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 Te lo dije una serie para que protagonizaran asier etxeandia y Ángela cremonte

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janessi1
BlackTeenage


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MensajeTema: Te lo dije una serie para que protagonizaran asier etxeandia y Ángela cremonte   Lun Sep 21, 2015 8:04 am

Prólogo
Fernanda villalonga zubizarreta trabaja como publicista en una prestigiosa agencia, tiene un novio, un piso en la mejor zona de Madrid y ropa de marca. Pero cuando creia tenerlo todo 24 horas antes de casarse descubre que su mundo no es perfecto ya que su novio la pone los cuernos con su mejor amiga. Para su desgracia solo es una treinteañera cornuda, prepotente y gruñona aunque con mucha clade y para colmoMeses después y con un fracaso amoroso a cuestas debera conseguir un contrato para grabar en el castillo eltz. Víctor karl (asier etxeandia) al conocerla decide trazar un plan para bajarla los humos
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janessi1
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MensajeTema: te lo dije : una serie para ser protagonizada por asier etxeandia y angela cremonte parte 1   Mar Sep 22, 2015 10:56 am

CAPITULO UNO : LA BODA ACCIDENTADA

-Padre Tomas, padre Tomas-casi grito la mujer menuda, rubia y de eterna sonrisa-. ¿a que hora podemos venir a la catedral?
-a la que ustedes quieran, señora-dijo el párroco sin inmutarse.
-¡mama, por favor¡-se quejo Fernanda apurada y ordenándole callar.
-Silvia querida-pareció querer aclarar Marisol, la futura suegra de Fernanda-. La empresa que organiza la boda se encargara de todo.
-cuando se caso mi sobrina en la preciosa iglesia de los jerónimos con Javier Morenes Botín la empresa hizo un arreglo floral maravilloso con tulipanes frescos traídos especialmente de holanda-menciono Francisca Costa de Linaza amiga de Marisol.
-¡vaya¡-sonrío Silvia, la madre de Fernanda que no sabia como acertar con aquellas finolis-. Y para que fueron hasta Holanda, con las flores tan bonitas que tenemos en España-y antes que una abochornada Fernanda pudiera decir nada-. Si alguna vez queréis flores de las buenas, la gitana de mi barrio tiene de todo sin necesidad de ir hasta Holanda.
-seguro que si- a Marisol no podía dejar de desagradarle la vulgaridad de aquella mujer-. Pero repito, las flores de la boda serán preciosas.
-No lo dudo ¡chata¡- puso punto y seguido ganándose una mirada reprochadora de su hija mayor-. Pero como madre de la novia exijo saber como son.
En verdad tampoco le importaba tanto, pero si creía que esa pija de la moraleja la iba a callar.¡lo llevaba claro¡.
-mama ¡cállate de una maldita vez¡-le grito Fernanda con la vena del cuello hinchada ¿Por qué su madre no se podía callar?. La estaba dejando en ridículo.
-Fernanda, cielito-alardeo su suegra con petulancia-,quiero que sepas que los encargados de organizar la boda son los mismos que organizaron la boda de la hija de José María Aznar.
-eres un encanto Marisol. Tu siempre tan atenta-contesto Fernanda que espero que con aquella respuesta su madre se diera por vencida y finalizase el tema de las flores. Pero no fue así
-Silvia-continuo Marisol clavando en ella sus gélidos ojos oscuros, tan iguales a los de su hijo-. Yo soy una mujer muy exigente y para la boda de mi hijo exijo lo mejor ¡cueste lo que cueste¡-afirmo y miro a sus amigas quienes asintieron-. Quiero que mis 715 invitados, todos gente ilustre recuerden la boda de mi Goyo como un evento maravilloso ¿acaso no quieres lo mismo para tus 10 invitados?-.En esto ultimo había mas veneno que en las glándulas de una familia numerosa de cobras del desierto.
-por supuesto ¡chata¡-no se achanto Silvia, aunque si se mostró incrédula con la poca educación de aquella idiota y lo que mas quería en aquel momento era meterle uno de los candelabros del altar por donde la espalda perdía su casto nombre. Pero tras mirar a su primogénita, a quien notaba incomoda por su presencia disimulo con dignidad la sensación de inferioridad que aquellas pijas le hacían sentir y prefirió no decir nada
-los organizadores-añadió Marisol con malicia-. Tienen muy claro que esto es la catedral de la Almudena. No una iglesia de barrio.
-¡no me digas¡ a Silvia le estaba costando la vida estarse callada-.¡que clasistas¡
Para Fernanda aquello empezaba a parecerse mucho a su peor pesadilla mientras su pulso palpitaba a mil revoluciones. Necesitaba aire.
-Disculpadme un minuto. Tengo una llamada de trabajo-las interrumpió apretando los labios y dirigiéndose hacia una pequeña puerta lateral.
-yo también tengo que hacer una llamada urgente-se disculpo su amiga Amaia y con una estudiada sonrisa salio detrás de Fernanda. Cuando llego a su altura la encontró híper ventilando
-¡esto es una pesadilla¡. jadeo la novia que abrió su bolso negro de Gucci. Necesitaba un cigarrillo o reventaba-.¿a que esta jugando mi madre? Dios ¡¡por que no se calla¡¡-
-tranquilízate Fer, solo esta dando su opinión-susurro su amiga
-todo es culpa de Lis, la idiota de mi secretaria-bufo rabiosa-.por su culpa mi madre esta aquí. A la puta calle la voy a mandar cuando regrese ¡¡a la puta calle¡¡
-escúchame y respira-dijo Amaia quien con solo pensar en tener una madre tan vulgar como Silvia, palideció de horror-,mañana es tu gran día ¡el día que llevamos planeando desde hace un año¡ tu solo piensa en lo guapa que estarás con esos dos preciosos vestidos de Rosa Clara-. Pero la cara de Fernanda no decía eso
-mañana todo va a salir mal.¡ lo se Amaia¡. Lo intuyo
-no digas tonterías. Estarás tan guapa que nadie se fijara en ciertos personajes. Y cuando Goyo te vea no podrá apartar los ojos de su peluche preferido-le dijo Amaia. Peluche ,“peluchito“. Así la llamaba Goyo en la intimidad. Pocas personas lo conocían excepto Amaia. La primera vez que Fernanda y Goyo se vieron en una famosa tienda de muñecas situada en la gran vía madrileña. Amaia y ella compraban un enorme peluche de color azul para Luna, una amiga. Y fue tal el flechazo que Goyo sintió que la persiguió día y noche, hasta que consiguió una cita con ella.
-espero que tengas razón-asintió aceptando el abrazo de su amiga-. Gracias Amaia, eres maravillosa. Siempre sabes lo que necesito.
Era cierto Amaia a diferencia del resto del mundo, la entendía. Se habían conocido en una cena de empresa, diez años atrás, convirtiéndose desde entonces en intimas amigas. Aquella era la época en la que estaba sola, muy sola. Amaia era siete años mayor que Fernanda además de la hermana del director de su empresa, algo que en cierta forma le arreglo la vida. ¡para que negarlo¡. Aquella poderosa mujer la tomo bajo su protección, la moldeo a su imagen y semejanza y le ayudo a entrar en un mundo selecto y lleno de lujos que ella nunca hubiera esperado conocer. Con el tiempo cuando los asociados de la empresa animados por Amaia le ofrecieron una oportunidad, ella fue lista y la aprovecho.
-Para eso estamos las amigas-respondió Amaia, mientras subida en sus taconazos observaba a Goyo aparcar su biplaza negro para poco después salir y acercarse a ellas
-buenos días señoritas-dijo aquel hombre alto, moreno y de ojos oscuros
-¡Goyito¡-exclamo Fernanda mientras se escabullía del abrazo de su amiga para sonreír a su guapo y adinerado prometido.
-¿Qué te ocurre peluchito?-pregunto tras un casto beso
-tu suegra esta ahí dentro-señalo Amaia, antes de que Fernanda pudiera contestar
-entiendo-asintió el moreno torciendo el gesto y colocándose el cuello de la camisa-iré entrando, antes de a que a mi pobre madre le de un ataque-. Y tras una breve sonrisa a a su novia, Goyo entro entro en la catedral. Nunca le había gustado la madre de su futura mujer, y estaba seguro que a su madre tampoco. En efecto, nada mas entrar en la catedral las encontró junto al altar cuchicheando sobre la decoración de la iglesia. Se acerco a ellas con su mas higiénica sonrisa.
-hola mama-le dijo para segundos mas tarde dedicarle una fría pero caballerosa sonrisa a Silvia-.¿algún problema, “querida” suegra?
-ninguno “querido” yerno-respondió Silvia con la misma frialdad y mirándole directamente a sus ojos oscuros. No se soportaban. Lo sabían y procuraban dejarlo claro en sus escasos encuentros. Silvia estaba segura de que Goyo intentaba separarla de su hija pero ella no estaba dispuesta a permitirlo. Era su hija mayor y la amaba a pesar de sus continuos desprecios
-Goyito hijo-murmuro Marisol mientras Amaia con su espectacular traje de Armani se acercaba-. Tu suegra esta preocupada porque duda de que la empresa que organiza la boda decore bien la iglesia-
-querida suegra-contesto Goyo acercándose a ella-. Tu solo preocúpate de llegar mañana sobria a las cinco que del resto me ocupo yo.
Tras mirarse con odio durante unos segundos, Silvia con una fría y retadora sonrisa, se volvió hacia el padre Tomas. Necesitaba un poco de cordialidad aunque solo fuera en una mirada . Al mismo tiempo Fernanda intentaba calmar su ansiedad. La presencia de su madre en la catedral la llenaba de inseguridades ¿en que estaría pensando su suegra?. La rubia se apoyo en la pared y pensó en lo fácil que todo hubiera sido si Goyo no se hubiera dejado embaucar por su madre. Pero no. Al final aquello se convirtió en un bodorrio de 725 invitados. Marisol, su suegra, se había encargado de que la petición de mano apareciera publicada a todo color en la revista hola. Precisamente aquello había sido el detonante para que su madre y algunas vecinas de toda la vida, se enteraran de su boda.
-vaya, vaya. Mi hermana pecando como los mortales-. Fernanda al escuchar aquella voz se puso aun mas tensa ¡su hermana pequeña¡. La especialista en problemas acababa de aparecer. Así que solo tuvo que levantar la vista para encontrarse con la guasona sonrisa de Valeria, que se acercaba a ella con su amigo Roberto
-¡no me lo puedo creer¡-grito Fernanda al ver la indumentaria de su hermana-.¿Cómo se te ocurre parecer así vestida? ¿acaso no sabes donde estas?-
-¡te lo dije¡-le advirtió Roberto a su amiga, y dando un beso a Fernanda se posiciono entre las dos
-si pero yo dije que mi hermana llevaría moño alto y traje oscuro de marca-respondió Valeria cogiendo los cinco euros que Roberto la entregaba
-¿Qué coño hacéis aquí? os encanta joderme la vida ¿verdad? -replico la aludida mirándoles con odio
-nos encanta ver como se te infla la vena del cuello, si-se mofo Roberto
“llevo tiempo sin verte y sigues igual de borde querida hermana” pensó con amargura Valeria acercándose a ella en plan tregua para darle un beso, pero Fernanda se movió para rechazarla con la mala suerte de que la mano de Valeria dio en el cigarro y este a su vez, se aplasto contra la camisa de seda azul de Fernanda.
-¡por dios Valeria¡-grito Fernanda al ver la quemadura- tu sabes cuanto cuesta esta camisa ¡¡180 euros¡¡ –
-¡serás idiota¡-respondió indignada-. Y yo me he quemado la mano, ¡pero claro¡ es mas importante tu carísima camisa de marca ¿verdad pija insensible?-grito sin importarle la gente que pasaba por la calle
-ya estamos-suspiro Roberto, que ya sabia lo que se avecinaba-. Comienza la lucha
-¡prefiero ser como soy¡-grito Fernanda que miro las oscuras ojeras de su hermana- a ser como tu una fracasada aspirante a escritora que tiene que dar clases de literatura en un instituto publico para poder comer. ¡¡perdedora eso es lo que eres Valeria ¡¡-
-¡serás bruja¡ y..-
-¡¡futura señora bruja para ti¡-interrumpió Fernanda con altivez-.y por cierto ¿Cómo te atreves a venir al ensayo de¡¡mi boda en la Almudena¡¡ con vaqueros y una camiseta de los iron Maiden-
-porque sabia que no te gustaría ni a ti ni al imbecil de tu novio-afirmo agriamente
-¡¡cuidado con lo que dices Valeria porque ese imbecil va a ser mi marido¡¡
-¡pija de mierda¡-le chillo su hermana
Chicas, chicas. ¡ por favor¡-intervino Roberto intentando poner paz-.¡basta ya¡ no podemos estar toda la vida igual.
-tienes razón-asintió Valeria y mirando con dureza a su hermana espeto.-me piro de esta comedia absurda. Pero antes te voy a decir una cosita, señorita triunfadora. Si estoy aquí es porque mama me lo ha pedido, no porque yo quiera nada que ver contigo ni con tu nueva familia-
Fernanda al escuchar la amargura en la voz de su hermana pequeña, supo que se había pasado. Pero era incapaz de dar marcha atrás
-¿Qué ocurre aquí?-pregunto Silvia, quien al escuchar las voces había corrido hacia la puerta seguida por Goyo y Amaia-.¡vaya¡ pero si han llegado mis otros dos tesoros- y sintiéndose mas segura miro al estirado de su yerno-.iré a avisar a tu madre. Estoy segura de que le encantara conocerlos. Con una desafiante sonrisa y antes de que nadie pudiera moverse Silvia desapareció en el interior de la catedral
-¡vaya pintas¡-se mofo Goyo tras una barrida de arriba bajo
-como suelte por mi boca lo que yo pienso de la tuya-respondió Valeria.-ten por seguro que lo vas a lamentar cuñadito-
-creo que es mejor que nos vayamos-murmuro Roberto acercándose a Valeria quien temblaba a pesar de su aparente tranquilidad.
Habían pasado dos años desde su ultimo y desafortunado encuentro pero aun le dolía recordar como Fernanda le negó ayuda a su madre alentada por Goyo cuando esta llego al limite de su adicción
-val, val. ¿aprenderás alguna vez modales? Preguntó Amaia acercándose a Fernanda quien callada observaba la escena-. Si sigues así conseguirás ser mas vulgar que tu madre. Es mas ya hueles a barato-
-¡serás desgraciada¡-la insulto Roberto con desprecio
-si no te importa sanguijuela recauchutada-aclaro Valeria que no podía soportar a ninguno de ellos y mucho menos a Amaia-. Mi nombre es Valeria y no vuelvas a insultar a mi madre nunca mas y menos delante de mi-y volviéndose hacia Fernanda espeto-. Siento vergüenza de ti Fer ¿Cómo puedes permitir que hablen así de mama?-
-¡¡La verdad no se puede rebatir ¡¡-grito Fernanda furiosa y harta de tanta discusión.
En ese momento se escucharon voces de mujer y Roberto no estaba dispuesto a que Silvia se enterara de lo que ocurría, fue el primero en reaccionar
-Silvia, estas guapísima-corrió a besarla-. Pero que muy guapa, ese vestido te sienta fenomenal. Pareces una artista-
-gracias tesoro-sonrío luciendo su vestido de zara. Silvia Zubizarreta a pesar de sus 55 años y de una vida no muy fácil, era una mujer atractiva y resultona
-hola mami-saludo Valeria mordiéndose la lengua. Odiaba a esa gente pero le gustara o no el relamido de Goyo iba a ser su cuñado. Y con paso lento y cuchicheos, el grupo heterodoxo de invitados entro en la catedral para ensayar lo que seria en palabras de Mónica la boda del año. Una hora mas tarde, Fernanda tras llamar a la oficina y vociferar de mala leche a Lis, paro un taxi. De camino al hotel, mientras escuchaba a su madre hablar con Roberto sobre su nueva peluquería, observo con disimulo a su hermana. Se había cortado el pelo y estaba mas delgada y lucia unas ojeras espantosas. Ajena a todo Valeria miraba por la ventanilla ¡odiaba tener que seguir con aquella farsa¡ pero era incapaz de dejar sola a su madre en un momento así. Cuando el taxi paro frente al hotel palace, Fernanda fue la primera en bajar
-mama prométeme que no le pedirás al camarero una bolsa para llevarte lo que no te comas y que no beberás-le dijo su primogénita sin ningún tacto
-por supuesto Fer-respondió Silvia, que iba ya agarrada a Roberto quien al escuchar aquello sonrío. Todavía recordaba la ultima vez que asintieron junto a una boda.Silvia tuvo langostinos congelados para un mes
-mama no bebe desde hace un año¡ idiota¡-bufo Valeria molesta por aquel comentario notando como la mirada de su madre le pedía tranquilidad
-eso espero-suspiro sin mirarles-.de todas formas procurad no decir nada ni hacer nada que pueda comprometerme. No quiero solucionar numeritos.
-y tu no olvides-respondió Valeria alejándose de ella -que aunque seamos de barrio, tenemos educación, hermanita.
-mas os vale-dijo Fernanda sin inmutarse y caminando con paso firme al hotel. De pronto sintió como la piel se le erizaba ¿Qué hacían sus jefes y los compañeros de paddle de Goyo allí?. Como pudo dibujo una sonrisa, poco antes de que las manos de Alejandro un conocido de Goyo, la agarraran y se la llevaran
-¿quieren un canapé ?-dijo un camarero dirigiéndose a los recién llegados-. Señora Villalonga, señor García. Roberto miro aquella cara
-¡anda vecino¡-quien lo reconoció fue Valeria-.¿Qué haces aquí?-
Roberto cayo en la cuenta. Aquel chico era el vecino cañón del bloque de Valeria
-Alberto-consiguió balbucear Roberto-. No sabia que trabajaras aquí.
-llevo seis meses-respondió a la vez que indicaba a Silvia donde estaba los baños-. Y vosotros ¿Qué hacéis en un lugar como este con lo mas fino de Madrid?
-el idiota de mi cuñado-respondió Valeria desconcertándole
-¡camarero¡-grito en ese momento Amaia acercándose a ellos tiesa-. Deja la charla y haga el favor de traerme un Martini seco, sin aceituna
-enseguida señora-respondió el chico y dejando la bandeja en una mesa se marcho.
-¿Dónde habrá aparcado la escoba?-murmuro Valeria señalando a Amaia
-seguro que ni la aparca. La pliega y se la mete en el culo. Así consigue ir tan tiesa-respondió Roberto comenzando a reír. Pero las risa se les congelo cuando vieron como Alberto estaba siendo recriminado por Amaia y Fernanda
-¡soy alérgica a las aceitunas¡-vocifero Amaia con prepotencia-.Y si por tu incompetencia hubiera dado un sorbo de esa copa , ahora mismo estaría en urgencias.
-deberías poner mas atención a tu trabajo-asevero Fernanda-. No olvides que trabajas en el Palace . No en un Burger de carretera. Si no estas capacitado para saber lo que es una aceituna, deja este trabajo ¿has entendido?-
-si señora. Lo siento señora no volverá ocurrir-se disculpo por enésima vez Alberto. Y tras una señal de el maître desapareció, momento que aprovecho un angustiado Roberto para ir tras el. Una vez entraron a las cocinas, Alberto abrió la puerta de una pequeña sala y tras cerrarla con frustración, dio un par d puñetazos a una mesa. Roberto comprendiendo su frustración le toco el hombro y le invito a sentarse. Momento en que Alberto comenzó a contar detalles de aquellos pijos
-¡¡malditas víboras¡¡- se quejo Alberto que se encendió un cigarrillo -.como dice mi abuela “dios las cría y ellas se juntan” pero sabes que es lo mejor de todo que la rubia hace honor a lo de que son tontas porque no tiene ni idea de que la otra víbora y el imbecil de su novio tienen una suite privada que visitan muy a menudo-.
Al escuchar aquello a Roberto se le pusieron los pelos como escarpias y sin saber que decir o que a hacer con dicha información.
“dios mío que hago..¡la que se va a montar¡” pensaba el joven.
No muy lejos de las cocinas Valeria, todavía alucinada por el comportamiento de su hermana mayor, cogio una copa de cava. El tiempo que estuvo sola se dedico a observar el mundo de triunfadores en el que se movía Fernanda. Trajes de marca, relojes ,coches de lujo. Ostentación y mas ostentación.
-¡estoy flipando Roberto¡-dijo cuando este se acerco.-pero si esas horteras van vestidas como los que cantaban “amo a laura”-
-tengo un noticion-Roberto a pesar de la excitación hablaba en voz baja, mirando a ambos lados-.cuando te lo cuente no te lo vas a creer Valeria
-si vas a decirme que las tetas de aquella rubia son falsas, ya lo se-respondió sin percatarse de la inquietud de su amigo-.¡por dios si parecen dos naranjas¡-
-Valeria, escucha. Me ha dicho Alberto que..
-que lugar mas interesante-interrumpió Silvia acercándose hasta ellos
-si mama. Es como estar en el museo de los horrores. Y antes de que ninguno pudiera decir nada Silvia cogio un cenicero con el logotipo del hotel y se lo guardo en el bolso
-¡mama¡-exclamo Valeria
-hija son preciosos.además tienen un montón no se darán ni cuenta
-esa lámpara Silvia-se mofo Roberto-.te quedaría genial en el recibidor
-¡¡maldita sea¡¡. Me he traído el bolso pequeño-sonrío con picardía
-¿sabes lo que te digo mama?. Que tienes razón, tienen muchos así que coge algunos para mi-
-disculpen-tosió alguien justo detrás de ellos, haciendo que se paralizaran
-mi encantadora futura nuera acaba de revelarme que ustedes son su familia
“joder, joder nos ha pillado” pensó Valeria antes de responder
-pues va a ser que si-asintió tapando a su madre
-mama-dijo Fernanda agarrada del brazo de aquel hombre que les había hablado-.quería presentarte a mi futuro suegro Celso González de jerez. Director de este hotel y dueño de varios hoteles entre ellos el zouk-. Celso era un hombre de alto, bien vestido y con una sonrisa bonachona. Algo que impresiono a Silvia
-encantada de conocerte señor González-saludo Silvia con amabilidad
-llámame Celso ¡por favor¡-aclaro guiñándole un ojo
-de acuerdo-asintió ella pestañeando de tal forma que Fernanda casi se atraganto-.Celso quiero aprovechar la oportunidad de decirte que tienes un hotel precioso-
-gracias Silvia ¿puedo llamarte así, no?- bajando la voz, mientras ella asentía bajo la atenta mirada de sus hijas-.de todos los hoteles que poseo y dirijo este es mi favorito. Siempre he pensado que este hotel tiene un encanto especial. Esas palabras provocaron una sonrisa en ella por su parte Roberto divertido pensaba “ esta ligando?”
-unos amigos que vinieron a Madrid-dijo para parecer interesado-.quedaron encantados con el hotel.
-me alegro escuchar eso, muchacho-aunque seguía con sus ojos clavados en Silvia que se afanaba en cerrar un bolso a punto de explotar-. Intentamos dar a nuestra clientela el mejor servicio. En los últimos meses hemos incluido sistema wifi, servicio 24 horas, minibar, servicios de mayordomo, además de un maître y un sumiller excepcionales-
-contratar a Philippe brac como sumiller ha sido una buena decisión-dijo Fernanda segundos antes de que una amiga de su suegra la tomara de la cintura y se la llevara.
“¿Por qué todos se la llevaban?”. pensó la rubia con frustración
-Celso a riesgo de parecerte inculta?-pregunto Silvia.-¿Qué es un mosiller?
-¡¡mama¡¡-exclamo Valeria volviendo la cabeza para comprobar que Fernanda no la había escuchado. Cuando de repente sus ojos verdes se clavaron en su futuro cuñado y en el hombre que estaba con el ¿Por qué se miraban así?
-eso es lo que quería contarte-susurro Roberto como si la hubiera oído su pensamiento.-parece ser que el machote de Goyo tiene mas pluma que un pavo real
-querida Silvia-continuo Celso ajeno a lo que hablaban Roberto y Valeria-.un sumiller es el profesional que se encarga de comprar el vino para nuestro restaurante y sugerir a nuestra clientela que vino beber en cada comida-.
Ajena a todo Valeria apenas podía creer lo que le había contado Roberto. ¿Goyo era gay? ¡¡imposible¡¡. Su hermana se había vuelto una pija y una clasista pero ¿ciega y tonta también?. Pocos segundos después el maître les indico que podían pasar al salón. Fernanda desde su posición vio como su hermana y Roberto se sentaban en un lateral de la mesa. Y le dio un vuelco al corazón cuando vio que su suegro, tras unas palabras con el maître, se dirigió hacia ellos acompañados de su madre, quien para desgracia de la rubia se sentó a su lado, Goyo se sentó junto a su madre y Celso y ella entre su suegro y su madre quienes en toda la comida no pararon de sonreír, bromear y hablar. Pero cuando creyó que todo estaba controlado, el corazón le latió desbocado al ver animado por Marisol , Celso llamo al sumiller y le pidió para Silvia diferentes vinos de degustación. Horrorizada miro a su suegra que con una frialdad digna de cruella de vil, la reto con la mirada. ¿Por qué hacia eso? ¿acaso no sabia del problema de su madre con el alcohol?. Mientras tanto Silvia que podía ser humilde pero no tonta, sonrío ante aquella mala jugada de su consuegra.
“la muy bruja” pensó dando unas palmaditas en la mano de su primogénita para tranquilizarla y sorprendentemente le confeso a su futuro consuegro que ella no podía beber nada de alcohol porque estaba en proceso de desintoxicación de tan oscuro vicio. Celso tras escuchar aquello la animo a seguir con su rehabilitación y llamando de nuevo al sumiller y ante la rabia de de Marisol le indico sin dar explicaciones que no trajera los vinos de degustación.
Desde su mesa Valeria y Roberto observaron con orgullo como Silvia rechazo lo que no mucho tiempo atrás hubiera sido su perdición, para luego seguir centrando sus miradas en Goyo y viendo incrédulos como este sonreía hacia Amaia y su acompañante, el hombre al que minutos antes lanzaba extrañas miradas.
-¡por dios¡-exclamo Roberto en voz baja.-pero si se están haciendo un trío delante de todos. Se miran con mas morbo que vergüenza.
-¡no me lo puedo creer¡. Al engominado le gusta la carne y el pescado
-el pescado que le gusta-asintió Roberto observando al rubiales de 1,80 metros y musculoso-. Tengo que decir que es fresco muy fresco.
-¿crees que Fernanda lo sabe?-pregunto al verla hablar con su suegro, sin percatarse de aquel tonteo
-yo creo que no tiene ni idea-respondió su amigo pinchando ensalada de bogavante con guacamole-.recuerda lo que ocurrió cuando se entero de que Luis se la pegaba con la hija de la panadera
-pobre chaval-sonrío Valeria al recordarlo.-creo que lo dejo estéril de por vida
-tu hermana esta tan absorta con su trabajo y en demostrar que es una de ellos que no ve nada mas- y dándole un codazo para llamar la atención de Valeria-. Allí van la recauchutada y el pescado fresco-
En ese momento un camarero les pregunto si habían acabado y ambos asintieron, para segundos después tener ante ellos un exquisito segundo plato
-¿esto que es?-pregunto Roberto cuando el camarero se fue
-aquí pone que es atún rojo con tocino ibérico sobre el perfume de romero
-dios que pintaza tiene Valeria
-ya te digo Roberto, mejor que lo que estoy mirando yo seguro-le contesto ella meneando la cabeza hacia Goyo. Incrédulos observaron como este se levanto de la mesa y desapareció por la misma puerta en la que lo había hecho Amaia y el atún fresco. Valeria soltando disimuladamente su servilleta se levanto junto a Roberto. Y como dos fantasmas transapasaron aquella puerta, encontrándose con los aseos. Una vez confirmado lo que ambos sabían salieron de los baños
-la madre que los parió, como pueden tener tan poca vergüenza de estar ahí follando como conejos a pocos metros de mi hermana.
-¡¡que bochorno por dios¡¡-exclamo Roberto acalorado
-sabes lo que te digo Roberto que no pienso callarme-dijo ella mientras veía a su hermana mayor sonreír mientras comía-. No puedo callarme, y permitir que Fernanda se case con ese sinvergüenza-
-Valeria cariño yo te entiendo pero si se lo decimos a Fernanda nos va a odiar por el resto de su vida. A veces es mejor no saber ciertas cosas, ojos que no ven corazón que no siente. Piénsalo fríamente-señalo Roberto
-¡¡no puedes decirlo en serio¡¡. Yo no pienso permitir que se rían de mi hermana de esa forma y si al saberlo decide odiarme ¡pues bien¡-bufo Valeria.-prefiero mil veces eso a que se case y viva con ese mentiroso.
Y sin darle tiempo a Roberto para replicar, prefabrico su mejor sonrisa y rápidamente se acerco a su madre, que nada mas verla venir intuyo problemas
-Silvia cielo-susurro Roberto.-te necesitamos. Sin preguntar nada así lo hizo mientras que Valeria se agacho junto Fernanda
-¿podrías acompañarme un momento?. Tengo que enseñarte algo muy importante-
-¿tiene que ser ahora?-le replico ella
-si ahora mismo- le contesto Valeria y mirando a los suegros de Fernanda y a las insoportables amigas de Marisol les dijo en tono hipócrita.-ustedes también pueden venir, seguro que la sorpresa les va a encantar..- por lo que segundos mas tarde Fernanda y los demás se encontraban siguiendo a la hermana menor de la primera
-mas os vale que sea importante porque de lo contrario os vais a arrepentir-se quejaba Fernanda. Tras entrar en los aseos Valeria sin importarle nada, soltó una patada a una de las puertas y se dio la vuelta sin querer mirar los ojiplaticos ojos de los demás
-¿no te parece importante esto fer?-pregunto finalmente

CAPITULO 2 : ADIOS GOYO

Marisol consciente del escándalo y de la comprometedora situación en la que se encontraba su hijo arrodillado entre esos dos personajes tocándoles sus partes no pudo evitar desmayarse. Siendo Silvia y Roberto la que la sostuvieron ya que sus amigas estaban todavía alucinadas ante aquel lamentable espectáculo. Aquellos tres habían sido pillados sin ninguna duda. En ese momento Goyo hizo la afirmación mas absurda del mundo
-Fernanda esto no es lo que parece. Déjame explicarte “peluchito”-
Esta mas blanca que el papel , humillada, desconcertada e incrédula no sabia que decir
-¡¡explicar el que pedazo de sinvergüenza¡¡ ¿Qué le pones los cuernos ? ¿Qué eres un tipejo sin ningún tipo de moral ni vergüenza?-chillo Roberto
-¡¡tu cállate maricon¡¡-le replico Goyo
-mira quien fue hablar…¿eres consciente de la situación en la que estas? Y si yo seré gay pero al menos no soy un hipócrita que finge lo que no es y sobre todo no le falto el respeto a los demás. De ti no se puede decir lo mismo Goyito-le contesto este
-ay, ay Amaia ¿Cuándo aprenderás modales?-le replico sonriendo Valeria. Segundos mas tarde Marisol por fin reacciono y nerviosa y avergonzada cerro los baños con pestillo y empezó a decir
-por favor no chilléis, que nos puedes oír y descubrir todo el pastel y luego haber que decimos si eso ocurre…¡¡dios santo que vergüenza¡¡. Esto es una pesadilla…-
-Marisol con todos mis respetos pero aquí lo mas importante son los sentimientos de nuestros hijos, no si se alguien se entera. -le replico Silvia
-¡¡claro a ti que mas te da si ya estas acostumbrada a ser la comidilla de todo el mundo ¿verdad borracha de barrio?¡¡-le replico esta al borde de un ataque de nervios
-Marisol por favor, no hace falta ser tan ofensiva . Recuerda aquí quien es la victima del engaño-dijo Celso mirando con lastima a Fernanda que seguía sin reaccionar
-¡¡a mi una borracha, un peluquero de barrio y una profesora de instituto publico no me van a decir como tengo que pensar o sentir no mas faltaba¡¡ ¡¡¿y si esta chusma decide contarlo todo por ahí? ¡¡dios santo seria nuestra ruina económica y social¡¡ Celso recuerda que si esto sale a la luz tu serias el mas perjudicado. ¿has pensado en la clientela que perderías en tus hoteles? ¿no has pensado en eso Celso?. Deja de pensar en esta chusma y en la aprovechada de Fernanda y defiende tus intereses-.
Y dirigiéndose a los Villalonga les dijo ¿Cuánto queréis por vuestro silencio?
-¡¡Marisol por favor¡¡. Te quejas de ellos pero tu eres peor-le regaño Celso
-no te molestes Celso no ofende quien quiere sino quien puede-dijo Silvia.-señora puede meterse su dinero por donde le quepa. A mi lo único que me importa es mi Fernanda que para su información no es ninguna aprovechada-
-vámonos mama, no sigamos perdiendo el tiempo con esta gente-dijo Valeria.
-¡¡por favor “peluchito” déjame explicarte, tenemos que hablar¡¡-
-¡¡ya no soy tu “peluchito”. y tu yo no tenemos nada de que hablar, porque todo esta muy claro¡¡-chillo Fernanda. Dirigiéndose hacia la puerta, abrazada a Roberto.
-espera un momento Fernanda hablemos tranquilamente-le dijo Goyo levantándose
-¡¡no te vuelvas a acercar a mi hermana en tu vida porque si lo haces si será vuestra ruina económica y social¡¡. ¿veis estas fotos sacadas por mi iphone?. Si tu o la pija de Amaia os acercáis a fer, estas fotos saldrán en todas las revistas ¿os queda clarito?-.
-mañana os casáis, ¿Qué va a pasar con eso?-dijo Marisol nerviosa
-señora no se si se ha dado cuenta pero no va haber ninguna boda y por cierto que sea la ultima vez que me insulta a mi o algunos de los míos. Porque aunque le moleste son mi familia y sobre todo personas que merecen respeto-le dijo Fernanda con la vena del cuello a punto de explotar.- y un consejo yo si fuera usted me daría prisa en avisar a sus 715 invitados de que no habrá boda porque son demasiadas llamadas y no se preocupe que esta “aprovechada” ya se ocupara de sus 10. Hasta nunca Marisol-
-¿Cómo que no habrá boda?. ¡¡No espera “peluchito”¡¡…-chillo Goyo
-¡¡haz algo Celso antes de que salgan del hotel y lo suelten todo¡¡-grito Marisol
-tu mejor cállate y ocúpate del sinvergüenza de tu hijo que bastante la ha liado-
Para luego salir corriendo tras las Villalonga
-Fernanda hija espera, quiero pedirte disculpas se que lo que ha hecho mi hijastro y Amaia no tiene perdón de dios y de verdad lo siento. Lo siento mucho-
-tu no tienes la culpa de nada . Eres una de las mejores personas que conozco-le respondió Fernanda abrazándolo cuando un taxi se paro ante ella y sus acompañantes
-de todas formas quería decírtelo. Espero que algún día encuentres a alguien y bueno si necesitas algo siempre podrás contar conmigo para lo que sea y a cualquier hora-
-lo que necesita mi hija es el cariño de su familia y por suerte o por desgracia tu no formas parte de ella-le dijo muy seria Silvia montándose en el taxi.
El trayecto en dirección a su casa se le hizo eterno a Fernanda. Aun no podía creerse lo que le había pasado. Se sentía la persona mas miserable del planeta.
-Fer cariño mío-murmuro su madre sin dejar de mirarla.-¿vives aquí?
-si mama vivo aquí-dijo desde una nube, todo era confuso a su alrededor.
El taxi se había detenido en uno de los rascacielos de Madrid, conocido como la torre de valencia. Situado en el cruce de las calles Menéndez Pelayo y o ‘donell. Calles concurridas, llenas de vida y negocios. Frente al rascacielos se alzaba uno de los orgullos madrileños: el parque del retiro, considerado el gran pulmón verde del centro de la ciudad, donde naturaleza, deportes y ocio se empastaban en perfecta armonía.
-¡¡madre mía pero si vives en la torre de valencia¡¡-grito Roberto incrédulo
-¿desde cuando?-pregunto Valeria cogiendo las vueltas que le tendía el taxista
-cerca de año y medio-respondió sin mirarles, caminando hacia la puerta que mantenía abierta el portero. Al notar que no la seguían se volvió hacia atrás.-¿vais a subir o no?-
Al escuchar aquello los tres caminaron tras ella. Sin apenas mirarle Fernanda paso ante el portero que los saludo con una amable sonrisa. La rubia introdujo una llave en el ascensor enmoquetado y subieron hasta el 10º piso en silencio y cuando Fernanda salio, los tres observaron con curiosidad aquel rellano de color salmón. Nada que ver con el de sus pisos donde los sábados olía a cocido y los domingos a paella. Fernanda ajena a como se miraban metió la llave en una única puerta del elegante rellano y tras encender encender los halógenos del recibidor, tecleo en un pequeño panel a su izquierda un código de seguridad.
-¡¡joder Fer¡¡tu casa es una pasada-exclamo Roberto consumidor nato de revistas de decoración.- veo que te va lo minimalista. El orden imperaba en aquel lugar espacioso. Las paredes tenían colores claros creando una sensación de armonía y serenidad con sillones de cuero en tono blanco a juego con las cortinas.
-si Roberto, me gusta lo minimalista. El orden es muy importante para mi-asintió mirándole-. Darme unos minutos para cambiarme y os enseño el resto del piso.
-buena idea-dijo Valeria y cuando su hermana desaprecio tras unas de las puertas susurro-. Eh vosotros dos, os doy 30 segundos para que desaparezcáis de aquí.
-pero si Fernanda ha dicho que nos quedemos-se quejo Silvia que tenia curiosidad por seguir viendo el piso de su primogénita.
-¿crees que es el momento para conocer la casa?.¡¡mama acaba de anular su boda¡¡
-tienes razón cariño-asintió su madre-.pero nos quedaremos para hacerla compañía
-Silvia creo que es mejor irnos. Ya habrá otro momento para visitas-susurro Roberto
-vale, vale me rindo-dijo Silvia a la que fue contestada por el joven con una sonrisa
-además si alguien puede gritar a Fernanda esa es Valeria-
-¡¡yo no quiero eso,¡¡ Valeria por favor te lo suplico no os peleéis. Hoy no cariño. Y su hija menor tras prometerle que no iba a ser así, cerro la puerta discretamente.
Ya a solas regreso al salón y se quedo mirándolo sin parar. Tanto orden a Valeria le daba grima, mas que el salón de un hogar, parecía un espacio funcional. Todo era muy frío, sin ningún detalle personal. Y aunque ese salón estaba dotado de maravillosas nuevas tecnologías como un plasma de 40 pulgadas DVD con doble surround, un equipo de música Sony y una bici estática . No dejaba de darle cosa tanta pulcritud. Una Fernanda sin moños y sin maquillaje (con lo que su belleza aumento) interrumpió sus pensamientos con una pregunta-.¿Dónde están Roberto y mama?-
-se han ido, tenían cosas que hacer ya sabes anular citas en la peluquería avisar a unas personas, etc.…
-ah bueno, ¿quieres tomar algo Valeria?-le pregunto dirigiéndose a la cocina. Al entrar su hermana menor alucino aun mas, frigorífico de doble puerta metalizado, con sacahielos y con pantalla táctil que avisaba de lo que hacia falta, mesas y sillas de acero inoxidable. En resumen pulcritud y mas pulcritud .
-una cervecita no estaría mal Fernanda-
-vale cruzcampo sin alcohol,, con limón, con manzana. Tienes donde elegir-
-vamos no me jodas no tienes una mahou de toda la vida-le contesto Valeria
-no, no tengo . Yo no bebo alcohol si las compraba era por el imbecil de Goyo-
-con lo que me acabas de decir se me han quitado las ganas de beber cerveza nunca mas. Tener algo en común con Goyo no debe ser bueno. Anda dame una coca-cola-
-pues la tengo con sabor a cereza, vainilla y zero. A mi me gusta mas esta ultima
-Fernanda me estas asustando, tienes unos gustos muy raritos-le contesto Valeria
-¿entonces que quiere la señoritinga de los cojones?-le pregunto cabreada Fernanda
-sabes que me voy a comprar unas bebidas. Bueno mejor compro la merienda. ¿Dónde hay un chino por aquí?
-¿y para que quieres ir a un chino?.¿Valeria que estas pensando en comprar?. ¡¡Yo no pienso comer cualquier porquería eh¡¡.
-tu tranquila hermanita, que aunque las cosas que tengan no son jamón de pata negra son comestibles. Ahora vuelvo-dijo la castaña menor que no dejo tiempo a que su hermana le replicase.
Y veinte minutos después, volvió con todo un cargamento de bollería industrial, coca colas, sangrías , doritos y patatas fritas de bolsa. Fernanda al verla exclamo
-¡¡tu sabes la de grasa, conservantes y calorías que tienen todas esas cosas¡¡ ¿Qué quieres matarme de un infarto de miocardio?¡¡-
-por supuesto que no pretendo eso. Además desde cuando eres tan maniática con estas cosas, se que has cambiado mucho pero yo recuerdo perfectamente lo que te encantaban las Big Mac del mcdonalds y los calimochos.-
-Valeria hace años decide cuidarme por dentro y por fuera. Quiero vivir mas y mejor-
-ya claro la salud..-y mirando descaradamente la silla estática del salón le siguió diciendo.-yo mas bien creo que no quieres engordar ¿se puede saber que talla usas?
-¡¡no te pienso decir mi talla¡¡-le grito Fernanda. Y segundos después su hermana y ella empezaron una “lucha” hasta que la menor de la Villalonga consiguió ponerse detrás de ella y darle la vuelta a su pantalón del pijama
-la 36, muy buena talla pero permite decirte una cosilla Fer yo consumidora habitual de todas estas cosas grasientas y llenas de calorías usa la 34. ¡¡ja¡¡-
-hija de perra, dame tu dieta, por favor, por favor-exclamo la rubia mayor
-es una dieta muy sencilla hermanita : ser feliz y follar mucho y bien
-¿ser feliz y follar?. No se si eres idiota o te lo haces Valeria ¿Tu te estas dando cuenta de lo que me acabas de decir?.¡¡acabo de dejarlo con mi prometido precisamente por no que supo o no quiso dejar su entrepierna quieta. Luego dices de mi pero tu tacto a veces es mas nulo que el mío-le dijo Fernanda ofendida y al borde del llanto
-lo siento mucho Fernanda, no me he dado cuenta. Tienes razón no ha estado bien decir eso en tu situación.-le dijo la rubia menor abrazando a su llorosa hermana
-he estado 5 años de mi vida con Goyo y ahora que ¿Qué será de mi?. Acabare sola, rodeada de plantas…-decía sin parar de llorar-
-¡¡como puedes decir eso Fernanda¡¡. La vida es muy larga, y tu ya encontraras a alguien muchísimo mejor que Goyo y cuando eso pase te acordaras con gracia de todas las chorradas que acabas de decir-pero las palabras de Valeria no surtían efecto, porque su hermana seguía llorando sin parar. Y así pasaron una hora, hasta que el iphone de la castaña, las interrumpió. Esta al ver quien era colgó sin responder. No quería hablar con nadie, pero no dejo de sonar hasta que animada por su hermana al fin respondió. Pero a los pocos segundos se arrepintió de haberlo hecho al oír como su hermana empezaba una discusión de índole sentimental.
-¡¡déjame en paz Chema¡¡. ¡¡ no vuelvas a llamarme en tu vida¡¡- y así durante varios minutos que a la treinteañera se le hicieron insoportables.
-¿tu también tienes problemas amorosos Valeria?-le soltó finalmente
-si no tan graves como los tuyos pero si. Parece ser que el universo se ha puesto en contra de las Villalonga Zubizarreta-le contesto Valeria
-quizás no estemos hechas para el amor-le replico Fernanda
-¿y porque no estamos hechas para el amor? Somos jóvenes, guapas e inteligentes, cualquier hombre estaría encantado de estar con alguien como nosotras. Mas bien di que ningún mamarracho esta a nuestra altura-
Y así estuvieron las dos hermanas Villalonga hablando y riendo hasta las 2 de la madrugada cuando finalmente se fueron a dormir. Valeria quiso irse a su casa pero al ver la cara de Fernanda decidió quedarse. No podía dejarla sola y mucho menos así.
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MensajeTema: Re: Te lo dije una serie para que protagonizaran asier etxeandia y Ángela cremonte   Jue Sep 24, 2015 3:44 pm

