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 legacity tradition (2º año)

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janessi1
BlackTeenage


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Fecha de inscripción : 18/07/2012

MensajeTema: legacity tradition (2º año)   Jue Jul 24, 2014 7:38 pm

Capitulo Uno : EL LEGADO DE MERLÍN

Scorpius Malfoy miró por la ventana de la habitación que estaba ocupando en casa de sus abuelos maternos, la vista daba hacia una de las playas francesas que él consideraba como una de las más bonitas que jamás había visto. El abuelo Hyperion había sido el diseñador y arquitecto de la casa en la que Scorpius y sus padres estaban pasando las vacaciones, algo que se notaba de inmediato al ver estilo y los intricados detalles medievales que le había añadido al lugar pero lo que más le gustaba de aquella casona era la pequeña biblioteca que había en el segundo piso, justo al lado del despacho de su abuelo. Él y sus padres habían llegado a Francia hacía poco menos de unas horas, a través de un transportador internacional que su madre había encargado al departamento de transportes mágicos cuyo jefe era nada mas y nada menos que el padre su enemigo de Hogwarts Vicent Goyle. Según tenía entendido era una de las pocas formas de llegar hasta otro país (algunos magos de mente abierta optaban por la seguridad y la tranquilidad de un viaje en transporte muggle mientras que otros se decidían por el transporte mágico como el expreso Jossemite que partía del andén 7 ½ junto con otros tantos con destinos como Alemania o España). Pero debido a que su madre quería llegar cuanto antes , habían tenido que tomar el primer transportador a Cotês–d'Armor y de ahí aparecerse hasta la casa de sus abuelos en Saint–Brieuc. Alguien llamó a su puerta, sacándolo de sus pensamientos.
—Adelante— dijo, mientras colocaba con cuidado la fotografía en su mesita de luz.
—¿No vas a saludar a tu abuelo? —la voz grave y solemne de Hyperion Greengrass resonó en la habitación. Scorpius se volteó con rapidez, para luego correr a abrazar a su abuelo, quien lo recibió con los brazos abiertos. Hyperion Greengrass era un hombre imponente de barba castaña y entre cana y tenía las facciones propias de un león de aspecto fiero. Sólo sus ojos verdes eran los que delataban el verdadero ser de aquél hombre que de lejos parecía duro y frío.
—¿Cuándo llegaste? —quiso saber Scorpius—. La abuela dijo que no llegarías hasta más tarde.
—Me parece que alguien ha perdido la noción del tiempo.
Scorpius frunció el ceño y miró de reojo su reloj de muñeca. Sintió sus mejillas arder al darse cuenta que llevaba por lo menos tres horas intentando acomodar sus pertenencias, un récord que seguro quedaría para la historia.
—¿Aún sigue en pie la hora de lectura? —le preguntó Hyperion
—¡claro abuelo¡ —se apresuró a decirle Scorpius.
—Creo que tenemos mucho de qué hablar, ¿no es así? —a Scorpius no le pasó inadvertida la sonrisa misteriosa que cruzó por los labios de su abuelo. ¿Descubriría por fin lo que su padre tanto evadía decirle? Sin decir nada más, Hyperion Greengrass comenzó a caminar rumbo a la biblioteca seguido por un Scorpius que no dejaba de tener preguntas en su mente. A penas hubo entrado en aquella habitación que tanto le gustaba, el rubio pareció relajarse. El aroma a libros y canela que inundaba el ambiente tenía ese efecto en él.
—Extrañaba este lugar—murmuró el rubio.
—¡Ya lo creo! —sonrió su abuelo, mientras tomaba asiento en uno de los sillones que había junto a la chimenea que se encontraba apagada. Scorpius lo imitó. — He escuchado que has tenido un par de aventuras este año.
—¡Ya lo creo! —le imitó Scorpius, haciendo que su abuelo soltara una carcajada
—No sabes cómo te extrañamos— dijo al fin tu abuelo—, lamento no haber podido estar para despedirte al principio del año, pero tenía unos asuntos que debía de tratar con urgencia— Hyperion posó sus ojos verdes en su nieto, como evaluándolo. Scorpius se sintió ligeramente incómodo—. Hay algo que quiero decirte.
El chico sintió que su estómago se retorcía, ¿tan malo era lo que tenía que saber sobre su familia?
—¿Has escuchado sobre Emrys Merlín?
