuerdo, seré tu segundo — con el sigilo de un gato Albus se levantó de su cama, tomó su capa y su varita. Ambos chicos estaban listos para atravesar el retrato de la Dama Gorda cuando la voz de Rose los detuvo.
— ¿Qué se supone que están haciendo?
— Eh… Rose, verás… — Comenzó Albus, su prima estaba en una pose que le recordaba mucho a su abuela y a su tía Hermione — No es lo que piensas.
— Goyle me retó a un duelo — Decidió hablar por fin Scorpius.
— ¿Sabes en todos los problemas que me metí por andarte buscando? — Le preguntó malhumorada la pelirroja — ¿Estuviste toda la tarde metiéndote en problemas?
Scorpius la miró con sorpresa, era la primera vez que Rose parecía dirigirle la palabra completamente y demostrar, de algún modo, que le importaba.
— ¿Que tú, qué?
— Yo solo seguí instrucciones de Albus — su primo frunció el ceño, eso era una mentira, ella solita había ideado el plan para salir de la torre de astronomía, pero por alguna extraña razón, Albus decidió no comentarlo, no era bueno enfadar a Rose.
— Estuve con Hagrid toda la tarde — Anunció el rubio, Albus que no había escuchado esa parte de la historia se volteó a mirarlo con detenimiento —. Me hizo darme cuenta de que tendré que enfrentarme a cosas como las que pasé en la semana, pero solo podré afrontarlas si tengo a mi lado amigos en los que confiar.
— De acuerdo, amigo. ¿Cómo te metiste en problemas con Goyle, esta vez? —
Rose seguía siendo un poco brusca y mandona, algo que a Scorpius no le importaba, solo el hecho de que por primera vez en días la pelirroja lo consideraba un amigo.
— Pues yo venía de regreso de lo de Hagrid…
Scorpius les contó todo lo que Goyle le había dicho, el premio su vencían y el castigo si perdían.
— Ganaremos — Dijo con convicción Rose.
— ¿Pero, cómo? — Quiso saber Scorpius.
— Te olvidas que estas ante los sobrinos de George Weasley, ¿cierto? — Le detuvo Albus — No por nada sortilegios Weasley tiene toda una gama nueva de cosas que servirían para un duelo de chicos de primero.
— Todo fue idea de tío Harry — Le dijo Rose con satisfacción —. Al parecer durante primer año alguien decidió retarles a un duelo de media noche…
Albus sonrió internamente, agradecía que su prima tuviera tacto en esas cosas.
— Así que entre ambos prepararon una lista de encantamientos que podrían ser utilizados para desarmar temporalmente a un adversario e incluso saber si el contrincante se encuentra en la sala o no — Concluyó Rose, mientras para sorpresa de Albus, sacaba de su capa un pergamino con lo que seguramente eran los encantamientos —. Esto aún no está a la venta, ya que solo los Weasley tenemos acceso a esto.
— ¿Segura que esto servirá? — Scorpius no estaba muy convencido
— Solo si puedes conjurar bien los hechizos. Y créeme si lo haces bien Goyle y su pandilla van acabar derrotados.
A Scorpius no le gustó para nada la sonrisa maléfica que tenía la pelirroja en el rostro, mentalmente se dijo que nunca debía de ponerse en la lista negra de la Weasley. La Dama Gorda los miró con reproche cuando salieron de la sala común, pero pronto cambió su semblante cuando se fijó en los tres chicos, mientras se alejaban juraron haberla escuchado decir “me recuerdan a ellos”, pero no le dieron importancia. Pronto se encontraron en las mazmorras, para su sorpresa no se habían topado con ningún profesor y los pasillos estaban desiertos. Rose agradeció que Peeves estuviera deambulando por otro lado, ya había sufrido demasiada dosis de la diversión del Poltergeist para una semana.
— Homenum revelio — Susurró Rose. El hechizo fue algo débil pero logró revelar la presencia de los chicos de Slytherin que se ocultaban en un armario.
— Bien hecho, Weasley — Sonrió Scorpius. La chica se ruborizó. El trío contrincante de Slytherin los miró con enfado mientras se apresuraban a salir de su escondite.
— Dijiste que solo traerías a Potter — Espetó Goyle.
— Weasley quiso venir — Scorpius se encogió de hombros.- Además tú también tienes un tercero ¿no?
— Terminemos con esto de una vez, Malfoy. Con malicia el chico tomó su varita, ambos se pusieron en una posición tensa, mientras eran flaqueados por sus amigos. Rose miraba fijamente a Derrik que parecía a punto de llorar, mientras que Albus estaba frente a Zabini que lo miraba con entretenimiento.
— A la de tres — Susurró Goyle — Una… dos… ¡Tarantallegra!
— ¡Impedimenta! — Logró atajar Scorpius. La cosa se comenzó a poner tensa pasados los minutos, era obvio que Goyle y Scorpius eran muy buenos oponentes por lo que Zabini decidió comenzar otra pelea, más de índole verbal, con Albus y Rose. Pronto los tres amigos olvidaron sus varitas y comenzaron a utilizar la fuerza bruta.
— ¡Por las barbas de Merlín! — Exclamó la voz de Longbottom — ¿Qué está ocurriendo aquí?
Los seis chicos se soltaron, estupendamente Rose estaba intacta, solo tenía el cabello más alborotado que lo normal, mientras que Albus tenía el labio partido, Scorpius tenía un rasguño en el pómulo derecho, Zabini había perdido un diente, Derrik lloraba en una esquina (muy para la satisfacción de Rose) y Goyle llevaba un ojo morado.
— Ellos empezaron — Soltó sin remordimiento Rose. Neville se sorprendió al ver a quiénes tenía frente a él. Sin duda esta generación le sacaría canas verdes.
— A mi despacho, ahora — Dijo con la voz grave. Y los seis lo siguieron .


Última edición por janessi1 el Jue Dic 07, 2017 11:20 am, editado 4 veces
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MensajeTema: capitulo 7 de next generation:lo que ron no vio venir   Jue Dic 26, 2013 2:20 pm

LO QUE RON NO VIO VENIR
Queridos Hermione y Ron,
Primero que nada quiero saludarlos y felicitarlos porque Rose haya entrado en Gryffindor, estoy muy entusiasmado de poder enseñarle algo a la hija de dos de mis mejores amigos. Pero el motivo de mi carta es realmente otro y muy distinto de una felicitación propiamente dicha.
Rose Weasley sin duda es hija de ambos, no sé cómo decírselos sin que regañen a la pequeña –ya que yo ya tomé cartas en el asunto en esa cuestión–. Pues verán, ¿recuerdan aquella noche en nuestro primer año Draco Malfoy había retado a un duelo nocturno a Harry y por obras del destino terminamos yendo los cuatro a un encuentro pactado por nuestro ex compañero y Argus Filch? Bueno, algo similar sucedió solo a cinco noches de que los pequeños Albus y Rose llegaran al castillo (hecho del que tanto Harry como Ginny ya estarán al tanto, pues como a ustedes les estoy enviando una carta).
¿Por qué les cuento esto? Porque es mi deber como Jefe de la Casa de Gryffindor informar a los padres de las medidas disciplinarias que debemos aplicarles a sus hijos cuando estos rompen las reglas –Ginny ya esta familiarizada con mis cartas, porque digamos que James Potter le hace honor a los nombres que lleva de su abuelo y al padrino de Harry (que en paz descansen ambos), y que sé por todas las anécdotas que me relató mi abuela en su momento–. El hecho curioso en todo esto –Hermione querrás agarrar a Ron antes de que decida venir volando a Hogwarts–, es que Rose y Albus hicieron un nuevo amigo, juntos conforman una especie de trio que me recuerda mucho a ustedes y a Harry.
¿Qué quién es este chico, se preguntarán? Pues bien, cómo decirlo… Albus Potter y Rose Weasley son amigos de Scorpius Malfoy.
¿Sorpresa?
Ron no hagas nada estúpido, créeme que le doy al pequeño hurón el beneficio de la duda, después de todo entró en Gryffindor –si, Lucius Malfoy ya dejó saber su disgustó ante la selección de su nieto, pobre chico, la verdad me dio lástima, recibió un howler en medio del Gran Comedor la mañana siguiente a su llegada a Hogwarts– jamás en el tiempo que llevo en Hogwarts (y ya van para diez años) he visto que a un alumno lo desprecien tanto. Scorpius en cierta forma me recuerda un poco a mí cuando su propio padre se mofaba de mí haciéndome todo tipo de bromas, lo curioso del caso es que al pequeño Malfoy lo persiguen los hijos de los que presuntamente eran los mejores amigos de su padre. Realmente me da pena por el chico.
Por ello no me extrañó verlo a él inmiscuido en una pelea con uno de estos chicos en las mazmorras ayer por la noche, más cuál sería mi sorpresa al ver que no estaba solo, sino que también tenía aliados: Albus y Rose, quienes debo admitir pelean mejor que nosotros en su tiempo… bueno, volviendo un poco al tema,les quiero informar que he sancionado a Rose de la siguiente forma: ella y sus amigos –incluidos los Slytherin que los metieron en problemas– pasaran dos fines de semanas ayudando a Filch a limpiar las mazmorras y la Sala de Trofeos, sin magia.
Espero que no les halla dado un paro cardíaco, sin más me despido.
Cariños,
Neville Longbottom
PD. Ahora entiendo a McGonagall cuando nos ponía castigos por quebrantar las normas escolares.
— ¿¡QUÉ ROSE HIZO QUÉ!?
La voz de Ronald Weasley resonó por toda la casa. El pequeño Hugo que había estado durmiendo plácidamente en su cama, se despertó sobresaltado, por lo que decidió bajar a averiguar qué había exaltado a su padre tan temprano en la mañana del sábado.
Pensando en que quizás se había metido en problemas, sólo esperaba que el castigo no fuera severo, ya que el día anterior con Lily había hecho algo que tenía prohibido.
— ¿Papá?, ¿Mamá?— los llamó Hugo, para encontrarlos a ambos sentados en la cocina.
Su padre parecía loco, el pelo lo tenía alborotado y sus ojos azules estaban abiertos de par en par con una expresión casi demente.
— ¡Hugo!— su madre lo miró con sorpresa, ella también se veía un poco afectada pero parecía sobrellevar el tema (cualquiera que haya puesto a su padre en ese estado demencial) de mejor manera— ¿Quieres que te prepare el desayuno?
El pequeño pelirrojo asintió, si hubiera sido el tema que le preocupaba y por el cual seguramente recibiría un castigo, entonces su madre no le prepararía el desayuno en ese instante, más bien se dedicaría a regañarle, por lo que el chico tomó asiento en la mesa con algo de recelo, aun desconfiando de las emociones que se palpaban en el ambiente.
Por su parte, Hermione se puso en marcha, necesitaba aclarar su mente y qué mejor manera de hacerlo que no pensando demasiado las cosas, para eso estaba Ron, pero lo cierto era que la situación en la que se encontraban era un tanto absurda. Quiso reír un poco al recordar la amenaza que su marido le había dado a su primogénita hacia solo unos días atrás, antes de que ella y Albus abordaran el Expreso de Hogwarts. Sin duda Ron querría volver el tiempo y alejar a su pequeña de las "garras" del pequeño Malfoy.
El mundo a veces estaba loco. Pero de una cosa siempre estaba segura, como le había dicho tantas veces su madre: las cosas siempre pasan por algo.
— ¿Papi, estás bien?
Ron pegó un respingo al sentir la mano de su pequeño hijo hacer contacto con la suya.
— ¡Tú!—Hugo tragó saliva.
Me han descubierto, pensó el pequeño con espanto. El día anterior él y su prima Lily, habían estado jugando en los jardines de su casa cuando de entre los arbustos había aparecido Archie.
—Papi, te prometo que lo del perro fue idea de Lily…
— ¡Hugo, a partir de ahora toda la herencia Weasley será tuya!
— ¡Ron!— le regañó Hermione— No es bueno que te pongas así, estás asustando a Hugo, además, lamentarás después haber dicho lo que dijiste. Te guste o no, Rose sigue siendo nuestra hija, no por quién sea su amigo o no…
— ¡Decepcionado!— exclamó Ron— Así es cómo me siento. Lo primero que le digo a mi hija que no haga, y va y lo hace…
—Esta entrando a la adolescencia, cariño. Además tiene mucho de los genes Weasley. — añadió con algo de diversión su mujer, el pelirrojo odiaba cuando ella tenía razón.
Ron suspiró frustrado, si estuviera en su poder Rose estaría encerrada bajo llave en su habitación, lejos del mundo infernal y ciertamente lejos del hijo de un despreciable hurón y Ex-Mortífago (le valían veinte knuts que Harry dijera que Malfoy había cambiado, para él un Malfoy siempre sería un Malfoy).
—No vas a crecer— le advirtió a Hugo con un deje de desesperación en la voz.
Hugo frunció el ceño.
— ¡Pero papá!— comenzó el pequeño confundido—, ayer me felicitaste por haber crecido cinco centímetros en dos semanas…
Hermione rodó los ojos mentalmente mientras se apresuraba a darle los últimos toques a los huevos revueltos que tanto le gustaban a su hijo, era un desayuno que sólo se daban el lujo de tener los fines de semana como aquél ya que en la semana siempre andaban a los apuros por salir, Hugo a la escuela primaria y ella junto con Ron a sus trabajos, en el Ministerio y en las tiendas de Sortilegios Weasley, respectivamente. Suspiró cansinamente, y mientras tomaba tres platos contempló su alrededor. La casa estaba distinta sin la presencia de Rose, más silenciosa, normalmente la casa (que ya de por sí era enorme) se sentía llena de vida con la presencia de sus dos retoños, por lo que en esos momentos se notaba la ausencia de su hija mayor, sin duda se sentiría del todo extraña una vez que Hugo fuera a Hogwarts el siguiente año.
—No puedo creer todavía que Rose nos haya hecho esto, ¿es que acaso soy un mal padre?— Ron se veía frustrado, no podía dejar de darle vueltas al asunto de la amistad entre su pequeña pelirroja y el hijo de Draco Malfoy.
Hugo ya no entendía de que iba la cosa, al parecer su hermana mayor (oh, sorpresa aquí, ya que el que siempre se metía en líos por culpa de su prima Lily, era él), había logrado quebrantar reglas a solo cinco días de su llegada a Hogwarts, lo cual casi era un record en la familia, sólo ganaban por ventaja James y Fred, quienes habían recibido un castigo justo a los dos días de cursar en el Castillo al crear una especie de show pirotécnico junto a Sean Finnigan, en la clase de Astronomía. Hugo jamás había visto a su tía Ginny tan enojada (y eso que apenas era el primer año de James en Hogwarts).
—No, Ron. Tú sabes que no es así— Hermione intentaba consolar a su marido, que sin duda alguna parecía como si se hubiera perdido en medio del Bosque Prohibido sin poder saber cómo retomar el rumbo hacia los terrenos de Hogwarts.
—Entonces, ¿por qué se ha hecho amiga de una escoria como Malfoy?— espetó el pelirrojo con resentimiento.
Hugo seguía mirando la escena algo absorto, mientras comía una tostada rebosante de mermelada de fresa, ya que eran pocas las veces en que sus padres regañaban a Rose por algo, por ello ese tema ya parecía bastante más serio de lo que pensaba.
—Ron, si algo sé de nuestra pequeña— comenzó Hermione—, es que siempre ha tenido una especie de don para poder ver lo bueno de la gente— Ron hizo una mueca, como queriendo refutar lo que su esposa decía, pero guardó silencio ya que eso que su esposa le decía, era muy cierto—, por eso confió en que Rosie sabe lo que hace. Tal vez, estemos equivocados en cuanto al hijo de Malfoy, hasta el propio Neville dice que el chico es distinto, ¿no te parece que habría que darle el beneficio de la duda?
Ron bufó, odiaba cuando su mujer tenía razón.
—Está bien, le daré el beneficio de la duda, pero no por eso quiere decir que tenga que caerme bien— Hermione rodo los ojos, aunque internamente rezaba para que el hijo de Draco Malfoy hiciera algo para ganarse la confianza de Ron, ya que podría apostar todo su oro de Gringotts a que esa amistad que se estaba formando entre Albus, Rose y Scorpius seria tan grande como la que ella, Ron y Harry compartían—. Sólo espero que a Rosie no se le ocurra invitarlo para las Navidades.
— ¡Ron!— lo reprimió Hermione, Hugo rio por lo bajo, le encantaba ver a su padre ser reprendido por su madre, ya que su rubor rivalizaba el suyo propio o el de Rose— Si nuestra hija quiere invitar a sus amigos a casa, serás civilizado. ¡No importa de quién sea hijo!
Ron, una vez más, bufó. Odiaba toda esa conversación. ¿Por qué no podía su pequeña Rose haberse hecho amiga del Calamar Gigante en vez del hijo de Draco Malfoy?
Mientras sus padres seguían perdidos a causa de lo que Rose había hecho, y que ahora para él no parecía muy serio si su madre opinaba que Rose seguía siendo fiel a su personalidad de mandona sábelo-todo, Hugo terminó su desayuno para luego ponerse dispuesto a salir al patio y comprobar así, el estado de la casa del árbol, donde Lily y el habían escondido a Archie.
—Terminé, ¿puedo salir a jugar?— preguntó lo más inocentemente que pudo.
Hermione asintió con la cabeza.
—Igualmente no te alejes demasiado, que en una hora debe de llegar tu tía Ginny, con Lily y Roxanne— Hugo asintió sonriente.
Si Roxanne venía, entonces quería decir que mitad del plan había salido de maravillas, con Lily habían aceptado que Roxanne supiera sobre Archie, ya que ella era la única que podía conseguir alimento para perro sin ser detectada, debido a la cercanía de la central de Sortilegios Weasley con la tienda de Mascotas en el Callejón Diagon, la niña prácticamente vivía allí con su padre, hasta que su madre salía de trabajar del Ministerio, tía Angelina, quien era la Jefa del Departamento de Juegos y Deportes Mágicos.
Sus tíos George y Angelina vivían cerca de Londres, en un barrio privado hecho especialmente para magos, que ante el ojo muggle pasaba desapercibido, tal como pasaba con algunos lugares mágicos como el Caldero Chorreante; pero debido a los horarios de los trabajos de ambos, se la pasaban la mayor parte del tiempo o en el Ministerio de Magia (en el caso de Angelina), o bien en las tiendas de Sortilegios Weasley (normalmente la del Callejón Diagon y en ocasiones especiales en las, recientemente abiertas, ubicadas en Hogsmade y el Valle de Godric). Por lo que a veces la pequeña Roxanne y Fred (cuando estaba en casa), pasaban la mayor parte del tiempo en casa de sus primos, normalmente en la de Hugo o la de Lily que eran las que quedaban mas cerca, además que tía Ginny siempre estaba en casa, debido a que su trabajo consistía sólo en editar las columnas deportivas de el diario El Profeta, sólo en ocasiones le tocaba cubrir reportajes sobre partidos de Quidditch, algunas de esas veces había conseguido entradas para todos y juntos habían ido a apoyar a sus equipos favoritos, según quienes tuvieran el encuentro.
Hugo aprovechó que sus padres seguían en una especie de estupor a causa de una Rose rebelde, para salir dando tumbos al jardín en dirección a la casa del árbol donde se encontraba refugiado Archie. El chico solo esperaba que el perro siguiera con vida, ya que la noche anterior había sido fría (el clima ya iba anunciando la presencia del otoño), y en uno de los tantos libros de la Biblioteca de su madre había leído que los cachorros necesitaban de cuidados especiales, ya que por un solo descuido en un día invernal podrían adquirir todo tipo de enfermedades pulmonares. Hugo sintió miedo, no quería perder a ese perrito, a quien a pesar de conocerlo hacía sólo un par de horas, ya lo consideraba uno de sus mejores amigos junto a Lily, Roxanne y los gemelos Scamander.
Lo cierto era que Hugo Weasley era un chico muy callado para su edad, había adquirido la timidez extrema de Ron y la sed de sabiduría imparable de Hermione, lo que le daban una personalidad algo insegura y con una tendencia torpe que lo metía en más de un problema, y que más de una vez su exuberante prima Lily Potter había sabido manipular, más cuando de quebrantar reglas se trataba.
A veces Hugo pensaba que su prima sería muy bien recibida en la Casa de Slytherin, sin duda tenia una mente tan aguda y afilada para manipular todo lo que ella quisiera, eso era algo que, claro está, nunca se lo había dicho, y nunca se lo diría si no quería tener problemas con ella. Su prima enojada era peor que una banshee colérica, Lily Potter podía ser chiquita, pero picosa cuando quería.
Con algo de torpeza, Hugo subió lentamente por la escalera de madera hacia la casa de juegos que su padre junto a su tío Harry habían construido para ellos hacia unos años atrás. La casita era lo suficientemente grande, por dentro, como para que en ella cupiera un elefante entero, algo que Hugo sospechaba tenía que ver con magia, ya que por afuera parecía una simple casita de madera que podía ser destrozada bajo el peso de los doce primos Weasley, y cuando la mayoría de ellos se juntaban para armar reuniones sobre sus actividades en las vacaciones (que normalmente incluían una que otra travesura y partidos de Quidditch en La Madriguera), podía soportarlos a todos ellos juntos, además estaba el hecho de que tanto su padre como el tío Harry les habían pedido a sus pequeños, no comentar nada sobre ese hecho a sus madres. Hugo sonrió al recordar que lo mismo había pasado con el auto, el ático y la biblioteca, aunque en la última su madre parecía realmente satisfecha con el resultado, a pesar de que sospechaban que ella ya sabía que sus dimensiones eran a causa de un hechizo extensivo. A veces simplemente no entendía a sus padres.
El pequeño pelirrojo entró en la casita con algo de cautela, no quería que el perrito (si era que aun existía) se escapara a causa de una negligencia suya, sólo con imaginar el sermón de sus padres y el enojo de su prima Lily sintió un escalofrío recorrerle por todo el cuerpo.
— ¿Archie?— preguntó en susurros—, ven aquí pequeño...— volvió a llamar, esta vez un poco más fuerte.
Un sonido llamó su atención, era tenue pero si prestaba atención era como si alguien estuviera rasqueteando la madera del suelo. El ruido provenía del fondo de la casita, más específicamente del lugar que había sido diseñado a modo de "cocina-comedor", ya que se encontraba equipada con la mini cocina eléctrica de Rose, misma que usaban en ocaciones especiales para hacer pastelillos, hotcakes, galletas y cupcakes, y la cual había sido regalo de su abuela materna para las Navidades, y a la que tío George había logrado modificar para que anduviera sin electricidad. Además en ese rincón, su madre y tía Ginny habían añadido una mesa con sillas, que asemejaba bastante a la que se encontraba en la cocina de La Madriguera, de más esta decir que, por eso y algunas cosas extra, la casita del árbol se había convertido en un lugar de sesiones de primos Weasley.
Hugo se acercó lentamente hacía donde surgían los ruidos, su cara palideció en cuanto pudo ver la condición en la que se encontraba el suelo y la cocinita, que ahora se encontraba hecha añicos en el suelo. Olvídense de Lily, Rose me va a matar en cuanto se entere, pensó Hugo con miedo. Su hermana podía ser el triple de peor que Lily cuando se enojaba, y no presisamente porque armara un escandalo e intentara vengarce rompiéndole algo que tuviera para él el valor que para ella tenía lo que hubiera roto o perdido (ese era más el accionar de Lily, Hugo había sido testigo de varias peleas entre sus primos como para no saber que con su pequeña prima no se debía jugar pesado). No, Rose Weasley se caracterizaba por su asombrosa Ley de Hielo, una vez no le había hablado por casi tres meses, lo que había sido demasiado frustrante para él, ya que ella era la única a la que a veces podia recurrir cuando tenía dudas sobre su tarea escolar (especialmente gramática, ya que las reglas ortográficas no eran del todo su fuerte).
Suspiró ahogando un sollozo, que fue interrumpido por el gimoteo proveniente de abajo de la mesa. Con cuidado de no aplastar la masa de pastelillos y vidrios que se había formado en el suelo, Hugo se asomó debajo del mueble, donde un cachorro Jack Russell Terrier lo saludó con un movimiento enérgico de su pequeña cola.
—Hola Archie— le saludó con la voz lo más seria que pudo, ya que a pesar de que sabía que se metería en líos con Rose, no era como si su hermana estuviera presente en esos momentos, y menos después del problema en el que ella se habia metido en Hogwarts; además, ¿cómo pretendían que él se enojara, cuando Archie había sobrevivido a la noche y lo saludaba como si su vida dependiera de ello?—. Así que eres de meterte en problemas, ¿eh?— sonrió el chico, mientras agarraba al perrito del suelo.
Archie intentó lamerle la cara por respuesta. Hugo soltó una risita, el perro era tierno y no había forma en que se enojara con él. Mirando el desastre que el pequeño travieso había causado, Hugo concluyó en que había una justificación válida, pues la evidencia decía que el cachorro lo había hecho por hambre (al menos de que sus bigotes mintieran y eso no fuera el glaseado que tanto le gustaba a Rose).
El chico pensó que la mejor forma de salvar lo que quedaba de la cocinita era con la ayuda de sus primas, en especial Roxanne, quien tenía una habilidad innata para arreglar todo lo que se rompiera, además de experimentar con todo tipo de cosas, según sus padres Roxy seguiría los pasos de su padre y su tío Fred (que en paz descance), mientras que su primo Fred sería una versión un tanto rebelde del tío George, según había escuchado una vez a sus padres y a tío Harry, Fred y James tenían las personalidades de los Merodeadores, por su afán por aventurarse de noche en el Castillo de Hogwarts (tía Ginny se quejaba abiertamente de la cantidad de avisos que le habían llegado del tío Neville desde el Colegio). Era por eso que a veces deseaba con ansias ir a Hogwarts, parecía el lugar ideal para vivir todo tipo de aventuras, sólo esperaba que cuando su tiempo llegara, a Lily no se le ocurriera meterlos en problemas, ya que su prima era un imán para el desastre, la pequeña bruja tenía un especial gusto y talento para quebrantar normas. Hugo se estremeció al recordar la broma que le habían hecho a Albus a modo de despedida de sexto grado de primaria.
— ¡Hugo!— la atronadora voz de Lily retumbó por toda la estancia, haciendo que el aludido soltara de sus manos al pequeño Archie que corrió a saludar a la recién llegada con suma alegría— ¿Qué has hecho, pedazo de alcornoque?— los ojos de su prima estaban fijos en lo que antes habia sido la cocinita de Rose.
—Hola para ti también, primita— le respondió con un gruñido—. Además no he sido yo quien ha...
— ¡Por las barbas barbosas de Merlín!— exclamó Roxanne, quien acababa de entrar en la casita— Rose te va a matar.
—Mejor aún, te cortará en pedacitos y te dará de comida a un basilisco— añadió Lily—. Definitivamente no quiero estar cuando eso suceda...
Roxanne asintió. Fue entonces cuando ambas primas repararon en el pequeño animalito que les movía la cola a los pies de Lily.
— ¡Sobrevivió!— exclamó feliz la pelirroja— ¿Viste? ¡Te dije que pasaría la noche, a veces eres tan dramático, Hugo!
Lily se acercó a acariciar a Archie.
— ¿Es por su causa que se ha roto la cocinita?— preguntó Roxanne, a lo que Hugo asintió— ¡Oh, vaya! Y yo que traje el alimento, ¿saben en el lío que casi me meto cuando la señora Figg me vio en la tienda?
Hugo empalideció.
—Dime que no te cuestionó— suplicó el pelirrojo.
—Me hizo más preguntas que Rita Skeeter en las galas de Navidad del Ministerio— respondió la pelinegra.
—Pero, seguro has sabido evadirla, ¿no, Roxy?— Lily la miró fijo.
La pelinegra tragó en seco.
—Algo así...
Lily bufó exasperada.
— ¡Si nuestros padres se enteran nos cortaran la cabeza!— exclamó la pelirroja.
—Lo sé, lo sé— Roxanne suspiró—, es que estaba un poco nerviosa, nunca había hecho algo así. A pesar de que mis experimentos me han metido en varios problemas, esto involucra no nada más a mis padres, sino a los tuyos y a los de Hugo. Especialmente a tía Hermione...
Los tres chicos se estremecieron, sabían muy bien que si Hermione Weasley se enojaba no había persona en la faz de la tierra que hiciera que el castigo no fuera severo. Por eso Hugo pensaba que tal vez Rose se encontraba en graves problemas con su madre esa mañana cuando se había despertado para encontrar a sus padres envueltos en un caos emocional, aunque para ser francos, Hermione se veía demasiado calma como para que se enfureciera demasiado con su hija mayor.
Una vez pasado un rato, los tres primos se dedicaron a limpiar los desastres que el cachorro había causado por toda la casita del árbol, incluso limpiaron el lugar que el perro parecía haber usado como baño, muy para el desmayo de Hugo.
Lo que los tres no sabían era que Hermione observaba sus movimientos en la casita con gran interés, la mujer sospechaba que los niños estaban tramando algo, o al menos eso le decía su instinto materno luego de haber convivido casi toda su vida rodeada de los Weasley, y más aun cuando los involucrados llevaban una mezcla de sangre y genes tan interesante como Lily, Roxanne y Hugo. Los tres eran un imán para el desastre, incluso podían llegarle a los talones a los juegos de Fred y James, que de por sí ya estaban comenzando a ser de la calibre de los gemelos Fred y George con una mezcla de los Merodeadores. Realmente sus sobrinos eran los herederos de las generaciones mayores, ese pensamiento la llevo a pensar en el hecho que acababa de ocurrir hacía unas horas, cuando ella y Ron recibieron la carta de Neville. Algo le decía en su fuero interno que los hechos que se estaban desencadenando en Hogwarts, serían desisivos para el futuro. Sólo esperaba que Ron no se opusiera a su curso.
— ¿Y los niños?— preguntó Ron, quien acababa de entrar en el comedor, donde Hermione observaba por el ventanal el jardín donde se encontraba, a pocos metros de distancia, la casita que se había convertido en la guarida de todos los primos Weasley— La casa esta demasiado silenciosa— observó el pelirrojo.
Hermione suspiró.
—Me temo que los niños están metidos en una travesura demasiado grande para sus tamaños— respondió por todo Hermione.
Ron frunció el ceño.
— ¿Por qué lo dices?
—Llevan horas yendo y viniendo con cosas para la limpieza...
Ron parecía sorprendido.
—Bueno, tal vez quieren limpiar la casita, ve tú a saber el estado en que la dejaron la última vez que vinieron Fred y James.
— ¿A caso estas diciendo que cuando te pedí que limpiaras esa casita, no lo hiciste?
Ron tragó en seco, se había olvidado de ese pequeño detalle.
—Hermy, tienes que entender que ese dia tuve que ir con George a ver la tienda de Hogsmade— Hermione lo miraba seria y con las manos en las caderas, algo que era mal augurio para todo aquél que hiciera algo que para la castaña estaba mal—. Estaba cansado...
—Ahora mismo— dijo Hermione con la voz tranquila y calma, lo que hizo que Ron temblara internamente—, vas a la casita, te disculpas con tu hijo y tus sobrinas, y terminas de limpiar ese lugar. ¿Esta claro, Ronald Weasley?
Ron asintió.
—Además ya va siendo hora de la comida, y después de todo un día de limpieza me imagino deberán estar famélicos.
Ron sonrió abiertamente.
— ¿Qué hay de comer?
Hermione rodó los ojos. Solo menciónale comida a Ron y se olvida del resto del mundo, pensó la castaña con ironía.
—Para ti, nada hasta que termines lo que los niños empezaron— el ánimo de Ron decayó súbitamente—, para los niños hay estofado y de postre pastel de chocolate que trajo Ginny.
Ron soltó un bufido exasperado. No quería tardar tanto en la limpieza, menos si había pastel de Ginny de por medio.
—Y otra cosa , Ron— le llamo Hermione antes mientras se dirigia divertida hacia la cocina—. Nada de magia.
—Pero, amor...
Hermione lo miró duro. Ron asintió tragando en seco, y se dirigió a la puerta que daba al jardín trasero, soltando maldiciones mentalmente. Ese día había empezado catastróficamente, con la llegada de la carta de Neville desde Hogwarts, y había empeorado con el transcurso de los minutos y las horas, sin duda ese no era su día.
Con pesadumbre atravesó el jardín, esa parte de su casa siempre había sido su favorita, no se comparaba en nada a La Madriguera, incluso era menos extenso, pero sin duda era su casa y la de su familia. Aun recordaba cuando la habían comprado hacia unos doce años atrás, justo antes de su boda con Hermione, la casa era grande en toda su extensión y con lujos que gracias a su trabajo había podido ir adquiriendo, además de los toques muggles que —para beneficio de la familia de su mujer que a veces los iban a visitar—, habían ido añadiendo. Sonrió al recordar la cara de fascinación de su padre cuando vio todos esos aparatos electrónicos muggles, en especial la televisión, algunos de ellos habían sido comprados en beneficio a sus hijos y sus sobrinos (también en la casa de los Potter se habían adquirido electrodomésticos), que estudiaban en escuelas muggles.
Algunas veces los amigos muggles de Rose y Hugo habían ido de visita a su casa, esos días habían sido casi un infierno, ya que tenían que guardar todo lo que tuviera magia. En especial la casita del árbol, la cual tenía más de un encantamiento, a veces había sido difícil disuadir a niños de 6 años de subir a ese lugar, sólo tenía que alegar que su estructura no era muy estable y los pequeños se alejaban algo tristes de no poder jugar en aquél lugar, lo que hacía enfurruñar a Rose y Hugo en un principio, pero luego ambos hermanos aprendieron que a veces hacer magia delante de muggles no era, del todo, buena idea.
Ron trepó estrepitosamente las escaleras de la casita, lo que logró alertar, demasiado tarde, a los niños, y a cierto perro, de su presencia.
— ¿Enanos?— los llamó Ron antes de irrumpir, abruptamente, en el lugar.
Si alguien preguntara, ninguno de todos ellos sabría responder a ciencia cierta cómo transcurrieron los hechos a partir del momento en el que Ron abrio la puerta.
Pero un hecho era seguro, Ron conoció a Archie de una forma muy peculiar, lo que desencadeno una serie de improperios por su parte. El perro le había orinado el pantalón, según Hugo había sido a causa de la emoción por conocerlo, para Roxanne era porque el can se encontraba marcándolo como su territorio, es decir, lo había nombrado su propiedad, mientras que Lily decía que a Archie le gustaba generar bromas como a ellos.
— ¡HUGO WEASLEY!— su padre parecía a punto de explotar, salvo que era una acumulación de emociones del día, que el adulto pelirrojo trataba por todos los medios de controlar.
Ron ya no sabía si reir o llorar, si bien agradecía que la casita estuviera en un estado perfecto de limpieza, exceptuando el alegre charco que Archie acababa de hacer, no pudo evitar reparar en que la cocinita de Rose estuviera rota (era bastante obvio si le faltaba la puertita de vidrio), además estaba el hecho de que a pesar de que Hugo estaba rompiendo las reglas de la casa sobre traer mascotas de la calle, Ron se habia encariñado con el perro, se podría decir que fue amor a primera vista, pese a que el perro lo hubiera tomado como baño, desde siempre el sueño de Ron había sido tener un perro. Por otro lado, estaba el asunto de Hermione, ella sí que no aceptaría tan fácil a Archie.
Por su parte Hugo parecía medio aliviado y medio con miedo, sabía que el enojo de su padre era parcial, debido a la serie de hechos desencadenados por culpa de su hermana en Hogwarts, pero aun así su mayor temor era su madre.
Al caer en la cuenta de lo que estaba a punto de finalizar la tranquilidad de su casa, específicamente el pequeño cuadrúpedo, hizo que Ron se sintiera, literalmente, orinado por los perros. Su día no podia ir de mal en peor, y eso era algo que él, no había visto venir en toda su vida.

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janessi1
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MensajeTema: capitulo 8 de next generation: la profesora trelawney   Jue Dic 26, 2013 2:23 pm

Una semana más tarde de aquella pelea, los tres compañeros de Gryffindor, se encontraron cumpliendo con el castigo impuesto por el jefe de su casa, el profesor Longbottom a la misma hora en la que en el que se servía la cena.
— Odio esto — La voz cansina y hambrienta de la pelirroja resonó por las paredes de piedra —, y todo esto es por tu culpa, Malfoy — Añadió mirando de forma acusatoria a Scorpius que se encontraba a unos metros de distancia de ella limpiando el suelo con un trapo y un balde de agua. Albus rodó los ojos, esa escena ya la había visto repetirse varias veces en los días que ya llevaban de castigo.
— En un par de horas se termina todo — Se encogió de hombros Scorpius —, además tú quisiste venir en mi ayuda, ¿o ya se te olvido, Weasley?
Rose bufó, mientras pasaba el plumero con demasiada fuerza a una armadura, que no tardó en protestar ante el acto de la pelirroja.
— Por suerte nos separaron de Goyle, Zabini y Derrick — Anunció Albus, quien se encargaba de barrer la tierra de las esquinas —, ya no soportaba escuchar sus burlas.
— Son así todo el tiempo, créeme — Le dijo Scorpius —. Cuando mis abuelos paternos montan alguna fiesta en Malfoy Manor, debo soportarlos este año será peor seguro que Lucius se les une en el juego de “molestar a Scorpius”.
— Lo dices como si no te quisiera-Dijo Rose. El solo se quedó en silencio
— No puede ser verdad — Habló de nuevo la pelirroja, quien no podía creer lo que Scorpius Malfoy le estaba insinuando, ya que con su silencio afirmaba su sospecha.
— Se supone que los abuelos quieren a sus nietos de una forma casi desquiciada porque son el fruto de su propio fruto…
— Pues el no piensa igual — Gruñó Scorpius por lo bajo, pero lo suficientemente alto como para que el oído agudizado de Rose lo escuchara.
— ¿Qué clase de abuelo no querría a su nieto? — Siguió Rose.
— Lucius Abraxas Malfoy Ross no es un abuelo cualquiera, creí que ya se habían dado cuenta por la forma en la que me felicitó por ser Gryffindor.
El rubio se estremeció al recordar aquél humillante momento. Aun cuando entraba en el gran comedor la gente le miraba expectante, como si esperaran a que recibiera otro maldito howler cada que llegaba el correo. La cabeza de Rose daba vueltas y lo único en lo que podía pensar era en lo poco afortunado que era Scorpius Malfoy. Ella amaba a sus abuelos y viceversa, en especial a los abuelos Weasley, y aunque sus abuelos Granger solían ser tan extraños como cualquier muggle especialmente por su profesión ( eran dentistas retirados) y a pesar de mimarlos en todo a ella y a Hugo,
a diferencia de los abuelos Weasley, sólo una vez les habían dado dulces y de forma indirecta, cuando la navidad del año anterior, le habían regalado una cocinita eléctrica pues para ellos cualquier cosa que tuviera azúcar era un enemigo que generaba caries.
— Lo siento, es sólo que…
— Ahórratelo, no necesito tu pena, Weasley — Le cortó el rubio con rabia.
Rose en ese momento detuvo sus tareas con un bufido y salió habitación rápidamente. Albus estaba seguro que el comentario de Scorpius había lastimado a su prima.
— Ella solo quería ser amable — Le regañó Albus, saliendo en defensa de su prima.
— Pues no parecía, ¿o acaso es tan tonta como para no darse cuenta que mis abuelos no son los suyos? — Scorpius estaba molesto consigo mismo y sabía que estaba descargando su ira con Albus.
— ¡No la llames tonta!
— Pues debería demostrar lo contrario con sus actitudes, que no son las de una persona cuerda solo la de una insufrible mandona que no puede ver más allá de sus propias narices — Albus gruñó con indignación, sus oídos no podían dar crédito a lo que el rubio decía, mientras que por su parte, Scorpius sabía que estaba metiendo la pata en grande, pero no podía detenerse, era como si toda su frustración hacía su familia paterna saliera descargada en esas palabras —, con razón no tiene amigos a parte de sus primos…
Ese había sido el colmo, Albus tomó el balde de agua y se lo hecho encima
— Jamás vuelvas a hablar así de ella en mi presencia — Dijo el pelinegro con voz gélida, que hizo que Scorpius levantara la vista a pesar de tener los ojos llenos de jabón. — No permitiré que nadie, ni nada, insulte o haga daño a Rose ¿Te queda claro? — Aclaró Albus. Scorpius asintió temblando, tenía frío y su orgullo había sido herido, pero a pesar de ello sabía que había cometido una falta para con su amigo.
— Lo siento — Suspiró Scorpius para sorpresa de Albus, quien no pensaba que el chico fuera capaz de pedir perdón tan pronto —, me saca de quicio hablar de abuelo
— Me he dado cuenta — Murmuró sarcásticamente
— Yo no tengo los mejores recuerdos con Lucius Malfoy, de hecho mi padre intenta por todos los medios que mi interacción con él sea mínima — Confesó el rubio con la cabeza gacha —. Igualmente a veces los intentos son en vano, pues mi abuelo se las ingenia para aparecerse en nuestra casa y armar escenas que a veces me hacen temer por la integridad mental y física de mis padres y todo por mi culpa .
Albus lo miró con entendimiento, esa reacción del moreno sería la que sellara todas y cada una de las interacciones que ellos tuvieran de ahí en adelante, ya que Albus demostraba que no lo juzgaba como toda la gente, que a veces lo rodeaba, por el simple hecho de llevar el apellido Malfoy. La riña quedo olvidada, ahí no había un Potter y un Malfoy, eran solo dos chicos hablando de sus familias.
— Por lo que dices Lucius ya es solo un vejete de mente retorcida — Scorpius sonrió ante el comentario —. Por lo tanto sus acciones nunca serán culpa tuya. Igualmente me imagino que tus abuelos maternos no serán tan malos, ¿a qué no?-
— Definitivamente mucho mejor, pero desgraciadamente no les veo con frecuencia ya que se fueron a vivir a Francia cuando se jubilaron como medimagos y a veces se nos dificulta viajar por el trabajo de mis padres.
— Mi tía Fleur es francesa — compartió Albus —, así que entiendo lo que dices, pues lo veo siempre con mis primos. Varias veces con ellos hemos ido a visitar a su tía Gabrielle que vive allí con su esposo…
Ambos chicos estaban tan enfrascados en la charla sobre los lugares de Francia que habían visitado con su familia en algunas ocasiones, que no se dieron cuenta de la presencia del celador en el lugar hasta que su voz aguda y gruñona los asusto. Filch los miraba con sorna desde las escaleras que unían las mazmorras con el resto del castillo. Los dos lo miraron presas de terror, Scorpius temblaba pero por el frío que empezaba a sentir en los huesos a causa de la mojada que le había pegado Albus.
— ¿Dónde está la chica Weasley? — los ojos amarillentos de Filch se percataron de la ausencia de la pequeña pelirroja. Albus quedó aún más helado, si el celador se enteraba que su prima había dejado su labor, el castigo sería más severo.
— Esto… e-ella…
— Rose terminó antes y tuvo que ir a usar los baños — Le cortó Scorpius ágilmente. Albus le miró con sorpresa, que disimuló a tiempo. Pese que Rose le había faltado el respeto, Scorpius la cubría y eso era algo a lo que Albus no estaba acostumbrado.
Si las cosas hubieran sucedido con James, Fred o incluso Dominique, Lily o Roxanne, Rose seguramente terminaba haciendo horas extra de castigo con el viejo celador.
— No tenía autorización — Gruñó Filch. La señora Norris tomó ese momento para maullar lastimeramente y miraba de manera acusatoria al par de Gryffindor.
— Dijo que era una urgencia — Scorpius se encogió de hombros. Él hombre mayor bufó. Y para desgracia del rubio, la señora Norris II empezó a pasearse entre sus pies y hacer evidente a los ojos de Filch, el estado en el que se encontraba.
— A todo esto, ¿qué hace usted mojado?
Scorpius tembló. A Albus se le había olvidado el pequeño incidente con el agua.
— ¡Peeves! — Exclamó Albus, Filch lo miró con sorpresa y enfado. – Peeves le hecho el balde encima a Scorpius…
— Si por mí fuera, estarían colgados de los talones en los calabozos…-Comenzó a susurrar el viejo-y el maldito Peeves desaparecería para siempre, malditos niños… ¡Fuera de aquí!
Scorpius pegó un respingo y salió rápido como pudo jalando a Albus del brazo.
No se detuvieron ni siquiera en el gran comedor, donde seguro estarían Rose y el resto de sus primos terminando de cenar, tampoco le dieron importancia a Peeves que realmente se encontraba flotando en los pasillos del segundo piso, canturreando groserías mientras arrojaba tizas del aula de encantamientos en las cabezas de los que se atrevieran a pasar por allí -“Oh, pequeñito Potter y su amiguito el hurón. ¡Con un poquito de esto sus mentes se abrirán y estrellitas verán!”- Chilló el poltergeist. Pero pronto se detuvieron en sus pasos al caer en la cuenta de que las escaleras se habían movido y en vez de llevarlos a la torre de Gryffindor en el quinto piso, se encontraban recorriendo los pasillos desiertos del séptimo piso, una de las partes más sombrías y abandonadas del colegio, pues después de la segunda guerra varios puntos del castillo tuvieron que ser remodelados, incluso algunos fueron añadidos como el nuevo estadio de quidditch, o la torre designada para los premios anuales, que en tiempos de sus padres eran solo un varón y una mujer de igual o distinta casa, pero con el tiempo se decidió que fueran dos varones y dos mujeres de distintas casas con los mejores promedios del séptimo curso, a esa torre se podía acceder desde uno de los corredores del tercer piso, pero por alguna razón el séptimo piso se encontraba en estado deteriorado, siendo casi la única prueba viviente de que Hogwarts había sido tomado literalmente como un campo de batalla.
— ¡Por Merlín! — Se quejó Albus algo agitado por la carrera — Parecía que Filch se había topado con un escreguto de cola explosivo
— Algo debió haber hecho Peeves — Sugirió el rubio —, ahora solo tenemos que esperar a que las escaleras decidan volver a cambiar así irnos a nuestros dormitorios antes de que alguno termine muerto, o peor nos expulsen-
— Si Rose estuviera aquí, te diría que deberías ordenar tus prioridades un poco — rió Albus —. Suenas tan mandón y sabelotodo como nuestra prima Molly o tía Hermione.
— Bien genio, ríete lo que quieras, pero por si no te has dado cuenta nos encontramos en una zona prohibida y si mi reloj no me miente estamos fuera de la cama en un horario que no deberíamos, porque hace quince minutos que comenzó el toque de queda y encima estoy calado hasta los…-Dijo Scorpius
— ¿Escuchaste eso? Fue como si algo se arrastrara… — Tartamudeó Albus.
Ambos amigos se quedaron estáticos contemplando en la oscuridad el pasillo desierto que solo era iluminado gracias a la poca luz que se filtraba de los enormes ventanales, dándole un aire un tanto siniestro. De pronto, ante ellos una silueta salió dando trompicones desde ahí, mientras con voz aguda emitía una especie de cántico.
— Canto al ruiseñor, canto al corazón… — Albus reconoció la voz en seguida.
— ¿ Trelawney? —
Scorpius no daba crédito a sus ojos. Ante ellos se encontraba su directora, con la vestimenta y las gafas descolocadas y las mejillas más encendidas que las luces de un árbol de navidad. Una sonrisa brillante adornó el rostro de la directora en cuanto sus ojos se posaron en Albus y Scorpius, y con algo de lentitud, debido a que difícilmente daba señales de poder seguir en pie, se les acercó peligrosamente. Scorpius hizo una mueca al percibir el fuerte olor a alcohol que emitía su directora, Albus lo secundo pensando además que si tía Hermione se enteraba de ese descuido por parte de Trelawney seguramente mandaría a buscar a la vieja McGonagall para que volviera a ocupar el puesto directivo de Hogwarts.
— ¡Oh, pero si son Potter y Malfoy! — Chilló con evidente alegría Sybill.
Scorpius y Albus fruncieron el ceño, ya era bastante malo encontrar a la directora en estado de ebriedad como para añadirle que supiera con quiénes estaba hablando.
— ¿Cómo es que encogieron tanto? — Preguntó de golpe la directora, su vista parecía nublada y el ceño fruncido le daba un aire demencial a sus facciones
— ¿Disculpe? — Albus pareció ofenderse, él no era pequeño, a pesar de que James siempre se burlaba de que para su edad no tenía la estatura debida, confiaba en que, como su padre, crecería entrado en la etapa de la adolescencia. Igualmente Harry Potter nunca fue de gran estatura, eso se los dejaba a sus tíos Weasley.
Scorpius le lanzó una señal de advertencia al pelinegro, que parecía no darse cuenta de la gravedad de la situación.
— Querido Potter, tanto daño he causado en tu familia… — el rostro de la mujer se contorsionó para dejar correr lágrimas de sus ojos . Albus lo miró con desagrado, no le gustaba la situación en la que se encontraban él y Scorpius, prefería ante todo los gritos de Filch que las lágrimas histéricas de Sybill Trelawney.
— Mi culpa, mi propia culpa…
Scorpius estaba asombrado de lo rápido que podía pasar una persona ebria de estar eufórica a caer en un estado de depresión. Sólo esperaba que terminara pronto para poder regresar a la sala común de Gryffindor y echarse en el sofá que se encontraba frente a la chimenea, ya no sentía sus pies del frío que tenía y la ropa húmeda le comenzaba a incomodar.
— Esto… ¿Profesora Trelawney? — comenzó Albus — ¿Profesora?
El chico le tocó suavemente el brazo, con lo que instantáneamente la Profesora Trelawney se puso rígida y con la mirada perdida, paralizando así aún más a los dos chicos que la miraban con sendas mezclas de horror en el rostro.
— ¿Qué has hecho? — Inquirió Scorpius a su amigo
Albus intentó dirigirle una mirada fría a Scorpius, pero el intento se vio interrumpido por la voz de la directora, que sonaba cavernosa y distante.
— Ha ocurrido antes, buscaba juventud en rostros gráciles y níveos enmarcados en velos del color del ébano — tanto Albus como Scorpius no entendían lo que pasaba
—, después de un centenar de años volverá a pasar, doce serán su reclamo, doce será su meta, de temples distintas con fuego por característica en piedra de diamante tallará nombres y cuando la medianoche llegue a su fin ella habrá retornado…
— ¿De qué está hablando? — se animó a hablar Scorpius.
— Para derrotarla esta vez se necesitarán dos caballeros de armadura dorada y corazón puro. El león volverá a rugir y el fénix renacerá de sus cenizas. Será derrocada una vez más, sin embargo este será solo el comienzo del fin… Ella volverá por tercera vez, más poderosa que antes y su reinado amenazará con desaparecer la magia. Al señor oscuro tres amigos le vencieron, y ella caerá para siempre solo si los lazos de futuras generaciones quedan unidas, estos serán de nuevo la luz en nuestro camino, siendo uno de ellos descendiente del mismo mago que el poder a ella le quito… — la mujer comenzó a toser, como si se estuviera ahogando, lo que hizo pegar un respingo a ambos amigos, que estaban horrorizados.
— ¿Qué hacemos? — Albus sonaba desesperado.
— ¡No seas idiota, Potter, usa tu varita!
— ¿Qué hechizo hago? — el ojiverde sonaba histérico.
Probablemente había sido el alboroto que estaban causando, o tal vez era que la ronda nocturna del Longbottom fuera en ese lugar, cualquiera que hubiera sido la respuesta, Albus y Scorpius jamás se sintieron tan felices de encontrarse con un profesor.
— ¿Qué está pa…?— Longbottom se detuvo en sus pasos, sus ojos parecieron saltar de sus órbitas al ver el estado de la directora, pero inmediatamente recobró el aliento y con un movimiento de su varita hizo aparecer ante sí una copa a la que luego lanzó un hechizo para que tuviera agua. Con cuidado ayudó a Trelawney a sentarse en el alfeizar de uno de los ventanales más cercanos, para pasarle la copa con agua, de la cual ella solo dio unos sorbos para luego pegar un respingo, mirar en todas direcciones y aparentar sorpresa al ver donde se encontraba.
— ¿Se encuentra bien? — Inquirió Longbottom, que no dejaba de mirar por el rabillo del ojo a los pequeños Gryffindor .
– ¿Dónde estoy?
El profesor Longbottom soltó un suspiro de resignación, lo que llevó a Scorpius a pensar que tal vez esa actitud de la directora fuese ya algo habitual.
— En los pasillos del séptimo piso, en Hogwarts
— ¡Hay que avisarle a Potter! — Exclamó alterada la mujer.
Neville frunció el ceño. — ¿Qué ocurre?
— Algo oscuro, algo peor que la última vez… — Trelawney pareció reparar entonces en que tenía más audiencia — ¿Qué hacen ellos aquí?
— Eso quisiera saber… — Los observó con algo de dureza Neville —, tendrán que acompañarme a mi despacho.
Scorpius tragó en seco. — ¿V-van a expulsarnos? — la voz le sonó temblorosa, una mezcla del nerviosismo, miedo y el frío que estaba padeciendo. El profesor Longbottom soltó una risita, que logró disimular a tiempo con una tos fingida, pero que no pasó desapercibida para Albus, que ya conocía muy bien a su padrino
— No, señor Malfoy, pero me temo que tendrán que darme ciertas explicaciones — los ojos almendrados de Neville recorrieron a Scorpius de pies a cabeza, con lo que dio a entender que el profesor no había pasado por alto el estado en el que se encontraba —, por ejemplo, por qué decidió tomar una ducha nocturna con ropa. Scorpius estaba helado, y no solo literalmente, no quería meter a Albus en problemas por lo que pronto comenzó a balbucear incoherentemente. El profesor Longbottom suspiró si bien Scorpius le recordaba mucho a su antiguo compañero Draco Malfoy no ayudaba tampoco el hecho de que fuera el hijo del mismo y compartiera una similitud física asombrosa con el estaba claro que el chico que tenía delante suya no era para nada el hurón arrogante que había compartido clases con él.
— Bien, creo que será una larga noche. Llamaré a la profesora Harris para que lleve a la directora con Hannah (Su mujer era la enfermera principal de Hogwarts desde hacía tres años) — Dicho esto Neville hizo un movimiento con la varita del cual salió una especie de luz blanca con una forma definida que ni Albus, ni Scorpius llegaron a distinguir, pues enseguida desapareció en dirección a las escaleras. Instantáneamente la profesora Harris hizo acto de presencia, seguida muy de cerca por el profesor Nott, que impartía las clases de transformaciones y era el jefe de casa de Slytherin, y de las dos semanas que Albus y Scorpius llevaban en conocerlo lo detestaban con creces por su personalidad súper exigente y prejuiciosa, en especial con los alumnos de Gryffindor. No por ello, Scorpius había dejado de hacerse notar por su creciente habilidad en la materia que el mago adulto impartía, solo unas pocas veces había sido opacado por Rose, mientras que Albus cargaba con el peso de que siempre se esperara que hiciera algo majestuoso en clase. Theodore Nott X tenía un gusto particular por recordarle a Albus constantemente que era el hijo de Harry Potter, y que por ende debía cumplir las expectativas como tal. Su hermano James ya le había advertido antes de este profesor, y de cómo él había sufrido todo su primer año de transformaciones en compañía de los alumnos de su curso de Slytherin .
— ¿Qué ha sucedido, Neville? — Preguntó con voz grave la profesora de pociones.
— Miranda, necesito que acompañes a Sybill a la enfermería, estoy seguro de que mi mujer podrá calmarla con lo de siempre…
Scorpius inquirió en su fuero interno que, entonces, tal vez esos episodios extraños solían sucederle a menudo a su directora. Y en caso de que así fuera… ¡Mi padre se enterará de esto!, pensó con algo de indignación y emoción el rubio, ya que a su juicio la bruja que debía estar a cargo del colegio debía permanecer sobria las veinticuatro horas del día, como el resto de los profesores.
— Vamos, profesora Trelawney — La animó la profesora Harris utilizando una voz algo más suave que de costumbre, mientras que Nott se acercó a ayudarle, pues la directora se balanceaba de manera peligrosa y amenazaba con caerse de manera estrepitosa sobre el suelo de piedra.
— Perdón mi intromisión, Longbottom — Habló de pronto Nott con su voz suave y aterciopelada que tanto Albus como Scorpius comenzaban a aborrecer con el paso de los días —. Pero, ¿qué se supone que hacen Potter y Malfoy aquí?
— Ambos estaban cumpliendo un castigo, supongo que se habrán perdido cuando las escaleras decidieron cambiar hace una hora — Contestó Longbottom, quien ciertamente parecía haber comprendido la situación de los dos amigos. Theodore Nott rodó los ojos de manera disimulada.
— Una advertencia — Les susurró cuando pasó al lado de ellos —, la próxima vez el castigo será más severo que limpiar sin magia — Añadió con sorna mientras sus ojos azules observaban con desdén a los dos Gryffindors
— ¡Potter, Malfoy! — Les llamó Neville, mientras veían como Nott y Harris desaparecían llevando a rastras a Trelawney que parecía haber vuelto a entonar la cancioncilla que cantaba minutos atrás —, síganme.
Ambos siguieron a Neville a su despacho que se encontraba en el primer piso
— Entren — Les pidió con calma, a pesar de que parecía cansado —, pueden sentarse.
Albus tomó asiento con cautela, mientras que Scorpius se quedó parado temblando.
— Malfoy, toma asiento — Le pidió Neville con amabilidad pero serio
— P-pero, P-profesor Long-Longbottom voy a… voy a mojar el asiento — Masculló Scorpius. Neville suspiró por enésima vez en la noche, sacó su varita y con un hechizo hizo que las ropas de Scorpius se secaran y emanaran calor por el cuerpo del chico, quien instantáneamente dejó de temblar.
— Ahora sí, toma asiento Scorpius. El chico sonrió agradecido y se dispuso a sentarse elegantemente en la silla contigua a la de Albus, con lo que ambos alumnos aguardaron a que el profesor les hablara. Neville carraspeó. — ¿Qué hacían en el pasillo del séptimo piso a estas horas?
— Nos perdimos como usted le dijo al profesor Nott — Le respondió Scorpius.
— Es verdad, Filch nos ahuyentó cuando terminamos nuestro castigo -Dijo Albus
Neville suspiró, todos los años eran lo mismo con el viejo celador, el hombre sin duda ya se estaba volviendo demasiado viejo y cascarrabias para el trabajo y el hecho de que Peeves se la pasara haciendo desastres por no mencionar las travesuras que hacían Fred Weasley y James Potter, hacían que el hombre tuviera algunos rayes de locura. Internamente pensaba que Filch terminaría en San Mungo si eso continuaba.
— Bien, a partir de ahora les pido el mayor de los sigilos con el señor Filch, tiene una edad ya muy avanzada y no está para soportar las bromas de algunos alumnos y menos de las de Peeves. Una cosa antes de finalizar quiero que lo que ocurrió con la directora Trelawney no salga de estas cuatro paredes.
— ¿Ni siquiera nuestros padres pueden saberlo? — Se quejó Scorpius.
— Es una petición que hago señor Malfoy ya que últimamente nuestra directora no se encuentra bien de salud, seguramente ustedes presenciaron uno de esos momentos en los que parece estar en trance igualmente este es un asunto que discutiré personalmente con tu padre Albus cuando Harry venga a Hogwarts para Halloween, como sabrán año con año él viene a dar una charla sobre la defensa contra las artes oscuras, una clase complementaria y práctica que va de la mano con el programa que imparte el profesor Farley.
— Pero, ¿por qué? — Insistió Albus en el tema.
— No quiero mentirte Al, pero este es un tema de mayores — Le dijo Neville con voz grave —, lo que quisiera que me dijeran es si ella les dijo algo estando en trance.
— No solo cantaba — Se apresuró a mentir Scorpius para sorpresa de Albus.
Ahí había gato encerrado y él quería descubrir por qué les preocupaba tanto lo que la directora dijera. Neville los inspeccionó por unos segundos, internamente Albus supo que el profesor no les creía nada de lo que le estaban diciendo.
— Bien, entonces espero que no se metan en más líos — les sonrió con amabilidad el hombre —. Pueden volver a la sala común, los veré mañana en clase .
Albus y Scorpius se apresuraron a salir del despacho del profesor Longbottom.
— ¿Por qué le has mentido? — Quiso saber Albus, al llegar a la sala común
— Albus, algo no anda bien con Trelawney. El aludido se encogió de hombros.
— Ya escuchaste a mi padrino — se excusó el chico —, no es algo que nos incumba.
— Lo que pasó allá arriba es algo preocupante Al, además ¿qué era eso que nos estaba diciendo Sybill en trance?
— Sonaba como una profecía — cedió Albus.
— ¡Exacto! Y si la mitad de lo que dijo es cierto, algo muy malo esta por ocurrir, no solo en Hogwarts, sino en el mundo entero…
— ¿De qué demonios están hablando?- La voz de Rose Weasley los sobresaltó, la niña los había estado esperando (especialmente para disculparse mejor con cierto rubio, aunque realmente no lo admitiera).
— ¡Rose! — exclamó Albus.
— ¿De qué estaban hablando Albus Severus? — El chico odiaba cuando usaban su nombre entero, ya que se sentía como un chiquillo de cinco años.
— Nos perdimos en el séptimo piso — Le contestó Scorpius, quien parecía haber olvidado sus diferencias con la pelirroja. —, y encontramos a Trelawney ebria.
Los ojos azules de Rose se abrieron con sorpresa — ¿Están seguros?-Pregunto
— Totalmente, pero no podemos decir nada porque aparentemente esto lleva ocurriendo desde hace poco, Neville quiere hablar con mi padre porque la profesora parece hacer eso por un motivo premonitorio de hecho, con nosotros llegó a estar en estado de trance y dijo cosas muy extrañas.
Rose frunció el entrecejo, no le gustaba hacia donde estaba yendo el relato.
Recordaba perfectamente lo que su madre le había contado sobre Sybill Trelawney y su papel casi crucial durante la segunda guerra.
— ¿Qué fue lo que les dijo?
— ¡Tanta memoria no tengo, Rose! — Se quejó Albus.
— Pues yo si recuerdo — Dijo tímidamente Scorpius, ese era uno de sus dones, la capacidad para poder recordar de memoria cosas que él supiera importantes, por eso no le gustaba tener que lidiar en su mayoría con su abuelo paterno, ya que sus palabras se le quedaban grabadas en la mente y no desaparecían hasta después de un tiempo.
— ¿A qué esperas? ¡Dilo!
Scorpius le recitó la profecía a Rose que permanecía atenta a cada palabra que decía.
— Deberíamos decírselo a nuestros padres Al — Anunció Rose,
— A mí me da escalofríos pensar en lo que signifique — Admitió Albus.
— Y yo que pensaba que nuestra estadía en Hogwarts iba a ser tranquila — Bromeó Scorpius para aligerar la tensión, aunque solo lo logró por escasos segundos ya que le sacó una sonrisa del rostro a Rose que luego lo miró con seriedad.
— Quiero pedirte perdón.
— No pasa nada, Weasley — Le dijo sincero Scorpius —, yo también fui un cerdo estúpido, supongo que es algo que llevo en las venas, ya era raro que no tuviera algo de Slytherin…
— Si no fuera así, serías adoptado — Dijo Albus.
— Tal vez… — Suspiró —, en cuanto a lo de la profecía, propongo que aprovechemos a decírselo a Harry Potter cuando venga al colegio para Halloween. Mientras tanto, tratemos de no meternos en problemas.
— Estás hablando con uno de los hijos de Harry Potter — Le dijo Albus
—, es imposible no meternos en problemas.
Los tres amigos subieron a sus respectivas habitaciones, cada uno en silencio contemplaba bajo las sábanas los hechos que parecían a punto de ocurrir, ¿realmente la magia corría peligro? Y si era sí, ¿cuándo sucedería todo aquello?.