CAPITULO 3: DUREZA

Pasaron cuatro meses y tras conseguir sobrevivir al caos de la anulación de su boda, Fernanda aun lucia el anillo de compromiso en su dedo. Aquella noche no había podido dormir por lo que se levanto decidida a darse una ducha que la desentumeciera y marcharse pronto a trabajar. Convertido sus deseos en realidad, se introdujo en la ducha multifuncional y sentada en una especie de tumbona, disfruto del agua a presión y la sauna a vapor acompañada por aromaterapia y musicoterapia.
-¡Qué te den Goyo¡-dijo con decisión, quitándose el anillo de oro blanco con diamantes de Chanel. Enterrados quedaron los días en lo lucirlo era un orgullo. Por lo que tras salir de la ducha y ponerse un taje oscuro de Adolfo Domínguez, y aun con el ceño fruncido metió el anillo en un sobre y lo cerro al mismo tiempo que cerraba su corazón. Así se lo entrego al portero ,decidida a no volver a verlo nunca mas.
Aquella mañana, el cielo gris de Madrid parecía acompañar su humor. Los cambios sufridos habían estado a punto de derrotarla. Pero no. Fernanda Villalonga Zubizarreta era una mujer fuerte y no se lo permitía. Estaba sumida en sus pensamientos cuando sonó el teléfono y dejo saltar el contestador.no le apetecía hablar con nadie. Pero al escuchar la voz de su hermana menor, lo descolgó.
-¡¡ya era hora guapa-suspiro Valeria-.anoche te llame ¿Por qué no lo cogiste?
Estaba duchándome-respondió secamente. Valeria al otro lado del teléfono y acariciando la cabeza de su perro le replico-.di mejor ¡no me dio la gana cogerlo¡
-Valeria, tengo prisa-y consultando la hora en su reloj Cartier dijo, apartándose el pelo de la cara-.te recuerdo que no soy funcionaria como tu ¿Qué quieres?
-¡¡que borde eres hija¡¡. Solo quería saber como estabas, y hablar contigo
-estoy bien gracias.¿algo mas?. Pero no era así. Fernanda estaba destrozada y enfadada. Muy enfadada. Dos de sus colaboradores habían regresado de Renania sin el contrato firmado que necesitaba presentar en la reunión de la mañana.
-¿sabes fer?-
-¡¡¿Qué?¡¡-le chillo esta a su hermana pequeña
-al final tendrás razón. No podemos ser hermanas.¡imposible¡-se mofo Valeria recordando su charla de noches atrás-.creo que deberías hablar con mama para que te desvele quien es tu padre porque bonita, yo tengo los ojos de mama, y soy un clon de papa, por lo tanto fer¡creo que deberías preocuparte¡
-Valeria. Hoy no es un buen día para escuchar tonterías y por favor te agradecería que me llamaras por mi nombre, que te recuerdo es Fernanda-
-¡no me digas fer¡-se carcajeo al escucharla
-vale, vale-espeto con maldad. Sabia que su hermana odiaba ese diminutivo-.no sigas por ahí que la tenemos.
-¡serás bruja¡ a que te llamo…
-¡ni se te ocurra¡-
-peluche “peluchito”se burlo Valeria
-¡¡cállate¡¡-gruño Fernanda molesta por las carcajadas de su hermana
-eres la leche ¡¡fer¡¡. Parece mentira que todavía no te hayas dado cuenta que a tu a mi no me ordenas. Y por mucho que te joda, soy tu imposible, aunque mas que probable hermana. No una de tus pobres y sumisas marionetas que se mean de miedo cuando levantas la voz. Te diré que..
-¡¡adiós ¡¡-interrumpió Fernanda la charla colgando el teléfono. No la aguantaba mas.
Mientras gruñía como un perro, llego hasta el ordenado y espacioso salón minimalista. Abrió un cajón, saco un cigarrillo y lo encendió. Al aspirar con placer la primera calada escucho de nuevo el teléfono. Era otra vez su hermana ¿Qué pesada¡. Y como no tenia ganas de escuchar mas tonterías, bajo el volumen del contestador y olvidándose de ella se encamino hacia la cocina. Necesitaba un café ¡¡triple¡¡
En la cocina abrió la inteligente y enorme nevera plateada. Esta reacciono con un sonido musical. En su pantalla táctil indicaba la necesidad de comprar leche de soja. Fernanda pensó en escribirle una nota a Katia, su asistente rumana. Pero tras recordar el miedo, por no decir el horror, que aquella mujer tenia a la inofensiva nevera y su desastrosa ultima compra virtual, decidió encargárselo a lis, su secretaria.
Acabado el café y tras consultar en su portátil la recepción de algún correo, se marcho para la oficina, dispuesta a arreglar los que aquellos idiotas habían jorobado en el viaje a Renania.
Y según avanzaba la mañana lis, la secretaria de Fernanda, escuchaba las voces procedentes de la sala de juntas desde su mesa. Definitivamente el día no se presentaba fácil. La joven pelirroja nerviosa e inquieta observaba a través de los cristales a su jefa. Su ceño fruncido y su movimiento de manos no indicaban nada bueno. Lis llevaba semanas intentando encontrar el momento propicio para hablar con ella, pero no fue posible. Fernanda Villalonga nunca fue accesible pero tras anular su boda y ahora tras aquella reunión lo seria aun menos.
Por el rabillo del ojo vio acercarse a Juan el guaperas de la oficina salir de la sala de juntas con la cara contraída dirigiéndose hacia ella junto a Javier un cuarentón de cara redonda y gafas que junto a el eran los responsables de aquel fallido contrato.
-necesito fotocopias. ¡¡urgente¡¡. La nazi esta insoportable-aquel era Juan un rompecorazones de 34 años que tenia a todo el personal femenino de la oficina a su pies a excepción de lis y su jefa. Por todos era conocido que Amaia la examiga de Fernanda, lo había acosado hasta llevárselo a la cama, algo que en cierta forma le ayudo a llegar hasta el equipo de Fernanda que nunca lo acepto de buen grado
El otro era Javier, todo lo contrario a Juan ya que estaba felizmente casado y tenia 2 hijos pequeños. Lis supo que su mujer tuvo un accidente de coche y por desgracia se quedo en silla de ruedas y que gracias a Juan pudo conseguir ese puesto en la agencia con el que poco a poco el y su familia consiguieron levantar cabeza. Y aunque la fama y la forma en la que Juan consiguió su puesto no le gusto y seguía sin gustarle decidió darle una oportunidad
-tranquilízate Juan, que tampoco es para tanto-le respondió Javier sin convicción mientras lis cogia los papeles que había que fotocopiar
-la muy puta, no me extraña que su novio la dejara plantada el día antes de la boda. Soportar a semejante bicho debe ser imposible-bufo Juan hasta que la voz de Fernanda lo interrumpió
-lis necesito que me fotocopies esto y tu pedazo de incompetente- dijo mirando a Juan.-cuando termine esta reunión pásate a mi despacho tu y yo tenemos que hablar.
Ya a solas Juan maldijo su boca sabedor de lo que significaba “tenemos que hablar”.
Al volver a su despacho Fernanda alterada entro en su despacho y tras cerrar la puerta, respiro a fondo para contener las lagrimas ¿Cómo podían decir eso de ella? ¿nazi? ¿puta? ¿acaso esos inútiles no se daban cuenta de la importancia de ese contrato?.
Ya mas tranquila volvió junto a su equipo a la sala de reuniones. La tensión ente los asociados, clientes y publicistas era patente.
-¡¡necesitamos empezar la campaña de verano cuanto antes¡¡-grito marta ortega
-marta tranquilízate porque así no vas a solucionar nada-le dijo Pablo isla presidente de inditex pero la primogénita de Amancio ortega fundador y dueño del 60% de inditex estaba lejos de calmarse, mas bien al revés.
-¡¡contrate a Fernanda Villalonga porque creí que era la mejor pero no¡¡-
-señora ortega entendemos su enfado pero nos fue imposible hablar con los propietarios del castillo eltz. Al querer ponernos en contacto nos dieron esquinazo. Y lo intentamos muchas veces. Demasiadas veces diría yo-dijo Juan
-a mi no me valen las excusas por lo que pago deberían conseguir todo lo que pido-
-señora ortega no le eche la culpa a Fernanda, los responsables de conseguir ese contrato fuimos tanto yo como Javier y nos haremos responsables-. Los gritos se hicieron cada vez mas fuertes y Juan que a pesar de no soportar a su jefa no podía permitir ese trato tan denigrante, y cogiendo por sorpresa la mano de Fernanda dijo
-no hace falta ser así señora ortega, la señora Villalonga lo ha pasado muy mal con lo de la anulación de su boda y nosotros quisimos hacernos cargo de ese contrato-
-ja esta ha sido buena así que nosotros tenemos que pagar las consecuencias de la no boda de esta señoritinga.¡¡venga ya hombre¡¡-. Bufo marta y mirando con desprecio a Fernanda siguió relatando.- no estoy para sensiblerías ni asuntos personales. Pagamos muchísimo dinero a esta agencia de publicidad y no estamos viendo resultados y si en dos meses no conseguís ese contrato para grabar ese anuncio en el castillo eltz cancelaremos nuestra cuenta con vosotros.¡¡dos meses¡¡-grito marta, que segundos después se levanto seguida por Pablo isla y dio un portazo a la puerta al salir. Ya a solas Luis el dueño de la agencia y hermano mayor de Amaia empezó a decir nervioso
-inditex es una de las empresas mas importantes de este país, no podemos perderlos como clientes porque de ser así seria nuestra desgracia. Tenemos que hacer algo
-es comprensible la crisis obliga a las empresas a ser mas vistosas y originales. Pero en este caso rodar un anuncio en el castillo eltz lo veo imposible, yo creo que es mejor ofrecerles otra alternativa mas sencilla -dijo Juan intentando calmar los ánimos al mismo tiempo que su compañero Javier le ofrecía un vaso de agua a su jefa que cogio pero no agradeció. ¿Cómo se le ocurría al imbecil de Juan hablar con la heredera de Amancio ortega sobre lo ocurrido con Goyo? Lo que le faltaba estar en boca de todos.
-para nosotros no hay imposibles es parte de nuestro lema. Debemos insistir
-Iré a Renania ,hablare con ese conde y conseguiré ese contrato-
-¿de verdad harías eso por nosotros Fernanda?-le pregunto ilusionado el dueño
-por supuesto. Yo conseguiré lo que estos inútiles no han conseguido. A las malas tengo dos meses para hacerlo y como me llamo Fernanda Vilallonga Zubizarreta que ese conde, duque o lo que sea me firma el contrato-en ese momento miro a sus subordinados y les grito.-¡¡no me gusta trabajar con mediocres estáis despedidos¡¡. Javier nervioso empezó a híper ventilar con la carpeta apoyado en el pecho
-se lo suplico no me despida, cámbieme de departamento si no desea trabajar conmigo pero no me eche por favor tengo dos hijos y una mujer invalida. Necesito este trabajo
-¡¡¿te crees que a mi me importa?¡¡. Se mofo Fernanda
-¡¡ya esta bien señora Villalonga¡¡. Sentimos mucho haberla fallado pero no hace falta que nos trate de esa manera. Y mucho menos despedir a Javier que tiene dos hijos pequeños y una mujer enferma ¿acaso usted no tiene corazón?-le dijo Juan. Esas palabras a pesar de que no quiso aparentarlo le dolieron y mucho.
-y sabes una cosa , no la aguanto, si me voy seguro que me ira mejor. Pero le suplico que no despida a Javier, por favor tiene 44 años donde va encontrar otro trabajo-
Fernanda ya harta decidió terminar y dijo
-bueno ya basta de tanto lloriqueo sensiblero, que horror. Vamos a hacer una cosa hasta que venga de Renania podéis seguir en vuestros puestos luego ya veremos-.
Rato mas tarde y ya en su despacho mientras se tomaba un café llamo a su secretaria y le pidió que le consiguiese billetes y un hotel para irse a Renania a mas tardar en tres días. Lis antes de irse, decidió aprovechar para hablar con Fernanda
-señora Villalonga deseo decirle algo no se como hacerlo y..
-bonita mi tiempo es oro. Dime ya lo que quieres-
-¡¡estoy embarazada de 4 meses¡¡-soltó finalmente la joven como una bomba. Su jefa la miro de arriba abajo y se dijo mentalmente “embarazada si no tienes ni 20 años vaya una forma de fastidiarse la vida”
-quiero decirle que mi contrato termina en 3 meses pero si usted me diera una oportunidad… Estoy sola y este trabajo es lo único que tengo para salir adelante. Le juro por mi bebe que no faltare ni un solo día aunque el o ella haya nacido-
-¡¡¿¿hablas en serio lis?¡¡. Le chillo Fernanda- No guapita no si tu te has abierto de piernas yo no tengo porque aguantar las consecuencias. Conmigo tienes los días contados, no me gustan las embarazadas y menos tener una secretaria que no esta al 100% en su trabajo. Primero Javier y ahora tu, ¿Qué os creéis todos que soy un centro de caridad? . Pues fíjate que no es así .¡¡Haberlo pensado antes¡¡ y ahora te exijo que te largues de mi vista antes de que me arrepienta y te despida hoy mismo-
La joven salio llorando y con nauseas de aquel despacho, por lo que tuvo que coger la papelera más cercana y vomitar. Javier y Juan al verla corrieron a auxiliarla y le ofrecieron un vaso de agua. Fernanda vio el estado de su secretaria a través de los cristales pero a pesar de que empezaba a sentirse culpable se negó a si misma a rectificar y mucho menos a pedir perdón. Si lo hago se me subirán a las barbas , a los subordinados ni agua. Se dijo a si misma y obligándose a si misma siguió trabajando en el portátil.
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MensajeTema: Re: Te lo dije una serie para que protagonizaran asier etxeandia y Ángela cremonte   Jue Sep 24, 2015 3:46 pm

CAPITULO 4 : DIANE LANE

Las horas fueron pasando y todos en la agencia acabaron su jornada laboral, Fernanda como de costumbre fue la ultima en salir, pero ese día fue un poco distinto ya que al salir no se dirigió a su casa sino a otro sitio en concreto a casa de su madre ya que esta la había llamado para decirle que su estaba preocupada por su hermana pequeña. Con paciencia condujo su maravilloso Audi por el largo túnel del paseo de Extremadura hasta al barrio de aluche. Una vez allí busco aparcamiento y se alegro al ver que justo debajo del portal de su madre tenia uno.
-¡¡pero benditos sean los santos¡¡. Si es nuestra fer-escucho mientras cerraba el coche
-buenas tardes doña María-saludo Fernanda a una de las vecinas de toda la vida, mientras aquella le agarraba los mofletes como cuando era una niña. La señora María era una de las personas mas populares del barrio, echaba las cartas, leía los posos de café, etc.…. Su salón azul era uno de los mas conocidos y concurridos del barrio.
-dame dos besos.-y amarrándola del brazo le dijo sin darle opción.-tu madre esta en la frutería. Pásate a casa con Jesús y conmigo y tomaremos un café con napolitanas, por cierto ¿como estas?-
-bien, bien-dijo contrariada. Lo que menos le apetecía a Fernanda era visitar vecinas, pero no tuvo opción. El saloncito de azul de la señora María estaba igual que siempre. Los años habían pasado para todos pero no para aquel lugar. Al entrar los ojos claros de Fernanda fueron directamente hacia una urna que tenia encima de la mesa. Era la urna de don Jesús, el marido de la señora María. Aquella urna había sido durante años objeto de curiosidad, en especial para los niños. El marido de María tras su muerte fue incinerado pero en vez de llevarlo a un nicho o esparcir sus cenizas en el mar, la señora María decidió que el mejor lugar para que su marido descansara era junto a ella. Tras sentarse alrededor de la mesita marrón y mientras la señora María preparaba café, Fernanda se dedico a observar aquel salón que tanto le recordaba a su infancia
-me contó tu madre lo ocurrido con tu boda-dijo la señora María acercándose con una bandeja de café y napolitanas. Al escuchar aquello la rubia se tenso. Mataría a su madre eso estaba claro ¿Por qué no se podía callar?
-escucha Fer-prosiguió la mujer sirviéndole el café-.no me alegro de lo ocurrido pero ese idiota no te merecía, tu vales mucho y quien te enamore debe merecerte-
-si, claro-asintió Fernanda cogiendo la taza de café ofrecida por su vecina.
Rato después la señora María la puso al día de los cotilleos del barrio. La joven publicista miro su carísimo reloj
-mi madre ya estará en casa-
-¿me dejas que mire tus posos del café?-pregunto la mujer, aunque ya había cogido la taza sin daré tiempo a responder. Fernanda nunca había creído en esas cosas. eran tonterías pero siempre había pensado que su vecina tenia que ganarse la vida
-preciosa. Los posos dicen que has sufrido por amor, también veo que eres una triunfadora en tu vida laboral pero demasiado exigente, y eso te hace perder amistades. En la vida no solo se vive para trabajar-
-doña María, trabajo en publicidad-contesto, pensando que su madre ya la tendría al tanto de todo-.y en ese campo, no hay amistades-
-¿tienes pensado viajar?
-no mintió Fernanda.¿como podría saber eso?
-veo un viaje, que cambiara tu vida-y dándole un codazo susurro.- y también veo una relación con un cáncer que terminara llenándote el corazón. ¿Qué signo eres tu?
-Aries-respondió hastiada
-¡¡bendito sea dios¡¡-resoplo la mujer al escucharla-.este cáncer se sentirá terriblemente atraído por tu seguridad .Y aunque intuyo difíciles comienzos ya que ambos sois exigentes, al final no podréis vivir separados-se acerco mas a ella y bajando la voz-. ese cáncer te hará muy feliz en la cama, ya que este signo suele ser muy fogoso ¿por cierto conoces a alguien de la realeza?
-no ¿Por qué?-pregunto estirándose la chaqueta de su carísimo traje.
Incrédula de las tonterías que estaba escuchando.¿donde se había metido su madre?
-los posos no mienten Fer-respondió la mujer con una media sonrisa. Y soltando la taza dijo agarrandole la mano-.déjame ver una cosa
-señora María. Yo no creo en estas cosas y..
-tienes unas manos místicas muy bonitas-sonrío al ver como la muchacha se daba por vencida-.las líneas de la mano revelan muchas cosas. Aunque, no te preocupes, solo mirare lo referente al amor. Tus líneas son muy definidas: has tenido o tendrás tres amores. Esta tercera hendidura tan marcada y por cierto manchada con café-indico misteriosamente haciendo que Fernanda prestase atención-será tu gran pasión. Aquí esta. ¡tu cáncer¡. Un amor profundo y duradero.¡OH Fernanda¡ aquí tienes dos preciosas líneas, que sin duda serán dos preciosos retoños.
Al escuchar aquello a Fernanda se le helo la sangre. ¿retoños?. Imposible. Los niños no estaban programados en su vida, daban problemas, ensuciaban y eran una carga. Por lo que levantándose recupero su mano, Sin reparar en la sonrisa de su vecina.
-señora María. Gracias por el café, pero me tengo que ir. Seguro que mi madre ha llegado ya-dijo caminando hacia la puerta-.me ha encantado verla
-a Jesús y a mi también nos ha gustado verte a ti-sonrío la mujer.-Fer, aunque no creas en estas cosas. Déjame decirte que no debes temer al futuro. Te traerá mas cosas buenas de las que crees. Y por ultimo déjame darte un consejo : déjate amar
-hasta pronto-respondió huyendo. No quería escuchar mas. Finalmente Fernanda llego a la casa de su niñez, que aunque le costara reconocerlo, le gustaba. Conocía todas y cada uno de los rincones de aquel lugar como la palma de su mano. Sentarse en el sillón verde, mil veces tapizado, en cierto modo le proporcionaba tranquilidad. Tras la anulación de su boda, la relación con su familia comenzó a ser lo que fue. Las tres mujeres chocaban, pero tenían a Roberto para poner paz de por medio. Encendiese un cigarrillo observo a su madre trastear en la cocina. Apenas le dio unas breves pinceladas sobre su próximo viaje a Renania
-mama ¿te has cambiado de peinado?
-si tesoro. Ideas de Roberto-respondió tocándose coquetamente el pelo-.me lo ha cortado como Diane Lane en la película noches de tormenta.¿te gusta?
-si incluso te hace mas joven
-gracias pequeña. Eso dicen
-¿dicen?-pregunto Fernanda levantando una ceja
-ya sabes las vecinas, el frutero, la pollera. Por cierto ¿has visto esa película?
-¿Cuál mama?
-noches de tormenta, es una película preciosa. Roberto y yo lloramos como dos bobos-
-no tengo tiempo para películas- dijo Fernanda con el cigarrillo en la mano.-mama ¿Dónde tienes un cenicero?
-toma este-dijo Silvia pasándole uno.
-¡¡mama¡¡ ¿cuantos ceniceros cogiste del palace?
-creo que cinco-y sonriendo señalo-.uno era para ti pero Roberto y Valeria pensaron que no era buena idea.
-pensaron bien-asintió Fernanda mirando el cenicero.
En ese momento se abrió la puerta de la calle. Eran Valeria, Roberto y fifí el perro de Valeria. Este ultimo entro alegremente a saludar a Silvia, pero cuando quiso acercarse a Fernanda, esta le echo de su lado. El perro la miro, casi parecía que se había entristecido por el rechazo. ¡¡que mas daba¡¡ pensó Fernanda. Solo es un perro.
-Diane Lane-grito Roberto-.huele a tu sopa todo el portal-y mirando a sus amigas pidió opinión-.¿a que es igualita a ella?
-pero ¿no es usted Diane Lane?-bromeo Valeria. Al escuchar las risas, Fernanda sonrío. Los había echado de menos. Mas de lo que ella había estado dispuesta a reconocer, pero aun le era difícil llegar hasta ellos.
-lavaos las manos que vamos a cenar-anuncio Silvia y mirando al perro murmuro-.fifí ven conmigo.te guarde el hueso del cocido del sábado. Valeria sonrío al ver que la relación entre su madre y fifí era excelente. No se podía decir lo mismo con Fernanda quien le seguía rehuyendo. Minutos después todos se sentaron a cenar y mientras
Silvia servia sopa Roberto observo el gesto taciturno de Valeria. Se notaba a mil kilómetros que lo estaba pasando mal. Y para hacerla sonreír con su habitual sentido del humor soltó un bombazo para horror de Fernanda
-creo que alguien que se sienta aquí, ha visitado el saloncito azul de la señora María. Fernanda le miro con su mirada de doberman a punto de atacar ¿Por qué tenia que sacar ahora aquel tema?. Al ver que su madre paraba de servir sopa y la miraba a la espera de que contara aquello, tuvo que contestar.
-de acuerdo he sido yo. Me dijo que estabas en la frutería y que pasara a su casa hasta que llegaras
-¿Por qué no me lo habías comentado?-pregunto Silvia
-eso te lo digo yo-replico Valeria a quien le encantaba chinchar a su hermana-.porque tendría que decirte va a conocer a un cáncer y que vas a ser abuela de dos crios
-¿estas embarazada cariño?-grito Silvia a punto de derramar la sopa.-¡¡que ilusión¡¡
-no mama ni estoy embarazada ni voy a estarlo.¡¡que horror¡¡
-por lo visto-continuo Roberto-.los posos del café han dicho que un viaje conocerá al amor de su vida y quien sabe si será de la realeza
-si claro-se mofo Valeria ante la cara de perro de su hermana-.y será conocida en el mundo entero como la sidra el gaitero
-prefiero no decir como te conocerán a ti-espeto Fernanda
-tesoro. Antes me has contado que te ibas de viaje ¿verdad?
-si mama pero..
-y también-grito Silvia asustando a los demás-.que tienes que encontrar a un ..¿duque?
-¿duque?-grito levantándose Roberto-¡¡¿tienes que contratar al duque?¿nuestro duque? ¿al morenazo ,que esta buenísimo?.
Y para incredulidad de Fernanda empezaron hablar sobre sin tetas no hay paraíso, y velvet al escucharlos la rubia maldijo en silencio.¿Por qué todo lo entendían al revés?
-vamos a ver-aclaro echándose para atrás en la silla-.yo no tengo que contratar a miguel ángel silvestre para un anuncio sino conseguir que se grabe un anuncio en el castillo eltz cuyo dueño es un estupido conde-
-según tengo entendido el castillo esta en Alemania-dijo Roberto
-exacto concretamente en Renania -Palatinado-le contesto Fernanda
-¿viajas a Alemania? Dime que puedo ir contigo ¡¡por fa ¡¡ por fa¡¡-suplico Valeria
-acabas de escuchar lo que he dicho viajo por trabajo, no por placer aparte tu tienes que dar clases en el instituto-
-¿ese es el problema? Mi trabajo, ya ves tu pido una excedencia durante el tiempo que vayas a estar y punto ¿Cuánto tiempo vas a estar en Renania?-
-¡¡Valeria he dicho que viajo por trabajo bastante tengo ya con eso como para aguantarte a ti también¡¡
-¿me estas llamando mosca cojonera?. ¡¡no te necesito como guía ni como nada¡¡ , ¡¡te recuerdo que hablo alemán igual o mejor que tu¡¡
-pues entonces vete tu solita si tienes dinero cosa que dudo y a mi déjame en paz-
-¡¡primero me llamas mosca cojonera y ahora aprovechada¡¡-dijo Valeria enfadada.-.¡¡eres una arpía y una desgraciada¡¡.
La madre de ambas Silvia entendía las postura de la cada una pero no dijo nada para no complicar mas las cosas
-¿Fernanda que te cuesta?. Si Valeria se entretiene sola, seguro que ni la sientes-
-¡¡he dicho que no¡¡-grito Fernanda sin dar su brazo a torcer. Valeria enfadada con la intransigencia de su hermana se levanto, cogio a su perro y se fue gritando
-¡¡vete a la mierda Fernanda Villalonga Zubizarreta¡¡.
Cuando el sonido de la puerta sonó, el silencio se hizo patente en aquel lugar durante algunos minutos.
-Fernanda no te cuesta nada llevarla, necesita este viaje-le dijo Roberto
-Parece que nadie me escucha, como tengo que decir que este viaje es por trabajo-
-lo sabemos cariño, pero tu hermana esta pasando un mal momento-
-ya me imagino por quien, el imbecil de chema ¿cierto? ¿Qué ha hecho esta vez?-pregunto en tono cabreado Silvia
-la semana pasada Valeria confirmo sus sospechas sobre ese caradura esta casado y no solo eso también acaba de ser padre de un niño. Menudo sinvergüenza, lo peor es que tu hija esta pensando en volver con el -dijo Roberto
-¿mi hermana esta dispuesta a volver con un tipo casado y padre de un niño?. Que poca dignidad, yo creía que era mas lista-soltó sorprendida
-y lo es fer y lo es pero ese mamarracho con su sonrisa perfecta y su palabrería hace con ella lo que quiere. Por eso quería viajar, para olvidarse de el, y yo también creo que le vendría bien viajar y alejarse de chema cuanto antes-le respondió Roberto.
Después de cenar la rubia se fue a su casa pensando en lo que le estaba ocurriendo a su hermana y viendo que había sido muy dura con ella, sorprendentemente decidió recular y ayudar a su hermana.
-Valeria ¿todavía quieres ir a Renania conmigo?. Porque si es así prepara tus maletas porque en dos días viajamos-.