—Fue el mago más poderoso de su tiempo— se apresuró a responder—. Él fue quien ayudo al Rey muggle Arturo a construir Gran Bretaña.
—Así es verás, Merlín fue un gran mago, no sólo por sus poderes, sino también por su mente. Muchos dicen que fue de esos casos locos donde el Sombrero Seleccionador no sabía dónde colocarlo y luego de unas horas su destino fue en Slytherin.
Scorpius sabía esa parte de la historia, era una especie de leyenda dentro de Hogwarts que a veces se susurraba en los pasillos. Y capaz era una de las razones por las que la Casa se había vuelto tan orgullosa
—¿Cuánto sabes sobre profecías, Scorpius? —le preguntó su abuelo.
—Poco— respondió con honestidad el chico. Adivinación era una materia que no le llamaba la atención, pero lo poco que sabía era por la Historia de la Magia y por Albus. Sabía que las profecías podían hacer perder la cabeza a muchos magos, por eso no pudo evitar fruncir el ceño.
—Hace cientos de años, cuando Merlín se enfrentó con una hechicera que se conoció por el nombre de Nimue— a Scorpius se le erizaron los bellos de la nuca, ¿sabía su abuelo sobre su encuentro con aquella misma mujer? —, supo que su familia corría peligro. Pero no era su familia directa, sino su familia futura. Su descendencia. Al principio no estaba seguro, pero luego lo confirmó por medio de una carta que le escribió su tía abuela Melusine Afalach cuyo don de la visión era el más poderoso que jamás existió en toda Gran Bretaña. La familia de Merlín estaría destinada a guardar el secreto por el cual el Rey Arturo fue herido en la Batalla de Camlann, por el Mago Tenebroso Annwn Mordred.
—¿Annwn Mordred?
—Sí, ¿has escuchado algo sobre él?
—Alguien lo nombró y dijo algo sobre un caldero— respondió Scorpius, que no sabía cómo decirle a su abuelo lo que Nimue le había dicho en su encuentro en la Torre.
—Se hizo llamar a sí mismo el Amo de la Muerte, era en realidad el bastardo de Anna Morgause, hija de Goloris e Igraine Wleding y hermana de Morgana LeFay— Scorpius le miró sorprendido.
—¿Era el sobrino de Morgana?
—Así es, y lo curioso es que esta le dio la espalda en un momento crucial de la historia. Muchos estudiosos dicen que Morgana era su madre, pero no era así. Como tampoco es real que fuera hijo de Arturo, esas son puras blasfemias contadas especialmente por los muggles que no tienen muy bien documentada esa época. Lo que sí se sabe en la comunidad mágica con certeza, es que su madre Ana, estuvo muy ligada a las artes oscuras, algo inusual puesto que incluso para su familia de druidas eran artes prohibidas que sólo los magos sedientos de poder manejaban, dedicando sus ritos al Rey del Inframundo, Annwn. De ahí que el nombre de su hijo fuera el mismo que el Rey del Mal.
—¿Cómo sabes todo esto?
—Como te dije, escuché de tus hazañas en Hogwarts por tu madre y tu padre. La preocupación que tenemos es por un legado que se dejó en esa época y que está vinculado con la visión que tuvo Merlín.
—¿Y cuál es? —preguntó algo dudoso Scorpius.
—Haber como te digo esto sin asustarte...la razón por la que en la familia de tu abuela no haya nacido un varón en generaciones es porque, tu abuela, tu madre, tu tía y, por ende, tú y Dorea, son descendientes de Merlín.
—¿Qué yo soy descendiente de Merlín? —soltó incrédulo— ¡Eso es imposible! No hay forma de saberlo— añadió con algo de preocupación en la voz. Si lo que su abuelo le decía era cierto, entonces la amenaza de Nimue había sido hacia él y su familia. De sólo pensarlo sintió como el miedo se apoderaba de su cuerpo.
—Sí la hay y lamento que hayas tenido que soportar tu encuentro con Nimue a oscuras de lo que realmente eres— Hyperion se paró y se dirigió hacia uno de los estantes de su biblioteca, Scorpius lo siguió con la mirada, aún anonado. Su abuelo movió un libro que hizo que el estante completo se moviera, dejando a su paso una entrada con escaleras que se dirigían hacia abajo. Scorpius nunca había sabido de un pasaje secreto en aquél lugar. —Sígueme, muchacho. Hay algo que tengo que enseñarte.