Última edición por janessi1 el Jue Dic 07, 2017 11:23 am, editado 2 veces
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MensajeTema: capitulo nueve : clases de vuelo   Jue Dic 26, 2013 2:25 pm

Albus se levantó sobresaltado, desde su encuentro nocturno con la profesora Trelawney, había estado teniendo pesadillas de todo tipo. Siendo la escena recurrente la aparición de una figura encapuchada con una risa maléfica, mientras que a su alrededor figuras similares ascendían en una especie de cántico para luego elevarse a lo que parecía una torre abandonada en medio de un bosque, lo curioso de la escena era que él no estaba solo, a su lado siempre se encontraba Scorpius Malfoy y su prima Rose, la última luego de unos segundos entraba en trance y desaparecía en las llamas que rodeaban el lugar. El chico soltó un suspiro, debía de dejar de preocuparse por cosas que seguramente eran banales, tal vez tenía que darle las gracias a su amigo Scorpius quien parecía empecinado en creer que la profecía era real y ambos debían averiguar de qué iba la cosa antes de que fuera demasiado tarde, el sentido de nobleza y espíritu aventurero que el rubio parecía tener eran, a veces, preocupantes. La cosa no mejoraba si a eso le añadía las ideas descabelladas de Rose, que después de semanas parecía estar en una relación civilizada con Malfoy, después de su reconciliación con el relato de la susodicha profecía, ambos habían llegado a una especie de acuerdo mutuo en donde se respetaban para poder descifrar antes de Halloween aquello que había dicho la chiflada de la directora. Porque sí, Albus creía queTrelawney era un caso perdido, tal como les había escuchado a su tía Hermione.
— ¿Estas despierto, Al? — La voz de Scorpius lo sacó de su ensoñación, con algo de pereza se levantó de la cama y miró a su amigo con extrañeza, ya que era muy extraño que el rubio se levantara tan temprano en la mañana, casi siempre llegaban sobre la hora a sus clases.
— Obviamente ¿Qué pasa, Scorpius? — Pregunto Albus
— Nada, solo que tengo una sensación extraña — Suspiró el rubio levantándose con pereza de la cama, sus compañeros de cuarto seguían durmiendo, por lo que no era de esperarse que alguien le escuchara
— ¿Por qué crees que sea?
— ¿Honestamente?. Tengo miedo a no ser bueno volando
— ¿Y eso?
— No lo sé, es un miedo un poco irracional, tal vez es el hecho de que tu hermano no deja de presionarnos con que no nos luzcamos en esta primera clase, porque él quiere una de las vacantes del equipo de Gryffindor…
Albus rodó los ojos internamente, sin duda su hermano era un dolor de cabeza. A pesar de que él y Rose estuvieran con Scorpius, el chico de tercero no dejaba de lado su prejuicio hacia el chico por su apellido, cosa que a Albus le parecía infantil.
— No le hagas caso, además el profesor Krum no es quien decide quién entra en el equipo y quién no — señaló Albus —. Ese es trabajo de mi padrino y de Jocelyn Wood, la capitana actual del equipo.
— ¿Es familiar de Oliver Wood? —
— Es su hija mayor- Le respondió Albus. Scorpius asintió, momentáneamente su miedo había desaparecido dejando paso a la curiosidad que parecía caracterizarlo y que sin duda había heredado de la familia de su madre.
— Será mejor que nos alistemos pronto, ya va siendo la hora del desayuno —
Ambos chicos se vistieron con las túnicas del colegio, tomando las cosas que necesitarían para las clases de esa mañana. Primero tendrían una doble sesión de herbología con el profesor Longbottom, seguida de una hora en encantamientos y por fin su primera clase de vuelo para luego terminar en historia de la magia. A Scorpius el estómago se le volvió a contraer de solo pensarlo, mientras que Albus, internamente, batallaba con un sentimiento similar, que iba acrecentando a cada paso que daban. ¿Qué tal si no era tan bueno como sus padres?, ¿Qué tal que hacía el ridículo como tantas veces había sucedido en la Madriguera? Su padre decía que era porque los Potter no estaban diseñados para ser guardianes puesto que normalmente le daban a él cuando se reunían todos los primos Weasley sino más bien tenían madera de cazadores y buscadores, aunque su hermano James parecía tener gusto por las bludgers. A ninguno de los dos les sorprendió ver a Rose ya sentada en la mesa comiendo su plato de cereales con un ánimo que podía engañar a cualquiera, menos a Albus, su primo sabía que ella al estar nerviosa podía darse atracones completos.
— Weasley, un poco más despacio — Le previno Scorpius —, vas a atragantarte.
— ¡Métete en tu propio plato, Malfoy! — Masculló Rose ruborizada.
— Con gusto, Weasley — Le sonrió divertido Scorpius mientras se servía una ración de macedonia, no quería cargar a su estómago por miedo a lo que llegara a suceder en sus clases de vuelo. Albus se percató, con algo de interés, que después de aquella extraña conversación , su prima había comenzado a comer de manera civilizada, muy para su sorpresa. Hecho que mejor dejó pasar por alto, le daban verdaderos dolores de cabeza pensar mucho las cosas muy temprano en la mañana, ya tendría tiempo después para analizar la conducta de sus amigos entre ellos y formular teorías extrañas que seguramente después utilizaría como apuesta con su hermano mayor y sus primos.
— Esta mañana será muy emocionante, ¿no creen? — Les preguntó Jane con una gran sonrisa dibujada en su aniñado rostro. En lo poco que llevaban los tres amigos de conocer a Jane, tenían opiniones variadas en cuanto a la personalidad de la niña, pues mientras que Rose la encontraba algo pesada, Scorpius y Albus parecían soportar su exuberancia con un poco más de paciencia, en especial el rubio quien de los tres siempre parecía el más analítico y de personalidad extremadamente pasiva. Rara vez Albus había visto a su rubio amigo exaltado por algo, ya que se había dado cuenta que lo único, o mejor dicho la única, que podía sacar de quicio a Scorpius Malfoy era Rose, por lo general el chico era taciturno y de excesiva calma, que en más de una ocasión en el transcurso de las semanas había comenzado a dar pie a que James lo tomara como uno de sus tantos blancos de bromas, a veces demasiado pesadas, lo curioso del caso era que en ningún momento parecía reaccionar de la misma forma que haría con Rose, sino todo lo contrario, lo que sin duda alguna, ponía de malas a James al ver sus planes fracasar. Albus en más de una ocasión había tenido que disculpar a su hermano con su amigo, pero a Scorpius no le importaba demasiado, estaba acostumbrado a ser usado como conejillo de indias de los abusadores de los hijos de los amigos de su padre, tal como le había contado a Albus, en las fiestas que hacían sus abuelos paternos no solo debía compartir con sus compañeros Slytherin sino también con los hermanos de estos, la navidad pasada, por ejemplo, había sido una de las peores, pues la hermana mayor de Vincent Goyle ( Denébola quien ese año cursaba su séptimo año en Hogwarts), había llevado a su novio Vaelico Higgs, quien se tomó demasiado a pecho la tradición de molestar a Scorpius, tanto que persiguió al rubio por todo Malfoy Manor, hasta que en un descuido lo acorraló en los jardines frente a uno de los estanques que poseían, de más está decir que si su madre no hubiera salido a los balcones a tomar un poco de aire fresco tal vez él no estaría ahí para contarlo, luego de eso tuvo que pasar toda una semana y media en San Mungo por un caso de hipotermia en nivel uno. Lo único que agradecía es que no tuvo que pasar su cumpleaños rodeado de medimagos y pociones tan asquerosas como los brebajes que intentaba hacer Jane Ackerley en clase.
— Eso creo — Respondió amablemente Scorpius.
— Bueno, creo que es hora de irnos — Les apresuró de pronto Rose. Los amigos asintieron y se alistaron para cruzar el Gran Comedor, que con el paso del tiempo se había comenzado a llenar y como todas las mañanas Albus se encontró siendo el foco de muchas miradas, varias iban cargadas de duda y asombro mientras que otros rodaban los ojos, aún no comprendía por qué la gente podía llegar a ser tan susceptible. Manteniendo un ritmo normal, los tres se encaminaron hacia los invernaderos, donde Neville Longbottom los esperaba con una gran sonrisa en el rostro. Albus internamente gruñó, no era de que le cayera mal el su padrino, simplemente era el hecho de que se había fijado en la forma en la que lo miraba a él y a sus amigos, como esperando que en cualquier momento les salieran hicieran algo sorprendente delante de todos.
— Buenos días — Los saludó el profesor en cuanto todos los alumnos se reunieron en el primer Invernadero —. Hoy veremos el lazo del diablo, pero primero quiero que se pongan en grupos de cuatro, así podrán ser evaluados equitativamente…
Esa clase, por suerte, la compartían con los Hufflepuff, por lo que no se preocuparon por el hecho de que tendrían que compartir material con Amanda Neil, una chica un tanto regordeta pero de aspecto dulce e inocente, Rose internamente agradecía que fuera Amanda con quien compartieran aquella labor y no con Ackerley, quien parecía quererse meter hasta debajo de su piel, siempre siguiéndolos a todas partes.
— Hola Rose, Al, Scorpius ¿cómo estáis? — Les saludo Amanda .
— Bien — Respondió Albus un tanto cansado —, ¿y tú, qué tal la vida en Hufflepuff?
Albus y Rose conocían a Amanda por el trabajo de sus padres, ya que el señor Neil trabajaba en la oficina de Aurores, con lo que en algunas de las cenas familiares que organizaban en el departamento, Albus y Rose habían llegado a conocer a Amanda.
— Bastante bien — Sonrió contenta la chica —, ¿qué tal Gryffindor? — era obvio que la chica veía con recelo a Scorpius, siempre sucedía eso cuando se juntaban los tres con alguien que no era de su misma casa, ya que los Gryffindor se habían acoplado mejor a la amistad que parecía haberse forjado en ellos.
— Supera las expectativas — Respondió Scorpius, quien no era nada ajeno a las miradas de la chica. Amanda le sonrió amablemente, sin decir nada más los cuatro pusieron atención a la clase, Rose una vez más deslumbró con su sabiduría, pero muy cercana a ella estaba Scorpius quien había acumulado un total de veinte puntos para su casa para el final de la clase. Por su parte, Neville Longbottom se maravillaba día a día con la forma de ser del pequeño Malfoy, sin duda los prejuicios en ese caso eran infundados, el mago esperaba realmente que sus amigos, cuando llegara el tiempo, aceptaran al chico tanto como sus propios hijos lo habían aceptado, sabía que Harry lo haría en seguida, sin embargo Ron podría ser un poco más difícil de tratar, más aún cuando se diera cuenta de la forma en la que Rose y Scorpius parecían gravitar juntos, en más de una ocasión había visto al chico mirar detenidamente a Rose y a pesar de que entre ellos parecía existir una especie de competitividad, era prácticamente obvio que entre ellos pasaría algo más que una amistad. Neville sonrió al recordar las apuestas que se habían hecho en la sala de profesores hacía unos días atrás cuando él, Aurora Sinistra y Miranda Harris charlaban de la nueva generación de magos que estaban educando, cuando llegaron al particular trío de Gryffindor fue Aurora quien sacó a relucir “lo tiernos que se veían Scorpius y Rose juntos”, a lo que Miranda Harris juraba que podría terminar con una historia como la de Romeo y Julieta.
— No seamos trágicos — intervino Neville —, son apenas unos niños…
— No digo que vayan a morir de amor, pero, ¿no se les hace que será un camino duro para ellos si realmente su amistad cruza esa delgada línea de la que hablamos?
— Observó Miranda — Después de todo, él es un Malfoy y ella es una Weasley…
— ¿Sabían que un Malfoy estaba comprometido con una muggle antes de que el estatuto fuera propuesto? — Le cortó la profesora de astronomía.
— ¿Y tú cómo sabes eso?-Pregunto Neville extrañado
— Mi familia es sangre pura, Longbottom — Señaló Sinistra —. Mi abuela siempre nos habló de la historia de cada familia que tenía ese honor — Añadió con sarcasmo.
— Así que la familia Malfoy no es tan sangre pura como parece — Sonrió con sorna Miranda Harris, ya que ella había compartido clases con el abuelo de Scorpius y había tenido la desgracia de ser uno de sus blancos favoritos por ser hija de muggles.
— Pues no, querida Miranda — Le sonrió Aurora Sinsitra.
— Sabes demasiado del tema — Observó Neville, quien hasta hacía unos minutos estaba callado evaluando lo que sus compañeros decían.
— Te lo digo, mi abuela me impartió su lógica por mucho tiempo — la mujer se estremeció como si recordara algo que no le era placentero —, por suerte ya no vive más, sino ya me habría lanzado varios cruciatus al saber sobre mis gustos.
Neville la sonrió con comprensión. La profesora de Astronomía era lesbiana y estaba orgullosa de serlo, lamentablemente en el mundo mágico no eran tan avanzados en esos temas como parecían estarlo los muggles
— Diez galeones dicen que será antes de quinto- Soltó Miranda Harris de pronto
— Diez galeones a que a su quinto año-Dijo Sinistra. Ambos profesores miraron a su colega expectantes, Neville internamente libraba una batalla, pues sabía que si Ron algún día se enteraba de esa apuesta no le hablaría nunca más.
— ¡Oh, qué va! Apuesto a que terminan juntos en séptimo y a Ron le da un infarto
— Hecho.
Los tres colegas sonrieron cerrando el trato. Neville fue llevado al presente una vez más al escuchar a lo lejos la campana que finalizaba la clase.
— Antes de que se retiren, quiero que para la siguiente clase elaboren un texto, de tres pergaminos de extensión como máximo, sobre los peligros de tener un lazo de diablo como planta doméstica en un jardín.
Albus gruñó internamente, su padrino le caía muy bien, pero tenía una tendencia a dejar tareas que rayaba en el colmo de los colmos, era demasiado trabajo para una materia que a su juicio, podía ser inservible.
— Estupendo — Murmuró sarcásticamente Rose que estaba algo anonada por la cantidad de trabajo, y es que a pesar de tener gran responsabilidad, la pelirroja era más de dejar las cosas para último momento, en especial las tareas.
— ¡Oh, vamos! — Sonrió Scorpius — No será tan malo…
La mañana continuó su curso, encontrando a los alumnos de primero de Gryffindor con los de Ravenclaw en la clase de encantamientos, donde el profesor Flitwick el hechizo Wingardium Leviosa. Ninguno recordó que después de esa clase tendrían la tan esperada lección de vuelo, hasta que se encontraron formados en los terrenos del castillo junto a sus compañeros de Ravenclaw, Hufflepuff y los Slytherin.
— Buenos días, alumnos mi nombre es Víctor Krum, y seré su profesor de vuelo
— Dijo con un leve acento que hacía notoria su procedencia búlgara —. No será una clase difícil, no habrá mucha teoría pero les recomiendo ir leyendo un poco de quidditch a través de los tiempos para los que no están familiarizados con el juego…
— Los que son sangre sucia, por supuesto — Susurró Vincent Goyle lo más bajo posible para que el profesor Krum no lo escuchase, excepto sus compañeros.
— Ahora les pido por favor — Continuó el profesor —, que se alineen en dos filas al lado de las escobas — los alumnos siguieron sus indicaciones.
— Profesor, aquí falta una escoba — anunció uno de los chicos de Ravenclaw, que si Albus no se equivocaba se llamaba Nathan Lynch. Krum volteó a ver al chico .
— ¿Cuál es tu nombre, chico?
— Nathan Lynch, señor.
La clase miraba absorta la conversación extraña, ya que hasta ese momento el profesor no le había dicho nada a nadie sobre presentarse. Albus estaba incómodo, esperaba no tener que volver a pasar por lo mismo de hacía un mes, suficiente ya tenía con que lo reconocieran en los pasillos los retratos, los fantasmas y los alumnos que eran más indiscretos señalándolo como el hijo mediano de Harry Potter, lo más molesto de aquello era que lo observaban como si esperaran que de pronto hiciera algo extraordinario, además de los murmullos que ocurrían cada vez que él estaba en un pasillo con Scorpius. La gente a veces era muy prejuiciosa.
— ¿Lynch? — el chico asintió — Jugué contra su padre en el mundial de quidditch de mil novecientos noventa y cuatro — sonrió toscamente el adulto, la clase comenzó a murmurar, ya era sabido que el profesor en su tiempo de jugador fue considerado uno de los mejores —, un gran jugador si me deja decirlo.
— Gracias, señor — el chico estaba tan rojo que podía competir por un puesto en la familia Weasley por el rubor que presentaba algo penoso para el chico, ya que el chico resaltaba por si mismo pues era larguirucho y con la cara llena de pecas.
— Ahora bien, clase quiero que me escuchen con atención — Anunció el profesor poniéndole fin a las risas —. Iré a por una escoba más para el señor Lynch, les aconsejo que se queden dónde están, a menos de que quieran que se les reste puntos a sus casas.
Dicho esto se alejó con paso apresurado hacia la entrada del castillo, dejando tras sí un grupo de alumnos que comenzaba a vibrar de la emoción al encontrarse solos con un manojo de escobas.
— Así que eres el hijo de Lynch — La voz de Vincent Goyle se alzó de repente
— Y tú eres el hijo de Goyle — Espetó con algo de sarcasmo Nathan Lynch
— Así que nuestra generación contiene a hijos de grandes estrellas, por un lado en Ravenclaw tenemos a Nathan Lynch, hijo de la celebridad del quidditch Aidan Lynch y a Naomi McClaggen, hija del famoso mago golpeador de la brigada de seguridad mágica Cormac McClaggen, en Hufflepuff están el hijo mediano de Ernie Macmillan, jefe del departamento de educación mágica del ministerio y Ariana Finch Fletchley la hija pequeña de Justin Finch Fletchley y Susan Bones ambos jueces del Wizengamot y en Gryffindor están los hijos del santísimo Harry Potter y sus inseparables amigos Hermione sangre sucia Granger y Ron comadreja Weasley — los amigos Slytherin del chico soltaron carcajadas, aunque para sorpresa de Rose y Albus no fue el caso de varios de sus compañeros de casa, como Fiona Inglebbe, Diana Pingleton, Francesca O’Connell y Zacarías Tydeman, quienes veían la escena con desinterés absoluto
—. Oh, aguarden, olvidé a alguien también esta Scorpius Malfoy — Goyle arrastró cada una de las palabras para hacerle, sin duda, mofa al padre del aludido, quien era conocido por tener esa peculiaridad cuando hablaba — único hijo de Draco Malfoy y Astoria Greengrass, el primero ex Mortífago e hijo de uno de los más grandes seguidores de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado y la segunda hermana pequeña de la traidora de la sangre Daphne Greengrass . Lo sorprendente de esto es que estés en el grupo de los enemigos de tu familia, los Potter y los Weasley.
— El apellido no es lo que define a la persona — Habló, para sorpresa Albus
—. Lo que define a una persona son las decisiones que toma, y apostaría mi brazo por Scorpius, que ha demostrado hasta ahora ser mejor persona que tú — sus compañeros no salían de su asombro —, asquerosa serpiente de cuarta — su prima río a su lado, sin duda su primo comenzaba a mostrar el carácter Weasley que llevaba dentro. Scorpius sonrió, sin duda Albus Potter sabía cómo callar a las personas cuando quería.
— Gracias — Le dijo una vez que Krum volvió al lugar con la escoba para Lynch.
— Para eso están los amigos, ¿no?
La clase de vuelo siguió sin ningún incidente, excepto algunos golpes que habían producido los palos de escoba al volar directo hacia la cara de algunos de los alumnos de primero cuando estos les habían dado la orden “¡Arriba!”. El profesor Krum más de una vez elogió a Albus por su agilidad con la escoba (aunque el chico no estaba del todo seguro que lo mereciera), a Scorpius, por demostrar su destreza para aterrizar en el primer intento (lo que hizo que Goyle hirviera de envidia), a Rose por saber toda la teoría sobre cómo mantener en equilibrio una escoba y los distintos amagos que podían darse en un partido de Quidditch real, a Nathan Lynch, a quien aconsejó apuntarse para algún puesto en el equipo de Ravenclaw al siguiente año, y a François Nicholson, amigo de Nathan, por haber demostrado tener buen equilibrio en la escoba. Terminando la práctica con una demostración impresionante por parte del profesor en el que Rose y algunas de las compañeras de curso se sonrojaban y aplaudían al ver a Krum volar por todo el terreno, algo que provocó que Scorpius frunciera el entrecejo. No es correcto que un profesor se ponga a fanfarronear sobre su talento, se dijo mentalmente el chico. Después de haber vivido la intensidad de la clase de vuelo los alumnos de primero se encaminaron hacia el gran comedor, era la hora de la comida y todos estaban famélicos luego de la agotadora mañana que habían tenido.
— Ha sido mejor de lo que esperaba — Anunció la chica mientras se servía en el plato patatas asadas y una pata de cordero.
— No estuvo mal — Se encogió de hombros Scorpius.
— ¿Nada mal? — Se burló la chica — ¡Ha sido fantástica!
— Espero que no tanto como para que me preocupe por mi puesto en el equipo de Quidditch — la voz de James interrumpió la pelea que seguro se daría entre ambos Gryffindor, Albus respiró aliviado mientras tomaba un poco de su jugo de calabaza.
— ¡James! — le miró fastidiada su prima — ¿Cuántas veces tengo que decirte que eso de que el puesto en el equipo lleva tu nombre no es más que prepotencia?
— Rosie — se mofó el mayor de los Potter tomando asiento junto a la pelirroja
—, todos saben que uno de los puestos será mío y el otro será de Fred.
Albus, quien había estado entretenido con su comida hasta hace unos segundos, se había percatado recién de la presencia de su primo Fred a su lado y de Sean Finnigan al lado de su hermano, los tres Gryffindor de tercero miraban a los de primero con sendas sonrisas socarronas en el rostro.
— ¿Qué hay de Sean? — Le preguntó Rose a James
— Me dispongo a ser el nuevo comentarista de Quidditch — Le respondió este
— ¿En serio? La última vez que cheque en el tablón de anuncios decía que el comentarista este año será Mike Jordán, de sexto curso.
— Sí, el hermano de Ralph — concedió Sean señalando con un gesto de la cabeza hacia la mesa de los Hufflepuff, donde el hermano menor de Mike se sentaba con sus amigos de tercer año —. Solamente que seré el comentarista suplente, ya sabes con eso de que a veces los exámenes son algo pesados para nuestros compañeros de cursos más elevados, más después de los TIMOS.
— Entonces, ¿ya lo tienen todo preparado? — Quiso saber Albus con algo de interés.
— Casi todo, las pruebas son en una semana, así que hay que estar preparados para todo lo que se presente.
— ¿En qué puestos jugarían? — Preguntó algo incómodo Scorpius, que sabía que a James no le gustaba que le dirigiera la palabra directamente, pero su curiosidad en esos momentos era mayor al miedo a ser su conejillo de indias.
— Hasta ahora están libres los puestos de golpeadores — le respondió Fred —, uno de cazador y el de buscador, pero a mí me gustaría ser golpeador como mi padre y mi tío Fred, que en paz descanse.
— Intentaría por el buscador, pero ambos sabemos que mis reflejos son un asco — Se encogió de hombros James —, así que o como cazador o como golpeador.
— Y así continuará el legado Potter en los equipos de Quidditch — sonrió Rose.
— ¡Exacto primita! — Le miró James con gracia, tomando un trozo de tarta de manzana que había aparecido frente a ellos hacía unos segundos atrás — Además ya es hora de que ganemos de nuevo la copa del torneo.
— Hace seis años que Gryffindor no la gana — Explicó Sean a los chicos
-Wood no podía estar más furiosa el año pasado — Sonrió con ganas Fred.
– Lo mejor fue verla perseguir a Patrick Davies por haber dejado caer la quaffle en sendas ocasiones a lo largo del último partido para que su novia Hermione Candwaller la cazadora del equipo de Huffelpuff las atrapara – Sonrió James.
— Eso fue muy estúpido — Dijo Scorpius absorto.
— Lo fue realmente, porque eso hizo que perdiéramos la final de la copa
— Lo bueno es que este año Davies y Candwaller se han peleado, así que no habrá que preocuparse demasiado por si Patrick deja caer la quaffle o no — Finalizó James.
— ¿A ti te gusta el Quidditch, Malfoy ?— Quiso saber Fred
— Por supuesto.
— ¿En qué puesto jugarías? — Preguntó de pronto James, era la primera vez que se dirigía directamente a Scorpius.
— Mi padre fue buscador en su tiempo, pero no creo que sea tan bueno como para intentarlo, también me gusta la velocidad y la adrenalina que conlleva ser un cazador… — admitió el rubio —, pero rara vez he podido jugar en casa, así que no creo que sea lo suficientemente bueno como para poder intentar estar en el equipo.
— Bueno gente — Anunció Sean —, creo que es hora de que vayamos a la clase de pociones, no querrán que Harris nos descuente puntos por llegar tarde.
Los tres amigos de tercero se despidieron de ellos y estos comenzaron a recoger sus cosas para llegar a la clase de historia de la magia con el profesor Binns, donde algunos aprovecharon para echarse una siesta, mientras que otros, como Albus, comenzaban a cavilar sobre los hechos que habían acontecido en el día. ¿Podrían ser ellos, la nueva generación, la diferencia en el mundo mágico? Volteando a ver a sus dos amigos, ambos de personalidades e historias de familia muy distintas entre sí, supo que sin duda, esa mañana en la clase de vuelo lo que había dicho era una pequeña verdad dentro de un sinfín de cosas que sin duda alguna les deparaba el futuro. Un futuro que tal vez fuera, en alguna medida, a marcarlos pronto. Horas más tarde Harry Potter despertó sobresaltado, había despertado de lo que parecía una pesadilla demasiado vívida, algo que no le había pasado en años. Con algo de sigilo, tratando de no despertar a su mujer que seguía durmiendo plácidamente a su lado, se levantó de la cama. Una sensación extraña le invadía en el pecho que le provocaba la necesidad de ver que todo a su alrededor estuviera en orden, por lo que sin dudarlo dos veces se dirigió a ver a su pequeña hija, respiró algo aliviado al verla profundamente dormida, como su madre. Afuera la lluvia seguía en aumento, por lo que Potter no se percató del cuervo que observaba la escena atentamente desde una de las ventanas, cuando el reloj dio las cuatro de la mañana el ave graznó a la par que un relámpago volvía a iluminar el cielo, el presagio de que algo estaba a punto de ocurrir. El cuervo emprendió el vuelo hacia lo que parecía un bosque, adentrándose en la zona más profunda, donde una figura encapuchada lo esperaba.
— Pronto, será pronto — Anunció una voz de ultra tumba, quebrando el silencio del lugar que solo era interrumpido por el sonido de la naturaleza.


Última edición por janessi1 el Jue Dic 07, 2017 11:26 am, editado 3 veces
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MensajeTema: capitulo 10 de next generation de harry potter: la torre del terror   Jue Dic 26, 2013 3:56 pm