CAPITULO 5 : RENANIA

El avión de iberia rumbo a Renania despego con puntualidad a las 8:20 horas. Sentada en su cómodo butacón, Fernanda maldecía el momento de debilidad que tuvo con su hermana. Desde que subió en el avión y vio que se sentaban en Business class, no había pardo de protestar.
-¡¡que clasismo, por dios¡¡ y eso que es un viaje de menos de tres horas-.se quejo Valeria
-azafata-llamo Valeria. Necesitaba tomar algo. No podía con Valeria-. Tráigame un zumo o una coca cola zero.
-.enseguida comenzaremos a servir las bebidas.
-si me importa esperar-ladro Fernanda ante el asombro de su hermana-.tráigame la bebida ¡¡ya¡¡. La azafata sin decir mas, se dio la vuelta, y con tranquilidad se alejo hasta la cabina.
-Fer, ¡¡que horror¡¡-exclamo Valeria-. La pobre solo te ha dicho que esperaras un segundito
-pago Business class para no tener que esperar.
Dos minutos después, la azafata apareció con dos zumos de naranja y unos panchitos. Con una falsa sonrisa, se los entrego y se alejo.
-podías haberle dado las gracias.
-a mi nadie me da las gracias por cumplir con mi trabajo, y yo tampoco lo hago.
El resto del viaje Fernanda estuvo distraída con unos papeles. Necesitaba tener claro todo lo referente al contrato antes de la reunión que milagrosamente había concertado con el conde. Valeria aburrida, se levanto y al ir hacia el servicio vio en clase turista a Augusto y Elena, los veterinarios de su perro . Estos al verla, le hicieron sentarse en el asiento libre que había junto a ellos. La castaña solo volvió junto a su hermana cuando el avión estaba a punto de aterrizar. Una vez recogidas las maletas y cargadas en el taxi por el conductor, Fernanda con gesto serio observo como su hermana continuaba hablando con sus amigos. Quería marcharse del aeropuerto, pero Valeria parecía no tener prisa y seguía hablando con aquellos mochileros. Una cosa que Fernanda no estaba dispuesta a consentir ni un minuto mas
-disculpadme-intervino la rubia mirando su caro reloj-. Tengo prisa. El taxi esta corriendo.
La diferencia en la indumentaria que había entre ella y los otros tres era abismal. Mientras que Fernanda iba vestida con un traje de chaqueta oscuro Chanel, un abrigo largo de cuero de Yves Saint-Laurent, botines de Jimmy Cho y un moño alto. Su hermana y sus amigas iban con vaqueros, cazadoras y zapatillas de deporte.
-¿para que zona vais?-pregunto Valeria, ganadose una mirada hosca de su hermana que no paso desapercibida para Augusto
-hacia Holywood Park ¿y vosotras?
-creo que al hotel glasshouse
-the glasshouse boutique hotel-silbo Elena impresionada.-¡¡vaya¡¡. Que lujazo. Ese hotel es una pasada. Esta en la place greenside
-¿lo conoces?-sonrío Valeria
-si esta cerca de la casa de mis abuelos
-oye-invito alegremente Valeria.-veniros con notras. Os acercamos
-no es posible. Tengo prisa y no podemos andar parando además nos saldría mas caro-soltó Fernanda, dejando a su hermana con la boca abierta. ¿Cómo podía ser tan borde?
-no te preocupes-contesto augusto mirado al chofer que con la puerta abierta esperaba. Y agarrando las mochilas dijo-cogeremos el autobús. Hasta pronto Valeria. Sin mas, Valeria vio como sus amigos se marchaban. No era justo. Su hermana no era justa.
-¿sabes que eres una tía muy desagradable?
-¿me lo dices o me lo cuentas?-respondió Fernanda metiéndose en el taxi
-te lo narro-contesto Valeria enfadada.
Una vez arranco el conductor, comenzaron a discutir, y así continuaban cuando el cohe paro ante el hotel glasshouse.
Valeria, con ganas de ahogar a su hermana, bajo tras ella. ¡¡era insoportable¡¡. Pero se quedo sin palabras al ver la fachada del hotel el hotel glasshouse, era la antigua iglesia lady glenorchy y contaba con 150 años de antigüedad. Su dueño había sabido combinar con elegancia, la fachada antigua de la iglesia con una moderna estructura de acero y cristal, consiguiendo una elegante y depurada fachada contemporánea.
-es impresionante ¿verdad?-pregunto Fernanda al ver la cara de su hermana
-si ¡flipante¡-asintió, mientras sentía la lluvia en la cara.
-vayamos dentro-dijo comenzando a andar mientras el chofer aun mareado por el viaje que le habían dado, abría el maletero. El botones cargaría las maletas-. Esta odiosa lluvia alemana me va a estropear los botines.
-¡¡dios mío¡¡-susurro Valeria, parándose para clavar su mirada en un tipo que reía a mandíbula abierta por lo que otro le estaba contando-. Y luego dicen que los monumento no andan
-¿Qué dices?
-el pelirrojo-susurro recorriendo sin ningún pudor el cuerpo de aquel hombre algo desaliñado-. ¡¡madre del amor hermoso¡¡
-pero ¿de que hablas?-pregunto Fernanda mirando a dos hombres altísimos y fuertes que a pesar del frío caminaban en polos de manga corta con la insignia del hotel-. ¿esos horteras? Bah ..menuda vulgaridad. Mira sus pintas son obreros-
-de verdad Fer-dijo despertando de su sueño alemana-.cualquiera que te escuche pensaría que desciendes de los Borbones. Cuando eres una Villalonga Zubizarreta. Descendiente de simples pero honrados obreros. No de reyes.
-perdona que te diga,-replico Fernanda. Pero el que sea descendiente de obreros no significa que tenga que fijarme en ellos. Además , esos dos son horribles, ¡que pintas¡
-tienes el gusto de un calamar adobado, hija mía-y señalando de nuevo a los hombres que ahora las miraban, dijo tras pestañear al pelirrojo-.¿pero tu has visto que dos monumentos?.
Con mal gesto Fernanda les volvió a mirar, chocando sus ojos con el mas alto quien con descaro, también la miro mientras seguía riendo por algo divertidísimo que debía estar contando el otro.
-¡paletos¡-susurro al sentirse objeto de sus risas. En ese momento el botones del hotel, por la prisa de atenderlas, piso en falso y cayo de bruces ante ellas, quedando inmóvil bajo la lluvia. Con celeridad el taxista y Valeria acudieron a auxiliarle, mientras Fernanda corría para resguardarse de la lluvia. Segundos después varios trabajadores del hotel se hicieron cargo del muchcho, quien parecía recuperar la conciencia
-pobrecillo-musito Valeria empapada-.menudo castañazo se ha dado. Le van a tener que dar puntos en la frente
-por mi como si le cosen todo el cuerpo-contesto de mal humor, y mirando a la muchacha de recepción grito en perfecto alemán
-¡recepcionista¡ haga el favor de decirle a alguo de sus compañeros que salga a nuestro equipaje. Sigue bajo la lluvia
-un segundo señora-señalo la muchacha mientras atendía a otros clientes-. En cuanto regresen saldrán a recogerlo
-detesto esperar-insistió dejando a Valeria boquiabierta-.¿acaso usted no puede salir?. Mi maleta es de Versace y como se estropee voy a pedir daños y perjuicios al hotel
-lo siento señora-repitió la muchacha-.no puedo abandonar la recepción en este momento. Discúlpeme
-Fer, no te pongas así-murmuro la castaña avergonzada-. Iré yo a por ellas
-¡¡no te muevas de aquí¡¡-gruñó con severidad
-¿Qué ocurre cindy?-dijo una voz profunda tras ella
-la señora-respondió la recepcionista asustada-.quiere que alguien recoja su equipaje pero no hay nadie disponible en este momento. El que había preguntando era el mismo hombre que segundos antes había conectado con su mirada. Aquel hombretón que junto al otro reía a carcajadas. Ambos ahora estaban allí
-pandilla de idiotas-gruño Fernanda , y al ver en sus polos el logotipo del hotel dijo-.ustedes son del hotel ¿verdad?
-puede decirse que si-puede decirse que si-respondió el pelo pelirrojo guiñando un ojo a Valeria que la sonrojo
-Si. Somos gente del hotel-asintió el mas alto echándose el mojado pelo hacia atrás. Mientras con curiosidad observaba a aquella rubia con cara de enfado.
-pueden hacer el favor de salir a recoger nuestro equipaje ¡¡ahora mismo¡¡-ordeno Fernanda con la vena del cuello a punto de explotar. Los hombres tras escucharla se miraron y dejándola pasmada se echaron a reír. “serán descarados”, pensó mientras la recepcionista pasaba por todos los colores del arco iris
-Señora discúlpenos-contesto el mas alto, quien parecía tener prisa-. Estamos de vacaciones y nuestra jornada laboral no comienza hasta el lunes
-¡¡esto es increíble¡¡-vocifero mas enfadada. Y mirando a la recepcionista exigió-.llame ahora mismo al director del hotel ¡¡quiero hablar con el¡¡
-señora el…
-tranquila Cindy-volvió a decir el alto con tranquilidad a una asustada muchacha-. No hace falta que la avises. Saldré yo mismo por las maletas de esta clienta tan amable…
Volviéndose hacia su amigo dijo algo en que Fernanda no pudo entender. Aunque entendió la cara de guasa de aquel.
-por la cuenta que le trae-espeto Fernanda con rabia, retirándose un mechón de la cara-.espero que salga por mi maleta de. ¡¡ya¡¡ si no quiere estar mañana en el paro.
-Fer-regaño Valeria en español al escucharla-. Te estas pasando tres pueblos
-mire señora..-comenzó a decir el pelirrojo
-¡¡señorita¡¡-corrigió con altivez
-de acuerdo-asintió con paciencia-.le iba a decir señorita, que nosotros se la recogeremos encantados aunque..
-¿le estas diciendo señorita-le interrumpió el más alto, clavando sus ojos marrones en ella-que me va a mandar a el paro, cuando ni siquiera estoy en mi horario de trabajo?
-soy amiga intima del conde Von -mintió acercándose intimidatoriamente a aquel hombre con las manos en las cadera. Y clavando sus grandes ojos azules en aquellos que la retaban sentencio-:le puedo asegurar ¡¡gilipollas¡¡ que en el momento que cuente lo ocurrido usted y su amiguito saldrán de aquí en menos que canta un gallo
-Paúl-dijo aquel hombre volviéndose hacia su compañero-. Será mejor que salgas a por la maleta de la señorita, sino queremos meternos en problemas.
-de acuerdo-asintió su compañero, pero cuando parecía que iba a salir dándose la vuelta dijo-.pero ¿porque no me acompañas tu?
-estoy empapado-se excuso dejando boquiabierta a Fernanda
-yo también-contesto el otro que intento no reír al ver la cara de diversión de Valeria-. Y sabes que me resfrío con facilidad
-es verdad-asintió víctor rascándose la cabeza.-pero la maleta de la señorita es de Versace
-¿y la otra?-pregunto con guasa el otro hombretón, mientras salían
-la otra es del mercadillo de mi barrio-respondió Valeria ganándose una nueva mirada de su hermana. Aquellos dos eran muy graciosos ¿Por qué no lo veía Fernanda?
-¡¡estos tíos son gilipollas¡¡-susurro Fernanda a punto de estallar
-tranquila Fer-y señalándole el cuello dijo-. La vena te va a explotar. Incrédula por lo que ocurría ,la rubia les observo salir, momento en el que su móvil vibro. Era Goyo.
Maldiciendo, corto la llamada, mientras aquellos imbécil es alemanes con una lentitud que le corroía las entrañas, llegaban hasta el equipaje y bajo el aguacero parecían pelearse. Ambos querían llevar la pequeña maleta de Valeria, no el maleton de Versace.
-no te enfades Fer, pero si son muy cómicos-le dijo Valeria divertida
-¡¡son gilipollas profundos¡¡-bufo cortando de nuevo otra llamada de Goyo. Momento en que aquellos idiotas entraban como recién salidos de la ducha
-su mochila-indico con gesto amable paúl a la castaña-
-gracias-respondió esta con una sonrisa.
-aquí tiene señorita. Su maleta de Versace-dijo el alto, soltándola ante Fernanda, y mirando a la recepcionista pregunto en un tono cariñoso-. Cindy preciosa. ¿las señoritas han hecho ya el check-in?
-no todavía no-
-por favor-indico víctor cómicamente, casi con reverencia-. Serian tan amables de verificar su reserva.
-por supuesto-siseo Fernanda y dando un manotazo que tiro hacia atrás a víctor le grito–quítate del medio -bufo harta de escucharle decir señorita de aquella forma-. Mañana estarás despedido. Valeria al escuchar aquello, no pudo callar.¿pero no se daba cuenta su hermana que aquel comportamiento lo estaba provocando ella?. Decidida a decirle algo, le hablo en español, así ellos no la entenderían
-pero Fer, ¿como que mañana estará despedido?. No puedes hacer eso. La gente necesita trabaja para comer ¿no te das cuenta como tratas a todo el mundo?. Este hombre solo te esta respondiendo en los mismos términos que tu le hablas, incluso con mas educación. De momento no te ha insultado . Tu a el si.
-cuando hablas de hombre ¿te refieres a esto?-indico señalando a Víctor, quien estaba calado hasta los huesos-.¿sabes Valeria? Para decir chorradas, mejor mantén tu boca cerrada, o te te puedo asegurar que al final terminaremos discutiendo tu yo
-eres una amargada y una autentica bruja. Te encanta pisotear a la gente por el simple hecho de creerte mas que nadie. Cuando no eres mas que una….
-como te diga lo tu eres-dijo sonriendo con maldad-.la vamos a tener
-uy que miedo-y sacando su chulería la desafío-. Si tienes ovarios¡¡dímelo¡¡.
Incrédulos Paúl, Víctor y Cindy las observaban ¿Qué pasaba?.
Valeria hastiada por los modales de su hermana exploto y salieron por su boca sapos y culebras-¿acaso aquella pija se creía la reina del mundo?.
Para Fernanda, el día iba de mal en peor. La tensión del viaje, las continuas llamadas de Goyo, las quejas de su hermana y el teatro de aquellos idiotas habían acabado con su inexistente paciencia
-¿pero que le ocurre a estas mujeres?-pregunto Paúl acercándose a Víctor
-no lo se-respondió con curiosidad sin entender ni comprender anda-. pero por su manera de mover las manos parecen italianas o españolas
-la castaña-indico Paúl, viendo a Valeria levantar los brazos hacia el cielo-.parece amable y desde luego es valiente para enfrentarse a la otra. Pero la rubia uf ..la rubia
-la rubia es insoportable-dijo con desprecio Víctor, viendo a Fernanda mover las manos como una histérica ante Valeria-. Es la mujer mas maleducada, prepotente y estupida con la que me he cruzado en mi vida. Alimañas como esa son las que te sacan hasta la sangre y te dejan sin nada. De pronto Fernanda abofeteo a su hermana. Durante unos segundos se retaron con la mirada, hasta que Valeria enfadada y dolida, se agacho, cogio su maleta y salio del hotel sin mirar atrás. Fernanda al comprobar el arranque de su hermana menor y verla parada bajo la lluvia, fue hacia ella e intento hacerla recapacitar ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué siempre se comportaba así con las personas que la querían?
-Valeria espera
-vete a la mierda-contesto la castaña bajo la lluvia-.te recuerdo que tus botines Jimmy Cho se están mojando
-Valeria, por favor
-eres la persona..-escupió con rabia volviéndose hacia ella-.la persona más insensible, egoísta e imbecil que he conocido en mi vida. Nunca . Repito ¡¡nunca¡¡ seria capaz de decirte ni de hacerte lo que tu me has hecho a mi. Y puedo.¡¡tu lo sabes¡¡. Pero no tengo tu maldad ni tu verborrea para dañar ¿acaso crees que la vida es fácil para mi?¿acaso crees que ser la hermana perdedora de Fernanda Villalonga Zubizarreta es facil?y comenzando llorar por la cara dijo-. Tienes razón.¡¡maldita sea¡¡ tu, mama, Roberto tenéis razón. Soy la amante de Chema. Una mujer que vive de la mentira y que recoge las migajas que ese sinvergüenza le da ¿ crees que eso me hace feliz?
-si no te hace feliz ¿Por qué continuas con ese problema? Respondió sintiéndose la peor hermana del mundo
-porque le quiero y le odio-sollozo sintiendo que el corazón se le partía-. Y aunque no me creas he intentado cientos de veces romper con el. Pero yo..
No pudo proseguir, el llanto le invadió su cuerpo, y al ver los brazos abiertos de su hermana no lo dudo, y corrió a cobijarse en ellos
-SShhh, no llores-suplico Fernanda dolorida-.por favor perdóname.
-sabes que lo estas. Pero odio tu insensibilidad y tu egoísmo. En el mundo además de ti existen millones de personas que luchan por salir adelante sin tener suerte profesional que has tenido tu
-lo se. Tienes razón. Solo puedo prometer que intentare cambiar-e intentando hacerla sonreír añadió-. Y ese mequetrefe de chema no volverá hacerte sufrir o te juro que seré yo quien le retuerza eso que tanto mima de su hombría
-se llama pene, fer-sonrío al notar como el agua resbalaba por su cara-.hasta para decir algo así buscas palabras complicadas. Di:¡¡pene¡¡
-porque necesito escuchar a mi hermana. A esa fer que llamaba a las cosas por su nombre no a la Fernanda exigente que habla con palabras Light-
Como testigos de excepción, Paúl y Víctor las observaban a través de los cristales. Aquellas dos locas que minutos antes se chillaban, ahora estaban muertas de risa bajo el aguacero, que casi les impedía respirar
-entremos Fer-murmuro Valeria al ver que las observaban un par de curiosos-. Tengo caladas hasta las bragas. Por hoy ya hemos hecho bastante el ridículo
-tienes razón-y mirando hacia el hotel comento-.solo espero que esos gilipollas se queden calladitos o les tendré que retorcerles el ¡¡pene¡¡.
Aquello volvió a hacerlas reír, y , con paso seguro entraron empapadas hasta la recepción parándose frente a Cindy, quien con cara de susto las miro
-tengo una reserva a nombre de Fernanda Villalonga Zubizarreta
-así es-asintió la muchacha, a quien le temblaba el pulso-.por favor, rellene este papel-indico dándole una pequeña carpeta desapareciendo dentro de un despachito
-¿es sensación mía o esta mujer nos huye?-
No me extraña-sonrío Valeria temblando de frío-. Con la que hemos montado. El día que nos vayamos del hotel hacen fiesta nacional-
Tras sonreír por aquel comentario, sin querer mirar hacia atrás, Fernanda se volvió a retirar el pelo de la cara. Sentía los ojos del moreno observándola a una distancia prudencial. Algo que agradeció. No le apetecía discutir. Y menos con su pinta.¡¡menos mal que su maquillaje era resistente al agua¡¡.
Cuando fue a coger el bolígrafo para rellenar los papeles, no podía. Tenia tanto frío y estaba tan mojada que era incapaz de retener el bolígrafo mas de de dos segundos en la mano. Por el rabillo del ojo miro a su hermana. Pensó en pedirle ayuda, pero al ver como temblaba, se dio cuenta de que estaba en la misma situación
-si me permite, yo le puedo ayudar-era Víctor.¿Por qué tenia que ser el? Pensó la rubia. Pero tras mirar a su hermana decidió aceptar aquella oferta, y pasándole el bolígrafo y los papeles empapados, comenzó a rellenarlos con los datos que ella le dictaba. Víctor atraído como un imán por aquella espantosa mujer, de pronto, sin saber porque , se vio ofreciéndole su ayuda. Al ser mas alto, pudo observarla sin ser observado. Ella no le miro ni una sola vez. Solo respondía con voz neutra y cansada.
Aquella loca tenia el pelo empapado, enmarañado y pegado a la cara. Y a pesar de parecer un pollito mojado, el encanto que vio en ella le fascino. Su piel le recordaba a las muñecas de porcelana . Sus labios sin llegar a ser voluptuosa eran apetecibles, morbosos. Pero su mirada fría y sus ojos azules le atrajeron por su intensidad. Una intensidad que le gustaría probar. Una vez concluido el formulario Víctor lo dejo encima del mostrador y sin decir nada , se alejo con Paúl, que le esperaba hablando con otros trabajadores
-le podías haber dado las gracias-susurro Valeria temblando
-no me ha dado tiempo-se disculpo, y al ver a Cindy salir del despacho susurro.-por dios. A ver si nos dan la habitación necesitamos cambiarnos urgentemente
-señorita Villalonga-comenzó a decir la muchacha-.no se como decirle esto. Pero las normas del hotel impiden el acceso a la habitación hasta las 14:00 horas.
-¡¡¿Cómo?¡¡-gritaron las dos al unísono
-la suite que tienen contratada están acabando de limpiarla-se disculpo la muchacha
-¡¡¿me esta diciendo-vocifero Fernanda, notando que la sangre comenzaba de nuevo bombear con fuerza su vena del cuello- que tenemos que esperar, empapadas, muertas de frío y congeladas una hora y media?
-¡¡joder¡¡-se quejo Valeria y mirando a su alrededor comento-.¿Dónde esta
-yo lo siento, pero..
-no lo sienta-gruño Fernanda-. ¡¡arréglelo¡¡
-¿Qué ocurre Cindy?-pregunto de nuevo la voz de Víctor. Y por el rabillo del ojo vio a aquellos hombretones de nuevo tras ellas.¡¡que pesado¡¡
-el que faltaba-protesto la rubia
-las normas indican que hasta las 14:00 horas no pueden entrar en la habitación-señalo la recepcionista
-¿acaso no ven que necesitamos cambiarnos de ropa y tomar una ducha caliente?-se quejo la castaña
-si señorita-asintió Paúl-.tiene toda la razón
-podemos ayudarlas-indico Víctor apoyado en la recepción.
-¿Cómo?-pregunto Valeria ante la pasividad de su hermana
-si la señorita española-comenzó a decir Víctor consiguiendo que Fernanda le mirase nos pide disculpas por sus modales, sus insultos y promete no decirle nada al conde Von..nosotros podríamos hacer que esa habitación la ocuparan en pocos minutos
-semejante osadía-murmuro Fernanda dándole la espalda.
-Fer controla la venita. Que te veo venir
-esto es surrealista. Y ahora este bufón pretende que yo le pida disculpas. Ni hablar
-vámonos Paúl-dijo víctor dándose la vuelta-.¡que se congelen¡. La señorita española prefiere esperar hasta las dos de la tarde.
-¡¡no¡¡-grito Valeria, paúl que al sentir su mano congelada sobre su piel se compadeció-.tenemos frío y necesitamos una ducha
-¡¡Víctor espera¡¡-grito Paúl-.deja de hacerte el duro y haz el favor de permitir que estas señoritas se duchen y se cambien de ropa. No seas cabezón. Si luego se resfrían nos sentiremos culpables
-esa mala bruja y su mal genio no podrán conmigo. O pide disculpas o no muevo un dedo por ellas-y mirando a la rubia soltó.-¿se lo ha pensado mejor?
-ja ¡antes muerta¡-contesto Fernanda muy digna
-mi paciencia no es muy grande-informo Víctor con arrogancia.-mi tiempo es oro¡¡señorita¡¡-
-Fer ¡¡joder¡¡-protesto ahora Valeria en español-.bájate de la burra para poder entrar en calor. No ves que solo necesitan que alimentes sus egos de machitos
-odio alimentar la autoestima de machitos como estos.
-si no les importa-ahora protesto Víctor-.¿podrían hablar en alemán?
-de acuerdo-asintió Valeria mirando a paúl dijo-.solo nos hemos comunicado entre nosotras
-lo entiendo asintió Paúl con una sonrisa bobalicona haciendo que Víctor le diera un empujón para espabilarle-mire señor-comenzó a decirle Valeria mientras el castañeaban los dientes-.mi hermana y yo le pedimos disculpas por todo. Y no se preocupe. No le diremos nada al conde
-lo tiene que decir ella-señalo Víctor taciturno. A cabezón no le ganaba nadie
-Fer¡¡joder¡¡. Me muero de frío
-de acuerdo-asintió. Lo hacia por su hermana.-.Les pido disculpas
-tiene que decir porque-indico Víctor enfadado
-les pido disculpas por mis insultos y por mi mal carácter.
-falta algo intervino de nuevo Víctor, al ver como esta cerraba los puños-.tiene que prometernos que no dirá nada al conde Von. Necesitamos este trabajo
-les prometo que no diré nada al conde-acabo Fernanda mirándole con odio-¿algo mas?
-no señorita española-siseo Víctor dándose la vuelta-. Nada mas. Disfrute de sus vacaciones en Renania.
Fernanda sin quitarle los ojos de encima vio como aquel hombre desaparecía del hall
-fíjate como anda, parece el dueño del hotel-señalo Fernanda. Segundos después desapareció con un chico quien tras saludarlas monto sus maletas en el carro del hotel.
-te juro que como se vuelva a dirigir a mi, le arranco la cabeza-
-tranquila-sonrío Valeria-.no creo que tenga ganas.
A diferencia de la sonrisa bobalicona de Paúl, Víctor ni la miro cuando paso por su lado. Aquella indiferencia le molesto. Nadie le había tratado así
-señoritas -llamo Cindy-.si son tan ambles. El botones las llevara hasta su suite
-gracias-sonrío Valeria con amabilidad y tras intercambiar una sonrisa con Paúl, fue tras su hermana. Sin mirar atrás y con altivez, Fernanda entro en el ascensor. Era consciente de la mirada que la seguía y del reguero de agua que ambas iban dejando a su paso. ¡¡ que situación mas humillante¡¡
-creo que nosotros también nos merecemos una buena ducha-se carcajeo Paúl al ver el enfado de su amigo
-¿sabes Paúl? A la señorita Versace nadie le ha enseñado “quien ríe ultimo, ríe mejor”. pocos minutos después el ascensor se paro en el tercer piso, donde el botones, tras introducir su equipaje en el interior de una impresionante suite, se marcho dejando a las hermanas Villalonga Zubizarreta.
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janessi1
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MensajeTema: Re: Te lo dije una serie para que protagonizaran asier etxeandia y Ángela cremonte   Jue Sep 24, 2015 3:46 pm

CAPITULO 6 : REUNION ANULADA

La reunión con el conde Von estaba programada para las cinco de la tarde. Milagrosamente había concertado aquella cita desde Madrid, y casi salto de alegría cuando lo consiguió. Faltaba hora y media hora para la entrevista. Ataviada con un elegante traje color azul de Armani, Fernanda revisaba unos documentos mientras Valeria aun con el mullido albornoz del hotel, sentada en la cama ojeaba una revista.
-tras la duchita calentita y la ensalada cesar tan rica que nos han subido, creo que dormiré una siestecita mientras estas en la reunión.
-me parece bien. Ojala yo pudiera hacerlo. Me caigo de sueño-
De pronto unos golpes en la puerta atrajeron su atención
-¿has pedido algo al servicio de habitaciones?-pregunto Valeria
-No. yo no he pedido nada.
Al abrir la puerta, allí estaba el botones que horas antes los habiua llevado hasta la habitación, quien tras darle una nota se marcho
-¿quien la manda?-pregunto con curiosidad Valeria
-¡¡hijo de perra¡¡-bufo de pronto Fernanda tras leer la nota
-¿Qué pasa ahora?
-el condesito anulo la reunión-
-No me digas ¿Por qué?
-no lo se, no lo explica-gruño Fernanda arrugando el papel y tirandolo a la papelera-.la emplaza para el lunes. Directamente en el castillo Eltz
-¡¡que emoción¡¡-grito Valeria al escuchar ese nombre-.el castillo Eltz
-si vamos emocionantísimo-se quejo Fernanda abriendo su portátil-.ahora tendré que buscar un chofer que nos lleve hasta allí, gastar mas dinero…¡¡yupi¡¡
-¿para que necesitamos un chofer?. Seria mas emocionante y sobre todo mas barato alquilar un coche y con un mapa llegar nosotras mismas hasta allí
-que antigua eres-resoplo Fernanda y saco un aparato de la bolsa de su ordenador-.Valeria ¿conoces los GPS?
-a ver si te crees que vivo en la prehistoria.¡¡pues claro que los conozco¡¡-y quitándoselo de las manos indico-.¿lo ves? Para que queremos chofer si has venido con todos tus juguetitos
-para no perdernos ¿por ejemplo?
-ahora la antigua eres tu. Yo creía que los GPS servían para no perderse
-si Valeria-y tecleo su portátil.-pero prefiero ir mirando el paisaje a conducir
-puedo conducir yo. Total los coches se llevan igual en todos lados. Freno, embrague, acelerador y volante. Nada mas.
-¿tu?-sonrío Fernanda-. No gracias quiero llegar sana y salva
-mira si tuvimos aquel golpe tonto-sonrío al recordar el incidente.-fue porque paco te vomito encima y ¡¡tu¡¡ al moverte me empujaste a mi.¡¡no te digo¡¡ y viendo que sonreía dijo.- vamos Fer anímate. Alquilemos un coche. Será nuestra pequeña aventura.¿no crees que seria emocionante?
La alegría que vio en su hermana hizo que Fernanda se convenciera. Decir que no a aquello podía ser motivo de discusión
-Valeria ¿de verdad crees que tu y yo podríamos llegar sanas y salvas a el castillo Eltz, sin meternos en ningún problema?
-con la ayuda de este maravilloso GPS y con tiempo por delante ¡¡nada es imposible¡¡-
-de acuerdo, buscare un coche de alquiler-asintió al tiempo que su hermana la despachurraba en un cariñoso abrazo. Una hora después Fernanda cerraba el portátil. A través de la pagina del hotel, había contratado un coche. El lunes a las ocho de la mañana un coche alquilado estaría en la puerta del hotel esperándolas
-tenemos dos días para pasear por Renania-dijo Valeria todavía impresionada por la lujosa suite. Todo era elegante y caro algo a lo que ella no estaba acostumbrada-. Que te parece si mañana sábado nos vamos de tiendas y a visitar el Mary Kings Close
-¿Qué es eso?-pregunto Fernanda
Una tenebrosa vieja ciudad situada bajo el casco antiguo de Renania, que siglos atrás cuando llego la peste negra fue clausurada. Hasta el que en año 2003, la abrieron para que la gente pueda recorrer sus callejuelas y sus casas e imaginar el sufrimiento y dolor que esa pobre gente tuvo que sentir. Incluso dicen que hay fantasmas
-¿sabes mona?-indico perpleja por los gustos de su hermana-. Prefiero ir de Shopping. Esta noche miramos en mi portátil que tiendas existen por aquí
-seguro que encontraremos algún zara o hm-
-¡¡no me hables de zara porque gracias a ellos estoy aquí¡¡grito Fernanda
-bueno de todas formas será bonito estar las dos juntas-le dijo Valeria sin entender porque había dicho eso
-Valeria-dijo quitándose los botines de Gucci y su traje de Armani-.me aparece muy bonito eso que dices, pero necesito localizar a ese maldito conde y conseguir ese asqueroso contrato
-¿tan importante es ese contrato?
-si. La empresa lo necesita
-¿y tu que necesitas?
-ese contrato-respondió Fernanda automáticamente
-lo que tu necesitas es divertirte un poco-
-no lo que yo necesito es descansar-dijo la rubia acurrucándose en la cama
-por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo contigo-bostezo Valeria tumbándose junto a ella. El madrugon del viaje, el día lluviosos y todo lo acontecido comenzaba a pasarles factura. Por lo que acurrucándose en la cama como cuando eran niñas , se arroparon con la manta y se durmieron. Pasadas unas horas un sonido seco y repetitivo hizo que Fernanda dejara los brazos de Morfeo para volver a la realidad. Su móvil sonaba. Era un número oculto
-Fernanda Villalonga al habla.digame
-¡¡ya esta bien¡¡-grito Silvia enfadada. Llevaba horas esperando a que sus hijas la llamaran-.¿se puede saber porque no me habéis llamado?
-ostras, mamaa-asintió moviendo a su hermana quien abriendo los ojos-.mama. Se nos presentaron varios problemas al llegar aquí, y se nos había pasado.
-podíais pensar un poco en mi ¿no creéis?
-venga mami-continuo Fernanda sentándose en la cama y pulsando el manos libres para que su hermana participara-.no te pongas así
-hola mama-saludo Valeria
-¡¡me vais a matar a disgustos¡¡-grito Silvia
-mami no seas exagerada por favor-dijo Fernanda
-¿Cómo esta fify?-pregunto Valeria para cambiar de tema-.¿se porta bien?
-mejor que vosotras, desde luego-miro a fify que corría tras una pelota por el parque de aluche y dijo-.no te preocupes.tu gordo esta como un rey con Roberto y conmigo
-por cierto maam-pregunto Fernanda al darse cuenta de un detalle-.en tu llamada aparece con número oculto ¿Por qué?
-no se hija. No tengo ni idea-respondió atragantándose mientras se despedía-.buenos tesoros míos. Que las conferencias son muy caras. Un beso para las dos y no olvidéis que aun existo. Adiós-y colgó. Fufy llego hasta Silvia con la pelota en la boca. Estaba cansado, había corrido mucho. Con cariño le acaricio el cuello, mientras una mano tomaba la de ella
-¿esta todo bien, cielo?-
-si tesoro-asintió Silvia devolviéndole el móvil-.todo esta en orden.
En Renania a cientos de kilómetros de Madrid, Valeria y Fernanda se miraron tras cortarse la comunicación.
-¿he sido yo sola o también la has notado rara?-dijo Valeria cogiendo el móvil-.por cierto que chulada de iphone
-referente a tema mama-prosiguió Fernanda quitándole el iphone de las manos y dirigiéndose al baño-.me parece que debería salir con sus amigas. No creo que sea bueno que este tanto tiempo sola
-tienes razón. Pero ya sabes como es-dijo la castaña entrando tras ella
-¡¡oye¡¡-se quejo Fernanda sentada en el wc-.podrías esperar a que yo salga para entrar
-venga ya Fer-dijo cogiendo el cepillo de dientes-no me vengas con vergüenzas ahora, que no te voy a ver nada que no conozca
-es una cuestión de intimidad-se defendió Fernanda
-serás petarda-respondió la castaña comenzando a cepillarse los dientes, y para hacer rabiar a su hermana exclamo con la boca llena de dentrífico-.pero Fer ¿desde cuando te haces la depilación brasileña?-y agachándose para horror de su hermana pregunto-. ¿Qué te has dejado triangulito o rayita?
-¡¡Valeria¡¡ no seas ordinaria-protesto tapándose con pudor
-pero bueno-río al ver a Fernanda salir del baño precipitadamente-.ven aquí tonta que quiero verlo.
Al día siguiente el tiempo lluvioso no había mejorado y seguía invitando a pertenecer bajo cobijo. Pero las hermanas Villalonga desafiando el tiempo decidieron salir de su cobijo. Con el sonido de la lluvia golpeando a los cristales sin parar bajaron ambas con vaqueros bajaron a desayunar a la cafetería del hotel
-esta noche podríamos tomar una copita en un pub cercano-sugirió Valeria-.así conoceremos en ambiente nocturno alemana
-ni lo sueñes. No conocemos el lugar-le respondió la rubia
-podemos preguntar en recepción. Seguro que ellos conocen algún sitio-
-hoy es viernes Valeria-indico tensándose al reconocer la figura del hombre que sentado en el bar hablaba con otros dos. Víctor y Paúl. Por suerte no las habían visto y señalándoles dijo-.piensa que vayamos donde vayamos habrá horteras como esos dos
-Fer, no seas mala-replico mirando justo en el momento en el que Paúl volvía la mirada-.¿horteras dices? Por favor si están para comerlos con tomate
-¡¡son unos ordinarios y unos muertos de hambre Valeria¡¡
“¿que le pasaba a Fernanda?, ¿Por qué todo el mundo era inferior para ella?”-pensó la castaña. Con disimulo volvió a mirar a aquellos hombres de espaldas anchas. Se habían cambiado de ropa y también afeitado. Estaban guapísimos. Definitivamente Fernanda además de ciega, tenia menos gusto que un yogur de agua.
En el bar del hotel, Víctor, Paúl y un tercero tomaban un café mientras charlaban. Al rato sin prestarles atención, los tres hombres se marcharon. Fernanda al ver desaparecer al hombretón, respiro aliviada. No le apetecía respirar el mismo aire que aquel. Durante horas estuvieron comprando ropa, zapatos y demás. Eso si Fernanda de primeras marcas. Valeria sorprendida como soltaba sin pudor su tarjeta platino no pudo evitar sonreír. Su rubia hermana no tenia remedio. Finalmente llegaron al hotel, se pusieron sus trapitos nuevos y bajaron a cenar, pero Valeria no se dejo convencer por su hermana y arrastró a Fernanda hasta la recepción. La asustadiza Cindy no estaba. En su lugar había un chico que se presento como Patrick, quien les recomendó un pub cercano llamado “maclean”.
Sumergidas en la oscuridad de la noche, Renania ofrecía un ambiente tenebroso y oscuro, pero pronto llegaron a ese Pub. Cuando abrieron la puerta verde del Pub, unas atronadoras voces las engulleron. Valeria sonriente, sorteo a la multitud hasta encontrar un hueco en la barra mientras Fernanda, horrizada, arrugaba la nariz intentando no rozarse con nadie
-¿Qué quieres tomar?
-una coca cola zero, por favor-respondió Fernanda
-tu te pinchas-bromeo y mirando al camarero pidió-. Dos pintas de belhaven
-¿Por qué me pides cerveza?. Sabes perfectamente que soy abstemia-
-Fer, por favor. Tu has visto ¿donde estamos?
-si -asintió mirando a su alrededor.-en un lugar asqueroso
-anda princesita-bromeo dándole una enorme jarra-.toma, calla y sígueme
Horrorizada miro la jarra y siguió sonriente quien parecía encontrarse como pez en el agua “maclean” era un local mas bien pequeño que olía a rancio y a cebada. Tenia dos televisores colocados en dos de sus esquinas desde los que se veía un partido de futbol. “¡¡¡que horror¡¡¡ vaya pandilla de energúmenos”, pensó Valeria mirando como vociferaban y se empujaban a cada pase de balón, mientras Valeria parecía disfrutar de los gritos
-habéis pasado de parecer dos pollos empapados a dos preciosas señoritas-dijo un hombre acercándose a Valeria que le reconoció a pesar de la poca iluminación
-gracias a ti y a tu amigo-respondió la castaña sin importarle el gesto de su hermana
-me llamo Paúl-se presento tendiéndole la mano
-encantada de conocerte paúl-y acercándose a el para mo tener que gritar dijo-.soy Valeria. Y la que nos mira con cara de mosqueo es mi hermana Fernanda. Pero tranquilo que no muerde
-encantado, Fernanda-sonrío divertido por el comentario. Teniéndole la mano que ella no acepto-.me llamo paúl y soy el…
-eres el amigo del gilipollas-interrumpió sin moverse
-prefiere que lo llamen Víctor -aclaro retirando la mano
En ese momento el local prorrumpió en aclamaciones. Uno de los equipos había metido un gol. De pronto se vieron arrastradas por una marea de empujones y abrazos. Valeria sonriendo brindo junto a los hinchas, mientras Valeria horrorizada por como aquellos tipos sudorosos la abrazaban, comenzó a repartir manotazos a diestro y siniestro, consiguiendo que la dejaran en paz. Pero justo cuando creía haberse librado de aquellos plastas, alguien la empujio y derramo toda su jarra de cerveza sobre ella
-¡¡por dios que asco¡¡-grito al sentir como la cerveza le calaba hasta el sujetador
-vaya si es la señorita española-dijo una voz a su espalda con un marcado acento alemán
-¡¡maldita sea¡¡-vocifero, volviéndose para confirmar sus sospechas. Era el gilipollas-.¿eres ciego o que?. Mira como me has puesto la camisa
-¿yo?-exclamo víctor mostrando su jarra entera-.creo que te equivocas guapa. Valoro mucho mi cerveza como para tirarla
-toma estas servilletas-se apresuro Valeria-. Sécate con ellas
-¿pero tu has visto como me han puesto estos idiotas?-grito asqueada por la peste a cebada que llevaba encima.-me voy al hotel Valeria
-en este momento esta diluviando-informo víctor-.te ahogarías antes de llegar
-¿acaso estoy hablando contigo?-grito Fernanda
-por mi como si le hablas a las farolas-respondió víctor molesto
-¡¡cállate bocazas¡¡-grito ella, ganadote una mirada de varios hinchas
-oye tengo una curiosidad-pregunto víctor sabiendo su posible respuesta-.¿todas las españolas tenéis el mismo genio, o es que yo te caigo mal?
-directamente, no me caes-espeto Fernanda, quitándose el pelo de la cara-.por lo tanto¡¡no me hables, ¡¡ni me roces¡¡
Fernanda al ver la cara de guasa del alemán y como la recorría con la mirada grito
¡¡eh tu mis pechos no están en el menú¡¡
-gracias al cielo. Serian indigestas-respondió Víctor divertido
-¡¡cállate idiota¡¡-
-da mas ordenes que mi abuelo el militar-.sonrío Víctor aunque ardía de ganas por sentarla en sus rodillas y darle un par de azotes . ¿Qué le pasaba a esa mujer?
-Fer-regaño su hermana-. Solo esta intentando ser amable contigo
-pues yo con el no ¿acaso no lo ves?-chillo la rubia
En ese momento el pub prorrumpió de nuevo en un gol. La avalancha humana volvió a engullirlas, pero esta vez cn el escudo protector del cuerpo de víctor nadie la toco. Aunque no pudo evitar que la cerveza de otro hincha cayera sobre ella
-¡¡maldita sea otra vez¡¡-rugió Fernanda, quien cerrando los ojos para no ver la sonrisa del gilipollas y notando como el liquido volvía a recorrer su cuerpo, esta vez erizándoles hasta los pezones
-toma-ofreció Víctor quitándose su sobre camisa militar dejando a la vista sus brazos fuertes-.Ve al baño. Quítate tu camisa y ponte esta-
La rubia impregnada en cerveza, no pudo decir que no. Por lo que de malos modos y sin mirarle, se alejo hasta los aseos. Allí tras medio discutir con su hermana, se puso la prenda y salio
-no hace falta que me lo agradezcas-bromeo Víctor al verla reaparecer
-te crees muy gracioso ¿verdad?-dijo Fernanda, y antes de que este pudiera responder indico.-cuando llegue al hotel la mandare a lavar. Mañana tendrás tu camisa intacta
-no hace falta. No te lo he pedido
-se muy bien lo que tengo que hacer-le contesto ella
-lo dudo mucho señorita-y clavándole sus ojos sus impresionantes ojos marrones Víctor dijo-.no se ni me importa si en tu extraño mundo elitista eres feliz. Pero aquí en Alemania, las personas intentamos agradecer los detalles-
Segundos mas tarde apareció Paúl con cuatro jarras de cerveza en la mano que dejo sobre una pequeña mesita circular que había entre ellos
-gracias Paúl-agradeció Valeria
-no hay de que-se volvió hacia su amigo-.Víctor te presento a estas señoritas
-no hace falta-gruño Fernanda aun molesta por lo ultimo que había escuchado
-mi nombre es Valeria-no dejaba de lanzar miradas furtivas a su hermana, a la que solo faltaba echar espumarajos por la boca-. La que te mira con cara de doberman es Fernanda.
-¡¡Valeria¡¡-protesto al escucharla
-pero tranquilo-prosiguió Paúl-.pero tranquilo creo que no muerde
-encantado de no conocerte lady doberman-saludo Víctor con una ridícula sonrisa. No lo podía evitar . Esa señorita española en el fondo le hacia gracia. Pero aquella sonrisa acabo tan rápido como empezó. Fernanda humillada y enfadada, cogio una enorme jarra de cerveza de la mesa y antes de que Valeria pudiera pararla se la tiro a la cara,
-¡¡Fer, por dios¡¡-grito su hermana al ver a paúl interponerse entre aquellos dos titanes. El duelo estaba servido
-por que no te ríes ahora, tío listo-increpo Fernanda-.¡¡llámame otra vez por ese ridículo nombre y te juro que te arruino la vida¡¡¡
-Víctor Karl relájate-advirtió paúl viendo como este miraba a aquella bruja
-¡¡quítate del medio¡¡-murmuro empapado de cerveza
-¡¡si¡¡-vocifero Fernanda sin ser consciente de que todo el pub les miraban. Aquello había pasado a ser mas divertido que el futbol-.quítate de en medio. No necesito que mentecatos como tu me protejan. Se hacerlo solita
-Fernanda-protesto Valeria de nuevo en español. Eran el centro de atención-.haz el favor de dejar hacer el tonto que aquí tenemos las de perder-pero al ver que su hermana ni la miraba susurro-.mama se disgustara mucho como salgamos en el telediario. Porque me temo que de aquí no salimos vivas.
Sin entender lo que aquella había dicho, Paúl se retiro hacia un lado. Conocía a Víctor y sabia que nunca haría anda a esa bruja. El problema era que no conocía a la española y su nivel de mala leche
-oye-susurro Paúl en alemán-.¿tu hermana esta loca?
-no te pases ni un pelo, amigo-advirtió Valeria señalándole con el dedo
-tranquilo Paúl. Bichos ridículos como estos no me causan ningún miedo.
La rubia, con gesto furioso, lo retaba. Nunca se había dejado humillar por nadie y aquel idota no iba ser el primero
-si vuelves a llamarme por cualquier otro nombre que no sea el mío-advirtió Fernanda agarrando una nueva jarra de cerveza-te juro que..
-¿sabes princesita?-interrumpió víctor, aceptando el reto-.eres la menos indicada para decir eso. Me has llamado gilipollas, imbecil y un sinfín de cosas mas que..
Pero no pudo terminar la frase, Fernanda con rabia derramo una nueva jarra sobre el haciendo prorrumpir en carcajadas a todo el Pub
-se acabaron las contemplaciones-bufo Víctor y echándosela al hombro a pesar de los gritos de la rubia que comenzó a golpearle sin piedad, salio del pub entre aplausos y vítores, seguidos por Valeria y Paúl. Una vez en la calle bajo la lluvia torrencial, Víctor la dejo en el suelo. Momento que ella aprovecho para propinarle una bofetada
-te mereces eso y mas-grito Fernanda al ver su cara-.no vuelvas a ponerme las manos encima, o te juro que..
-¿o me juras que?-vocifero víctor ante los ojos incrédulos de su amigo. Nunca le había visto comportarse así con una mujer. En circunstancias normales, ante la primera provocación la habría ignorado. Si algo le sobraba a Víctor eran mujeres
-¡¡que si puedo te mato¡¡-escupió rabiosa al verle sonreír.
Al escuchar aquello sin sabe porque, Víctor de dos zancadas llego hasta ella. Y ante los ojos incrédulos de Paúl y Valeria, poso su mano en la nuca de la rubia y atrayéndola hacia el la beso con mas pasión de la que en principio quería demostrar
-si no lo veo, no lo creo-murmuro Valeria al ver aquello
-perdona Valeria. Pero Víctor..es mucho Víctor-aclaro Paúl.
Ajena a los comentarios, Fernanda lucho por librarse de aquel bruto, pero poco a poco se fue paralizando. Nunca la habían besado de aquella manera. Y lo de peor de todo, le gustaba mucho. De pronto víctor la soltó con la misma fuerza con que la había tomado, y clavando sus insolentes ojos en ella, pero la joven publicista, que nunca se rendía, subió con fuerza la rodilla y le propino un fuerte golpe en a entrepierna que le hizo doblarse de dolor
-¡¡te lo dije maldito alemán¡¡-grito triunfadora. Y tras mirar a su hermana, quien por una vez no dijo nada, se marcharon al hotel.
Paúl todavía sorprendido por lo ocurrido ayudo al dolorido moreno a incorporarse. Aquello había sido un golpe bajo. Muy bajo
-que puta loca. ¿estas bien?-pregunto el pelirrojo
-no te preocupes-mascullo Víctor y mirando como aquella bruja española se alejaba bajo la lluvia susurro.-vuelvo a repetir : el que ríe ultimo ríe mejor.
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janessi1
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MensajeTema: te lo dije : una serie para ser protagonizada por asier etxeandia y angela cre   Jue Sep 24, 2015 3:51 pm