Scorpius se incorporó de su asiento y siguió a su abuelo por la oscuridad de aquél pasadizo, que sólo fue alumbrado por la punta de la varita del hombre mayor. El chico escuchaba el crujir de sus pasos. Luego de un rato llegaron a lo que parecía un pasillo amplio con dos direcciones.
—Jamás tomes la de la derecha—le advirtió su abuelo.
—¿Por qué?
—No querrás tener una muerte dolorosa.
Su abuelo siguió caminando por el pasillo, adentrándose cada vez más en él. A Scorpius le parecía que habían descendido bastante, puesto que las paredes ahora parecían más de roca húmeda, como las había cerca del acantilado . Además el aire se había vuelto algo denso y con ese olor salino característico de las playas y costas.
—¿Ya casi llegamos? —se atrevió a preguntar.
—Sólo un poco más—le respondió su abuelo antes de detenerse frente a lo que parecía una enorme pared de tierra y rocas. El camino llegaba hasta ahí, pero su abuelo seguía mirando frente a él como si estuviera buscando algo. Con la luz de su varita Hyperion alumbró aquella pared natural, que llevaba un intrincado grabado de lo que parecía ser un laberinto.
—Hen Wen, imploro hoy de ti, la sabiduría que no hay en mí. De corazón puro y destino aún incierto, traigo conmigo al heredero; su hora ha llegado y la verdad ha de serle revelada por medio de los pergaminos que Emrys le ha dejado— Hyperion dejo de hablar por un momento y atrajo a Scorpius hacia delante de la pared, levantó su mano derecha e hizo que Scorpius tocara la pared donde el símbolo estaba dibujado. El rubio sintió como si su mano estuviera tocando agua templada, era una sensación agradable. Hasta que descubrió que de aquella intrincada forma comenzaba a brotar una luz azulada, que brilló hasta bordear su mano completa. Scorpius sintió como expulsaba su mano con algo de delicadeza, para luego formar una triqueta de luz. Había leído demasiado sobre el tema (además de escuchar a Rose en su momento) como para no saber que aquél símbolo había sido adquirido por Merlín como sello propio.
—Pas a pas, se va luènh— susurró su abuelo.
La pared tembló ligeramente para luego partirse mágicamente en dos, dejando una abertura lo suficientemente grande como para que un mago adulto cupiera por ella. Scorpius al entrar a aquel sitio se dedicó a prestar atención al lugar en donde estaban. Parecía una de las mazmorras de Hogwarts, circular y con baldosas de piedra. Lo único que delataba que aún estaban en algún punto cercano a la costa francesa eran las paredes llenas de roja y arena, que se mezclaban con el aire cálido y salino que había en el lugar. Su abuelo procedió a apagar entones su varita. La habitación tenía luz natural, pero Scorpius no podía aún descifrar de dónde provenía, ya que a pesar de que alumbraba perfectamente el centro de la estancia, los lugares más alejados seguían en la penumbra. Justo en aquél centro había una especie de plataforma con las figuras de cuatro animales mágicos que Scorpius distinguió enseguida: un fénix, un grifo, un wyver y un dragón. Su abuelo se encaminó hacia allí, por lo que no le quedó otra opción más que seguirlo.
—Habeas data—Hyperion apuntó al suelo, el cual tembló un poco bajo sus pies mientras del suelo surgía un pódium de piedra caliza, que tenía grabado en cada uno de sus cuatro lados un símbolo que Scorpius sólo había visto unas veces. En el cuello de su madre.
—¿Qué es ese símbolo?
Su abuelo le sonrió, parecía haber esperado esa pregunta por parte su nieto tan observador. El símbolo en cuestión se trataba de dos círculos siendo atravesados por una línea recta perfecta, con dos puntas que parecían de flecha.
—Vesica Piscis. La unión divina de lo femenino con lo masculino, atravesada por la magia del amor. Fue un símbolo que usó la casa de Afallach, como se le conoce con el inglés moderno, Avalón, antes de pasar a ser Myddrin o Merlín, cuyo símbolo es una triqueta dentro de un círculo— Hyperion hizo una pausa en la que se dedicó a observar a su nieto—. Adelante, los pergaminos te esperan.
Scorpius le miró sin comprender del todo, hasta que cayó en la cuenta de que arriba de pódium había una serie de pergaminos viejos que esperaban a que alguien les leyera. Jamás en toda su vida habría estado preparado para lo que le sería revelado a continuación.