Con el correr de los días, las cosas parecían ir más tranquilas de lo que habían sido las primeras semanas como alumnos de Hogwarts para el nuevo trío de Gryffindor.
Una de las noticias más importantes las vivieron la segunda semana de octubre, cuando el hermano de Albus entró corriendo eufórico ya que tanto él como Fred habían conseguido los puestos de golpeadores en el equipo de quidditch de Gryffindor, Jocelyn Wood la capitana, les hizo saber que esperaba que con ellos el equipo mejorara , aunque estaba aún dudosa del nuevo cazador y la buscadora, quien resultaba ser su hermana menor Amber que iba al mismo curso que James y Fred, según se comentaba la chica tenía unos reflejos desastrosos pero había acabado en ese puesto por haber sido la mejor que se había presentado a las pruebas mientras que el nuevo cazador, por lo que decían los primos Weasley parecía defenderse bastante bien, se trataba de Connor Malone, de quinto año y según las malas lenguas dentro del clan Weasley–Potter, Malone había intentado salir un par de veces con Dominique Weasley, quien lo había rechazado olímpicamente. Era bien sabido que su prima era un extraño caso de lo que podría considerarse femme fatale, siempre tenía pretendientes pero ninguno parecía interesarle y terminaba por rechazar a todos. Mientras que Albus, Rose y Scorpius habían tomado por costumbre aprovechar de vez en cuando en sus ratos libres para visitar a Hagrid, cuando el guardabosques y profesor no estaba impartiendo clases. Hagrid les comenzaba a tener un cariño muy especial, había algo que diferenciaba a esos tres del resto de los alumnos, incluidos algunos primos Weasley, que los hacía especiales, por eso no dudaba un segundo en recibirlos en su cabaña, siempre era una grata sorpresa para él por lo que aprovechaba en esas ocasiones para contarles algunas de las cosas que sucedían en sus clases, incluso los tres amigos se ofrecieron a ayudarle con el crecimiento de las calabazas que utilizarían en el decorado del gran comedor ese año, lo que a Hagrid más le impresionaba de eso era que Scorpius Malfoy hubiera sido el que había tomado la iniciativa, según el rubio ayudaba a su madre en los jardines de su casa cuando era más pequeño. Jamás en su vida el semi-gigante hubiera imaginado que un Malfoy se ensuciaría las manos en la tierra por hacer un trabajo con él, pero después de lo que había ocurrido al principio de las clases Hagrid había abierto su mente y había aceptado al chico con el que el hijo de Harry Potter parecía tener una gran amistad. Pronto las calabazas fueron aumentando de tamaño y con ellas el día de Halloween se fue acercando. Los alumnos de primer año de Gryffindor se encontraban en su clase de defensa contra las artes oscuras, era la víspera a la noche de Halloween y todos se encontraban en un ambiente expectante, ya que era costumbre que se hiciera una fiesta a lo grande, los rumores que corrían aquella vez eran que además de la visita anual de Harry Potter al colegio, por eso no era de extrañarse que cuando el profesor Farley, un hombre de aspecto algo severo y solemne, les había dado tiempo para que copiaran la definición sobre lo que eran las arpías del pizarrón, la clase se hubiera puesto al poco tiempo a susurrar sobre lo que verían a la siguiente noche.
— Alumnos, por favor — El profesor Farley los calló con un solo gesto, no porque fuera el jefe de casa de Hufflepuff significaba que podía ser menos duro de hecho todo lo contrario. El profesor John Farley ponía todo su empeño en que las clases fueran trabajadas al máximo y se apegaba de manera asombrosa al cronograma que desde principio de año les daba a sus alumnos, todos los primos de Albus y Rose, incluido James, hablaban muy bien del profesor, a pesar de sus incesantes quejas por los deberes que les dejaba —. Sé que mañana es una noche importante, pero no por ello deben descuidar sus obligaciones, es por eso que si no terminan de copiar del pizarrón, esperaré para la siguiente clase la entrega de una redacción de tres metros de pergamino sobre las arpías más famosas a lo largo de la Historia de la Magia.
— Profesor Farley — La voz de Arabella Babcock, alumna de Ravenclaw, resonó en el aula —, ¿Las arpías tienen alguna conexión con los cuentos de hadas que les relatan a los muggles?
El grupo de Vincent Goyle rompió en risas, una clara muestra de burla, ya que era sabido que Arabella era una de sus pocos compañeros de generación que era hija de muggles. El profesor Farley le lanzó una mirada fría a los Slytherin que pronto se callaron, muy para el deleite de Albus y Scorpius.
— Naturalmente, señorita Babcock. Las arpías inspiraron varios cuentos de autores muggles, los cuales son muy diferentes a los que normalmente nos cuentan a los magos cuando somos jóvenes — Le respondió el profesor a la niña, la clase estaba atenta, ya que eran pocas las veces en las que podían hacer una comparación del mundo mágico con el muggle.
— ¿Cuándo nos anotamos a estudios muggles? — Susurró con fastidio Violeta Flint. Rose tenía ganas de ahorcar a su compañera desde hacía ya casi dos meses, cuando la había conocido le pareció que era una niña bastante boba que seguía solamente al grupo de Goyle porque estaba enamorada del líder del grupo. A veces le daba pena de lo patética que resultaba ser, ya que gracias a la forma en la que había sido criada, Rose podía entender a la perfección que el mundo mágico era lo que era gracias al mundo muggle. Inclusive era sabido que los magos y los muggles llegaron a convivir en casi perfecta armonía durante un tiempo, pero luego llegaron los días de oscuridad donde las personas no mágicas empezaron a ver con ojos de recelo a aquellos que tenían habilidades diferentes, con lo que comenzó la famosa cacería de brujas y el ministerio de magia había tenido que imponer el estatuto del secreto, lo que impidió que los magos hicieran uso de su magia ante muggles. Rose sabía todo aquello porque su madre le había contado cómo había recibido su carta de Hogwarts enterándose de la existencia de un mundo que ni ella ni sus padres sabían que existía
— ¿Nunca hiciste nada extraño? — Le preguntó una vez Rose a su madre.
— De hecho, un par de veces me pasaron cosas que simplemente no podía explicar fue por causa de algunas de esas cosas que en la colegio no tuve amigos, mi única amiga era una vecina de mis abuelos maternos, Elizabeth, ella no iba a la mismo colegio que yo, así que no podía saber las cosas por las que otros niños no querían jugar conmigo — Le confesó con algo de tristeza luego de un rato —, luego entré en Hogwarts y perdí contacto, pero ahí fue donde conocí a mis mejores amigos, a Harry, a Ginny y, por supuesto, a tu padre.
-¿Mami crees que después de que entre en Hogwarts pueda seguir manteniendo contacto con Emma, y Al con Tom? — Hermione sonrió, sabía lo mucho que Rose quería a sus dos amigos. Albus y Rose fueron juntos a una escuela muggle, ambos primos se habían hecho amigos de dos niños, juntos conformaban un extraño grupo que normalmente era perseguido por los matones del colegio, lo cual les había traído un montón de dolores de cabeza tanto a ella y a Ron como a Harry y Ginny, ambas familias habían recibido varias advertencias por parte del ministerio sobre el estatuto del secreto, en especial los Potter, ya que Albus era el que perdía un poco más el control con su magia y terminaba en situaciones difíciles de explicar ante los ojos de sus amigos y sus compañeros. Ni Emma, ni Tom, supieron nunca de la verdadera condición de sus amigos. Ambos pensaban que los primos habían sido mandados a una especie de internado en Escocia, una tradición que ellos creían que practicaba toda la familia entera de los Weasley y los Potter. Igualmente Rose le había prometido a Emma seguir en contacto, lógicamente solo se daría en vacaciones, ya que no podía utilizar el correo habitual para mandar cartas, además del hecho que en el mundo muggle el papel y la tinta eran prácticamente obsoletos, los niños y jóvenes de esa generación hacían demasiado uso de aparatos electrónicos que facilitaban el estar en contacto entre ellos. Y según había escuchado Rose en un par de ocasiones había quienes en el ministerio de magia trabajaban para poder incorporar elementos similares, alegando que ellos vivían como en la era medieval. Por ello, a Rose, no le era nada indiferente el tipo de pregunta que había realizado su compañera de Ravenclaw, de hecho ella misma le había preguntado en varias ocasiones a su madre al ver las similitudes de las brujas de los cuentos de hadas más comunes con algunas de las leyendas sobre arpías que circulaban en el mundo mágico.
— Entonces, ¿realmente existieron esas brujas? — Preguntó Bianca Summers
— Normalmente como en todo relato antiguo, están basados en hechos y personajes reales, así que no es poco probable que esas brujas como ustedes las llaman sean algunas de nuestras arpías más conocidas. Una de las más notables fue a la que se le conoce Maleficent, a quien le gustaba seducir a los reyes viudos para luego apoderarse del reino y poder, tal vez, desayunarse a sus herederos, se dice que fue descubierta por un mago poderoso quien logró revertir una de las maldiciones que la bruja había lanzado contra la única heredera al trono de quien fuere su último marido. La clase estaba absorta, incluso Goyle seguía atento a lo que decía el profesor.
— Lógicamente estos relatos son muy antiguos por lo que no podemos conocer a con certeza la edad en la que Maleficent vivió, ni el nombre del reino, pero es sabido que por los escritos muggles de los hermanos Grimm, se tiene la idea aproximada de que esta arpía vivió en la misma época que Merlín. Y hablando de otra cosa quiero recordarles que mañana tendremos de invitado al señor Harry Potter, Caballero de la Orden de Merlín de Primera Clase, Jefe de la oficina de aurores del ministerio de magia, mejor conocido por todos como El niño que vivió, por derrotar a Lord Voldemort así que quiero por que sean puntuales con su asistencia y que no se olviden de traer sus varitas y antes de que me pregunten no, no será necesario que traigan pergaminos ni libros para esta clase especial. Ahora sí, pueden retirarse .
En esa ocasión la clase salió haciendo más ruido que de costumbre, algunos de sus compañeros de Hufflepuff y Ravenclaw miraban a Albus y a Rose expectantes, por lo que los primos supusieron – como les habían anticipado un tanto antes el resto de sus primos –, pronto se verían bombardeados de preguntas por parte de sus compañeros en referencia a Harry Potter y qué esperar de la clase que él y el profesor Farley les tenían preparada para el siguiente día. A decir verdad sus compañeros no eran los únicos que tenían preguntas en mente, desde hacía unos días a Scorpius le había entrado la duda en cuanto a qué diría el padre de Albus sobre la amistad de su hijo con un Malfoy, además estaba el hecho de la bendita profecía, que si bien había ocurrido unas semanas atrás, Scorpius había estado teniendo sueños recurrentes sobre el tema.
Solo esperaba que el señor Potter no se enfadara con él por no haber querido comunicar antes lo que la directora Trelawney había dicho en trance. Con algo de aprensión los tres amigos se dirigieron al gran comedor para la cena, mientras a su alrededor sus compañeros vibraban del deseo de hacer preguntas que nadie se animaba a realizar, o al menos eso suponía Rose.
— ¡Oye, Potter! — Albus se detuvo en mitad de camino entre el gran comedor y la Escalera principal, se trataba de Edward Bagman de Hufflepuff, un chico de cara algo alargada y nariz afilada, cuyos ojos azules brillaban con una emoción que. Una vez que Edward se aseguró que tenía la atención de Albus se apresuró a preguntarle lo que tanto deseaba desde que habían terminado la clase de defensa — ¿Es cierto que tu padre es descendiente de Merlín?
– ¿Cuándo aprenderán que nuestro padre no es el descendiente de ningún mago poderoso y tampoco tiene un poder especial. Vale si mi padre vendrá a Hogwarts mañana. Si, derrotó a Lord Voldemort. Y si, soy su hijo mediano. ¡Pero no somos descendientes de Merlín, ni de algún otro mago poderoso o tenebroso o lo que sea!
Un chico de gafas circulares y pelo negro al que Albus identificó como uno de los alumnos de Ravenclaw, Aidan Hackleton, acomodándose los anteojos y dio un paso hacia donde estaba un exasperado y ante el asombro de todos, el chico le puso una mano en el hombro, un gesto que para muchos parecía de compasión.
— Potter — Dijo Aidan con voz solemne —, realmente no podrías decir con certeza si Merlín o alguno de los grandes magos del pasado forman parte de tu árbol genealógico, recordemos que merlín vivió en la Edad Media y todo documento sobre él esta muy bien resguardado en el departamento de misterios…
— Está bien — Dijo Albus con voz fría, para sorpresa de su hermano y sus amigos
—, si quieren creer eso adelante, pero, ¿saben qué?. No me importa pero les garantizo que mi familia es tan normal como cualquier otra.
— Fuiste muy valiente — Dijo James acercándose a su hermano tomando asiento junto a él en la mesa del gran comedor
— Gracias —
— ¿Estas bien? — Le preguntó, al ver el semblante serio que seguía teniendo.
— Honestamente no lo sé, James — Confesó Albus —. Siento como si algo no estuviera bien, tal vez es que todos se la pasan mirándonos o… no lo sé, siento que algo va a pasar — el chico soltó un sonido de exasperación.
— Seguramente no es nada -Señalo su hermano mayor.-, es probable que sean los nervios de que mañana veremos a papá.
Albus soltó un bufido. y dijo — Ni que me lo recuerdes, ya diez de mis compañeros me abordaron igual que a ti
— Tal vez es que somos dos de los Potter que ya estamos en Hogwarts, si es por eso no quiero imaginarme lo que será cuando venga Lily — Albus se estremeció ante la idea, no le gustaba llamar la atención —. Pero bueno es lo que nos ha tocado
El día llegó a su fin y antes de que alguno de los hermanos Potter pudiera darse cuenta Halloween había hecho acto de presencia, a sabiendas de que su padre estaría en el castillo, ninguno de los dos hermanos pudo divisar a su padre en todo el transcurso del día. Aunque por lo que escuchaban de alumnos de cursos superiores las clases de defensa de su padre estaban siendo todo un éxito. El primero de los dos hermanos Potter en tener clase con Harry fue James, quien después de la segunda hora que precedía al almuerzo se encontró en el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras con sus compañeros de su generación, todos estaba expectantes a lo que sucedería. James que ya había vivido una experiencia similar los dos años anteriores, sabía lo que podía esperarse de la clase, pero aún recordaba cómo había vivido su primera experiencia de tener a su padre como profesor por un día, había sido uno de los momentos más bizarros que jamás había vivido, el hecho que su padre se tomara todo un día para compartir sus vivencias hacía de la ocasión un momento único, al menos para James que no dejaba de sentir orgullo de saber que Harry Potter era su padre, aunque otras veces el título fuera un dolor de muelas en especial cuando se trataban de la red de rumores de Hogwarts o artículos del Profeta”. Por eso al finalizar la clase James se acercó a su padre y le abrazó con fuerza, eran en esos momentos en los que el chico caía en cuenta de las grandes cosas que había hecho su padre y de las veces que su familia había estado a punto de perderlo. Después de hablar un rato con su hijo e informarle que estaba al tanto de que había cogido el mapa del merodeador Harry Potter continuó con su travesía a través de los pasillos de Hogwarts para hablar con Neville Longbottom, uno de sus grandes amigos y padrino de su segundo hijo.
Antes de entrar tocó la puerta tres veces, sabía que disponían de poco tiempo antes de que debiera seguir impartiendo su clase de defensa anual con los alumnos de primer año, cosa que moría por experimentar, ya que sería una experiencia extraña tener a otro de sus hijos como alumno por un día.
— Adelante — La voz inconfundible de Neville resonó tras la puerta — ¡Harry, qué bueno verte! — Le saludó el hombre — Pasa, toma asiento.¿Qué tal han estado las clases hasta ahora?
— Bastante bien -Respondió Harry tras sentarse frente a el.- Debo de admitir que me sorprende la rapidez en la que los chicos aprenden los hechizos estos días, el profesor Farley ha hecho un trabajo asombroso con ellos.
— Es un excelente profesor y persona.
— No tengo duda alguna de que así sea — Harry se acomodó en el asiento, sabía que estaban bordeando un tema un tanto tenso, ya que desde que había recibido la carta urgente de Neville sabía que algo raro estaba pasando en los terrenos de Hogwarts
—. Neville, tu querías hablar conmigo sobre algo…
— Así es, Harry — Admitió luego de unos segundos —. Algo extraño esta sucediendo en el castillo, desde hace unos meses Trelawney está como extraña, parece como si hubiera vuelto a ser aquella profesora asustadiza y chiflada que era cuando nos impartía clases, tu sabes que después de la guerra cambió mucho, en especial gracias a la ayuda de McGonagall pero ahora a veces va por el castillo ebria y con la mirada ausente, algunos prefectos ya la han visto incluso Albus…
— ¿Al? — Se extrañó Harry, su hijo no le había contado nada, si lo había notado un poco tenso en su escritura después del castigo que habían recibido con Filch por pelearse con un par de slytherins para defender a su nuevo amigo Scorpius Malfoy, internamente Harry sentía que el destino les había jugado una broma muy pesada, ya que quién en su sano juicio pensaría que el hijo de Draco Malfoy terminaría siendo uno de los mejores amigos de Albus Potter y Rose Weasley, cuando los padres de los dos últimos no soportaban al padre del primero durante sus años escolares
— Al parecer él y el hijo de Malfoy presenciaron un episodio con Trelawney.
— ¿Una profecía? — Se apresuró a deducir Harry.
— Me temo que si — Le dijo con convicción su viejo amigo —, solo que ambos no quisieron decir nada al respecto, lo sé porque Trelawney se veía alterada y unas horas después en su despacho volvió a entrar en trance, sin duda dijo una profecía, fue algo extraña, hablaba de una fuerza oscura, algo peor que Lord Voldemort.
Harry se tensó, eso no era nada bueno, no después de las cosas que estaban ocurriendo afuera. Durante los últimos meses se habían registrado en distintos puntos del mundo actividades que indicaban el uso de magia negra, en especial en las zonas de Estados Unidos, Alemania, España , Rumania sin mencionar un episodio extraño en Albania.
— ¿Estas seguro, Neville?
— Completamente Harry, sabes que jamás mentiría al respecto —
— Esto es extraño — Confesó Harry —, desde hace unos meses en el ministerio venimos investigando sobre algunos casos sobre el uso de las artes oscuras en distintas partes del mundo, todos los focos comenzaron en el mes de abril de este año, en un principio pensé que se trataba de una broma de por parte de los mortífagos que aún están prófugos de Azkaban, pero luego empecé a temer lo peor. Nadie de mi familia excepto de Ron saben de esto.
— Tienes mi silencio, Harry.
Luego de unos minutos de silencio ambos magos se incorporaron, continuarían aquella charla después del banquete de Halloween con mayor tranquilidad. Harry sopesaría el involucrar y alertar a los antiguos miembros de la Orden, ya que él mejor que nadie sabía que a veces las profecías de la profesora Trelawney podían llegar a cumplirse. Por su parte Albus, Rose y Scorpius se encontraban ya sentados en el salón que les habían designado para aquella clase especial sobre la Defensa contra las Artes Oscuras. Albus podía sentir las miradas de sus compañeros en su nuca, lo cual lo hacía sentirse el doble de nervioso, cosa que era un tanto ilógica, ya que se trataba sólo de su padre.
— Respira, Albus — Le recordó por milésima vez Scorpius, quien se veía algo más tranquilo que sus dos amigos. Rose rodó los ojos ya que en el fondo intuía que el rubio estaba más nervioso de lo que aparentaba. La clase se quedó en completo silencio cuando el Profesor Farley avanzó hacia el frente del salón donde se alzaba una pequeña tarima alargada con una extraña forma que a Scorpius le hizo recordar a una tarima de duelo, solo esperaba que el papá de Albus no quisiera hacerlos pasar al frente y batirse en uno.
— Buenas tardes clase — Les saludo con seriedad el profesor, sin embargo se podía distinguir un brillo de entusiasmo en sus ojos —, quiero que le demos la bienvenida a uno de los magos más importantes del Ministerio y de nuestra historia, sé que con estas palabras Harry me matará, pero muchos de los que estamos aquí presentes no lo estaríamos si no hubiera sido por su valía y destreza que logró deshacernos del mago más terrible de todos los tiempos, Lord Voldemort — si hubiera volado una mosca la hubieran escuchado, todos estaban atentos a lo que decía el profesor, Albus sintió en su interior un profundo orgullo por su padre, al fin y al cabo todo aquello que el profesor Farley decía era real, y era por esa misma causa en la que a veces él se sentía tan abrumado, nunca jamás podría llenar los zapatos de su padre —, así ¡Bienvenido nuevamente a Hogwarts, Harry Potter!
Los compañeros de Albus comenzaron a aplaudir en cuanto la figura de Harry se asomó por la puerta. Albus notó que si bien su padre sonreía con ánimos, había algo en su mirada que parecía desencajar, era como si su mente estuviera en otro lugar, lejos de los muros del castillo, pero muy presente al mismo tiempo. Incluso Rose pudo notar que su tío estaba preocupado por algo, en su interior algo se estremeció, ¿y si era por toda esa locura que les había ocurrido a Albus y a Scorpius semanas atrás? Solo esperaba que pronto tuvieran respuestas, al fin y al cabo el plan era abordar al padre de su primo en cuanto aquél circo terminara.
— Buenas tardes, chicos — Les saludó Harry.
— Buenas tardes, señor Potter — Respondieron a coro los chicos de primero, a Harry se le colorearon las mejillas, jamás se acostumbraría a eso a pesar de ya llevar unos buenos quince años haciéndolo. Todo había empezado por idea de Minerva McGonagall, quien por entonces era la directora de Hogwarts, ella había propuesto que Harry les enseñara un poco de defensa a los alumnos del colegio por cualquier eventualidad que ocurriera, más precisamente porque en ese momento muchos mortífagos aún estaban en fuga y a pesar de que la guerra había terminado, seguían causando disturbios en algunos lugares. Harry agradecía internamente que esos días habían llegado a su fin, pero no podía evitar sentir en su interior que algo peor se aproximaba, solo esperaba que Trelawney pudiera aclararle el asunto.
— Bien, como muchos sabrán estoy aquí para darles una lección sobre la defensa en casos extremos. Ya que en mis tiempos en Hogwarts pasé aventuras de ese tipo, todas a causa de Lord Voldemort y sus mortífagos, cuando esas ocasiones sucedían todo lo que podía hacer era usar la lógica y dejarme llevar por lo que estuviera a mi alcance, sé que ustedes como alumnos de primero apenas están viendo cosas sencillas como un Wingardium Leviosa en encantamientos, lo que son las arpías en Defensa e inclusive están viendo la poción del olvido y el uso del bezoar entre otras cosas. Durante mi primer año me vi forzado a utilizar distintos tipos de destreza, cada una de las pruebas que viví las sobreviví gracias a la ayuda de mis dos grandes amigos y compañeros, Hermione y Ron Weasley — Rose se sonrojó al sentir que las miradas ahora se posaban en ella —. Los tres vencimos un troll juntos, los tres logramos impedir que Voldemort resurgiera, resolviendo todo tipo de acertijos, y los tres fuimos, en cierta manera, los responsables de la destrucción definitiva de la llamada piedra filosofal. Junto con el profesor Farley estuve viendo la manera en cómo enseñarles algo de defensa y la idea surgió con algo que ocurrió durante mi segundo año en el colegio y el quinto del profesor. En aquel entonces, nuestro profesor de defensa era un hombre egocéntrico y narcisista que no nos enseñó nada de las cosas que hoy vosotros sabéis y solo con tener unas semanas dentro de Hogwarts, pero hemos decidido realzar una de sus ideas, formaremos una especie de club de duelo, donde ustedes aprenderán a batirse, las reglas sin embargo serán que nunca deben propasarse con los hechizos entre ustedes, solo se permitirá el desarme. Para ello, quisiera que por favor pasaran dos personas al frente — varias manos se alzaron en el aire, para sorpresa de Albus, Scorpius fue uno de ellos.
— Bien, veo que varios quieren pasar, ¿por qué no decide usted profesor Farley en base a los conocimientos y destrezas de los que alzaron la mano?
— Malfoy — anunció el profesor luego de unos minutos — y Macmillan.
La clase enmudeció al escuchar la elección, era sabido que Joseph Macmillan no simpatizaba para nada con el hijo de Draco Malfoy.
— ¿A qué está jugando el profesor? — Susurró Rose algo alarmada — Es casi igual que colocar a Scorpius con Goyle,
Albus acompañó en el pensamiento a su prima, pero debía admitir que ambos chicos eran buenos en la materia pese a llevar poco tiempo cursándola. Solo esperaba que lo que su padre quisiera enseñarles no implicara nada peligroso.
— Caballeros , primero que nada deben saber que no podrán utilizar ningún hechizo para agravar al otro, simplemente necesito que me demuestren cómo esquivarían ustedes un hechizo de algún contrincante en caso de que se les presente un duelo.
Ambos asintieron. Macmillan miraba receloso a Scorpius, quien no se dignaba a mirar a su oponente más de lo necesario, el Hufflepuff aún no estaba convencido con que el sombrero seleccionador hubiese hecho una buena elección metiendo a un Malfoy en Gryffindor y menos con que el hijo de Harry Potter lo considerase un amigo.
— Cuando cuente tres hacen una reverencia — Harry les demostró cómo —, y comienzan con hechizos de desarme que deberán esquivar, ¿entendido?
Los dos chicos volvieron a asentir para luego subir a la tarima, quedando ambos mirándose fijamente.
— A la de tres — anunció Harry.
— No sé por qué eres el amigo de Albus — Le susurró Joseph a Scorpius
—, pero estoy seguro que puedo demostrarle lo equivocado que está en sus elecciones.
— No soy mi padre, mi apellido no me define — Le contestó rápidamente Scorpius.
— Una…
— Deberías estar asustado, Malfoy — Le advirtió Joseph —. Me han dicho que los Slytherins no están muy contentos con que juegues en dos bandos.
— No juego en dos bandos, pero eso ya no es asunto tuyo, la guerra pasó hace siglos.
— Dos…
— Eso díselo a la gente que perdió a su familia por culpa de la tuya.
Scorpius se aferró a su varita, estaba harto de las acusaciones que le hacían , pese a que sus padres ya se lo hubieran advertido millones de veces, y pese a que Albus o Rose intentaran que no le afectara, había veces en que la cuota de cosas que podía soportar se veía reducida a un mínimo de insultos, ese momento era uno de ellos, ya bastantes nervios tenía por conocer al padre de Albus en persona como para añadirle que surgiera, el tema de la guerra y la participación de su familia en ella.
— ¡Tres!
— ¡Tarantallegra! — Exclamó Macmillan de inmediato, Scorpius no fue lo suficientemente rápido como para mover su varita, pero hizo algo que su instinto e había dicho: esquivar la amenaza de manera física.
— ¡Rictusempra! — Volvió a atacar Macmillan, esa vez Scorpius reaccionó a tiempo, recordando algunos hechizos de protección y desarme de la hoja de Sortilegios Weasley que Rose les había compartido semanas atrás.
— Protego
Macmillan se veía frustrado. — ¡Slugulus Eructo!
Scorpius volvió a esquivar el hechizo de manera física, el cual rebotó contra la pared de piedra que pronto comenzó a despedir algo similar a una mucosidad.
— ¡Expelliarmus! — Exclamó esta vez Scorpius, quien había tomado desprevenido a Macmillan después de que el chico se quedara momentáneamente estupefacto viendo el resultado de su hechizo traga caracoles en la pared. La varita de Joseph voló por los aires, con lo que el Gryffindor logró desarmar por completo al Hufflepuff. Macmillan lo miró con odio y le grito furioso — ¡Juegas sucio igual que tu asquerosa familia!
Harry se había visto venir aquella pelea, por lo que antes de que Scorpius sacara los genes Malfoy y se liara parda, subió a la tarima y puso distancia entre los dos.
— Chicos, quiero decirles que lo hicieron muy bien ambos, me sorprendió el hecho de que supieran incluso hechizos más avanzados de los que yo sabía a su edad. Pero creo, señor Macmillan, que en un duelo cuando uno queda totalmente desarmado por las habilidades de su contrincante el mismo ha sido dado por finalizado, a menos de que realmente busque una pelea, con lo que debo decirle por experiencia que ameritaría un castigo innecesario para todo alumno que quebrante dicha norma.
Macmillan miró a Harry enfurruñado, no le importaba que fuera uno de los más grandes magos de la época, su padre a veces le había advertido que podía ser demasiado condescendiente con algunas personas, ya que según contaban había sido el mismo Potter el que había salvado a la familia Malfoy de Azkaban y había mandado colgar el retrato del ex director y mortífago Severus Snape en la oficina de la dirección, aunque sus explicaciones habían sido vagas muchos tomaban su palabra como verdadera, por lo que no dudaron cuando el, por entonces, joven mago había dicho que no debían presentarse cargos en contra de aquellos personajes oscuros .
— Ahora bien, dejando de lado las peleas al final — Harry intentó no hacerle caso a las sonrisas socarronas que presentaba el grupo de Slytherins hacia el fondo de la clase, ya que suponía, por el parecido que tenían los chicos con sus padres, eran con los que Albus y Rose habían peleado hacía un par de semanas atrás y que era comandado por el hijo de Gregory Goyle y Pansy Parkinson —. Quiero que todos los presentes recuerden los primeros momentos del duelo, Scorpius lo hizo maravillosamente bien, uno debe estar con la alerta permanente en estas situaciones ya que cuando te agarran desprevenido lo mejor es seguir el instinto y o quedarse estático en un solo lugar, es importante para ello que se ejerciten bien, tengo entendido que el profesor Krum en las clases de vuelo los obliga a dar vueltas por los terrenos , lo que me parece excelente. Uno nunca sabe cuando podrá necesitar emplear la fuerza física sobre la magia.
Albus estaba asombrado, su padre nunca les había hablado así tan “crudamente” a él ni a sus hermanos, en parte se sentía un poco frustrado por ello, ya que le hubiera gustado saber todo ese tipo de cosas de ante mano como parecía saberlas Scorpius.
El rubio le había contado en una ocasión que su padre y él mantenían una relación sin nada de secretos, de hecho él sabía detalles de la segunda guerra mágica que ni el propio Albus o alguno de sus primos se había enterado. Cuando la clase especial de defensa dio por finalizada, Albus, Rose y Scorpius se quedaron en el salón a esperar a que el último de sus compañeros abandonara el salón. Harry no estaba para nada sorprendido cuando los tres gryffindors se le acercaron.
— Hola Al — Le saludó con cariño a su hijo —, ¿qué tal has estado?
— Bien — Respondió el aludido con algo de timidez, no sabía por qué se sentía tan cohibido, después de todo era su padre con quien estaba hablando, no con una estrella de cine como a las que admiraban Lily y Rose —, esto… papá, te presento a Scorpius El rubio estrechó con ligera timidez la mano de Harry, quien no dejaba esconder su asombro ante el parecido que el chico tenía con su padre físicamente pero la diferencia enorme de ambos en cuanto a personalidades —. Papá… yo — Interrumpió de nuevo Albus —, esto nosotros…
— Tío Harry — Se apresuró a decirle Rose sin esperar saludo —, tenemos algo importante que decirte.
— Soy todo oídos, Rose.
— Señor Potter — Se arriesgó esta vez Scorpius, lo que tomó a Harry un poco de sorpresa, el chico incluso tenía la voz de su padre y aunque no lo demostrara estaba aun más sorprendido de ver a un Malfoy con el uniforme de Gryffindor, pero por lo que había visto era un chico bastante noble y valiente, lo cual concordaba con las aptitudes que hacían a la decisión del sombrero seleccionador —, verá hace unas semanas atrás cuando nos castigaron a los tres, ocurrió algo que creemos debe saber.
A Harry se le fue el alma a los pies, después de una hora había casi olvidado el tema que había charlado con Neville, por lo que los tres chicos lo sacaran a colación, hacía que una sensación extraña se removiera en su interior.
— Nos habíamos perdido en los pasillos — Continuó Albus con un poco más de valor —, cuando de repente se nos apareció la profesora Trelawney…
— Albus, sabes que nadie se puede aparecer dentro de Hogwarts — Le cortó Rose, el pelinegro bufó.
— ¿Vas a dejarme contarle, si o no? — La pelirroja rodó los ojos. Harry hizo un esfuerzo sobrehumano para no reír, Rose le recordaba mucho a Hermione — Bien, lo que quería decirte es que Trelawney o al menos eso creemos nos dijo una profecía.
— ¿Están seguros? — Quiso asegurarse Harry, a lo que los tres asintieron
—, ¿Qué fue exactamente lo que dijo?
Albus y Rose miraron a Scorpius, al fin y al cabo su amigo tenía una memoria más fuerte en esas cosas que la de un ordenador. Harry miraba asombrado tal interacción, si bien sus ojos no mentían una parte de su mente seguía asombrada sobre la idea de que el hijo de Draco Malfoy fuese el mejor amigo de Albus y Rose.
— Ha ocurrido antes — Comenzó a relatar el rubio —, buscaba juventud en rostros gráciles y níveos enmarcados en velos del color del ébano, después de un centenar de años volverá a pasar, doce serán su reclamo, doce será su meta, de temples distintas con fuego por característica en piedra de diamante tallará nombres y cuando la medianoche llegue a su fin ella habrá retornado…Para derrotarla esta vez se necesitarán dos caballeros de armadura dorada y corazón puro. El león volverá a rugir y el fénix renacerá de sus cenizas. Será derrocada una vez más, sin embargo este será solo el comienzo del fin… Ella volverá por tercera vez, más poderosa que antes y su reinado amenazará con desaparecer la magia. Al señor oscuro tres amigos le vencieron, y ella caerá para siempre solo si los lazos de futuras generaciones quedan unidas, estos serán de nuevo la luz en nuestro camino, siendo uno de ellos descendiente del mismo mago que el poder a ella le quito…— Finalizó Scorpius.
Las palabras del chico crearon un silencio incómodo, Harry intentaba darle vueltas a lo que aquello significaría, pero la curiosidad que tenía en ese momento opacaba un poco la opresión que sentía en el pecho.
— ¿Cómo la has recordado? — Harry sabía que era la pregunta incorrecta, pero estaba fascinado con la capacidad de rememorar que tenía el chico.
— Mi madre me dice que es un don que tengo puedo recordar todo tipo de cosas, incluso detalles que nadie más se fijaría — Admitió Scorpius, sintiéndose algo avergonzado por compartir con el padre de su mejor amigo algo que él consideraba uno de sus peores defectos. Harry no dijo más nada, por lo que se quedó pensativo unos instantes, tratando de descifrar el significado de las palabras que Trelawney había dado en esa oportunidad y que sin duda eran la causa de, lo que Neville llamaba, su retroceso a sus días como la profesora más chiflada de Hogwarts. En los últimos meses Harry había tenido que lidiar con cosas demasiado extrañas y a pesar de no ser un creyente en lo que respecta a profecías y cosas que iban más allá de la lógica humana, el jefe de la oficina de los aurores sentía que una fuerza oscura podía volver a alzarse de nuevo, solo esperaba que sus hijos no tuvieran que pasar el mismo infierno que él y sus amigos habían vivido.
— Creímos que era necesario que tú lo supieras tío Harry.
— Hicieron bien en venir a mí, pero deben saber que Nev..digo, el profesor Longbottom también es de confianza.
— ¿Qué crees que sea, papá?
Harry miró a Albus, el chico se veía un poco preocupado, él mismo recordaba las cosas que sentía cuando un adulto no le contaba del todo lo que realmente estaba sucediendo, por lo que trató de ser justo con su hijo, tal como se había prometido ser hacía muchos años atrás.
— Honestamente no lo sé, Albus — Le respondió Harry —. Solo les pido que esto no salga de estas cuatro paredes, y que no se metan en problemas, dejen que los grandes solucionen las cosas.
— Tío Harry, en caso de que algo sucediera, ¿tú nos lo dirías? — Le pidió Rose con algo de esperanza.
— Prometo decirles lo que pueda — Le aseguró después de unos segundos, Rose no estaba muy complacida con la respuesta.
— Creímos que usted entendería el significado de lo que Trelawney nos dijo — Se apresuró a decir Scorpius.
— Les mentiría si les dijera que sé a lo que se refiere, pero una cosa es segura, eso que les dijo la ha estado afectando, por ello quiero que ante cualquier anomalía que vean a su alrededor me lo comuniquen de inmediato a mí o a Neville, no esperen a último momento o a que podamos vernos, con este tipo de cosas no se juega. Ahora, vayan a prepararse para el banquete, que estoy seguro que no se querrán perder — Les apresuró Harry —, después de todo este será su primer Halloween en Hogwarts.
Albus se despidió de su padre luego de que este le diera un trozo de pastel de chocolate que su hermana había horneado para él, además de un par de dulces que le enviaba su abuela. Harry vio alejarse al nuevo y extraño trío de Gryffindor para luego emprender su marcha hacia la dirección donde Neville y los profesores Nott, Flitwick y Farley y lo esperaban junto a una nerviosa Sybill Trelawney, quien no dejaba de mirar en dirección a los terrenos del castillo con la mirada fija en un punto, como si esperara que pronto algo saliera de entre las sombras del bosque prohibido desde su puesto con el resto de los retratos de los antiguos directores de Hogwarts, Albus Dumbledore miraba la escena con interés, si fuese posible que los cuadros sintieran, él seguramente estaría experimentando la misma inquietud que Sybill Trelawney. Mientras que eso ocurría en la mesa de Hufflepuff todos estaban felices de estar en el banquete, los dulces que adornaban la mesa eran pasados de un lado a otro, incluso se canjeaban con los de las otras casas cuando alguno predilecto se agotaba. Ariana Finch-Fletchley miraba todo absorta desde su lugar, sin duda sería una ceremonia que quedaría marcada en la memoria de muchos. Su padres le habían contado sobre todo ese tipo de celebraciones que sucedían en el castillo cuando ellos eran alumnos, sin omitir por supuesto las grandes hazañas que tres de sus compañeros de Gryffindor lograban atravesar en cada uno de los años y que en más de una ocasión habían puesto a Hogwarts patas para arriba. Había sido un día agotador, teniendo clases desde muy temprano en la mañana, por lo que no era del todo sorpresa que se sintiera tan cansada. De momentos sentía un dolor punzante en la cabeza que le había comenzado al comienzo de su clase especial de defensa contra las artes oscuras con Harry Potter, cosa que lamentaba terriblemente pues de todo lo que les había enseñado el padre de Albus Potter solo le había quedado la primera parte cuando Scorpius Malfoy había sido elegido para batirse en duelo con Joseph Macmillan, a su juicio Joseph se tenía merecida esa derrota por ser tan prejuicioso. Ariana siguió la celebración en silencio, pronto el dolor de cabeza se le trasladó al estómago.
— Ari, ¿te sientes bien? — Bianca, una de sus nuevas amigas, la miraba preocupada.
— Me duele el estomago — Soltó la pelirroja que comenzaba a estar sudorosa y mas pálida de lo que ya de por si era.
— Creo que deberías ir a ver a Hananh Longbottom — Le dijo Amanda otra de sus compañeras de Huffelpuff, quien también se había unido a la conversación y la miraba de la misma forma que Bianca.
— Es solo un dolor de estómago…
«Silencio». Una voz resonó cerca de ella, era suave y aguda pero melódica
«Escucha con atención Ariana». La chica dio un respingo, volteando a todos lados con la intención de encontrar esa voz susurrante. «Te duele mucho, ¿a qué si?», la chica asintió. «Pobrecilla, ¿por qué no sigues las indicaciones de tus amigas? Hazles caso, ve a la enfermería».
— Chicas, no me siento bien — Anuncio con voz estoica la pelirroja, sus compañeras la miraron extrañadas, Ariana debía de sentirse muy mal pues actuaba de manera extraña. La niña de once años se levantó con rapidez y se encaminó en dirección a la enfermería, justo antes de llegar a su destino comenzó a sentir pinchazos en la cabeza y mareos . Debía sentarse pues no sentía su cuerpo quería gritar, pero sus cuerdas vocales parecían haber desaparecido, de pronto, todo se calmó y la oscuridad la inundó. Minutos después un grito de terror resonó en los pasillos del colegio, los alumnos miraban con expresiones de espanto hacia la figura que se veía flotando en la torre del primer piso, se trataba Ariana Finch-Flecthley. Pero no era esa imagen grotesca la que causó tal conmoción, sino más bien la inscripción que rezaba en el cielo y que se veía desde la torre, como una marca permanente. Una estrella de cinco picos con distintos símbolos parecidos a las runas antiguas, iluminaba el cielo.
— La nueva fuerza oscura — Susurró con temor Albus.


Última edición por janessi1 el Jue Dic 07, 2017 11:42 am, editado 5 veces
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MensajeTema: capitulo once: EL CONSEJO ESCOLAR   Jue Dic 26, 2013 4:04 pm