Capítulo 7: Los ascensores son peligrosos

Cuando despertaron, se sorprendieron al ver un estupendo y precioso día azul. Parecía mentira que hubiera diluviado el día anterior como si el cielo se derritiera. Decidieron tomar en la habitación un exquisito desayuno continental. Después Valeria se fue a duchar mientras Fernanda abría su ordenador y echaba un vistazo a los periódicos digitales. Dos horas más tarde, sobre las diez de la mañana, ambas salían del hotel, dispuestas a visitar la ciudad. Cogieron un taxi que las llevó a la zona turística más visitada de la ciudad. Allí, cientos de tiendas y centros comerciales abrían sus puertas de lunes a sábado, desde las nueve de la mañana a las cinco y media de la tarde. Valeria disfrutó como una loca entrando y revolviendo en pequeñas tiendas, donde encontró verdaderos chollos, algo que horrorizó a su hermana, quién se negó a probarse todo lo que su hermana sugería. Aquéllos eran baratijas. Ya compraría ella. Agotadas y con los pies doloridos, decidieron sentarse en una pequeña cafetería. Al entrar, el camarero, les sonrió con amabilidad, algo que la castaña agradeció pero Fernanda criticó. —Menuda cara de bobo que tiene el pobre. No sé ni cómo está trabajando aquí.
—Lo que se ha perdido el sálvame al no contratarte. Joder, Fernanda. Tienes palabras desagradables para todo el mundo.
—Y tú eres una mal hablada. De cuatro palabras tres son tacos. Y eso que das clases de lengua y literatura en un instituto, ahora entiendo porque la educación en España es un desastre. Con profesoras como tú no me extraña
—Siempre hubo clases bonita —sonrió Valeria mirándola.
—Y yo digo lo que creo que es verdad.
—Tú lo has dicho. Crees. Pero eso no te da la verdad —y mirándola a los ojos añadió—. Igual que lo de anoche. Creo que te pasaste tres pueblos y alguno más con Víctor.
— ¿El gilipollas? —dijo levantando una ceja.
—Prefiere que lo llamen Víctor—recriminó su hermana—. Te lo dijo paúl. Y sí, creo que lo que hiciste estuvo mal. Muy mal.
—Se lo merecía —asintió colocándose sus caras gafas Prada—. Ese tío es el ser más desagradable con el que me he cruzado en mi vida.
—Pues chica, cuando te besó, por tu manera de responder, no lo parecía.
—No digas tonterías —se inquietó Fernanda. Sabía que era verdad. Pero ni muerta lo reconocería—. Me pilló desprevenida. Sólo es eso —y mirando a su hermana para finalizar la conversación dijo—. Si no te importa, prefiero finiquitar este tema aquí. No quiero ver ni volver a oír hablar de ese tipo en mi vida. Es repugnante como todos los hombres en general. Valeria, tras escucharla, decidió no añadir nada más. Su hermana tenía una visión diferente de lo ocurrido la noche anterior y sabía que por mucho que se empeñara en hablar con ella no la iba a cambiar. Una vez finalizaron su bebida, tomaron de nuevo un taxi y sobre las siete de la tarde regresaron al hotel. Se dieron una ducha y se disponían a pedir algo de comer en la habitación cuando sonó la puerta. Era uno de los botones. Traía una tarjeta firmada por el gilipollas y el bufón, invitándolas a cenar.
— ¿Vas a quedar con ellos? —criticó la rubia al ver a su hermana tan contenta.
—Por supuesto. Y tú deberías venir —dijo calzándose unos vaqueros—. Es un detalle que tras lo ocurrido anoche nos inviten a cenar.
—A veneno le invitaba yo a ése —señaló despectivamente.
— ¡Fernanda por Dios! —Se carcajeó al escucharla.
—Vale… pero yo no voy —la rubia no se fiaba un pelo de esos dos—. Y sigo pensando que tampoco deberías ir tú. Además, se está preparando una buena tormenta.
—No me voy de excursión, y déjame decirte que pienso que deberías de ser un poco más humilde y aceptar las disculpas que te están lanzando.
— ¡Antes muerta! Cuanto más lejos esté de ese arrogante bufón, mejor.
—Quizá vuestro comienzo no fue bueno —sonrió Valeria dándole un beso—. Pero intuyo que ese hombre no es mala gente. Venga tonta, ¡anímate! Lo pasaremos bien. Además, si no vienes, ¿qué puedo decir?
—Diles que yo no ceno con los amigos del pato Donald.
—Eres una bruja con muy mala leche —sonrió dirigiéndose hacia la puerta—. Intentaré disculparte. Si quieres algo llámame. Llevo el móvil. Cuando la castaña cerró la puerta tras de sí, Fernanda, de mala gana, agarró el teléfono y tras encargar una ensalada con brotes de soja y tofu y una limonada encendió el portátil. Tenía cosas que hacer. Además, por nada del mundo quería estar con el hombre que le estaba amargando su viaje desde el momento que llegó. En la recepción del hotel paúl esperaba a Valeria, a quien le temblaron las piernas al verlo. Era curioso, pero llevaba días sin pensar en Chema y eso le gustó.
—Me alegra mucho que aceptaras la invitación —sonrió paúl al verla.
—Y a mí recibirla —y mirando su alrededor preguntó—. ¿Estamos solos?
—Sí —asintió, señalando hacia el bar del hotel—. Creo que tu hermana y Víctor no se soportan.
—Eso no te lo voy a discutir —sonrió al pensar en el comentario del pato Donald. Antes de salir por la puerta del hotel, Paúl y Valeria saludaron con la mano a su primo quién con un golpe de cabeza les despidió mientras se alejaban. Esta vez, Víctor se había resistido a ceder. No estaba dispuesto a cenar con la bruja española, aunque Paul se empeñara. Pero al ver que ella tampoco había bajado a la cita, algo en su interior se removió. Nunca una mujer le había rechazado de tal manera, y eso en el fondo le tenía enfermo. Apenas había podido pegar ojo. Los ojos celestes de la española y aquel beso le habían tenido en vilo gran parte de la noche. ¿Qué le ocurría? ¿Era masoquista? Estaba confundido en sus pensamientos cuando el recepcionista, tras saludarlo, le entregó al camarero una nota. Era el pedido de la publicista. Al escuchar aquello sonrió y tomando la nota indicó al desconcertado camarero que él se encargaría de aquello. Media hora después, cuando Fernanda estaba enfrascada mirando el correo en su modernísimo portátil llamaron a la puerta. Rápidamente metió el cigarrillo que se estaba fumando en un vaso con agua, no se podía fumar. Vestida con un pijama Armani de raso negro, abrió la puerta sin mirar la cara de quién lo traía. Dos segundos después la puerta se cerró, quedando sola de nuevo. Tras responder varios e-mails, sus tripas le sonaron. Tenía hambre, así que dirigiéndose hacia la pequeña mesita redonda levantó la tapa y se encontró con un enorme filete empanado con patatas fritas. ¿Cómo podía ser aquello? Ella había pedido una ensalada. Molesta por el descuido de la cocina, tomó el teléfono y tras protestar sin ganas colgó esperando que acudieran rápidos a subsanar el error. Miró por la ventana y comprobó que estaba comenzando a diluviar y a tronar. No pasaron tres segundos cuando llamaron a la puerta.
— ¡Vaya! —asintió satisfecha—. Han sido rápidos. Pero la alegría le duró poco. Al abrir, sus ojos se encontraron con los de la última persona que quería ver.
— ¿Qué haces tú aquí? —preguntó Fernanda enfadada.
—He venido a subsanar el error, señorita —y antes de que pudiera decir nada le enseñó la ensalada que traía en la mano. Aunque omitió que llevaba más de veinte minutos esperando en el pasillo. Sin responderle, se volvió, sintiendo cómo aquél la observaba con descaro. Pero no podía dejar de demostrarle que dominaba la situación, así que le señaló el filete con patatas. —Puedes llevarte esto. No es lo que he pedido.
—Tiene buena pinta —asintió Víctor Karl, que dejó la ensalada en la misma mesa que el filete
—. ¿De verdad no te apetece probarlo? El cocinero mezcla la carne con especias y le da un sabor especial.
—No quiero probarlo, por lo tanto te agradecería que lo cogieras y abandonases cuanto antes mi habitación.
—Tengo una idea —indicó Víctor Karl dejándola con la boca abierta. Aquel hombre la sorprendía—. Qué tal sí, ya que estoy aquí, me invitas a quedarme y cenamos juntos-
—Pues va a ser que no —respondió indignada por aquel atrevimiento.
—Vaya. Veo que aún sigues enfadada por lo de ayer —y acercándose hasta ella murmuró—. Si te soy sincero, cada vez que pienso en ti me duele la entrepierna.
—Si no quieres que te vuelva a doler —se revolvió al sentir cómo aquel hombre la miraba— haz el favor de salir ahora mismo de mi habitación. Eres la última persona con la que me apetece estar en este instante.
— ¿Estás segura? —sonrió, conocedor del magnetismo que provocaba en las mujeres. Aunque en aquélla estaba comprobado que no, y recordando un comentario de Valeria añadió sonriendo—: Venga. Vale. Tu vena del cuello me indica que dices la verdad. Al escuchar aquello la publicista se tapó la parte derecha de su cuello con la mano. ¡Odiosa vena! Y dirigiéndose hacia la puerta, la abrió y en un tono nada amigable indicó. —O sales ahora mismo de mi habitación o te juro que vas a acordarte de mí el resto de tu vida. ¡Insolente! Pero ¿quién te has creído que eres para colarte aquí? La jugada le había salido mal. Había creído que podría compartir una velada amistosa con aquella mujer, e incluso llegar a un entendimiento. Pero era imposible, por lo que cogió el plato del filete, se encaminó hacia la puerta masticando una patata mientras la observaba. Estaba preciosa. Nada de maquillaje. Nada de tacones. Solo Fernanda Villalonga Zubizarreta.
—Sólo intentaba ser amable contigo. Creí que una buena charla entre los dos aclararía ciertas cosas. Ah… por cierto. No creas que vine para seducirte. Eres la clase de mujer que me hace correr en dirección contraria.
— ¡¿Serás creído? ¡-gritó ella y antes de poder decir algo más, Víctor, con una sonrisa le metió una patata en la boca y se marchó. De un portazo que sonó como un trueno la rubia soltó la adrenalina contenida en sus venas. ¿Cómo se atrevía aquel idiota a decirle esas cosas? así que abriendo de nuevo la puerta, salió al pasillo donde le vio meterse en el ascensor, momento que ella aprovechó para correr e introducirse en el habitáculo, para sorpresa de Víctor
— ¿Pero dónde vas así vestida? —preguntó él sin poder dejar de mirarla.
—Voy a dar una queja —indicó con la barbilla alta. Fue entonces cuando se percató de que estaba en pijama y con unos calcetines a modo de zapatillas. ¡Qué bochorno!
—Podrías haberla dado por teléfono —sonrió Víctor, quien maravillado por aquel pelo rubio ondulado con hermosos reflejos, la observaba desde atrás.
— ¡Ni me hables!
—Ya estamos con las órdenes. En ese momento las luces del ascensor se apagaron y el artefacto se paró en seco, encendiéndose las luces de emergencia.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó Fernanda. Le daban miedo aquellas situaciones.
—La tormenta —contestó el pasando junto a ella para tocar a varios botones—. En ocasiones las tormentas nos hacen tener problemas con el fluido eléctrico.
— ¡Maldita sea! —Protestó la rubia—. ¿Crees que tardaran mucho en darse cuenta que estamos aquí?
—No lo creo —respondió apoyándose en la pared del ascensor. Pasados cinco minutos Fernanda estaba que echaba chispas. Y cuando llevaban más de media hora, el moreno comenzó a pensar en asesinarla sin piedad.
—Escúcheme —vociferó, harto de lamentos y de gritos pidiendo auxilio —. No creo que tarden en sacarnos de aquí. Por lo tanto, tranquilícese de una vez.
— ¿Ahora me llamas de usted? —murmuró dándole un manotazo que hizo que Víctor le cogiera la muñeca.
— ¿Sabes princesita? —ladró de tal manera que Fernanda por primera vez se calló—. O te callas, o te juro que no sales viva del ascensor, porque el que te va a matar soy yo.
Sentados los dos en el suelo, Fernanda comenzó a tiritar. Tenía frío. Su pijama de seda no abrigaba nada, pero prefería morir de frío a pedirle nada a aquel cromañón, que sentado frente a ella la miraba en ocasiones con el gesto ceñudo. El rugir de sus tripas la estaba matando. Avergonzada por aquellos ruidos y por el castañeteo de sus dientes, intentó concentrarse. Nunca le habían gustado los sitios cerrados, pero tenía que controlar aquella situación. Por lo que flexionando las rodillas y agarrándoselas con las manos, apoyó allí su cabeza y justo cuando comenzaba a relajarse, notó cómo aquel hombre la cogía entre sus brazos para ponerla encima de él.
—¿Qué estás haciendo?
—Intento darte calor —suspiró, intuyendo de nuevo sus quejas—. Pero si crees que estoy intentando seducirte, vuelvo a ponerte en el suelo. Por unos segundos dudó. ¿Qué hacer? Por un lado le gustaba la sensación de calor que aquél irradiaba y por otro tenerlo tan cerca le incomodaba. Pero pasados los primeros minutos en que ambos estuvieron callados, la publicista comenzó a relajarse.
—La fiera que llevas dentro te ruge —se mofó el moreno, así que le acercó el plato con el filete y las patatas—. Come algo antes de que salga y me coma a mí. Aquel comentario le hizo sonreír sorprendiendo a Víctor, que esperaba un arranque de mala leche en vez de una sonrisa.
—Soy vegetariana desde hace años—señaló la rubia
—Tú verás —asintió el dando un bocado al filete—. Sólo tenemos esto, y no sé cuánto tardará en volver la luz. La publicista viendo que tenía razón, empezó a morder un trozo y coger patatas ante mirada divertida de Víctor.
—Está bueno ¿verdad? —preguntó el moreno.
—Mmmmm —asintió con una pequeña sonrisa. Tras acabar entre los dos el filete y las patatas, el moreno cambió de posición. Se le estaban durmiendo las piernas. Pero no quería quitarla de encima de él. Le gustaba el olor que desprendía aquella mujer, y más ahora que estaba tranquila y medio sonreía.
—Parece que la fiera de tu estómago se ha dormido —bromeó Víctor, momento en que ella se retiró con coquetería el pelo de la cara para mirarle.
—Eso parece —asintió. Comenzaba a sentir calor—. La verdad es que cuando tengo hambre me pongo bastante nerviosa. A mi padre le pasaba igual.
—Es curiosa —dijo mirándole el cuello, extasiado— esta vena tuya. Me fijé en ella al escuchar a tu hermana decírtelo en varias ocasiones. ¡La vena fer, la vena!
—La dichosa vena —sonrió abiertamente—. Es herencia de mi abuela Consuelo.
—Entonces —bromeó posando su mano en la cabeza y con cuidado comenzó a darle un masaje—, has heredado el hambre voraz de tu padre y la mala leche de tu abuela Consuelo. ¿Tienes más hermanos?
—No. Sólo somos Valeria y yo, aunque Roberto es como un hermano— susurró al sentir cómo las manos de aquel hombre le masajeaban el cráneo. ¡Qué gusto!
—Tu padre debe de estar contento —sonrió viéndola cerrar los ojos —. Vivir rodeado de mujeres es algo maravilloso.
—Mi padre murió hace años —contestó moviendo la cabeza para que se apartara.
—Lo siento —susurró sin poder resistir al magnetismo que sentía por ella, dándole un corto pero dulce beso en los labios—. Lo siento de verdad. Yo perdí también hace años a mis padres, y sé que la pérdida de un ser querido es irreparable. Fernanda, conmovida por aquellas palabras, le devolvió el beso. Goyo, en todos los años que habían estado juntos, nunca le había dicho nada con esa ternura, ni mostrado un sentimiento como aquél. De pronto, sorprendiéndole cómo nunca le había sorprendido ninguna mujer, se sentó a horcajadas sobre él. Le tomó la cara y, agarrándole las manos para que no se pudiera mover y lo volvió a besar. Él se dejó, sintiendo que aquel era el momento más morboso de su vida, mientras la rubia sentía cómo la pasión se apoderaba de ella. ¿Qué le pasaba? Estaba tan acostumbrada a controlar sus acciones con el frío de Goyo, que aquella libertad para decidir besar y el estar allí encerrada en el ascensor con aquel tipo que le atraía.
—No puedo seguir. Yo, no hago estas cosas —dijo separándose de él dándose cuenta de lo “peligroso” de la situación, pero Víctor no lo permitió
— ¿Qué estoy haciendo?
—Haces lo que te apetece —murmuró, manteniéndola a horcajadas sobre él. Todavía incrédulo por tener a aquella fiera española allí sentada, se resistió a finalizar aquel mágico y sensual momento.
—Yo no soy persona de ir besando así a los tipos que… — susurró consciente por primera vez de cómo estaba sentada.
— ¿Sabes una cosa? —susurró Víctor
-Dime
—La primera vez que te vi, a pesar de tu comportamiento de bruja insolente, no pude resistirme y me fije en ti.
— ¿Cómo?
—Cuando estabas empapada como un pollito y te ayude a registrarte en el hotel, me fije en ti. Estabas preciosa.
—Estaba horrible —murmuró, aceptando con una sonrisa aquellos sabrosos labios que de nuevo se acercaban a ella. No podía resistirse. No podía decir que no. Estar allí con él era diferente, era como si…De pronto las luces se encendieron y las puertas del ascensor se abrieron.
—Si no lo veo, no lo creo —dijo Paul mirando a su primo en el suelo con aquella mujer encima.
—Perdona paúl—sonrió Valeria tan sorprendida como él—. Pero Fernanda es mucha Fernanda. A ver qué te habías creído tú.
Al hacerse la luz, Fernanda y Víctor se miraron a los ojos. La magia se había roto y levantándose con rapidez la rubia se alejó de Víctor Karl quien con el ceño fruncido le devolvió la mirada.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó Valeria con curiosidad.
—Bajábamos en el ascensor cuando se fue la luz — indicó el moreno.
— ¿En pijama? —sonrió Valeria.
—Iba a dar una queja —respondió mirando a su hermana.
— ¿Una queja? —Sonrió paúl.
—Sí. Una queja —asintió Fernanda y volviéndose hacia Víctor, volvió a marcar las diferencias entre ellos—. Este don nadie ha osado meterse en mi habitación y…Al decir aquello un latigazo de confusión la calló. Víctor la observaba con seriedad. No lo comprendía, pero tampoco se comprendía ella.
—Si quiere la acompaño a dar la queja —indicó Víctor con voz dura—. Estoy seguro de que esta noche dormirá más tranquila, sabiendo que un don nadie como yo está despedido.
—No. No hace falta —dijo ella metiéndose de nuevo en el ascensor—.Volveré a mi habitación. Pero por su bien, olvídese de mí. ¿Entendido? Al decir aquello, las chispas de sus miradas casi ocasionaron un cortocircuito en el hotel.
Pero Víctor construyendo una sonrisa, respondió. —No lo dude princesita.
Valeria, tras despedirse de paúl, aprovechó para volver junto a su hermana.
— ¡No quiero hablar de ello! Déjame dormir—señaló Fernanda. Y atormentada, aquella noche ya no fue sólo Víctor quien no durmió. El domingo pasó sin pena de gloria. Fernanda estuvo todo el día enfadada y Valeria sólo pudo aguantar el tirón. L a rubia sólo salió dos veces de su habitación. Le horrorizaba encontrarse con Víctor Karl. Lo ocurrido la noche anterior había sido bochornoso. Se había comportado como una cualquiera y temía conocer su reacción, algo de lo que se culpaba. No sabía aún por qué había reaccionado así tras pasar aquellos momentos juntos. Pero ya no había marcha atrás. El lunes a las siete de la mañana esperaban en recepción la llegada de su coche de alquiler. Fernanda vio pasar a Víctor, acompañado de una de las camareras. Parecían estar enfrascados en una interesante conversación, pero cuando pasó junto a ellas se limitó a darles los buenos días y nada más. Ni un saludo especial. Ni una mirada diferente. Nada. Algo que en cierto modo le molestó, pero agradeció. En aquel momento no estaba dispuesta a liarse con nadie y menos con un tipo así.
—Señoritas —indicó la recepcionista, con una amable sonrisa al ver a Stephan (el encargado del alquiler de coches del hotel) aparecer—. Su coche acaba de llegar. Valeria, al mirar hacia la entrada del hotel, se quedó sin palabras. Ante ellas había un increíble deportivo color champán.
—No jodas, Fernanda —dijo señalando al coche—. ¿Qué has alquilado ese pedazo descapotable?
—La imagen de la empresa es importante —contestó, saliendo con prisa del hotel. No quería volver a coincidir con Víctor. Y con prisa tiro, los bolsos y los abrigos sobre los incómodos asientos traseros, ambas se miraron. Y aunque la castaña le dio por reír, no pudo dejar de maldecir al ver acercarse al moreno
-¿Hacia dónde se dirigen? —Pregunto dejando claras las diferencias que Fernanda tanto se empeñaba en marcar
—Al castillo de Eltz —respondió Valeria— y, por favor, Víctor tutéame.
—Maravilloso lugar —sonrió al escucharla—. Hoy mismo salgo yo hacía aquella zona. Mi familia vive por allí.
— ¡Qué emoción! —ladró la rubia sin mirarle.
—Tienen casi 100 kilómetros por delante y seguramente hoy lloverá — indicó el sin acercarse al coche—. Deben coger…
—No necesitamos que nos indique nada —siseó Fernanda enseñándole su moderno GPS—. Llevamos la ayuda necesaria para llegar.
—Fer ¡por Dios! —Suspiró Valeria, después de tantos años, seguía sin soportar la actitud de su hermana—. Víctor sólo está tratando de ser amable.
—No te preocupes, Valeria—le guiñó él el ojo para tranquilizarla—. De todas formas si tienen algún problema……
—No vamos a tener ningún problema —se adelantó la publicista que montándose en el coche y arrastrando a su hermana señaló—: No hace falta. Nos apañaremos solas. Pero el insistió.
—Les aconsejo que echen gasolina cuanto antes. Los coches de alquiler no suelen traer el depósito lleno.
— ¿Acaso crees que somos tan ignorantes como para no saber eso? — aquél hombre lograba con cada palabra sacarla de sus casillas, cosa que, por otro lado, no solía ser algo difícil.
—Yo no he dicho eso —respondió molesto.
—Entonces, guárdate tus consejos para quien te los pida — respondió a la vez que cerraba la puerta de un portazo. El moreno la vio meter la llave en el Audi TT Cabrio. El coche arrancó suavemente, casi sin notarse, y Fernanda, sin ni siquiera mirarle, metió primera y doblando la esquina, desapareció de su vista. Mientras tanto él con una sonrisa en la boca, abrió su móvil
—Adán, soy Víctor—dijo entrando al hotel—. Conecta el localizador del Audi TT. No sé por qué, pero creo que lo vamos a necesitar.
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janessi1
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MensajeTema: te lo dije : una serie para ser protagonizada por asier etxeandia y angela cremonte   Jue Sep 24, 2015 3:52 pm