Scorpius Hyperion Malfoy Greengrass vuestro momento ha llegado. Mi nombre es Emrys Merlín y vos sois el heredero de éste legado…Desde el principio de los tiempos fuerzas del bien y el mal han levantado huestes en una eterna lucha. Si vos estáis leyendo esto ahora, es porque nuevamente la paz de vuestro mundo ha sido alterada. Un largo camino te espera, y sólo los acontecimientos que habéis vivido recientemente, son la prueba viviente de que el legado es vuestro por derecho. Desciendes de los creadores de Prydain, pero también de aquellos que comenzaron a instruir la magia para el bien. El príncipe druida Ynis Afallach, de Insula Avalonsis, era mi abuelo, padre de mi madre, la princesa Charis de Afallach, quien tomó por esposo al druida Taliesin Ambrosius Myddrin, descendiente de la Casa Myddrin de Roma. Su matrimonio había sido predicho, muchos años antes por la gran Angharad de Llyr, hija de Pwyill y Rihannon, quien me instruyó en el momento adecuado, igual que ahora hago yo con vos. Al unirse mis padres en matrimonio, se convirtieron en un Culhwch personas destinadas a esconder a la puerca blanca, mejor conocida como Hen Wen, este legado que te pertenece lleva consigo el conocimiento de un artilugio mágico tan poderoso como las Tres Reliquias de la Muerte.
Scorpius recordó lo que el Fraile Gordo había insinuado hacía ya unos meses atrás. Entre los muggles conocían esa pieza como el nombre de "El Santo Grial".
Cuando me vi envuelto en la campaña por proteger Camelot e instruir al joven Rey muggle, Arturo Pendragón, jamás me imaginé que llegaría a ser yo el que causase el gran pesar que a vuestra familia acongoja desde hace siglos. Maldecidos por una profecía hecha por mi propia tía abuela, Melusine, sólo hijas mujeres tendría mi descendencia. Cuando un varón naciera en ella debería haber logrado cumplir los doce años de edad, para poder reclamarse así como heredero. Siglos han pasado y sólo vos, has sobrevivido a tal lucha. Vuestro camino no ha sido fácil desde que nacisteis se que una cruz pesada lleváis en los hombros y lamento ser yo la causa de que esta pese aún más. He visto los prejuicios que ha vuestra generación rodean. He visto tu carga y los posibles caminos que has de llevar. Tu carga no es pequeña y el camino no es fácil, pero recuerda que pas a pas, se va luèh. Aunque sé quién eres y a dónde vas, deberás primero pasar siete pruebas de carácter para poder iniciarte como líder de los Guardianes del Ocaso, a los que sólo pertenecen aquellos a lo que se les ha sido revelado el secreto haya sido por matrimonio, o por revelación como sucedió no hace poco. Las siete pruebas no son fáciles y serán algo riesgosas para cumplir, pero tengo fe en vos, porque tu sangre es más mágica de lo que alguien podría soñar jamás. Aquí están mis pequeñas instrucciones para que lleves a cabo tu tarea: busca en los confines de la zona más profunda del Lago donde yo hubiere estudiado, allí encontraréis a una amable amiga que por siglos me ha guardado un grimorio que contiene todo lo que necesitaréis aprender para proteger lo que los Guardianes han mantenido oculto y que los Caballeros Walpurgis tanto codician. Una vez te hagas del libro, sabrás la clave para poder entrar en el laberinto que oculta en su centro este famoso artilugio. Confío en que cuando llegue el momento sabréis que hacer con él, pero recuerda, sólo los puros de corazón y mente pueden ser el arma contra su magia. No tengáis miedo, mi heredero. He dejado ojos y manos que te ayudarán en el camino.
¡Qué la magia esté con vos!
Merlín
Cuando Scorpius terminó de leer, levantó la vista y miró a su abuelo con una mezcla de sentimientos.
—Tu camino recién empieza, Scorpius—la voz de Hyperion resonó en la habitación.
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janessi1
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MensajeTema: CAPITULO DOS: DOREA    Miér Jun 07, 2017 5:17 pm

Hacía poco menos de veinticuatro horas que Scorpius Malfoy se había enterado de que estaba destinado a ser el Heredero de Merlín, y estaba aterrado. ¿Cómo habían podido ocultarle semejante cosa?¿Por qué era que los adultos siempre querían protegerlos ocultándoles información? Algunos deberían de aprender de los errores del pasado, pensó recordando las dos guerras contra Voldemort .