Draco Malfoy se encontraba leyendo en la cama un libro sobre los distintos usos de las runas antiguas a modo de encantamientos protectores mientras que a su lado su mujer leía atentamente El Profeta, el cual no había podido leer en la mañana mientras ambos desayunaban, normalmente sus días siempre era muy ajetreados para los dos adultos pero a causa de Halloween era aun peor, ya que por las celebraciones del día muchos magos y brujas terminaban haciendo cosas indebidas, por un lado San Mungo terminaba atestado de niños con dolores estomacales causados por tanto dulce, y por otro – que era parte del trabajo de Astoria – los adultos solían cometer infracciones a la regla del secretismo. De hecho en los últimos meses la castaña había tenido mucho trabajo en la oficina del uso incorrecto de la magia. Y es que los grupos de fanáticos, en su mayoría hijos de muggles, estaban generando uno que otro disturbio debido a la campaña que presentaba Dean Thomas la cual rezaba a favor de que el estatuto de secreto que había sido impuesto hacía unos siglos atrás se anulara, ya que según el discurso de Dean y su partido, era necesario que se dejara de tener miedo hacía los muggles como lo habían tenido sus antepasados, que ya no estaban en una era de oscuridad como en aquella donde la cacería de brujas estaba a la orden del día.
Algo que ella no estaba muy de acuerdo, pues creía que ir a un extremo de las cosas podía llegar a desencadenar en una serie de eventos desagradables como lo eran las guerras. No era que ella estuviera en contra de los derechos de los nacidos de ni de los muggles al contrario su propio cuñado y padrino de su único hijo era muggle y gracias a el se había maravillado con las cosas que parecían hacer las personas no mágicas sin ayuda de la magia de hecho le habían fascinado de tal forma algunos de esos cachivaches que hacían que había adornado su casa con ellos, obviamente cuando los amigos o los padres de Draco les visitaban , Archie su elfo domestico se encargaba de esconderlos en su cuartito, ya que eran cosas simples y pequeñas como un Iphone, una radio con reproductor mp3 , cepillos de dientes eléctricos, bolígrafos bic, folios de papel y un reloj despertador. La castaña suspiró profundamente, recordando un incidente en particular con una tetera mágica y varios muggles involucrados que había tenido que atender esa mañana, cuando de pronto en la ventana se escucharon el clásico picotes de una lechuza. Extrañado Draco dejó su libro y se levantó apresurado para dejar pasar al animal, que a los segundos de entrar soltó un sobre, era oficial y por el sello provenía de Hogwarts. Internamente rogó por que se tratara de una nueva sanción para su hijo por desobedecer normas y no algo que fuera preocupante.
— ¿Y bien? — la voz de su mujer lo sobresaltó
— Es de Hogwarts.
Astoria lo miró impasible, aunque en el fondo no lo engañaba del todo, esperaba que no fueran malas noticias. Draco le ofreció una recompensa a la lechuza mensajera que salió volando en seguida y se dispuso a leer la carta.
Estimado Sr. Malfoy,
Me temo que debo requerir su presencia como parte del consejo escolar, esta noche ha ocurrido algo que es preciso sea tratado con la mayor de las cautelas.
Desde ya, muchas gracias.
Atentamente.
Filius Flitwick
Director Adjunto del Colegio de Hogwarts de Magia y Hechicería
— Ha ocurrido algo — Astoria lo miró presa del pánico —, Scorpius está bien… o eso creo.
— ¿Eso crees? — La voz de su mujer sonó unos tonos más aguda de lo normal.
— Solicitan mi presencia como miembro del consejo escolar.
Draco ocupaba uno de los doce puestos de la mesa de padres que formaban el consejo, a la cual él se había anotado de inmediato en cuanto su hijo había recibido su carta en Hogwarts, y pese a que sabía que era algo que también había hecho su padre, esa vez la decisión había sido propiamente suya y sin los mismos objetivos que los que antaño tuviese su padre, por el contrario. Les debía demasiado a muchas familias por lo que quería remediar su error trabajando en conjunto con otros padres para poder ofrecer la mejor educación para sus hijos. Lamentablemente esa parecía ser la primera vez que se reunirían y no parecía que fuera una fiesta de bienvenida para los nuevos padres dentro del grupo. Con una rapidez asombrosa se cambió y se uno puso un traje, Astoria lo miraba con preocupación, pero intentó, por el bien de su mujer, que su rostro estuviese impávido de toda emoción, algo que no le gustaba hacer en presencia de ella. Una vez que estuvo conforme con su aspecto, salió de la habitación rumbo a la sala de la casa, Astoria lo seguía con paso sigiloso y la mirada algo perdida.
— Te estaré esperando, no importa la hora en la que llegues — Le dijo con voz susurrante su mujer en cuanto prendió la chimenea para poder hacer uso de la red flu.
— Pueden ser horas, amor — Trató de hacerle razonar —. Mañana trabajas…
— Te estaré esperando, Draco — Los ojos verdes esmeraldas de Astoria brillaron con la intensidad de la determinación que tenían sus palabras, por lo que a Draco no le quedó más que asentir.
— De acuerdo — Sellando su promesa a Astoria con un suave beso, tomó un puñado de polvos verdes que habían en un tarro junto a la chimenea para luego arrojarlos en el fuego haciendo que las llamas se tornaran verdosas. Dio un paso hacia ellas y en voz potente y clara dijo su destino — ¡Hogwarts!
Las llamas lo tragaron por completo sin siquiera quemarlo era una sensación a la que estaba acostumbrado, antes de cerrar sus ojos vio el rostro de su mujer, sin duda estaba preocupada y no era para menos, después de todo en algunas de las cartas que habían tenido de Scorpius, el chico sonaba algo extraño, Draco sabía que era a causa de que su hijo no sabía cómo abordar el tema sobre lo que había sucedido para recibir un castigo con Filch a los días de haber entrado en Hogwarts y que además hubiera arrastrado con él a los hijos de Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger, algo que sin duda lo había tomado por sorpresa, más aún después de que su hijo anunciara su amistad con esos chicos, mientras sus pensamientos viajaban a mil por hora sentía como a su alrededor las cosas giraban a una velocidad exorbitante, para que después de unos minutos todo dejara de moverse. Con lentitud abrió sus ojos, una luz tenue brillaba en el lugar, al que reconoció como el despacho de su antiguo profesor de pociones, todo estaba casi como lo recordaba, lo único que diferenciaba y marcaba el paso del tiempo, demostrando además la ausencia de su antiguo ocupante, era el decorado que sin duda tenía un toque muy femenino. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al recordar una de sus visitas en aquél lugar durante su sexto curso, la culpa lo carcomía a veces por dentro, era una sensación a la que se había tenido que acostumbrar a lo largo del tiempo, después de todo había podido recapacitar y pese a que el pasado no se podía borrar, estaba seguro de que en el presente podía al menos aportar un grano de arena para mejorar las cosas en caso de que el caos amenazara nuevamente con hacer acto de presencia. Se alisó la ropa y se dispuso a salir de aquél lugar cuanto antes, sabía que las reuniones del consejo escolar normalmente se realizaban en el despacho del director, por lo que se apresuró a retomar su viaje con algo de cautela y haciendo acopio de su memoria para poder llegar a su destino, después de todo, hacía dieciocho años que no pisaba aquél lugar. El Castillo se hallaba en silencio, incluso en los pisos superiores, donde los retratos parecían haber abandonado su puesto, cosa que hizo que a Draco se le acelerara el corazón, lo mismo había pasado hacía diecinueve años atrás… no quería pensar en ello pero sin duda su mente lo obligaba a revivir recuerdos dolorosos. Por lo que se obligó a concentrarse en otra cosa, como las nuevas instalaciones que habían añadido luego de la batalla.
Iba tan concentrado en aquella tarea que casi se tropieza con una persona, se trataba de una mujer a la que pensaba que nunca más volvería a ver en su vida.
— ¡Señor Malfoy! — El hombre pegó un respingo. Su mente comenzó a divagar de nuevo hacia rincones oscuros, tratando de descifrar el significado detrás de la presencia de Minerva McGonagall en Hogwarts en ese momento.
— Profesora McGonagall — Le saludó con respeto.
— ¿Usted también forma parte del Consejo?
— Así es, McGonagall ¿sabe por qué nos han llamado?
La mujer lo miró con comprensión y le dijo. — Su hijo está a salvo, señor Malfoy.
Draco la miró sorprendido — ¿Cómo…?
— Reconozco que usted tiene un parecido asombroso con su padre, pero los ojos de su madre hacen que recuerde la misma mirada que ella poseía cada vez que usted se encontraba en problemas…
— Entonces, ¿qué ha pasado?
— Lamentablemente que su hijo esté a salvo no significa que no haya pasado algo grave, me temo que han atacado a una alumna de primero.
— ¿Perdón? — a Draco se le fue el alma a los pies.
— Al menos eso fue lo que el profesor Longbottom me comunicó en su carta, tengo entendido que la reunión será para dar aviso y buscar la mejor manera de proceder .
— Sí, me lo imagino, pero… ¿cómo pudo ocurrir algo así?
— Es algo que descubriremos en la brevedad.
La mujer le hizo una seña para que la siguiera hacia la oficina de la directora Trelawney. La entrada seguía siendo custodiada por la gárgola de un fénix.
— Annus Mirabilis — Dijo la profesora McGonagall, con lo que la gárgola cobró vida dejando ver una escalera que subía en espiral hacia lo que Draco sabía que era el despacho de los directores del Colegio.
— Las damas primero, profesora .
— Gracias, señor Malfoy.
El silencio los invadió en cuanto se encontraron frente a las puertas del despacho, haciendo que Draco se sintiera, de alguna manera, extraño y fuera de lugar. McGonagall tocó la puerta tres veces, para que alguien atendiera después de unos segundos. Draco jamás en su vida creyó volver a encontrarse cara a cara con aquella persona, se trataba de la chica francesa que había sido una de las campeonas de Beauxbatons en el Torneo de los Tres Magos que había tenido lugar en su cuarto año. Sin duda se había convertido en una mujer muy elegante y de porte distinguida. La rubia sonrió en cuanto vio a la Profesora McGonagall.
— ¡Minerva! — La profesora McGonagall la abrazó como si se tratara de una persona que conocía de toda la vida y que no había visto en años, algo que tomó por sorpresa a Draco. Sin duda iba a ser una noche muy bizarra.
— Fleur, me alegra verte de nuevo, niña. ¿Cómo están Bill y los chicos?
— Bill, fantástico como siempre, atareado de trabajo en Gringotts…
Draco carraspeó, no era su intención que las cosas se fueran de lugar, quería saber cuánto antes qué había pasado, las charlas corteses podían esperar. McGonagall le miró severamente.
— Cierto, será mejor que entremos.
Fleur mirándole con desdén le dijo. — Supongo que usted es uno de los nuevos padres del consejo — Draco asintió. McGonagall y la mujer francesa continuaron su rumbo, extrañamente no había nadie dentro de la habitación circular, por lo que Draco miró con sigilo a su alrededor. Sus ojos se posaron en el retrato de Albus Dumbledore, que miraba en su dirección con gesto de reconocimiento y algo de alegría, logrando que un sentimiento de culpabilidad le pegara de lleno. Al lado del retrato de su antiguo director se encontró con la cara de Severus Snape, cosa que nuevamente le sorprendió de sobremanera más después de todo lo que había sucedido. El hombre de pelo negro y nariz aguileña le hizo un gesto con la cabeza desde su retrato a modo de saludo.
— Por aquí — La voz con ligero acento de la mujer rubia lo sacó de sus recuerdos.
Draco la siguió detrás del escritorio del director, donde se encontró con unas pocas escaleras que daban a un pequeño recibidor con tres puertas de roble. La mujer golpeó la de la derecha. McGonagall sonrió al ver a la persona que les atendía, quien no era otro más que Harry Potter, con lo que Draco se sintió aún más fuera de lugar.
— Minerva — Saludó el pelinegro a su antigua profesora de Transformaciones.
— Harry — La mujer avanzó hacia el hombre y lo abrazó para la sorpresa de muchos,
— Bueno, creo que será mejor que entren — Soltó Harry aún acalorado. Fue en ese momento en que los ojos verdes del pelinegro se toparon con la figura de Draco.
— Malfoy, es una sorpresa — Le saludó, para asombro del rubio.
— Lo mismo digo, Potter — Draco no pudo evitar arrastrar las palabras al hablar. Harry los guío a él y a las dos mujeres a lo que parecía una pequeña sala circular que seguía el mismo diseño que tenía el despacho de la directora Trelawney.
Varios retratos decoraban el lugar, pero lo que sobresalía por sobre todas las cosas era la mesa circular que se encontraba en el centro. La luz de las antorchas resplandecía sobre la madera, dándole un aspecto brillante y nuevo, cuando Draco supuso, por el diseño, que databa de hacía casi miles de años. Tan absorto estaba en su escrutinio al lugar que no cayó en la cuenta de la presencia del resto de los padres y profesores que se encontraban también ahí, hasta que una especie de chillido lo sacó de ellos.
— ¿¡QUÉ HACE ÉL AQUÍ!?— Draco miró con sorpresa al portavoz de aquél grito que podía ser comparado al de una mandrágora en pleno estado de cambio de tierra, se trataba de Ronald Weasley. El pelirrojo le miraba con un odio inigualable y supo que si las miradas mataran, él ya sería un concentrado de fantasma.
— Fogma pagte del consejo escolar, Ronald — Habló Fleur.
— Es broma, ¿cierto? —
— No, Weasley — Le respondió Draco —. Soy parte del consejo escolar de Padres, represento a los padres de los alumnos, varones, de primer año.
— No puede ser… — Soltó enfadado
— Ron, te recuerdo que Scorpius Mal…
— ¡No tienes que recordarme nada, Harry!. Demasiado tengo que recordar todos los días la carta de Neville…
— ¡A mí no me metas en tus locuras, Ronald Weasley! — Draco se sobresaltó al ver a Neville Longbottom pararse de uno de los asientos que rodeaban a la mesa, ya no era el chico que Draco recordaba de Hogwarts, sin duda los años lo habían cambiado como a todos los presentes.
-¡Basta! — Exclamó una mujer de rostro severo, que llevaba su pelo, negro recogido en un logrado moño, dándole un aspecto solemne y el silencio reinó en el lugar, el cual fue interrumpido por un sollozo. Se trataba de Susan Bones, el rostro de la mujer estaba surcado en lágrimas y parecía que su llanto no iba a acabar nunca.
— Tomen asiento — Volvió a pedir la mujer de pelo negro, los que aún seguían de pie ocuparon las sillas vacías que rodeaban la mesa, fue entonces que Draco se fijó en el intrincado detalle que tenía la misma, era una especie de circulo con algunas runas antiguas que no reconocía —. Primero que nada, para los padres de la nueva generación de alumnos de Hogwarts me presento, soy la profesora Miranda Harris e imparto pociones, me acompañan mis colegas el profesor Neville Longbottom, quien dicta la materia de herbología y es el jefe de la casa Gryffindor, el profesor Filius Flitwick, que imparte encantamientos y es el jefe de la casa Ravenclaw además de ser el director adjunto del colegio — Flitwick seguía como siempre, lo único que demostraba el paso de los años de aquél hombre era su creciente barba blanca
—, el profesor Theodore Nott X, quien está a cargo de la cátedra de transformaciones y es el jefe de la casa Slytherin — el hombre hizo un gesto con la mano a modo de saludo, Draco lo observó con nostalgia pues hacia años que no veía a su ex compañero de casa y cuarto ya que Theodore tras graduarse en junio de 1999 decidió irse a Estados Unidos y trabajar como profesor en la escuela Ilvermony para huir de los errores de su padre, unos de los mas fervientes seguidores de Voldemort y que pago un precio muy alto por su lealtad ya que fue asesinado en la batalla de Hogwarts.
Pero tras catorce años de ausencia Theodore Nott X decidió volver a Reino Unido con su mujer y ex compañera de Slytherin Tracey Davis y la hija de ambos Tessa.
-A su vez el profesor John Farley, quien dicta la materia de defensa contra las artes oscuras y es el jefe de casa de Hufflepuff — a Draco le dio una punzada de culpabilidad y tristeza, reconocía en las facciones de aquél profesor de semblante amable, a algunas de las víctimas que había visto ser torturadas y asesinadas en la que antes era su casa, la Mansión Malfoy, tragó en seco, pues se sentía responsable de que ese hombre tal vez no tuviera a la mayoría de su familia por causa de a los que alguna vez llamó sus amigos —, la profesora Aurora Sinistra quien da astronomía , la profesora Séptima Vector ,quien imparte Aritmancia — se trataba de una mujer de cabello castaño oscuro y ojos marrones que miraban atentamente en dirección de Susan Bones —, la profesora Batsheda Babling a cargo de la materia de runas antiguas y finalmente la profesora Zara Cricket, quien imparte Estudios Muggles — Draco hizo un esfuerzo sobrehumano para no reírse, aquella profesora parecía chiflada hasta la médula, llevaba unas gafas redondas casi de botella, lo que hacía que sus ojos aumentaran casi el doble de lo normal, en cierta forma le recordaba a Trelawney,
— Gracias profesora — Saludó con voz soñadora la profesora Cricket, lo cual disminuyó un poco la tensión que se sentía en el lugar desde que todos se habían sentado. Miranda Harris hizo un gesto con la cabeza, aunque Draco presentía que en el fondo ella encontraba tan chiflada a aquella mujer como él.
— Sé que estas presentaciones son un poco aburridas pero es necesario que los nuevos padres del consejo conozcan a quiénes les dan clases a sus hijos ya que en vista de los acontecimientos ocurridos hace un par de horas atrás es necesario que sepan que el plantel ha hecho todo lo necesario para atrapar a los responsables. Por ello les pedimos también que se presenten entre ustedes, los doce padres y el resto de los miembros del consejo, ya que estarán trabajando en conjunto durante el resto del año — Finalizó el profesor Flitwick al ver que los padres seguían con su cuchicheo.
— Pero, ¿no se supone que deberíamos primero conocer los pormenores exactos del por qué estamos aquí esta noche? — una mujer con rasgos asiáticos a la que Draco reconoció de sus años de estudiante habló con irritación.
— Señora Corner, creemos que por lo menos los nuevos padres tienen derecho a conocerlos — Respondió Neville con voz calma, pero se notaba en su semblante lo mucho que le disgustaba el comentario de aquella mujer a la que Draco aún no podía ponerle nombre.
— Bien, entonces, haremos una breve presentación de todos los padres y quienes conforman el resto del consejo. Empezando con los padres de sexto curso, por un lado tenemos a la señora Cho Corner, ex estudiante de Hogwarts, perteneció a Ravenclaw — ahora Draco la recordaba, en su quinto año cuando Harry Potter y sus amigos se habían metido en problemas con Dolores Umbridge por haber creado lo que parecía un club de duelo que acabo siendo una especie de Ejército que apoyaba a Dumbledore, él mismo recordaba haber ayudado a Umbridge con la formación de la Brigada Inquisitorial, un grupo formado por sus compañeros Slytherins, donde se dedicaban a intentar destruir al grupo de Potter, pero fallando en cada intento hasta que dos chicas Ravenclaw, específicamente la señora Cho Corner (de apellido Chang en sus años de estudiante) y una amiga de ella, habían dado a la cruel profesora el paradero de aquél club. Recordando todo esto, Draco no estaba del todo seguro que fuera buena idea que aquella mujer formara parte del consejo escolar —, su hija es Mía Corner y forma parte de Ravenclaw. Yo soy Percival Weasley, fui alumno de Gryffindor y mi hija Molly es la actual prefecta de su curso y de la misma casa a la que pertenecí —
— Mi nombge es Fleur Weasley-Delacour, no fui alumna de Hogwarts, sino de Beauxbatons en Francia, pero mis hijos asisten a este colegio, por lo que represento a las alumnas de quinto año, mi hija Dominique está en ese curso y en Ravenclaw.
— Mi nombre es Grant Page, soy ex alumno de Ravenclaw, mis dos hijos asisten actualmente a Hogwarts en quinto y primer año en Gryffindor y Hufflepuff, respectivamente yo represento a los varones de quinto — el ex Ravenclaw era un hombre un tanto robusto de pelo entrecano y mirada perdida, su rostro algo demacrado estaba surcado con algunas arrugas pero eso no dejaba de lado el hecho de que irradiaba una paz que difícilmente Draco podría ver en alguno de los presentes.
— Soy Úrsula Bole, ex Slytherin — Draco la reconoció al instante, era una de sus ex compañeras de curso, una de las mejores amigas de su cuñada. Úrsula Moon – ahora Bole – seguía igual a como la recordaba, su cabello negro caía en largas cascadas sobre su espalda, enmarcando su rostro alargado que sobresalía por sus ojos violetas —. Mi hijo Alexander acude a cuarto año y está en Slytherin, comparto esta tarea con Susan Finch-Fletchley — esta seguía sollozando por lo que Draco comprendía el hecho de que Úrsula la presentara, era extraño como aquella pelirroja a la que parecía no importarle nadie de adolescente había cambiado tanto —, su hija Amelia de cuarto es de Gryffindor y sus hijos Patrick de segundo y Ariana de primero son de Huffelpuff
— Mi pequeña, Ariana — Le pareció escuchar Draco entonces comprendió todo, algo efectivamente había pasado, y le había pasado a la hija pequeña de Susan Bones.
— ¡Otto Bagman! — Chilló de repente el hombre que se encontraba al lado de Susan, era muy parecido a Ludo Bagman, un ex jugador profesional de Quidditch y ex director del departamento de juegos y deportes del ministerio de magia, Draco sabía de buena fuente que hacía unos años el hombre había sido apresado por haber embaucado a unos duendes apostando en los mundiales de Quidditch del 94 y el torneo de los tres Magos, según tenía entendido el mago aún seguía en Azkaban
—, soy ex Ravenclaw y mis hijos son Ronald de tercer año y Edward de primero, ambos van a Hufflepuff.
— Me llamo Alice Jordan, pertenecía a Gryffindor, mis hijos son Mike de sexto año de Gryffindor y Ralph de tercer año de Hufflepuff.
— Soy Katie Wood — Draco la reconoció por las fotos que a veces circulaban en el Profeta en la sección de deportes, era la esposa de Oliver Wood el entrenador del Puddlemere United — al igual que Alice pertenecí a Gryffindor y mis dos hijas también fueron seleccionadas allí, Jocelyn está en su séptimo año y Amber en tercero.
— Soy Harry Potter — Draco no pudo evitar rodar un poco los ojos, lo cual provocó que Ron soltara un gruñido de fastidio —, fui alumno de Gryffindor, actualmente mis dos hijos son alumnos de la misma casa, James es de tercero y Albus de primero.
— Ron Weasley — se presentó el pelirrojo de inmediato —, orgullosamente ex Gryffindor, mi hija Rose acaba de ser seleccionada en esa ancestral Casa…
— Sí, Weasley, lo que sea — Le interrumpió Draco, quien ya estaba harto y quería que aquello terminara enseguida. El pelirrojo lo fulminó con la mirada —. Mi nombre es Draco Malfoy, ex Slytherin, mi hijo va a primero y fue seleccionado en Gryffindor.
Los susurros de asombro entre algunos de los padres no tardaron en hacerse presentes. Draco suspiró a sabiendas de lo que pasaba por la mente de todos ellos. ¿Qué hacía un Malfoy en Gryffindor? Debía admitir que a él y a su mujer les pillo también de sorpresa ya que ambos habían ido a Slytherin, pero también sentían que en esa casa, Scorpius era feliz, y si eso era así no les importaba en lo más mínimo la decisión del sombrero seleccionador.
— Como verán el consejo no solo está conformado por doce padres — La voz de McGonagall resonó en el salón cortando todo vestigio de charla que había provocado la declaración de Draco .-también lo conformamos los antiguos profesores del colegio.
Fue entonces que el rubio cayó en la cuenta de que no solo McGonagall se encontraba presente en el lugar, sino también estaban Madame Sprout y el viejo Slughorn.
— Obviamente la directora Trelawney y el profesor de vuelo, Viktor Krum y los cuatro premios anuales de este año también conforman el consejo escolar, pero por lo incidentes ocurridos los seis se encuentran trabajando con Hannah Longbotttom en la enfermería — Finalizó por fin la introducción, Theodore Nott —. Pasemos entonces a los hechos que acontecieron esta noche, John — pidió el hombre a su colega.
— Gracias, Theo — El profesor Farley se levantó de su asiento y caminó lentamente hacía la silla que ocupaba Susan Bones —. Esta noche los hemos molestado de las comodidades de su casa debido a que una alumna de primer año fue atacada, de momento no sabemos quién es el culpable pero estamos trabajando por dar con el paradero, la alumna en cuestión es Ariana Finch-Fletchley, de Hufflepuff y la hija de Susan Bones aquí presente — todos los ojos se fijaron en la mujer que sollozaba
— Lo curioso del caso es que en el cielo dejaron una especie de marca — Continuó Harry Potter.
— ¿Cómo la marca tenebrosa? — Espetó con asco y odio Percy Weasley, algunos de los presentes voltearon a ver a Draco de manera acusatoria.
— Algo así, pero fue marcada en fuego y el diseño es muy distinto al que utilizaban Voldemort y sus mortífagos — Draco se removió algo incómodo en su asiento, aún no se acostumbraba a escuchar el nombre de su ex jefe. Harry en ese momento sacó de su bolsillo una fotografía en movimiento, la cual agrandó con un movimiento de varita para que todos los que estaban en la mesa pudieran apreciarla, esta mostraba la torre de astronomía siendo iluminada con una estrella que en su interior tenía algunas runas antiguas y en el medio una letra que no alcanzaba a divisar.
— ¿Qué letra es aquella? — Preguntó en voz alta la señora Corner.
— Una “M”— Resolvió el profesor Farley. Draco frunció el ceño, antes de entrar a trabajar como sanador en san mungo había trabajado para los duendes de Gringotts como rompe maldiciones, durante su entrenamiento había aprendido algunos símbolos paganos que sin duda estaban representados en aquella figura que Harry les estaba mostrando, algunas eran runas, pero lo que sobresalía era la estrella de los cinco picos, a la que se le reconocía antiguamente entre algunas culturas como símbolo de la deidad femenina y que más tarde con la aparición de la inquisición y caza de brujas se le atribuyó el nombre de El Pie de la Bruja. Por lo que se fijó con detenimiento en las runas que se dibujaban en los picos.
— No es una eme, es una doble u — Dijo luego de inspeccionar fijamente la fotografía. Harry Potter lo miró y le pregunto con interés. — ¿Cómo sabes eso?
— ¡Circe, bendita! — Exclamó Fleur Weasley — ¡Malfoy tiene razón¡
-¿Qué cosa? — Ron Weasley preguntó desesperado no le gustaba que Malfoy tuviera razón en algo.
— La estrella es de cinco picos — Explicó Draco Malfoy —, en algunas culturas se le atribuyen distintos significados según sea la posición en la que esté dibujada, antiguamente los paganos decían que si la punta miraba hacia arriba era para representar a la deidad masculina, mientras que si apuntaba hacia abajo, es decir, creando un pentagrama invertido sería símbolo de la deidad femenina. Más tarde se le atribuyeron otros significados, normalmente en la cultura muggle es conocida como el pentagrama que representa el cuerpo humano o como la estrella del demonio, según sea la orientación de la punta — los padres y profesores lo miraban con interés, incluso Susan Bones había dejado de llorar para escucharle —, pero para nosotros los magos tiene otro significado. Verán durante la época en que fuimos perseguidos por los muggles en la famosa inquisición que nos obligó a crear el estatuto internacional de secreto, la estrella adquirió un valor emblemático para muchos, ya que era una representación que se asociaba mucho con la magia, en especial si el pentáculo era invertido, de hecho el mismo símbolo fue utilizado en tiempos medievales por Merlín.
— ¿Entonces la estrella esta invertida? — Preguntó con interés Katie Wood.
— Sí, lo sé más que nada por las runas que están dibujadas en cada pico.
— Cada una representa un elemento — Le secundó Fleur Weasley de nuevo
—, la tierra, el aire, el agua, el fuego y el espíritu. En este caso el Espíritu apunta hacia abajo, lo que hace efectivamente que la letra en el círculo no sea una eme, sino una doble u.
— ¿Cómo saben todo esto? — Preguntó Harry
— En el entrenamiento para romper maldiciones de Gringotts
— Por qué no me extraña , aunque te veía más como aplicador de maldiciones que como rompedor… — Dijo el pelirrojo
— La gente cambia, comadreja — Soltó Draco Malfoy con algo de cansancio.
— A veces es imposible de creerlo, Malfoy — Le espetó Ron con algo de sorna.
— Lo sé, pero a ti no tengo nada que probarte.
— Tal vez no, pero debería existir confianza entre los miembros de este consejo, cosa que yo ni a ti ni a tu familia le les tengo. ¿Cómo sabemos que este ataque no fue otro de los juegos sucios de tu familia? ¿O ya se te olvidó lo que ocurrió en nuestro segundo año? Porque créeme, sé que tu padre estuvo ligado a esos ataques.
— Ron — Harry Potter intentó calmar a su amigo.
— No, Harry — Le cortó el pelirrojo —. Sabes que tengo razón, ahora mismo podría estar circulando un objeto oscuro entre los dormitorios de Rose o Albus y que haya causado el ataque a la hija de Susan y todo podría ser obra de la noble y ancestral familia Malfoy.
— Tienes razón, Weasley.
— ¿La tengo? — Ron parecía haber sido aturdido con un confundus.
— Si me pongo en tu lugar, seguramente me señalaría a mí mismo como sospechoso, incluso diría que mi padre está detrás de todo esto cosa que no puedo garantizarte por cuestiones personales, pero si comprendo completamente tu punto.
— Disculpa mi intromisión, Draco — habló Úrsula Bole —. Pero, ¿cómo puedes no saber que ni tu padre ni sus amigos no están detrás de todo?
— Hace años que no me hablo con mi padre.
El silencio se apoderó del lugar, mismo que fue roto unos minutos después cuando por la puerta entró estrepitosamente la Profesora Trelawney, seguida por Viktor Krum.
El húngaro seguía tal como Draco lo recordaba, pero la profesora había dado un gran cambio, en nada se parecía a aquella profesora de aspecto chiflado que les había impartido clases de adivinación años atrás.
— Sybill — La saludó la profesora McGonagall, lo que logró sacar a la actual directora del trance en el que parecía estar. Draco reparó en que Harry Potter no dejaba de mirar a la mujer con preocupación. La profesora miró algo nerviosa a los presentes, pero sus ojos se posaron en la figura de Susan Bones.
— Su hija no está petrificada — su voz sonó como un susurro lastimero —, Hannah no sabe… no sabe qué es lo que pueda tener..Minerva, he fallado — en ese momento los ojos de Trelawney se llenaron de lágrimas Terminado de decir esto, la mujer se desplomó en el suelo, acarreando la pronta atención de todos los que estaban presentes, Viktor Krum fue más rápido y logró sujetarla antes de que se estrellara por completo en el suelo.
— Profesora Trelawney, ¿me escucha? — La voz de Krum sonaba preocupada.
— Llévala de regreso a la enfermería Viktor , es necesario que descanse.
Usted también vaya señora Finch, creo que a su marido le hará bien estar con usted ya que su hija fue instalada correctamente en la enfermería- Dijo Miranda Harris
Susan Bones se levantó y siguió a Viktor Krum, mientras que los presentes no salían del shock que parecía haber dejado la entrada abrupta y breve de Trelawney.
— La profesora ha estado un poco estresada estas últimas semanas — se vio en necesidad de decir el profesor Farley —, así que espero que sepan entender…
— Disculpe profesor — Le cortó Cho Corner —, pero creo que esa es una excusa injustificable, más aún después de lo que sucedió esta noche. Cuando hace tres años se decidió que ocupara el cargo de Minerva se nos prometió a los padres que conformábamos el consejo en ese entonces que nunca ocurriría nada de lo que parece estar pasando en estos momentos y eso me hace preguntarme ¿El colegio no estaría más seguro sin la chiflada de Trelawney al mando?
— A Sybill soy capaz de confiarle mi vida, señora Corner-Le respondió Minerva
— El proceder ahora será el siguiente — Habló luego de un rato el profesor Nott
—, con John y el señor Potter hemos analizado la torre de astronomía en busca de alguna pista que nos lleve al o los culpables, los tres concluimos que fue un ataque proveniente del exterior, por lo que de inmediato pedimos que Hagrid se pusiera a vigilar el bosque prohibido, ya que tenemos la ligera sospecha que quien quiera que haya hecho esto ha entrado por los terrenos del castillo, por lo que nos veremos en la necesidad de fortalecer los métodos de protección y la vigilancia será más estricta, los premios anuales ya fueron informados.
— Cuentan con el servicio de los Aurores para lo que se presente — Añadió Harry.
— Volviendo al tema de Trelawney — volvió a hablar Cho Corner —, si no mejora la seguridad del colegio y vuelve a haber un ataque, juro que moveré cielo, mar y tierra para que sea destituida de su cargo ipso facto.
Dicho aquello la mujer se levantó de manera abrupta y abandonó el lugar.
— ¿Siempre se pone así? — Quiso saber Ron.
— Es Cho — Respondió Harry como si eso zanjara la cuestión.
-Bien, creo que la sesión debe levantarse hasta nuevo aviso, les mantendremos informados del progreso de Ariana
Los padres comenzaron a levantarse uno por uno, Draco aún estaba fijándose detenidamente en la imagen que Potter había agrandado y que aún seguía en el centro de la mesa, cuando recordó algo, una cosa a la que no le había dado importancia luego de una de las tantas discusiones que había tenido con su padre, pero aquella había sido reciente y algo en ella le resonó en el asunto que aquella noche estaban tratando.
— Potter — Lo llamó enseguida, el aludido estaba despidiéndose de Fleur y Katie, a su lado Ron frunció el ceño —, quisiera unas palabras contigo, si no es molestia.
El pelirrojo los miró de soslayo, pero Draco no se amedrantó, necesitaba hablar con urgencia del asunto, esta vez si algo volvía a ocurrir se aseguraría que el bando en el que estuvieran él y su familia fuera el correcto, ya no le importaba lo que opinara su padre al respecto.
— Dime, Malfoy.
Ambos se habían retirado a una esquina en donde era poco probable que alguien les escuchara, incluso los intentos de Ronald Weasley parecían frustrados.
— Lo que dije es cierto, hace años que no hablo con mi padre de manera civilizada, pero hace un mes atrás algo que dijo en una de esas discusiones, me llamó la atención. Dijo algo como que pronto sucedería algo más grande que la otra vez, obviamente en ese momento no le di importancia pues sabia que estaba demasiado molesto porque se enteró que Scorpius había quedado en Gryffindor y no en Slytherin
— Entonces, exactamente, ¿qué fue lo que dijo tu padre?-Pregunto Potter
— Según logré charlar luego con mi madre, mi padre ha estado actuando un tanto extraño desde hace un par de meses, según mi madre es como si de repente se hubiera despertado después de casi veinte años de letargo — ambos se miraron comprendiendo el por qué el padre de Draco había quedado devastado después de la guerra, después de todo, Harry Potter había sido quien le había salvado el pellejo a la familia Malfoy de pasar una temporada en Azkaban —. Ha estado ausentándose de Malfoy Manor por horas, le dice a mi madre que sale a trabajar en sus negocios o a ver a sus amigos cuando yo sé de buena fuente que mi padre hace años que contrato a un administrador para los asuntos económicos ni mucho menos tiene amigos, si no los tuvo en sus años de esplendor y gloria ahora mucho menos.
— ¿Sugieres, entonces, que tu padre sabe acerca de este ataque?
— Es probable — Afirmó Draco, su intuición le decía que estaba por el camino correcto y si algo había aprendido en su vida era que su instinto siempre era correcto, más cuando se trataba de leer las acciones de su padre —, por eso estaré al pendiente de cada uno de sus movimientos.
— ¿Tienes en cuenta que esto parece ser arriesgado?
— Lo sé, Potter — Asintió el rubio —. Pero no quiero que mi hijo viva los horrores que a nuestra generación le tocó vivir.
— Entonces, cualquier cosa que necesites, sabes dónde ubicarme.
-Normalmente no haría esto, pero dadas las circunstancias me atreveré a pedirte un favor a cambio — con lo que el pelinegro lo miró con aprehensión —. No es nada malo, es solo que si voy a hacer de espía lo más probable es que no esté en casa para navidades ya que este año mis padres no estarán en Inglaterra una cosa que aumenta mis sospechas hacia Lucius Malfoy si te soy sincero
— Scorpius puede pasar la navidad con mi familia
— No se te escapa una, ¿a qué no, Potter? — Rió Draco entre dientes.
— Aprendí de un gran maestro.
Los dos se miraron por unos segundos. Draco captó que se refería a su antiguo director, por lo que desvió rápidamente la mirada, no quería que la culpa volviera a nublarle los pensamientos.
— Entonces, creo que estamos cubiertos.
— Eso creo — Corroboró Harry —. Hasta luego, Malfoy — Se despidió tendiéndole la mano. Draco recordó su primer año en Hogwarts, más precisamente su primer viaje en el expreso, donde él mismo le había hecho aquél mismo gesto a Harry, quien había rechazado ser su amigo por la forma en la que había tratado a Ron Weasley y la manera despectiva que tenía de ver al resto de los que no eran de “sangre pura”.
Ese había sido el comienzo de una enemistad de años, aunque siempre muy en el fondo, Draco veía con ojos envidiosos el tipo de amistad que llevaban Potter, Weasley y Granger, ya que él nunca había podido compartir una verdadera amistad de ese tipo con nadie hasta diecinueve atrás cuando se había comenzado a juntar con su compañera de casa Daphne Greengrass, así había conocido un poco mejor a Astoria,
y al parecer la mayor de las Greengrass se había tomado muy en serio su papel de casamentera cuando se enteró que a Draco le gustaba su hermana pequeña, tanto que hasta cierto punto el rubio aún dudaba que la maldición que había tratado de deshacer en aquella pirámide años atrás no había rebotado por causa del hechizo que había lanzado, sino porque su compañera Daphne Greengrass había hecho algo que lo había mandado directo al ala en donde trabajaba Astoria.
— Hasta luego, Potter — Draco le estrechó la mano. Una sensación extraña lo inundó, fue como si después de años de tormento, por fin consiguiera la paz. Era increíble lo que un pequeño gesto como aquél podía lograr, solo esperaba correr con la misma suerte con los Weasley, ya que su instinto le decía que la amistad de su hijo con aquella familia era algo que duraría eternamente. Con paso ligero y haciendo caso omiso a las miradas curiosas de Ron Weasley, Draco avanzó hacia la chimenea del despacho de Trelawney y se dispuso a regresar a su casa por la vía red flu. La mañana del primero de noviembre despertó a los alumnos de Hogwarts de una forma extraña, más de uno ya sabía sobre los hechos que habían tenido lugar en la torre de astronomía la noche anterior, por lo que comenzaron a circular teorías de todo tipo.
— Buenos días — Les saludó algo adormilada Rose cuando Scorpius y él tomaron asiento en la mesa de Gryffindor. Los murmullos usuales eran un tanto más alborotados que de costumbre, pero Albus no los culpaba, ya que él también estaba algo sacado por lo que le había pasado a Ariana Finch-Flechtley.
— Escuché que los padres de Ariana pasaron la noche en la enfermería — les susurró Rose mientras se servía una taza de te —, es algo insoportable escuchar todas las ideas descabelladas que nuestros compañeros tienen sobre lo que pasó.
— Solo espero que se recupere pronto — Murmuró Albus
Rose miró discretamente a Scorpius, quien seguía entretenido viendo su plato de cereales que parecía no querer tocar. La pelirroja intuía que el joven Malfoy había escuchado una de las tantas teorías descabelladas que circulaban por todo Hogwarts, solo esperaba que aquél rumor se disuadiera pronto, no le gustaba el rumbo que aquello estaba tomando y no quería tampoco saber la forma en la que podría terminar la cosa si seguía así. Pronto los tres gryffindors se encaminaron a su primera clase del día, historia de la magia, la cual compartían con Hufflepuff.
— ¡Tú! — Joseph Macmillan gritó en cuanto los vio acercarse al aula. — Todo lo que le pasó a Ariana, es culpa tuya Malfoy.
— ¿De qué hablas Macmillan? — Inquirió Albus.
— De que la escoria a la que llamas amigo está siguiendo los pasos de su padre
— ¿Qué te hace suponer semejante sandez?-
— ¿A caso no viste la marca en el cielo, Potter? — sin esperar una respuesta el chico de Hufflepuff continuó, a su alrededor se había formado un circulo de alumnos curiosos, Scorpius seguía sin decir palabra, parecía petrificado y Rose a su lado estaba que echaba humo — Tenía una eme, una eme de Malfoy.
— Estás loco Macmillan, ¿lo sabes?
— No tanto como tú, Potter — espetó Joseph —, jamás me hubiera imaginado que el hijo de Harry Potter se uniría al otro bando
Rose le apuntaba a Macmillan con su varita, los ojos grises del chico la miraron desafiantes.
— Pagaran muy caro lo que le han hecho a Finch-Fletchley.
Sin decir nada más la mayoría de los alumnos de Hufflepuff y Gryffindor entraron en el aula, dejando a un par de compañeros un tanto estupefactos por lo que había pasado hacía unos segundos. El silencio fue roto cuando Jane Ackerley avanzó hacía donde estaban Scorpius, Albus y Rose.
— Yo creo que son inocentes — la chica les sonrió y así como había llegado frente a ellos se dirigió al aula donde tomo su usual asiento frente a la clase, con lo que el resto de los que quedaban en el pasillo la imitaron. Albus, Rose y Scorpius se sentaron al final de la clase, donde nadie los interrumpiría, ni mucho menos les lanzaría miradas acusadoras. El profesor Binns comenzó su clase sobre las Revueltas de los Duendes, algo que a ninguno de los tres amigos les importaba en lo más mínimo en ese momento. Scorpius suspiró.
— Sabía que algo así iba a pasar — Murmuró el rubio.
— ¿Cómo podías saber que Macmillan iba a ser un idiota y pensar eso? —
— Albus, no solo lo piensa Macmillan — le informó Rose —, se ha corrido la voz por los pasillos del castillo que el ataque fue obra de ex mortífagos o en este caso los hijos de ellos. El pelinegro abrió los ojos con sorpresa, algo que en otra ocasión, a Scorpius, le habría dado gracia. El silencio que se formó entre ellos solo era roto por la voz grave y áspera del profesor Binns que se escuchaba de fondo.
— Sabes que ninguno de los dos pensamos eso, ¿cierto? — Le dijo de pronto Albus.
— Gracias.
— Para eso estamos los amigos, Malfoy — Dijo sonriente Rose —. Además, deberías empezar a aprender, ya que estoy segura que al ser nuestro amigo siempre serás el foco de algunos de los rumores más locos
— Si tú lo dices, Weasley…
Rose se sintió feliz, había logrado que Scorpius sonriera por primera vez en esa mañana. Pronto los tres continuaron con su rutina de siempre, tratando de hacer caso omiso a los susurros que los siguieron por los pasillos del castillo a cada cambio de clases. Scorpius pensaba que nada podía ir peor, pero se equivocaba, cuando durante el almuerzo recibió una carta de su padre, esperaba que fuera una respuesta sobre su última carta donde le había contado cómo había adquirido un par de puntos extras por su labor en la clase de transformaciones algo que era inusual para los Gryffindor, ya que Theodore Nott X favorecía siempre a los Slytherin por haber logrado transformar en alfiler una cerilla a la primera. Se dio cuenta de su equivocación en cuanto comenzó a leer la carta.
— ¿Qué ocurre? — Le preguntó Albus, quien se había percatado de inmediato del estado de rigidez de su amigo.
— Son noticias de mi padre, al parecer no iré a casa para navidad.
— ¿Y eso? — Le miró extrañada Rose.
— No me dice, solo que pasaré las navidades con los Potter.
Albus sonrió de oreja a oreja y exclamo. — ¡Eso es genial!
— ¡Ay, Merlín! — Murmuró con voz preocupada Rose — Albus, eso significa que…
Los ojos de los dos se miraron fijamente, Albus abrió sus obres verdes de manera sorpresiva y su expresión cambió a una de espanto.
— Pensé que estarían contentos — Dijo algo dolido Scorpius.
— No, no es eso Scorpius — Se apresuró a decirle Rose —, es que las fiestas serán en mi casa. La tradición Weasley hace que cada Navidad sea en una casa distinta, por ejemplo, este año le toca a mi padre, pero el siguiente le toca a la mamá de Al organizar las fiestas, para que al siguiente año sea en La Madriguera, lo que hace que se repita el ciclo una vez más pasando por todas las casas Weasley.
— Eso no explica su alegría hacia mi presencia en tu casa.
— Mi tío Ron, puede llegar a ser un tanto prejuicioso en cuanto a tu presencia-
— No me extrañaría que intentara hacer cualquier cosa, aunque no creo que mi madre lo deje.
— Mientras te ganes la confianza de tía Hermione, todo irá bien — Le dijo Albus con seguridad —, además creo que por tus aficiones eso será pan comido.
A Scorpius se le retorcieron las tripas, el día había comenzado sin duda mal e iba en peor, solo esperaba que el viaje de sus padres fuera corto y pudiera verlos aunque fuera un par de días en las vacaciones de invierno, nunca antes se había separado tanto de ellos y aunque sería vergonzoso admitirlo, los extrañaba . Horas mas tarde los sueños de los tres amigos estuvieron repletos de todo tipo de imágenes, las que más destacaban eran estrellas de cinco picos sobre árboles de Navidad decorados con esferas rojas resplandecientes que cantaban villancicos.


Última edición por janessi1 el Jue Dic 07, 2017 11:45 am, editado 2 veces
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MensajeTema: capitulo 12 de next generation : el bosque prohibido   Dom Dic 29, 2013 6:27 pm

Las navidades ya habían pasado y ya estaríamos en 2018 y por lo tanto al día siguiente los alumnos de Hogwarts abordarían nuevamente el expreso para regresar
a sus estudios y Scorpius aún no había podido sonsacarles información a sus padres sobre su paradero durante las fiestas. Pese a que había preguntado más de mil veces se negaban a decirle donde habían estado la otra mitad de las vacaciones, sólo sabía que cada vez que lo mencionaba una sombra extraña cubría el rostro de su padre.
Aquel 7 de enero de 2018 Scorpius se paso leyendo un libro de los que le habían regalado sus abuelos Greengrass el cual trataba de cuentos muggles que se mezclaban con leyendas algo que le resultaba interesante. Desde que habían abordado la temática de las arpías con Farley había quedado fascinado por cómo se podían entremezclar las narraciones típicas de dos mundos diferentes, en su libro encontró algunos relatos de los caballeros de la mesa redonda que le llamaron mucho la atención y que tal vez compartiría en la clase si se volviera a hablar del tema, pues según contaba la historia, en una ocasión Sir Gawain y Sir Percival habían tenido que enfrentarse a una arpía, a la cual derrotaron con la ayuda de Merlín. Ya entrada la tarde, Scorpius envió a Morgana a la casa de sus amigos donde les propuso averiguar en la biblioteca de Hogwarts sobre los ataques, y la respuesta fue afirmativa después de eso mas tranquilo se dispuso a recoger las pocas cosas que había llevado consigo para las vacaciones.
— ¿Ya estás listo? — la voz de su padre lo distrajo de sus tareas.
— Ya casi , estoy esperando a que Archie termine de plancharme unas camisas.
— Scorpius — le llamó con voz solemne y cargada de emoción, su hijo lo volteó a ver con los ojos llenos de preguntas —. Sé que tal vez no sea tu persona favorita en este momento, pero prométeme que tendrás cuidado.
— Siempre tengo cuidado-Le respondió su hijo con el ceño fruncido
— Lo sé, pero es necesario que tomes precauciones, conozco a los Weasley y a los Potter, les gusta meterse en problemas por ello debes prometerme que pase lo que pase no los seguirás.
— Papá, ¿por qué me dices esto?
— Simplemente, hazme caso en esto, ¿de acuerdo?
Sin decir nada más Draco salió de la habitación dejando el ambiente tenso tras su paso. La mañana siguiente todos los niños magos se dirigieron a King’s Cross.
— Adiós — se despidió Lily con cara triste de sus hermanos.
— Nos vemos para Pascua — Le sonrió Albus. Lily suspiró, ella ya quería ir a Hogwarts. La pena de la niña quedó momentáneamente olvidada cuando apareció en su campo de visión Rose, seguida de Hugo, Fred y Roxanne.
— George y Angelina tenían que trabajar esta mañana — les explicó Hermione a Harry y Ginny mientras con Ron ayudaban a subir los bolsos de los chicos.
— Me imagino — Suspiró Ginny —, en especial George, ya que las clases vuelven…
— Pobre señor Filch — Dijo Harry sonriente.
— ¡No te burles! — Le regañó su esposa.
— Lo siento, Ginny. Pero sabes que se merece todo lo que le hacen los niños.
La pelirroja rodó los ojos, aunque no podía negar que Harry estaba en lo correcto.
Aún recordaba con enfado parte de su sexto año, cuando los mortífagos habían invadido Hogwarts y al señor Filch se le había otorgado el permiso de torturar a modo de castigo y aunque éste fuera un squib sabía cómo lastimar a la gente. Pronto el resto de los Weasley se reunieron alrededor del primer grupo. Victoire estaba a cargo de sus dos hermanos, debido a que Bill y Fleur habían tenido que ir a Gringotts por un asunto con los duendes que había surgido de improvisto mientras que el resto de los adultos se hallaban charlando a la espera de la partida del tren, los jóvenes comenzaron a dispersarse hacia su grupo de amigos. James y Fred corrieron a saludar a Sean quien iba con cara de pocos amigos, seguido por su hermana mayor Parvati quien parecía estar de lo más contenta. Albus supuso que algo había hecho Sean, ya que la cara de la hermana era la misma que Lily ponía cuando delataba a James. Los padres de Sean, Seamus y Lavender Finnigan aprovecharon que su hijo se había unido los Weasley para acercarse a hablar con los adultos del clan.
— ¿Has visto a Scorpius? — Preguntó Rose a su primo
— No, aún no — Le respondió Albus, quien había estado observando el andén en espera de alguna señal por parte de su amigo. Harry miró a Albus con decisión, desde hacía unos días lo notaba un poco distraído y parecía preocupado por algo, además de las constantes preguntas que comenzaba a hacerle sobre el padre de Scorpius.
Su intuición de le decía que su hijo estaba tramando meterse en problemas, tal vez de la misma índole a las que él mismo solía meterse cuando tenía su edad, era por eso que había acordado con su esposa que hablaría con Albus en un intento de disuadir lo que la joven mente de su hijo estuviera planeando, sobre después de regalarle la capa de invisibilidad a su segundo hijo. Harry había alegado ante su mujer que lo hacía porque James ya había cogido el mapa del merodeador.
— Al, hijo — le llamó Harry —. Ven un segundo conmigo — Le pidió.
— ¿Qué pasó papá? — Le preguntó Albus algo nervioso.
— Albus verás… — Harry miró a los ojos de su hijo, unos ojos iguales a los suyos
—. ¿Te gustaron tus regalos de Navidad? — Preguntó de forma críptica.
— Sí, aunque las baratijas del tío George ya se me están acabando, sospecho que fue Lily o que James planea algo en venganza por lo que le hizo Rose en Navidad.
— Al, lo que quiero decir, es que… — Harry lo tomó por los hombros y lo miró fijamente, el chico lo miró con preocupación —, quiero que intentes mantenerte alejado de los problemas, ¿de acuerdo?
Albus abrió los ojos de par en par, ¿era posible que su padre supiera lo que planeaban él, Rose y Scorpius para aquella noche?
— Pero yo…
— Debes prometerme Albus, que pase lo que pase, aquél legado que recibiste en navidad solo lo utilizarás por un bien mayor. No quiero que andes en busca de aventuras o incluso enterarme de que sigues los pasos de James haciendo travesuras.
— Lo prometo, papá — Le dijo con seriedad.
— Está bien, confío en tu palabra, Al. Solo utilizarás la capa para el bien mayor.
Albus miró anonado a su padre, sintiendo que había algo detrás de sus palabras que no le estaba diciendo. Los minutos comenzaron a pasar con rapidez y antes de que Albus y Rose se dieran cuenta, ya estaban subidos a bordo del expreso de Hogwarts, lo que les preocupaba a ambos era que Scorpius parecía no haber subido en el tren como el resto de los alumnos.
— ¿Crees que lo haya perdido? — Preguntó preocupado el pelinegro en voz baja, mientras seguían al resto de sus primos en un vagón desocupado.
— Espero que no, ya sabes lo que nos contaron nuestros padres sobre perder el tren
— Si buscan a Malfoy, lo vi hace unos minutos en uno de los compartimentos del fondo, iba algo tristón, por lo que supongo que os necesitará .
— Gracias, Molly — Le agradeció honestamente Albus. A veces su prima era demasiado mandona para su gusto, pero si algo había en Molly II era que era muy buena observadora y podía darse cuenta antes que nadie sobre las emociones de las personas, algo que la tía Hermione llamaba “el don de la empatía”. Con algo de torpeza, los dos primos siguieron por el pasillo del tren hasta el último vagón
— ¡Ahí esta! — Susurró algo aliviado Albus al ver a su amigo. Rose, frunció el ceño. Había algo extraño en el rubio lo que confirmaba lo que les había dicho Molly minutos antes Scorpius se notaba decaído.
— ¡Scorpius! — Le llamó Albus al entrar en el compartimento. El aludido alzó la vista, para sorpresa de sus dos amigos los ojos de Scorpius estaban vidriosos, como si estuviera tratando de contener las lágrimas.
— ¿Estas bien, Scor? — Era la primera vez que Rose usaba ese apodo en el rubio, por lo que el chico se sintió más reconfortado ante lo que había pasado unas horas antes en su casa.
— Sí, o eso creo — Dijo con voz rasposa. Rose y Albus tomaron asiento frente a él, a la espera de que comenzara a hablar.
— Vamos Scor sabes que puedes confiar en nosotros, ¿qué ha pasado? — Le insistió Albus luego de unos minutos de un tenso silencio, ya que era obvio que el chico se rehusaría a hablar. Scorpius miró a sus dos amigos con alivio, le costaba un poco entender que ambos estarían ahí para él, sin importar lo que pasara. Era algo a lo que tendría que acostumbrarse.
— Ayer a la noche mi abuelo nos hizo una visita — Explicó con la voz fría.
— ¿Y qué pasó? — Rose lo miró con preocupación, ya que ella de primera mano sabía que al chico le costaba mucho relacionarse con su abuelo paterno .
— Todo había comenzado como siempre, ya saben el abuelo y sus tácticas favoritas para resaltar lo que no le gusta que sucede en mi casa solo que esta vez pasó a su tema favorito casi de inmediato, aún no me perdona que esté en Gryffindor y lo peor de todo es que casi me lanza un cruciatus.
Rose abrió los ojos de par en par asustada, ¿cómo era posible que un abuelo le hiciera eso a su nieto?
— ¿¡Qué hizo qué cosa!?— Albus saltó indignado — ¡Podría ir a Azkaban por ello!
— Lo sabe y sin embargo ya lo ha hecho antes — Dijo Scorpius —, no conmigo, si no con nuestro elfo Archie — se apresuró a añadir al ver las caras de sus amigos
—. Además me amenazo, no solo a mí, a mi padre también, porque al parecer se enteró de que estaba trabajando para algo con tu padre…
— ¿Crees que tu abuelo esté detrás del ataque a Finch-Fletchley? —
— Tal vez, no lo sé Rose – Le aseguró Scorpius -. Lo único de lo que estoy seguro es que mi padre se metió en problemas por ello, además de que Lucius ya estaba enfadado porque soy Gryffindor y porque alguien le dijo que somos amigos.
— ¡Eso es injusto! — Rose estaba indignada — Además, su actitud ya empieza a ser sospechosa. Creo que tenemos que sí o sí ir hoy a la biblioteca y averiguar .
— Eso me recuerda — Dijo Albus —, mi padre parece que se enteró de nuestros planes, por lo que vamos a tener que ser demasiado discretos con lo que hacemos.
Rose bufó indignada, a veces su primo era súper despistado.
— Lo seremos, no por nada soy la hija de Hermione Granger por ello que me tomé la molestia de entrar primero en la biblioteca de mi madre y encontré un par de títulos que me llamaron la atención no pude sacarlos, porque se daría cuenta, pero seguro que en Hogwarts hay copias de los mismos.
— A veces eres brillante, Weasley.
— Gracias, Malfoy.
— Que no se te suba a la cabeza, solo dije que a veces eres brillante — Le puntualizó, generando que la pelirroja le lanzara una mirada reprobatoria, él solo sonrió .
— Por lo que recuerdo de la noche de Halloween había una marca en el cielo, por lo que creo que es necesario comenzar por allí — Les dijo el pelinegro.
— Eso, mi querido primo, será demasiado fácil porque encontré un poco de información en Internet sobre el símbolo — Explicó Rose —, es un signo pagano para representar a la deidad femenina, pero por tiempos medievales el significado cambió para pasar a ser reconocido como la marca del demonio, lo que me llevó a revisar nuestros libros de historia de la magia. Ahí encontré algo interesante sobre la estrella, parece que hay una conexión entre ella y el mago Merlín, ya que fue tomada como la contraparte del símbolo que él había forjado para lo que comenzó a llamar “la magia blanca”, el pentáculo era usado por aquellos que realizaban magia oscura.
— ¿Desde ahí comenzó a ser interpretado así? — Preguntó asombrado Scorpius.
— Sí y no. Ya que antes de que Merlín comenzara a tratar de parar los movimientos de magia oscura en lo que llamó la ciudad de Camelot su padre había iniciado la campaña para identificar a los magos tenebrosos alegando que todos ellos utilizaban el pentáculo de una forma errada pues utilizaban la magia de la tierra para hacer el mal. Igualmente, esta idea cobró más sentido cuando Morgana Le Fay lo adquirió a modo de estandarte, invirtiendo el pico principal y agregándole runas. En el medio ella colocaba una “W” envuelta en un círculo, pero nadie sabe a lo que se refería, igualmente, ella no fue quien inventó el símbolo porque años antes de la batalla en la que perdió la vida el Rey Arturo una hechicera llamada Nimue la utilizó al plantarle una emboscada a Merlín.
¡Eso lo recuerdo! — Exclamó Scorpius — Lo leí en un libro que me regalaron mis abuelos Greengrass, la leyenda dice que esta bruja o arpía había engañado a Merlín para ser su aprendiz, ella fue quien lo condenó. — ¿Todo esto lo dijo Binns en clase? — Quiso saber Albus, ya que le parecía demasiado interesante como para creer que hubiera podido quedarse dormido.
— No, Binns solo pasa a las revoluciones de los duendes y otro tipo de batallas, sin detenerse demasiado en las leyendas, eso viene en los libros — Le respondió Rose
—, además la clase sería demasiado entretenida como para que nos aburriera.
— Entonces lo que buscamos es magia oscura — Suspiró Scorpius —, ¿creen que haya algo semejante en Hogwarts?
— Mi padre dice que Hogwarts esconde demasiados secretos — Respondió Albus. Horas más tarde, después de una cena rápida en el gran comedor, los tres amigos se encontraron subiendo por las escaleras del castillo para ir a su sala común
— Ad maiora nati sumus — Dijo Albus al retrato de la Señora Gorda.
— Si tú lo dices — Le respondió abriendo tras ella la entrada a la sala común.
— Jamás me aprenderé la nueva contraseña — Se quejó por lo bajo Rose
— ¿La gran Rose Weasley no puede con una contraseña?
— ¡Oh, calla, Malfoy!
— ¡Hola, chicos! — La voz alegre de Jane Ackerley los hizo pegar un respingo
—, ¿Qué tal las vacaciones?
— Bastante bien, Jane, ¿y las tuyas? — Le sonrió Albus. Rose lo miró con el ceño fruncido, ¿Desde cuándo Albus trataba tan bien a Ackerley? La pelirroja se fijó con mayor detenimiento y se dio cuenta del leve sonrojo que su primo parecía estar tratando de ocultar bajo un semblante serio. La niña sonrió para sus adentros, mientras le daba un codazo disimulado a Scorpius para hacerle notar lo mismo que ella veía.
— ¡Ay, Weasley! — Chilló por lo bajo el rubio, la chica le miró con advertencia para que bajara la voz, Jane seguía enfrascada en su relato sobre sus vacaciones en Glastonbury como para que se diera cuenta de algo, mientras que Albus la miraba con atención —, ¿Qué pasa?
— Fíjate en Albus — Le susurró por respuesta. Scorpius la miró sin entender, pero luego de que la chica le lanzara otra mirada de advertencia hizo lo que le pidió y tuvo que contener una carcajada al darse cuenta de que tal vez, Albus Potter estaba teniendo un enamoramiento con Jane aunque lo más probable fuese que aún no lo supiera, pues su amigo nunca le había dicho nada acerca de que le gustara alguien.
— Recuérdame molestarlo por ello, ¿De acuerdo? — Le sonrió Rose de manera cómplice al ver en sus ojos un brillo de reconocimiento. Scorpius asintió, sabiendo que él mismo también se encargaría de darle lata a Albus con el asunto. Cuando Jane hubo terminado su relato sobre sus vacaciones, donde contó que había visitado la torre de Glastonbury, de la cual Scorpius le había hablado anteriormente en el tren antes de las fiestas navideñas, los cuatro chicos acordaron irse a la cama, aunque Rose, Albus y Scorpius alegaron con mucho énfasis lo muy cansados que se encontraban y ninguno de sus otros compañeros los cuestionó, y decidieron seguirles el ejemplo. Los tres amigos habían acordado bajar a la sala común a eso de las once de la noche, cuando el reloj marcó la hora, Scorpius y Albus tomaron la capa de invisibilidad y se dirigieron a la sala común, dejando atrás a sus compañeros de cuarto quienes parecían tener un sueño bastante profundo
— Así que, ¿tú y Jane, eh? — Le sonrió burlonamente el rubio a su amigo mientras se sentaban en uno de los sillones de la sala común esperando a Rose.
— ¿De qué hablas?
— ¡Oh, vamos Albus, fue demasiado obvio!
— No sé de qué me estás hablando — Soltó algo molesto. Justo en ese momento apareció Rose, algo despeinada y con el pijama de los Chuddley Cannons.
— Lo siento, Jane Ackerley de nuevo tardó mucho en dormirse — Dijo a modo de excusa, sin darse cuenta de la sonrisa enorme que aparecía en el rostro de Scorpius y el rodar de ojos de Albus que parecía exasperado por algo.
— ¿Traes la lista? — Le preguntó el pelinegro. Rose asintió
— Bien, que comience la aventura — Sonrió Albus. Los tres se juntaron para poderse pasar la capa sobre ellos en un intento de taparse todos, una proeza un tanto difícil porque Scorpius y Rose parecían haber crecido un poco durante las vacaciones, pero al final lograron coordinar las alturas, desapareciendo por completo y con paso sigiloso avanzaron por los pasillos del castillo, de vez en cuando deteniéndose en la penumbra al ver a alguno de los profesores montando guardia en alguno de los corredores, e incluso los fantasmas que en más de una ocasión aparecían de la nada. Por suerte no se toparon ni con Filch ni con Peeves en el camino, lo cual resultó un alivio para los tres. Al llegar a las enormes puertas de roble de la biblioteca, Rose sacó su varita de entre la capa y susurró un leve « ¡Alohomora!». Lo que les permitió entrar en el lugar sin ningún problema. Los tres salieron de la capa, mientras Albus la doblaba para guardarla en el bolsillo de su sudadera.
— Ahora, ¿por dónde empezamos? — Quiso saber Scorpius.
— ¡Lumos! — la varita de Rose brilló en la oscuridad.
— No puedes dejar de alardear, ¿a qué no? — La miró con sorna el rubio.
— Esto, Malfoy, lo podrías hacer si no hubieras estado perdiendo el tiempo en vacaciones jugando a quién sabe qué cosa con Albus y Hugo en la Wii.
— Bueno, basta de regaños — Le apremió Albus dirigiéndose al pasillo de la sección prohibida de la biblioteca —, ¿qué debemos buscar?
— Debemos encontrar libros sobre la magia pagana, los druidas y quizás magia negra.
— Nos dividiremos para poder encontrar algo más fácil, cuando alguno allá encontrado algo haremos un sonido para reunirnos de inmediato — les dijo Scorpius.
— ¿Qué clase de ruido? No podemos llamar la atención, ¿qué tal si Filch o Peeves nos escuchan? — Susurró Rose.
— ¿Saben imitar el ulular de un búho? — Preguntó Albus, a lo que los dos asintieron
—, esa será nuestra señal para saber que hemos encontrado algo, pero en caso de que escuchemos que alguien viene, maullaremos como un gato.
— inteligente — le concedió Rose —, aunque creo que lo del gato es arriesgado.
— Vale la pena intentar, no nos queda nada más — Dijo Scorpius. Y segundos mas tarde se adentraron en la sección prohibida. Albus y Scorpius habiendo imitado a Rose ahora iluminaban los estantes que tenían enfrente con sus varitas, cada uno en un pasillo distinto. Mientras que la pelirroja, por su parte miraba con atención cada título que había escrito en el pergamino, uno de los primeros era uno que había encontrado citado en el antiguo tomo sobre magia curativa que su madre guardaba en la biblioteca: Magick Moste Evile de Godelot. Incluso el nombre le producía escalofríos. Por las cosas que había leído en el capítulo de ese libro, podía deducir que en aquél libro por lo menos encontrarían algo para responder a todas las cuestiones que tenían. Durante unos minutos los tres amigos buscaban entre páginas en silencio. Scorpius había encontrado un libro sobre la transformación animaga un tema que le llamaba la atención, hasta que Albus, imitando a un búho, dio a conocer que él por lo menos había encontrado algo. Con un tomo enorme entre brazos les hizo gestos a Rose y a Scorpius para que se sentaran en la mesa que tenía más próxima y con cuidado, levantó la tapa de cuero ennegrecida a causa del tiempo y la humedad, para comenzar a hojear entre las hojas amarillentas, llegando a la parte del índice, Albus les mostró el título de un capítulo, el cual rezaba “La Maldición del Sueño Eterno”.
Rose se apresuró a tomar el libro para llegar a la página donde iniciaba el capítulo, para encontrarse con la sorpresa de que varias páginas habían sido arrancadas, incluyendo casi todo un capítulo entero, del cual lo único que quedaba era una oración un tanto inconclusa.“Una vez finalizado el maleficio, no podrá romperse, hasta que el corazón dormido sea despertado por la magia más poderosa del universo”.
— ¿Qué significa esto? — Preguntó Rose algo temerosa.
— Nada bueno — Le dijo Albus
-¿Quién es el autor?-Pregunto Scorpius. Albus cerró el libro y con la varita apuntó al lomo pero el libro ni siquiera tenía un título, en su lugar, para asombro de los tres gryffindors tenía la reproducción el mismo símbolo que habían visto la noche de Halloween resplandeciendo en el cielo. Rose tragó en seco.
— Aún no me explico que hace un libro como ese en la biblioteca — Comentó por lo bajo Albus por enésima vez. Desde que los tres habían leído aquel libro en la sección prohibida días antes, el tema siempre era traído a colación.
— Ya te lo he dicho, Albus — Respondió su prima —. Hay incluso más como ese.
Scorpius por su parte suspiró mientras revolvía sus gachas de avena, aquella mañana del once de enero se había esperado que resultara un poco distinta después de todo era su decimosegundo cumpleaños, pero parecía que el día iba a ser un poco más de lo mismo. El sonido del aleteo de las lechuzas, indicando la hora del correo, un par de lechuzas se acercaron a la mesa de Gryffindor en su dirección, depositando varios paquetes de distintos tamaños y cartas.
— Así que estamos de fiesta — la voz de James Potter interrumpió su lectura a una de las cartas de su abuela materna.
— Supones bien — Le sonrió el rubio.
— Feliz cumpleaños — Le contestó James. Varios de los alumnos que se hallaban cerca, especialmente sus compañeros de cuarto, le felicitaron, a lo que él agradeció. Albus y Rose se miraron de manera cómplice, sabían que aún no lo habían felicitado pero estaban planeando hacerle una fiesta sorpresa con todo el clan Weasley como asi sucedió y aquella tarde Scorpius sintió que era el mejor cumpleaños de su vida.
Y al fin llego el fin de semana y aquel sábado del 13 de enero había partido Ravenclaw contra Hufflepuff y el primo de Albus, Louis jugaba en el equipo de las águilas, así que todos los Weasley se habían ataviado con los colores de la casa de Rowena Ravenclaw en señal de apoyo. Por ello no fue extraño ver a Albus intentar persuadir a Scorpius, desde primera hora de la mañana, a que utilizara uno de los ridículos sombreros que habían adquirido los Weasley para el partido. El rubio alegando que le despeinaría e intentó, en vano, disuadir a Albus de su cometido, pero horas más tarde se encontraban en las gradas con el resto del clan pelirrojo.
— ¡Ay, Scor! ¿Por qué la cara larga? — Rió Rose a su lado.
— Os odio — Farfulló por enésima vez Scorpius, mientras se acomodaba con reticencia el gorro que Albus le había obligado a usar.
— ¡Vamos Scor, anímate! — Albus lo miró con un brillo de diversión en sus ojos
— ¡A todos los que viven la intensidad del quidditch hoy celebramos un nuevo partido, Ravenclaw versus Hufflepuff! — La voz de Sean Finnigan resonó en todo el estadio seguido del rugido de los vítores de la multitud.
— Para ello les presento al equipo de Ravenclaw. La capitana y buscadora estrella del equipo Hestia Towler, quien se encuentra en su último año en el colegio.
— Esa chica bien podría ser una prima nuestra — Observó Rose.
— Creo que lo son — Dijo Victoire con la voz suave. Su prima se encontraba sentada a su lado y estaba tornándose algo molesto por el hecho de que varios de los chicos de Gryffindor se le quedaban viendo embelesados —, me refiero a ella y a sus hermanos, me parecen que son descendientes de los Prewett como nosotros.
— Vaya — La miró con sorpresa Dominique quien se encontraba sentada delante de ellas —, nunca pensé que estarías tan informada de nuestro árbol genealógico, Vic.
— A veces es bueno saber de dónde venimos — Replicó su hermana mayor.
— Repitiendo por segunda vez el puesto de guardián, tenemos a Jack Towler —
Albus lo identificó como el pelirrojo amigo de Louis era de tercer año pero tenía una complexión física que lo hacía parecer de quinto —, le siguen los cazadores Mía Córner, Harry Babcock y Louis Weasley. Y por ultimo aplaudamos a los golpeadores Harry Carmichael y Lyra Belby ¡Y ahora, recibamos al equipo estrella, ganador por tres veces consecutivas de la copa anual de quidditch, el equipo de Hufflepuff!.
El capitán y cazador de este maravilloso equipo este año es Cornelius Smith, quien deberá probar ser tan bueno como Neville Jones.
— Ese tipo es un patán arrogante — Murmuró Victoire —, siempre está intentando pedirme una cita.
— ¿Aun sabiendo que estás con Teddy? — Le preguntó Rose.
— Es un idiota, igual que su padre en sus tiempos de estudiante-Le contesto la rubia
— Harry Summers vuelve en el puesto de guardián, lo que me atrevo a decir será un trabajo duro para los Ravenclaws, ya que a este chico no se le escapa ninguna quaffle — hubo varios abucheos por parte del equipo de las águilas en señal de protesta al comentario de Sean —. Estrenando el puesto de buscador, ¡Patrick Finch-Fletchley!
— ¿¡Finch-Fletchley!?— James parecía indignado — Yo creí que pondrían a otro.
— Mejor para nosotros, entonces — Sonrió maliciosamente su prima Dominique.
— El acompañamiento de Cornelius en los puestos de cazador mi maravillosa hermana Parvati Finnigan de quinto y Hermione Cadwallader de sexto.
Los golpeadores de este año son Ronald Bagman y la nueva adquisición de los tejones Horace Smith …¿ Horace Smith en serio ?. Puf va a ganar Ravenclaw — Dijo Sean decaído al leer el papel, lo cual dejaba que no tenía buena opinión sobre Smith.
— El profesor Krum arroja la quaffle y ¡Comienza al partido!. La quaffle entra en posesión de Hufflepuff, Smith sigue en línea recta a toda velocidad, le pisan los talones Weasley y Córner. Una bludger pasa cerca del capitán de los tejones, lo ha distraído y ¡Weasley tiene la quaffle!
— ¡Vamos, Louis! — Gritaron a coro James y Fred. El pelirrojo se lanzó de picada zigzagueando por todo el campo, esquivando dos bludgers lanzadas por Ron y Horace mientras que los cazadores tejones intentaban en vano quitarles la pelota.
— Weasley se dispone a lanzar y ¡Anota! — Los Ravenclaws exclamaron en señal de victoria. Hufflepuff tiene la quaffle, esta vez en posesión de mi hermana que esquiva una bludger de Lyra Belby por los pelos..
Scorpius frunció el ceño, arriba los buscadores estaban actuando extraño, en lugar de dar vueltas lentamente parecían ir a toda velocidad en distintas direcciones.
— ¿Qué le pasa a Towler? — Miró preocupada Victoire, quien también se había dado cuenta de eso y que había sido Hestia quien había comenzado a moverse de manera extraña mientras que Finch-Fletchley trataba de socorrerla.
— ¡Ayuda! — El chico de segundo gritó con desesperación. Hestia no podía controlar su escoba, cuando de repente en un acto demasiado extraño, se detuvo en medio del aire, mientras que como en trance sacaba algo de los bolsillos de su túnica. La chica miró la reluciente manzana roja, se veía apetecible y por el tamaño adivinaba que sería una de las más jugosas. « ¿A qué esperas?, ¡cómela!» Haciendo caso a la imperiosa voz que resonaba en sus oídos, Hestia mordió la manzana y de repente todo quedó negro. Los gritos de terror retumbaron por todo el terreno cuando los alumnos vieron que Hestia caía desde las alturas, logrando que esta vez, una parvada de pájaros se alzara de inmediato sobre el cielo. Los profesores se apresuraron a tomar acción, mientras que en el cielo volvía a relucir el pentáculo invertido.