CAPITULO 8: VACAS LOCAS

Tras doblar la esquina del hotel a toda velocidad, chirriando rueda, un coche les arrancó el espejo retrovisor del conductor. Fernanda blasfemó, pero a pesar de todo, con paciencia y siguiendo las instrucciones del GPS, consiguieron entrar en la autopista de peaje M-90 hasta Perth, donde repostaron gasolina. Al salir de allí Valeria se empeñó en coger el coche, y aunque al principio la rubia, histérica, gritó que se estaba jugando la vida, al final la castaña consiguió que se callara y relajara, mientras conducía por la autopista. Una vez pasado Numancia el cielo se encapotó de horrorosas nubes grisáceas, y la carretera sin motivo alguno se estrechó, algo que a Fernanda le horrorizó, pero que a su hermana en contra, le encantó. Enormes montañas comenzaron a rodearlas de tal forma que había momentos en los que parecían haberse perdido en una película. Todo lo que las rodeaba estaba lleno de tonos verdes y violetas. Los árboles y las flores de cientos de colores parecían vivir en perfecta armonía con las vacas peludas que con tranquilidad pastaban por los prados. Tras un largo trecho por aquellos paisajes idílicos se desviaron por la carretera A-889. Fue entonces cuando Valeria leyó un cartel y gritó. —Ostras fer. ¿Has visto lo que ponía ahí?
—Pues no —respondió levantándose sus carísimas gafas de Prada por primera vez en todo el día.
—Vamos directas al Lago Laggan. ¡Madre mía! ¡Tenemos que parar! ¡Tenemos que parar para que me hagas alguna foto! Su hermana la miró de arriba abajo antes de contestar.
—Ni lo sueñes —dijo. Miró el reloj. Eran las 11:00 de la mañana—. La reunión es dentro de dos horas y no quiero llegar tarde. Además, ¿es que no ves que está diluviando? El mohín de disgusto que apareció en sus labios indicó que le daba exactamente igual el agua que caía del cielo. Aun así continuó el camino, aunque sin dejar de farfullar. Pero cuando se desviaron por la A-82 y vieron el siguiente cartel, el del Lago Lochy, entonces sí que no entró en razón.
—Mira Fernanda villalonga—si no estuviera conduciendo se habría puesto en jarras—.Me importa un pimiento del padrón lo que digas. No he parado en el Lago Laggan por no escucharte. Pero aunque digas misa en arameo, voy a parar en el Lago Lochy. Sólo será un minuto para hacerme una foto. Una foto que será un recuerdo único para toda mi vida. Pero parecía que su hermana no la miraba. Llevaba unos segundos intentando identificar algo que se movía por el interior del coche. Algo que zumbaba y se desplazaba lentamente cerca de sus cabezas. —Ah… ¡No!… ¡No!—gritó de pronto Fernanda dando manotazos al aire
— ¡Una avispa! ¡Una avispa! Las avispas, arañas, mosquitos, perros, gatos, camellos o dromedarios, y todo el reino animal en sí, asustaban a Fernanda. Tenía un miedo terrible a todo aquello que se considerase un insecto o un animal. Solo las plantas, aunque no las carnívoras, le daban cierta tranquilidad.
—Tranquila… tranquila—dijo Valeria sin estarlo demasiado—. Bajaré la capota para que salga. Dando al botoncito dorado, la capota de lona color crema del Audi comenzó a bajar. Pero al igual que la avispa desapareció, la lluvia comenzó a entrar al instante.
— ¡Cierra la capota! —gritó Fernanda histérica al notar cómo el agua la empapaba—. Me estoy calando.
—Joder fer. Joder. Dame tiempo —vociferó Valeria dando al botón de la capota que con mucha más lentitud de la que se había abierto comenzó a cerrarse. Cuando llegaron al Lago Lochy estaba diluviando, pero la castaña no transigió. A pesar de las protestas de Fernanda, se desvió de la carretera y se adentró por un camino tortuoso en dirección al lago. —Préstame atención —dijo Valeria echando el freno de mano a una hermana demasiado preocupada como para escucharla—. Toma mi cámara y hazme una foto. Sólo es necesario que pongas tu dedo de diseño en mi cámara, y hagas ¡clic ¿Crees que podrás?—
-Pero ¡tú estás loca! —Protestó la rubia—. Te vas a empapar.
—Sí —asintió sonriendo— Me voy a empapar. Me voy a mojar. Me voy a calar. Pero no me importa, porque este recuerdo será para mí algo muy especial. La castaña, abrió la puerta del coche muerta de risa, corrió hacia el lago y, dejando a su hermana petrificada, comenzó a posar bajo el aguacero. «Está loca», pensó la publicista mientras le tiraba varias fotos.
—Venga, Cindy Crawford —le ordenó—. Entra en el coche de una vez. Tengo prisa. Sonriente, Valeria volvió hacia el vehículo, pero cuando fue a sentarse en el asiento del conductor fue la publicista quién habló. —Ahora conduciré yo. Sin decir nada, la castaña corrió hacia la otra puerta y, una vez cerró, Fernanda metió primera y aceleró de tal manera que el coche se salió del camino, hundiéndose en el barro. — ¡Cojonudo! —masculló Valeria.
Fernanda intentó manipular con todos los botones a su alcance, Pero las ruedas solo chirriaban en el lodo. —Esto no se mueve —protestó la rubia.
— ¿Quizá será porque la has cagado? —preguntó su hermana secándose la cara. Al meter el coche en el barro se había quedado clavado, como una sandía en un frutero. Valeria quién a diferencia de su hermana recibía la vida de otra manera, intentó buscar soluciones, pero ninguna resultó. Angustiada, la publicista veía cómo pasaban los minutos. Apenas faltaba media hora para la reunión con el conde y allí estaba ella, sin poder hacer nada, rodeada de montañas, de agua y de un grupo de vacas que cada vez estaban más cerca.
— ¡Maldita sea! —Gritó la rubia—. ¿Por qué todo me tiene que ocurrir a mí?
—Lo siento de verdad —aseguró su hermana
— ¡Encima no tengo cobertura! —chilló como una posesa. Su hermana la miró de soslayo.
—Fernanda. Piensa en tu vena y relájate. Algo se nos ocurrirá.
— ¿Algo se nos ocurrirá? ¿Algo? —vociferó angustiada—. ¿Qué es ese algo-?
—Mira, chata —se mofó Valeria—. Si fueras gamba, con esa cabeza que tienes, serías todo desperdicio. ¡Por Dios! Qué mujer más negativa.
—Cállate y deja de decir tonterías. La castaña, hastiada de escuchar a su hermana, salió del coche. A pesar de que la lluvia la empapaba y el barro le salpicaba, buscó algún trozo de madera para poner bajo las ruedas e intentar sacar el coche del barrizal. Pero fue inútil. Lo único que consiguió fue hundirle más y pringarse de barro.
-Creo que de aquí sólo nos saca la grúa —se resignó Valeria entrando de nuevo en el coche.
—Claro. La grúa —ladró, viendo las vacas peludas acercarse cada vez más—. ¿Y cómo demonios llamamos a la grúa? Estamos incomunicadas.
-No las mires, Fernanda—le indicó Valeria sintiéndose un poco ridícula al ver cómo las vacas comenzaban a rodearlas—. Ellas no te harán nada. ¡Son sólo vacas! Inofensivas y cariñosas vacas.
— ¡Dios! ¡Dios! No puede estar ocurriéndome esto —murmuró la publicista golpeándose la cabeza con el volante—. Necesito ese contrato. Necesito ese contrato. Una de las vacas escocesas acercó su enorme cara peluda a la ventanilla de Fernanda, y al levantar ésta la cabeza y ver aquella enorme cara tras el cristal, dio un grito de pavor echándose sobre Valeria, que no pudo dejar de carcajearse.
-Fernanda por Dios. ¡Basta ya! —se mofó, al ver a su hermana enloquecida —. Vas a conseguir asustarme a mí. Pero la situación empeoró cuando aquella peluda y marroncita vaca, comenzó a chupar la capota de lona del coche y, enganchándola primero con un cuerno y luego con la boca, comenzó a tirar— ¡La está rompiendo! —Chilló la rubia—. ¡Ay Dios! Se está comiendo la capota. ¡La está rompiendo! ¡Van a atacarnos! Su hermana empezó a preocuparse, pero no por las vacas, sino por si habían hecho o no seguro al coche
—Joder fer. Te dije que no era buena idea alquilar un descapotable. ¡Pero no! Tus ansias de impresionar te llevaron ¡lo mejor para andar por Renania un lugar en el que no para de llover en todo el año! ¿Verdad? —protestó Valeria. Al no obtener respuesta de la aterrorizada Fernanda, abrió la puerta del coche y salió dando palmadas para intentar alejar a las vacas quienes, como es lógico, se asustaron y se fueron a pastar a otra parte. Cuando volvió a entrar su hermana estaba más recuperada, Tanto que de nuevo comenzó a mandar. —Toma y calla —vociferó la publicista entregándole el móvil—. Aléjate unos metros a ver si coges cobertura y podemos avisar a la policía. La castaña, con infinita paciencia, se alejó del coche, pero era inútil. Ni su móvil, ni el de su hermana tenían cobertura allí, y para rematar la situación la pesada vaca volvió de nuevo al coche y comenzó a tirar con fuerza de la capota. De pronto sonó ¡craggggg! La capota entera se rajó, momento en que Fernanda comenzó a aullar como una posesa. Valeria al ver aquello y tras poner los ojos en blanco corrió hacia el coche.
— ¡Toca el claxon! —gritó—. ¡Toca el puñetero pito! Fernanda obedeció la orden de su hermana y empezó a tocarlo enloquecida. Aquello dio resultado, aunque de forma discreta. Cuando parecía que las vacas se habían alejado un poco, Valeria, empapada, se sentó en el coche tiritando.
—Qué podemos hacer ¡oh Dios! —increpó Fernanda allí sentada en el Audi, sin capota y lloviendo a mares—. ¿Qué vamos a hacer?
—No tengo ni idea —respondió su hermana, quitándose con la mano el agua que, como un río, corría por su cara.
— ¡Oh! El conde debe estar mosqueado —se quejó Fernanda lloriqueando —. Ya es la una y media. Lleva esperando media hora. Dios mío. ¡Mi traje está empapado! Y yo estoy hecha un adefesio.
—No me extraña. Con la que nos está cayendo encima es para eso y para más.
—Y todo es culpa tuya. ¡Todo!-
Sí hombre, y lo de la capa de ozono también —se mofó Valeria—. ¡Tía lista! Te recuerdo por si lo has olvidado que has sido tú, tú, la que has clavado el coche en el barrizal.
—Te dije que no te desviaras. Te lo dije.
— ¡Que no! —respondió Valeria harta de escucharla—. Que no me vas a culpar a mí de esto, porque no me da la gana. Tú has sido la culpable. Sólo tú. ¡Asúmelo!
— ¡No! Maldita vaca. ¡No! —gritó con desesperación Fernanda sin referirse a su hermana que tenía una talla menos que ella—. ¡Eso no! ¡Eso no!
Valeria, incrédula por la situación, vio a su hermana salir del coche tan deprisa, que las punteras de sus botines Gucci, se clavaron en el barro haciéndola caer de bruces. Sin poder contenerse, soltó una risotada que su hermana no debió de oír. La vaca llevaba el maletín con el portátil en su boca, y la publicista, hecha un auténtico adefesio de barro, corría como podía tras ella.
— ¡Ay, que me da! —Se dobló la castaña de risa—. Por tu portátil eres capaz de hacerle frente a esa vaca.
— ¡Cállate, imbécil! —gritó Fernanda.
—Y tú gilipollas. No te digo —susurró apoyándose en el coche.
—Vaca. Ven aquí, ¡Devuélveme mi portátil! —gritó la rubia rebozada en barro. La vaca, asustada por los aullidos de Fernanda, comenzó a correr. Pero cansada de llevar a una loca aullándole en el culo soltó el maletín. Con la mala suerte de que cayó en el centro de un enorme charco.
—¡No! ¡No! ¡El portátil no! —gritó desesperada Fernanda. Valeria intentaba sin éxito parecer impasible y la rubia en su afán de recuperar el maletín, metió un pie en el charco, y al sacarlo sólo salió el pie sin botín.
— ¡Maldita sea, Valeria! Es mi botín de Gucci. Quieres hacer el favor de venir aquí y ayudarme.
—Ay Fer, que me va a dar algo ¡¡—se guaseó acercándose dolorida de tanto reír— No te enfades. Pero este momento es para inmortalizarlo —dijo sacándole una foto con su cámara indocumentada. Aquello fue la gota que colmó el vaso. Fernanda, olvidándose del botín Gucci, del portátil, de las vacas, y de todo, se lanzó contra su hermana y las dos cayeron al charco.
—¡Maldito sea el momento en que te dije que me acompañaras — berreó Fernanda con rabia dándole golpes.
—Fernanda ¡basta ya! Que no quiero zurrarte. Pero como sigas así no me va a quedar otro remedio —gritó Valeria inmovilizando a su hermana, mientras la lluvia hacía resbalar el barro por sus cuerpos. Fernanda cansada y agotada, se dio por vencida. Nada podía hacer. Estaban allí. En medio de la nada. Cubiertas de barro de pies a cabeza. Sin cobertura. Sin móviles. Con el portátil encharcado y el GPS inundado. A las cinco de la tarde dejó de llover. Pero el problema era que comenzaba a anochecer y tiritaban de frío. En todo el tiempo que llevaban allí nadie había pasado por aquel camino. ¿Qué podían hacer?
—Deberíamos intentar llegar a algún pueblo —sugirió Valeria.
—¡No me hables!—
-Fernanda ¡Por Dios! Yo estoy tan calada como tú. Deja de hacer el idiota.
—¡Que no me hables¡ —volvió a gritar tocándose el pie congelado. No había sido capaz de recuperar su botín, y toda aquella cara tecnología mojada no servía para nada.
—Eres de lo que no hay— se quejó Valeria—. Eres la persona más egocéntrica que he conocido en mi vida. Tú nunca te confundes ¿verdad? Culpas a todo el mundo, sin pensar en que alguna pequeña parte de culpa la puedes tener tú.
—Te dije que no pararas. Te dije que continuaras hasta nuestro destino. ¡Pero no! La señorita tenía que parar, y hacerse una ridícula foto en este horrible lago. En ese momento un ruido captó su atención. Parecía un motor por lo que moviéndose con rapidez casi gritaron al ver las luces de un vehículo a lo lejos. Histéricas, comenzaron a saltar moviendo los brazos. Era un vehículo azul. Su única oportunidad de salir de allí. No podía pasar de largo. —Déjame hablar a mí —dijo Valeria mirando a su hermana—. Con lo borde que puedes llegar a ser nos jugamos que quien sea se marche y nos deje aquí.
—Ni hablar. Hablaré yo. Una destartalada y vieja furgoneta azul paró ante ellas con las luces encendidas. Su salvación. Era su salvación. Cuando la puerta se abrió, el gesto de Fernanda cambió.
—Víctor —gritó Valeria al reconocerlo—. Gracias a Dios que nos has encontrado. Al verlas, el moreno se relajó. Llevaba buscándolas horas. Algo que no reveló.
—Pero ¿qué hacéis aquí? ¡Madre mía! —Se mofó Víctor Karl al verlas en aquel estado—. A vosotras qué os pasa ¿os gusta estar todo el santo día mojadas?
—¡Bastante te importará a ti! —respondió Fernanda con altivez.
—Pero vamos a ver, niñata caprichosa —gritó Valeria en español— ¡Que te calles.
-¡Por todos los santos! —Murmuró Víctor, que contuvo la risa al ver el coche—. ¿Qué le habéis hecho al coche? La imagen del coche era deplorable. Nada tenía que ver con el lujoso Audi con el que salieron del hotel por la mañana. Estaba sucio, medio hundido en un barrizal, sin capota e inundado de agua. ¡Increíble! Lo habían hecho en sólo unas horas.
—Mira, Víctor —sonrió Valeria, entendiéndole—. Si te lo cuento, no te lo crees.
—Será interesante escucharlo —sonrió él abriendo la portezuela trasera, de donde salió un Border Collie que rápidamente Valeria saludó con afecto.
— ¡No! —Gritó la rubia al ver cómo este se le acercaba— ¡Que no se acerque a mí!—
—Ven aquí stoirm. Dijo Víctor percatándose del miedo con que Fernanda miraba a su perro
-¿Cómo nos has encontrado? —preguntó Valeria.
—Ha sido casualidad —explicó sin profundizar demasiado—. Voy a visitar a mis abuelos y siempre suelo parar en el lago Lochy.
—Ah—recordó la castaña—. Es cierto. Esta mañana lo comentaste. Víctor Karl, sin poder apartar sus ojos de la rubia, observó cómo sus ojos asustados miraban a Stoirm, que era el perro más tranquilo que había conocido en su vida.
—No le tengas miedo —señaló preocupado por ella- es un buen perro.
—Si no te importa —aclaró Fernanda—. Preferiría que guardáramos las formas.
— Perdona, señorita, pero no soy yo quien necesita ayuda. Te recuerdo que en este momento no trabajo para nadie. Por lo tanto, ten cuidado, guapa, no te vayas a quedar aquí.
—Fernanda ¡cierra el pico! —Le regañó su hermana—. O te juro que me piro con él y te dejamos aquí por borde y antipática. Tras un silencio incomodo por parte de todos, fue la rubia la que habló.
— ¿Podrías llevarnos a algún lugar donde podamos llamar a una grúa y volver al hotel?
—Pues va a ser que no —sonrió Víctor—. Lo siento, pero no.
—¿Qué pretendes?-gritó la rubia encarándose con él—. ¿Dejarnos tiradas aquí y marcharte con tu furgoneta?
—Mi furgoneta es lo único que tienes para salir de aquí. Por lo tanto, será mejor que te calles antes de que me suba en ella, y te deje aquí tirada a merced de las inclemencias del tiempo. ¡Dame tu bota!
—Ni lo sueñes —gritó mirándole con altivez—. Sólo tengo una y no te la voy a dar. Aburrido de aquella mujer, se agachó e izándola en su hombro y dijo a Valeria.
—¿Serías tan amable de quitarle la botita a la princesita? La castaña, tras abrir la cremallera del botín, se lo entregó, momento en que Víctor la posó en el suelo. Pero la rabia de Fernanda la hizo acabar con su culo en el barro.
— ¡Bruto! —ladró ella—. Te juro que me las vas a pagar. ¡Hijo de puta!
Sin hacerle caso Víctor llamó a Stoirm, que tras oler el botín, comenzó a ladrar. —Busca Stoirm. ¡Busca! —animó él. El animal comenzó a olisquear y en menos de dos minutos, tras meterse en un charco, apareció con el botín. Cogido en su boca lo llevó hasta Edward, quién con palmadas en el lomo y un beso en la cabeza se lo agradeció.
—Aquí tienes tus botines, princesita —dijo, tirándoselos de malos modos. Con la rabia anidada en el cuerpo, ella los cogió, se puso el seco y el otro empapado y lleno de barro lo dejó en su mano.
—Fernanda—susurró su hermana—. Mamá te enseñó educación ¿no crees?
—No te preocupes Valeria—gritó el moreno sacando de la trasera del vehículo dos mantas y tras darle una dijo—. A partir de este momento, si quiere algo se lo va a tener que ganar. Me tiene harto con sus tonterías, con sus malos modos y sus modales.
—Lo llevas claro—retó Fernanda, mientras observaba la cara de Víctor—. Por mí, te puedes ir al diablo. Tras decir aquello Fernanda se sintió fatal. Sabía que su comportamiento estaba siendo ridículo. Pero a veces su carácter la dominaba a ella, y esta vez, era una de ellas.
—Muy bien —asintió el dejando la otra manta atrás—. Nos vamos a casa. Pronto comenzará de nuevo a llover. El perro, sin dudarlo, de un salto montó en la furgoneta. Valeria permaneció al principio dudosa pero ante una señal de Víctor se montó en el asiento del copiloto. En aquel momento solo estaba a la intemperie Fernanda, quien con el reto en los ojos les miró.
— ¿Vais a dejarme aquí?
—Eso depende de ti —indicó Víctor sentado al volante de vehículo—. Si quieres subir a mi asquerosa furgoneta, utiliza las palabras mágicas.
— ¡Antes muerta!—gritó, haciendo que su hermana maldijera en voz baja y el moreno apretara con sus manos el volante. Tras unos segundos de silencio, fue Víctor quien ladró. — ¡Estoy esperando! Y no voy a esperar mucho más. Callada, Fernanda les observaba. Su cara reflejaba la rabia que sentía.
—Víctor —susurró Valeria bajito al oír cómo éste arrancaba al fin el coche—. No puedo irme y dejarla aquí sola. Mi madre me mataría y yo no podría vivir a causa de los remordimientos.
—Tranquila. Si es lista —respondió mirándola—, y creo que lo es, sabrá reaccionar a tiempo. La rubia sonrió. Nunca se atreverían a dejarla sola y desamparada. Pero al ver que comenzaban a moverse su seguridad se resquebrajó. ¿Se atrevían a abandonarla allí, en un lugar repleto de vacas?
—Víctor. ¡Para, que me bajo! —Rogó la castaña—. Mi hermana es muy cabezona. ¡No la conoces!
—Psss, calla—indicó él mientras observaba el espejo retrovisor.
— ¡Maldita sea! —Gritó Fernanda tirando el botín contra la furgoneta—. ¡Por favor! Para. ¡POR FAVOR! En ese momento Víctor frenó en seco, y Valeria respiró. —Menos mal, aún le queda cordura —dijo en voz baja. Apeándose del vehículo, el moreno le pidió a Valeria que se mantuviera ahí. Aquella española no podría con él.
—No viajaré junto a ese bicho —gruñó Fernanda volviendo al ataque. Al escuchar aquello Víctor no supo si reír o arrancar y marcharse. Aquella mujer era peor que un dolor de muelas. Nunca se rendía.
-Stoirm no bajara —sentenció Víctor clavándole la mirada—. Si quieres venir con nosotros tienes dos cosas que hacer. La primera es volver a usar las palabras mágicas. Y la segunda viajar junto a mi perro. La lluvia había comenzado de nuevo a caer y les calaba. Tenía frío. Pero la mirada ceñuda de aquel hombre la hacía estremecer. Aquellos ojos marrones, y esa boca sinuosa, que la había besado, la confundían. Por lo que apartando la mirada murmuró. —Por favor. ¿Puedes llevarme?
Aquel tono de voz, tan diferente al que continuamente usaba, hizo que Fernanda se ablandara. Aquella mujer era la misma que le había besado y le había casi abierto su corazón, mientras estuvieron encerrados en el ascensor. Aquella mujer era quien le estaba quitando el sueño desde el día que la conoció. Aquella mujer le gustaba demasiado, y eso le molestaba.
—Por supuesto que te llevaré —asintió él, deseando abrazarla—.Cuando quieras puedes entrar. Stoirm estará encantado de tener compañero de viaje.
—Escucha, Víctor. Yo me cambiaré de sitio —dijo Valeria—. A mi hermana le dan pánico los animales —señaló, intentando excusarla quién continuaba bajo la lluvia.
—De acuerdo, Valeria —asintió Víctor, y volvió su mirada a Fernanda—. Hazme un favor, princesita. Entra y mantén tu boca cerrada, si no quieres que de una patada te saque de mi asquerosa furgoneta. Cogiendo el botín del suelo, Víctor se lo tiró a Fernanda que lo cazó en el aire y, contuvo sus enormes ganas de tirárselo a la cabeza. ¿Quién se había creído ese tipo que era? Con la poca dignidad que le quedaba y cojeando por la falta del botín, rodeó la furgoneta. Abrió la portezuela, se sentó y cerró de un portazo. Momento en que Víctor le tiró encima una manta, que ella tomó para abrigarse, murmurando apenas unas audibles gracias.
Y tras un corto y tortuoso viaje, en el que la furgoneta saltó más que un canguro, en silencio llegaron hasta una enorme pero vieja casona de tejas oscuras. Sus ventanas de madera envejecida por el viento parecían desafiar el temporal que se desataba encima de ellos. A un lado había un granero viejo, y al otro, un frondoso bosque de pinos guardaba celosamente la intimidad de dos o tres pequeñas casitas. Fernanda, que al fin había entrado en calor, observaba el lugar mientras, horrorizada, pensaba qué hacía ella allí. Pasados unos segundos se abrió la puerta. Una pequeña mujer de ojos claros les saludó desde el umbral—Esperad aquí un momento —indicó Víctor con voz profunda. Bajándose del coche, con una encantadora sonrisa, fue hasta la mujer que sin dudarlo le abrazó con cariño. —Dichosos los ojos que te ven, mi amor —saludó la anciana de rostro ajado por los años, años que habían respetado una tierna mirada.
—Hola, abuela —saludó el moreno tan efusivamente como lo había recibido.
— ¿Por qué no avisaste de que venías? —Le regañó, señalándole con el dedo—. Tu abuelo dirá que podríamos haber calentado la casa antes de tu llegada, y llenar la nevera. — No sabía que iba a venir hasta hace poco. ¿Cómo está el abuelo?
—Delicado, pero bien —asintió sonriente—. Ya sabes, luchando como un oso.
—Lo que me imaginaba —sonrió, y tomándola de las manos dijo—.Necesito hablar con vosotros. Aparte de Rosalie, ¿hay alguien más en la granja?
—¡Por todos los demonios, Víctor! —susurró la mujer, asustada—. No iras a darme un disgusto. Mira que no tengo ganas de sermones.
—No, Esme, tranquila —sonrió al ver su cara. —En este momento sólo está Rosalie —y fijándose en la furgoneta preguntó—. Pero mi amor ¿quiénes son esas muchachas que esperan en la furgoneta? ¿Traes novia?—De eso precisamente quería hablarte —sonrió al verla emocionada—.Pero Esme, no te emociones que nada tiene que ver con lo que estás pensando. Víctor, tras mirar hacia la furgoneta, entró en la casa con la mujer. Necesitaba su ayuda. Desde el coche, la rubia, arropada con la manta, continuaba callada.
—Vale. De acuerdo. Cargo con todas las culpas que quieras —dijo Valeria—. Si quieres mañana llamo al conde y le cuento lo ocurrido.
—No, Valeria —respondió su hermana—. Ya has hecho bastante. Por lo tanto, ¡cállate! Antes de que en ese momento la puerta de la casa se abrió. Apareció Víctor, la anciana de antes y una muchacha joven.
—Valeria—susurró la publicista—. Dime que no nos vamos a quedar aquí. Pero el moreno, acercándose hasta ellas con una extraña sonrisa, abrió la puerta de Fernanda y les dio la bienvenida. La cara de la rubia era un auténtico poema. ¿Cómo se iba a quedar allí? En ese momento saltó desde la parte trasera de la furgoneta y, pasando por encima de ella que gritó asustada, saltó al suelo.
—Qué lugar más alucinante —exclamó la castaña, mientras un rayo cruzaba el cielo. Con cuidado bajó de la furgoneta y saludó a las dos mujeres, quienes con amabilidad la acompañaron al interior.
—¿Piensas dormir en el coche? —preguntó el moreno dirigiéndose a la rubia.
—Quiero volver al hotel —dijo hundiéndose en el asiento de la furgoneta.
—Creo que eso de momento va a ser imposible —le respondió él.
—Pero yo no puedo dormir ahí —no pudo evitar señalar la casa en tono despectivo.
—De acuerdo —asintió Víctor y alejándose añadió—. Que pases buena noche. Ah y abrígate, con lo empapada que estás no dudo que tendrás frío.
La rubia lo vio alejarse cargado con un pequeño trolley color azul. Le llamó la atención la marca Victorinox. Una marca suiza bastante cara. Aquella maleta era muy parecida a una que le regaló a Goyo. Pero no le cabía la menor duda que sería una mala imitación de mercadillo. Segundos después salió su hermana, que dando unos golpecitos a la ventanilla le indicó que la bajara.
—Fernanda. ¿A qué coño estás esperando para entrar?
—No pienso hacerlo.
—¡Dios, qué cruz! —Gritó Valeria.—Vamos a ver fer; estás empapada y con barro hasta en las orejas. Tienes frío. Hambre. Y aún así ¿vas a quedarte aquí?
—Qué parte de la palabra no, no entiendes. ¿Acaso crees que voy a entrar a esa horrorosa casa, y voy a confraternizar con esas dos mujeres rurales?
—Eres…eres…—suspiró la castaña regresando a la casa—. ¡Que te den! Congélate mientras yo estoy calentita, limpia y cenada.
Verla desaparecer le molestó. Pero según pasaban los minutos, la noche caía y el motor de la furgoneta se enfriaba, comenzó a dudar. ¿Debería de entrar? En el interior de la casa su hermana pequeña se había duchado y cambiado de ropa. Esme, la abuela de Víctor, se había desvivido por hacerle agradable su estancia allí y Rosalie, la muchachita de aspecto masculino, la observaba muy callada. En dos ocasiones Esme intentó salir en busca de Fernanda, pero Víctor no la dejó. Si quería entrar sería ella la que tendría que llamar a la puerta. Sobre las doce de la noche, el viento era frío y la lluvia torrencial. El moreno comenzó a incomodarse. ¿Cómo podía ser tan testaruda aquella mujer? Por lo que, maldiciendo, salió al exterior y tras abrir la puerta de la furgoneta, agarró a la publicista, que estaba dormida, y despertándola de malos modos la hizo andar delante de él hasta el interior de la casa. Tan sorprendida estaba por aquella intromisión en su sueño que cuando quiso reaccionar el calor de la chimenea la envolvía y la cara sonriente de Esme le ofrecía un caldito caliente que ésta aceptó sin dudar. Estaba congelada. Valeria, al ver a su hermana allí, se relajó, y Esme, viendo el cansancio de aquella pobre muchacha le indicó que la siguiera para mostrarle dónde podía dormir. Detrás de ella, como una sonámbula, se fue Valeria, que estaba deseando meterse entre sábanas calientes. En el salón, el fuego de la chimenea comenzó a calentar el cuerpo de Fernanda que con disimulo observaba cómo Rosalie no dejaba de mirar por la ventana y cómo Víctor no paraba de echar leña en la chimenea.
—Deberías quitarte el barro del cuerpo —señaló esme volviéndose hacia ella—. Puedes ducharte si quieres.
Esa muchacha parecía bonita a pesar de la costra de barro seco que cubría su cuerpo.
—Gracias señora por cierto me llamo Fernanda —dijo en un perfecto alemán mirando a la mujer.
—Soy muy mala para los nombres, hija mía—señaló Esme—. La cabeza, ya sabes.
A sus 83 años, y a pesar de la vitalidad que en ella había, olvidaba los nombres, en especial, los que no le interesaban. Algo que no le importaba mucho, pero preocupaba a los que la querían.
—No te preocupes, yaya —señaló Víctor dándole un cariñoso beso en la mejilla—. Yo tengo cuarenta y también los olvido —
—Ven conmigo, muchacha —sonrió Esme—. Te daré ropa limpia y podrás ducharte. Sin mirar ni contestar a Víctor, la rubia se levantó y siguió a la anciana. Tras subir por unas estrechas escaleras de madera, le indicó la habitación donde dormiría. Posteriormente fueron hasta un baño limpio, arreglado, pero sin grandes lujos.
—Aquí tienes un albornoz limpio, unos calcetines y un par de toallas. Como le he dejado un pijama a tu hermana, he cogido uno de Víctor para ti.
—No se preocupe —asintió horrorizada mirando lo que había encima del pijama.
—Siento tener que dejarte ropa interior de la mía. No es bonita, pero sí práctica. Rosalie utiliza calzoncillos, dice que está más cómoda. ¿Necesitas algo más?
—No, gracias. Al cerrar la puerta en la que no había pestillo y quedarse sola en el baño, miró a su alrededor. Todo era viejo y sin marca. Demasiado usado para su gusto. Cogió la braga con las puntas de los dedos, y horrorizada la examinó. ¿Acaso creía esa anciana que se iba a poner aquellas bragas de cuello alto? Mirando los botecitos de jabón, sonrió con maldad. Aquel jabón era del hotel, al igual que el albornoz. «Te voy a aplastar por ratero», pensó la rubia. Tras quitarse el sucio traje, y casi llorar al ver cómo estaba, se metió con cuidado en la ducha. No quería rozarse con nada, aunque poco después tuvo que contener un suspiró de placer al notar el agua caliente recorrer su piel. Poder quitarse el barro seco del pelo y del cuerpo en aquel momento era un auténtico placer. De pronto sintió que la puerta del baño se abría y que alguien entraba en el baño acompañado por una ráfaga de aire frió.
—¡Estoy yo! —gritó Fernanda molesta.
—Lo siento —dijo una débil voz masculina—. Será un segundo. Acto seguido escuchó vomitar a alguien. Algo que le repugnó. ¿Qué más podía ocurrir? Pero al escuchar los jadeos de angustia de ese alguien, los recuerdos acudieron a su mente como una montaña de arena. Odiaba recordarlo, por lo que quitándose lo más deprisa que pudo el jabón del cuerpo se puso el albornoz, y al abrir la cortina, se quedó paralizada con lo que encontró. Sentado en el suelo, junto al WC, un enorme anciano con un pijama a rayas respiraba con dificultad.
—No se preocupe —jadeó el hombre—. Le prometo, muchacha, que no la miraré.
La rubia observó cómo el hombre tapaba sus ojos con la mano. Aquello, a pesar de lo extraño y grave de la situación, le hizo sonreír tímidamente. Pasados unos segundos el gigante de barbas blancas intentó levantarse, pero estaba pálido y sus grandes manos le temblaban tanto que le era inútil. ¿Qué le ocurría?
—¿Está usted bien? —preguntó Fernanda, agachándose junto a él.
—Eso creía —murmuró el anciano desviando la mirada—. Lo siento muchacha. Creí que no había nadie. La rubia observó algo conocido para ella en los ojos de aquel hombre. Aquellos ojos reflejaban tristeza, humillación y, si cabe, dolor. Sin pensárselo, se agachó junto a él y con el esfuerzo de los dos consiguieron que éste se sentara en la taza de WC. Después, tomando una toalla y mojándola con agua, se la pasó al hombre con cuidado por la cara, momento en que por primera vez el hombre la miró y sonrió.
—Lo siento, muchacha —volvió a repetir—. De verdad que lo siento.
—No se preocupe, por favor —aquel hombre le gustaba. No sabía por qué, pero le gustaba —. ¿Está usted mejor? ¿Quiere que avise a alguien?
—Eres una de las españolas ¿verdad?
—Sí —sonrió—. Veo que Víctor le ha informado de que tiene invitadas. Aunque le agradecería que no me contara lo que le ha dicho de mí, así me evitaré decirle lo que pienso yo de él.
—Es un buen muchacho —sonrió el anciano, orgulloso—. Algo testarudo, pero un hombre de provecho.
—Es su nieto ¿verdad?
—Sí —asintió con rotundidad, y extendiendo la mano dijo— Mi nombre es Carlisle.
—Encantada señor, mi nombre es Fernanda villalonga.
—¿Fernanda? Qué nombre más bonito —sonrió el anciano—. Pero no me llames de usted que me hace mayor. Soy el marido de Esme, y sólo te diré una cosa respecto a mi nieto. No saques conclusiones aceleradas. Te equivocarás.
—Encantada de conocerle —sonrió y cogió aquella temblorosa mano—.En cuanto a su nieto. Tranquilo. Espero perderle de vista pronto para no equivocarme.
—Me encantaría continuar está charla contigo —indicó el anciano—.Pero tengo que volver a la habitación. Como Esme se entere de que he venido al baño sin avisarla se enfadará.
—Será nuestro secreto. Le ayudaré a volver sin que su mujer se entere —sonrió la publicista. Abriendo con sigilo la puerta del baño, Fernanda sacó su empapada cabeza y tras comprobar que todo estaba tranquilo agarró de la cintura al gigante y con pasos cortos pero seguros llegaron hasta la habitación que había al fondo del pasillo. Al entrar en aquella cálida estancia esta se sorprendió y, tras ayudarle a entrar en la cama, observó la habitación con curiosidad. Aquella cama tallada con dosel era una maravilla. ¡Era preciosa! El gran hogar encendido estaba bordeado por madera tallada de roble. A un lado un gran ventanal, ahora cerrado, tenía una deslumbrante cortina veneciana en color Burdeos. Al otro lado del hogar, una bonita librería, junto a un sillón orejero también burdeos y una mesita de lectura daban un toque de distinción a la habitación, que podía haber estado en cualquier lado menos en esa casa perdida en el campo.
—Carlisle —dijo sorprendida—. Tienes una habitación preciosa.
—Gracias —asintió mirando su alrededor—. Todo lo que ves lo ha hecho mi Víctor para nosotros.
—¿En serio? —murmuró más que preguntó Fernanda, incrédula.
—Mi nieto es un artista —añadió Carlisle con orgullo.
—De la cuerda floja —señaló ella haciéndole sonreír. El anciano la miró con ojos llenos de ternura.
— ¿Qué hace una mujer como tú en tierras Alemanas?
—Vine por trabajo —dijo ella sin dejar de observar la habitación.
—Si yo tuviera cuarenta años menos y fueras mi mujer —indicó haciéndola sonreír—, no te permitiría viajar sola. Y menos a Renania.
—No estoy casada. Soy una mujer trabajadora, libre de compromiso y eso me da derecho a elegir dónde quiero ir.
— ¿Y cómo es posible que sigas soltera? de verdad no entiendo a los hombres.
—Los tiempos cambian, Carlisle —señaló sin profundizar en el tema.
—¿En España no valoran lo que es una mujer?
—No sabría qué decirte —dijo acercándose—. En España, como en el resto del mundo, una mujer libre, lista e independiente, asusta .En ese momento se escucharon risas, y a alguien subiendo por las escaleras.
—Carlisle, me marcho —dijo ella, yendo hacia la puerta—. Si no te descubrirán.
—Fernanda ¿volverás para charlar conmigo?
—Mañana me marcharé. Pero prometo venir antes a despedirme de ti. Cuando se quedó sólo en la habitación, Carlisle sonrió. Su nieto no tenía un pelo de tonto. Víctor era más listo de lo que él pensaba. De nuevo en el baño, se miró en el espejo. Estaba horrorosa ¡Dios qué orejas tengo! Murmuró ahuecándose el pelo. Hastiada y aburrida de su imagen al natural, cogió la parte de arriba del pijama y estuvo a punto de chillar al ver el dibujo — ¡tomates! —Murmuró incrédula—. ¡Me voy a poner un pijama con tomates! Acostumbrada a utilizar maravillosos pijamas de Moschino, DKNY o Armani, normalmente de seda, aquel pijama de franela indocumentado, plagado de tomates rojos, era peor que ponerse una copia barata de mercadillo pero convencida de que aquello era su única opción, se puso la parte de arriba. Le llegaba hasta la mitad de los muslos. Solo eso le valía de camisón.
—Oh, Dios mío… Oh, Dios mío. Ni mi madre lleva esto —susurró escandalizada, mientras cogía con cuidado la enorme braga blanca de algodón. — ¿Cómo voy a ponerme esto? Pero al final, a pesar de que le chirriaban los dientes, se la puso. No podía andar por el mundo sin bragas. El problema era que igual que se las ponía, se le caían. Le estaban enormes, al igual que el pantalón, por lo que, acordándose de los apaños que siempre hacía su madre, se quitó la goma del pelo que llevaba en la muñeca y le hizo un gurruño —palabra oriunda del pueblo de su madre— Y se sujetó las bragas. Con valor, y tras contar hasta cuarenta consiguió mirarse al espejo. ¿Aquella era ella? Estaba patética. Cualquier que la viera en ese instante, pensaría que era una pueblerina profunda en vez de la jefa de publicidad de la prestigiosa empresa R.C.H. ¿Cómo había podido llegar a aquella situación? La imagen de su hermana se cruzó en su mente. ¡Ella era la culpable de todo! Necesitaba con urgencia volver a Numancia para conseguir ropa en condiciones y localizar al conde. ¿Qué habría pensado por el desplante? Si en su empresa se enteraban de lo ocurrido, sería el fin de su carrera.
—Princesita —dijo la voz de Víctor golpeando la puerta—. ¿Te falta mucho?
—No —respondió avergonzada ¿Cómo iba a salir así? Estaba horrible con aquel enorme y horroroso pijama de tomates. Eso sin comentar las tremendas bragas de cuello alto.
—Me gustaría darme una ducha antes de que amanezca. ¿Sería posible? Aquel odioso hombre sólo quería provocarla. Y no. Aquella noche no iba a conseguirlo.
—Si me metes prisa —respondió apoyándose en la pared—. Puede que consigas ducharte para el 2020.
—Ah, sí. ¡Esas tenemos! —siseó Víctor, y son pensarlo dos veces abrió la puerta —. Entonces permíteme que mire el espectáculo hasta el 2020. Por lo menos me divertirá el payaso contratado para el evento.
— ¡idiota! —espetó intentando no gritar. Carlisle estaba cerca—. ¡Sal de aquí inmediatamente! Tu abuela puede venir y pensar lo que no es.
—No te preocupes —respondió y cerró la puerta tras de sí—. Mi abuela me conoce, y sabe que tú no eres mi tipo de mujer.
—Déjame salir —pidió la rubia cogiendo la ropa sucia del suelo.
— ¿Ahora tienes prisa? O quizás tienes miedo de estar a solas conmigo como el otro día en el ascensor. Ella hizo como que no le había oído.
— ¿Dónde puedo guardar mi ropa? Todo es de marca y necesitará pasar por el tinte cuando volvamos al centro de Numancia .Ahora el sordo era él.
—Vaya. Qué curioso ese pijama de tomates me suena. Estaba preciosa. Sin pizca de maquillaje, y con el pelo mojado retirado de la cara, era un espectáculo muy sexy. Vista así no parecía la agresiva mujer que había conocido.
—Me lo dejó tu abuela —se defendió ella.
—¿Sabes? —dijo dando un paso hacia ella—. Ese pijama me lo regaló Esme, hace años para Navidad. Mi deber moral me hace decirte que no es de marca.
—Déjame salir —dijo, sintiéndolo demasiado cerca.
—Te dejaré salir cuando pagues el alquiler del pijama.
Al escuchar aquello Fernanda estuvo a punto de gritar. Aquel tipo era un prepotente engreído. Por lo que dando un paso hacia atrás, se alejó todo lo que pudo de él, mientras Víctor divertido, observaba cómo ella cambiaba de color. Le gustaba rabiosa.
—Mira, hombre de las cavernas —resopló, deseando matarlo allí mismo—. Daría lo que fuera por no estar aquí. Daría lo que fuera por no llevar tu horroroso pijama. Daría lo que fuera incluso por un cepillo de dientes, pero…
—Yo daría lo que fuera porque te callaras y me besaras —dijo interrumpiéndola. Sin moverse, la rubia vio cómo el alemán le quitaba la ropa sucia de las manos y la atraía hacia él. Consciente de cómo el tacto y el sabor de los besos de aquel idiota comenzaban a hacerle perder fuerza, intentó resistirse, pero no lo consiguió. Le gustaban sus besos. No sabía por qué. Pero le gustaban, y eso comenzaba a asustarla. Ajeno a los pensamientos de Fernanda, Víctor devoraba con pasión aquellos sabrosos labios. A pesar de la resistencia que ella opuso al principio, era consciente de cómo poco a poco comenzó a mover su lengua junto a la de él. Notó cómo le mordía el labio inferior y soltando un gruñido de satisfacción él se lo mordió a ella. El alemán llevaba deseando besarla desde que la vio partir por la mañana del hotel, y tenerla allí, tan preciosa e indefensa, lo había hecho irresistible. Inclinándose sobre ella, puso sus manos bajo sus hombros, y alzándola la colocó contra la puerta, momento en el que Fernanda le miró tan extasiada que le hizo arder de deseo. Víctor la sujetó contra la puerta, y con cuidado metió sus fuertes manos bajo la camiseta del pijama, y pronto sus manos toparon con la tela sobrante de las bragas haciéndole sonreír, mientras Fernanda respondía a sus besos con verdadero ardor. Con una sonrisa de lobo hambriento en su boca, la separó de él. Le apetecía seguir seduciéndola, pero aquello sólo le traería más quebraderos de cabeza. Su propósito no era aquel. Por lo que recuperando su autocontrol a pesar de tenerla ante él cómo una gatita mansa, se preparó para un nuevo ataque.
—Con esto me doy por satisfecho.
Al escucharlo, la publicista abrió los ojos. ¡¿Cómo?! Estuvo a punto de gritar. Pero al ver su sonrisa, lo entendió. Sólo pretendía humillarla. Así que cogiendo con rabia la ropa del suelo, le señaló con el dedo. —No vuelvas a hacer lo que has hecho.
— ¿Por qué? Parecía que te gustaba —susurró divertido—. Mi habitación es la segunda de la derecha. Si te apetece un rato de buen sexo, estaré encantado de hacerte un hueco en mi cama. La publicista, rabiosa como una leona que ha perdido a sus cachorros, iba a responderle cuando notó cómo algo le resbalaba por las piernas hasta caerle a los pies. «Oh Dios mío, que bochorno», pensó al ver la mirada divertida de Víctor y las bragas hechas un gurruño a sus pies.
— ¡Uau… princesita! —Rió a carcajadas—. Nunca a nadie se le habían caído las bragas al suelo tan rápido ante una invitación a mi cama. Ella notó cómo la cólera y el bochorno le tintaban la cara de rojo. —Antes se congela el infierno que acostarme yo contigo —bufó avergonzada y agachándose, sacó los pies y las cogió. Se sentía como una caldera a punto de estallar, y así se dirigió hacia la habitación que le había indicado Esme. Por todo el camino le persiguieron las carcajadas de aquel idiota, que no dejó de oír hasta que una vez dentro cerró la puerta. Allí vio a Alice dormida en una enorme cama. Sin querer pensar ni mirar a su alrededor se puso de nuevo las bragas, se hizo el gurruño, se metió en la cama, y tapándose hasta las orejas, se durmió.
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janessi1
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Fecha de inscripción : 18/07/2012

MensajeTema: te lo dije : una serie para ser protagonizada por asier etxeandia y angela cremonte   Jue Sep 24, 2015 3:55 pm