—Aún no estabas listo—le explicó su abuelo con voz solemne,—. Y todavía no lo estás del todo, es por eso que debes de prepararte para lo que te espera.
—¿Y qué se supone que es eso?
—El guardián supremo. Eso es lo que eres por legado— le explicó—, por tradición familiar debes reclamar tu lugar y dirigir a los Guardianes del Ocaso en la próxima batalla de la humanidad.
—¿Por qué?
—Porque el bien y el mal siempre pelean. Creí que todo este tiempo habías estado prestando atención a las historias que yo te contaba…
La cabeza le daba vueltas con preguntas que iban más rápido que la velocidad de la luz, pero sólo una escapó de sus labios.
—¿Por qué yo?
Hyperion Greengrass soltó un suspiro y se acercó con cautela a su nieto, tomándolo por los hombros y agachándose un poco para quedar a su altura. Dos pares de zafiros se miraron con cautela.
—¿Y por qué no tú?
—Porque los héroes son grandiosos, y yo soy sólo, un chico de doce años, ¡por Merlín! Soy sólo Scorpius.
—Muy bien, sólo Scorpius. ¿Te has preguntado por qué siempre tu magia parece desbordarse a niveles superiores que los de un mago "normal"? Recuerdo muy bien que en muchas ocasiones hiciste muestras de lo más extraordinarias y eso que aún no entrabas en Hogwarts, ni tenías tu varita.
Scorpius recordó entonces un momento preciso. Tendría no más de seis años y Archie su elfo domestico cayo muy enfermo, incluso sus padres intentaban prepararlo psicologicamente para una eventual fatalidad pero el con cuidado cogió las pequeñas manos del elfo y entre las lágrimas que rodaron por sus mejillas y una cayó sobre la mano del pequeño ser. A penas ocurrió esto Archie empezó a encontrarse mucho mejor
—No puede ser—susurró Scorpius, los ojos de su abuelo lo miraban con cautela, como evaluándolo, lo cual lo ponía aún más nervioso—, es imposible. ¿Qué pasa si no quiero ser el heredero?
—El secreto morirá en ti y lo que debes de proteger puede llegar a ser dominado por aquellos con sed de poder. Sombras que surgen de la oscuridad para alimentarse de las esperanzas de los corazones puros para luego sembrarlos con odio y temor.
—¿Cómo Nimue?
—No, ella sin duda era una de las pioneras de esas… cosas. Fue líder de las damas Walpurgis durante muchos años, ella fue quien preparó el camino a uno de los magos más oscuros de la historia mágica.
—¿Más que Voldemort?
Hyperion soltó una risa irónica y dijo.—Querido nieto, ¡Voldemort era un niño a comparación del Rey del Mal!pero solo te puedo decir que tiempos oscuros se acercan y todavía te queda un camino largo que recorrer.
¿A qué se refería con ello? ¿Debía realmente encontrar aquello que Merlín le había encomendado? ¿Cómo iba a poder encontrar el Grimorio si no sabía a ciencia cierta a lo que aquél viejo brujo se refería? Soltó un suspiro de indignación provocando que Morgana ululara con aprensión desde su jaula que se encontraba cerca del alfeizar de la ventana. ¡Todo aquello era tan absurdo! ¿Por qué no había sido elegido para aquella tarea, Albus, por ejemplo? Toda la familia de su mejor amigo eran magos que llevaban sangre de héroes en las venas, ¡el padre de Albus era Harry Potter, por todos los cielos! En cambio su propio padre era un ex Mortífago. Una persona que hasta la fecha era repudiada en ciertos lugares, y cuyos amigos poseían ideales que iban en contra de las políticas que se predican en el ministerio de magia. Con algo de brusquedad se levantó de su lugar en el escritorio y comenzó a caminar en círculos en su pequeña habitación sin importarle que su lechuza le mirara con desaprobación desde su perchero. Ya habría tiempo para dedicarle un sermón a Morgana, aquella lechuza tenía una personalidad única. De momento quería tratar de no pensar en lo que tenía que hacer, en los pasos que debía de seguir y había algo crucial que no sabía muy bien cómo hacer: decírselo a sus amigos. Ya imaginaba la cara de asombro de Albus, que quizás duraría por un lapso de minutos para luego ayudarlo con cualquiera que fuera su aventura ese año. Por otro lado Rose sería la que más le daría un dolor de cabeza, por su forma de ser dudaba que Rose fuera a hacer otra cosa que no fuera consultar libros y ser cabezota. Pero, sentía que lo apoyarían. Aunque de nuevo, no sabía cómo decirlo. ¿Se los escribía en carta? No, eso sería demasiado impersonal y la carta podría ser interceptada… Rayos, ya me estoy poniendo paranoico, pensó con aplomo. Se tumbó en su cama y comenzó a formular un plan que consistía en reunir a sus dos amigos en un lugar apartado cuando los viera en unas semanas por la final del Mundial de Quidditch en la costa de Marsella. El sonido de alguien tocando a su puerta lo sacó de sus recuerdos.