Última edición por janessi1 el Jue Dic 07, 2017 11:47 am, editado 7 veces
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MensajeTema: capitulo 13 de next generation de harry potter: La leyenda de antorcha de la llama verde   Jue Ene 02, 2014 4:41 pm

Los alumnos fueron retirados a sus salas comunes, donde los prefectos intentaban instaurar la calma, ya que muchos habían comenzado a hacer un alboroto digno de una revolución estudiantil y los profesores por su parte estaban con los miembros del consejo escolar y decidían lo que deberían hacer a continuación, aquél era el segundo ataque que tenían en el año. Hestia Towler se encontraba en la enfermería al igual que Ariana Finch-Fletchley, ambas inertes en lo que parecía ser un sueño profundo y Hannah Longbottom aún no encontraba la forma para hacerlas despertar.
— ¿Creen que deberíamos decirles lo que sabemos? — Preguntó en susurros Scorpius a sus dos amigos.
— No creo que nos crean — Respondió Albus —, además nos meteríamos en problemas y quizás me confisquen la capa de mi padre.
— ¡Chicos, chicos! — La voz de Molly II intentaba hacerse oír sobre toda la ola de voces que se alzaban en distintas direcciones — ¡Silencio, por favor, que tengo algo para anunciarles! — Y todos se quedaron callados de inmediato, —. En vista de los acontecimientos recientes, me informan desde la dirección, que los partidos de Quidditch de esta temporada quedarán suspendidos — esa noticia generó un murmullo de desconcierto y varias quejas comenzaron a alzarse, en especial por parte de Fred, James y Jocelyn, la última parecía demasiado molesta con Molly como para dejarla hablar, pero luego de unos minutos y varias palabras mediadoras, la pelirroja por fin pudo seguir con los anuncios —. Además, como iba diciendo antes de que me interrumpieran, por decisión de miembros del consejo se le ha retirado el cargo a la profesora Trelawney, siendo así el profesor Flitwick el nuevo director del colegio.
— ¿Pueden hacer estando justo casi a mitad de ciclo escolar ?— La voz de una de las amigas de Molly rompió con el silencio.
— Además no es culpa de la profesora Trelawney — Agregó un chico de sexto.
— Nuestra directora parecerá chiflada pero a mí me cae bien — Señaló otro alumno de cuarto. Varias voces más continuaron expresando sus dudas y apoyos a la profesora, algunos incluso temían que el hecho de que Flitwick fuera nombrado director les hiciera tener un nuevo profesor de encantamientos, lo que hizo que varios se pararan protestando, no por el hecho de que Flitwick fuese malo, sino lo contrario, eso les quitaría a su profesor favorito de seguir impartiendo la materia.
— Me temo que la decisión ha sido tomada — Continuó Molly —, aún no sé si habrá un reemplazo para Flitwick o si todo esto será momentáneo. Espero que el consejo escolar y el plantel de profesores pronto lleguen a un acuerdo resolutorio, después de todo siempre deberán plantearse lo mejor para nosotros.
— Tu prima debería postularse ella misma para directora se le da muy bien mandar y dar discursos — Comentó Scorpius con algo de diversión en un intento de disipar la tensión que circulaba en esos momentos.
— Mi tío Percy fue quien le enseñó a hablar así, ya que tiene las esperanza de que su futuro se envuelva en una carrera política, algo que a él siempre le gustó pero que dejó a mitad de camino a causa de la guerra — Explicó Rose —. Él ahora se encarga de las campañas electorales del ministerio y de la organización de eventos internacionales.
Albus contuvo un bostezo, se estaba haciendo tarde y él comenzaba a sentir en el cuerpo el cansancio del día. Los elfos domésticos les habían llevado comida a la Sala Común, ya que aún seguía la búsqueda del culpable. El chico solo esperaba que para la mañana ya pudieran salir de la Torre, sino sería un suplicio estar todos encerrados en el mismo lugar.
— Creo que será mejor que nos vayamos a la cama — Sugirió luego de unos minutos de silencio, cuando afuera el horizonte comenzó a oscurecerse para dar paso a la noche. Scorpius asintió. Ambos se despidieron de Rose, quien resignada se unió al grupo de Olive, Jane e Isabela. Las tres niñas parecían no tener intención de irse a dormir temprano, muy para el disgusto de Rose, ya que tenían demasiadas ideas y teorías en la cabeza como para dejar escapar un solo minuto. La pelirroja debía de admitir que las más descabelladas ocurrencias por parte de Jane a veces sonaban tan verosímiles que debía detenerse un segundo a analizar la información que le estaban brindando. Por su parte los chicos se encontraron con un ambiente similar en los dormitorios, donde David, Horace y Samuel compartían puntos de vista
-Cuando mis padres eran estudiantes, hubo unos ataques similares — contó Horace.
— ¡Ya lo recuerdo, a mí también me la contaron! — Exclamó David — ¡La leyenda de la cámara de los secretos!
— ¿No estuvo tu padre involucrado en eso, Al? — Le llamó Samuel. Albus gruñó por lo bajo, sólo Scorpius pudo escucharlo, por lo que le lanzó una mirada de apoyo, pues sabía lo mucho que le desagradaba que le hicieran preguntas sobre su padre.
— Sí, también mi madre y mi tío Ron, el padre de Rose — Explicó el pelinegro.
— Mi madre me contó de que cuando empezaron los ataques, apareció una inscripción en el muro que da a los baños del segundo piso, la cual estaba escrita con sangre — prosiguió David con emoción —, decía la cámara de los secretos ha sido abierta enemigos del heredero temed.
— Pero ahora no ha habido ningún mensaje — Señaló Horace. —, solo una marca en el cielo, como la marca tenebrosa.
— Ya pero, ¿y si esto fuera parte de otra leyenda? — Dijo con emoción David
. — mi madre me contó que los de Hufflepuff también tienen una historia, no es una cámara secreta, pero tampoco está vinculada del todo con Helga Hufflepuff.
Albus frunció el ceño y pregunto — ¿Entonces por qué es de Hufflepuff?
— Porque data de la misma época en la que Helga Hufflepuff enseñaba en Hogwarts con el resto de los fundadores, mucho tiempo después de que Slytherin abandonara el castillo — Explicó el niño, cuyo ojos azules brillaban como dos zafiros por ser el centro de la atención.
— ¿Qué dice la leyenda? — Preguntó Samuel a David con intriga.
— Cuentan que hace unos mil años aproximadamente, existió una alumna de Hufflepuff que logró engañar a Merlín, la mujer era amiga de varias arpías, por lo que adquirió conocimientos mágicos que pasaron desapercibidos para nuestro héroe.
La bruja ayudó a varias a lograr su cometido a cambio de la fórmula para la juventud.
— ¿Es como la piedra filosofal? — Preguntó en voz alta Albus, a decir verdad la historia comenzaba a intrigarle, David negó con la cabeza.
— Hay distintas formas para poseer la inmortalidad, o al menos eso señalan distintas historias y leyendas, en esta lo único que tenía que hacer la mujer era poder conseguir el alma de doce jóvenes brujas, si lograba su cometido antes de la medianoche sería guapa y joven por un periodo de cien años, de lo contrario permanecería encerrada en una torre marchita y casi sin vida, en lo que podría ser un sueño eterno, solo hasta que un hechicero la despierte — Contó David —, lo que la impulsará a tratar de lograr su cometido nuevamente. En la leyenda original, el mago del que les hablaba se dio cuenta un poco tarde de lo que planeaba la bruja y esta lo debilitó apresándolo en una cueva, pero ella no contaba con que el mago tuviese aliados, entre ellos un fraile, quien logró detener a la bruja junto a unos caballeros de la mesa redonda.
— Sir Gawain y Sir Percival — Dijo Scorpius con la voz algo quebrada.
David lo miró con sorpresa y le dijo — Sí, ellos dos, ¿a ti también te contaron la historia, Scor?
— Algo así — Le respondió, a tiempo para lanzarle una mirada significativa a Albus, para darle a entender que debía hablar más tarde después de todo él tenía un libro que podía darles respuestas.
— ¿Cómo es que se despierta a esa bruja? — Preguntó Horace
— ¡He ahí el quid de la cuestión! — Saltó David — Nadie sabe a ciencia cierta, pero muchos hablan de algo que se conoce como la antorcha de llamas verdes, la cual solo un joven virgen puede encender.
— ¿No creerán que esto ha sucedido aquí en Hogwarts, cierto? — Les miró Samuel
— Eso es lo que cuenta la leyenda, se supone además que las niñas a las que quiso robar fueron alumnas de Hogwarts y algunas del pueblo de Hogsmeade, que en aquella época era más para viviendas familiares — Añadió David, mientras intentaba, en vano, suprimir un bostezo —. Igualmente a veces es mejor preguntarle a un profesor, ello saben más de estas cosas…
Los chicos comenzaron a hablar de las clases y los profesores, esperaban que el profesor Flitwick no fuera reemplazado, pero no veían un motivo por el que no fuera así. Mientras tanto, Scorpius aprovechó para sacar el grueso libro que sus abuelos le habían regalado y se puso a buscar la historia de los caballeros de la mesa redonda, encontrándose, en efecto, con la leyenda de la Antorcha de la Llama Verde. Con una sensación de vértigo, Scorpius se metió a la cama, prometiéndose que a la siguiente mañana les contaría sus hallazgos a sus dos amigos, ya que estaba seguro de que juntos podrían encontrar la forma de recolectar más información y averiguar si alguien efectivamente había encendido una antorcha mágica. Si bien los planes de los tres chicos, una vez que Scorpius los hubo puesto al tanto, había sido entrar en la biblioteca, sus intentos fueron frustrados porque con capa de invisibilidad o no,
había demasiados profesores haciendo guardia en los pasillos como para que pudieran regresar a la biblioteca y buscar aquél extraño libro de la sección prohibida, en pos de encontrar algo que les confirmara la existencia de la antorcha y la bruja, que si bien estaba escrita en el libro de los abuelos de Scorpius, no había ninguna otra referencia para poder decir a ciencia exacta si todo aquello que había contado David Goldstein la noche anterior fuera cierto. Además que ni Rose, ni Scorpius habían encontrado nada similar en sus copias de “Historia de Hogwarts”, donde hasta aparecía una breve mención de la cámara de los secretos.
— Debe ser porque es vergonzoso imaginar a un Hufflepuff siendo malo. Algo tonto si me lo preguntan, después de todo según lo que nos han contado nuestros padres, un Slytherin puede ser valiente, un Ravenclaw puede ser un inepto y un Gryffindor puede ser un traidor-Dijo Albus
— Claro, hasta ahora era la única casa sin fallas — Sonrió Scorpius con arrogancia
—. Imagínense a un tejón con colmillos de serpiente. Y hablando de cosas inverosímiles, el otro día cuando fuimos a ya saben dónde, con ya saben qué cosa Rose volvió a rodar las ojos provocando la risa de Albus, Scorpius los miró mal
— Ahora no les cuento.
— No, no — Se apresuró a decir Albus —, continua, por favor.
— Bueno, como iba diciendo antes de que me interrumpieran. El otro día encontré un libro sobre cómo volverse animago. A mi me gustaría ser un dragón como mi padre
— Mi abuelo y sus amigos también eran animagos según mi padre eran ilegales porque nadie sabía que lo eran-Comento Albus sonriendo
— ¿Alguien más en tu familia es animago?-Pregunto Scorpius
— No que yo sepa, Teddy es metamorfamago pero eso es por parte de su madre aunque le gusta la comida poco hecha especialmente la carne y si hay luna llena sabes que no debes molestarlo, puede tornarse muy agresivo — Contestó el moreno.
— Eso es porque su padre era un hombre lobo-Señalo Rose.-, lo mismo pasa con mis primos Victoire, Dominique y Louis, pero eso es porque al tío Bill lo mordió un hombre lobo cuando no había luna llena, además de que tía Fleur es una cuarta veela .
— Sería demasiado guay tener el poder de convertirse en un animal — Susurró luego de unos segundos Albus, quien parecía estar soñando con la idea —, ¿se imaginan?…
— Por mí no habría ningún problema — Contestó Scorpius.
— Significaría meternos en mil problemas — Comenzó Rose — .Así que acepto .
Albus y Scorpius la miraron sorprendidos — ¿Qué?, ¡A mí también me gustaría poder convertirme en un animal bonito! — Se defendió la pelirroja —. Además, ¿quién más que yo para cuidar que ustedes dos no hagan tonterías?.
— Entonces, digamos que nos ponemos a averiguar la forma de transformarnos — Dijo Albus —, yo propongo que sea después de que se solucionen todas estas cosas de los ataques y que hayamos aprendido un poco más en Transformaciones, ya que según lo que dijo el profesor Nott, esa es magia muy avanzada.
— En eso estoy de acuerdo, esto es algo que unos chicos de primero no podríamos hacer — Observó Rose —, pero podríamos ir investigando, así quizá llegaríamos a ser los animagos más jóvenes de la historia.
Albus sonrió de oreja a oreja, pensando en las posibilidades que les traería el convertirse en animagos.
— Trato hecho, entonces — Finalizó Scorpius —, por lo demás solo nos queda esperar y ver que se solucionen las cosas, ya que al fin y al cabo solo han sido dos chicas las que han sido atacadas y en la leyenda dice que deberían ser doce, ¿No?
— Esperemos que no haya más ataques, entonces — Murmuró Rose —. Aunque no creo que sea por una tontería como la que dicen, ¿creen que de ser así, no se sabría ya que es una arpía la que está detrás de todo esto?
— Pero Rose, es por eso mismo que la arpía obra de la manera en que lo está haciendo — Le explicó Scorpius —, tú misma lo acabas de leer en el libro de mis abuelos.
— En el que solo mencionan de pasada una antorcha con destellos verdes y nada más — le recordó la pelirroja, que no estaba muy convencida de creer la leyenda que David les había contado a su primo y a su amigo.
— En ese caso deberíamos ahondar más en los otros detalles como por ejemplo, el hecho de que hayan estado involucrados los caballeros de la mesa redonda.
— ¿Realmente crees que hayan estado involucrados? — Le miró con ironía Rose
—, esto pasó hace tantos siglos que bien pudo haber sido cualquier caballero y cualquier mago el involucrado, por algo se llaman “leyendas” — Finalizó la pelirroja con sarcasmo en la voz.
— Entonces, ¿qué sugieres, Weasley? ¡Los que han vivido en esa era están todos muertos! — exclamó el rubio — ¿Quieres que vayamos en busca de un esqueleto para preguntarle?
— Eso sería buena idea — Susurró Albus.-Digo, tenemos muchos fantasmas en el colegio, ¿no?. Estoy seguro de que alguno debe de saber sobre todo esto.
Tanto Rose como Scorpius no podían creer que Albus hubiera propuesto algo tan simple y sencillo, pero certero, como aquello. Ambos debieron admitir que a veces podía mediar las cosas entre ellos de mejor forma que el Wizengamot .
— De acuerdo — Dijo Rose —, entonces mañana buscaremos a Nick Casi Decapitado, él puede que sepa algo.
Scorpius asintió, Albus había comenzado a bostezar, el cansancio del día comenzaba a surtir efecto en los tres Gryffindors ya que la adrenalina que habían tenido hacía un par de horas atrás recorriendo los pasillos bajo la capa de invisibilidad sin ser descubiertos por la barricada de profesores que de pronto parecía haber por todo Hogwarts, había disminuido considerablemente. Además de que el calor de la chimenea contribuía con su estado de agotamiento tras una sesión de riñas y argumentos sobre lo que podría ser real y lo que no. Los tres se despidieron nuevamente, acordando que a la mañana siguiente seguirían con la búsqueda de información. La cabeza de Albus daba vueltas en cada una de las cosas que habían charlado, por eso, a pesar de tener tanto sueño, casi le fue imposible conseguirlo.
Fue recién entrada la madrugada que logró entrar en los brazos de Morfeo para volver a tener otras de sus pesadillas. A la mañana siguiente los tres se dirigieron al gran comedor en busca del fantasma de Gryffindor, y de paso para que el pelinegro comiera algo. En su trayecto se encontraron con algunas compañeras de Ravenclaw quienes parecían un poco alteradas por lo que había pasado con Hestia Towler y terminado su desayuno dio comienzo la búsqueda de Nick Casi Decapitado. En ningún lugar de los que buscaron, encontraron al fantasma. Era como si se hubiera esfumado, lo extraño era que ninguno de los otros personajes incorpóreos del resto de las casas, incluido Peeves, parecía dar señal alguna de su fantasmagórica existencia. Pasaron parte del día buscando, para regresar a su punto de partida justo para la hora del almuerzo, donde escucharon James decir que los fantasmas se encontraban en uno de los pisos superiores, en un aula abandonada, parecían estar teniendo una reunión. Albus no sabía cómo su hermano podía saber todo aquello cuando ellos lo habían visto en el patio con Fred y Sean haciendo tonterías para despejar el ambiente de tensión que parecía reinar en cada esquina del colegio, lo cual parecía ser un suspiro de alivio para muchos, incluyendo el profesor Longbottom, quien a pesar de echarles la bronca se notaba altamente complacido por que alguien por lo menos pudiera mantener la tranquilidad en el asunto. Los tres amigos se dirigieron al séptimo piso. Albus y Scorpius sintieron un escalofrío al recordar el estado de su exdirectora hacía unos meses atrás. Aquél lugar era demasiado lúgubre para el gusto de los pequeños, a cada paso que avanzaban por el pasillo, la oscuridad y el frío parecían envolver el lugar como el aura de una batalla perdida hacía mucho tiempo.
— No entiendo cómo aún no han remodelado esta parte — Soltó Rose quien comenzaba a sentir que le castañeaban los dientes.
— Puede que aquí sea donde Hagrid nos comentó que querían hacer la sala común para todas las casas — sugirió Scorpius, mientras se frotaba las manos para darse algo de calor. Conforme iban avanzando, la temperatura parecía ir descendiendo cada vez más. Los tres se detuvieron en seco delante de la puerta de un aula abandonada, la cual se encontraba entreabierta y por la cual les llegaba el eco de varios murmullos. Scorpius divisó entre una masa de figuras plateadas a Nick Casi Decapitado, que parecía estar teniendo una discusión acalorada con la Dama Gris, mientras que el Barón Sanguinario observaba la escena atentamente controlando a Peeves, quien se encontraba a su lado. Los tres fantasmas de Hogwarts se encontraban rodeados por otras apariciones espectrales, las cuales ninguno de los tres gryffindors habían visto de antes. Alertado de que probablemente no fueran bienvenidos en aquél lugar, Scorpius les hizo una seña a Rose y a Albus para que se mantuvieran en silencio.
— Tenemos que encontrarle — Escucharon decir a la Dama Gris —, es preciso que nos diga lo que sabe.
— Mi lady, he intentado hablar con él de todas las maneras posibles desde que sucedió lo de la pobre Ariana pero mucho me temo que nuestro buen amigo ha ocultado cosas desde hace milenios — Le dijo Nick con voz firme —, es por eso que he convocado a los presentes para poder ponernos en la búsqueda de la verdad detrás de estos ataques, y tal vez ponerles un fin, ya que no sabemos si será una amenaza para nuestra fantasmal existencia.
Un chillido resonó en la habitación, proveniente de uno de los rincones más alejados, se trataba del fantasma de una chica con lentes y poco agraciada que, para sorpresa de Scorpius, llevaba lo que parecía ser la túnica de Hogwarts.
— Es Myrtle, la llorona — Le susurró Rose —, ella habita en los baños de las chicas del segundo piso.
— ¡Yo no quiero morir de nuevo! — Exclamó la fantasma.
— Mi querida niña — La reprimió la Dama Gris —, debo recordarte que ya todos estamos muertos, no se puede morir de nuevo.
— La ultima vez que hubo ataques no evitaron que mi pobre gorguera también resultara petrificada — Suspiró con irritación el fantasma de Gryffindor.
— Pero, ¿realmente él sabrá de qué va todo este asunto? — Preguntó otro fantasma
— No me queda ninguna duda de que así sea, después de todo, él fue quien mencionó la Antorcha…
Rose contuvo un grito ahogado, no podía dar crédito a lo que escuchaba. A su lado Scorpius la miraba con una sonrisa torcida y en sus ojos había un brillo de triunfo que delataban claramente un mensaje: “te lo dije”.
— Hay que hablar con el fraile entonces.
— Eso es lo que hemos estado diciendo , el problema es que no sabemos a dónde ha ido…-Soltó con tristeza la dama gris.
Un murmullo se extendió por todo el salón. Albus aprovechó el desconcierto de los fantasmas para jalar las túnicas de sus amigos en señal de que debían marcharse, habían averiguado más de lo que se hubieran imaginado.
— La Antorcha existe — Dijo Scorpius serio, pero con un deje de sorpresa en su voz, una vez que estuvieron sentados en la sala común
— Sí, pero el único que sabe de todo esto, está desaparecido — le contestó Albus
—. ¿Cómo no se nos ocurrió hablar con el Fraile Gordo antes?
— Aquí la pregunta realmente sería, ¿dónde podemos encontrar a un fantasma perdido? — Repuso con algo de pesadumbre Rose, quien aún parecía no poder creer que aquella absurda leyenda tuviera algo de verdad en ella.
— Eso no importa demasiado — Scorpius la miró con preocupación .— lo que importa es que sabemos que la amenaza existe y si lo que dice la leyenda es real, la cosa no parará hasta poseer doce niñas.
La mañana del lunes los alumnos de Hogwarts se prepararon para sus clases con total normalidad, o al menos eso era lo que intentaban los profesores. En el aula de transformaciones, Albus, Rose y Scorpius sentían que el ambiente se había tornado algo tenso, incluso los propios Slytherin, con quienes compartían esa clase, parecían algo dudosos, y es que no era para menos, ya que durante la hora del desayuno había corrido el rumor de que el Flitwick iba a poner un reemplazo para su puesto, ya que el nuevo director estaría ocupado con Hannah Longbottom intentando dar una solución para revertir el sueño en el que parecían sumidas Ariana y Hestia. Igualmente todo aquello no bastó para evitar que Goyle, Zabini, Derrick y Flint, fueran los únicos de su casa que se notaban a sus anchas, lo que provocaba gran disconformidad con el resto de sus compañeros. Sin embargo, el profesor Nott intentó hacer caso omiso al estado anímico de sus alumnos y los obligó a seguir practicando con el hechizo para transformar una caja de música en una muñeca, la siguiente clase fue la de historia de la magia, con sus compañeros de Hufflepuff que se veían incluso un poco más atemorizados sobre todo las niñas, y ni la soporífera clase pareció tranquilizarlas. Aquella hora pasó más rápido que otros días, por lo que pronto se encontraron en el aula de encantamientos. Albus había escuchado en los pasillos, de los alumnos de quinto, que sí había un suplente para Flitwick, por lo que estaba algo ansioso por conocer quién ocuparía su lugar.
— Espero que sea buena — Dijo Rose tomando asiento al lado de Albus. Justo en ese momento entró en el aula una bruja castaña de unos 1,55, con gafas cuadradas, de rostro redondo y sus ojos marrones parecían escanear el salón como en busca de algo.
— Buenos días clase , mi nombre es Tracey Davis y seré vuestra nueva profesora de encantamientos. Tengo entendido que a su vez, a partir de ahora la jefa de casa de Ravenclaw será la profesora Harris — Prosiguió la mujer con voz autoritaria
—. El profesor Flitwick me ha solicitado que continuemos con el programa que él tenía con vosotros, al cual sólo le he hecho unas breves modificaciones, ya que creo que es hora de que vean un poco otros hechizos, ya que según sus reportes han perfeccionado los básicos en poco tiempo. Por lo que les pido que abran sus libros en la página 213, comenzaremos con el hechizo Lumos.
El resto de la clase transcurrió rápidamente, para alivió de Albus ese era uno de los hechizos que sabía realizar casi de manera perfecta, por lo que no pudo evitar ruborizarse cuando Davis le felicitó junto a su prima y a Scorpius, quienes parecían ser los únicos que podían mantener la luz en sus varitas sin que tintinearan o saliera de manera tenue.
— No es tan mala — Comentó Scorpius durante el almuerzo —, aunque sus miradas me ponían algo nervioso.
— Así que ya tuvieron clase con la nueva profesora — La voz de James los distrajo momentáneamente de su conversación.
— Sí — Contestó Rose —, no es Flitwick, pero tampoco es tan mala.
— Me han dicho que es tan estricta como Harris y Nott — Bufó Fred —, ¡eso nos dejaría solo con dos profesores medianamente alegres!
— Repito, no ha sido tan mala-Dijo Rose
— Eso es porque a ti te gusta estudiar y no romper las reglas, igualmente nuestra hora de la verdad está por llegar en unos minutos, ya que es nuestra siguiente clase-Dijo su primo James Sirius
— Por cierto — Fred se acercó un poco más y bajando la voz los miró con seriedad
— ¿Han escuchado eso de la leyenda de la Antorcha de las Llamas Verdes?
— ¡No, vosotros también! — Exclamó alterada la pelirroja.
Scorpius la miró con reproche y le dijo — Vamos Rose, si nosotros comprobamos…
— ¡No comprobamos nada, Malfoy! — Le dijo indignada.
— Después de todo lo que escuchamos, sí que eres cabezota, Weasley.
— ¿Ustedes realmente creen que exista tal cosa? — Se apresuró a intervenir Albus.
— No lo sé — Garantizó James —, ya que tenemos una fuente confiable que sabe de los terrenos del castillo y no aparece nada similar a lo que cuentan, pero aun así tampoco figura la cámara de los secretos…
Albus frunció el ceño, ¿en qué podía estar metido James o con quién, que supiera sobre toda la arquitectura de Hogwarts? Sus cavilaciones fueron interrumpidas por gritos de terror provenientes del recibidor. Los alumnos que estaban en el gran comedor, con caras curiosas y asustadas, se levantaron para ir en dirección a donde resonaban las voces. Los primeros en llegar al lugar fueron algunos de primero, por lo que a Albus, Scorpius y Rose no les costó abrirse paso. De las escaleras que daban a las mazmorras, varias alumnas de Slytherin parecían estar horrorizadas.
— ¿Qué ha sucedido? — Le preguntó preocupado Albus a Jane Ackerley, quien parecía haber llegado antes que el resto.
— Un nuevo ataque, esta vez una alumna de quinto de Slytherin.


Última edición por janessi1 el Jue Dic 07, 2017 11:48 am, editado 2 veces
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MensajeTema: capitulo 14 de next generation : nuevos ataques   Mar Ene 21, 2014 4:27 pm

Diario El Profeta
ATAQUES EN HOGWARTS, ¿EL MUNDO MAGICO DE NUEVO EN PELIGRO?
por Rita Skeeter

“En el transcurso de los últimos meses una serie de ataques han tenido lugar en Hogwarts mismos que han sido ocultados al público en general debido al arduo trabajo por parte del ministerio por encubrir las cosas que podrían llevarlo a su quiebre. En esta ocasión los atentados parecen estar siendo dirigido a las alumnas de dicha institución, lo que torna la situación un tanto enervante y tal vez racista, debido a la similitud de la preferencia que antiguos miembros del grupo de los mortífagos, predicaban hasta hace casi dos décadas atrás. Por no añadirle que el escenario de todo esto es donde se llevó a cabo la batalla final de la última guerra mágica. En mayo de este año se cumplen veinte años atrás de que Hogwarts fuera tomado como trinchera de una de las batallas más dolorosas para nuestra comunidad mágica. La caída del señor tenebroso dejo una herida profunda, debido a que la guerra terminó cobrando la vida de demasiados inocentes, entre ellos niños a los que no les quedó ningún otro remedio que luchar porque el asunto se les había ido de las manos a los adultos encargados. Todo aquello tuvo fin antes de que llegara a un extremo fatal donde el presente que hoy conocemos no existiría y fue gracias a Harry Potter que nos salvamos, pero por desgracia un reducido número de seguidores y adeptos del régimen de oscuridad, se dieron a la fuga o quedaron impunes en la causa ante el Wizengamot. Algunos lograron ser apresados con el tiempo, pero hay que recordar que otros aún siguen desaparecidos o incluso se regodean trabajando en el ministerio de magia. Lo curioso de los hechos precedentes, es que el señor Potter estaba al tanto de lo que acontece actualmente bajo el techo encantado de Hogwarts, donde cursan sus dos hijos James y Albus, debido a su puesto como uno de los miembros del consejo escolar. Dicho organismo institucional ha trabajado a la par de profesores y Aurores — presuntamente enviados por el Señor Potter —, para dar con el paradero del responsable de los ataques. “Estamos muy asustados”, declaró un alumno de primero, cuyo nombre no puede ser revelado, “incluso aún después de que nos hayan cambiado de director, los ataques han seguido”. Una situación similar se había vivido veintisiete años atrás en las paredes de la institución, todas ligadas con la legendaria cámara de los secretos y que el difunto Albus Dumbledore, quien por aquel entonces era el director de Hogwarts, se encargó de encubrir por un tiempo poniendo en peligro al alumnado, lo que lo llevó a ser destituido del cargo. En esta ocasión la cadena de ataques se ha dado bajo el cargo de Sybill Trelawney, quien fue reemplazada de manera inmediata y por votación del consejo, dejando así el puesto a Filius Flitwick, aunque la medida parece que no produjo otro resultado, ya que los atentados siguen ocurriendo. Las similitudes con lo que hoy acontece en Hogwarts, son alarmantes; abre heridas que muchos aún no superamos, y por supuesto nos lleva a preguntarnos entonces, después de los años oscuros que vivimos, ¿estamos realmente a salvo?”.
Harry Potter tomo el periódico que tenía en frente suyo y lo lanzo al cesto de basura que se encontraba al lado de su escritorio con algo de enfado. Era obvio que en cualquier momento la prensa especialmente la astuta animaga de Rita Skeeter, se enteraría de lo que estaba pasando, pero él no quería alertar a nadie ni causar un revuelo que, estaba seguro, no tardaría en suceder. Recordó con algo de frustración la reunión que había tenido con Draco Malfoy durante las vacaciones de navidad, intentando, en vano, dar con otra pista que le pudiera ayudar a resolver aquel extraño y entramado camino que se abría ante el mundo mágico nuevamente. Harry no podía dar crédito a lo que Malfoy le había contado, al menos no del todo en su momento, ya que las pruebas que tenía delante le demostraban lo contrario.
-¿Estás completamente seguro de lo que estás diciendo, Malfoy? — el hombre frente a él se había removido inquieto en su asiento frente al escritorio del estudio de su casa.
— No te mentiría con algo así, Potter — Le respondió Draco —, al menos no esta vez.
Ambos se habían contemplado unos segundos en silencio, aquella situación parecía una mala broma que lindaba con asuntos que Harry creía, fervientemente, que serían completamente historia.
— ¿Cuántos son? — Quiso saber, rompiendo por fin el silencio tenso que se había apoderado de la habitación. Draco suspiró, dejando entre ver el cansancio que tenía,
y Harry pudo ver en los ojos del rubio aquél asunto le gustaba todavía menos que a él mismo. Por un momento pudo ponerse en sus zapatos y se dio cuenta de la situación difícil en que los Malfoy se encontrarían de ser reales sus sospechas.
— No llegue a contarlos a todos, pero parecía haber unos cien — Contestó el rubio
— Entre ellos, ¿estaba de tu padre? — Quiso asegurarse Harry.
— Sí, estaba
Nuevamente los ojos grises de Draco se posaron en los verdes de Harry, quien adivino que el rubio buscaba algún tipo de esperanza, que le dijera que todo iba a estar bien y que ellos no tendrían que ver a sus hijos vivir los horrores que habían presenciado cuando tenían sus edades; más aún, después de los ataques que habían ocurrido en Hogwarts, en los que ya eran al menos tres chicas las que se encontraban ocupando una camilla en la enfermería del colegio, donde aún no tenían respuestas sobre lo que las podía haber inducido a lo que parecía ser un sueño profundo. La noticia del segundo ataque había tomado por sorpresa a muchos, acrecentando el descontento dentro de algunos miembros del consejo escolar que mayoritariamente parecían estar influenciados por la exaltación que producía la señora Cho Corner con lo que habían decretado el cambio de directivos a primera hora de la mañana después del segundo ataque; para que luego de informarles a la familia Towler del estado de su hija, Hestia, les llegara al día siguiente la noticia sobre la tercer chica. Se trataba de Sarah Vector, sobrina de la profesora de Aritmancia, Séptima Vector. Harry debía admitir que en un primer momento le había parecido absurda la idea que Draco había planteado, pero aquello había cambiado desde que su antiguo rival de Hogwarts le había brindado información sobre la extraña reunión que habían tenido algunos de los ex seguidores de Voldemort, especialmente los que se habían librado de Azkaban y que aún mantenían contacto con Lucius Malfoy junto a un importante número de magos de procedencia desconocida. Pero por lo que el rubio había logrado averiguar se trataba de un grupo de élite de sangre puras de distintas partes del mundo, en el grupo había al menos cinco magos que parecían ser los líderes — tres mujeres y dos hombres —, de los que lamentablemente no había podido escuchar sus nombres («Llevaban túnicas que no les dejaban ver el rostro, Potter — lo que parecía una escena sacada de los años oscuros que vivimos —. No se quienes sean, pero me dan mala espina»). Pero lo que sí había descubierto era que los cinco procedían de distintas nacionalidades, algo que logró identificar con ayuda de su mujer, Astoria, al escucharles hablar. Una de las mujeres procedía de Egipto, mientras que las otras dos eran de Brasil y Estados Unidos, uno de los hombres era rumano y el otro alemán, siendo la mujer estadounidense la que parecía ser el cabecilla de los cinco. Un dato curioso si tenía en cuenta el mapa que habían elaborado en la oficina de aurores para poder marcar los lugares donde habían sido reportados vestigios de magia negra. Lo curioso de los ataques, si es que estaban ligados con aquella extraña reunión, era que las chicas que habían sido atacadas, antes de haber caído en el sueño profundo, parecían actuar bajo lo que Harry hubiera jurado ser la maldición imperius; más sin embargo, Hananh Longbottom en todos los análisis que les había hecho a las tres adolescentes, no había tenido algún resultado que saltaba que indicara que hubiesen sido atacadas con una de las imperdonables, además de que no parecía haber rastros de poción alguna que indicara que las tres habían ingerido algo que las retenía en aquél extraño estado. Entre de las cosas que había en su escritorio, Harry tomó con cuidado un sobre grueso, donde había fotografías que uno de sus aurores había hecho sobre la evidencia que habían encontrado, era una suerte gracias a la magia pudiera ver a detalle cada uno de ellos, puesto que le llamaba la atención que cada de las chicas una llevaba consigo objetos que ante la simple vista de alguien externo al caso hubiesen sido pasados por alto pero no Harry Potter que en su vida había aprendido de la manera más dura que todo estaba basado en ellos. En el caso del ataque a Ariana Finch-Flecthley se habían encontrado con una bolsa de dulces que en un principio hasta el propio Harry había descartado relevancia alguna al ser atacada en la noche de Halloween por su parte la segunda atacada Hestia Towler había ingerido una manzana en pleno partido de quidditch para luego desplomarse cual muñeca de trapo desde una altura impresionante y Sarah Vector tenia guardada en su túnica una especie de tetera que ningún alumno de Slytherin había reclamado
— ¡Ron, ven un segundo! — Lo llamó luego de un tiempo. Su mejor amigo apareció en la puerta de su despacho en seguida. Había estado en la cocina ayudando a Ginny y a Hermione a vigilar a Hugo y Lily quienes parecían estar tramando alguna broma para su prima Lucy, a quien verían al siguiente día. Las dos familias habían acordado cenar juntas luego de leer el artículo de Rita Skeeter en el Profeta, además de que Hermione había insistido que quería repasar con Harry cada detalle en busca de alguna pista que les diera la solución para despertar a aquellas niñas
— ¿Reconoces este objeto?
— Se parece a una lámpara mágica, de esas que utilizan para engañar a los muggles — Le respondió —, ¿esto estaba en posesión de alguna de ellas?
— Si de la niña Vector.
— Destruimos todos los Horrocruxes , además la cicatriz dejó de dolerte, ¿No?
— No es Voldemort, Ron . Aunque mucho me temo que algunos de los seguidores de él que se nos escaparon están uniendo fuerzas con quien sea que esté detrás de todo esto. Sólo quería que me confirmaras mis sospechas.
— ¿A qué te refieres? — Preguntó el pelirrojo con aire preocupado.
— Llama a Ginny y a Hermione, me parece que he encontrado la conexión entre los ataques y lo que Malfoy descubrió en diciembre.
Mientras en Hogwarts Molly Weasley había terminado de hacer sus deberes del día y en una hora debía reunirse con sus compañeros para hacer el turno de vigilancia hasta la media noche. Sin duda sus deberes como prefecta eran algo pesados, pero era algo que disfrutaba un montón a pesar de las bromas constantes que le hacían sus primos, especialmente de Fred y James.
— Voy a darme un baño antes de empezar con el patrullaje — Anunció a sus amigas cuando terminó de recoger sus cosas. Las chicas asintieron y continuaron con sus cosas, así que ninguna prestó atención cuando Molly Weasley II salió de la sala común de Gryffindor ni mucho menos cuando una sombra rara comenzó a seguirla por todos los pasillos, mezclándose con la oscuridad que la noche traía consigo.
El castillo se encontraba en apariencia desierto, ya la mayoría había regresado del gran comedor hacía unas horas. Por lo que no era de extrañarse que por el camino no hubiera encontrado a nadie.
— Pétalos de rosa — Dijo con voz clara, con lo que la puerta del baño de loa prefectos se abrió de par en par. La pelirroja se adentró y comenzó a preparar las cosas para poder darse un merecido baño en la tina gigantesca pero cuando estaba a punto de hacerlo una luz de la araña tintineó de una manera muy fuerte haciendo que la chica resbalara dentro de la piscina. La pelirroja salió rápidamente a la superficie intentando apartarse el pelo y las burbujas de la cara cuando una voz resonó en el lugar, haciendo que Molly pegara un respingo.
— Doce doncellas su alma añora-
Molly rápidamente salió del agua y exclamo — No sé qué tipo de broma sea esta, pero juro que…
— ¿Sabes? creí que eras la mas prudente y lista de tu familia, me has facilitado el trabajo, y eso es algo que debo recompensarte muy bien.
— ¿De qué hablas? — Intentó preguntar de nuevo Molly, sentía que en su interior una especie de energía se apoderaba de ella, enviándole señales de alarma e instándola a que se girara lentamente y siguiera buscando la procedencia de aquella voz.
-Si lo que buscas son respuestas, te las daré gira a tu derecha cariño.
La pelirroja se volteó para quedar de frente al cuadro de la sirena, el cual seguía tan inmóvil como cuando había entrado, la sirena rápidamente abrió la boca sin emitir ruido alguno y una pequeña luz salía de dentro del cuadro, atrayéndola hacia sí.
Por mucho de que su cabeza le dijera que algo andaba mal, no podía dejar de avanzar hacia el cuadro, en una especie de trance. Molly se detuvo justo delante del cuadro. Los ojos de la sirena brillaron como dos llamas azuladas y la pelirroja sintió que el frío y el cansancio se apoderaban de su cuerpo. Y al final cayo al suelo mientras en el baño una risa maléfica resonaba, dejando dibujado en el suelo, junto a ella, el pentáculo invertido donde en el medio se leía tan claro como el agua una “W”. Minutos mas tarde de lo que paso a Molly la premio anual Nina Lynch se despertó de golpe en la biblioteca, sentía el cuerpo agarrotado y no era para menos, la postura en la que se encontraba no le favorecía en lo más mínimo eso de tener que estudiar para los ÉXTASIS la estaba volviendo loca pero no quería que le pasara lo mismo que en sus TIMOS cuando había quedado por detrás de Victoire Weasley en conseguir el mejor promedio y recordando la rabia que sintió por su fracaso tomó entre sus manos su libro para depositarlo en la sección prohibida. Estaba tan absorta en su tarea de encontrar el lugar de dónde había tomado el libro que no se dio cuenta de que alguien la observaba desde las sombras, hasta que sintió un ruido cerca de la puerta que separaba aquella parte de la biblioteca del resto.
— ¿Hola? — Preguntó en voz alta — ¿Hay alguien ahí?
Nadie respondió y encogiéndose de hombros se dedicó a seguir con su búsqueda, haciendo caso omiso a la sensación que comenzaba a apoderarse de ella. Dejando el tomo en el lugar que correspondía, se apresuró a llegar a la salida de la sección prohibida, más sin embargo la puerta parecía haberse cerrado.
— ¡Alohomora! — Exclamó con rapidez. Intentó abrirla nuevamente, pero no sin ningún éxito. El sonido de una risa le erizó los cabellos de la nuca.
— ¿Quién anda ahí? — Se volteó con la varita en alto.
— Doce doncellas su alma añora — un coro de voces que parecían provenir de las estanterías, alertó aún más a Nina. Su corazón comenzó a latir con demasiada fuerza —. Doce doncellas y ella revivirá, por siempre el reinado tendrá.
— ¿Quién… quién está ahí? —
En ese momento un libro grueso y viejo cayó de una de las estanterías al final del pasillo, abriéndose a la mitad, de él parecía surgir aquella canción que a la Ravenclaw la comenzaba a aterrorizar.
— Doce doncellas, con cabello de fuego, calzadas en zapatitos de cristal, bailan a la par de una música invernal, sus rostros de porcelana, pronto no serán nada. Su vida será dada, entregada a la más temible — Nina vio salir de entre las páginas del grueso tomo, una luz de color azulada, la cual brillaba intensamente, alumbrando su rostro en medio de la oscuridad de la noche, haciendo que olvidara momentáneamente sus pensamientos y temores —. Su reinado pronto llegará y los días de esconderse terminarán. El mundo por fin verá, de lo que la magia es capaz.
Nina Lynch se desplomó en el suelo junto al gran tomo de tapas negras, sumida en un aparente sueño profundo y sobre el ventanal que estaba más cercano al cuerpo de la chica, un pentáculo quedaba gravado con destellos de fuego sobre el vidrio. La “W” del centro refulgía en la negrura. La noticia de los dos ataques fue recibida a la mañana siguiente como un balde de agua helada. Los chicos de primero se notaban temerosos, las chicas inclusive se mantenían todas juntas, sin dejar a ninguna compañera fuera mientras la mayoría de los primos Weasley y los Potter estaban reunidos en la enfermería, tratando de darle ánimos a su tía Audrey, quien sollozaba de manera incontrolable sobre el hombro de su esposo. Louis había ido a buscar a Dominique, ya que al parecer su hermana se había quedado dormida y aún no había bajado a desayunar. Para nadie fue algo extraño que Harry Potter hiciera acto de presencia en aquella escena, ni que estuviera acompañado por Ronald Weasley, quien parecía tener serios problemas para no seguir a su hija a todos los rincones del castillo.
— Si esto continua, me temo que podría ser el fin de Hogwarts — Scorpius frunció el ceño al escuchar a Percy Weasley —. Es incluso peor que cuando la cámara de los secretos se abrió.
— Encontraremos la solución, Percy — Le aseguró Ron Wesley a su hermano.
A Scorpius no se le pasó por alto la mirada de soslayo que le daba el adulto a su hija.
— ¿Han averiguado ya quién está detrás de todo esto? — Quiso saber Audrey, quien por primera vez parecía capaz de mantener una conversación sin lanzarse a llorar.
Fue en ese preciso instante que Louis entró corriendo pálido y temeroso. Los adultos lo miraron presas del pánico.
— Ha… ha vuelto a ocurrir Do-Dominique — Sollozó Louis.-Y no sólo a ella, las hermanas de la chica de primero y la de Towler están siendo trasladadas aquí.
Al escuchar eso último, Harry y Ron salieron disparados fuera de la enfermería y con algo de sigilo Scorpius sospechaba que tal vez su presencia produjera alguna molestia del pasado, en especial si tenían en cuenta quién era su padre. Ni Albus, ni Rose parecieron percatarse de su ausencia, aunque en el fondo sabía que todo aquello estaba poniéndolos nerviosos, sintió que su presencia en aquél lugar estaba de sobra y el hecho de que no lo hubieran visto salir confirmaba su teoría.
— Está pasando de nuevo, Harry — Scorpius se detuvo en seco, la voz de Neville Longbottom lo sacó de sus pensamientos. Escondiéndose entre las sombras de unas armaduras, esperó a que el jefe de la casa de Gryffindor pasara por el pasillo siendo seguido por unos Harry y Ron preocupados. Scorpius se dio cuenta de que los ataques se les estaban yendo de las manos, ya iban ocho chicas las que habían sufrido de aquella extraña maldición y el hecho de que el propio Harry Potter no pudiera impedir que sucedieran denotaba que estaban en un inminente peligro. Las palabras de Percy Weasley resonaron en su mente, «Me temo que podría ser el fin de Hogwarts…».
— Esto es distinto no tiene nada que ver con Voldemort — respondió Harry.
— Pero, es como si estuviera reviviendo nuestro segundo año de nuevo, ¿sabes lo que es ver a tus alumnos temiendo hasta de su sombra y no poder hacer nada ?
— Créeme que entiendo tu frustración, ¿piensas que no temo por Rose? — soltó el pelirrojo — ¡Por Merlín, mis propias sobrinas han sido atacadas! ¿Crees que el hecho de que ella sea mi hija impide que algo le llegue a pasar? .
— Creemos que Malfoy estaba en lo cierto.
Scorpius aguzó el oído, ¿había imaginado que Harry Potter lo había nombrado?
— ¿Qué cosa? — Preguntó con algo de sorpresa el profesor Longbottom.
— Durante las fiestas, él y su mujer fueron a hacer una misión encubierta — Admitió Harry. El pequeño Malfoy tuvo que hacer un esfuerzo para contener el aliento.
¿Sus padres habían estado trabajando para descubrir quién estaba detrás de aquello? Sintió que un peso se aligeraba de sus hombros, pero aquello no evitaba que se sintiera frustrado por que no le hubieran hablado con la verdad. Incluso el propio Archie no sabía a dónde habían ido, y eso que él había estado preguntándole al pobre elfo sin parar. Se sentía algo estúpido luego de conocer aquella verdad.
— ¿Qué descubrieron, Harry? — Neville se mantenía estoico pero algo en sus ojos parecía delatar el bullicio de emociones que tenía en el interior.
— Hay un grupo que está adquiriendo adeptos, no sabemos a ciencia cierta si tienen que ver o no con los ataques pero las pistas indican que estamos en la dirección correcta. A cada una de las niñas se le encontró con algo al lado durante los ataques y pensando en nuestro segundo año, recordé que hasta el mínimo detalle vale — Explicó Harry —. Llámame loco pero creo que estamos ante un grupo que cree acerca del lado real de los cuentos muggles.
— ¿Cuentos muggles? — Repitió algo confundido Neville.
— Lo mismo pregunté yo, — Soltó Ron —. Pero hasta Hermione apoya la teoría. Cada una fue descubierta con un detalle similar al que figuran en algunos de los llamados cuentos de hadas — al ver que su amigo no parecía entender a qué se refería, prosiguió con su explicación —. Por ejemplo, existe un cuento llamado Blanca Nieves, en donde la protagonista es atacada por una bruja por su hermosura, ella la induce a un sueño profundo a través de una manzana envenenada. Hestia Towler se desmayó luego de comer una manzana , la hija de Susan Bones fue encontrada con una bolsa de caramelos y hay un viejo cuento muggle sobre dos niños que son atrapados por una bruja por medio de dulces. Molly fue encontrada al lado del cuadro de la sirena del baño de prefectos y según Hermione hay una historia sobre una sirena y un marinero y la otra chica, la de Slytherin tiene conexión con las cien y una…
— Las mil y una Noches — Le corrigió Harry —, con el cuento del genio de la lámpara mágica. Al igual que apuesto que el resto tiene algún objeto similar.
— Pero, ¿cuál es la finalidad? — Preguntó Neville.
— Eso es lo que estamos tratando de averiguar.
Scorpius frunció el ceño, a su mente acudieron las palabras de los fantasmas del castillo y la clase sobre las arpías de defensa contra las artes oscuras. Esperando a que los adultos prosiguieran con su viaje hacia lo que parecía ser el despacho del director, el rubio maquinó una lista metal sobre las cosas que debía de hacer porque, tal vez, podría descubrir qué estaba ocurriendo y así prevenir que cerraran Hogwarts. Pero para poder lograrlo debía encontrar al fantasma de la casa de Hufflepuff.