Capitulo 9

A la mañana siguiente, cuando Fernanda abrió los ojos, se sorprendió al verse sola en la habitación. ¿Dónde estaba su hermana? Se sentó en la cama y comenzó a restregarse los párpados mientras se despejaba. Fue entonces cuando notó que algo pastoso y húmedo chocaba con su mano. Al abrir los ojos vio pegada a ella la cabeza peluda de Stoirm, el maldito perro de él “gilipollas” que al escuchar el grito desesperado de Fernanda, saltó al suelo algo incómodo.
— ¡Fuera de aquí, bestia salvaje! —volvió a gritar, mientras el animal, sentado a los pies de la cama, la observaba.
—Buenos días, hermanita —la saludó Valeria, entrando por la puerta, mientras Stoirm decidía que estaba aburrido y salía de la habitación— ¿Por qué has gritado?
—Esa bestia. Estaba a punto de atacarme —su tono de voz no conseguía ser normal.
— ¿Stoirm? —Se sorprendió Valeria—. Pero si ése es el pelaje tranquilo de fifí. Por Dios, si les miraras a los ojos te darías cuenta de cómo son. Pero la cara de susto y de asco de su hermana decía que no pasaba por su cabeza dedicarse a ver qué había en las pupilas de aquellos monstruos peludos y babosos.
—Toma —desistió y le tendió la ropa—. Aquí tienes ropa limpia y seca. Vístete y baja a desayunar. Esme hace unas tostadas con mantequilla que te van a dejar muerta. A su vez la castaña se puso un peto vaquero enorme, una camisa verde y un jersey rojo, además de unas botas de plástico azul
— ¿De qué vas vestida? —preguntó Fernanda, horrorizada por el aspecto de su hermana.
—De granjera —sonrió Valeria—. Me encanta. Estoy calentita y me encuentro bien. Con horror, Fernanda miró lo que su hermana le había puesto encima de la cama. Tras ver que eran una falda azul de pana, un jersey verde de ochos y unas botas como de pocero preguntó.
— ¿Qué es esto?
—Ropa limpia —respondió Valeria.
—¿De qué temporada?
—Sin duda del Medievo —le ponía los sarcasmos a huevo—. ¡Joder Fernanda! Vístete y punto.
—¿Pero de quién es esa ropa?
—No sé —contestó Valeria—. Oí algo de una difunta.
— ¿Difunta? ¿Dónde está mi ropa? —gritó Fernanda apretando los puños. Si su hermana y los demás pensaban que se iba a poner aquella horterada de mala calidad y con más años que Tutankamon, lo llevaban claro.
-No te quejes Fer. Nuestra ropa está en la lavadora y Esme nos ha dejado lo que ha podido.
— ¿En la lavadora? —Gritó la rubia al pensar en su traje—. Mi traje Versace y la camisa de Carolina Herrera,¿Están en la lavadora? Y levantándose como un resorte, sin importarle la pinta que llevaba, salió disparada escaleras abajo. No podía ser. No podía creer que la única ropa que tenía estuviera dando vueltas y vueltas dentro de un bombo de metal. Sin saludar a nadie entró en la cocina, y clavando su mirada en la lavadora, pudo ver cómo su traje de Versace se retorcía en un mar de espuma blanca.
—Esto es una pesadilla —gimió a punto de llorar, sin percatarse de cómo la miraban todos—. Primero el coche. Luego el móvil. Más tarde el portátil. Ahora el traje. ¿Qué más me puede pasar?
—Princesa —tosió Víctor conteniendo la risa—. Creo que acabas de perder otra vez las bragas.
—¿Otra vez? —Valeria tenía curiosidad por saber a qué se había referido.
— ¡Oh, Dios! —gritó Fernanda horrorizada y, agachándose sin decir nada más, las cogió e hizo un gurruño dentro de su mano, para que no se vieran. Víctor, que almorzaba junto a su abuelo y un par de mozos, dejó de reír a carcajadas. Aquella muchacha cuanto más desastrosa y enfadada estaba, más preciosa se ponía. «Algo no me funciona bien», pensó el moreno concentrándose en su desayuno.
—Buenos días,Fernanda —saludó Carlisle tras dar a su nieto un empujón, pero la muchacha estaba tan furiosa que no le oyó.
—Buenos días, hija mía —saludó con cariño Esme—. ¿Has dormido bien?
—¿Cómo se le ocurre meter mi traje en la lavadora? —Gritó a la anciana—. Ese traje se lava en seco.
—¡Ay, Dios! No lo sabía —se disculpó la anciana.
—¿Sabe cuánto cuesta ese traje? —volvió a gritar la rubia.
—Fer—intervino Valeria—. Basta ya.
—Pero,¡¡¿Aquí todo el mundo está chalado?¡¡ —Gritó la publicista sin hacerle caso—. Ese traje cuesta mil quinientos euros.
—¡Por todos los santos! —susurró asustada Esme, mientras apagaba la lavadora—. Hija mía, no lo sabía.
—Fui yo quién le dijo a Esme que lo lavara —aclaró la voz de Víctor a su espalda. Y volviéndose hacia él, mientras echaba humo por las orejas, vio un atisbo de diversión en sus ojos. ¿Qué le pasaba a ese hombre?
—Muchacha —intervino Carlisle—. Estoy seguro de que Víctor lo hizo sin maldad.
—Fernanda —susurró Valeria en español—. Controla la vena del cuello y tu lengua de víbora, que estoy temiendo lo peor. Recuerda que esta gente nos ha dado cobijo gratis sin pedir nada a cambio. Por desgracia aquellas palabras llegaron tarde.
—Eres un maldito… un maldito cabronazo —ladró Fernanda mirando a Víctor quién con una tranquilidad pasmosa volvía a sentarse en la silla—.Eres retorcido y prepotente. Y te juro que antes de que yo vuelva a España vas a pagar por todo lo que estás haciendo.
—Princesa. No jures lo que nunca cumplirás —indicó Víctor. Esme miró a su marido, quien con un gesto divertido no perdía prenda de lo que sucedía entre su nieto y la española.
—Te voy a aplastar como a un gusano —siseó la rubia señalándola.
—¡Por todos los santos! Qué genio tiene la española —susurró Carlisle a su nieto.
—Lady Dóberman —se mofó el moreno y señalándola dijo—. Ten cuidado con tus movimientos si no quieres mostrarnos también tu precioso trasero. Con la poca dignidad que le quedaba, se bajó la camiseta y alzando la barbilla como una princesa, salió de la cocina, donde continuaban las carcajadas. ¡Había sido bochornoso!
Unas horas después el hambre comenzó a hacerle temblar las manos. La rubia llevaba metida en aquella habitación casi tres horas. Se negaba a bajar, y por supuesto se negaba a utilizar la ropa que la esperaba encima de la cama. Desde la ventana de la habitación vio a Víctor salir acompañado por dos hombres y por su hermana, cuando unos golpes en la puerta llamaron su atención
— ¿Se puede? —Preguntó Carlisle
—Sí. Por supuesto —asintió Fernanda.
—Te he traído un vaso de leche con galletas. ¿No tienes hambre muchacha?
—No mucha —mintió agarrando la bandeja—. Pero te lo agradezco Carlisle.
—Anda, anda, come algo o enfermarás —animó el anciano sonriendo.
—La leche ¿es de soja?
—No muchacha. Es leche de vaca
— ¡Oh, Dios! —Dijo la rubia soltando la taza—. Esta leche ¿ha pasado las normas de sanidad e higiene? Al decir aquello y ver la cara del anciano, se arrepintió y cogiendo de nuevo la taza dio un trago que le supo a gloria. —Esta exquisita, Carlisle. Gracias.
—Oye muchacha. Esme y yo sentimos lo del traje, y queremos que no te preocupes, nosotros te lo pagaremos.
—¡Por favor ¡ —se alarmó al escucharle—. Eso no lo voy a consentir. Me he comportado cómo una estúpida e iba a pediros disculpas por cómo me he puesto.
—Y luego está este nieto mío.
— ¡Oh, no me lo menciones! —gruñó Fernanda al recordarlo. Sin darse cuenta dio otro trago de leche que le estaba resultando exquisita. «Estáis hechos el uno para el otro», pensó Carlisle sonriendo, pero levantándose dijo,
—Muchacha, mis tripas dicen que tengo que dejarte. Hasta luego.
—Hasta luego, Carlisle —sonrió al verle desaparecer. Sobre las dos de la tarde un olor a estofado de carne comenzó a llegar hasta ella. Eso hizo que sus tripas gritaran amenazando con torturarla si no las alimentaba. Tras coger de malos modos aquella ropa, decidió ponérsela. Pero cuando vio unos calzoncillos dentro del montón su humillación creció y los tiró contra la pared. ¡No pensaba ponérselos! Pero el hambre aumentó, por lo que cogiendo los calzoncillos se quitó las enormes bragas de Esme, y se los colocó bajo el resto de la ropa. Con cautela fue hacia el baño, donde se lavó los dientes con el dedo y se cogió con la goma una coleta alta. Mirándose en el espejo puso un puchero. La cara le tiraba. Necesitaba sus cremas. Pero convencida de que en aquella casona no las conocerían, suspiró y bajó.
—Hola, hija mía —saludó Esme al verla entrar—. No creo que tarden mucho en llegar los hombres para comer. Sin decir nada, Fernanda se sentó. El hambre la mataba, pero no estaba dispuesta a confesarlo.
—Veo que la ropa que encontramos para ti te sienta bien —y mirándola preguntó—. ¿Estás más tranquila?
—Sí señora —respondió molesta y avergonzada.
—En referencia al traje—confesó la anciana—. No fue Víctor fui yo. Lo vi tan sucio que…
—No se preocupe, señora. No pasa nada.
—Oh sí… sí pasa —insistió Esme—. Ganar mil quinientos euros cuesta mucho esfuerzo y trabajo, hija. No te preocupes. Le diré a Víctor que el próximo día que vaya al pueblo, saque esa cantidad de mi cuenta. Yo te lo pagaré -. Al volver a escuchar aquello la publicista se sintió mal. Aquella mujer, sin conocerla, le había abierto las puertas de su casa y no se merecía que ella se lo hubiera pagado así. —Señora…
—Llámame Esme —susurró, dándole unas palmaditas en las manos.
—Esme, antes hablé con Carlisle y le dije que no voy a aceptar vuestro dinero, pero sí necesito que aceptes mis disculpas por cómo te he hablado está mañana. No tengo excusa, lo sé. Pero no sé qué pasa, todo me sale mal.
— ¿Por qué dices eso, hija? —señaló la mujer sentándose a su lado.
—Porque sí. Los días que estuve en Renania han sido un completo desastre —omitió contar los episodios con Víctor—. Ayer tenía una reunión el conde Karl von. ¿Lo conoces?
—Sí hija —asintió, sintiéndose una traidora—. Por estas tierras todos lo conocemos.
—A esa reunión no llegué por culpa de mi hermana —prosiguió angustiada—. Luego el maldito coche se hundió en el barro. Las vacas nos atacaron, y todas mis herramientas de trabajo, el móvil, el portátil, el GPS… Todo se perdió.
—¿Las vacas os atacaron? —preguntó Esme sorprendida.
—Sí —asintió con un puchero—. Se comieron el techo del coche y…
—No creas nada de lo que te dice, Esme —dijo Víctor entrando en la cocina, seguido por Rosalía y Carlisle—.Conociéndola seguro que fue ella quien atacó primero a las pobres vacas. Al escucharle se tensó. Los sentimientos que estaban aflorando junto a Esme la habían dejado demasiada tocada, y sin poder remediarlo, posó su cabeza encima de la mesa comenzando a golpearse y a gimotear. Esme, con un gesto serio, regañó a su nieto, mientras Víctor perdió su sonrisa, incrédulo por lo que estaba viendo. ¡La mujer de hierro estaba llorando! Entonces… ¿Tenía corazón? En ese momento entró Valeria junto a Tom y Emmet, quienes se quedaron clavados en la puerta al ver la estampa.
—Fer—corrió Valeria junto a su hermana—. ¿Qué ha pasado?
—No te preocupes, hija mía —señaló Esme tranquilizándola—. La tensión de lo ocurrido ayer y de no llegar a una reunión con un tal conde von la ha desbordado. Al escuchar aquel nombre con disimulo todos se miraron.
—Ese conde es un buen jefe y tiene un particular sentido del humor —se mofó Tom, quién junto a Emmet estaban al tanto del engaño.
—Y un cabezota —asintió Carlisle sonriendo.
—Mi hermana tenía ayer una reunión de negocios con ese tipo —aclaró Valeria—. Pero por mi culpa no llegó.
—Hola a todo el mundo —saludó paúl, entrando para sorpresa de la castaña y de todos en la cocina.
—Hola paúl, corazón mío —saludó Esme, feliz de verle.
—Mi otro hombretón —sonrió Carlisle dándole un abrazo.
Después, miró a las muchachas y añadió—. Este es paúl, mi otro nieto.
— ¿Sois hermanos? —preguntó Valeria.
—Oh…, no —sonrió Carlisle— pero como si lo fueran. Víctor es hijo de nuestra hijo Karl.… —tras carraspear ante la mirada de advertencia de Víctor, — y de su mujer maría mientras que paúl lo es de nuestra hija rene y de Patrick.
— ¿Pero qué ven mis ojos? —Sonrió paúl para cortar el tema—. ¿Qué hacéis vosotras aquí?—Chico —señaló Valeria encantada con aquella aparición— eres como el kétchup, estás en todas las salsas.
— ¿Os conocéis? —disimuló Carlisle ante los gestos de Esme.
—Sí abuelo —sonrió paúl. Encantado, Carlisle guiñó un ojo a Ese quien con una sonrisa le ordenó callar mientras Fernanda continuaba dándose pequeños golpes contra la mesa.
—Pues a mí el conde me parece una buena persona —prosiguió Emmet.
—Sí —asintió Tom—. Además de un rompecorazones.
— ¿En serio? —se mofó Víctor al escucharle—. Esa faceta del jefe no la conocía.
—Le encantan los Brownies —asintió con timidez Rosalie.
— ¿De quién habláis? —preguntó paúl.
—Del conde von —informó Esme, y al ver su cara intuyó que estaba tan metido en el ajo como Víctor.
—Ufff,no me digas más —silbó paúl mirando a su primo—. ¿Recuerdas la última vez que estuvimos de pesca con él?
—Sí. Lo recuerdo —asintió Víctor advirtiéndole con la mirada. Cuantas más cosas oía del conde más se desesperaba Fernanda
—Tengo que marcharme —dijo la publicista, secándose las lagrimas con el pañuelo de Esme—. Necesito volver al hotel. Seguro que el conde ha dejado algún aviso para mí. Tengo que conseguir hablar con él antes de que se enteren en mi empresa —miró a Víctor y preguntó—. ¿Podrías llevarme hasta el pueblo más cercano? Al escuchar aquello, el alemán la miró. Deseaba perderla de vista, pero un extraño sentimiento le hacía retenerla.
—No. Imposible —respondió con rotundidad, ganándose una sonrisa de su abuelo.
—Pero yo necesito regresar a Numancia—protestó la rubia.
—Pues ya sabes, princesita —señaló Víctor—. Búscate la vida. Las chispas que saltaron entre aquellos dos iban a producir un cortocircuito. Todos los miraron, pero nadie dijo nada hasta que Esme, incomoda, rompió el silencio.
—paúl, pensé que no regresarías hasta el viernes.
—Y yo Esme. Y yo —asintió con una sonrisa—. Pero traigo una nota del conde.
—¿Para mí? —preguntó Fernanda al escuchar aquel nombre.
—No —respondió paúl—. Para Víctor.
— ¿Para Víctor? —exclamó Valeria.
—Me tiemblan las piernas, muchacho —se mofó Carlisle mirando a su nieto—.Déjame que me siente. La publicista cada vez entendía menos. ¿Qué tenía que ver Víctor con el conde? Sin quitarle el ojo de encima vio cómo éste abría la carta, y tras leer unas breves líneas, maldijo en voz alta.
—¿Qué pasa, tesoro? —preguntó Esme, deseando tirarle el cucharón a la cabeza.
—Otra vez se ha marchado de viaje —respondió cogiendo un vaso de agua—. Quiere que me ocupe de todo hasta su vuelta.
—Este conde —asintió Carlisle, con una sonrisa—, vive como un príncipe. Sin saber de lo que hablaban, Fernanda se acercó a Víctor y arrancándole la carta de las manos, la leyó.

Estimado Víctor,
Las fábricas de plata de México han reclamado mi presencia. Estaré fuera un tiempo. No sé si será una semana, un mes o tres días. En todo caso, y como siempre, quedas al mando de todo. Un saludo
Conde von.
Tras mirar a su hermana y verla tan sorprendida como ella, suspiró. Aquello no podía estar ocurriendo. Aquel idiota con cara de merluzo que llevaba días amargándole la existencia era la única persona que podía convencer al conde para que firmara el contrato.
—No me lo puedo creer —susurro Fernanda—. ¿Tú conoces al conde?
—Son íntimos —se mofó Carlisle, ganándose una mirada de disgusto de su mujer.
—Trabajo para él —respondió el moreno alejándose, pero ella le siguió— y si mal no recuerdo, es tu amigo también ¿verdad?
—Sí, claro —asintió la rubia avergonzada. No pensaba decir la verdad. — ¿Conoces al conde von, Fernanda? —preguntó incrédulo Carlisle.
—Sí —añadió ella rascándose la cabeza—. Digamos que somos viejos amigos.
—Estos jóvenes, cada día están más locos —protestó Esme alejándose.
—Pues mi primo —aclaró paúl—, es la mano derecha del conde. Cuando él no está, mi primo es el jefe.
«Tierra trágame», pensó la publicista. La sonrisa de Víctor y sus ojos divertidos, lo confirmaron todo. Se sentía con poder.
Rato después mientras comían el delicioso estofado que Esme había preparado para todos, Fernanda intentó ser comedida en sus comentarios. No dijo nada sobre las calorías del estofado ni las grasas. Tampoco sobre las servilletas de papel, ni sobre la ausencia de vasos de cristal en la mesa. Cada vez que alguno de aquellos trogloditas apoyaba la chapa de la cerveza contra la mesa, y daba un golpe seco para abrirla, les hubiera gritado y hasta asesinado. Lo hacían adrede. Lo sabía. Todas las cervezas se abrían en su lado de la mesa. «Esto me costará una úlcera», pensó la rubia. Víctor, ajeno a sus pensamientos, parecía contento. Se reía a carcajadas ante los comentarios de su abuela, mientras paúl disfrutaba charlando con Valeria. Ni una sola vez la miró ni se dirigió a ella. Ahora tenía él la sartén por el mango y lo iba a utilizar. A pesar de los instintos asesinos que sentía hacia él, intentó no matarlo. Si lo asesinaba el contrato nunca se firmaría y eso, una mujer como ella, no lo iba a consentir. Era una experta en conseguir los mejores tratos. Sabía cuándo tenía que reírles las gracias a los clientes para conseguir lo que ella quería. Debía tener tacto, por lo que al acabar la comida y ver que el moreno se disponía a marcharse junto a Emmet y Tom, sin pensárselo, le detuvo.
—¿Podríamos hablar un segundo?
—No tengo tiempo, guapa —respondió pasando por su lado.
—Víctor—dijo cogiéndole del brazo. Eso sí le paró—. Necesito hablar contigo.
— ¿Víctor? — repitió sorprendido. Era la primera vez que lo llamaba por su nombre, y cómo sonaba en su boca, le gustó. Pero su reacción le sorprendió a sí mismo.
—Me has ascendido de categoría. Ya no soy «el gilipollas» «el payaso» o «el cromañón» —reprendió viendo cómo ella se contenía— Puedo continuar, pero prefiero no hacerlo, porque me dan ganas de meterte en la furgoneta y dejarte tirada donde te encontré. Escuchar aquello, y sobre todo escucharlo mientras todos miraban, era bastante humillante. Mirándole a los ojos vio cómo se desfogaba. Aquella sensación no le gustó. Por primera vez en su vida Fernanda fue consciente de su forma de hablarle a los demás y en especial de la impotencia que les hacía sentir.
—Víctor. Necesitaría hablar de negocios contigo.
—Lo siento, princesita —dijo alejándose malhumorado—. De negocios no hablo. Tendrás que esperar al conde.
—De acuerdo —gritó perdiendo la paciencia—. ¿Cuándo volverá tu jefe?
—No lo sé —se dio la vuelta para mirarla—. Quizá una semana. Tres como mucho. El conde es un hombre responsable. No creo que esté mucho tiempo alejado de sus deberes.
—Lo esperaré —gritó dándose la vuelta—. Lo esperaré y hablaré con él.
—¿Habéis terminado de copular verbalmente? —susurró paúl, pasando por su lado. Víctor lo miró extrañado, pero al volver su mirada hacia ella y verla marchar con aquel genio, le hizo sonreír. ¿Era masoquista? No. No lo creía. Pero la fuerza que aquella mujer irradiaba le tenía tan fascinado y malhumorado que estaba comenzando a no saber en realidad qué quería. El claxon de la furgoneta llamó su atención. En aquel momento paúl se despedía de Valeria y subía a la furgoneta con los muchachos. Él también se encaminó hacia allí. Tenían cosas que hacer. Rosalie, que estaba junto a la puerta, vio a Fernanda acercarse.
— ¿Y tú qué miras? —gritó la rubia de malos modos.
—Nada —susurró la muchacha, desapareciendo de su vista. Con la vena del cuello a punto de estallar, la publicista subió las escaleras cuando se encontró con Esme.
— ¿Qué te pasa hija mía? —preguntó la mujer al verla alterada.
— No te enfades por lo que te voy a decir. Pero a veces cogería a tu nieto y lo ahogaría.
—Te entiendo —asintió la mujer—. A veces yo misma me he arrepentido de no haberlo hecho cuando era un bebé. Aquello les hizo sonreír.
— ¡Esme! —llamó Rosalie desde la cocina.
—Dime, hija —gritó desde la escalera.
— ¿Ha venido ya el cartero?
—No. Aún no. Pero no creo que tarde en llegar. Al escuchar aquello Fernanda sonrió. ¡El cartero! Debía estar alerta. Con un poco de suerte quizás aquel hombre podría sacarlas de allí. Una hora después, mientras charlaba con Esme y con Valeria, sentadas en la cocina, el cartero apareció. La rubia estuvo a punto de gritar de alegría al verlo aparecer con un coche. Aquello la podría alejar de aquel mundo rural.
—Esme. ¿Crees que el cartero nos puede llevar hasta el pueblo más cercano? —Pregunto
—Me imagino que sí —asintió la mujer—. Pero… ¿para qué quieres ir al pueblo?
—Necesito volver a Renania. Esperaré al conde allí.
— ¿No podríamos quedarnos unos días más aquí? —protestó Valeria.
—No —bufó la publicista.
—Oh,qué pena —se decepcionó Esme—. ¿Por qué te quieres marchar tan pronto?
—Es una aburrida aguafiestas —protestó la castaña.
Su hermana mayor, con una dura mirada, ordenó callar a Valeria quién sacando la mano derecha le hizo un gesto con el dedo que no le gustó.
—Creo que deberíais esperar a que Víctor regresara —señaló la anciana.
—Esme. No lo tomes a mal. Pero yo no tengo que esperar a nadie — respondió la rubia con su habitual gesto de superioridad.
—Venga, fer. Un par de días, mujer —gimió Valeria.
—Mira, quédate tú. Yo necesito volver al hotel. Acostumbrada a los suspiros de su hermana, la publicista miró a la anciana.
—Esme. ¿Podrías preguntarle al cartero si nos puede llevar? La anciana, tras mirarla, asintió. Sabía que aquello a su nieto no le gustaría, pero no podían retener allí a la muchacha contra su voluntad. Por lo que levantándose se alejó.
— ¡La madre que te parió! —Protestó en español Valeria—. Con lo bien que estamos aquí. No entiendo por qué narices tenemos que volver al hotel.
—Puede que para ti esto sean vacaciones pero para mí es ¡¡trabajo¡¡-gruño la rubia.- y no estoy dispuesta a perderlo simplemente porque tu quieres estar de parranda. Además necesito un baño caliente, y alejarme de ese gilipollas antes de que termine con mi paciencia y cometa un asesinato.
— ¿Sabes, fer? —indicó su hermana canturreando—. Creo que te gusta Víctor.
—Oh… sí —asintió incrédula—. Y a la boda asistirán Goofy y Pluto.
— ¡Quién sabe, hermanita! puede que hayas encontrado a tu hombre ideal.
—No voy a hablar de algo que no merece la pena hablar —respondió Fernanda cortando el tema. Esme se acercaba. Apenas habían sido dos días, pero cuando se despidió de Esme y de Carlisle, a Fernanda se le encogió el corazón. No estaba acostumbrada a mostrarlo, pero aquellas personas se lo habían arrebatado.
—Creo que a mi nieto no le gustará que no estés cuando vuelva —señaló Carlisle.
—Mira, Carlisle —indicó Fernanda tras besarlo—, lo que le guste o no a tu nieto, es lo que menos me importa.
—Que tengáis buen viaje, tesoros —sonrió Esme.
—Adiós —se despidieron las muchachas alejándose hacia el coche. Esme y Carlisle se miraron, y cuando creyeron que estaban ya lejos fue el anciano quién habló.
—Esa española, con esa fuerza y ese carácter, es la mujer de Víctor
—No comiences, viejo cascarrabias, con tus planes casamenteros — sonrió Esme, pero mirándole con una sonrisa dijo—. ¿Y qué te parece la otra para paúl?
—¡Son magníficas! —asintió emocionado—. Dios me ha dado vida para conocerlas.
—Dios te ha dado vida para eso y para mucho más —sonrió Esme dando un cariñoso beso a su marido. Y sacando la mano por la ventanilla del coche del cartero ambas se despidieron y éste las llevó hasta el pueblo de más cercano, donde tras hablar el cartero con la mujer de la tienda, avisó a un taxista vecino que sin dudarlo las llevó hasta el centro de Renania .Al anochecer Víctor y paúl regresaban cansados. Tras una dura tarde de trabajo el pelirrojo había conseguido convencerlo. Debía escuchar a la española, y dejar que el conde tomara una decisión. Cuanto antes solucionara el problema, antes se marcharía. Pero al llegar y saber que se habían ido, su convencimiento se nubló.
—Lo siento, chicos —protestó Esme al escucharlos—. Esa muchacha quería marcharse, y yo no soy nadie para retenerla aquí. Además —dijo señalando a su nieto—. Tú dijiste con muy malos modos que se buscara la vida.
—Podrías habernos avisado —indicó paúl decepcionado. Saber que Valeria estaba allí le había alegrado el día. Aunque le había fastidiado la noche.
—Víctor Karl—dijo Carlisle, tomando la mano de su mujer—, si yo tuviera cincuenta años menos y mi amada esme no existiera, esa española no se me escapaba.
—Esa mujer es una bruja —respondió su nieto malhumorado—.Y una tirana sin educación.
—Pues quién lo diría, hijo —sonrió Esme a su marido—. Para ser una tirana que no tiene educación te estás preocupando demasiado por su ausencia. De todas formas, Víctor, ella se marchó a Renania hasta que el conde regrese. Contigo, cariño mío, no tiene más que hablar.
— ¿Sabes, Esme? —respondió Víctor cogiendo las llaves de la furgoneta—.El problema para ella es que yo aún no he dicho mi última palabra.
—¡Ése es mi chico! —sonrió Carlisle viéndolo salir. Había acertado. La española le gustaba.
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janessi1
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MensajeTema: te lo dije : una serie para ser protagonizada por asier etxeandia y angela cremonte   Jue Sep 24, 2015 3:58 pm

Capitulo 10: Somos Del Atlético de Madrid

Al mismo tiempo un taxista paró en la puerta del hotel donde se hospedaban las hermanas villalonga, Fernanda y Valeria sonrieron de alegría. ¡Por fin habían llegado! Tras pagar al taxista, se dieron una ducha y durmieron encantadas, disfrutando del lujo y el confort que el hotel les ofrecía. Al día siguiente, tras despertarse pasadas las cuatro de la tarde Fernanda comenzó a hacer balance de todo lo perdido, mientras tomaban unas cervezas.
—Necesito con urgencia un portátil y un móvil.
—Son casi las cinco de la tarde fernanda. Creo que lo tienes difícil.
—Para eso tengo una secretaria —dijo marcando el número de lis, que con rapidez tomó nota de todo lo que su jefa pedía y se encargaría personalmente de que llegara a Renania-palatinado al día siguiente.
— ¡Qué nivel, Maribel! —se mofó Valeria.
—Necesito reemplazar lo perdido —insistió tras colgar—. Menos mal que suelo tener copia de seguridad de todos mis documentos. Y sobre todo ¡que la copia se quedó aquí!
— ¡Ostras, fer!
— ¿Qué pasa?
—Esta noche juega el Atlético de Madrid contra el Bayer de Múnich.
—¡Qué emoción! —se mofó al escucharla.
—¡No me lo puedo creer! —dijo divertida—. Tú eras la mayor colchonera de la peña.
—Eso fue hace tiempo —respondió con desgana.
—No me jodas, Fernanda —y llevándose las manos a la cabeza gritó—. No te habrás hecho del Madrid ¿verdad?
—Eso nunca —sonrió al ver el gesto de su hermana—. Mi vida ha podido cambiar en muchas cosas. Pero papá me enseñó a adorar al Atlético de Madrid y eso es inamovible
—Ufff, menos mal. Por unos segundos temí lo peor. El relamido era del Madrid ¿verdad?
—Sí, pero nunca supo que yo era del Atlético.
—Entonces, qué —se mofó Valeria— ¿sufriendo en silencio, como las hemorroides?
-más o menos — le dijo sonriendo.
—Hoy juegan en el Vicente Calderón. Seguro que papa estaría allí —asintió Valeria mirando a su hermana—.
Su padre había sido el mayor colchonero del mundo. El mayor indio y el mayor hincha del Atlético de Madrid.
-Oye fer ¿podríamos ir a verlo?
-Seguro que lo ponen por la tele —indicó la rubia con su elegante pijama de, mientras cogía el mando.
-Por qué no vamos al pub de la otra noche —sugirió su hermana—. Seguro que allí es más divertido
-¿Tú quieres que nos linchen? El Bayer de Múnich es un equipo alemán, bonita.
-Sí lo sé. Y me importa un carajo princesita —respondió la castaña.
-¿Sabes? Llevo tiempo sin disfrutar de un partido como Dios manda- murmuró Fernanda. Durante los años que había sido novia de Goyo, nunca se le ocurrió decir que era del Atlético. Era su secreto.
—Pues ya es hora ¿no crees? —Animó Valeria—. Vamos a pasarlo bien, por favor, sé una hincha rojiblanca como papá te enseñó. Olvídate de clases, marcas y categorías por unas horas y disfruta del espectáculo.
Al escuchar aquello Fernanda sonrió. A la porra convencionalismos. Era del Atlético de Madrid y aquel partido lo iba a disfrutar, por lo que calzándose sus vaqueros de Dolce y Gabanna, una camiseta blanca de Moschino y la sobre camisa que días antes Víctor le dejó, entre risas, las dos se dirigieron hacia el pub. El ambiente aquella noche en el Mclean era animado. La rubia, al entrar, volvió a arrugar la nariz, olía a cebada. Ver un partido rodeada de gigantes alemanes al principio las intimidó. Pero de perdidos al rio se dijo a sí misma. Y con el corazón en un puño, suspiraron aliviadas al ver cómo el Bayer de Múnich fallaba un posible gol, y aceptaron la invitación de dos pintas por parte de dos hombres.
—No me gusta nada el ritmo del partido. —Se quejó Valeria.
—Pero vamos a ver —gritó Fernanda, quién tras tres pintas comenzaba a estar chisposa—. ¿Por qué no sacan a Torres? ¿Qué hace ahí sentado?
—Pobre Koke —suspiró la castaña—. Por Dios ¡no dejan de agobiarlo!
A punto del infarto estaban cuando Jiménez casi mete un gol. Eso hizo sonreír a los hombres que las habían invitado y que las observaban desde la barra.
—¡La madre que parió al árbitro! -Gritó la castaña-. ¿Cómo nos puede sacar tarjeta amarilla?
—Se la merecía tu jugador —respondió uno de aquellos tipos acercándose hasta ella—. Se la merecía por tirarse en el área.
—Yo que tu cerraría el pico, amigo —señaló la rubia molesta por aquello—. Si no quieres tener problemas con nosotras.
—De acuerdo, española —rió al escucharla, levantando las manos—. De acuerdo.
Segundos después aquellos hombres se presentaron. Sus nombres eran Quentin Spike y Joseph Lindelt. Dos ejecutivos de la General Motors que estaban de viaje de negocios en Numancia pero vivían en Berlín. El primer tiempo terminó, sacando el Múnich la ventaja de un gol. Fernanda, que se había desinhibido gracias a las cervezas (no le hicieron falta más de tres), Quentin se acercó hasta ella. Le atraía esa española y no pensaba desaprovechar la oportunidad. La segunda parte del partido comenzó.
—Hombre. ¡Gracias a Dios! —Aplaudió Valeria al ver a Fernando Torres en el terreno de juego—. Menos mal que Simeone ha despertado.
—No tenéis nada que hacer. El Múnich como equipo es superior —le susurró Joseph a Valeria. Pero antes de poder contestarle el Múnich metió otro gol.
– ¿Lo ves? No tenéis nada que hacer —asintió aquel tipo ganándose una oscura mirada de las dos hermanas. Aunque segundos después, para satisfacción del Atlético de Madrid, el gol se anuló. Algo que las hizo saltar.
-¡Toma! Eso por listo —gesticuló Valeria con el dedo mirando a Joseph.
Tras decir aquello los cuatro comenzaron a reír. Daba igual que no defendieran al mismo equipo. Aquella velada estaba siendo divertida, y Fernanda estaba disfrutando del partido como llevaba tiempo sin hacer.
– ¿Os apetece otra pinta? —preguntó Quentin.
-Sí —asintió la rubia—. La verdad es que estoy muerta de sed.
-Iré contigo —Joseph le guiñó un ojo a Valeria—. Así traeremos cuatro.
Sin apenas moverse, les vieron alejarse hacia la barra.
-Qué morbazo tienen estos dos—se guaseó la castaña—. Y yo que pensaba que eran sosos y desnataos.
—Son agradables y correctos —asintió la publicista, sin dejar de mirar el partido—. Una estupenda compañía masculina.
Aquellos hombres, al igual que ellas, estaban de negocios. Se les veía cultos y educados. Quentin era alto, moreno y con unos impresionantes ojos color avellana. Mientras Joseph era más bajo y con unas pestañas que quitaban el sentido. Ninguno era una belleza. Eran tipos normales. Pero tenían ese algo caballeroso que a las mujeres gustaba.
-¿Has visto qué sonrisa tiene Quentin? —preguntó Fernanda a su hermana.
-Es igualita a la de alguien que tú y yo conocemos.
-¡Ni de coña! —respondió Fernanda con la lengua más suelta de lo normal—. No le llega ni a la suela del zapato. Quentin es un caballero.
– ¡Que no me engañas! —sonrió al ver cómo aquella intentaba disimular—. No he dicho a quién se parece su sonrisa. Pero tú me has entendido. ¿En quién piensas?
– ¡Gollllllll! —gritó Fernanda sin poder contestar, comenzando las dos a saltar. Momentos después, el gol se anuló.
– ¡A ése le han untado pero bien! —ladró la rubia incrédula por aquello.
– ¡Joder, joder! —gritó su hermana pequeña enfadada. Quentin y Joseph regresaron con las pintas.
-Chicas, ¡lo siento! —susurró Quentin al ver sus caras de decepción.
– ¡Tú! —señaló Valeria a Joseph, que rió—. No se te ocurra decir nada o te juro que te tragas la pinta.
Estaban tan entretenidas con aquellos dos hombres, y en especial con el partido, que no se percataron de que desde hacía más de veinte minutos dos pares de ojos ceñudos las observaban. Víctor y paúl frente a ellas en la oscuridad, apenas si podían mover un músculo sin pensar qué hacían con aquellos tipos.
– ¡Qué curioso! —Susurró la publicista con la voz un poco gangosa—. ¿Eso es un trébol?
-En mi familia se dice que quien sorprende con un trébol a una mujer, será bendecido con una estupenda noche de placer—aclaró Quentin cerca de su oído. Fernanda al escuchar y sentir el aliento de Quentin tan cerca, se encogió. Llevaba meses de abstinencia, sin tener sexo con nadie. A excepción de los besos de Víctor. ¡Cómo besaba ese hombre!
Quentin creyendo que aquel gesto confirmaba su noche de placer, agarró a la rubia por la cintura y plantó un seco beso en su cuello, que la hizo estremecer, aunque no precisamente de pasión. Valeria, incrédula, miró la cara de su hermana. Estaba borracha, y tenía claro que si pasaba la noche con aquel tipo al día siguiente se arrepentiría. No lo permitiría. Así que con disimulo, grito y miró la televisión.
-¿Qué coño les pasa hoy a estos? No hacen más que perder balones y destrozar jugadas.
—Hoy no es vuestro día, española—señaló Joseph a Valeria, quién consciente de cómo la miraba, supo que buscaría en ella algo más.
—Danos tiempo ¡desnatado! —respondió haciéndole reír—. Verás de lo que somos capaces los del Atlético. En Madrid hay un dicho que dice: «De Madrid al cielo, siendo del Atlético de Madrid, primero». ¡No lo olvides!
—No lo olvidaré —murmuró Joseph leyendo los pensamientos de aquella. De pronto, sin necesidad de hablar, y conscientes de las necesidades y el deseo de cada uno, se creó algo extraño. Algo que a los dos pares de ojos que observaba entre las sombras no gustó.
-Vamos griezmann ¡vamos! —gritó Fernanda descontrolada al verle disputar un balón por lo alto. Y el momento más esperado y ansiado por fin llegó.
—¡GOLLLLLLLL! —gritaron Fernanda y Valeria, al ver a Godin batir a Vidal en un tiro cruzado. Pletóricas de alegría comenzaron a saltar. El Atlético de Madrid había empatado. En ese, momento Quentin abrazó a la publicista y la besó. Pero apenas había plantado los labios en ella, cuando un nuevo tirón los separó. «Qué asco de beso »pensó mareada, cayendo en brazos de otro hincha. Pero no pasaron ni tres segundos cuando sintió que aquellos brazos que la sujetaban, no la dejaban respirar. Tras pestañear y percatarse de quién la sujetaba, no supo que decir. Allí estaba el payaso, de nuevo mirándola con su gesto insolente. Víctor, que llevaba parte de la noche observando la chispeante alegría de Fernanda con aquel tipo, no dijo nada. Los celos le consumían y cuando vio cómo el tipo plantaba sus labios en ella, lo hubiera matado. Así que agarró a la rubia de la mano
—Tengo que hablar contigo —bufó Víctor molesto, ansiando algo más que ese beso—. Y tú, ¿qué haces dejándote manosear por ese imbécil?
—No tengo que darte explicaciones —contestó muy digna.
— ¡Eres insoportable! —susurró el moreno y sin poder detener su impulso, la beso, hasta que la publicista de nuevo lo retiró.
—No vuelvas a besarme —dijo sin mucha convicción sintiendo que deseaba más. ¿Dónde estaba su hermana? Pero pronto la respuesta llegó hasta sus ojos. Dos pasos más atrás, su hermanita estaba besándose como una desesperada con paúl que, entregado a la pasión, la cogió en brazos y caminaba hacia la salida
El moreno la miró desafiante. Estaba bebida, no borracha. Pero en sus ojos, sus mejillas, y sus palabras, se notaban algunas copas de más.
—Estoy viendo el partido con mi hermana y mis amigos —señaló Fernanda retándole con las palabras—. Por lo tanto ¡déjame ¡
—El partido ha terminado y yo no voy a marcharme de aquí sin ti.
Al escucharle decir aquello, su cuerpo entero se estremeció. No sabía qué le provocaba aquel hombre, pero su voz y su presencia conseguían que no dominara su propia voluntad. Su tacto y su mirada la excitaban, le calentaba todos sus instintos a unos límites tan insospechados, que se estaba comenzando a asustar. Era tal la lujuria que provocaba en ella, que si no hubiera sido porque él de nuevo habló, allí mismo le habría besado.
—O sales de aquí por tu propio pie —ordenó con voz ronca—, o te saco de aquí como tú ya sabes.
Aquello la despertó. Adiós lujuria. ¡Hola enfado! Provocaciones como aquélla la hacían reaccionar. No consentía que nadie le hablara así y menos aquel tipo que ya la había humillado varias veces. ¡Ni hablar!
—De acuerdo—asintió Víctor con una sonrisa triunfal. Antes de que ella pudiera hacer nada se la echó al hombro provocando de nuevo aplausos en el pub. Aquello se estaba convirtiendo en un ritual. Horrorizada, Fernanda cerró los ojos y no los abrió hasta que el aire fresco de la noche golpeó su cara. Aunque esta vez el moreno, antes de soltarla, se aseguró de no recibir ninguna patada.
– ¡Estúpido engreído! —gritó dando un traspiés.
En ese momento la rubia se percató de lo borracha que estaba. Todo giraba a su alrededor.
-¿Estás bien? —preguntó Víctor agarrándola, pero ella de un manotazo se soltó.
-Estaré bien el día que te pierda de vista. Con un incomodo silencio, Víctor clavó la mirada en la rubia, mientras ella, con la boca abierta, miraba cómo su hermana y paúl aún continuaban besándose en la esquina de la calle.
-He pensado lo que ayer comentaste —intervino Víctor.
-¿Has pensado? ¿De verdad? ¿Tú piensas? —se mofó, pero rindiéndose preguntó—. Vale ¿qué has pensado?
—Sobre el negocio que le quieres proponer al conde.
Al escuchar aquello Fernanda rápidamente le miró.¡Una pequeña luz! Sí. Sí. Eso era lo que ella necesitaba oír y con rapidez su mente comenzó a trazar estrategias. Pero la pesadez de las pintas le dificultaba pensar con claridad.
-Mañana hablaré con él —prosiguió Víctor sin apartar sus ojos de ella—. Quizá pueda saber el tiempo que estará fuera. Explícame lo que quieres y yo se lo comentaré.
-¿Harías algo así por mí? —preguntó sorprendida.
—No lo hago por ti —aclaró Víctor sus motivos—. Simplemente cuido los intereses de mi jefe, los intereses del conde.
Al día siguiente, tras pasar una noche horrible en la que todo le daba vueltas y tuvo que vomitar al final, sobre las cinco de la tarde, bajó a la cafetería del hotel donde habían quedado.
– ¿Dices que no volverá en tres o cuatro semanas? —gritó Fernanda al escuchar las noticias de Víctor.
-Si comienzas a chillarme —respondió el moreno—, me levanto y me voy.
-Vale, vale —Fernanda intentó calmarse. Marta ortega, le había dado casi dos meses. Todavía había tiempo.
-Éste es el contrato ¿verdad? —Víctor había cogido los documentos que descansaban sobre la mesa. Fernanda asintió.
-Necesito conseguir ese contrato para comenzar a rodar un anuncio publicitario.
-Pues creo que no lo vas a tener nada fácil —indicó Víctor revisando las cláusulas.
-¿Por qué? —preguntó Valeria, que hasta el momento había estado taciturna sentada junto a paúl.
-Voy a ser sincero contigo —señaló Víctor dejando el contrato sobre la mesa—. La última vez que rodaron en el castillo, ocurrieron cosas.
-¿Cosas? —Interrumpió Fernanda—. ¿Qué cosas?
-Hubo varios desperfectos en el edificio y la productora no quiso hacerse cargo de ellos —señaló paúl.
-Pero nosotros podemos incluir una cláusula que recoja la subsanación y reparación de desperfectos durante el rodaje —insistió, apuntándose aquello en un papel.
—Lo intentaré —aunque la expresión de Víctor no era de buen agüero—.Pero repito, no lo vas a tener fácil. El conde cree que la gente que se dedica a la publicidad, y al cine, no valora las genuinas cosas de la vida. Piensa que vosotros utilizáis como si fuera de usar y tirar aquello que la gente respeta y cuida toda su vida, sin daros cuenta del trabajo, el esfuerzo y el tesón que hay detrás. Su obsesión es que el castillo eltz perdure en el tiempo. Mi jefe está convencido que sois personas superficiales y sin escrúpulos, que con tal de conseguir lo que necesitáis sois capaces de vender a vuestra madre.
-Prefiero no opinar —respondió Fernanda, consciente de la verdad que encerraban aquellas palabras.
-Entiendo que no quieras opinar —prosiguió el moreno—. Tu trabajo es comerle el cerebro a la gente a través de anuncios consumistas y sexistas, que luego son tan falsos como las propias vidas que lleváis.
-Te estás pasando —canturreó Valeria al darse cuenta de la cara de su hermana.
—Seamos sinceros, princesita —indicó Víctor clavándole la mirada—. Tú quieres conseguir algo que el conde tiene. ¿Verdad?
-Sí -Fernanda se sintió de pronto acalorada con aquella mirada.
-Entonces debes ser lista y demostrarle que sabes valorar lo que él tiene y adora. Así él, podrá valorar tu empeño y tu trabajo.
Al escuchar aquello Fernanda se tensó. ¿Qué le estaba proponiendo exactamente? Porque ni loca. Ella no pensaba arrastrarse para conseguir el contrato. ¿O sí?
– ¿Sabes la diferencia que existe entre vosotras y nosotros? —preguntó paúl entrando al trapo.
-No. Dímela tú —retó Fernanda.
-¡Un momento! —Intervino Valeria—. Cuando dices diferencias. ¿Te refieres a que nosotras vivimos en una ciudad y vosotros en el campo?
-Más o menos —añadió Víctor mientras, divertido, observaba la manera como Fernanda se retiraba el pelo de la cara. Estaba preciosa y deseaba besar de nuevo aquellos labios tentadores con la misma pasión que los besó la noche anterior.
-La diferencia radica en las formas —respondió paúl.
—Y en la humildad y adaptación a cualquier medio —finalizó Víctor. Valeria y Fernanda al escuchar aquello se miraron.
-¿Qué están diciendo? —ahora fue la castaña quien habló en español, con ganas de tirarles el vaso a la cabeza.
-Nada bueno —respondió la publicista, a quien le estaban entrando ganas de salir corriendo, pero necesitaba el contrato. Ella lo había prometido a sus clientes y a sus jefes.
-Nada de trampas, chicas —regañó Víctor al oírlas hablar en español.
– ¿Acaso crees que yo no podría hacer lo que tú haces? —preguntó Valeria mirando a un esquivo paúl, quien al verla aparecer aquella mañana en lugar de saludarla con uno de los tórridos besos de la noche anterior, se había limitado a saludarla con la mano.
-Por supuesto que no —respondió paúl, dejando volar su imaginación.
-¿Me estáis queriendo decir que vosotros dos? —se mofó Fernanda—, sois capaces de hacer lo que yo hago, pero que yo no soy capaz de hacer lo que vosotros hacéis? ¡Qué estupidez!
-Te lo estoy demostrando ahora mismo —señaló Víctor—. No creo que mi comportamiento sea diferente del de cualquier otra persona que ahora mismo esté sentada en el hotel.
-¿Vosotras podríais comportaros igual en nuestro medio? ¿En el campo?
-Sois patéticos —gruñó la rubia.
—Lo corroboro —asintió Valeria gesticulando.
— ¿Sabes, princesita? —prosiguió Víctor—Años de trabajo me ha costado obtener el puesto que tengo junto al conde. Como podrás imaginar seguramente estoy acostumbrado a tratar con más gente y quizás de más alto nivel que tú.
—No me hagas reír —se mofó Fernanda.
—A pesar de tu trabajo como alta ejecutiva y temerario tiburón en el mundo publicitario… ¿Serías capaz de ordeñar vacas, cuidar del ganado, sacar adelante con tus propias manos una granja o valorar una sonrisa? Tú, princesita ¿serías capaz de eso? —preguntó Víctor sin dejar de mirarla.
«No. Creo que no», pensó Fernanda horrorizada.
—Por supuesto que sí —señaló la castaña dando un codazo a su hermana.
—Tampoco tiene que ser tan difícil —corroboró Fernanda consciente de que mentía como una bellaca—. A ver si te crees que es fácil encontrar un eslogan para que una campaña sea líder de ventas. O ganar un premio Adwords de publicidad.
—Permíteme que me ría —sonrió paúl.
—En referencia a lo que dices —intervino Valeria— imagino que hacer cualquiera de esas cosas es como todo, se aprende y punto.
—Acabas de dar con la solución para que el conde valore tu trabajo — indicó paúl con una sonrisa en los labios.
— ¿Cómo? — preguntó Fernanda algo confusa.
—Demuéstrale al conde que además de ser una eficaz publicitaria, eres capaz de hacer lo que él tanto valora —señaló Víctor—. Demuéstrale que debe confiar en ti y firmar ese contrato. Fernanda, al escuchar a Víctor, no supo si reír o llorar. Tras años trabajando en la publicidad había tenido que ingeniárselas de muchas maneras para conseguir la firma de contratos. Como la vez que necesito contratar el Circuito del Jarama para un anuncio y el promotor se empeñó en que ella tenía que darse una vuelta con él en aquella pista y en su potente Ferrari. Lo hizo. Aunque provocó que durante una semana no subiera en ningún coche. Si había conseguido sobrevivir a aquello, podría sobrevivir a esto también. Con la diferencia que esta vez serían varias semanas. Pero mejor valía eso que volver a España y tener que enfrentarse a los asociados con las manos vacías.
—¿Qué decides, princesita? —preguntó Víctor al verla tan pensativa.
—Dos cosas que espero escuches bien —respondió la rubia cuadrándose en la silla—. La primera; no vuelvas a besarme ni a llamarme princesita. Y la segunda, acepto el reto.
—¡Que Dios nos pille confesados! —susurró Valeria haciendo reír a paúl.
—En respuesta a lo primero que has planteado —señaló Víctor disfrutando de aquel reto de miradas—. Lo siento, princesita, pero no estás en condiciones de exigir nada. Pero teniendo en cuenta que no eres la mujer de mis sueños sino más bien de mis pesadillas, tranquila. Tengo verdaderas preciosidades deseosas de besarme sin yo pedirlo. Y en referencia a lo segundo. Eres valiente y eso me agrada.
—No intento agradarte a ti, tío listo —respondió, consciente de lo que había aceptado y furiosa por lo que había escuchado—. Intento agradar al conde
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janessi1
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MensajeTema: te lo dije :una serie para ser prtagonizada por asier etxeandia y angela cremonte   Jue Sep 24, 2015 5:13 pm