—¿Quién?
—Scorp, llegaron tus tíos, baja a saludar—anunció la voz de su madre con tono alegre, aunque a Scorpius no se le escapó que se sintiera algo tensa. Su madre sin duda alguna era la que más preocupada estaba por el asunto del legado merlineano, y no era para menos. Él era su único hijo y parecía que a partir de ese momento tendría muchos más problemas que un chico normal de su edad. Se levantó con pereza de la cama para ir al salón y lo primero que vio al entrar en la sala fue a su tía se la notaba contenta, mientras jugaba con un medalla que Scorpius reconoció como una joya familiar por el emblema que tenía. Ahora podía decir que no encontraba a la Vesica Piscis del todo extraña para ser el emblema de los Greengrass, aunque lo más seguro era que fuera de los Sauveterre, si tenía en cuenta la historia de su familia. Al lado de su tía se encontraba su tío David, quien iba vestido con sus típicas ropas muggles, lucía algo cansado por el viaje pero eso no ocultaba la emoción que lucía en el rostro, como siempre que veía a sus familiares mágicos. Por un momento Scorpius se preguntó si David Matheson estaría al tanto de lo que pasaba en la herencia familiar, aunque lo más probable es que fuera así. Su tío era una persona bastante peculiar, que hacía pareja perfecta con su tía Daphne, ambos se complementaban como polos opuestos ya que su tía era una mujer rubia con mechas moradas y ojos celestes mientras que su tío era un hombre alto ,desgarbado pero con complexión muscular, de tez pálida moreno y de ojos color verde oliva ocultos tras un par de gafas dándole ese aspecto de bibliotecario. Además del hecho de que Daphne fuera bruja y David fuera muggle.
—¡Scorpius! —una voz algo chillona lo distrajo, sin darle tiempo a reaccionar, sintió un par de brazos lo agarraban de la nada, en un intento por tumbarlo y abrazarlo al mismo tiempo. Reconocía la voz, incluso sin haber visto siquiera el enjambre de cabellos negros como el azabache que parecían haber cobrado vida y que eran los causantes de que se hubiera pegado con la pared de la sala de estar.
—Do-Dorea, no… no puedo-no —sentía que el aire le estaba faltado de tan apretado que le tenía su prima.
—¡Dorea! —le regaño su madre—, estás asfixiando a tu primo.
—Lo siento— sonrió avergonzada su prima, soltándolo. Dorea Matheson le sonrió radiante. La chica estaba tal como Scorpius la recordaba, menuda para su edad, palida y sus ojos celestes le inspeccionaban de igual manera, brillando con alegría propia de quien se reencuentra con alguien a quien no había visto en mucho tiempo.
—¡Hola! —le saludó más tranquila, tenía un acento estadounidense muy marcado—, has crecido mucho.
Scorpius le sonrió divertido. A veces Dorea no tenía filtro.
—Tú también has crecido mucho, pequeña saltamontes—le dijo mientras le despeinaba su, ya de por sí, despeinado cabello negro.
—¡Este año iré a Hogwarts! —anunció con gran alegría.
—¿Se mudarán a Inglaterra, entonces? —preguntó Astoria a su hermana, que había visto toda la escena entre su hijo y su sobrina sentada en uno de los sillones junto a la chimenea. Scorpius notó que estaba estratégicamente colocada entre la mesita con los bocadillos y los invitados.