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MensajeTema: capitulo 15 de nexte generation : el lamento del fraile   Mar Ene 21, 2014 4:36 pm

— ¡SCORPIUS HYPERION MALFOY! — la voz de Rose Weasley resonó por toda la sala común, haciendo que varios de sus compañeros de distintos cursos giraran sus cabezas en su dirección. El rubio, quien hasta hacía unos minutos atrás había estado entretenido planeando con Albus la mejor manera de pedirle a James que les dijera el paradero del fantasma de Hufflepuff, volteó a ver horrorizado a su mejor amiga, quien lo miraba cual toro encabritado y detrás de ella una muy apenada Jane Ackerley le saludó con timidez. Scorpius gruñó por lo bajo, esa parte de su plan se había ido al traste. Todo en un comienzo había resultado sencillo, desde que el patrullaje en todo el colegio se había vuelto intenso, Scorpius había intuido que aquello no iba a impedir que quien estuviese detrás de los ataques siguiera con su curso. Con Albus habían llegado a la conclusión, que tal vez habían hecho mal en descartar la posibilidad sobre la factibilidad de la profecía de su antigua directora.
— Todo encaja — Dijo Scorpius —, esto ya ha ocurrido antes y el Fraile Gordo ha sido testigo de ello.
— Entonces, ¿esta bruja o arpía, o lo que sea está buscando doce chicas pelirrojas? — Cuestionó Albus
— Exacto.
— Pero, ¿por qué pelirrojas y no morenas, rubias o castañas?
— Trelawney dijo algo así como que esto ocurrió hace un centenar de años atrás,
¿No es así?. Bien pues, he estado pensando que si esto se remonta a la época del Fraile Gordo, eso quiere decir que sería alrededor del año mil cien si no es que un poco menos, en pleno inicio de la Edad Media.
— ¿Y qué tiene que ver con que sean pelirrojas?
— ¿Es que acaso nunca lees, Potter?. En aquella época se consideraba que los pelirrojos eran personas con alto poder mágico, y posiblemente esta fuerza debe estar pensando en esa misma dirección, de ahí que todas sean pelirrojas.
— ¿Por qué mujeres?
Scorpius frunció el cejo, no había pensado en eso. Sus ojos vagaron por la biblioteca, el lugar donde se habían reunido a escondidas de Rose, en busca de algo que le diera aquella respuesta. Sus ojos grises se posaron por un momento en el enorme ventanal por el cual podían ver los terrenos de Hogwarts. La primavera estaba a punto de llegar y el pasto verde comenzaba a florecer, junto con un montón de flores silvestres que adornaban el paisaje, embelleciendo todo a su paso.
— Eso es — Murmuró — ¡La belleza!
— ¿Perdón? — Albus por un momento pensó que a su amigo le había dado un ataque.
— La belleza Albus — Comenzó a explicar el rubio —, antiguamente las mujeres vírgenes eran símbolo de belleza y poder.
— Entonces esa cosa, lo que busca es poder y belleza eterna.
Scorpius asintió.
— ¿Cómo lo detendremos?-Pregunto Albus
— Debemos buscar al Fraile, él debe saber qué pasó y como se detuvo aquella vez.
— James puede ayudarnos, recuerda que fue él quien nos dijo dónde encontrar a los fantasmas aquella vez. Y debemos mantener a Rose alejada de esto — añadió.
— Eso déjamelo a mí, Potter — Le sonrió el rubio. Como era natural, aquel plan había fallado completamente, de lo contrario Rose no estaría a punto de hechizarlo, ni Jane tendría aquella cara de inocencia fingida. Scorpius le dedicó una mirada reprobatoria, se suponía que debía seguirla sigilosamente y no decir, bajo ningún concepto, que todo aquello había sido obra suya.
— ¡Weasley! — sonrió con algo de diversión, intentando por todos los medios de que su amiga no lo hechizara — ¿A qué se debe tan agradable entrada?
—¡ No te hagas el tonto, Malfoy¡ — chilló la niña —. Sé que has estado vigilándome.
— ¿A sí? — le preguntó este con algo de incredulidad en la voz — ¿Y, se puede saber, por qué motivo crees que haría semejante cosa?
Albus quiso patear a Scorpius en ese momento, había metido la pata y en grande.
A veces le recordaba a su tío Ron. Por un momento el rubio creyó ver en los ojos de Rose un poco de dolor y vergüenza, haciendo que internamente se sintiera culpable debido a lo que acababa de decir. Era como si le dijese que no le importaba en lo absoluto, cuando era todo lo contrario.
— Yo… — Rose comenzó a balbucear, sus ojos recorrieron la sala común, que para su sorpresa estaba casi llena. Sintió sus mejillas arder aún más, pero esta vez presa de la humillación, ¿qué se suponía que debía de decirle? ¡Era él quien había mandado a Jane a seguirla y aún tenía el valor de negarlo! — Entonces, ¿por qué has mandado a Jane a seguirme?
— Yo no mandé a nadie a seguirte — le respondió rápidamente y girándose hacia Jane le preguntó —, ¿o es que acaso Ackerley dice lo contrario?
Los ojos de la rubia se abrieron de par en par. Scorpius con una mirada fugaz le transmitió una súplica silenciosa, era imperioso que Rose creyera que no era así para que se mantuviera a salvo.
— Yo nunca dije que te siguiera por orden de nadie — Dijo con voz susurrante Jane. Scorpius suspiró aliviado
—. Simplemente te seguía para pedirte la tarea — Finalizó Ackerley. La pelirroja no podía dar crédito a lo que escuchaba cuando había visto a Jane escondiéndose entre las sombras de una armadura siguiéndola, había sospechado que Scorpius la había mandado, después de todo había pescado a su rubio amigo intentando escabullirse en los pasillos siguiéndola muy de cerca a todas horas, pero aquello había parado cuando ella misma lo había pescado sin decirle nada. Había creído que Jane era su enviada luego de aquél fracaso. Sintió como lentamente sus ojos comenzaban a arderle, su vista se empañaba, sin duda tenía ganas de llorar por la vergüenza, pero se contuvo. Realmente había creído que, tal vez, Scorpius estuviera preocupado por ella. Le dolía haberse equivocado y sin decir una palabra se fue hacia los dormitorios de las chicas, dejando atrás a la multitud de Gryffindors mirones que sin duda hablarían de aquella escena durante semanas. Luego de que Rose desapareciera por el rellano de las escaleras, Scorpius soltó un suspiro .
— ¿Qué están mirando? — Espetó al ver que aún tenía audiencia.
Jane parecía a punto de querer salir corriendo.
— Ackerley se suponía que debías hacerlo sigilosamente — Le regañó Scorpius.
— Así que sí mandaste a Jane a seguir a mi prima — La voz de James los hizo pegar un respingo.
— ¡Por Merlín, Potter! — Se quejó Scorpius —, ¡por supuesto que la mandé seguir!
— ¿Te gusta mi prima? — Cuestiono algo contrariado Fred Weasley.
— No — Soltó con algo de brusquedad —, sólo intento que no le pase nada.
El ambiente se tornó frío, los ojos de James se cristalizaron, sin duda jamás se les había ocurrido que aquello había sido para proteger a Rose de aquella amenaza que rondaba en el castillo y que había dejado a Molly y a Dominique en estado vegetativo.
— Pues tu plan ha fracasado, hombre — Sean intentó verle el lado gracioso a aquello
— Jane ya no puede vigilarla — Le secundó Albus —, se enfadaría más contigo y es probable que Jane termine con un moco-murciélago.
— Puedo decirle a Olive que me ayude — Ofreció Jane sin convicción —, aunque no creo que se trague que la seguimos por tarea, no esta vez.
— Intenten sólo no perderle el ojo — Pidió James, luego de unos segundos en los que estaba analizando la situación —. Y ante cualquier cosa extraña, avísenos.
Jane asintió solemne si había accedido a ayudar a Scorpius y a Albus era porque consideraba a Rose como una amiga, aunque no compartieran mucho le había tomado estima y no quería que nada malo le pasara. Luego de que los cinco acordaran un nuevo plan para mantener a Rose vigilada sin levantar de nuevo sospechas, Jane se alejó para mantener al tanto al resto de sus compañeras de cuarto por lo que Albus aprovechó para abordar a su hermano sobre la siguiente parte de la misión ya se estaban acercando las vacaciones de pascua y debían encontrar al Fraile gordo
— Oye, James — Lo llamó Albus — ¿recuerdas aquél día cuando estábamos buscando a Nick Casi-Decapitado?
— Sí, ¿qué con ello?
— Eh… bueno, nos estábamos preguntando si — Scorpius lo miró para infundirle apoyo —, si tal vez podrías consultar con tus fuentes sobre el paradero del Fraile.
— ¿El fantasma de Hufflepuff? — Preguntó Fred — ¿Para qué lo queréis?
— Esto… nosotros…
— Nos han dejado una tarea en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras sobre los fantasmas, ya hemos tenido las declaraciones de todos, sólo nos falta el Fraile porque el Barón Sanguinario nunca nos respondería nada — Se apresuró a intervenir Scorpius. James frunció el ceño por un momento ambos amigos temieron que el chico no se hubiera tragado sus mentiras, hasta que Fred soltó una risa irónica.
— Así que Farley les ha dejado entrevistar a los fantasmas del colegio, de nuevo.
— A nosotros también nos dejó aquella tarea en nuestro primer año — Le explicó James con algo de gracia —, hay veces en las que nuestros profesores son tan predecibles sin duda en su examen final entrarán las mismas cosas que en los nuestros, así que deben estudiar sobre las arpías y los fantasmas
— Lo consultaremos y les avisaremos — Dijo Fred — , aunque parece que el fantasma últimamente parece borrado del mapa — añadió más para sí, aunque Albus lo escuchó y decidió que era mejor no comentar nada, comenzaba a tener la sospecha de saber qué era la fuente de James —. En cuanto sepamos su paradero, les diremos.
Albus asintió en señal de gratitud. Ahora solo les quedaba esperar y rogar a que todo terminara pronto. Las vacaciones de Pascua comenzaron de manera relativamente tranquila, después de los ataques en masa hacía unas semanas atrás las cosas había ido tranquilizándose un poco, aunque los adultos presentían que esa calma era la que precedería a una horrible tormenta que se acercaba silenciosamente, penetrando los muros de piedra de Hogwarts a cada segundo del reloj. Los Weasley decidieron quedarse en el castillo, visitaban casi a diario a sus primas en la enfermería, dándoles apoyo moral a los miembros afectados de sus familias y esperando, como el resto, que pronto hubiera una mejoría en cada una de las chicas. Por su parte Rose seguía sin querer hablarle a Scorpius y este había decidido quedarse en Hogwarts para mantener un ojo en Rose, no es de que fuera un paranoico pero sabía que debía estar alerta por cualquier cosa, después de todo, si su padre había pillado a su abuelo en aquella extraña reunión de magos, eso quería decir que era un asunto serio.
— ¿No crees que sería justo, al menos decirle a Rose? — Le susurró Albus aquella mañana mientras se encontraban disfrutando de su último día de vacaciones bajo la sombra de uno de los árboles que lindaban con el bosque prohibido
— No creo que sea buena idea , ya ves lo poco que cree que realmente sea una fuerza milenaria la que está atacando en el castillo. Sigue pensando que es un viejo truco para poder molestar al ministerio de magia.
— Creo que sé que más hay detrás de todo esto —. Dijo con emoción Albus
— ¿A qué te refieres? — Le preguntó el rubio mientras se levantaba, limpiándose la ropa de todo rastro de suciedad
— Aún no puedo creer lo tonto que he sido, todo este tiempo pensando en tonterías…
El pelinegro se lanzó rápidamente hacia la entrada del castillo. Scorpius le siguió con algo de preocupación, no entendía nada de lo que Albus quería decir para su sorpresa, tuvo su respuesta una vez que ambos estuvieron dentro de la Biblioteca, la cual estaba ocupada, en su mayoría, por alumnos de quinto y séptimo, aunque no eran tantos como los que estaban afuera disfrutando del aire natural.
— ¿Me has sacado de mi último día de vacaciones para venir a la biblioteca? — Se quejó el rubio — ¿Es que acaso no te he traído muy seguido en los últimos días?
Albus hizo caso omiso y se dedicó a buscar en los estantes aquello que, en un principio, le había parecido descabellado pero ahora, bajo una nueva luz, no le parecía tanto. Encontró lo que buscaba en unos estantes alejados, muy cercanos a la Sección Prohibida y que sin duda era un libro de magia muy avanzada.
— ¿Qué es eso? — Scorpius que miraba por sobre el hombro de su amigo, alcanzó a leer el título de aquél enorme tomo que rezaba «La Magia de la Mente: El arte de la magia sin varita». Albus se sentó en un mesa vacía cercana, en el índice buscó lo que creía imposible pero que ahora cobraba sentido.
— En el verano pasado he tenido una especie de encuentro extraño con una serpiente — le contó, cuidando que nadie estuviera cerca como para escucharle. Scorpius se sentó al lado de su amigo, indicando así que tenía toda su atención —. Por un momento pensé que podía hablar pársel, pero Rose tenía la teoría de que como era la única serpiente con la que aparentemente podía hablar, algo malo había en ella.
— ¿En serio era la misma? Porque sería demasiado guay si supieras hablar pársel.
— Nunca antes había podido hacer una cosa así y sólo ha sido dos veces con un ejemplar de boa constrictor, que se encontraba en el bosque lindante al jardín de mis abuelos en La Madriguera.
— Pero entonces, si no hablas pársel, ¿Cómo pudiste hablar con ella? —
— ¡Es que nunca hablé con ella! — Sonrió triunfante el ojiverde — El otro día en la última clase de Farley, él dijo que había muchas formas de poder atacar a las personas, la más peligrosa era la magia elaborada mentalmente, sin el uso de varitas y dio algunos ejemplos como la Legilimancia y la Oclumancia.
— ¿Estas sugiriendo que una serpiente utilizó algo así como la Legilimancia invertida? ¿A caso te has vuelto demente? — Soltó Scorpius — Las serpientes no son seres mágicos por sí solas.
El chico rodó los ojos, a veces Scorpius era brillante, pero en otras ocasiones parecía más tonto que sus primas terceras Ágata y Sophie Dursley.
— No era una serpiente cualquiera — Le contestó —. Si mi teoría es cierta, entonces no era una serpiente para nada.
Con agilidad comenzó a mover las páginas del libro hasta llegar a la parte donde se encontraban detalladas la Legilimancia y la Oclumancia, seguida por un tipo de magia que hizo que a Albus se le iluminara el rostro con una sonrisa.
— ¡Eureka! Ya lo tengo, telemancia disciplina que se encarga de estudiar el arte de transferir pensamientos o sentimientos entre individuos a través de la mente, los magos que dominan estos estudios, inclusive, son capaces de poder elaborar magia a larga distancia (aunque se ha considerado que los límites de la misma corresponden sólo a unos pocos kilómetros de la mente de la persona a la que se intenta llegar).
La telemancia por sí sola, comprende así, los estudios que varios conocen como telepatía y telequinesia. Su estudio requiere un nivel muy avanzado…¿Y bien? ¿Qué opinas?-Le pregunto Albus
— Aun no entiendo como una serpiente…
— No era una serpiente — Le interrumpió provocando que el rubio lo mirara como si su salud mental estuviera en peligro —. ¿Y si se trataba de un animago?
— Entonces lo que sea que haya atacado a tus dos primas es altamente peligroso.
Por eso hay que encontrar ya a ese condenado fantasma… — Murmuró Scorpius
— Esta noche hablaré con James, y le diré la verdad creo que es la mejor alternativa .
— Sí, de acuerdo — Asintió el rubio. Aunque no se sentía del todo convencido de que James, Fred y Sean se inmiscuyeran en ese asunto. Tal vez se tratara de un sentimiento egoísta, pero sentía que aquellos tres amigos eran más dignos para hacer travesuras que para solucionar problemas. Albus aún no podía creer que tal vez su teoría fuera cierta. Se sentía aliviado por no ser capaz de hablar pársel, pero igualmente se sentía algo desilusionado, porque bien aquello podría haber significado que tenía un don distinto al de sus hermanos, algo que lo hacía casi tan magnífico como su padre ya que quería sobresalir, por eso cuando aquella noche se acercó a hablar con James, sólo le contó la mitad de las cosas. Sabía que si hacía lo contrario, su hermano podía acabar adjudicándose la gloria que por derecho le correspondía.
— Entonces han estado averiguando sobre esa cosa. — James soltó aquello como si se tratara de algo asqueroso.
— Así es — Confirmó Albus —, por eso necesitamos hablar con el Fraile Gordo.
— ¿En serio creen que el viejo fantasma sea la clave para desenmascarar al responsable? — Preguntó Sean algo anonado, a su lado Fred miraba por la ventana de manera pensativa.
— Es la única explicación lógica para…
— Así que por eso es que has intentado alejar a mi primita de ustedes — Lo cortó Fred. Scorpius sintió sus mejillas arder y dijo apenado — Algo así.
Los tres chicos de tercero soltaron una sonora carcajada.
— ¡Son peores que tío Ron y tía Hermione! — Rió James.
— No sé a qué te refieras, pero si no te has dado cuenta con todo lo que te hemos informado, el hecho de que Rose nos acompañe lo haría todo más difícil para ella.
James guardó silencio, soltando un suspiro se rascó la nuca, despeinando su oscura melena en el proceso, y lo miró fijamente.
— El tema es que no hay rastro del fantasma.
— ¿Cómo es eso posible? — Preguntó Albus un tanto alarmado.
— Nuestra fuente sólo abarca…, digo, sólo conoce ciertas partes del castillo, hay otras que quedan fuera de su… límite o campo de conocimiento — Explicó Fred.
— ¿Y eso qué tiene que ver?
— Pues hermanito, puede que el fantasma haya decidido esconderse en cuatro posibles lugares — le explicó James.
— ¿Saben dónde están esos otros lugares? — Quiso saber Scorpius.
— Así es, Malfoy – Le respondió James —. Pero sólo les diremos con una condición.
— ¿Cuál? — Se apresuró a preguntar Albus.
— Iremos con vosotros — Finalizó Fred. Los dos amigos se miraron con preocupación. Después de unos segundos en donde parecieron comunicarse sus dudas sólo con la mirada, Albus suspiró derrotado. A lo que Scorpius sólo pudo responder:
— De acuerdo, Potter — tendiéndole la mano para cerrar el pacto para luego añadir: —. Eso sí, a la primera que utilicen estas excursiones para generar caos, serán sacados de la expedición
— Mis primas están en una camilla en un estado casi vegetativo, ¿y todavía piensas que seríamos capaces de tramar algo loco mientras buscamos respuestas sobre qué podría haberlas atacado? — Scorpius le devolvió la mirada, James sólo rodó los ojos
—. De acuerdo, de acuerdo. Trato hecho.
La primera semana luego de las vacaciones de Pascua, fue un suplicio para los alumnos de todas las edades. Los profesores se pusieron demasiado exigentes cuando de entregar trabajos y tareas se trataba, e incluso el profesor Krum se mostró más duro con sus alumnos. Las clases de entrenamiento físico dejaban a todos exhaustos.
Horas mas tarde Scorpius y Albus habían quedado con James, Fred y Sean para ir en búsqueda del fraile el gordo
— Travesura y sortilegio — Murmuró la voz de Albus en la semioscuridad de la sala
— No estoy muy seguro de esto — Escuchó Albus decir a Fred.
— No tiene nada de malo, es sólo Al y…
— Travesura y sortilegio — Repitió Albus, sabiendo que si no detenía esa línea de pensamiento de James, probablemente incomodaría a Scorpius. A pesar de que su hermano mayor ya había aceptado que Scorpius Malfoy era su mejor amigo, eso no quitaba que aún tuviera los mismos prejuicios que parecían rondar por la mente de su tío Ron. No por nada su tío favorito era el padrino de James.
— ¡Oh, ya están aquí! — Sean se detuvo justo enfrente de ellos. Scorpius se removió algo inquieto, no era tonto y sabía que estaban hablando, una vez más, de su amistad entre él y Albus.
— ¿Esperaron demasiado? — Quiso saber Fred.
— Lo suficiente como para decir que tardan tanto como Rose — Bromeó Scorpius, tratando de aliviar un poco la tensión del ambiente.
— Tampoco tardamos tanto — Se quejó Sean —, fue culpa de que nuestros compañeros decidieron quedarse hablando un poco más de la cuenta.
— Por no decir que te habías quedado roncando cual troll, Finnigan. — Añadió James
— Bueno, basta de tonterias y empecemos con la acción — Se apresuró a decir Fred.
James sacó de uno de los bolsillos de su sudadera, un papel de pergamino de aspecto muy viejo y maltratado. Scorpius frunció el ceño al ver que lo desdoblaba como si se tratara de una reliquia muy valiosa, la reacción de Albus fue de enorme asombro.
— Ahora entiendo, todo — Murmuró el pelinegro, sus ojos no se despegaban de aquel pergamino —. ¿Cómo lo obtuviste?
— Papá ya lo sabe, así que no hace falta que lo uses en mi contra — Se apresuró a responder James —. Y respondiendo a tu pregunta, lo tomé de su escritorio estas vacaciones, pensando que era una pieza de pergamino, pues necesitaba escribirle algo a Sean. Vaya sorpresa me llevé cuando intenté escribir en él.
— ¿Por qué? — Quiso saber Albus.
— Digamos que sus dueños no son de los que les gusta que se escriba sobre la superficie de este hermoso mapa.
— ¿Esa cosa es un mapa? — Preguntó contrariado Scorpius.
— Ojo, con lo que dices, pequeño Malfoy — Lo atajó Fred —. Esto que ves aquí, es más que un simple mapa, es la gloria de nuestros antepasados.
— No sé cómo un pedazo de pergamino viejo podría ser la gloria de los Potter y los Weasley, pero si tú lo dices…
— Ya lo verás, créeme — Le aseguró Sean Finnigan con una sonrisa misteriosa. James sacó su varita, y con la punta tocó el pergamino. — Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
Los ojos grises de Scorpius se abrieron de par en par, en la superficie del pergamino comenzaron a dibujarse todo tipo de figuras, que en menos de unos minutos terminaron por diseñar a escala todo el castillo de Hogwarts .
— Es el mapa del merodeador — Sonrió Albus viendo con orgullo aquella reproducción que tantas veces había escuchado mencionar en las aventuras que su padre y sus tíos le contaban sobre Hogwarts.
— ¿Quiénes son los señores Lunático, Canuto, Colagusano y Cornamenta? Preguntó Scorpius, quien no había dejado de leer todo lo que tenía el mapa. Maravillado veía como algunas motitas con los nombres de sus profesores se movían por entre los pasillos del colegio, mientras que los alumnos se encontraban todos en sus habitaciones, a excepción de algunos que todavía rondaban en sus salas comunes .
— Ellos eran el grupo conformado por los amigos de mi abuelo y mi abuelo, James Potter Primero — Explicó Albus.
— Todos eran grandes magos bueno, a excepción del traidor de colagusano — añadió James, quien hizo una mueca al decir el nombre, como si fuera algo asqueroso.
— ¿Qué pasó con él? — quiso saber el rubio.
— Él fue quien traicionó a mis abuelos provocando su muerte — Le dijo Albus.
— Colagusano ¿era Peter Pettigrew?
— Exactamente — Dijo Fred —, y Cornamenta era James Potter I, Lunático era Remus Lupin , el padre de nuestro cuasi-primo Teddy y Canuto era Sirius Black.
— ¿Cómo es que lograron hacer esto? — Preguntó fascinado Scorpius
— No se sabe a ciencia cierta, al menos nosotros no lo sabemos — dijo Sean Finnigan —, ya que no dejaron ningún registro que nos pudiera dar una pista.
— Son incorregibles — Murmuró Albus.
— Somos los nuevos merodeadores, hemos decidido que sólo seremos tres como los Mosqueteros, porque al parecer cuatro, en su momento, fueron multitud.
— Bueno, señores merodeadores — Se burló Albus —, creo que es hora de que nos indiquen dónde encontrar a cierto fantasma.
Los tres chicos mayores asintieron y con resolución se dirigieron hacia la entrada de la sala común, donde la Dama Gorda se sobresaltó al sentir que su retrato era movido desde adentro. Scorpius y Albus les siguieron.
— Pero, ¿qué es esto? — Les miró con enfado — ¡Harán que la casa pierda puntos!
Por no mencionar que no es seguro en estos tiempos que anden solos por el Castillo.
Albus la miró con curiosidad y pregunto — ¿Qué tan peligroso?
La dama gorda lo miró con fijeza. Los ojos verdes del chico relucieron con el triunfo de quien ha obtenido la fórmula para reinventar la piedra filosofal.
— Usted sabe — Dijo casi en un murmullo.
— ¿Qué cosas dices muchacho? — La mujer se removió algo inquieta en su cuadro.
— ¿Sabe dónde podemos encontrar al Fraile Gordo?
La mujer dirigió sus ojos negros hacia James, quien la miraba con intriga.
— Los retratos de Hogwarts sabemos muchas cosas señor Potter.
— Entonces, díganos — Scorpius avanzó hacia ella — ¿Dónde podemos localizar a un fantasma perdido?
— Sólo aquellos que saben del lugar en donde se encuentran las cosas, podrán dar con el paradero de lo que se cree perdido.
— La sala de los menesteres — Murmuró Albus.
— Vamos, deprisa — Les apresuró Fred. Los cinco chicos dejaron atrás a una atónita Dama Gorda, que los veía alejarse preguntándose si de verdad había sido correcto enviarlos en la dirección exacta hacia lo que seguramente sería una noche llena de sorpresas y tal vez el desencadenante de miles de peligros. Pero algo en el fondo de su viejo recuerdo mágico, le decía que aquellos chicos serían la salvación para aquello que se avecinaba en forma de tormenta, tal como lo habían sido sus padres y sus abuelos en algún momento de la historia. Fred los detuvo al llegar al sexto piso, en el mapa se veía la figura de Argus Filch que se movilizaba en dirección hacia las escaleras, por lo que debían esperar a que el viejo celador pasara por delante de ellos para poder seguir hacia el séptimo piso.
— Debí de haber traído la capa — Gruño Albus con mal humor, se estaba impacientando y eso no le gustaba, más porque el viejo Filch avanzaba al paso de una tortuga muggle.
— ¿Tienes frío? — Le miró extrañado su hermano.
— Esto… — Suspiró rendido —, no tengo frío, es que papá me regalo, su capa…
Los ojos de James se abrieron de par en par. El mayor de los Potter sintió una punzada de celos que lo dejó sin aliento, ¿Por qué su padre le cedería a Albus su más preciado tesoro? Pero en ese momento sus ojos se posaron en el mapa que Fred tenía en sus manos y se di cuenta que su padre solo quiso ser justo con todos sus hijos
— Supongo que era lo correcto, igual no hubiéramos cabido todos juntos, la capa sólo podría haber tapado a cuatro de nosotros.
— Silencio — Les urgió Fred —, Longbottom y Sinistra se acercan desde el ala norte.
Los chicos se escondieron dentro de una de las aulas vacías. El sonido de pasos los alertó de que el profesor Longbottom se encontraba justo del otro lado de la puerta y durante unos minutos los cinco se quedaron escondidos en aquella aula hasta que los pasos se alejaron luego pero Fred aún no les daba la señal para que pudieran avanzar en su búsqueda.
— Se quedaron charlando en las escaleras — Explicó James
— Deben de estar poniéndose al dia — Dijo Sean —, después de todo están patrullando, ¿no?
— Vamos, ya no hay moros en la costa.
Los cinco salieron en silencio. Scorpius, por alguna extraña razón, se aferró a su varita que se encontraba en el bolsillo derecho de su bata. Solo Fred era quien tenía la suya afuera, puesto que con ella alumbraba el camino y el mapa.
— Bien, hemos llegado — Anunció James, deteniéndose frente a una pared de donde colgaba un tapiz horrible, donde un mago intentaba enseñarles ballet a un par de trolls.
— ¿Y ahora qué hacemos? — Preguntó Scorpius aún no muy convencido — Yo no veo ninguna puerta…
— He ahí la magia del asunto, — Le sonrió Sean —, debemos concentrarnos en un lugar dónde el fantasma de Hufflepuff podría estar oculto y caminar tres veces frente a este singular tapiz.
Fred se paró frente al tapiz y comenzó a dar las tres vueltas. Ante el asombro de Albus y Scorpius, una puerta de caoba negra se materializó frente a ellos.
— Es hora, vamos — Dijo James, avanzando hacia la puerta y empujándola para que los chicos pasaran por ella. Albus se maravilló al ver el contenido que tenía la sala por dentro, parecía una enorme catedral en ruinas, muchas de las cosas que ahí habían se encontraban chamuscadas, como si un enorme fuego hubiera hervido en su interior, quemando todo lo que antes había en aquél lugar. Distinguió un par de muebles calcinados, sólo se encontraban de pie algunos bustos de mármol y jarrones de metales, que parecía brillar bajo la intensa capa de polvo que los cubría. A pesar de que el ambiente era tétrico, no dejaba de tener un aire de misterio que hacía que el lugar fuera más llamativo de lo que era. Scorpius se fijó en un objeto plateado y roto que se encontraba entre varios de los escombros. Atraído por el resplandor de la enorme gema que tenía aquel objeto, se acercó hacia él
— ¿Qué…?— Extendió la mano para tocarla, cuando de entre los muebles quemados, surgió una figura plateada.
— Ya no sirve —
— ¿Disculpe?-Pregunto Scorpius al fantasma
— Helena me lo advirtió — Continuó el fraile gordo —, vine a buscarla para ver si tal vez funcionaba aún , una lástima que una reliquia como esa ya no sea de utilidad, Potter cumplió su cometido, Helena puede estar tranquila.
— ¿Para que querría una simple tiara? — Soltó Scorpius confundido.
— ¡Ja, una simple tiara, dice! — el Fraile Gordo lo miró con reprobación
— Jovencito, esa tiara que ahí descansa, fue una de las mayores reliquias de Ravenclaw, la propia Rowena le transmitió parte de su sabiduría…
— Luna Lovegood nos contó sobre ella — Interrumpió James con alegria-, se supone que quien la posea puede adquirir todos los saberes del universo.
— Exacto — Zanjó el fraile la cuestión mirándolos con detenimiento
— Señor — Lo interrumpió Albus —, nosotros lo estábamos buscando.
— ¿A mí?
— Creemos que podría saber la verdad sobre quién está detrás de los ataques — Se apresuró a decir Scorpius.
— ¿Y qué les hace pensar eso, eh? —
— Es cierto — Dijo Scorpius sin temor —. Usted sabe.
— Tienes razón, yo lo sé — Afirmó el espectro —. He tenido en mi conocimiento todo este tiempo la respuesta a lo que preguntan.
— Si es así, ¿por qué se esconde? — Quiso saber Fred.
— Sé quién está detrás de todo esto, pero no sé cómo detenerla la última vez su ejército era débil, me temo que será improbable que podamos pararla ahora.
— ¿Quién está detrás de todo esto? — Le urgió Scorpius — ¿Cómo la detuvieron la última vez?
— Eso era lo que quería saber con ayuda de la tiara, Rowena fue una de las que ayudó a detenerla.
— Es una mujer — Cuestionó James a modo de afirmación.
— La peor hechicera de todos los tiempos — Murmuró el fantasma.
— Dijo que ya había pasado antes… — Albus intentó sacarle más información.
— Pequeño, sucedió hace miles de años, justo cuando yo todavía vivía y era un joven aprendiz de magia ella era una poderosa hechicera, había reclutado a mucha gente y unos pocos sabían de sus andanzas, incluso el propio Merlín estaba enterado…
— ¿El mago Merlín? — Pregunto Scorpius
— Fue él quien junto a Sir Percival y Sir Cadogan logró detenerla, también en esa batalla fue donde Merlín perdió sus poderes — los cinco chicos lo miraron sin comprender, por lo que el fantasma decidió que era mejor contarles toda la historia
—. Viviane Arachne era una de las mejores brujas de su época, ella había sido alumna de la casa Hufflepuff, sólo la opacaban en talento Merlín de Slytherin y Morgana LaFey de Ravenclaw. Ambos jóvenes siempre habían competido por ser los primeros de la clase, pero Viviane era una chica que prefería tener un perfil bajo, sólo Salazar Slytherin sabía de la extraña fascinación que la alumna de Helga tenía para las artes oscuras, así que en secreto comenzó a entrenarla en las aquella rama de la magia. Cuando Slytherin dejó Hogwarts, dos años antes de que Arachne, Merlín y LaFey se graduaran, la chica cayó en un estado de desolación y tristeza y comenzó a juntarse con las personas equivocadas, incluso llegó a hacerse amiga de Morgana con la que tuvo varios desencuentros durante años. Ella fundó una sociedad llamada Los Caballeros de Walpurgis, la cual comenzó siendo integrada por magos que tenían ideales fijos como la pureza de la sangre y la supremacía de la magia sobre las personas no mágicas y las distintas criaturas del mundo, lo que los caracterizaba eran sus ritos de magia oscura, practicaban magia muy avanzada, incluso para los magos de la época. La sed de Viviane era el poder y la inmortalidad, además de erradicar o someter a todo muggle y todo tipo de criaturas bajo el poder de la magia.
— ¿Algo como lo que hizo Voldemort en su momento? — Le interrumpió Fred.
— Los ideales de Voldemort fueron sólo una copia pequeña sobre lo que Arachne había planeado, lo curioso de este caso es que una de sus mortifagas mas letales fue estudiosa de los Walpurgis — Añadió el Fraile.
— ¿Quién fue? — Scorpius creía saber la respuesta a aquella pregunta.
— Bellatrix Black durante sus últimos años como estudiante, ella y un pequeño grupo de alumnas descubrieron un el libro negro en la sección prohibida.
— ¿Libro Negro? — James parecía confundido.
— Un libro que dejó Arachne escondido antes de graduarse, un libro que solo se les rebela a aquellos que ella quiere que el libro les llame.
— Un momento — Lo detuvo Sean —, ¿nos está diciendo que dentro de la biblioteca hay un libro que responde a un muerto?
— Dentro de la biblioteca hay libros que responden a la magia que guardan en sus páginas, libros que confunden a sus lectores e incluso aquellos que los incitan a no terminar de leer jamás; pero este libro sólo se le aparece a quién ella ordena.
— ¿Cómo puede ordenar alguien que ya está sepultado bajo…?— James se detuvo en seco — Esta hechicera, ¿esta muerta, no?
— Me temo que ha regresado, señor Potter — El fantasma lo miró con aflicción
—, su cometido ha funcionado, ella ha despertado de su largo sueño, pues nunca murió Merlín la detuvo con una maldición, la cual alguien ha roto. Alguien prendió la antorcha de la llama verde y la ha despertado, y con ella el mundo entero correrá peligro. La noche de Walpurgis se acerca y, con ella la luna de sangre, su retorno completo es inminente.
— ¿Cómo podemos impedirlo? — Quiso saber Albus.
— No hay forma, la tiara era mi única esperanza, Merlín se llevó a la tumba su secreto, nunca me confió cómo llegó a detenerla cuando Vivianne regrese seguramente intentará hacerse con el Santo Grial y entonces todo por lo que trabajé junto a los fundadores del colegio, mis compañeros que perecieron en batalla, todo se verá destruido para siempre.
— ¿El Santo Grial?
— Se le dio ese nombre por el poder que posee, pero en realidad se trata de un caldero con poderes sobre naturales capaz de regresar a la vida a los muertos, pero atándolos a la mente de quien tenga en posesión el caldero.
— Pero, Merlín pudo haberle dado una pista… ¡algo! — Exclamo Scorpius
— Lo único que recuerdo de mi buen amigo y mentor, es que siempre tuvo el concepto del amor como una de las magias más poderosas del universo.
— Una de las cuestiones es por qué chicas pelirrojas y por qué doce — Meditó Sean en voz alta.
— Es el ritual de la Luna de Sangre — Anunció el Fraile —, un ritual poderoso para despertarla a ella, se requiere de la esencia de doce chicas, aquella primera vez en la que se realizó el ritual, utilizó a chicas morenas porque la cabellera negra era símbolo de realeza en ese momento, pero si me preguntas ahora el porqué de que sean pelirrojas, creo que es también por el significado, antiguamente se creía que si uno tenía el pelo del color del fuego era sinónimo de un gran poder interior. Por eso es que muchos muggles consideraban a los pelirrojos como malditos, los atribuían a todo tipo de poderes ligados con la magia negra.
— ¿Y en nuestro mundo? — Quiso saber Fred.
— Para los magos arcaicos, los pelirrojos eran vistos como druidas, es decir, magos con capacidades de manipular los cuatro elementos naturales. Así que es probable que quienes hayan querido despertar a Arachne, lo más probable es que piensen que de esa forma el ritual tendrá mayor poder.
— ¿Qué pasa si no obtiene a las doce chicas?
— Su intento será en vano, pero buscará la forma de regresar, porque una vez que ha sido despertada ya no se podrá dormir y buscará vengarse.
— Pero, si Merlín ya no vive …— Argumentó James.
— Él no, pero sus herederos sí y saben el paradero del caldero negro — Continuó el Fraile —, son gente poderosa, sangre pura, ellos han mantenido el secreto por siglos.
— Y usted no sabe dónde encontrarles — No era una pregunta, pero James tenía la esperanza de que el fantasma pudiera darles algún dato más.
— ¿No les he dicho ya que la única forma con la que podría saberlo ha sido destruida? El grandísimo Harry Potter es el responsable de esto.
— ¿Nuestro padre?-Preguntaron confundidos los hermanos Potter
— Él destruyó la tiara de Ravenclaw, ya no sirve — Respondió el Fraile con aflicción —. Sin su sabiduría no podremos detenerla, cerrarán Hogwarts y pronto todos sabremos lo que realmente significa el mal, la época de Lord Voldemort no será nada en comparación con esta terrible amenaza que se cierne sobre nosotros.
Scorpius sintió un nudo en la garganta, ¿Realmente todo estaba perdido?.


Última edición por janessi1 el Jue Dic 07, 2017 11:52 am, editado 2 veces
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janessi1
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MensajeTema: capitulo 16 :la noche walpurgis   Vie Ene 24, 2014 11:38 am