Capítulo 11

Aquella noche, Valeria recibió en la suite una invitación de paúl para cenar, algo que la hizo saltar ilusionada de alegría, mientras su rubia hermana disimulaba su pequeña, aunque gran decepción. En cierto modo Víctor le gustaba, algo que también le molestaba, y más teniendo en cuenta que con seguridad trataría de incordiarla una vez llegara a la granja. Cuando se marchó Valeria y se quedó sola, puso música en el equipo plateado que había en la suite y llamó al servicio de habitaciones pidiendo una ensalada y un agua sin gas. Pero segundos después volvió a llamar. Cambió el agua sin gas por una coca cola zero. La necesitaba. Pasados quince minutos llamaron a la puerta. Era la cena. Como no tenía mucha hambre cogió la coca cola y un cigarrillo y decidió darse un baño. Eso la relajaría. Pero no fue así. Sólo podía pensar en Víctor, en sus ojos y en su impertinente sonrisa. Una vez salió del baño con el albornoz del hotel puesto, abrió la tapa de la ensalada y para su sorpresa, aquello no era una ensalada, sino un bistec con patatas. ¿Volvería a estar Víctor tras aquella confusión? Por lo que cogió el teléfono con una patata frita en la otra mano, llamó a recepción e informó del error. Cuando colgó se miró en el espejo. Tenía el pelo aceptable y su imagen con el albornoz era sexy. Dos minutos después unos toques en la puerta le hicieron sonreír. Allí estaba él, por lo que abriendo la puerta con una sonrisa se quedó petrificada cuando el camarero le pedía disculpas y le cambiaba el plato. Cuando cerró la puerta no sabía qué le había molestado más. Si que él no hubiera provocado el error, o su absurdo deseo por verle. En ese momento sonó el teléfono del hotel.
—Dígame.
—Hola, peluche.
Al escuchar aquello, la patata que tenía en la mano y que aún no había llegado hasta su boca cayó a la moqueta. Era Goyo, ese alguien aparcado en su memoria a quien todavía dolía recordar, pero reponiéndose con rapidez contestó.
—Te he dicho mil veces que no vuelvas a llamarme así.
—Lo sé —asintió con voz tranquila—. Pero te echo de menos.
—Yo a ti no —respondió mientras cogía un cigarrillo. Hablar con su ex prometido le tensaba.
— ¿Cuándo vas a volver?
—No lo sé. Pero aunque lo supiera no te lo diría —se sentó y encendió el cigarrillo—. Aunque daría igual. Tu zorra particular te mantendrá informado ¿verdad?
—Fernanda, cariño —susurró Goyo—. No he vuelto a ver a Amaia. Tienes que creerme. Aquello que ocurrió en el hotel, fue algo que…
-¡Basta! —gritó malhumorada—. ¡Basta ya! No quiero volver a escuchar tu patética explicación. ¿Cuándo vas a aceptar que lo nuestro se acabó?-
—Te quiero, peluche —susurró haciéndole daño. En todos los años que estuvieron juntos, podía contar con los dedos de una mano las veces que le había escuchado aquella romántica palabra—. No puedo remediarlo. Te echo de menos. Te necesito y…
—No quiero escucharte. Adiós.
Una vez colgó el teléfono, sus ojos se inundaron de lágrimas. ¿Por qué no la dejaba en paz? ¿No se daba cuenta del daño que le hacía?
De nuevo sonó el teléfono. Aquello la enfureció.
– No quiero oírte Goyo. ¡Déjame en paz! Olvídate que existo y no.,..
—Ehhhhh, Fer. ¡Para el carro! —Gritó una voz desde el otro lado del teléfono—. Soy Roberto. ¿Qué ocurre cariño?
-Hola, Roberto -aquella voz la hizo suspirar. Una voz amiga.
—Por lo que veo, el cretino de tu ex sigue dando la plasta.
No pudo responder. Un puchero contrajo su cara, y de su garganta salió un gemido seguido por el llanto. ¿Por qué lloraba? Aquello ya estaba superado. Ya no pensaba en él. Pero cuando creía estar fuerte, Goyo atacaba y su parte sensiblera la destrozaba.
—Venga, Fer. Odio encontrarte así y no poder hacer nada —se quejó su amigo sintiéndose inútil en la distancia—. Venga, cariño. Respira. Inspira. Respira. Inspira. Conmigo puedes llorar, gritar y maldecir, lo sabes ¿verdad?
—Sí —susurró Roberto a secándose las lágrimas.
—Ahora sé buena y dime qué ha hecho para que estés llorando, cuando tú eres la mujer más fuerte que he conocido en mi vida.
—Ya lo sabes.
—Fernanda Villalonga Zubizarreta —insistió Roberto —. Sabes que no nado en la abundancia, pero no voy a colgar el teléfono hasta saber qué te pasa. Hace un momento hablé con tu madre y me contó una historia sobre vacas, pérdida de móviles, etc.
—Es verdad —susurró. Sentía nuevas ganas de llorar—. Todo lo que mamá te contó nos ha ocurrido. Pero mañana a primera hora me llegan dos móviles, y un portátil. Por cierto, tendremos los mismos números, díselo a mamá.
—Estoy esperando —canturreó Roberto.
A partir de ese momento Fernanda relató punto por punto lo ocurrido desde su llegada a Escocia. Le habló de Víctor y de Paúl, y de su particular relación con ellos. Tentada estuvo de colgarle el teléfono al escuchar las carcajadas de aquel, mientras le contaba el episodio de las vacas comiéndose la capota, o del pijama de tomates y las bragas de cuello vuelto.
¡Por Dios! —se secaba las lágrimas Roberto —. Lo que me estás diciendo es lo más divertido que me has contado nunca. Y dices que mañana os iréis a la granja hasta que llegue el conde.
—No tengo otro remedio Víctor dice que si quiero que el conde se fíe de mí eso es lo único que puedo hacer.
-¿tu hermana está cenando ahora con Paul?
—Sí. Se pondrá furiosa cuando sepa que has llamado y no ha hablado contigo. Quería contarte un montón de cosas.
—Ya imagino. Ya —sonrió al escucharla—. Oye. Por curiosidad. ¿Cómo es el cromañón ese de Víctor? ¿Es guapo?
—Pssssss —susurró Fernanda—. Nada del otro mundo
-¡Vamos Fer! —se mofó Eric al escucharla tan dudosa—. Desde aquí veo cómo tu nariz comienza a crecer. Al escuchar aquello la rubia sonrió tocándose la nariz. Roberto, al igual que Valeria, la conocía bien. Por lo que decidió sincerarse.
—Lo que te voy a contar es top secret, y si alguien dice que ha salido de mi boca, lo negaré hasta la saciedad. ¿Entendido?
-¡Palabrita de Niño Jesús!
—Pues bien, Víctor es el típico hombre en el que yo no me hubiera fijado en mi vida. Es alto, fuerte y algo bruto. Tendrá unos cuarenta años y es la mano derecha del conde. Creo que le gusta trabajar en el campo y es muy familiar. Tiene buen físico, pero no tiene pinta de ir al gimnasio. Su pelo es corto y moreno
—Por Dios, Fernanda… ¡que interesante lo pintas!
—Tiene unos ojos marrones de un color tan intenso que a veces parece que te traspasan. Sus labios son finos y suaves y tiene una sonrisa preciosa—dijo recordándole—. A todo ese cóctel de desbordante testosterona masculina añádele que es arrogante, prepotente, mandón, exigente, seguro de sí mismo, y un machote que presume de tener una enorme lista de mujeres deseosas de sus atenciones.
-¡Uau, qué morbo! —exclamó Roberto desde el otro lado del teléfono.
Cuando terminó de describir a Víctor, se dio cuenta de que era todo lo opuesto a Goyo; un niño de bien, al que le habían dado todo masticado. Nunca se había preocupado por nadie excepto por el mismo… Le gustaban los buenos vinos, los restaurantes caros, los coches de alta gama y vacaciones en islas paradisíacas. Definitivamente Víctor y Goyo nada tenían que ver.
—Ahora entiendo tus lágrimas —se mofó Roberto —. Te has dado cuenta de que el que creías que era el hombre perfecto durante todos estos últimos años, no le llega a ese cromañón ni a las suelas de los zapatos ¿verdad? Por eso llorabas.
—Anda ya. ¿Estás loco? —se quejó Fernanda al escucharle.
— ¡Qué pena que no sea gay! Yo estaría encantado de explorar esos labios finos y ese cuerpo musculado
—Cómo está mamá —rió Fernanda cambiando de tema—. Esta mañana, cuando hablé con ella, parecía tener prisa.
—Bueno —titubeó Roberto —. Nuestra Diane Lane particular está bien. Yo diría que maravillosamente bien.
—Oh… Oh… —se alertó Fernanda al escucharle—. Cuéntamelo todo ahora mismo. O me cojo el primer avión de vuelta a Madrid. ¿Qué le pasa?
-nada malo, solo que creo que tiene un pretendiente. De todas formas fiffy y yo le estamos haciendo un seguimiento de cerca.
—Quiero estar al tanto de todo, Roberto —señaló con seriedad—por favor, vigílamela que la veo muy sola y no quiero que se junte con ningún mamarracho-
Al escuchar aquello Roberto tuvo que hacer esfuerzos por no carcajearse. Silvia tenía un gusto excelente y eso no se lo negarían sus hijas cuando supieran quién era su pretendiente.
—Tranquila, Fernanda. Fiffy y yo la cuidamos muy bien. Por cierto, dile a Valeria que la echamos de menos.
–nosotras te echamos mucho de menos a ti. Un beso y hasta pronto.
Tras colgar se quitó el albornoz del hotel, se puso su pijama de seda de Armani y se sentó ante la ensalada. Pero no tenía hambre. Por lo que, cansada, se acostó en la enorme cama Queen Size, pensando en las torturas que le traería el nuevo día. Durante el viaje a la granja de Esme, la rubia estuvo todo el camino callada. Aún recordaba la cara de guasa de su hermana cuando le contó lo que Roberto había insinuado sobre su madre, aunque omitió la llamada de Goyo. No le apetecía hablar de aquello. Por mensajería urgente le había llegado el móvil y el portátil desde España. Algo que le alegró, volvía a estar informatizada y eso la hacía sentirse mejor. Cuando Paúl y Víctor aparcaron frente al hotel para recogerlas, por unos instantes Fernanda estuvo a punto de salir huyendo. ¿Qué iba a hacer ella en una granja? Pero al final, tras pensar en el contrato, con paso seguro y custodiando su maleta, llegó hasta la furgoneta.
—Buenos días —saludó el moreno con gesto taciturno.
—Buenos días —respondió Fernanda.
Una vez en la carretera, paúl y Valeria se encargaron de llenar con sus risas y sus conversaciones el espacio para relajar la tensión.
-¿Sabes, Fer? Anoche coincidimos con Víctor y una de sus amigas en un pub.
Al escuchar aquello la rubia se tensó, aunque segundos después se relajó. No quería que nadie se diera cuenta de cómo aquello le afectaba. Debía de recordar por qué estaba allí, y punto.
-Me alegro -respondió al ver cómo el alemán la miraba a través del espejo retrovisor.
-¿Por qué os fuisteis tan pronto? Tu amiga parecía pasarlo bien -volvió a preguntar Valeria.
—Teníamos cosas que hacer —respondió Víctor molesto.
—No lo dudo —asintió Valeria—. Tania estaba como loca por meterse en la cama contigo. Hubieras alucinado Fernanda. No veas qué pulpo de mujer.
—Hoy parece que hará un día estupendo —señaló Paul para cambiar de tema.
—Era una azafata italiana ¿verdad? —insistió la castaña.
-Sí-Víctor estaba viendo la mala leche de aquella mujer. Igual a la de su hermana. La noche anterior, Víctor había quedado con Tania, una amiga. Estaba harto de pensar en la rubia, pero fue peor el remedio que la enfermedad. Tras la cena, se encontraron con Paul y Valeria en un pub, y fue consciente de cómo la castaña lo miró. No le preguntó. Pero supo lo que pensaba sólo con mirarle los ojos. Por lo que, aburrido, se despidió de su primo y de Valeria y se marcharon hacia el hotel de Tania. Una vez allí, tras inventarse un problema de última hora, Víctor salió escopetado para el hotel. El resto del camino transcurrió sin ningún comentario mordaz. Y cuando llegaron a la granja, los ladridos de Stoirm y los aplausos de Esme, Rosalie y alguno de los jornaleros llenaron el ambiente.
«Dios santo. Mi pesadilla ha comenzado», pensó la rubia. Todos las recibieron con alegría aunque el más feliz era Carlisle, quién al verlas las abrazó con cariño. Víctor subió los equipajes hasta la habitación. Ocuparían la misma que días antes. Al marcharse coincidió con Fernanda en la puerta, y tras cerrarla se apoyó en ella para mirarla.
— ¿Qué haces? —preguntó Fernanda, dejando el portátil encima de la cama.
—Quería tener unos momentos a solas contigo.
— ¡Qué emoción!
—Sólo quería decirte que me parece muy valiente lo que vas a hacer, y que no olvides que cualquier cosa que necesites, estoy aquí.
— ¿Algo más?
«Insolente», pensó Víctor al mirarla.
—Tendrás que cambiarte de ropa. No creo que con esos tacones puedas moverte por la granja —dijo mirando los zapatos rojos tan sexy que llevaba.
—Ese será mi problema, no el tuyo. ¿No crees?
— ¿Qué te pasa? —preguntó Víctor, que dio un paso hacia ella.
—No me pasa nada
Víctor Karl, al escucharla tuvo que sonreír. Era tan diferente del tipo de mujer que frecuentaba, que eso era lo que llamaba su atención.
– Me importa un bledo con quién te acuestes, y con quién salgas. ¿Por qué voy a estar celosa de ti? ¡¡Eres libre¡¡ —gritó levantando las manos. Aunque antes de bajarlas, ya tenía al moreno poseyendo su boca como sólo él sabía y a ella le gustaba. Sin darse cuenta bajó sus manos y las posó con suavidad sobre aquel pelo sedoso y rebelde que tantas veces deseaba acariciar.
—Oye, princesita —susurró, echándole para atrás la cara—. Me alegro que no estés celosa. Porque entre tú y yo nunca habrá más que esto.
-Te he dicho mil veces que no me beses -indicó sin convicción—. Por qué te empeñas en continuar haciéndolo.
—Un beso más, preciosa. Uno más —rogó Víctor.
Posando sus labios con delicadeza sobre los de ella, disfrutaron de un beso lento y seductor, cargado de deseo y altas dosis de pasión.
—Ejem… ejem —tosió una voz a sus espaldas que hizo que ambos se separaran.
Ante ellos estaban Esme, Paul, Valeria, Rosalie y Carlisle, quienes con unas sonrisas divertidas entraron en la habitación sin hacer ningún comentario al respecto. Momento en el que Víctor, tras mirarla durante unos segundos, se marchó. Aquella noche Esme preparó unos exquisitos filetes de pollo acompañados por verduras.
A la mañana siguiente, todo el maravilloso buen rollo de la noche anterior se convirtió en una tortura cuando Esme fue a despertarlas.
—Un ratito más, Esme —se quejó Valeria volviéndose a tapar.
A Esme las muchachas le daban pena. No llegaba a entender todavía por qué sus nietos las habían traído allí de nuevo.
—Pero si todavía es de noche —protestó la rubia bostezando.
—Venga, venga, perezosas -regañó cariñosamente la mujer-. El trabajo en una granja comienza muy temprano. A duras penas Fernanda se levantó. Y como una autómata se dirigió hacia el baño donde permaneció media hora y salió con el albornoz puesto, los dientes lavados y el pelo peinado. Valeria seguía en la cama. Después abrió el pequeño armario donde la noche anterior guardó su equipaje y miró su ropa. La rubia al ver su vestuario se acordó que no había puesto los pantalones de chándal que se había comprado el día anterior y maldiciendo y viendo que nada podía hacer optó por ponerse unos vaqueros de Moschino, una camiseta de manga larga de color rosa y una sudadera beige Luego miro sus zapatos que consistía en botines oscuros de Gucci. Los zapatos rojos de Manolo Blahnik, unas converse y zapatillas rebook. Finalmente opto por las zapatillas de deporte. Se recogió el pelo en una coleta alta, y cuando estuvo lista volvió a despertar a su hermana, quién al verla vestida saltó de la cama, disculpándose por su pereza. Valeria, cuando se lavó la cara y volvió al cuarto y la miró extrañada. En ese momento se abrió la puerta. Era Rosalie. Aquella desastrosa y masculina chica de cejas pobladas y pelos tiesos como escarpias.
—Que guapa. ¿Te marchas?
—Esto va a ser un desastre —gimió Fernanda sentándose en la cama—. Pero qué hago yo aquí. ¿A quién quiero engañar?
—Yo te veo muy guapa —la consoló Rosalie, acercándose a ella—. Pero si no quieres estropear tu ropa yo puedo dejarte algo mío.
«Antes muerta que con tu pinta», pensó la rubia, pero se guardó mucho de decirlo. Nunca había conocido a una muchacha tan dejada como aquélla. Parecía tener unos ojos claros, pero aquellas tupidas cejas a lo cepillo de los zapatos eran todo un desastre. Su pelo estaba seco, y mal cortado. Las uñas, parecían las de un camionero. Todo eso sin contar su desastrosa forma de vestir.
-¡No! No quiero dejarte sin ajuar-casi gritó Fernanda-. Con mi propia ropa me vale.
Quince minutos después bajaron. Allí estaba Esme, trajinando en la cocina junto a ella estaban desayunando Carlisle, paúl, Víctor, Emmet y Tyler.
-Ya era hora -se quejó Paul al verlas aparecer—.Se supone que habéis venido para ayudar en la granja, no para estar dos horas poniéndoos potingues en la cara. Al escucharle Valeria lo miró. Estaba cansada y muerta de sueño. Apenas se había arreglado y aquel idiota la recibía así.
—Mira –le señaló con el dedo—. Sólo te lo diré una vez. Ten cuidado por las mañanas conmigo, si no quieres tener problemas.
Al escuchar aquello, Emmet y Tyler prorrumpieron en carcajadas. Paul enfadado y sin decir nada, se levantó y se marchó.
—Eso, como los burros. Sin decir adiós —se quejó Valeria al verle salir.
— ¿Dónde vas tan elegante? —preguntó Víctor, mirando a Fernanda.
«Tierra trágame» pensó al escucharlo. Aquel paleto provocador no iba a hacerle fáciles los días. Así que tenía dos opciones: a) mandarlo a paseo, con lo cual comenzaría mal el día, o b) hacerse la tonta, con lo que se provocaría una úlcera, pero seguramente la dejaría en paz. Eligió la b.
—Voy vestida de sport. No tengo otra cosa que ponerme —y tonando una taza de leche que Esme le daba preguntó—. ¿Es de soja o de avena?
Al escuchar aquello la anciana extrañada la miró.
—Es de vaca -señaló la mujer.
—¡Fer por dios!-murmuró Valeria en español—. Pilla la taza y cierra el pico.
Fernanda, fabricando una de sus sonrisas, cogió la taza y oyó que Esme murmuraba mientras volvía a la lumbre.
—Esa ropa no volverá a ser lo que era tras un día en la granja.
Víctor también la escuchó.
—Rosalie seguro que estará encantada de dejarte algo de su ropa- propuso, intentando no sonreír.
—No hace falta, tendré cuidado —señaló Fernanda, mirando con recelo la leche.
—El que avisa no es traidor, princesita —murmuró el moreno
—Tómate el vaso de leche, muchacha —animó Carlisle— te dará las energías necesarias para enfrentarte a una manada de lobos.
La publicista, cerrando los ojos, recordó técnicas de Taichí. Necesitaba relajarse, o su carácter de víbora iba a prorrumpir en la cocina de un momento a otro. Al abrir los ojos miró el reloj de cocina. Las cinco de la mañana ¿Qué hacía ella despierta a esas horas? Pero huevos, se repitió; «tres semanas, máximo cuatro y contrato conseguido».
-Muy bien -señaló Víctor levantándose y mirando a las hermanas villalonga
-. Mañana procurad ser más puntuales, ya deberíamos estar haciendo cosas, y no perdiendo el tiempo aquí. Esme, al ver el gesto divertido de su marido movió la cabeza. No estaba conforme con aquello, pero poco podía hacer. Los muchachos así lo habían decidido y ella sólo tenía que callar y observar.
— ¡Vámonos! —indicó Víctor poniéndose una cazadora marrón.
— ¿Dónde vamos con el frío que hace? —se quejó Fernanda.
-Al campo. Debemos arreglar la valla de los caballos y luego echar de comer a las vacas-indicó Rosalie calándose un gorro de lana hasta las orejas.
«Oh Dios mío, caballos y vacas ¡voy a morir!», pensó la rubia a punto de desmayarse. Pero sin decir nada salió temblando.
— ¿Has visto que pinta lleva para trabajar en el campo?— sonrió Carlisle.
— ¡Calla! No quiero hablar de ello —protestó Esme.
—Esa muchacha se congelará -se carcajeó Carlisle al ver cómo huía de Stoirm.
—Si le pasa algo será gracias a vosotros-Esme estaba enfadada con todo aquello, así que salió de la cocina y lo dejó a solas. Víctor que conducía la furgoneta de una manera un tanto brusca, miraba por el espejo retrovisor a las muchachas. En especial a Fernanda, quien callada, tenía la misma pinta de quien va al patíbulo a morir. Cuando paró el coche, la publicista estaba pálida. A punto del desmayo. Algo que no pasó desapercibido por nadie. Pero todos callaron.
-Bajad del coche-Dijo Paul, quién por sus modos parecía no estar de buen humor-. No podemos perder más tiempo.
-Hoy no es tu día ¿verdad simpático? -preguntó Valeria molesta, pero el pelirrojo no le contestó. Se limitó a mirarla y a callar. Al poner el pie en el suelo. Fernanda sintió cómo sus zapatillas se hundían en el barro, pero sin decir nada, siguió a Rosalie, que se movía con tranquilidad por aquel lugar.
– Ahí encontraréis alambre y las herramientas necesarias para tensar y asegurar. Poneos los guantes, y comenzad a traer aquellos palos-indicó hacia el árbol-. Iré a dejar a los chicos en sus puestos, y dentro de un rato volveré para ver qué tal vais.
-¿Vas a dejarnos solas?-preguntó Fernanda, tiritando de frío.
—Rosalie y Stoirm se quedarán con vosotras-indicó conteniendo la risa. Una vez dijo eso, se montó en el coche y arrancó, dejándola sin palabras.
-Apuesto cien euros a que antes de dos horas están llorando —se carcajeó Tyler.
—Te doblo la apuesta-contestó Emmet dándole la mano.
—La triplico-se carcajeó Paul, observándolas por el espejo retrovisor.
-chicos-se mofó Víctor-. Doblo todas a que esta noche quieren volver a su casa.
Una vez la furgoneta azul se marchó, Rosalie fue la primera en hablar.
—Creo que deberíamos repartir el trabajo-indicó rascándose el cuello-. Una que vaya a por el alambre, otra que traiga las estacas y la tercera que clave con el mazo-
Poco tiempo después comenzaron la tarea con la ayuda de aquella extraña mujercita. Pasadas dos horas, habían conseguido clavar seis estacas y poner varios trozos de alambre, el cielo se despejó, y un sol espléndido las calentó. Los vaqueros y la chaqueta de Fernanda estaban hechos una pena. Pero lo peor eran las zapatillas. Esme tenía razón. Aquella ropa no volvería a ser lo que era. Sobre las nueve de la mañana, como nadie había vuelto a dar señales de vida, estaban sedientas y hambrientas, Rosalie se ofreció voluntaria para ir en busca del almuerzo, ella conocía las tierras, por lo que dejando solas a Fernanda y Valeria con Stoirm, se alejó.
-No sé qué hago aquí -se quejó la publicista quitándose los guantes.-Mira qué ampollas tengo. Mis manos necesitan crema con urgencia.
—Yo no las tengo mejor que tú, pero no soy tan alarmista-le dijo su hermana
— ¡Perro! aléjate de mí —gritó Fernanda a Stoirm. De pronto un coche comenzó a acercarse hacia ellas y Stoirm comenzó a ladrar.
-Hola, señoritas-saludó un hombre de gesto agradable bajando del coche-. ¿Se han perdido?
-Ojalá eso fuera verdad —susurró Fernanda.
—Vaya-se acercó el hombre hasta ellas—. Ustedes deben ser la visita de Carlisle y Esme. Encantado. Mi nombre es James. Soy el médico de Dornie, Keppoch e Inverinate.
—Encantada. Mi nombre es Valeria-saludó levantando la mano. Fernanda estaba demasiado ensimismada en sus manos como para prestarle atención.
— ¿Qué le pasa?-preguntó el médico al ver cómo la rubia se miraba las manos.
-Tengo unas horribles ampollas que me están matando-suspiró, tan deprimida que aquel hombre sonrió.
-Eso lo soluciono yo en un periquete-dijo sacando del coche una caja de pomada—. Déjame ver dónde tiene esas ampollas. ¡Vaya! La verdad es que no era nada pequeñas. Te estás destrozando las manos.
Primero echó suero en la mano para limpiarla y con una gasa aplicó con cuidado la pomada, repitiendo la misma operación en las de Valeria. Una vez finalizó la cura las miró con una sonrisa.
—Guardaos está pomada. Esta noche os la volvéis a aplicar y veréis cómo en un par de días habrán desaparecido.
—Mi nombre es Fernanda Villalonga sonrió—. Gracias por tu ayuda.
Al decir aquella palabra, la rubia se sorprendió. ¡Estaba dando las gracias!
-Encantado de conocerte -asintió mirándola a los ojos-. Pero vosotras no sois alemanas-indicó interesado en ellas. Sobre todo en la castaña-. ¿De dónde sois?
—Españolas —señaló Fernanda.
— ¡Vaya! Me encanta España. Sobre todo la tortilla española y la paella.
—Típico de guiris —sonrió Valeria al escucharle.
– No hables de comida en estos momentos que estamos muertas de hambre.
-Vosotras no sois mujeres de campo. ¿Qué hacéis aquí?-preguntó con curiosidad.
—Es una historia muy larga- la publicista sabía que no había forma de explicarla-. Y algo complicado para explicar con el hambre que tengo.
-Lo siento-sonrió al escucharla y acercándose dijo-.Déjame ver. Y le tomó la mano para colocarle un apósito, y viendo lo delicada que era, se preguntó qué hacía una mujer como aquella arreglando una valla. El sonido de un motor llenó el ambiente. Era Víctor con Rosalie, y al ver a James tomándole la mano a la rubia aceleró.
-Vaya-susurró James al ver la furgoneta acercarse—. Creo que os traen provisiones, se acabó vuestra hambre.
-Menos mal- Valeria ya no sabía qué hacer con su estómago-.Estaba ya por morder un trozo de la valla. Bajándose del coche con la gorra puesta, Víctor se dirigió hacia ellos con una falsa sonrisa en la boca.
—Hola James -saludó poniéndose al lado de Fernanda—. ¿Qué haces por aquí?
—Voy camino al hospital-respondió sin apartarse de donde estaba- y como verás he tenido que hacer un par de curas de urgencia en el camino.
—Has sido muy amable-señaló Víctor nada cortés—. Pero ya puedes continuar tu camino.
-James ha sido tremendamente cortés con nosotras —protesto Fernanda, sin entender por qué aquellos dos se miraban de aquella manera.
-Se me hace tarde-dijo al fin el médico caminando hacia su coche—.Encantado de haberte conocido Valeria.
—Lo mismo digo James. Gracias por tu amabilidad.
—Fernanda, ha sido un placer. Quizás nos volvamos a ver -la sonrisa que le lanzó el joven molestó al moreno.
-Seguro-asintió la rubia con maldad- por estos lugares conozco a pocas personas tan educadas como tú.
—Este fin de semana un amigo organiza una fiesta en honor de su nuevo hijo. Sería maravilloso que vinierais.
— ¿No le importará que nos presentemos? —preguntó Fernanda con curiosidad.
—Los Maxwell son como de la familia —contestó Víctor entregándole la chaqueta—. Póntela o cogerás frió.
— ¡Qué divertido! —sonrió Valeria.
—No quiero ponérmela. Tengo calor —no le estaba prestando el más mínimo interés al moreno. Era más divertida la fiesta—. Quizás vayamos.
—De acuerdo -al fin James se montó en el coche—. Entonces allí nos veremos.
Cuando se alejó, Valeria estaba sonriendo, mientras Fernanda cogía una botella de agua para beber. Estaba sedienta. Tras aquello Víctor se metió en su coche y se marchó. Cuatro horas después la furgoneta volvió, únicamente ocupada por Tyler y por Emmet. Regresaron a casa de Esme para comer, aunque Valeria y Fernanda no se pudieron ni mover una vez se tumbaron en la cama.
Capitulo 12
El sábado después de comer, cuando Víctor y Paul se marcharon, Fernanda le comentó a Esme la supuesta fiesta en casa del tal Maxwell. La anciana, sorprendida por el interés que las muchachas demostraban por ir, habló con Tyler quién amablemente se ofreció a acercarlas al lugar. Sobre las siete de la tarde, ataviadas con los mejores vaqueros que tenían, las hermanas Villalonga se subían al coche de Tyler. Cuando llegaron a la casa de los maxwell, James, el médico, se sorprendió. Estaba convencido de que no aparecerían, en especial por la actitud de Víctor. Pero, encantado con su presencia, les presentó a Mary y Jonás Maxwell, los dichosos padres de Curt, un bebé de 5 meses.
— ¡Qué monada! —sonrió Valeria mirándole—. Es precioso, cuchichichi.
—Y comilón —señaló Mary tomando al bebé en brazos—. No para de comer.
—Se le ve gordo —puntualizó Fernanda sin mucha emoción.
— ¿Quieres cogerlo? —le preguntó Mary.
—Oh, no… no… -se disculpó incómoda-. No me gusta coger bebes tan pequeños.
—Yo sí quiero cogerlo-a Valeria le encantaban—. ¿Puedo?
—Claro que sí —Mary se lo pasó con cuidado—. Es muy bueno, ya lo verás.
—Voy por algo de beber —indicó James—. ¿Qué os traigo?
—Cerveza —pidió la castaña embobada con el bebé —. Cucú tras, cucú tras…
—Voy contigo —Fernanda prefirió alejarse de aquel lugar. No soportaba a los bebes y menos cuando los adultos comenzaban a gorgotear tonterías como su hermana.
— ¿Puedo hacerte una pregunta?
—Por supuesto.
— ¿Qué hacéis tu hermana y tú trabajando en la granja de Carlisle?
—Uff… —sonrió al escucharlo—. Para acortar todo el rollo, digamos que lo hacemos por negocios. Pero James ¿tan raro es ver gente extraña por estos alrededores?-preguntó Fernanda, que se había sentido el centro de atención desde que llegó.
-Si te soy sincero, no es normal ver a mujeres como vosotras arreglando cercados-sonrió cuando empezaron a sonar las primeras gaitas.
—En eso te doy la razón —asintió Fernanda—. Eso no es normal.
Dos horas después, las hermanas Villalonga bailaban con James y un amigo, cuando de pronto Valeria, tocó el brazo de su hermana, y habló.
—Oh… oh… —dijo señalando mientras se reía—. Creo que llega la caballería.
Al seguir la mirada de su hermana vio a Víctor, a Esme y a Paul bajar de la furgoneta azul, y a Rosalie corriendo hacia ellos. Jonás Maxwell, al verlos entrar, les estrechó la mano con cariño y beso a Esme. Pocos segundos después la mirada divertida de Fernanda, se encontró con la de Víctor, que la miró ceñudo.
— ¿Es tu novio? —preguntó James al ver aquel cruce de intenciones.
«Qué guapo está» había pensado Fernanda al verlo llegar vestido con un traje negro con una camisa blanca y una corbata azul. Le gustara reconocerlo o no, tenía estilo; palabras que nunca iban a salir de su boca.
— ¡Ja! -le contestó a James apartando la mirada del moreno— Ya quisiera ese.
La enemistad de James y Víctor se había ocasionado años atrás a causa de una mujer. La mujer de Paul. Desde entonces la rivalidad entre ambos era patente. No se soportaban, aunque intentaban respetarse, y aun siendo familia procuraban no cruzarse en sus caminos. Pero el día que James había visitado a Carlisle y supo que había dos muchachas extranjeras allí alojadas, la curiosidad le pudo, y a pesar de la rivalidad existente, Esme le hizo partícipe del secreto de Víctor, algo que no compartía, pero que por respeto a la familia, debía guardar.
–es el tipo más irritante que he conocido en mi vida. Entre tú y yo. No veo el momento de perderlo de vista. Es arrogante, estúpido, y un prepotente al que hace falta que le bajen los humos.
—Cada vez entiendo menos -sonrió James consciente de que pensaba como él.
—No intentes entenderlo -sonrió Fernanda—. ¡Es imposible!
La pieza de música acabó, y la publicista y su hermana intentaron descansar, pero aquellos bulliciosos alemanes no se lo permitieron.
—Buenas noches, Víctor —saludó James acercándose hasta él.
— ¿Qué quieres? —preguntó apretando los puños.
—Tranquilizarte, aunque ella me ha dicho que está libre.
Víctor, al escucharlo, se volvió hacia él, momento que aprovechó Paul para interponerse entre ellos.
— ¿Podemos tener la fiesta en paz? —y señalando a James con gesto duro indicó—. Haz el favor de no tocar las narices, si no quieres que te las toquen a ti. ¿Vale?- después se volvió hacia su primo—. Y tú cambia ese gesto hosco porque aquí nadie pertenece a nadie ¿vale?
—Voy a por otra cerveza -contestó el moreno alejándose y en ningún momento se acercó a la rubia, aunque se sorprendió al ver que todos conocían el secreto que debían guardar. Se dedicó a bromear con algunas de las muchachas que revoloteaban delante de él, mientras con disimulo observaba a Fernanda que parecía divertirse con James y sus cultivados amigos. Había demasiadas cosas de ella que lo desquiciaban, pero sentía una atracción hacia ella que no llegaba a comprender. Fernanda disfrutaba hablando con James, pero un extraño nerviosismo le hacía buscar con la mirada a Víctor más veces de las que ella quisiera. Tenía que reconocer que era un hombre atractivo. A media noche, las más ancianas entre las que estaba Esme, iniciaron un “juego” familiar: Emparejar a los jóvenes solteros para bailar. Aquel “juego” se repetía cada vez que se celebraba la llegada de una nueva vida. Las ancianas observaban a las parejas bailar y una vez concluida la pieza elegían a la que, según ellas, tendría un feliz futuro junto. Con picardía las ancianas comandadas por Esme emparejaron a Víctor con Fernanda, y a Paul con Valeria.
—Esme, no quiero bailar con él —protestó la rubia.
—Pues tienes que hacerlo—le contestó la anciana, divertida.
-Sabes que yo no creo en estas cosas-dijo Víctor que intentaba mantenerse al margen de aquello.
—No me importa-dijo sin más Esme—. Pero recuerda que tu abuelo y yo, sí.
Después la música comenzó. Víctor tuvo que ponerle las manos en la cintura a Fernanda, que resopló contrariada al apoyar sus manos en aquellos hombros anchos. Sin dirigirse la palabra ni mirarse, comenzaron a moverse al compás de la música. Poco a poco y gracias a la dulzura de la pieza que sonaba, la rigidez se fue alejando, y sus cuerpos, atraídos cómo por un imán, se acercaron. Fernanda que disfrutaba del momento, involuntariamente soltó un gemido que hizo sonreír a Víctor. Aquello fue el principio de una dulce tortura. Las ancianas, por unanimidad, decidieron que la mejor pareja eran ellos, por lo que tuvieron que continuar con el “juego”.
— ¿Qué tengo que hacer ahora? —gritó Fernanda al escuchar a la anciana.
—Abuela —protestó Víctor—. No pienso continuar con esta tontería.
Valeria y Paul, no pudieron remediar reír a carcajadas cuando Esme, con una picara sonrisa, les guiñó el ojo y entregó a su nieto una pequeña cajita azul.
-Escuchadme un momento-dijo señalando a Víctor- tienes que regalarle algo en señal de tu buena voluntad, y tú -miró a Fernanda- lo tienes que aceptar.
— ¡Esto es ridículo! —masculló la publicista intentando alejarse—. Nunca me han gustado estás chorradas.
—Venga, Fer —se mofó Valeria—. Deja de gruñir y disfruta el momento.
—Así es la tradición —animó la anciana—. Ahora id a refrescar un poco vuestras gargantas. Cuando llegue el momento os avisaré.
— ¡Vaya con Esme! —se mofó Paul al ver a su primo tan abrumado-.Nunca la había visto tan bruja —y acercándose a Víctor le susurró—. Debe ser que todo se pega.
Víctor le gustara o no, tenía que reconocer que la fiereza que la publicista mostraba se convertía en dulzura y sensualidad cuando estaba entre sus brazos, y que prefería ser él quien la abrazara y no el idiota de James o algunos de sus amigos. Media hora más tarde el segundo pasó, se debía de cumplir. Por lo que Fernanda y Víctor, más contrariados que otra cosa, se plantaron ante todos sin saber qué decir. La situación era tan ridícula que al final fue él quien habló.
—Princesita, sígueme el juego.
—Eh… —susurró Fernanda confundida.
—Bueno amigos, gracias a mi adorada abuela y sus compinches -señaló, haciendo reír a las ancianas— voy a tener que hacer esto me guste o no-y volviéndose hacia Fernanda, que horrorizada no sabía a dónde mirar, dijo tomándole la mano-. Cumpliendo una tradición familiar, te entrego este regalo en señal de mi maravillosa voluntad. Ábrelo y dame lo que en su interior hay.
— ¿Ahora? —preguntó avergonzada.
—Si quieres que esto acabe —siseó Víctor—. Cuanto antes lo abras, mejor.
Tras mirar a su hermana que disfrutaba emocionada de aquella absurdez, abrió la pequeña cajita azul y desconcertada sacó dos argollas procedentes de las latas de Coca-Cola. Con cuidado, como si fuera algo muy frágil, se las entregó.
—Fernanda-Dijo tomándole la mano-. Prometes ante todos que nunca-recalcó aquella palabra.- te casarás conmigo.
«Antes muerta, creído» pensó Fernanda enarcando las cejas, mientras las ancianas, y en especial Esme, les miraba con el ceño fruncido.
—Sí. Lo prometo —respondió con gesto de contrariedad.
Ahora le tocaba a Fernanda coger la argolla que Víctor con amabilidad le ofrecía.
—Promete ante todos que nunca te casarás conmigo.
—Por supuesto —se carcajeó el al responder—. Sí que lo prometo.
Esme, incrédula por la jugada de aquellos dos, protestó.
— ¡Eso no vale!
– Tú dijiste que yo debería regalarle algo en prueba de mi buena voluntad y ella debía aceptarlo. ¿Qué parte no hemos cumplido abuela?
—El beso —retó la anciana con la mirada—. Aún falta el beso. Pero no un beso cualquiera. Queremos un beso en condiciones
— ¡De tornillo! —gritó Paul aplaudiendo.
—Si… sí… de película —le siguió Valeria.
Con resignación, Fernanda, para sorpresa de todos, cogió a Víctor por el cuello y deseando terminar con aquello, le besó en los labios con rapidez.
— ¡Ea! —gritó tras aquello—. Ya está.
Pero este con un brillo especial en los ojos que hizo aplaudir a Esme, miró a Fernanda. Sus labios mostraban una sonrisa peligrosa, que se acentuó al darse cuenta de que James no sonreía. Después la sujetó para que no se marchara
—Lady Dóberman, tú me has besado como se besa en España. Ahora, si me lo permites, te besaré yo como se besa en Alemania, y como manda la tradición-y atrayéndola hacia él, la besó dulcemente en la boca sin que pudiera poner resistencia, mientras todos a su alrededor chillaban y aplaudían.
—Más sabe el zorro por viejo que por zorro —se carcajeó Paul al ver cómo su abuela, encantada, aplaudía.
— ¿Estás seguro de que Esme no es española? —comentó Valeria divertida. Tras el beso los dos se separaron. No se volvieron a dirigir la palabra el resto de la noche, pero ambos fueron conscientes que lo ocurrido sería inolvidable. El lunes llovía a mares y el trabajo volvió a ser criminal. Trabajar en el campo, junto a infinidad de animales y en especial de bichos, era algo para lo que Fernanda no había nacido. El miércoles tenía tan mala cara que Esme le indicó que debía quedarse en la cama. Tenía fiebre, pero no quería darle el gusto a Víctor, por lo que se vistió y bajó a la cocina.
— ¡Por todos los santos, muchacha! —Dijo la anciana—. ¿Qué haces aquí?
— ¡Fer! —Valeria se mostró tajante—. Te hemos dicho que te quedes en la cama.
—Estoy mejor —dijo con voz tomada—.no os preocupéis.
—Pero por Dios, pero si respiras igual que Darth Vader —se mofó paúl.
-y tú eres Chewaka-a pesar de lo mal que se sentía, la rubia tenía el cargador lleno.
—Si estás más caliente que la parrilla del McDonald -gritó su hermana al ponerle la mano en la frente.
—Qué graciosos estáis hoy —puntualizó la enferma.
—Tómate esta leche-Esme le entregó un vaso humeante-y sube a la cama.
—Muchacha —sonrió Carlisle por aquellos comentarios—, creo que lo más acertado es que te metas en la cama y sudes. Si no te cuidas puedes empeorar.
—Basta-apenas tenía fuerzas para imponerse- He dicho que estoy mejor.
Víctor, que hasta el momento había intentado no hacer ningún comentario, pensó lo mismo que todos. Fernanda no tenía buena cara.
—Fernanda —la llamó.
— ¡por Dios! —grito volviéndose hacia él—. No iras tú darme el sermón también.
—No. Yo directamente te voy a llevar a la cama —y sin darle tiempo a reaccionar se la echó al hombro.
— ¡Suéltame! —Gritó, enfadada— ¡Suéltame ahora mismo!
—Muy bien, Skywalker —rió Paul— Lleva a la princesita a su trono.
Al entrar en la habitación, la soltó con cuidado.
—Eres un energúmeno —gritó Fernanda molesta—. ¿Por qué has hecho esto?
—Porque estás enferma. Hoy llueve, y en tu estado no serías de mucha utilidad.
— ¡Maldita sea! —gritó, pero el arranque de furia le hizo toser.
—Deja de hacerte la valiente y métete en la cama de una vez —le indicó Víctor.
—No me da la gana —estaba caprichosa, y se plantó cruzando los brazos.
—Esa cabezonería tuya es odiosa —dijo Víctor acercándose a ella—.Tienes cinco minutos para quitarte esa ropa, ponerte el pijama y meterte en la cama.
— ¿O qué? —retó ella echando fuego por los ojos.
—Si no lo haces, me veré obligado a desnudarte yo mismo.
Al escucharlo y ver su mirada, y en especial su sonrisa, se quedó sin aliento.
– Sal ahora mismo de la habitación. ¡Pervertido!
—Un poquito de sentido del humor como el de tu hermana te vendría muy bien, princesa -al final abrió la puerta para marcharse a trabajar—.Métete en la cama, y suda ese constipado o si no te perderás el viernes tu fiesta.
— ¿Qué fiesta?
—La noche de brujas-respondió riéndose—. Una buena bruja como tú no se la puede perder. ¿No crees?
Incrédula por lo que le había oído, tiró un cojín contra la puerta, pero el moreno sonriendo, cerró antes de que le diera. Sin poder evitar una sonrisa, la rubia se desnudó. Todo era tan absurdo a veces, que tenía que sonreír, pensó antes de quedar profundamente dormida. Los dos días siguientes consiguieron que Fernanda se restableciera. Dejar de madrugar y sobre todo de empaparse bajo la lluvia hizo que su salud volviera a ser la que era. Durante aquellos días se divirtió hablando con Carlisle y con Esme, quienes resultaron ser unos excelentes conversadores, y en sus ratos de soledad cogió su portátil para intentar preparar nuevos proyectos y todas aquellas cosas que siempre quedaban pendientes por hacer o por terminar. El viernes treinta y uno de octubre todos se preparaban para la tradicional noche de brujas. Fernanda al principio estaba reacia a participar de aquella estúpida fiesta pero al ver cómo poco a poco la casa se llenó de gente extraña, la mayoría disfrazada, no le quedó más remedio. Valeria, con la ayuda de Esme y de Rosalie, se había disfrazado de bruja, formando un terceto perfecto con las otras dos. Sobre las diez de la noche mientras Carlisle hablaba con un par de amigos, mucha gente comenzó a bailar y Fernanda, con un ridículo gorro de bruja calado en la cabeza, observó a su hermana bailar con un tipo disfrazado de gato negro. Era Paul. Aquellos pelos rojos no pasaban desapercibidos.
-¿Quieres bailar?
Al volverse se encontró con Víctor, vestido de vampiro, que le tendía la mano. Sin saber por qué, accedió y durante las 3 horas siguientes no paró de reír, de bailar y de bromear con él, quien se había manifestado como un excelente bailarín y una buena compañía.
— ¿Te diviertes? —preguntó Víctor bebiendo de su cerveza.
—Sí. Es la primera vez que asisto a una fiesta de disfraces.
— ¿En tu lujosa vida nunca has ido a una?
—Nunca —respondió mirándolo—. No me gustan.
—Pues tu disfraz de bruja es de lo más real —su comentario era malvado—. Tus ojos maquillados, y ese pelo rubio, son de lo más demoníaco.
—No pienso enfadarme por nada de lo que me digas hoy ¡drácula!
—Mmmmm… esa venita tuya del cuello —dijo haciéndola reír— cuando late me encanta. En ese momento un chico se puso ante ellos.
— ¿Quieres bailar? —preguntó un chico mirando a Fernanda.
—No quiere-Dijo Víctor
—Pues claro que quiero bailar —intervino ella y antes de que el moreno pudiera decir nada, salió junto a las fogatas y comenzó a girar y a reír con aquel joven. Apoyado en el tronco del árbol Víctor la observó. Verla reír era algo a lo que estaba poco acostumbrado y cuando la pieza de música acabó y vio que otro chico la tomaba del brazo y comenzaba de nuevo a bailar con ella, no le gustó. Pero manteniendo a raya su disciplina, esperó a que la pieza acabara para llegar hasta ella y recuperarla.
—UHF —suspiró la publicista—. ¡Estoy agotada!
— ¿Quieres que vaya a por una cerveza? —se ofreció el moreno.
—No, déjalo —dijo tomando la de él—. Si me das de la tuya me vale.
Dio un trago mientras el sudor corría por su frente, sin saber lo sexy que estaba en ese momento. Víctor no podía apartar los ojos de ella.
—Por cierto —dijo la rubia—. Te recuerdo que puedo bailar con quien yo quiera. No soy tu novia ni la de nadie.
-¿Quién es nadie? —y deseando probar algo le entregó su botella—.Sujétame la cerveza, princesita, ahora vuelvo.
Con una sonrisa en la boca, Fernanda la cogió, pero cuando vio que una chica de unos veinte años caminaba hacia él, lo besaba en la mejilla, y ambos se ponían a bailar, deseó estamparle la cerveza en la cabeza. «Pero bueno. Tendrá morro» pensó molesta
– ¿Estás escaneando a Víctor con la mirada? —preguntó Valeria acercándose a ella.
-Pues no va y me dice que le sujete la cerveza y se va a bailar con esa chica—bufó.
—Hace unos segundos estabas tú bailando con otro tipo.
Cansada de verlo sonreír mientras bailaba con aquella joven, se levantó.
—Ven. Vayamos a bailar —animó Fernanda arrimándose a un par de chavales. Estos rápidamente las invitaron a entrar en el corro.
La rubia respiraba con dificultad por la ajetreada música, pero intentó sonreír a su acompañante hasta que por fin terminó la pieza de música.
— ¡Qué fuerte, hermanita! —sonrió valeria acercándosele.
— ¿El qué? —preguntó agotada.
—La mirada laxante que te ha echado tu alemán.
— ¿Laxante? —repitió Fernanda divertida.
—Sí, chica. Laxante, porque cuando te mira te cagas. ¡Dios! Porque no lo has visto, si no te habrías dado cuenta de lo furioso que estaba.
— ¿Bailas conmigo, preciosa bruja? —preguntó Paul cogiendo a Valeria de la mano.
—Anda, ve a bailar con Chewaka —animó Fernanda haciéndole sonreír. Sola, se encaminó hacia el cubo de las bebidas, y tras meter la mano entre los hielos, sacó una tónica. Paseando la mirada por la mesa buscó un abridor, cuando de pronto sintió que le quitaban la tónica Era Víctor, que la abrió con un abridor.
—Gracias, Drácula.
—De nada, bruja —respondió él, y tomándola por el brazo empezó a caminar con ella hacia la oscuridad.
— ¿Dónde me llevas?
—A ningún lugar.
Pero cuando estaban lo suficientemente lejos de las miradas de todos, la apoyó contra el tronco de un árbol, cogió con sus manos su cara y la besó. Al principio se sintió tan sorprendida por aquel acto, que no supo reaccionar. Pero la cercanía de Víctor tardaron poco en volverla loca. Soltando la cerveza, que se derramó en el suelo, lo besó de tal manera que el moreno notó que le roba el aliento, la voluntad y la cordura. Así que antes de hacer una locura, tras darle un último beso en los labios, se apartó de ella.
— ¿Por qué has hecho eso? —preguntó Fernanda que respiraba con dificultad.
—Necesitaba besarte —no podía dejar de mirarla.
—Me creas una tensión enorme ¿Por qué no te alejas de mí? ¡Dios, qué tensión!
— ¿Sabes, princesita? Para acabar con la tensión lo mejor es un buen revolcón. Aunque me temo que una bruja como tú necesita demasiados-le dijo con rabia. Al escucharlo, la rubia se quedó sin habla, pero aún podía atacar.
— ¿Sabes? Follar es como jugar al mus. Si no tienes una buena pareja, por lo menos que Dios te dé una buena mano. Víctor la miró sorprendido por su rapidez en buscar algo hiriente, y tras mirarla unos segundos más, dándose la vuelta, se alejó. La fiesta para él había terminado.
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janessi1
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Fecha de inscripción : 18/07/2012