—Ese es el plan—respondió David—, sabía que Daphne quería estar más cerca de vosotros, y que pronto sería el momento en que Dorea debiera de recibir su educación mágica, por lo que solicité un puesto de trabajo en mi empresa en Londres, y hace un mes me han dado la luz verde, así que ¡nos tendrán más cerca!
—¡Oh, Daphne, me alegro tanto!
Ambas hermanas se levantaron para darse un fuerte abrazo. Fue cuando Scorpius notó la ausencia de su abuelo y su padre. Aquello era raro.
—Seremos compañeros en Hogwarts—le dijo Dorea contenta—. La verdad es un alivio, pues no me imaginaba yendo a Ilvermony habría sido todo un desperdicio.
—Dicen que es una buena escuela —le respondió algo distraído, lo cierto es que su mente pensaba en dónde podrían estar los dos hombres ausentes.
—¡Tonterías! —exclamó Dorea— No hay mejor escuela que Hogwarts.
—Hablando de Hogwarts, querido sobrino, escuchamos mucho sobre tus hazañas
—Oh, Daphne. Ni te imaginas el susto que nosotros tuvimos — comenzó a hablar su abuela—. Espero que este año sea más tranquilo. Los ojos verdes de su abuela le miraron con preocupación, era obvio que sabía sobre lo que su abuelo le había instruido, después de todo era un legado que sucedía por su parte de la familia. Y aunque sabía que ese año también sería uno lleno de aventuras, esperaba lo mismo que su abuela. Una vez que los recién llegados terminaron el té y las delicias turcas de Branwen, se desplazaron al piso superior para acomodar sus pertenencias, que los dos elfos domésticos de sus abuelos, Cleh y Winter, habían llevado a sus respectivas habitaciones. Scorpius acompañó a Dorea, quien literalmente lo jaló tras ella escaleras arriba hasta la habitación que estaba enfrente de la suya.
—¿Es cierto que peleaste con una bruja malvada? —le interrogó una vez que estuvieron solos.
—Algo así—le respondió—, en realidad tuve suerte, mis amigos estuvieron siempre conmigo.
—¡Impresionante! —soltó su prima, mientras se dejaba caer sobre la cama—. Me gustaría vivir alguna aventura así, como soñábamos cuando éramos pequeños.
—Y las vivirás, Hogwarts es impresionante— le dijo con seguridad—, pero las aventuras que vivas deben de ser menos drásticas, casi muere una de mis mejores amigas, ¿sabes? No todo es como cuando jugábamos juntos. Y así estuvieron hablando un buen rato hasta que la morena pregunto por sus amigos
—Ésta es Rose Weasley, y el de al lado es Albus Potter. Los dos primos se encontraban en la habitación de Scorpius, quien le enseñaba a su prima algunas de las fotos que se había ido tomando durante su año escolar.
—Tus mejores amigos.
—Así es, los conocerás a ambos pronto, estarán en el Mundial de Quidditch con sus familias.
—¿Potter irá?
Scorpius frunció el ceño. Desde que le había hablado a Dorea sobre Albus su prima no paraba de preguntar sobre su amigo pelinegro.
—Sí, él y todos los Potter irán.
—No puedo creer que seas amigo del hijo de la gran Ginny Weasley—susurró—, la ex cazadora de las Harpies, por no mencionar a Harry Potter.
—Créeme, yo tampoco sé cómo Al terminó siendo mi amigo.
¿ Cómo reaccionó el tío Draco?
—Tal y como imagino que lo estás pensando— sonrió al ver la mirada traviesa de su prima, misma que la hacía ver como un gato que se comió a un canario y venía a regodearse de su gran logro ante su dueño humano.
—Y eres Gryffindor.
—Así es.
—Yo iré a Slytherin O Ravenclaw—le dijo seria—. Vamos a estar en las casas diferentes.
—Eso no lo sabes pero si eso sucede, siempre estaré ahí. No importa que pase.
—¿Lo prometes?
La imagen de Vicent Goyle y sus amigotes le vino a la mente. Eran sus enemigos que iban a Slytherin, todos hijos de los “amigos” de su padre, que lo odiaban simplemente por ideologías familiares sobre el apellido Malfoy. Se imaginó por un momento a la pobre Dorea sola en ese nido de serpientes y sintió rabia.
—Lo prometo.
Dorea le sonrió con cariño. Y segundos mas tarde soltó-¡Oh, lo olvidé!
—¿Qué olvidaste?