— Algo están tramando — Anunció mientras miraba con recelo a su primo y a su ex mejor amigo caminando a paso rápido hacia el castillo.
— Tal vez están ansiosos por estudiar para sus exámenes.- Le dijo Hagrid
— ¿En el último día de vacaciones? ¡No lo creo! — Soltó indignada la pelirroja
—. Los he estado vigilando durante toda la semana, se han estado secreteando con James, Fred y Sean. Ellos creen que soy tonta pero me doy cuenta además… ¿Quién se cree que es Malfoy, para mandar vigilarme?. Se cree que me he tragado el cuento de que “no te estoy vigilando, Weasley” — Dijo Rose haciendo una pobre imitación de la voz de Scorpius—, pero yo sé mejor que nadie que ese par algo trama. Desde que nuestras primas aparecieron…
— ¿Malfoy te vigilaba? — Hagrid parecía confundido, mientras le rascaba las orejas a Patches que había apoyado su cabeza en el regazo del semigigante.
— Sí, pero el idiota no quiere aceptarlo y lo que más me molesta es que Albus lo sabe, y sin embargo lo secunda.
— Quizás lo hacen porque te quieren proteger.
— Pero me han separado del grupo, ¿es así como se supone que me protegerán? Además, ¿de qué tendrían que protegerme? No es cómo si la persona que atacó a mis primas hubiera puesto un cartel el mi frente diciendo que yo seré la siguiente además, deberían dejarles ese trabajo a nuestros padres.
— ¿Crees que ellos están tramando atrapar a la persona que está detrás de todo esto? — Preguntó algo preocupado. La pelirroja sólo atinó a asentir, sabía que Hagrid era el único al que podía acudir y que discretamente soltara la sopa sobre sus sospechas con sus padres, lo cual lograría que sus primos altruistas y el zopenco de Scorpius dejaran de una vez por todas de hacerse los héroes. Por eso había calculado su plan sigilosamente, cuando Albus estuviera con Scorpius, ella iría a visitar a Hagrid y le contaría lo mal que la estaba pasando y sus sospechas sobre lo que aquél par estaban tramando lo que haría que luego el semigigante escribiera a sus padres preocupado porque ese par estaba dando problemas. Sólo esperaba que Hagrid no la defraudara y corriera a por un pedazo de pergamino y pluma una vez que ella hubiese abandonado su cabaña, sino todo sería en vano. Aunque por lo menos se quedaría tranquila de saber que un adulto sabía que si Albus y Scorpius aparecían lesionados , muertos o expulsados en el intento, ella había advertido las cosas. Supo que había acertado en sus planes cuando, horas más tarde, vio a la figura de Hagrid, desde la ventana de su habitación en la torre de Gryffindor, recorrer a grandes pasos el trecho que había entre su cabaña y la lechucearía, sin duda iba a mandar una carta y Rose intuía que en menos de unas horas los planes de su primo y Scorpius se verían dirigidos al fracaso completo. Aunque una semana después, aquella satisfacción se desvaneció por completo. Sus primos seguían secreteándose y lo peor de todo era que seguía teniendo que aguantar a Isabela Kirke y su constante parloteo. Sin duda aquél par tramaba algo para el fin de semana que estaba a punto de terminar. Las horas pasaron y aquella tarde de domingo Hydra O ‘conell se dirigió al aula del segundo piso destinada para los ensayos del coro del sapo. Aún recordaba con júbilo el día junto a su horario de tercer año había recibido la insignia del coro. Era algo tonto pero el hecho de llevar aquél prendedor dorado con la forma de un sapo cantor, la hacía sentirse orgullosa por fin sentía que pertenecía a algo ya que desde que había iniciado Hogwarts algunos de sus compañeros se burlaban de ella especialmente Denébola Goyle y Vaelico Higgs primero porque tenía sangre mestiza. Su madre era una bruja perteneciente a los llamados sagrados veintiocho mientras que su padre era un mago hijo de muggles y segundo por su gran estatura ya que a sus 16 años la pelirroja media 1m y 81 cm.
— Buenas noches — La saludó uno de los retratos antes de que entrara en el aula.
— Buenas noches — Respondió la pelirroja con alegría. Afuera sólo se escuchaba el murmullo del viento pero Hydra a veces se perdía en el mundo de las notas musicales y por eso no se dio cuenta de lo extraño que se encontraba todo aquella noche. Sólo el sonido de un débil croar la sacó de su inspección a aquella prosa en latín que tenía en sus manos.
— ¿Profesor Flitwick? — Preguntó en voz alta. Nadie respondió, por lo que siguió con su lectura. De nuevo, un sapo croó.
— ¿Hola?
Una de las hojas de su libreta de partituras cayó al suelo.
— Demonios — Maldijo por lo bajo, mientras se agachaba a recogerla. Sus ojos se abrieron como platos cuando reparó en el enorme y horrible sapo que había en el lugar en donde había caído su partitura y rápidamente el animal abrió su boca.
— Doce doncellas su alma añora. Doce doncellas y ella revivirá, por siempre el reinado tendrá. Doce doncellas, con cabello de fuego — las luces de la habitación se apagaron por completo, dejando a Hydra en la oscuridad, solamente la alumbraba la luz de su varita pero ella no podía moverse estaba en un estado catatónico, escuchando aquél coro de voces que parecía provenir del sapo que tenía delante —, calzadas en zapatitos de cristal, bailan a la par de una música invernal, sus rostros de porcelana, pronto no serán nada. Su vida será dada, entregada a la más temible. Su reinado pronto llegará y los días de esconderse terminarán. El mundo por fin verá, de lo que la magia es capaz. Adéntrate princesa, no me temas, que al final la muerte vendrá, sólo será un sueño y no dolerá. Tu alma es lo que quiere y ella lo obtendrá…
Hydra sentía que los parpados le pesaban, intentaba luchar contra aquello que le estaba sofocando la mente, incapacitándola de todo movimiento u acto. Tenía miedo mucho miedo. Pero sabía que su resistencia no duraría
— Ven a mí pequeño tesoro, ven a mí, no debes temer. Pequeña y dulce doncella, ahora le perteneces a ella apresúrate que el tiempo corre, pronto estarás cercana a la torre donde tú y doce más yacerán para que ella logre regresar.
La luz de la varita de Hydra se apagó por completo. Horas mas tarde Hermione Cadwallader la cazadora del equipo de Huffelpuff también fue atacada mientras dormía. La mañana del lunes despertó a los alumnos de Hogwarts con terribles noticias, dos alumnas más habían sido atacadas, por lo que desde la dirección anunciaron que las clases podrían ser suspendidas indefinidamente, ya que aún no encontraban la forma de despertar a las chicas que se encontraban en la enfermería.
— Hemos probado de todo — Anunció Neville a todos los alumnos de Gryffindor
.- pero me temo que no ha habido ningún cambio en el estado de sus compañeras.
James y Albus se encontraron con la mirada, ¿debían decirle al profesor Longbottom lo que sabían? Si todo era como lo indicaba la leyenda, Vivanne Arache volvería a atacar, puesto que sólo faltaban dos para que el número de víctimas llegara a la docena. Los ojos verdes de Albus se posaron en la solitaria figura de Rose.
— Mucho me temo que esta vez el colegio deberá… — La voz de Neville se quebró, dejando ver lo mucho que le afectaba comunicarles esa noticia — Hogwarts cerrará para siempre.
— ¡No es justo! — Sollozó una de las amigas de Victoire.
— Es imposible… — Se escuchaba rezar en más de una conversación.
Longbottom no parecía muy dispuesto a acallar a la multitud que parecía tan dolida y afectada como él. Sólo James, Albus, Sean y Scorpius permanecían callados evaluando mentalmente lo que estaba sucediendo.
— Tenemos que decírselo — Dijo James con convicción —. Papá, el tío Ron y él sabrán que hacer.
Los otros tres lo miraron con aceptación, ya no había nada que pudieran hacer ahora sólo debían impedir que Arachne atacara a las otras chicas.
— ¿Quién más es pelirroja? — Preguntó Scorpius.
— Me parece que de Gryffindor sólo queda Rose — Respondió con recelo Sean
—, aunque creo que hay una chica más… — el chico frunció el ceño, en un obvio intento por recordar dónde había visto a otra pelirroja aquella mañana — ¡Eso es Silvia Wilkes de cuarto, la novia de Bole el buscador del equipo de Slytherin!
— ¿Estás seguro? — Preguntó Fred no muy convencido.
— Del todo los vi besuqueándose esta mañana en su mesa del gran comedor.
— Genial, debemos lidiar con serpientes mayores — Soltó por lo bajo Scorpius.
James soltó una risita, era increíble como un Malfoy podía estar ofendido de tener que tratar con la casa a la que sus ancestros habían pertenecido.
— Vengan, hay que planear esto muy bien — Les dijo Albus, señalándolas con la cabeza hacia el dormitorio de los varones de primero. Había formulado un plan que seguro los ayudaría a llevar a cabo su cometido. Esa noche habría un eclipse de luna, con lo cual la noche de Wlapurgis daría paso a la luna de sangre, ese ritual del cual el fraile les había hablado la noche anterior, por lo que debían apresurarse. Más ahora que el profesor Longbottom había anunciado el cierre del colegio y que al siguiente día serían enviados a sus casas, aunque ninguno de los alumnos se movió para hacer sus equipajes, sino que se amontonaron para poder discutir con el Profesor sus ideas. Sólo Rose se dio cuenta de que los cinco chicos se escabullían silenciosamente hacia los dormitorios. Con algo de cautela, la pelirroja los siguió.
— Debemos dividirnos — Dijo Albus, mientras sacaba de su baúl la capa .
— Estupenda idea hermanito — Sonrió James, quien a su vez extrajo de entre sus bolsillos el mapa del merodeador —. Propongo que Sean y tú vayan a por la chica de Slytherin, les daré el mapa así podrán encontrar la sala común de las serpientes sin ningún tipo de peligro.
— ¿Y nosotros? — Preguntó Scorpius a James
— Tú te quedarás vigilando a Rose y Fred y yo iremos a por los profesores-
Scorpius frunció el ceño y pregunto — ¿Por qué vosotros y no yo?
— Las ventajas de ser un Potter–Weasley, querido Malfoy — comenzó a responder James —, eso nos da la ventaja de poder influenciar en nuestro buen profesor Neville.
— Así que están tramando alguna estupidez, ¿no es así? — Scorpius gruñó por lo bajo, por Merlín que esa pelirroja le iba a dar más dolores de cabeza que los exámenes finales, ¿podía haber alguien más cabezota y entrometida?
— ¡Rose! — Exclamó con alegría Fred — Justo estábamos hablando de ti.
— ¿Ah, sí?
— Lo siento, prima, es por tu bien — Le dijo
— ¿Porq…?— Rose no terminó de decir la frase.
— ¡Petrificus Totalus!
— En cuanto el hechizo pase se va a enfadar conmigo… — Murmuró Scorpius
— Es por su bien — Le cortó James —. Recuerda, debes quedarte siempre a su lado, no importa que pase
— ¿Han pensado en qué les voy a decir a nuestros compañeros cuando entren y la vean así?
— Debes decirles que se quedó dormida — Le respondió Fred a modo de consuelo.
— ¡Buena idea! — Exclamó James sonriente, mientras se dirigía con paso decidido hacia donde se encontraba tumbada Rose — Ayúdame, Freddie…
«¿Qué crees que estás haciendo, James? ¿James, Fred? ¡James! ¡JAMES SIRIUS POTTER!», querría gritar Rose al darse cuenta de que su primo la estaba depositando en una de las camas vacías, cubriéndola con las sábanas y el cobertor escarlata.
— Lo siento, Rose — Le murmuró James al oído —. Es por tu seguridad, te prometo que en cuanto esto se resuelva te lo contaremos todo.
— Bien, debemos seguir con lo pactado — Fred tocó el mapa del merodeador con su varita —. Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
— ¿Cuándo nos volvemos a reunir? — Quiso saber Scorpius.
— Cuando los Aurores hayan llegado ellos deberán relevarlos en sus puestos de vigilancia. Eso si todo marcha bien-Respondió James
— ¿Y si no? — Preguntó Albus por él.
— Sino deberemos intentar impedir que el ritual suceda — Habló Scorpius.
— Jurémoslo — Aprobó James. Los cinco juntaron sus manos a modo de pacto para luego seguir con sus tareas. James y Fred fueron los primeros en salir, seguidos por Albus y Sean quienes ya se hallaban ocultos bajo la protección de la capa de invisibilidad. Scorpius suspiró con cansancio mientras se dirigía a su cama, la cual estaba siendo ocupada por una Rose petrificada.
— Lo siento, ¿de acuerdo? — Soltó luego de un rato de silencio. — No era mi intención que te alejaras de mi ¿sabes? — el rubio la miró con preocupación debía soltar todo lo que pasaba por su cabeza, en especial ahora que Rose no podía decirle nada —. Tengo miedo de que algo te pase, lo que está atacando a las chicas pelirrojas es algo que se escapa de nuestras manos.
«¿Ah sí?, ¿Entonces cómo piensan detenerla?», Pensó Rose con enfado aunque muy dentro suyo sentía una calidez que, de haber estado con movilidad normal, seguro la hacía ruborizarse. La confesión de Scorpius la había tomado con la guardia baja.
— El otro día hablamos con el fraile gordo — Confesó Scorpius —, por eso nos reunimos con James. Él tiene una forma fácil de localizar a las personas o a los fantasmas dentro del castillo — Rose ya se lo había imaginado, su primo seguramente había dado con el famoso mapa del merodeador —. El fantasma nos dijo quién está detrás de todo esto. Al parecer hace unos mil años atrás sucedió lo mismo, se trató de un ataque enfocado a brujas de cabello negro, por lo que nos contó el fraile es una especie de ritual, llamado la luna de sangre, este se realiza con eclipse la noche de Walpurgis, que casualmente se celebra hoy… es una tradición que viene desde las épocas de los primeros magos, pero que cobró mucho significado durante la era artúrica cuando algunos druidas decidieron seguir la corriente de la magia negra con lo que crearon un grupo selecto llamado los caballeros de Walpurgis. Al parecer el propio Merlín intentó detener a este grupo ya que la finalidad era que su líder una bruja llamada Viviane Arachne, adquiriera poderes inigualables para que pudiera hacerse con el famoso santo grial, el cual resulta ser una especie de caldero con poderes de resurrección. Merlín detuvo a Arachne con una maldición que la mantuvo prisionera hasta ahora, pero alguien la ha liberado…
Afuera se escuchó un tumulto. Scorpius frunció el ceño, ¿qué estaba pasando?
Con recelo miró a Rose, sacó su varita y se puso de pie.
— Quédate ahí, iré a inspeccionar — Le dijo, aunque no esperaba respuesta alguna Rose estaba petrificada así que no corría el peligro de hacer ninguna tontería, además la sala común estaba abarrotada de gente, ¿qué podía salir mal?. Albus y Sean por su parte se movían sigilosamente por los pasillos desiertos
— Siempre los veo salir por el pasillo que está cerca de las cocinas — Susurró Sean, Albus revisó en el mapa que no hubiera profesores merodeando por ahí.
— Andando.
Los dos gryffindors se encaminaron hacia el corredor que daba a las mazmorras donde según el mapa se encontraba la entrada a la Sala Común de Slytherin.
— ¿Y ahora qué hacemos? — Preguntó Albus un tanto perdido. Sean rodó los ojos y señaló al mapa. El pelinegro se sorprendió al ver que las motitas que tenían sus nombres parecían tener un globo de conversación de donde apareció una sola palabra: «Snape».
— Hay que decirlo — Murmuró Sean a modo de respuesta. Albus se apresuró a tocar la gárgola y decir con la voz más relajada que pudo: —Snape. Y la sala se abrió
— ¿Dónde está? — Preguntó Albus en un susurró. Sean escaneaba toda la sala común de Slytherin intentando divisar a la pelirroja que había visto durante la mañana.
— Sólo espero que Silvia este bien — y el castaño frunció el ceño estaban cerca de Alexander Bole el buscador de Slytherin —. Le dije que no había necesidad de que recogiera las cosas ahora al menos hasta que el profesor Nott regrese con noticias.
— La pobre esta aterrada, piensa que a plena luz del día la pueden atacar — Continuó una de las chicas de cuarto que miraba de soslayo hacia el pasillo que si Albus no se equivocaba, daba hacia los dormitorios. El pelinegro volvió a abrir el mapa, buscando la confirmación sobre sus sospechas. Efectivamente una tal Silvia Wilkes se encontraba caminando de un lado al otro en una de las habitaciones que conformaban el conjunto de dormitorios de Slytherin.
— Aquí esta — Le mostró Albus a Sean.
— Maldición — Soltó el mejor amigo de su hermano con algo de aplomo —, se nos dificultará entrar ahí. Deben tener un hechizo para que los chicos no entren
— Lo mismo me temo.
— Espera Sean ¿qué es eso?
Una mancha negra se deslizaba desde una de las esquinas que dibujaban. Arachne iba a atacar de nuevo y planeaba hacerlo a unos metros de distancia. Silvia Wilkes por su parte se observaba en el espejo de su cuarto. Se sentía con miedo, ¿por qué tenía que haber heredado el pelo de su madre? Encima de que la mala bruja los había abandonado a ella y a su padre para irse con un muggle millonario ahora debía tener cuidado de ser atacada por a saber que cosa que se había ensañado con las chicas pelirrojas como ella. Suspiró con aplomo no quería regresar a su casa sabía que en cuanto volviera su padre la trataría fatal y solamente por su asombroso parecido con su madre. Segundos después ruido la sacó de su escrutinio en el espejo, por lo que con un movimiento rápido puso su varita en alto. Tenía miedo, pero aun así no se quedaría sin pelear.
— ¿Realmente crees que puedes detenerme así? — Silvia pegó un respingo, conocía esa voz, pero no sabía de dónde fuera Albus y Sean intentaban hacer que las compañeras de la chica Wilkes se dieran cuenta de que estaba en problemas.
Sean había llevado consigo unas bombitas multicolor de Sortilegios Weasley por lo que se le ocurrió utilizarlas para poder atraer la atención de todos los que estaban ahí sin tener que sacarse la capa.
— Es ahora, o nunca — Anunció Sean, sacando tres bombitas. Sólo esperaba que aquello funcionara. Silvia se giró, buscaba de dónde provenía esa voz con algo de reticencia y pensando que realmente estaba loca, dirigió su vista hacia el espejo donde hacía unos instantes se había estado observando. La figura de su madre le devolvió una sonrisa. Silvia sintió como sus ojos se empañaban de lágrimas.
El reflejo de su madre sonrió. Sus ojos se tornaron rojos como la sangre.
Al mismo tiempo una de las bombitas aterrizó en la cabeza de una de las amigas
— ¡Silvia! — Exclamó Alexander viendo las habitaciones. Lo que ambos gryffindors no habían previsto fue el tumulto que causó aquella exclamación. Varios de los presentes sacaron sus varitas, las chicas más grandes se apresuraron a dirigirse hacia los dormitorios, por lo que Albus y Sean debieron hacerse a un lado, intentando no pisar a nadie. Si alguien los veía o los sentía estarían en serios problemas,
— ¡No abre! — Exclamó con terror una de las chicas de séptimo.
— Iré a por el profesor Nott — Dijo un chico que llevaba la insignia de premio anual. Albus y Sean lo siguieron, su tarea ya estaba cumplida. Habían hecho lo que pudieron.
— Van once… queda una — Soltó con preocupación Albus, mientras con Sean se apresuraban a subir las escaleras hacia su sala común. Afuera, las nubes se arremolinaban en el horizonte, anunciando una tormenta. James corría presuroso por los pasillos seguido por Fred, esperaba que Neville no lo regañara. Debía creerles cuando le dijeran lo que habían averiguado.
— Señores Potter y Weasley, ¿qué hacen fuera de su sala común? — James maldijo mentalmente. La profesora Harris lo miraba expectante
— Necesitamos hablar con el profesor Longbottom — Pidió Fred.
— El profesor se encuentra en una junta muy…
— ¡Por favor! — Le suplicó James casi con desesperación —. Sé que deben de estar muy ocupados con el asunto del cierre… pero creo que el profesor debe saber algo.
Miranda Harris frunció el ceño, pero sin decir una palabra más, se adentró hacia la sala de profesores, cerrando la puerta tras de sí. James soltó un suspiro de frustración, pero para su sorpresa minutos después reapareció la profesora de pociones, llevando con ella al profesor Longbottom.
— ¡Por fin! — Sonrió James con alivio —. Creo que sé qué está detrás de los ataques.
Neville no podía dar crédito a lo que escuchaba. Tenía la sensación de estar viviendo un Déjà vu. ¿Es que acaso todos los Potter y los Weasley eran así?
— ¿Qué es lo que saben? — Preguntó con seriedad. Fred tomó la palabra contándole todo lo que les había relatado el Fraile Gordo la noche anterior. James, a su lado, sólo asentía y agregaba algunos detalles que se le pasaban por alto a su primo.
— Debe avisarle a mi padre — Finalizó James —. Los Aurores deben venir a Hogwarts, sino todos estaremos en peligro.
— ¿Estás diciendo la verdad, James? — Preguntó luego de escuchar atónito al hijo mayor de Harry Potter. A su lado, Miranda Harris parecía estar evaluándolo.
— Se lo juro, profesor…
— ¡Profesor Longbottom, Profesor Longbottom! — un alumno de séptimo curso corría en dirección hacia ellos. James frunció el ceño. Algo no andaba bien.
— Señor Ignotus, ¿Qué ocurre? — Preguntó exasperada la profesora Harris.
— Necesitamos que bajen enseguida , está ocurriendo un nuevo ataque.
Fue entonces que James reparó en el uniforme del chico. Se trataba del premio anual de Slytherin. Con terror miró a sus dos profesores
— James, Fred. Regresen a su sala común.
— Pero…
— ¡Es una orden! — Le dijo con severidad Neville. James jamás lo había visto tan agitado, por lo que decidió callar y obedecerle, mientras se alejaba junto con Fred, escuchó como el resto del profesorado salía de la Sala de Profesores, sin duda en un intento por detener a Arachne. Aunque James bien sabía que eso era imposible, la chica de Slytherin ya debía de estar dormida, y si eso era así entonces sólo quedaba una chica. Por su parte Rose se incorporó de la cama, con la intención de seguir a Scorpius y averiguar qué había pasado.
— ¡Merlín, piensan en todo! — Exclamó enfadada al darse cuenta de que la puerta estaba cerrada.
— Toda su protección ha sido en vano — Murmuró una voz suave y dulce .
— Debiste haberlos escuchado — Resonó de nuevo, parecía una voz de mujer.
— ¿Quién eres?
De repente el cuarto se quedó en penumbra, afuera las nubes taparon las pocas horas de sol que quedaban. Una llamarada de color azul se encendió a mitad del cuarto.
— Hoy a la medianoche doce doncellas dormirán para siempre… — un coro de voces parecía salir de esa luz tintineante — Ven pequeña mía, ven y no temas más.
Pronto igual sucumbirás al sueño eterno, donde el miedo ya no existe, la amargura se esfumará. Siente el canto de mi voz, sígueme que nunca más has de temer… A la medianoche, cuando la luna se torne de rojo sangre, todo habrá terminado, ella habrá regresado. Por fin el mundo entero verá lo que la magia puede lograr, ella regresará y logrará que el Amo Oscuro, aquél a quien se le prometiera la antigua Tierra de Britania, se alcé una vez más…
La luz parecía estar llamándola, con todo su encanto, por lo que Rose no dudó en seguirla, olvidándose momentáneamente de todo lo que la rodeaba.
— ¡Ad maiora nati sumus, ad maiora nati sumus! — Exclamaron a coro Albus y Sean, ambos estaban agitados luego de haber corrido como locos los últimos tramos del camino de la sala común de Slytherin a la suya. La Dama Gorda los miró cabreada.
— ¡Les oí, les oí! — Dijo mientras les daba paso — ¡Estos niños de hoy han perdido un poco los modales! — Les pareció escuchar. Tanto Albus como Sean se quedaron parados en la puerta de entrada, sorprendidos con lo que veían, o mejor dicho, con lo que no podían ver. Adentro de la sala común no se podía ver nada.
— ¡Por Merlín! ¿Qué ha pasado? — Preguntó Sean en voz alta.
— ¿Quién anda ahí? — Exclamó un coro de voces.
— Somos Sean Finnigan y Albus Potter — Anunció el chico.
— No podemos ver nada — Chilló una voz que Albus reconoció como la de Jane.
— No cierren el retrato — Pidió la voz de Jocelyn Wood.
— ¿Qué está pasando? — Albus se sobresaltó al escuchar a James a sus espaldas.
— Alguien parece haber arrojado polvos de negrura instantánea. — Fred había aparecido detrás de James y evaluaba la cortina de humo negro que cubría por completo la sala común de Gryffindor.
— ¿Sabes cómo desaparecerlo? — Preguntó James algo preocupado.
— Eso creo… — Murmuró el pelirrojo, quien sin duda estaba tratando de recordar lo que le había dicho su padre al respecto — ¡Que alguien abra una de las ventanas, eso ayudará a disiparlo un poco!
— Debemos darnos prisa — Soltó Albus mientras miraba el mapa —, hay algo raro en nuestro dormitorio.
La habitación de los chicos de primer año tenía un gran manchón de tinta, era como si se hubiera esparcido la misma.
— ¡Merlín, Rose!
Un sonido desgarrador resonó en la Sala Común. Era como un aullido feroz, que hacía retumbar todo el Castillo.
— ¡PRONTO, HAY QUE ENCONTRAR A ROSE! — Gritó Albus entre el tumulto, los otros tres le siguieron los pasos — ¡Lumos! — con la varita encendida se dirigió hacia las escaleras que daban a los dormitorios, caminando a tientas, y dejándose llevar por lo que veía en el mapa, logró distinguir la figura de Scorpius desvanecido sobre el suelo de piedra —. ¡Scor! ¡Scorpius! — el rubio se incorporó de un salto.
— ¿Qué pasó? — Sus ojos grisáceos miraban con aprehensión la oscuridad que los rodeaba, que poco a poco parecía ir cediendo.
— Eso es lo que me gustaría saber, Malfoy — Soltó enfadado James —. ¿Dónde está?
Scorpius tragó en seco, ¿realmente había sido tan tonto como para dejar sola a Rose? Al parecer así era, aunque había algo de todo lo que recordaba que le hacía pensar que no había actuado racionalmente por su propia voluntad.
— Yo… sólo recuerdo un sonido estruendoso… quise inspeccionar.
— ¿Y dejaste sola a nuestra prima? — Fred no podía dar crédito a lo idiota que había sido Malfoy, y eso que pensaba que era el más centrado del trío de primero.
— Dejen de pelear, hay que entrar en la habitación, ¡ahora! — Albus estaba forcejeando con la puerta que parecía no querer ceder ni un centímetro.
— ¡Alohomora! — Intentó Scorpius, aunque sabía que era en vano.
— Merlín, nos van a sacar una buena cantidad de puntos pero ya qué estamos
— Escucharon murmurar a Sean —, ¡apártense! — Pidió mientras apuntaba con su varita a la puerta —. Esto me lo enseñó mi padre — ¡Bombarda Máxima!
La puerta y la pared explotaron, levantando una gran cantidad de polvo tras su paso. Los cinco chicos entraron en la habitación que estaba casi en penumbra por la escasa luz que entraba del exterior, Scorpius corrió hacia su cama. Rose ya no estaba ahí
— ¿Qué es eso? — Señaló con terror Albus. Afuera, doce chicas pelirrojas caminaban como muy rápido y en trance hacia el bosque prohibido.
— ¿Hacia dónde se dirigen? — Preguntó James. Albus observó en el mapa, las chicas parecían estar siguiendo un sendero.
— Han desaparecido del mapa — Anunció cuando las motitas con los nombres de cada una se habían adentrado en las profundidades del bosque.
— Van rumbo hacia la zona montañosa — Observó Scorpius.
— Debemos hacer algo.
— ¿Dónde está Rose?
Tanto Sean como James parecían algo contrariados. Fred miraba fijamente el mapa, como si esperara tener la respuesta.
— Rose no está en ninguna parte del castillo…
— Todo esto es mi culpa — Murmuró Scorpius —, si no la hubiera dejado sola…
— Deja de ser dramático, Malfoy, debemos encontrarla a ella y a las otras once, que por lo que veo se han despertado sólo para adentrarse en la boca del lobo.
— Primero debemos avisarle a tío Harry — Le cortó Fred —, es improbable que podamos hacer nada si Arachne ya se las llevó.
— Neville debería de estar haciendo eso… — James se fijó que su profesor de herbología se encontraba junto con otros profesores en las puertas del castillo
—. Parece que no podemos salir… — Observó.
Scorpius dirigió su mirada hacia su baúl, ¿y si salían volando?
— Alguien debe de avisarles a los Potter — Dijo mientras sacaba su escoba, la había tenido oculta con la intensión de probarla en los campos de quidditch cuando se diera la ocasión, al parecer esa era la única ocasión en la que podría volarla.
James lo miró con sorpresa.
— ¿Qué planeas?
— Debemos impedir que la bruja haga el ritual, la única forma es volar hasta allí.
Los cinco se quedaron en silencio. En el pasillo se escuchaban las voces de sus compañeros, y si no se equivocaban, alguien se había percatado del desastre que habían armado en la entrada de la habitación. Debían actuar enseguida.
— De acuerdo.
James corrió, rápidamente hacia su habitación, la cual estaba un piso más arriba, para aparecer unos segundos más tarde con dos escobas en su mano.
— Hay que darnos prisa — Anunció con autoridad —. Fred, toma estos polvos flu, debes avisarle a mi padre enseguida — su primo asintió con mientras cogía la bolsita que le extendía —, Sean adviértele a Neville hacia dónde vamos — por último le pasó la escoba de Fred a Albus —. Y ustedes dos, vengan conmigo.
James abrió la ventana lo más que pudo, se montó en su escoba y salió volando. Albus y Scorpius le imitaron. Era una sensación extraña, hacía mucho que no volaba, por lo que el menor de los Potter intentó que el vértigo no se apoderara de él.
— ¿Hacia dónde, Malfoy? — Preguntó James.
— Iban en dirección hacia el sur, si no me equivoco por esa zona de montañas que está más alejada. James entrecerró los ojos, siguiendo la dirección que el rubio le daba. Le parecía como si esa parte del bosque prohibido estuviera más oscura, pero estaban demasiado lejos como para comprobarlo.
— Marca la dirección, nosotros te seguimos — Le dijo.
Scorpius asintió, sentía la adrenalina correrle por las venas, debían rescatar a cada una de las chicas antes de que fuera demasiado tarde. Con algo de prisa voló en la dirección en la que las once pelirrojas se habían internado en el bosque, mientras volaba sobre los terrenos del colegio, le pareció escuchar el eco de voces furiosas, sin duda algunos de sus profesores los estaban viendo en ese momento. Sólo rezaba por que Sean y Fred pudieran dar con Harry Potter cuanto antes. Los tres sobrevolaron la cabaña de Hagrid y se internaron en el bosque, en más de una ocasión Scorpius recibió el golpe de una rama en la cara, incluso sentía como sus piernas se llenaban de rayones mientras volaba entre las copas, intentando dar con el camino por el que las chicas habían desaparecido. Realmente se sentía culpable por no haber cuidado mejor a Rose, por lo que rogaba a Merlín que su amiga pelirroja estuviera bien y que lograran dar con todas antes de que fuera demasiado tarde. Mientras más se adentraban en el Bosque, le pareció ver Acromántulas, aunque no estaba del todo seguro, ya que estaban a muchos metros de distancia y la escasa luz que había fomentaba muchas sombras. Scorpius había escuchado que allí habitaban todo tipo de criaturas, por lo que no le extrañaba que pronto dieran con alguna. Pronto llegaron a una especie de claro, por lo que podían observar se encontraban demasiado alejados del castillo. Incluso si hubieran subido un poco más la altura de su vuelo, no podrían ver las torres. Habían llegado al inicio de la zona montañosa, pero no parecía haber ningún indicio de las once pelirrojas, ni siquiera de Arachne.
— ¿Dónde estamos? — Preguntó Albus, quien había permanecido silencioso, intentando no caerse de su escoba mientras volaban a una velocidad inigualable.
— No lo sé — Respondió Scorpius un tanto frustrado —, he perdido el rastro.
El rubio descendió en el claro, observó con atención el lugar. El ambiente parecía estar cargado con una energía extraña. Incluso los árboles que tenían enfrente estaban posicionados de una forma nada natural.
— Algo hay del otro lado — Anunció el rubio.
James y Albus bajaron de sus escobas, mirando lo que Scorpius les señalaba.
— Sólo hay una forma de averiguarlo — Dijo James, quien con resolución se dirigió hacia la cadena de árboles, pero justo antes de que pudiera poner un pie del otro lado, una de las ramas del árbol más cercano cobró vida, alzando al mayor de los Potter en el aire — ¡AHHHH! — Exclamó con terror el chico. Sentía como si la rama lo estuviera abrazando por la cintura. Albus miraba con asombro a su hermano, tenía que rescatarlo. Ya estaba por remontar en su escoba cuando Scorpius se lo impidió.
— Espera. — El rubio señaló hacia el tronco del árbol que tenía prisionero a James, una extraña escritura había aparecido en él.
«Puede ser frío o cálido,
De piedra o de cera,
Oscuro o lleno de luz,
Aunque su verdadera naturaleza es la carne
Y su color es el rojo sangre…»
— ¿Un acertijo? — Leyó Albus desconcertado.
— Creo que es la única forma de pasar — Dijo Scorpius con seriedad.
— Y yo creo que deben apurarse — Añadió James con la voz algo lastimera
—, la sangre se me está yendo al cerebro.
— ¿Qué puede ser frío o cálido, de piedra o de cera, pero que naturalmente es de carne y de color rojo sangre? — Repitió Scorpius en voz alta. Los tres chicos se quedaron pensativos por un momento, aunque James prácticamente sentía imposible el poder pensar con claridad. Sentía como la presión sanguínea le bombeaba en los oídos y eso le ponía nervioso. Por su parte, Albus seguía con la vista fija en la inscripción del árbol, como si esperara que de entre la corteza surgiera de la misma forma la respuesta.
— Si Rose estuviera aquí, seguro que lo resolvía antes que nosotros — Murmuró
— Pero no está, Al — le dijo Scorpius, que lo había escuchado —. Es por eso que debemos resolverlo, debemos rescatarla — añadió con brusquedad —. ¡Por Merlín! ¿Qué demonios puede ser esto?
Jamás en su vida se había sentido tan frustrado por no encontrar una respuesta.
Debía tranquilizarse, y así quizás podría obtener la respuesta. Sentía como su corazón le latía deprisa haciendo que por sus venas la sangre hirviera con adrenalina… En su mente se formó la imagen de su sistema sanguíneo, era como si estuviera viendo una de esas películas muggles que Albus le había enseñado durante las vacaciones de invierno. Cuando de pronto sus ojos se abrieron de par en par. «¿Sería esa la respuesta?», pensó dubitativo. Debía de serlo. Dando un paso más al frente, colocó su mano en el tronco del árbol, una sensación extraña lo invadió. Era como si hubiera estado pasando frío y de pronto algo lo cobijara.
— El corazón. — Respondió con convicción. El árbol soltó de inmediato a James, quien cayó en picada sobre la tierra Albus corrió a auxiliar a su hermano.
— ¡Creo que me he roto mi muñeca! — Chilló el chico.
— ¿Sobrevivirás, Potter? — Intentó bromear el rubio.
James tenía ganas de gritarle que no, pero el recuerdo de sus primas lo detuvo.
Con algo de aplomo y con la ayuda de su hermano logró incorporarse.
— Debemos seguir — Soltó con la voz entrecortada. Albus asintió. Él y Scorpius recogieron las escobas, mientras James caminaba por delante de ellos, marcando el paso entre las raíces nudosas de los árboles. Era como si estos hubieran sido colocados demasiado juntos con el propósito de formar una muralla. Pero a medida que los tres gryffindors avanzaban, el camino se iba liberando un poco más, hasta que pronto se encontraron con una especie de sendero. Era curioso, puesto que parecía tener destellos dorados, como si estuvieran caminando sobre polvo de oro.
— Polvo de hadas — Anunció Albus al observar detenidamente el camino.
— ¿Por qué lo habrán echado sobre la tierra? — Preguntó Scorpius.
Albus se preguntaba lo mismo, pero fue James quien dio con la respuesta.
— Creo que es otro tipo de prueba — Dijo el mayor de los Potter.
— ¿De qué tipo?
James señaló hacia delante de ellos, donde el camino se dividía en tres. El de la izquierda lucía peligroso lleno de guijarros y cántaros, se podría decir que incluso era siniestro; el del centro parecía soleado, como si algún tipo de magia estuviera iluminando el sendero de tierra que se abría paso de entre los árboles; y el de la derecha parecía terminar al pie de la montaña, como si de pronto se desvaneciera en medio de la nada. Scorpius frunció el ceño.
– ¡Genial! — Soltó con sarcasmo —. Ahora, ¿cómo sabremos qué camino tomar?
De repente unos arbustos comenzaron a temblar, provocando que los tres apuntaran con sus varitas en esa dirección. Una rana enorme saltó hacia el camino, esta llevaba un pequeño cartel amarrado en una de sus patas traseras. James se acercó a inspeccionarla.«Para seguir, a la Señora Rana has de besar…»
— ¿Otro acertijo? — Preguntó James algo confundido.
— Me parece que no — respondió algo asqueado Albus, ya que por lo que veía la rana los miraba expectantes, o era su imaginación
— Tú lo has resuelto — Añadió James a la defensiva —, Scorpius ya respondió la primera pregunta, así que bésala tú.
— ¿Por qué no lo haces tú?
— ¡Yo me lastime mi mano!
— Esa es una excusa…
— Chicos… — Intervino Scorpius —, no importa quién lo haga, deben pensar en Rose y en las demás chicas.
James bufó con irritación. Malfoy tenía razón, debían tragarse su orgullo.
— De acuerdo, entonces… — Miró a Albus pidiéndole clemencia
— Está bien — Soltó con aplomo —, pero me la debes.
James suspiró con alivio. Mientras que Albus se acercaba a la rana . Sentía como su estómago se revolvía ante la mera idea de besar a una rana.
— Bien, aquí vamos — Se susurró en un intento por darse ánimos —. ¡Muéstranos el camino! — sin más le plantó un beso, sintiendo la piel helada y resbalosa del animal sobre sus labios. La rana antes rígida, comenzó a moverse hacia el camino de la izquierda, uno que parecía sinuoso y lleno de trampas.
— ¿Estas segura que es por ahí? — Preguntó Scorpius.
La criatura emitió un débil croar, como una respuesta afirmativa.
— Sigamos, entonces.
Albus se incorporó, creía que en cualquier momento devolvería el contenido de su estómago. Tanto James como Scorpius soltaron una risita.
— ¡Hey, no se rían! — Se quejó el chico, provocando que sus dos acompañantes comenzaran a carcajearse.
— Deberías de haber visto tu cara, Albus — Decía Scorpius entre risas.
El aludido gruñó por lo bajo, mientras seguían por el camino que, sorprendentemente no tenía ninguna dificultad como había aparentado en el cruce de la rana. Por lo que siguieron adentrándose en el bosque. No sabían a ciencia cierta cuánto llevaban recorrido, pero algo les decía que estaban por enfrentarse al último tramo, cuando de golpe el camino se vio interrumpido. Los árboles esta vez dejaban espacio como para que los tres pudieran apreciar el cielo que se oscurecía, indicando que pronto caería la noche por completo. Atrás habían quedado las nubes de tormenta, por lo que se podía apreciar el sol que coloreaba el cielo tiñéndolo de un rojo sangre. Albus se dio cuenta que había una especie de muralla en ruinas que les impedía el paso.
— ¿Y ahora, qué?
— No creo que podamos volar — Anunció Scorpius, viendo de reojo a James como para zanjar la cuestión. El mayor se revolvió el pelo con frustración. Hasta que sus ojos marrones se fijaron en algo que parecía fuera de lugar entre esas ruinas.
Se trataba de una especie de rueca con un uso. Cuando Scorpius la miró, se le encogió el estómago, creía saber a dónde iba aquella prueba. Albus fue el primero en acercarse, sus ojos verdes inspeccionaron aquél viejo artefacto con algo de recelo.
— ¿Qué se supone que haremos con esto?
— Creo saberlo — respondió el rubio —. Hasta ahora no lo había visto, pero parece que todo tiene una extraña conexión con cuentos muggles
James lo miró con comprensión. Sabía a dónde quería llegar el rubio.
— Seguramente luego de que alguien se pinché el dedo con el uso, saldrá la entrada
— prosiguió, recordando el resto del cuento que se titulaba “La Bella Durmiente”, pero es probable que el que lo haga caiga en un sueño, como les pasó a las chicas.
— En ese caso, no tenemos mucho tiempo — anunció James —. Pase lo que pase, ustedes dos deben de seguir, ¿de acuerdo?
— No lo hagas James — Le pidió Albus.
— Debo hacerlo es lo justo — Se dirigió hacia Scorpius —. Salven a nuestras primas.
— Lo haremos.
James asintió y con decisión se pinchó el dedo índice en el uso de la rueca, provocándose una pequeña herida de la cual brotó una gota de sangre. Al instante esta cayó al suelo, provocando que mágicamente apareciera de entre los escombros un arco que dejaba entrever una torre de piedra gris que se erguía imponente ante el cielo.
— James, lo lograste — susurró Albus aún ensimismado con la imagen que tenía enfrente de él, pero su hermano no contestó —. ¿James?
Albus se dio cuenta de que efectivamente, James se había desmayado. Su hermano mayor parecía sumido en un profundo sueño, muy similar al que habían tenido Dominique y Molly, o cualquiera de las chicas pelirrojas.
— ¡Albus, mira! — Scorpius parecía aterrado y señalaba a la única ventana de la Torre, de ella salía un fulgor azul. La Tierra volvió a temblar y el aullido que habían escuchado en Hogwarts se hizo más potente.
— ¡Rápido, debemos entrar! — Grito el rubio, puesto que parecía que pronto el arco se cerraría. Ambos tomaron el cuerpo inerte de James, mientras hacían volar sus escobas con un simple “Wingardium Leviosa”. Los tres atravesaron a tiempo aquel portal, que con el temblor desapareció por completo tras su paso.
— ¿Qué ha sido eso?
— Creo que ella está arriba — Respondió Scorpius. Albus miró a su alrededor intentando figurarse dónde dejar a James mientras ellos dos subían a la Torre, cuando reparó en las extrañas piedras que rodeaban a la torre en lo que parecía ser un circulo .
— ¿Qué son esas cosas?
Scorpius observó con atención. Parecían tumbas de piedra. Doce, para ser precisos. Todas estaban talladas y le recordaban a esas tumbas ancestrales que había visto sobre los caballeros y los reyes de la Edad Media, sólo que estas tenían la figura de…
— ¡Son ellas! — Murmuró horrorizado Albus.
Con algo de cuidado los dos amigos depositaron a James en el suelo sobre un montículo de hojas caídas, para luego inspeccionar cada una de las tumbas.
— Es como si estuvieran dispuestas en el orden en el que fueron atacadas — observó Scorpius. La primera era la de Ariana Finch-Fletchley su compañera de Hufflepuff, pero sus ojos no se detuvieron a inspeccionar demasiado aquella, puesto que sus sospechas parecían estar en lo correcto.
— ¡Albus! — Grito Scorpius. A unos metros más allá de ellos, un enorme cuervo se posaba sobre la cabeza de la doceava tumba, la cual estaba entreabierta. Los dos amigos corrieron hacia allí, pero parecía que a medida que avanzaban la tapa de la tumba se iba cerrando, atrapando en su interior a quien dormía plácidamente sobre la fría piedra que la formaba. Scorpius fue el primero en llegar.
— ¡Es Rose! — Exclamó mortificado, mientras con sus brazos comenzaba a intentar detener el movimiento de la tapa de la tumba. Albus se le unió en la tarea, aunque ambos no estaban teniendo ningún resultado, la tumba no cedía y seguía avanzando. Pronto el cuerpo de Rose desaparecería debajo de esa piedra tallada en su forma.
Scorpius reparó en que su amiga pelirroja vestía de blanco, igual que el resto de las chicas cuando las habían visto avanzar por el sendero del Bosque Prohibido. En sus pies tenía un par de zapatillas de cristal y su cabellera ondulada y roja como el fuego estaba adornada por una corona de rosas silvestres, tan rojas como la sangre. Pronto la piedra les ganó el juego de resistencia y se cerró. Albus no podía creer su mala suerte, sentía una impotencia que jamás había experimentado en todos sus once años de vida.
Ninguno de los dos le había dado importancia al cuervo hasta que éste grazno como si soltara una carcajada. El animal emprendió vuelo hasta llegar a la ventana de la torre. Fue entonces que Scorpius lo comprendió, aquel animal era cómplice de lo que ocurría allí y algo le decía que no se trataba de un cuervo.
— Tenemos que encontrar la forma de subir — Resolvió el rubio
— ¿Y si entramos volando? — Albus señaló con la cabeza a las escobas que reposaban al lado del cuerpo de James. El rubio asintió, era la única opción . La noche de Walpurgis había empezado.


Última edición por janessi1 el Jue Dic 07, 2017 11:54 am, editado 3 veces
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janessi1
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MensajeTema: capitulo 17 :vivianne arachne   Vie Ene 24, 2014 11:41 am

— Debemos apresurarnos, pronto comenzará el eclipse — Dijo Scorpius, mientras observaba con recelo el cielo por lo que se montaron en las escobas y salieron despedidos hacía arriba, desde esa altura podían apreciar no sólo las doce tumbas que estaban rodeaban a la torre como los números en un reloj, también se veía una parte de lo que parecía ser Hogwarts, aunque estaban muy alejados como para poder saber con certeza si aquello era así o no. Internamente Albus rezaba a los cielos a que su primo Fred hubiera podido encontrar a su padre, ya que a pesar de sentir la energía del momento, no se sentía del todo seguro como para poder derrotar a aquella bruja.
Por su parte, Scorpius intentaba divisar si adentro de la torre había alguien más aparte de la bruja y de ser así debían implorar a los dioses salir de ahí con vida. Mentalmente se reprimió por pensar aquello, ya que realmente confiaba en que podrían vencer, pasara lo que pasara, él le había prometido a James que recuperarían a sus primas y eso era lo que iban a hacer.
— Vamos — Le apremió a Albus, cuando llegaron a la altura de la ventana. Ambos se adentraron en la Torre.
— ¿Qué es eso? — La voz de Scorpius resonó en las paredes de piedra. Albus se fijó en lo que señalaba su amigo. Algo resaltaba más de lo normal en la habitación, un espejo enorme y dorado que lucía imponente y era lo único que no estaba lleno de polvo en la habitación. Era como si alguien lo hubiera limpiado hacía poco tiempo.
— El espejo de Oesed .— Albus respondió con lo que parecía un susurro, Scorpius había tenido que hacer un gran esfuerzo para oírle, pero aun así eso no resolvía su pregunta. ¿Qué era aquello?
— ¿El qué ?— Repitió incrédulo, pero Albus no pareció hacerle caso. Era obvio que su amigo sabía sobre aquél extraño artefacto, por eso no pudo dejar de fruncir el ceño cuando Albus siguió mirándolo como embelesado. Justo cuando estaba a punto de hacerle ver lo estúpidos que parecían sin hacer nada, una brisa helada pareció atravesar la habitación. Las antorchas titilaron, mientras cambiaban de color verde a un rojo sangre. Scorpius soltó una maldición por lo bajo, debía de estar acercándose la hora del ritual, pero si así era, entonces, ¿dónde estaba la bruja? Mientras fijaba su vista en los alrededores sacó su varita, en estado de alerta, algo le hacía sentir que no estaban del todo solos en aquel lugar. En ese momento algo se movió en la cama.
Lo que era imposible, teniendo en cuenta de que esta estaba vacía.
— ¿Quién anda ahí? — Preguntó en voz alta. De inmediato se sintió estúpido.
Una risita musical pero siniestra inundó el lugar. Para sorpresa de Scorpius, Albus seguía mirando hacia el espejo y no había dado signos de percatarse de aquél ruido. Su mejor amigo parecía estar en un trance.
— ¿Crees que lo que muestra sea real? — Scorpius pegó un respingo, la voz de Albus parecía cavernosa, incluso lejana. Algo realmente no andaba bien con él.
— ¿A qué te refieres? — Preguntó algo confundido, a pesar de que lo que Albus decía no tenía mucha coherencia para él, intentó imitarle y hacer caso omiso a la risa que había escuchado. Ahora tenía su atención fija en su amigo. Los ojos verdes de Albus brillaron con intensidad al verse reflejado en aquél mítico espejo. Se veía un poco más grande, sus padres le miraban con orgullo, podía ver que sus hermanos habían sido relegados a otro lugar, sólo importaba él. Le ofrecían regalos, la nueva rayo lunar para él solo porque era un prodigio en la escoba. Había sido nombrado como el nuevo capitán del equipo de Gryffindor, convirtiéndose en el más joven de la historia de Hogwarts en lograrlo. James y Lily lo miraban con admiración y respeto y el resto de su familia lo miraba con gran atención, nadie parecía querer hacerle bromas pesadas, ni meterse con él. Era un héroe. Nunca había visto nada igual, se sentía maravillado, su propia familia lo miraba a él como miraban a Harry Potter…
— Apuesto que vivir en la sombra de tu padre es un peso inigualable…-Le dijo una voz en su oído. Albus frunció el ceño al ver que su reflejo volvía a encogerse, pero reconoció en él a su yo de unos seis años. No se encontraba solo, estaba rodeado de un montón de gente, reconoció el lugar como el Caldero Chorreante. Recordaba aquél día, había sido su cumpleaños número seis. Hannah, Longbottom, se encontraba dando los últimos retoques al pastel de su cumpleaños, lo habían preparado entre su abuela y su madre, pero en el camino se había estropeado el decorado un poco, por lo que Hannah, Ginny y Molly trataban de salvarlo. James lo miraba con burla desde la mesa en donde estaban sentados.
— No vas a tener cumpleaños — Le dijo con malicia su hermano —. No podrán salvar el pastel y luego nadie recordará para qué nos reunimos.
— ¡Es mi cumpleaños! — Exclamó Albus indignado.
— Bien podría ser un día cualquiera, fíjate Lily incluso tiene más regalos que tú.
Era cierto, su pequeña hermana había logrado que, en su excursión al callejón Diagon, le compraran varias cosas, entre ellas la pequeña escoba de juguete que el propio Albus había tenido la ilusión de tener para su cumpleaños y que sus padres alegaron que el tío Charlie le regalaría algo así, pero lo único que recibió fue un peluche.
— Lo mejor será cuando no puedan salvar al pastel…
— No es cierto James-.
Harry aprovechó ese momento para acercarse a su hijo mayor y revolverle el pelo, en un gesto cariñoso.
— Espero que te estés portando bien, campeón — Le susurró, aunque Albus lo escuchó con atención.
— De lujo papá — Sonrió James. Cuando su padre se hubo alejado sus ojos marrones se toparon con los verdes de Albus que le miraban cuestionándolo.
— He quedado con papá de que me portaría bien así me llevará a su trabajo el viernes que viene.
Albus palideció. ¡Se suponía que lo iba a llevar a él solo, no a James! De inmediato se levantó de la mesa y trastabilló con la silla. No era justo que le hicieran eso, no a él. Tan abstraído estaba en su mente que en su intento por huir de su hermano se tropezó con Hannah quien llevaba su pastel en las manos, mismo que salió volando por los aires. Albus sólo atinó a escuchar las carcajadas. Estaba bañando de pies a cabeza con crema y restos del pastel de chocolate. Sintió como sus ojos se inundaban de lágrimas.
La escena cambió rápidamente para formar una que reconocía como unos días más tarde después de su cumpleaños. Iba de la mano de su padre caminando por los pasillos del Ministerio de magia, a su lado, para su disgusto, también iba James, Albus iba callado mirando todo con atención.
— ¡Potter! — Un mago se detuvo a saludar a su padre, era un hombre alto y calvo.
— Así que estos son los mini-Potter — Rió el hombre.
— James y Albus — Los presentó Harry —. Él es Charles Montgomery, del Departamento de Cuidado de Criaturas Mágicas.
— ¿Usted es quien dice si los animales de Hagrid son peligrosos?-Pregunto James
— Algo así — Le respondió Montgomery, los ojos oscuros del mago se posaron sobre los de Albus —. Y el pequeño Albus está muy callado… — Señaló —. Sabes te pareces mucho a tu padre, ¿Esperaremos grandes cosas de ti, pequeño Potter?
Albus tragó en seco, no le gustaba cómo lo estaba viendo aquél hombre. Como si esperara que hiciera algo extraordinario en cualquier momento. Nuevamente la escena cambió, se reconoció a sí mismo de nueve años. Estaban en el Caldero Chorreante jugando a las escondidas mientras los adultos charlaban en el salón. Era el cumpleaños de Neville, por lo que no era nada extraño que estuvieran celebrando. Albus se había escondido debajo de una de las mesas más cercanas a la entrada del callejón Diagon. Pensaba que nadie lo iba a descubrir, hasta que alguien se sentó en ella. Una bruja de tez broncínea y ojos oscuros lo miró con curiosidad al descubrirlo debajo de su mesa.
— ¿Eres el hijo mediano de Harry Potter? — La mujer tenía un extraño acento, pero su voz era agradable. Albus sólo asintió.
— Esperamos ver grandes cosas de ti…
La mirada de la mujer se convirtió en una llama verde que crepitaba suavemente sobre una antorcha. Albus se dio cuenta de que ya no estaban en el caldero chorreante, parecía ser una habitación similar a la que había visto con Scorpius… ¿pero cuándo?.
— Albus Severus Potter — Susurró una voz fría como la noche.
— ¿Q-quién… quién es usted? — Apenas y pronunció aquella pregunta un murmullo que sonaba a burla se escuchó de entre el resto de las figuras presentes en el espejo, como un cántico que bailaba al son de las llamaradas verdes que iluminaban el lugar.
— Oh por favor eres mas listo que todo eso tú sabes muy quién soy-.
La figura mas alta avanzó hacia la luz. Los ojos de Albus se abrieron de par en par. Se trataba de una hermosa mujer pálida, morena de intensos ojos verdes como la hierba de primavera y vestida con típico vestido medieval de color y negro y dorado.
— Viviane Arachne — Susurró el ojiverde.
Una risa maléfica resonó en la habitación haciendo titilar la llamarada verde, cuyo color comenzaba a cambiar a un rojo intenso como la sangre.
— Prefiero Nimue, si no te molesta, aborrezco el nombre que me dieron de nacimiento, por eso me bauticé con uno que sabía que pasaría a la historia.¿ Sabes una cosa ? Creo que tu yo somos iguales. Albus la miró sin comprender-. Mi madre era una bruja extraordinaria y con grandes poderes trabajaba incluso como una de las damas de la reina Ginebra. Todos me comparaban con ella y era de esperarse que yo siguiera sus pasos pero ¿realmente podría vivir a la sombra de ella? -Nimue comenzó a caminar en círculos, como si se tratara de un tiburón que acecha a su presa
-Cuando entré en Hogwarts me di cuenta que para triunfar debía trabajar muy duro, debo de admitir que al principio era una de las alumnas más débiles, pero resaltaba por mi perseverancia y ganas de aprender. Aunque Morgana LeFay y el tonto de Emrys Merlín parecían opacarme. El propio Salazar Slytherin fue quien se dio cuenta de mi gran potencial, y del desperdicio que supondría que me dejase educar por las tonterías que enseñaban Helga Hufflepuff, Godric Gryffindor y Rowena Ravenclaw. Los cuatro fundadores habían empezado el proyecto de Hogwarts de una manera ambiciosa, como para que Ravenclaw, Hufflepuff o Gryffindor se olvidaran de que lo que importaba era que aprendiéramos cosas de verdad, no los disparates que enseñaban en las clases. Fue recién en mi segundo año que Slytherin me acogió como a una de sus alumnas favoritas, lamentaba que el tonto sombrero de Gryffindor no me hubiera puesto en su casa, pero no era la única que se encontraba recibiendo clases de los propios fundadores, Merlín había logrado ingeniárselas para que los cuatro le inculcaran en cada área de la magia. Morgana LaFey había estado celosa de mí desde ese momento, ya que Merlín parecía estar interesado en mi — Nimue sonrió con malicia, como si disfrutara mucho de aquello —. Para mi tercer año, ella y yo nos habíamos hecho rivales. Ella sabía que yo era peligrosa, muchas veces intentó advertirle a Merlín pero mientras más le advertía, él menos le creía. Creo que fue por una de esas discusiones que ellos se juraron una enemistad eterna. Curioso si piensas que después LeFay y yo nos hicimos aliadas a una causa común que Slytherin nos había enseñado. Los Walpurgis fueron creados desde el comienzo de los tiempos, para poder llevar a cabo el plan supremo de la supremacía de la magia por sobre todas las cosas y de la destrucción de lo mundano de aquellos que no poseen don alguno.
— ¿Por qué?-
— Pequeño Potter — Soltó Nimue, mientras se colocaba delante de él. Albus sintió temor al ver los ojos verdes de la bruja, parecía estar viendo el mismo abismo
—, Que sentirías tu si no paraban de alabar a tu madre y compararte con ella sin importarles lo que eres ni mucho menos lo que quieres ser?-
Albus se estremeció al pensar en todas aquellas personas que lo miraban como si esperaran que fuera una replica de su padre. Recordó cada momento en el que le decían lo mucho que se parecían
— Así es — Río Nimue —. No somos tan distintos, ¿a qué no?
— ¿Q-qué es… qué es este lugar? — intentó cambiar de tema.
— Esta ha sido la morada a la que Merlín me condenó. El tonto no se dio cuenta de que yo también tenía algo preparado para él. Es una lástima que su preciosa esposa y su heredera no hubieran desaparecido como él. Ellas son las culpables del fracaso de Mordred. Si ellas no hubieran huido el caldero habría pasado a manos del amo de la muerte mi querido Mordred. Sólo él, amo de la muerte y heredero del inframundo, podría controlar el caldero para nuestro propósito. Pero muy pronto, lograré regresarlo a la vida.
— Nadie puede volver de la muerte — Le aseguró Albus
— Eres ingenuo, corazón. Yo logré regresar de la muerte en dos ocasiones. Sé de magia que está muy por encima de las estupideces que ahora desgraciadamente les enseñan en Hogwarts..pero soy generosa Albus si tu te unes a mi te enseñare todas esas cosas, para que logres ser incluso más poderoso que tu padre, y no tengas que competir nunca mas con tus hermanos, ni con tus numerosos primos ni con nadie.
Sus ojos verdes se opacaron, ¿realmente podría adquirir todo eso? La bruja sonrió
— Todo eso y más… — con un movimiento de su mano hizo que de las llamas surgieran una serie de imágenes, donde él se convertía realmente en el Héroe del Mundo, suplantando a su padre —, pero debes unirte a mí para lograrlo. De lo contrario otro tomará tu lugar.
La figura de Scorpius surgió de entre las llamas, su rubio amigo se veía más grande. A su lado Harry Potter le felicitaba por algo. Albus sintió una punzada de celos, ¿por qué su padre miraba incluso con orgullo a Scorpius? ¡Tendría que ser a él a quien le mirase así!
— Siempre serás la sombra, Albus Severus, a menos de que me sigas…-
— ¡ALBUS, NO! — La voz de su mejor amigo resonó en la habitación, pero Albus no podía apartar la vista de las llamas, estas le estaban mostrando lo que sería su futuro, lo comprendía perfectamente. Podía ver qué pasaría si no se unía a Nimue.
¿Sería capaz de relegar la gloria que por derecho le correspondía a un Potter para entregársela a un Malfoy? Por alguna extraña razón se sentía colérico, no quería que eso pasara, aunque sabía en el fondo que las intenciones de su mejor amigo no eran malas, ¿O sí?
— Atácalo y lo descubrirás — La suave voz de Nimue le susurró en el oído, para luego desaparecer por completo junto a las llamas y las sombras que Albus había estado viendo. El ojiverde se volteó para mirar con dureza a Scorpius, quien estaba a su lado mirándole con una expresión extraña en el rostro. Los ojos de Albus ya no eran iguales El pelinegro alzó su varita.
— ¡Mátalo! — Le ordenó Nimue. Un rayo verde salió de la varita de Albus, Scorpius reaccionó a tiempo para esquivarlo, mirando con sorpresa a quien creía su mejor amigo. La maldición rebotó contra uno de los muebles que estalló en mil pedazos. Scorpius le miró entre sorprendido y colérico.
— Vamos Albus, ¿Acaso te has vuelto loco?
El chico no le respondió, simplemente volvió a apuntarle con su varita, mientras una extraña mueca de burla se dibujaba en su rostro haciéndolo lucir siniestro.
A unos kilómetros de distancia de la torre precisamente en el limite entre los terrenos de Hogwarts y el bosque prohibido, un grupo de gente te aglomeraba Harry Potter estaba mas nervioso que nunca desde hacia dos horas que las chicas atacadas habían despertado avanzando hacia el bosque como en trance y que sus dos hijos junto con Scorpius Malfoy habían decidido seguirles el rastro. La mitad del cuartel de aurores se encontraba ahí, ya desde hacia mas de hora y media intentando sin ningún resultado poder cruzar hacia el bosque prohibido, era como si una fuerza los rechazara alejándoles por completo. A su lado Ron y Hermione intentaban idear como podían entrar en el bosque, aunque sabia que los nervios de sus mejores de sus dos mejores amigos estaban tan crispados como los suyos, después de todo, Rose también había sido atacada por lo que Fred había logrado contarle. Aun no podía salir del asombro en el que se encontró cuando el pequeño apareció en plena oficina de aurores en el ministerio de magia, exigiendo hablar con el. El corazón le dio un vuelco al escuchar las noticias, hacia muchos años que no experimentaba el miedo que tenia en ese momento ¡¿como habían sido tan bobos sus hijos como para querer enfrentarse ellos solos con algo desconocido? ¡. Aunque sabia que estaba siendo hipócrita, pero necesitaba no pensar en el riesgo en el que se encontraban. Solo Merlín sabia el terror que ahondaba en su ser al pensar en la posibilidad de que..¡No¡ Debía dejar de pensar en eso. Sus hijos estaban bien
-Potter-Harry dirigió su vista hacia el recién llegado Draco Malfoy, el rubio que alguna vez había sido su rival en tiempos escolares le miro con determinación
-Creo que se como podemos entrar
-¡Tu | -Ronald Weasley avanzo furioso hacia Draco -¡por culpa de tu hijo los nuestros están en problemas¡-
-¿En serio ? Creí que eras mas lógico y razonable que esto
-¿Qué se te ha ocurrido Malfoy?-Le pregunto Hermione con la mayor amabilidad que podía. Aunque no quería dar una pelea, sentía que los viejos rencores de la guerra estaban por salir dentro de ella. Necesitaba saber que su hija estaba bien
-Esta cosa-Señalo Draco hacia la especie de burbuja invisible que cubría el bosque
.-Parece que solo repele magia ¿Y si intentamos pasar sin nuestras varitas?
-¿Y con que nos defenderemos?- Pregunto Neville, quien había estado escuchando la charla a unos metros de distancia
-¿Piensan que es buena idea?¿Y si todo esto es un plan de Draco Malfoy para deshacerse de nosotros?
-Créeme Ronald Weasley si hubiera querido deshacerse de ti lo hubiera hecho hace mucho tiempo-
-¡ Harry, Ron, Hermione¡-Luna Lovegood avanzaba por el amplio terreno a gran velocidad, detrás de ella un agitado Rolf Scamender intentaba seguirle el paso
-Jamás pensé que volveríamos a usarlas-Exclamo entre sorprendida y aterrorizada sacando de su tunica azul eléctrico lo que parecía un galeón
-Han vuelto a atacar-Informo Harry con seriedad-.Se han llevado a Rose y mis hijos han ido detrás de lo que esta causando esto
-Algo no esta bien-Murmuro Luna sus ojos saltones se abrieron aun mas cuando se fijaron en un punto medio de los árboles-. Esto es magia muy avanzada
-¿Haremos lo que propuse o seguiremos intentando ver a la nada?-Pregunto Malfoy con un deje de desesperación. Como ninguno de los presentes parecía prestarle atención, Draco Malfoy hizo lo único que creía que podía ser la solución. Sin pensarlo dos veces dejo su varita en el húmedo pasto y avanzo con paso firme hacia el bosque prohibido, donde los aurores seguían lanzando hechizos sin conseguir ninguno tipo de resultado. El rubio quiso rodar los ojos ¿Es que acaso no se daban cuenta de que estaban perdiendo el tiempo?. Le sorprendía que el propio Harry Potter estuviera un poco “lento” en el asunto pero igualmente no lo culpaba, después de todo guiarse por los impulsos les había costado mucho en el pasado. Tratando de despejar de su mente cualquier pensamiento negativo, Draco dio un paso hacia los primeros árboles que marcaban el inicio de aquel frondoso bosque. Sintió como un balde de agua congelada le cayera encima. Fue una sensación que duro unos segundos pero que lo dejo sin alientos. Sonrío al darse cuenta que lo había logrado, había pasado al otro lado de la barrera. Afuera Harry miro con sorpresa a Draco quien le miraba triunfante.
Pero pronto su rostro se transformo, ya no era sorpresa lo que había, sino terror.
Esos escasos segundos fueron los que indicaron a Draco que había hecho mal en no llevar su varita. De entre los árboles surgió una enorme acromantula
-Demonios-Maldijo por lo bajo al darse cuenta que ahora no podría pasar al otro lado por lo que decidió rápidamente protegerse del peligro en su forma animaga, cerro los ojos y se convirtió en un enorme dragón negro que escupía grandes llamas de fuego por la boca. Por su parte en la torre donde se escondía Nimue se libraba otra batalla
— Albus, por favor — Suplicó Scorpius mientras se escondía detrás del trono, era una suerte que este fuera de oro, sino también se hubiera partido en mil trozos como el resto del mobiliario
— ¡No lo escuches! — La gélida voz de Nimue resonaba en la cabeza de Albus, quien parecía estar luchando mentalmente consigo mismo. Scorpius se asomó para ver como su amigo se desplomaba de rodillas en el suelo, mientras se sujetaba la cabeza con fuerza, ahogando un grito de desesperación.
— ¡Albus! — Scorpius trató de acercarse a su amigo, cuando de la nada una enorme serpiente se interpuso entre ellos.
— ¡Apártate! — Los ojos grises del rubio se abrieron de la sorpresa al darse cuenta de quien le hablaba era la serpiente.
— ¿Quién eres? — El animal siseó como si se estuviera riendo, para luego enroscarse en sí mismo, alcanzando una altura considerable. Ante los ojos de Scorpius apareció una figura encapuchada de negro, a la cual no pudo distinguirle el rostro.
— Mi fiel servidor — Si el rubio pensaba que las sorpresas iban a terminar ahí, estaba equivocado . al lado de Albus se encontraba parada una mujer ataviada en un vestido medieval desgastado y marchito al igual que su rostro pero podía deducirse que antaño se había tratado de una mujer preciosa.
-Nimue-Susurro y la mujer sonrío con placer
-Es patético ver los esfuerzos que ponen vuestros padres- El chico frunció el ceño ante la mención de los adultos ¿Dónde estaban? ¿Acaso les había hecho algo?
-Demasiadas preguntas
-¿Cómo?
-Legeremancia-Dijo Nimue.-Querido tendrás que ir a detenerles están causando demasiados problemas-
El encapuchado se alejo sin decir una palabra, pero Scorpius vio con sorpresa como soltaba lo que parecía ser un medallón hecho con diamante. Y las palabras del fraile gordo regresaron a su mente y rápidamente te abalanzo sobre el objeto. Nimue lo miraba furiosa, la figura encapuchada ya se había alejado tan rápido como le había dado la orden, por lo que solo estaban Nimue, Albus y el.
-¡Dame ese medallón y nadie saldrá herido¡
-¡Jamás¡-Grito Scorpius. El pelinegro sintió como recuperaba sus fuerzas poco a poco por lo que pensando con mas claridad llego a la conclusión de que todo aquello era producto del espejo de Oesed que sin duda estaba embrujado de alguna forma para que la bruja milenaria llevara a cabo sus propósitos. Busco a tientas su varita mientras Nimue se acercaba peligrosamente a Scorpius. Y lo mas rápido que pudo se incorporo apuntando con su varita al espejo.
-¡Déjalo en paz mala bruja¡-Grito con odio cuando vio que la bruja tomaba a Scorpius por el cuello. No le sorprendía darse cuenta que en realidad Nimue tenia un aspecto cadavérico, lo que confirmaba su teoría sobre el espejo de Oesed
-No te atreves-Se mofo Nimue-eres tan cobarde y débil que no te atreves
-¿Qué no?-Sonrío Albus con cansancio.-Mírame ¡ BOMBARDA MAXIMA¡
Varias cosas sucedieron a la vez Albus solo reacciono a tiempo para poder apartarse. El espejo de Oesed había explotado de forma violenta en mil añicos pero al mismo tiempo la torre parecía caerse a pedazos. La tierra tembló y logro que un par de piedras del techo cayeran. Para espanto de Albus y Scorpius, Nimue también se estaba despezando o al menos eso parecía
-¡Juro que me vengare de vosotros malditos mocosos¡-Sus ojos verdes se posaron en los grises de Scorpius Malfoy-.Esta vez tu familia no escapara
Antes de que pudiera decir nada mas la mujer exploto en una nube de humo y polvo. La tierra se movió violentamente, por lo que ambos tuvieron que salir corriendo del lugar. Tomaron sus escobas y se lanzaron por la ventana al tiempo de que la torre se destruía pedazos, solo descendieron cuando vieron que la ultima piedra había caído.
-Scorpius..perdóname jamás fue mi intención tratar de matarte
-No te preocupes Albus, ya lo sabia
Scorpius aun tenia en la mano aquel extraño medallón, por lo que se sorprendió al ver que este comenzaba a emitir destellos. Sus ojos se fijaron en la luna, el eclipse estaba por comenzar.
-¿Cómo es que aun no se despiertan?-Pregunto alarmado el rubio. Albus lo miro con preocupación. A su alrededor se alzo una neblina densa y una risa fría inundo el lugar, llegando de ningún lugar. Si no despertaban a las chicas, todo estaría perdido para siempre. La pregunta era ¿Cómo lo harían?. Scorpius se desespero intentando recordar todo lo que sabían sobre Nimue y los ataques, todo de alguna forma remitía a los cuentos muggles. Pero ¿Cómo despertar a doce chicas de una maldición que no tenia precedentes? Afuera sus padres estaban luchando por abrirse paso en el bosque , la defensas de Nimue habían caído pero si no encontraban la forma de que el ritual luna de sangre no se llevara a cabo, entonces si estarían perdidos para siempre.


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janessi1
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MensajeTema: capitulo 18 de next generation : el leon, el fenix y la rosa   Vie Ene 24, 2014 11:43 am

Draco Malfoy en su forma animaga decidió quemar a la acromantula con sus llamas cuando de repente oyó a Luna Lovegood gritar a una segunda acromantula que apareció de la nada.-¡Arania Exumai¡-Dejando a todos asombrados, la ex Ravenclaw había conseguido que un hechizo penetrara hacia el bosque prohibido
-¿Qué están esperando?-Pregunto irritada la mujer-¡Ayúdenme Draco y yo no podemos solos¡
Pronto el linde del bosque se inundo con las voces de los magos adultos (en el caso de Draco Malfoy en su forma animaga directamente las quemaba con sus llamas) tratando de apartar a los arácnidos que rápidamente no paraban de llegar al lugar. Todos estaban tan concentrados en su tarea que no se percataron del hombre que los miraba con fijeza desde las ramas de uno de los árboles mas alejados. Sus ojos grises se iluminaron con diversión perversa, Nimue podía haber fracasado aquella vez pero el se encargaría de que todo siguiera el curso que debía. El rey del mal debía despertar de su sueño. Tal vez tardaran pero la profecía se cumpliría, ellos se encargarían de que así fuera. Por su parte los dos chicos de Gryffindor estaban intentando de todo para despertar a sus compañeras incluso les habían mojado la cara con un poco del agua que había en una especie de estanque que había bordeado lo que antes había sido la torre de Nimue, pero nada parecía hacerlas reaccionar y James seguía igual.
-Hay una opción, algo que no hemos intentado-La voz de Scorpius surgió como un susurro lastimero, por lo que Albus tuvo que hacer un gran esfuerzo por escucharlo
-Normalmente en los cuentos de hadas de los muggles siempre terminar con que el hechizo se rompe por un beso de amor verdadero
-A las únicas chicas a las que conozco y por tanto quiero son a mis primas, muchas gracias Scorpius pero creo que esta vez patinaste ¡Seria incesto¡-Exclamo con pánico y asco-¡Jamás besare a mis primas¡
-Al..
-¡Yo ya bese a una rana asquerosa, no pienso caer en el juego dos veces¡
Scorpius rodó los ojos y sin esperar mas se agacho hasta quedar a la altura de Rose Weasley cerro los ojos y la beso suavemente en los labios y una especie de cosquilleo lo inundó haciendo que cada una de sus terminaciones nerviosas se sintieran calidas al dar su primer beso. En ese momento una brisa se levanto del suelo, haciendo que Scorpius se incorporara. Algo en su bolsillo lo estaba quemando
-¿Qué esta pasando?-Pregunto alarmado al ver como el diamante que le había robado a Nimue comenzaba a emitir una luz brillante desde su interior. Unas figuras se dibujaron en lo que parecía ser fuego. Un león, un fénix y una rosa que lograron atravesar aquella piedra irrompible. Scorpius dejo caer la dejo caer al suelo al tiempo en que esta explotaba en una nube de polvo brillante.
-¡Rose¡-Exclamaron los dos al ver que Rose abría sus ojos azules. A Scorpius sin importarle como quedaría la abrazo con fuerza. La pelirroja se puso rígida, pero luego de unos segundos pareció reaccionar cuando otro par de brazos mas la rodearon
-¡Estas viva¡-Murmuro Albus con alegría
-¿Por qué no lo estaría?-Pregunto molesta intentando deshacerse del fuerte agarre de sus dos mejores amigos quienes estaban en serios problemas.¿Cómo se habían atrevido a petrificarla?
-¿Albus, Scorpius?-La voz de James los distrajo. El pelinegro se separo de inmediato para abrazar a su hermano mayor.
-Bueno, Bueno…¡lo han logrado¡-James los miro contento. Fue entonces que Rose reparo en donde estaban. Aquello parecía un enorme claro que había sido azotado por un terremoto. A su alrededor un murmullo de voces iba en alza, fue así como diviso a sus dos primas mayores, Molly y Dominique. Ambas estaban ataviadas por un extraño vestido blanco y una corona de rosas blancas
— Todo ha terminado-Murmuro Scorpius. La pelirroja sabia que no tendría los detalles de inmediato pero pudo deducir que algo había arrastrado a todas las pelirrojas hasta ahí. Y habían sido Albus y Scorpius los que habían logrado acabar con ese algo. Las chicas aun asustadas se abrazaron las unas a las otras sin importar edad, ni la casa a la que pertenecían
-Eres la mejor persona que he conocido nunca-Le susurro con cariño Hydra O ‘Conell a Molly Weasley II
-Vamos-Le apremio sorprendida y halagada la pelirroja.-Regresemos a casa.
-Que extraño-Soltó Luna Lovegood las acroamantulas se estaban alejando una por una
— ¡ Harry mira¡-La voz asombrada de Neville Longbottom le hizo dirigir su mirada en la dirección que su amigo señalaba. de entre los árboles surgieron las chicas pelirrojas, que parecían haber estado caminando por horas, cerrando el desfile iban Molly, una chica que Harry no reconoció, Rose, Albus, James y Scorpius
-¡Rose¡-La voz de Ron y Hermione resonó al unísono. Ambos se abalanzaron sobre su hija que les sonreía con cariño y vergüenza por la extraña muestra de afecto.
-¡Avisen a Hannah, rápido¡-Pidió Harry a uno de los aurores que se encontraban mas cerca para luego correr en dirección a sus dos hijos-¡Albus, James¡
Los chicos corrieron a su encuentro para luego abrazarse.
-¡Están en serios problemas¡-Les regaño.-Nos dieron un susto muy grande
— Lo sentimos papa-Soltaron los dos apenados
-Igualmente estoy muy orgulloso de vosotros dos
Los ojos verdes de Albus se encontraron con los de su progenitor, mientras caminaban en silencio hacia Hogwarts había tenido miedo sobre lo que su padre pudiera decirle.¿Qué diría cuando le contara lo que había pasado con Nimue y el espejo de Oesed?. Tenia miedo de que su padre nunca lo mirara igual. Sus dudas momentáneamente lo abandonaron al verse reflejado en los ojos verdes de Harry.
A unos metros de distancia, Draco Malfoy dejo de ser un dragón negro para correr a abrazar a su hijo.
— Por un momento temí perderte campeón-Susurro el hombre. Scorpius sabia que su padre no mentía. Había pocas cosas cosas en la vida a las que Draco temía pero ver una de esas materializarse le había replanteado muchas cosas tenia que hablar seriamente con su hijo, pues algo en su fuero interno le decía que esa no seria la primera vez que ocurriría algo así. Por eso espero a que todos fueran revisados por la enfermera, algunas de las chicas debieron recibir un tratamiento para calmar sus nervios pero después de eso nadie había sufrido muchos daños. Albus y Scorpius eran los únicos que tenían mas golpes y rasguños que el resto pero eso era porque ambos se habían visto en medio del derrumbe de la torre de Nimue. Harry había podido comprobar lo que sus hijos y el rubio relataron unas horas después, cuando mando a un equipo de sus mejores aurores a hacer una inspección de la zona, especialmente para poder determinar que tipo de magia se había estado utilizando
— Se que suena increíble pero es verdad Viviane Arachne-Dijo Albus
-Nimue así es como se hace llamar-Prosiguió Scorpius
-Pero eso es imposible-Intervino Hermione Granger quien había estado escuchando la historia atentamente-.Nimue era una hechicera que vivió hace muchos siglos atrás, hay documentos que constatan que murió durante una pelea con Merlín a principios de la edad media.
Draco se tenso al escuchar aquello, algo que no paso desapercibido ni por Harry Potter ni por su propio hijo.
-Debes creernos tía Hermione-Le dijo James suplicante.-Esa bruja ha sido quien ha estado detrás de todos los ataques
-Incluso prometió volver, quiere recuperar algo…-Por un extraño motivo Scorpius no quiso nombrar al caldero negro, algo le decía que no era conveniente hacerlo
-Les creo-Soltó Luna Lovegood con voz soñadora, los adultos pegaron un respingo al escucharla ya que el silencio se había apoderado por unos minutos del lugar dejando la enfermería en un ambiente de tensión-, pronto la paz se vera afectada nuevamente por eso debemos mantenernos unidos y recordar que el amor siempre vence
-Luna no creo que haya riesgo de nada-Hermione se encontraba tensa, se notaba algo molesta como si no hubiera querido que la rubia dijera nada delante de los chicos.
— Un momento-Dijo alterado el rubio recordando su experiencia con Nimue
-Alguien la estaba ayudando ¡había alguien mas en la torre¡
Harry frunció el ceño-¿Estas seguro Scorpius?-El rubio asintió
-¡Un hombre¡. Llevaba una especie de capa oscura…¡era un animago¡
El padre de su mejor amigo saco su varita de entre sus túnicas, para luego lanzar su patronus y avisar a sus hombres
-Los aurores estarán registrando la zona. Así que ahora debemos dejarles descansar han tenido una noche muy agitada y no querrán perderse el banquete de aniversario
— Si no te molesta Potter-Soltó arrastrando las palabras Draco Malfoy —. Debo de hablar con mi hijo en privado antes de que esta fiesta sea trasladada a donde pertenece
— De acuerdo Malfoy. Pero creo que deberás informarle a Hannah si precisan algo-
Draco asintió, dando a entender que lo haría y además estaba agradecido
— Potter, luego quisiera unas palabras contigo — Le llamo antes de que el pelinegro saliera de la enfermería, detrás de los demás adultos. Harry asintió para luego decirle
-Por cierto bonita forma animaga aunque no es muy original…Draco/dragón, en fin luego hablamos.
Segundos después ya con Harry fuera Draco se acerco a la camilla de su hijo no sin antes correr las cortinas para separarlos de los dos Potter que los veían con curiosidad
— Muffiato-Murmuro Draco a las corinas, asegurándose así que la conversación que iba a tener con su hijo no fuera escuchada por nadie mas que ellos, ya sentado en la cama de Scorpius hablo — lo siento mucho hijo —
— ¿ Porque habrías de sentirlo papa? No ha sido culpa tuya
— He sido tan responsable de esto como de que tu y tus amigos casi mueran en el intento ¿Recuerdas como cuando terminaron las vacaciones de navidad te pedí que mantuvieras distancia de los Potter y los Weasley? — el chico asintió —. Bueno me refería a esto no precisamente a los ataques sino a que.. .— Draco no sabia como decir aquello sin que su hijo lo creyera loco —, veras campeón la familia de tu madre es sangre pura una de las familias mas ancestrales que jamás vas a encontrar en el mundo mágico y tu eres uno de los herederos, por no decir el único heredero de un legado..
Scorpius escuchaba atentamente a su padre, pero por algún extraño motivo no podía encontrar coherencia en lo que este quería decirle
— Si no me equivoco y quiero que no me mientas, la bruja que hizo esto reconoció algo en ti …especialmente en nuestra familia
Las palabras de Nimue regresaron a su mente «Esta vez tu familia no escapara…»
— No lo entiendo-Soltó el pequeño. Draco mirando a su hijo con ternura le dijo
— Tus abuelos maternos te lo explicaran mejor en cuanto los veamos pero Scorpius creo que tienes que saber que en tus venas corre un tipo de sangre con magia que va mas allá de lo que incluso la sangre de Harry Potter pudiera poseer. A lo que me refiero es que eres el heredero de algo ancestral y peligroso si cae en malas manos.
Tu abuelo Hyperion asumió el papel de guardián de ese legado cuando se caso con tu abuela Branwen igual que yo lo hice cuando me case con tu madre — Scorpius se removió en la cama, intentaba analizar y asimilar lo que su padre estaba diciéndole aunque si lo pensaba claramente eso no despejaba sus dudas ¿Qué había querido decir Nimue con aquello? Además ¿De que iba todo aquel legado mágico?
— Yo pensé que tu vida podría estar alejada de todo tipo de mal lamento no haber sido contigo hijo. Pues es a causa de este legado que llevas en tu sangre serás perseguido
— ¿Por qué ? ¿Qué de especial tiene el legado?
— Tus abuelos maternos te lo dirán cuando los veamos — Repitió Draco para la frustración de su hijo —, pero lo único que puedo decirte es que hare lo necesario para protegerte. Quiero que eso nunca lo olvides
Scorpius sorprendió a su padre cuando se abalanzo sobre el para abrazarlo. Fue en ese momento en el que su madre apareció descorriendo las cortinas con una rapidez asombrosa. Jamás en sus doce años había visto a su madre tan preocupada como en ese momento incluso superaba la vez en la que casi se muere de hipotermia por culpa de los hermanos Goyle y Vaelico Higgs. No fue necesario que se digieran nada, los tres se abrazaron con fuerza dejando las cuestiones para después, de momento solo se dedicarían a agradecer a los cielos que estaban juntos y con vida
— Entonces — Susurro James desde su camilla mientras el y su hermano veían con cautela hacia las cortinas que los separaban de la reunión Malfoy que se estaba llevando a cabo a unos metros de ellos —, ¿Cómo lograron deshacer la maldición?. Escuche a papa decirle a uno de sus aurores que esa magia era muy poderosa
-¡ Es un secreto!
— Me gustan los secretos — El rostro de James brillo con determinación —, Esto es de un tipo de material..¿Chantajista?
— Demasiado chantajista
— Suelta la sopa, enano
Y así fue como Albus delato a Scorpius pero James seria el encargado de chantajear y burlarse de su rubio amigo por el resto de sus días o hasta que el chico se animara a decirle la verdad a Rose, quien realmente no tenia ni las remota idea de lo ocurrido.
El hijo mayor de Harry Potter aprendió así que la amistad puede quebrar mil reglas cuando se trata de amor verdadero, fue en ese momento en el que decidió liberarse de toda duda o prejuicio para aceptar la amistad del pequeño Malfoy con Albus. Después de todo, si su apuesta lograba llevarse a cabo, el único hijo de Draco Malfoy pasaría a ser pariente de ellos y sonrío al imaginarse la cara del tío Ron. Luego de unas horas de reposo, Hananh Longbottom les dio el alta a sus pacientes, pidiéndoles especialmente a James que ante cualquier síntoma extraño no dudaran en buscarla. Albus se encontraba tomando la ultima poción que su madrina le había dado para poder dejarlo ir con sus familiares al banquete que habían preparado en el gran comedor, cuando su padre entro nuevamente en la enfermería. Esta vez Harry Potter iba solo tal y como el había esperado. Le había pedido a su hermano que le digiera a su padre que quería hablar con el a solas. Debía decirle su verdad
— Papa… — Murmuro el chico algo incomodo, sabia que su padre estaba ahí para charlar sobre lo que habían vivido hacia unas horas atrás
— ¿Qué ocurre Al?. James me dijo que querías hablarme
El chico asintió y dijo — ¿Crees que soy malo?
— ¿Qué tonterías dices Albus?
— Es que.. — el chico suspiro desviando la mirada hacia el frío suelo de piedra—, en la torre hice algo muy malo.



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MensajeTema: capitulo 19 : aniversario de guerra   Jue Jul 24, 2014 7:30 pm

Su padre lo miró, esperando con calma a que ordenara sus ideas y se armara de valor para admitir lo que había pasado.
— Ataqué a Scorpius — sus ojos verdes se encontraron con los de su progenitor, Harry lo miraba sin juzgarle y sin enfado, por lo que eso le animó a seguir con su relato —. Había un espejo de Oesed, todo hasta ahí iba bien, sabíamos que estábamos en el lugar correcto, pero luego fue como si me adentrara a otro lugar, el espejo me hizo ver cosas de las que me avergüenzo. Luego, fue todo muy confuso, era como si alguien me controlara, yo… — la confesión que estaba a punto de hacer lo obligó a apartar la mirada de su padre, no quería ver la decepción en sus ojos tan iguales a los suyos, se sentía como un villano, ruin y sucio — Yo… ¡intenté matar a Scorpius! — soltó finalmente mientras unas lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos.
— No eres malo Albus. A veces los magos tenebrosos inducen a la gente buena y noble como tú a hacer cosas malas. pero tú hijo en ningún momento perdiste el valor y dejaste que tu corazón hablara y esa es la magia más poderosa que se puede invocar. El amor, hijo.
— Pero, ¿qué tal si James tenía razón a principio de año? ¿Qué tal que tenía que haber ido a Slytherin ?
— Albus Severus, yo mismo me hice esas preguntas cuando tenía tu edad y me costó tiempo entender que todos llevamos un poco de cada casa dentro de nosotros pero son las acciones que prevalecen en nuestro actuar y que lo hiciste hoy gritan a los cielos que eres un chico Gryffindor.
Albus sentía como poco a poco la opresión que tenía en el pecho se iba desvaneciendo. Había sido lo correcto mandar a James por su padre, necesitaba realmente escucharle decir aquello. Aunque había algo más en su interior que lo carcomía, lo que había soltado Scorpius hacía unas horas atrás… «¡Había alguien más en la Torre!… ¡Un hombre! Llevaba una especie de capa oscura… ¡era un animago!». Albus frunció el ceño al recordar aquello.
— Hay algo más que me preocupa papa durante el verano en la Madriguera — no sabía muy bien por dónde empezar realmente así que decidió ser lo más directo posible. Dejó soltar un suspiro y con la determinación y valía característica de un Gryffindor, se enfrentó con la mirada de su padre
—. Temí que supiera hablar pársel.
Durante la siguiente hora Albus se dedicó a explicarle a su padre lo que le había ocurrido en dos ocasiones en los lindes del bosque que lindaba con la casa de sus abuelos. Para ser honesto consigo mismo, el chico no podía descifrar aún la expresión en el rostro de su padre cuando le habló del hecho de que había investigado junto a Scorpius sobre la Telemancia. . Sin duda era la misma serpiente, jamás olvidaría unos ojos tan grises como aquellos. Harry se mantuvo en silencio un rato, sopesando la información que le había dado su hijo. Albus sin duda estaba asustado, y no era para menos con las cosas con las que se había tenido que enfrentar él solo. Por un momento Harry temió que nunca hubiera sido del todo claro con sus hijos, de que podían confiar en él.
— Lamento que hallas tardado tanto en decírmelo Al — su hijo bajó la cabeza en señal de arrepentimiento —, es como si no hubieras confiado en mí, aunque sé por lo que debiste de haber pasado después de todo a mí me pasó algo similar, y por eso quiero que de ahora en más sientas que puedes contarme lo que sea. Estoy orgulloso de ti. Después de lo que ocurrió esta madrugada, no quiero más secretos entre nosotros, no de esta índole y menos aún con lo que este secreto que me confías puede representar para nuestra familia — intentó no parecer tan severo, aunque lo cierto era que por dentro tenía miedo, mucho miedo —. Además, por lo que me ha contado Malfoy recién, me parece que ésta no será su única aventura. — Albus frunció el ceño, ¿de qué estaba hablando su padre?
— ¡Oh, aquí están! — Ginny Potter entró en la enfermería a toda velocidad.
— ¡Mamá! — Albus abrazó a Ginny fuertemente, por un momento había temido no volver a verla nunca más, por lo que era una alegría verla de nuevo.
— ¡Estas en serios problemas, jovencito! — Le regañó su madre una vez que terminaron de abrazarse
— ¿Cómo es eso de que petrificaste a tu prima?
Albus gruñó por lo bajo, Rose se le había adelantado y seguro ya había contado su versión de los hechos. A sus espaldas, Harry soltó una risita. Era un alivio que su familia estuviera viva. Lo que había ocurrido aquella noche, había despertado en él recuerdos que prefería mantener encerrados, pero que sin duda querían salir a la luz después de veinte años.
— Lo siento, mamá. Pero era necesario… — y así Albus comenzó a relatarle a su madre los acontecimientos de la noche anterior. Ginny escuchaba con atención a su hijo, conteniendo el aliento cuando supo por lo que había pasado aquella madrugada. Sin duda Albus y James eran los hijos de Harry, heredando aquél gen que había metido en más de un problema a su esposo y sus antepasados. Horas después en el gran comedor donde se celebraba el banquete de aniversario de la caída de Voldemort mientras el resto se ponía las botas de comida Harry Potter recordaba en silencio su encuentro con Draco Malfoy mientras Hannah atendía a sus hijos en la enfermería.
— Potter — Malfoy seguía arrastrando las palabras cada vez que hablaba, pero en esa ocasión, Harry no detectó el característico orgullo que solía teñir a la voz del rubio —, realmente necesitamos hablar.
Harry asintió, y con un gesto le indicó que le siguiera. Conocía el lugar perfecto para que tuvieran privacidad por un momento. Al principio pensó en un aula vacía, pero su corazón lo guío hacia el lugar donde más había aprendido durante su estadía en Hogwarts. El despacho del Director siempre sería para él una especie de escape, donde las ideas y la claridad le llegaban casi de manera directa.
Draco pareció rezagarse al darse cuenta de su lugar de destino, por lo que Harry sólo se limitó a ofrecerle un poco de paz mental.
— Es el lugar más seguro y más silencioso que conozco en todo Hogwarts.
El rubio suspiró y luego de unos minutos aceptó la oferta.
— Soy todo oídos, Malfoy.
— Lo que te voy a contar, no debe de salir de aquí — Soltó, mirando con algo de recelo a los retratos de los antiguos directores de Hogwarts que dormitaban plácidamente en sus cuadros. Draco sintió un escalofrío al ver el cuadro de Dumbledore, con esa misma tranquilidad apacible con la que lo vio por última vez en una de las peores noches de su vida.
— Tienes mi palabra Draco.
— ¿Crees en las profecías?
— No soy una buena persona para formular eso, más aún después de los acontecimientos que sucedieron en mi vida a partir de una. Pero, creo que una profecía es algo que puede llegar a pasar, eso si el camino de quienes involucra han sido llevados en esa dirección por el accionar de los mismos.
— Hay una profecía una más antigua de lo que fue la tuya. Se remonta a la época artúrica, un poco antes de que los magos y brujas tuvieran que esconderse de los muggles. Antes incluso de la muerte del mago al que todos hemos alabado por su grandeza.
— ¿Con Merlín?
— Si no crees en las profecías Potter, al menos ¿crees en el linaje de sangre?
— ¿Quién?
— Scorpius.
— Es increíble, ¿No es cierto? — La voz de Neville le sacó de sus pensamientos, era mejor que no pensara mucho en el asunto en esos momentos, ya tendría toda la semana para poder investigar sobre lo que Malfoy le había comunicado. Y si aquello era cierto, sólo Merlín podía apiadarse de ellos, pero él haría todo lo necesario para que sus hijos tuvieran un mejor camino, cuando el tiempo llegara.
De momento se tenía que enfocar en el presente. Harry sabía que después del banquete debía dirigir a todos hacia los terrenos del castillo, rumbo al muro de los lamentos, donde algunos de los familiares de los caídos de la guerra . Cuando todos terminaron de comer, el profesor Flitwick se alzó sobre una enorme tarima y dirigió unas pocas palabras para los presentes, invitándolos a participar de la ceremonia que en breve se celebraría en los terrenos del castillo. Los adultos se apartaron de los jóvenes, quienes empezaron a esparcirse rumbo a sus salas comunes, en un intento por arreglarse un poco, especialmente las jóvenes, pues sabían que la prensa estaría a pocos metros de ellos.
— Lo que no me queda claro es cómo lograron romper el hechizo-Dijo Ron
Harry, quien se había unido una vez más a su familia, sonrió al recordar lo que había escuchado a Albus susurrarle a James en la enfermería. El pelirrojo no tenía ni la más remota idea de que su retoño había recibido su primer beso aquella madrugada, y por lo visto la susodicha no tenía recuerdo alguno de ello. Aunque ciertamente se la veía más relajada en su forma de interactuar con cierto rubio.
— No tengo idea — Sonrió Harry misteriosamente.
Ron frunció el ceño. — Algo sabes.
El pelinegro negó con la cabeza, mientras empezaba a caminar en dirección a la entrada del castillo. Hermione y Ginny lo miraron con curiosidad, pero ambas decidieron esperar a que el pelinegro soltara la sopa en cualquier momento, o por lo menos hasta que Ginny pudiera sonsacarle la verdad, después de todo, Ron siempre sería el último de enterarse de todo.
— Hagrid, creo que es hora — Anunció a su amigo semi-gigante quien le esperaba en las puertas de roble junto con el profesor Longbottom —. Neville, encárguense de llevar a los chicos afuera.
Neville se juntó con el resto del plantel de profesores, que pronto comenzaron a darles instrucciones a los premios anuales y a los prefectos para que los estudiantes atravesaran la entrada de la manera más ordenada posible. En una procesión silenciosa y solemne, los alumnos de Hogwarts salieron a los terrenos del castillo, hacia el muro de los lamentos al que pronto llegaron y donde, el ministro de magia, Kingsley Shacklebolt, junto con Harry, Ron, Hermione, Luna y Neville, se acercaron al pódium, quedando de frente ante todos los presentes para dar sus discursos. Rato mas tarde el horizonte comenzaba a adentrarse a la medianoche , y por tanto el dos de mayo en una metáfora demasiado escalofriante para el gusto de Draco Malfoy, quien aún tenía en sus oídos el discurso que Harry había dado minutos antes. El moriría por su hijo y su esposa, había adquirido el papel de guardián desde el momento en el que había aceptado su amor por aquella joven mujer que tanto se le había calado en su ser, en esos momentos donde aún se sentía como un monstruo y el mundo no era más que una pesadilla, su ángel lo había salvado y por eso había reconocido el amor verdadero. Dumbledore estaba en lo cierto, la magia más poderosa era el amor, sin él su pequeño no hubiera existido nunca, la luz de sus ojos, su orgullo. Suspiró con pesar cuando su mente se detuvo en la imagen del día de su compromiso con Astoria. Su suegro Hyperion Greengrass le había apartado de la fiesta que habían realizado en la casa de la familia Greengrass en Tintagel, apartándole del resto de la familia para revelarle un secreto que pronto tendría que serle revelado a su hijo.
— Existen varias formas de magia — Recordó que le dijo el señor Greengrass con esa voz grave y solemne que le caracterizaba —, pero no hay ninguna más poderosa que la que surge de los sentimientos. Tardé en tener confianza en ti, más por tu oscuro pasado que por tu persona, pero he visto cómo miras y tratas a mi hija. — Sacando su varita de entre los pliegues de su túnica, Hyperion Greengrass le miró con sus ojos azules, esperando una reacción negativa por parte de Draco, después de todo lo que iban a hacer era un pacto que pondría en juego su vida —. ¿Juras por tu vida, mantener la de mi hija y la de la familia de su madre?
— Lo juro.
— ¿Juras con tu vida defender los secretos, los ideales y los tesoros de los Sauveterre?
— Lo juro.
— ¿Reconoces como enemigo máximo a los Caballeros de Walpurgis?
— Los reconozco y los repudio.
— Pero, ante todo Draco Malfoy ¿Juras lealtad a los Guardianes del Ocaso?
— Lo juro.
El viento fresco de la primavera hizo que Draco volviera al presente. A su alrededor cientos de magos y brujas alzaban sus varitas al cielo oscuro, iluminando con sus puntas el silencio de la noche, en forma de respeto por los caídos de la guerra. A unos metros de ellos Scorpius alzaba la suya, con semblante serio y demasiado solemne para el rostro de un chico de sólo doce años. Las semanas fueron pasando y el final de curso ya había llegado y la mayoría de los alumnos se encontraban disfrutando su última tarde en Hogwarts.
— Un galeón por tus pensamientos Malfoy — La voz de Rose lo hizo incorporarse de su asiento en la sala común de Gryffindor .
— ¡Demonios, Weasley!¡Casi me matas de un susto!
— Bueno, Malfoy, convengamos de que has estado tan absorto que ni siquiera me has oído.
— Lo siento — Respondió con algo de pesar —. No soy la mejor persona para pasar estos momentos…
Rose soltó un bufido de exasperación .— ¿Qué pasa por tu mente?
– La principal es que el verano está llegando.
— ¿Y qué hay de malo en eso?
— Que me iré a Francia apenas empiecen las vacaciones.
— Pero nos veremos en el mundial, tú mismo lo dijiste — Le recordó la pelirroja.
— Sí, eso sí. Mi preocupación nace en que no estarán allí para cuando mis abuelos me tengan que decir
Entonces la niña lo comprendió. Scorpius tenía miedo.
— Sabes que pase lo que pase, estaremos ahí para ti, ¿no?
— ¿Y si es algo malo? Ya sabes demasiado bien la historia de la magia como para saber que nosotros los Malfoy no somos muy bien asociados con el tema de las guerras.
— Pero esto es algo de los Greengrass, quienes no participaron con Voldemort ni con Grindelwald.
— Lo sé, pero no dejo de tener miedo, ¿sabes? La vida como un Malfoy no ha sido fácil.
— Ni como la de un Potter — Scorpius se sorprendió de ver a Albus ahí. El pelinegro sin duda había estado escuchando todo desde su lugar en la entrada de la Sala Común. Rose le sonrió a su primo
—. ¿Sabes cuántas veces he escuchado que soy la viva imagen de papá en lo que van de estos días? ¡Infinitas! Y eso que no hice nada heroico en aquél sitio…
— Ambos hicimos algo heroico ahí, Al — Le recordó Scorpius.
— Bueno, he tenido mis dudas al respecto. Lo sabes.
— Me preocupa enterarme de algo terrible. La cara que puso mi padre cuando me dijo que tenía que hablar con mi abuelo Hyperion… — Scorpius aún recordaba la evasión en los ojos grises de su padre.
— No puede ser tan malo — Le dijo Rose —. Estaremos ahí pase lo que pase.
— ¿Lo prometen?
— Lo prometemos — Dijeron al unísono Albus y Rose, ambos lo prometían con todo su corazón, aunque ninguno de los dos sabía a ciencia cierta lo que aquella promesa significaría en un futuro no tan lejano. Sólo Merlín podría ser el único capaz de comprender el valor de ese pacto, tal como lo descubriría dentro de unos días Scorpius cuando estuviera por fin con sus abuelos en Francia.
— Nos veremos en la final — Cambió de tema Albus, por lo que Scorpius le estuvo agradecido.
— ¡Obvio que sí Potter! ¿Piensas que me querré perder la final de Estados Unidos contra España?
— ¡Apuestas muy alto, Malfoy! — Contraatacó el pelinegro — Todos saben que la copa se disputará entre Bulgaria y Brasil.
— Por favor todos saben que la final será entre Irlanda y Francia. — Soltó Rose con diversión.
Y los tres amigos se pasaron el resto de la tarde discutiendo las posibilidades de cada país en la final del mundo que se celebraría en un mes y medio en las costas de Marsella mientras eso ocurría Molly Weasley II estaba recibiendo su primer beso en el aula de transformaciones a cargo de Hydra O ‘Conell la corista de Slytherin que iba al mismo año que ella, un beso que no rechazo ni le desagrado todo lo contrario a Molly Weasley II ese beso le gusto y mucho. Así fue como horas después, todos los alumnos de Hogwarts se encontraron en el gran comedor el cual estaba engalanado con las banderas de las casas, anunciando así la pronto ceremonia de entrega de la copa de las casas. con 500 puntos estaba Ravenclaw, seguida de Slytherin con 450, Gryffindor en tercer lugar con 360 y en último lugar Hufflepuff con 300 puntos; algo que realmente era deprimente, teniendo en cuenta los acontecimientos.
— Dominique y Louis no pararan de vanagloriarse en todo el verano y eso que la copa de quidditch no se termino de celebrar este año-Dijo un hastiado James mientras se servia pollo asado en su plato
— Es injusto — Le secundó Fred.
— Ninguno de sus calificativos cambiará el hecho de que Ravenclaw nos pateó el trasero — Les dijo su prima Victoire que estaba sentada a unos palmos de ellos —, ¿Creen que me gusta saber que Nina Lynch se jactará de la victoria de su casa cuando ella no hizo nada para que así fuera?
El gran comedor se puso en silencio al ver que el profesor Flitwick se subía con algo de torpeza al banquito que normalmente era usado para la ceremonia de selección, para quedar a la altura del pódium desde donde normalmente el director se dirigía a sus alumnos. El pequeño mago se aclaró la garganta.
— ¡Otro año ha terminado! — Exclamó con emoción — ¡Cuánto hemos aprehendido y cuánto hemos recordado! Estoy seguro que muchos de ustedes esperan ansiosos la vacaciones, más aún después del estresante año que hemos vivido, pero quiero que recuerden, que lo que este año vivimos, será algo que nos marqué a muchos. Debemos estar preparados para todo lo que se nos venga en el futuro. Algo que jamás me imaginé era estar dándoles un discurso como este, ¿saben? Voy a extrañar mucho este colegio, sus muros encantados llenos de historias. Un gran mago una vez nos dijo que Hogwarts siempre estará allí para ayudar a quienes lo necesitan, pero yo añado… ¡Hogwarts siempre estará en nuestros corazones! . Este año es el último mío y el último para los jóvenes de séptimo curso. Hemos aprendido muchas cosas juntos y a los más jóvenes les queda mucho más aún por aprender. Ningún camino nunca ha sido fácil, sólo nuestras decisiones, dirán a clase de mago o bruja seremos en el futuro. La ceremonia de hoy debería de estar cubierta de un hermoso color azul, pero debo de ser tan justo como lo fueron mis antepasados en el puesto y es por eso que he decidido otorgar unos puntos extra de último minuto. Hace falta gran astucia para romper normas, pero hace falta coraje para romperlas en estados de crisis, por eso premio con veinte puntos para cada uno a los señores Sean Finnigan y Fred Weasley.
— ¡Imposible! — Sonrió con diversión Jocelyn Wood, mientras despeinaba a Fred, que era el que estaba más cercano a ella — Siempre saliéndose con la suya.
—¡ Esta en nuestros genes! — Sonrió con socarronería Fred.
— Con 40 puntos, premio a James Sirius Potter , por su habilidad con una escoba y su hábil mente de estratega . Al señor Albus Potter le otorgo cincuenta puntos por la destreza con la que logró desenvolverse en un territorio donde los adultos no se encontraban para ayudarle-
Albus sonrió con emoción, ya estaban casi a la par de Ravenclaw en la puntuación.
— Y por último, premio con sesenta puntos a un chico que a pesar de los prejuicios con los que muchos le miramos desde un principio, hizo todo lo que estaba a su alcance para salvar a nuestras alumnas hechizadas, un verdadero león con una mente tan afilada como la de un águila, la astucia de una serpiente y la perseverancia de un tejón el señor ¡Scorpius Malfoy!
— ¡GANAMOS! — Gritaron Fred, Sean y James a coro, tirando sus sombreros de pico al aire, a la par de que las banderas del gran comedor cambiaban su color de azul y bronce a rojo escarlata y oro.
-La copa de la casa es para Gryffindor-Exclamo el semi duende
Al día siguiente el expreso de Hogwarts ya estaba arribando a su destino en Londres, lo que significaba que pronto deberían de separarse.
— Es increíble lo rápido que pasa el tiempo — Dijo Rose mirando por la ventana.- Por cierto Malfoy promete que escribirás — Le dijo con tono serio.
— No me digas que me vas a extrañar, Weasley — Scorpius le sonrió con diversión al ver como las mejillas de Rose se encendían levemente. Albus a su lado soltó una risita.
— Sabes a lo que me refiero, Scorpius — Soltó Rose —. A Al siempre lo tendré cerca, pero tú te irás a Francia y sólo nos veremos dentro de un mes.
— No te preocupes, Malfoy te escribirá todos los días — Murmuró Albus para que sólo este lo escuchara. El rubio le pegó un codazo disimuladamente que sólo hizo que el pelinegro se riera.
— ¿Qué es tan gracioso? — Preguntó Rose con suspicacia.
— Nada, absolutamente nada…
El expreso se detuvo en ese instante, y entre los tres tomaron sus baúles y con mucho cuidado ataron a las jaulas a sus mascotas.
— Bueno — Suspiró Scorpius, quien había divisado a sus padres en un rincón apartado de la plataforma 9 y ¾ al salir del tren —, creo que es momento de partir.
— Nos veremos pronto, amigo — Le sonrió Albus.
— No creas que te desharás tan pronto de nosotros, Malfoy-Dijo Rose
— Un Potter y una Weasley amenazando a un Malfoy con su amistad ¿quién lo hubiera dicho?
Los tres soltaron una carcajada. Después de todo, ellos eran una nueva generación donde las reglas debían de empezar a cambiar. A pesar de tener la sombra de sus padres en su camino, su camino sería distinto. Ellos eran la siguiente generación y ese no era el final de la aventura que les esperaba, ni siquiera el principio del final. Sino más bien, el final del principio.
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