—¡Tu regalo! —le respondió mientras se incorporaba de un brinco, el movimiento hizo ulular a Morgana que la miró irritada pues la había despertado de su siesta—. Mamá me dijo que te lo diera cuando desempacara. —Dicho eso, su prima salió corriendo de la habitación. Scorpius aprovechó la huida de su prima para guardar las fotografías de sus amigos en el álbum del que las había sacado. Cuando levantó el libro, un sobre cayó a sus pies. Aquello le resultaba extraño. No recordaba haber guardado ningún sobre ahí. Con cuidado lo recogió. No llevaba remitente, justo cuando iba a inspeccionar el sello, Dorea apareció. Llevaba consigo un paquete envuelto.
—Feliz cumpleaños atrasado—sonrió, entregándole el regalo a su primo. El rubio dejó el sobre en su mesita de noche, después lo examinaría con cuidado, para tomar aquél presente que sabía que sería uno de los inventos de su tía. A ella le encantaba fabricar cosas inspiradas en los artefactos muggles que su esposo inventaba, y aunque su trabajo como Inefable en el Ministerio de Magia era completamente secreto, tomaba como un hobbie la fabricación de aquellos objetos. Con cuidado, Scorpius retiró la envoltura, dejándola sobre su cama, ante la mirada expectante de su prima.
—¿Te gusta? —quiso saber la menor. Scorpius sostuvo su regalo en una mano, a simple vista parecía una pequeña caja rectangular negra, como los celulares que había visto en la casa de Albus, solamente que estaba hecho de un metal azulado, y tenía distintos botones en lo que habría sido la pantalla del aparato muggle, los cuales tenían inscripciones que el rubio reconoció como runas.
—¿Qué es?
—Es un invento de mamá, ella lo llama Warlocker— le explicó Dorea, mientras lo tomaba de sus manos y presionaba el único botón que no tenía runas. El aparato brilló intensamente, para luego dejar iluminados los botones—. Es como una varita, produce magia, pero no para hacer encantamientos ni hechizos. Puedes generar luz con este botón, por ejemplo— su prima presionó uno de los botones que había en la parte superior del aparato, e instantáneamente el objeto volvió a resplandecer—, puedes graduar la luz moviendo el botón como una perilla. Además detecta objetos mágicos, o eso me dijo mamá, sirve como brújula y calcula los calendarios lunares, entre otras cosas. Además puedes escribir mensajes, y sólo compartirlos con los que tengan otro Warlocker, como yo.
—Vaya—murmuró Scorpius impresionado—, gracias.
—Sabía que te gustaría—sonrió Dorea. Durante la siguiente media hora, Dorea le enseñó las distintas funciones del Warlocker.
—Entonces estaremos comunicados en Hogwarts—le dijo Scorpius—, ¿lo ves?, pase lo que pase podrás contactarme siempre.
Afuera comenzaba a oscurecer, por lo que no les extrañó que su abuela les llamara a cenar, por medio de Cleh y Winter.
—Adelántate— le dijo a Dorea—, yo tengo que escribirles una carta a Rose y a Albus, para ver dónde nos veremos en unos días.
—¡Ya quiero conocerlos! —exclamó su prima emocionada, saliendo a toda prisa de la habitación. Lo cierto era que Scorpius ya les había escrito hacía dos días atrás a sus dos amigos, los tres habían acordado verse en la entrada del Campamento a las doce del mediodía, así podrían unirse cuando sus familias ya estuvieran acomodadas. Albus le había comentado que lo más probable fuera que les ubicaran en la zona VIP del lugar, cerca de los altos mandos del ministerio, tal como les había pasado en el Mundial anterior en Argentina, eso principalmente porque la prensa solía molestarles bastante, incluso cuando Ginny intentaba todo lo que podía para impedirlo. La razón por la que le había pedido a su prima que se marchara era para poder inspeccionar aquél extraño sobre. Algo le decía que era para él, pero que debía de ser prudente, y no se equivocaba. Cuando volteó el sobre en su mano, descubrió el sello familiar, la Vesica Piscis. Sacó el contenido del sobre, y frunció el ceño. Era un pergamino doblado, estaba algo viejo pero no tenía contenido alguno. Estaba en blanco.
—¿Qué es esto? —murmuró para sí mismo. El papel brilló a la luz de la vela, rebelando una frase que hizo que se le erizara el bello de la nuca.
HA COMENZADO. Pas a pas, se va luènh.
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