MensajeTema: te lo dije una serie para ser protagonizada por asier y angela   Mar Nov 24, 2015 9:50 pm

CAPITULO UNO : LA BODA ACCIDENTADA

-Padre Tomas, padre Tomas-casi grito la mujer menuda, rubia y de eterna sonrisa-. ¿a que hora podemos venir a la catedral?
-a la que ustedes quieran, señora-dijo el párroco sin inmutarse.
-¡mama, por favor¡-se quejo Fernanda apurada y ordenándole callar.
-Silvia querida-pareció querer aclarar Marisol, la futura suegra de Fernanda-. La empresa que organiza la boda se encargara de todo.
-cuando se caso mi sobrina en la preciosa iglesia de los jerónimos con Javier Morenes Botín la empresa hizo un arreglo floral maravilloso con tulipanes frescos traídos especialmente de holanda menciono Francisca Costa de Linaza amiga de Marisol.
-¡vaya¡-sonrío Silvia, la madre de Fernanda que no sabia como acertar con aquellas finolis-. Y para que fueron hasta Holanda, con las flores tan bonitas que tenemos en España-y antes que una abochornada Fernanda pudiera decir nada-. Si alguna vez queréis flores de las buenas, la gitana de mi barrio tiene de todo sin necesidad de ir hasta Holanda.
-seguro que si- a Marisol no podía dejar de desagradarle aquella mujer-. Pero repito, las flores de la boda serán preciosas.
-No lo dudo ¡chata¡- puso punto y seguido ganándose una mirada reprochadora de su hija mayor-. Pero como madre de la novia exijo saber como son.
En verdad tampoco le importaba tanto, pero si creía que esa pija de la moraleja la iba a callar.¡lo llevaba claro¡.
-mama ¡cállate de una maldita vez¡-le grito Fernanda con la vena del cuello hinchada ¿Por qué su madre no se podía callar?. La estaba dejando en ridículo.
-Fernanda, cielito-alardeo su suegra con petulancia.-Quiero que sepas que los encargados de organizar la boda son los mismos que organizaron la boda de la hija de José María Aznar.
-eres un encanto Marisol. Tu siempre tan atenta-contesto Fernanda que espero que con aquella respuesta su madre se diera por vencida y finalizase . Pero no fue así
-Silvia-continuo Marisol clavando en ella sus gélidos ojos oscuros, tan iguales a los de su hijo-. Yo soy una mujer muy exigente y para la boda de mi hijo exijo lo mejor ¡cueste lo que cueste¡-afirmo y miro a sus amigas quienes asintieron-. Quiero que mis 715 invitados, todos gente ilustre recuerden la boda de mi Goyo como un evento maravilloso ¿acaso no quieres lo mismo para tus 10 invitados?-.En esto ultimo había mas veneno que en las glándulas de una familia numerosa de cobras del desierto.
-por supuesto -no se achanto Silvia, aunque si se mostró incrédula con la poca educación de aquella idiota y lo que mas quería en aquel momento era meterle uno de los candelabros del altar por donde la espalda perdía su casto nombre. Pero tras mirar a su primogénita, a quien notaba incomoda por su presencia disimulo con dignidad la sensación de inferioridad que aquellas pijas le hacían sentir y prefirió no decir nada .
-los organizadores-añadió Marisol con malicia-. Tienen muy claro que esto es la catedral de la Almudena. No una iglesia de barrio.
-¡no me digas¡ a Silvia le estaba costando la vida estarse callada-.¡que clasistas¡
Para Fernanda aquello empezaba a parecerse mucho a su peor pesadilla mientras su pulso palpitaba a mil revoluciones. Necesitaba aire.
-Disculpadme un minuto. Tengo una llamada de trabajo-las interrumpió apretando los labios y dirigiéndose hacia una pequeña puerta lateral.
-yo también tengo que hacer una llamada urgente-se disculpo su amiga Amaia y con una estudiada sonrisa salio detrás de Fernanda. Cuando llego a su altura la encontró híper ventilando
-¡esto es una pesadilla¡. jadeo la novia que abrió su bolso negro de Gucci. Necesitaba un cigarrillo o reventaba-.¿a que esta jugando mi madre? Dios ¡¡por que no se calla¡¡-
-tranquilízate Fer, solo esta dando su opinión-susurro su amiga
-todo es culpa de Lis, la idiota de mi secretaria-bufo rabiosa-.por su culpa mi madre esta aquí. A la puta calle la voy a mandar cuando regrese ¡¡a la puta calle¡¡
-escúchame y respira-dijo Amaia quien con solo pensar en tener una madre como Silvia, palideció de horror.-mañana es tu gran día ¡el día que llevamos planeando desde hace un año¡ tu solo piensa en lo guapa que estarás con esos dos preciosos vestidos de Rosa Clara-. Pero la cara de Fernanda no decía eso
-mañana todo va a salir mal, ¡¡ lo se Amaia¡¡. Lo intuyo
-no digas tonterías. Estarás tan guapa que nadie se fijara en ciertos personajes. Y cuando Goyo te vea no podrá apartar los ojos de su peluche preferido-le dijo Amaia. Peluche ,“peluchito“. Así la llamaba Goyo en la intimidad. Pocas personas lo conocían excepto Amaia. La primera vez que Fernanda y Goyo se vieron en una famosa tienda de muñecas situada en la gran vía madrileña. Amaia y ella compraban un enorme peluche de color azul para Luna, una amiga. Y fue tal el flechazo que Goyo sintió que la persiguió día y noche, hasta que consiguió una cita con ella.
-espero que tengas razón-asintió aceptando el abrazo de su amiga-. Gracias Amaia, eres maravillosa. Siempre sabes lo que necesito.
Era cierto Amaia a diferencia del resto del mundo, la entendía. Se habían conocido en una cena de empresa, diez años atrás, convirtiéndose desde entonces en intimas amigas. Aquella era la época en la que estaba sola, muy sola. Amaia era siete años mayor que Fernanda además de la hermana del director de su empresa, algo que en cierta forma le arreglo la vida. ¡para que negarlo¡. Aquella poderosa mujer la tomo bajo su protección, la moldeo a su imagen y semejanza y le ayudo a entrar en un mundo selecto y lleno de lujos que ella nunca hubiera esperado conocer. Con el tiempo cuando los asociados de la empresa animados por Amaia le ofrecieron una oportunidad, y ella fue lista y la aprovecho.
-Para eso estamos las amigas-respondió Amaia, mientras subida en sus taconazos observaba a Goyo aparcar su biplaza negro para poco después salir y acercarse a ellas
-buenos días señoritas-dijo aquel hombre alto, moreno y de ojos oscuros
-¡Goyito¡-exclamo Fernanda mientras se escabullía del abrazo de su amiga para sonreír a su guapo y adinerado prometido.
-¿Qué te ocurre peluchito?-pregunto tras un casto beso
-tu suegra esta ahí dentro-señalo Amaia, antes de que Fernanda pudiera contestar
-entiendo-asintió torciendo el gesto -iré entrando, antes de a que a mi madre le de un ataque-. Y tras una breve sonrisa a a su novia, Goyo entro entro en la catedral. Nunca le había gustado la madre de su futura mujer, y estaba seguro que a su madre tampoco. En efecto, nada mas entrar en la catedral las encontró junto al altar cuchicheando sobre la decoración de la iglesia. Se acerco a ellas con su mas higiénica sonrisa.
-hola mama-le dijo para segundos mas tarde dedicarle una fría pero caballerosa sonrisa a Silvia-.¿algún problema, “querida” suegra?
-ninguno “querido” yerno-respondió Silvia con la misma frialdad y mirándole directamente a sus ojos oscuros. No se soportaban. Lo sabían y procuraban dejarlo claro en sus escasos encuentros. Silvia estaba segura de que Goyo intentaba separarla de su hija pero ella no estaba dispuesta a permitirlo. Era su hija mayor y la amaba
-Goyito hijo-murmuro Marisol mientras Amaia con su espectacular traje de Armani se acercaba-. Tu suegra esta preocupada porque duda de que la empresa que organiza la boda decore bien la iglesia-
-querida suegra-contesto Goyo acercándose a ella-. Tu solo preocúpate de llegar mañana sobria a las cinco que del resto me ocupo yo.
Tras mirarse con odio durante unos segundos, Silvia con una fría y retadora sonrisa, se volvió hacia el padre Tomas. Necesitaba un poco de cordialidad aunque solo fuera en una mirada . Al mismo tiempo Fernanda intentaba calmar su ansiedad. La presencia de su madre en la catedral la llenaba de inseguridades ¿en que estaría pensando su suegra?. La rubia se apoyo en la pared y pensó en lo fácil que todo hubiera sido si Goyo no se hubiera dejado embaucar por su madre. Pero no. Al final aquello se convirtió en un bodorrio de 725 invitados. Marisol, su suegra, se había encargado de que la petición de mano apareciera publicada a todo color en la revista hola. Precisamente aquello había sido el detonante para que su madre y algunas vecinas de toda la vida, se enteraran de su boda.
-vaya, vaya. Mi hermana pecando como los mortales-. Fernanda al escuchar aquella voz se puso aun mas tensa ¡su hermana pequeña¡. La especialista en problemas acababa de aparecer. Así que solo tuvo que levantar la vista para encontrarse con la guasona sonrisa de Valeria, que se acercaba a ella con su amigo Roberto
-¡no me lo puedo creer¡-grito Fernanda al ver la indumentaria de su hermana-.¿Cómo se te ocurre parecer así vestida? ¿acaso no sabes donde estas?-
-¡te lo dije¡-le advirtió Roberto a su amiga, y dando un beso a Fernanda se posiciono entre las dos
-si pero yo dije que mi hermana llevaría moño alto y traje oscuro de marca-respondió Valeria cogiendo los cinco euros que Roberto la entregaba
-¿Qué coño hacéis aquí? os encanta joderme la vida ¿verdad? -replico la aludida mirándoles con odio
-nos encanta ver como se te infla la vena del cuello, si-se mofo Roberto
“llevo tiempo sin verte y sigues igual de borde querida hermana” pensó con amargura Valeria acercándose a ella en plan tregua para darle un beso, pero Fernanda se movió para rechazarla con la mala suerte de que la mano de Valeria dio en el cigarro y este a su vez, se aplasto contra la camisa de seda azul de Fernanda.
-¡por dios Valeria¡-grito Fernanda al ver la quemadura- tu sabes cuanto cuesta esta camisa ¡¡ vale 180 euros¡¡ -
-¡serás idiota¡-respondió indignada-. Y yo me he quemado la mano, ¡pero claro¡ es mas importante tu carísima camisa de marca ¿verdad pija insensible?-grito sin importarle la gente que pasaba por la calle
-ya estamos-suspiro Roberto, que ya sabia lo que se avecinaba-. Comienza la lucha
-¡prefiero ser como soy¡-grito Fernanda que miro las oscuras ojeras de su hermana- a ser como tu una fracasada aspirante a escritora que tiene que dar clases de literatura en un instituto publico para poder comer. ¡¡perdedora eso es lo que eres Valeria ¡¡-
-¡serás bruja¡ y..-
-¡¡futura señora bruja para ti¡-interrumpió Fernanda con altivez-.y por cierto ¿Cómo te atreves a venir al ensayo de¡¡mi boda en la Almudena¡¡ con vaqueros y una camiseta de los iron Maiden-
-porque sabia que no te gustaría ni a ti ni al imbecil de tu novio-afirmo agriamente
-¡¡cuidado con lo que dices Valeria porque ese imbecil va a ser mi marido¡¡
-¡basta ya¡ no podemos estar toda la vida así-intervino Roberto intentando poner paz
-tienes razón-asintió Valeria y mirando con dureza a su hermana espeto.-me piro de esta comedia absurda. Pero antes te voy a decir una cosita, señorita triunfadora. Si estoy aquí es porque mama me lo ha pedido, no porque yo quiera nada que ver contigo ni con tu nueva familia-
Fernanda al escuchar la amargura en la voz de su hermana pequeña, supo que se había pasado. Pero era incapaz de dar marcha atrás
-¿Qué ocurre aquí?-pregunto Silvia, quien al escuchar las voces había corrido hacia la puerta seguida por Goyo y Amaia-.¡vaya¡ pero si han llegado mis otros dos tesoros- y sintiéndose mas segura miro al estirado de su yerno-.iré a avisar a tu madre. Estoy segura de que le encantara conocerlos. Con una desafiante sonrisa y antes de que nadie pudiera moverse Silvia desapareció en el interior de la catedral
-¡vaya pintas¡-se mofo Goyo tras una barrida de arriba bajo
-como suelte por mi boca lo que yo pienso de la tuya-respondió Valeria.-ten por seguro que lo vas a lamentar cuñadito-
-creo que es mejor que nos vayamos-murmuro Roberto acercándose a Valeria quien temblaba a pesar de su aparente tranquilidad. Habían pasado dos años desde su ultimo y desafortunado encuentro pero aun le dolía recordar como Fernanda le negó ayuda a su madre alentada por Goyo cuando esta llego al limite de su adicción
-val, val. ¿aprenderás alguna vez modales? Preguntó Amaia acercándose a Fernanda quien callada observaba la escena-. Si sigues así conseguirás ser mas vulgar que tu madre. Es mas ya hueles a barato-
-¡serás desgraciada¡-la insulto Roberto con desprecio
-si no te importa sanguijuela recauchutada-aclaro Valeria que no podía soportar a ninguno de ellos y mucho menos a Amaia-. Mi nombre es Valeria y no vuelvas a insultar a mi madre nunca mas y menos delante de mi-y volviéndose hacia Fernanda espeto-. Siento vergüenza de ti Fer ¿Cómo puedes permitir que hablen así de mama?-
En ese momento se escucharon voces de mujer y Roberto no estaba dispuesto a que Silvia se enterara de lo que ocurría, fue el primero en reaccionar
-Silvia, estas guapísima-corrió a besarla-. Pero que muy guapa, ese vestido te sienta fenomenal. Pareces una artista-
-gracias tesoro-sonrío luciendo su vestido de zara. Silvia Zubizarreta a pesar de sus 55 años y de una vida no muy fácil, era una mujer atractiva y resultona
-hola mami-saludo Valeria mordiéndose la lengua. Odiaba a esa gente pero le gustara o no el relamido de Goyo iba a ser su cuñado. Y con paso lento y cuchicheos, el grupo heterodoxo de invitados entro en la catedral para ensayar lo que seria en palabras de Mónica la boda del año. Una hora mas tarde, Fernanda tras llamar a la oficina y vociferar de mala leche a Lis, paro un taxi. De camino al hotel, mientras escuchaba a su madre hablar con Roberto sobre su nueva peluquería, observo con disimulo a su hermana. Se había cortado el pelo y estaba mas delgada y lucia unas ojeras espantosas. Ajena a todo Valeria miraba por la ventanilla ¡odiaba tener que seguir con aquella farsa¡ pero era incapaz de dejar sola a su madre en un momento así. Cuando el taxi paro frente al hotel palace, Fernanda fue la primera en bajar
-mama prométeme que no le pedirás al camarero una bolsa para llevarte lo que no te comas y que no beberás-le dijo su primogénita sin ningún tacto
-por supuesto Fer-respondió Silvia, que iba ya agarrada a Roberto quien al escuchar aquello sonrío. Todavía recordaba la ultima vez que asintieron junto a una boda. Silvia tuvo langostinos congelados para un mes
-mama no bebe desde hace un año¡ idiota¡-bufo Valeria molesta por aquel comentario notando como la mirada de su madre le pedía tranquilidad
-de todas formas procurad no decir nada ni hacer nada que pueda comprometerme.
-y tu no olvides que aunque seamos de barrio, tenemos educación-respondió Valeria
-mas os vale-dijo Fernanda sin inmutarse y caminando con paso firme al hotel. De pronto sintió como la piel se le erizaba ¿Qué hacían sus jefes y los compañeros de paddle de Goyo allí?. Como pudo dibujo una sonrisa, poco antes de que las manos de Alejandro un conocido de Goyo, la agarraran y se la llevaran
-¿quieren un canapé ?-dijo un camarero dirigiéndose a los recién llegados-. Señora Villalonga, señor García. Roberto miro aquella cara
-¡anda vecino¡-quien lo reconoció fue Valeria-.¿Qué haces aquí?-
Roberto cayo en la cuenta. Aquel chico era el vecino cañón del bloque de Valeria
-Alberto-consiguió balbucear Roberto-. No sabia que trabajaras aquí.
-llevo seis meses-respondió a la vez que indicaba a Silvia donde estaba los baños-. Y vosotros ¿Qué hacéis en un lugar como este con lo mas fino de Madrid?
-el idiota de mi cuñado-respondió Valeria desconcertándole
-¡camarero¡-grito en ese momento Amaia acercándose a ellos tiesa-. Deja la charla y haga el favor de traerme un Martini seco, sin aceituna
-enseguida señora-respondió el chico y dejando la bandeja en una mesa se marcho.
-¿Dónde habrá aparcado la escoba?-murmuro Valeria señalando a Amaia
-seguro que ni la aparca. La pliega y se la mete en el culo. Así consigue ir tan tiesa-respondió Roberto comenzando a reír. Pero las risa se les congelo cuando vieron como Alberto estaba siendo recriminado por Amaia y Fernanda
-¡soy alérgica a las aceitunas¡-vocifero Amaia con prepotencia-.Y si por tu incompetencia hubiera dado un sorbo de esa copa , ahora mismo estaría en urgencias.
-deberías poner mas atención a tu trabajo-asevero Fernanda-. No olvides que trabajas en el Palace . No en un Burger. Si no estas capacitado para saber lo que es una aceituna, deja este trabajo ¿has entendido?-
-si señora. Lo siento señora no volverá ocurrir-se disculpo por enésima vez Alberto. Y tras una señal de el maître desapareció, momento que aprovecho un angustiado Roberto para ir tras el. Una vez entraron a las cocinas, Alberto abrió la puerta de una pequeña sala y tras cerrarla con frustración, dio un par d puñetazos a una mesa. Roberto comprendiendo su frustración le toco el hombro y le invito a sentarse. Momento en que Alberto comenzó a contar detalles de aquellos pijos
-¡¡malditas víboras¡¡- se quejo Alberto que se encendió un cigarrillo -.como dice mi abuela “dios las cría y ellas se juntan” pero sabes que es lo mejor de todo que la rubia hace honor a lo de que son tontas porque no tiene ni idea de que la otra víbora y el imbecil de su novio tienen una suite privada que visitan muy a menudo-.
Al escuchar aquello a Roberto se le pusieron los pelos como escarpias y sin saber que decir o que a hacer con dicha información.
“dios mío que hago..¡la que se va a montar¡” pensaba el joven.
No muy lejos de las cocinas Valeria, todavía alucinada por el comportamiento de su hermana mayor, cojio una copa de cava. El tiempo que estuvo sola se dedico a observar el mundo de triunfadores en el que se movía Fernanda. Trajes de marca, relojes ,coches de lujo. Ostentación y mas ostentación.
-¡estoy flipando Roberto¡-dijo cuando este se acerco.-pero si esas horteras van vestidas como los que cantaban “amo a laura”-
-tengo un noticia-Roberto a pesar de la excitación hablaba en voz baja, mirando a ambos lados-.cuando te lo cuente no te lo vas a creer Valeria
-si vas a decirme que las tetas de aquella rubia son falsas, ya lo se-respondió sin percatarse de la inquietud de su amigo-.¡por dios si parecen dos naranjas¡-
-Valeria, escucha. Me ha dicho Alberto que..
-que lugar mas interesante-interrumpió Silvia acercándose hasta ellos
-si mama. Es como estar en el museo de los horrores. Y antes de que ninguno pudiera decir nada Silvia cojio un cenicero con el logotipo del hotel y se lo guardo en el bolso
-¡mama¡-exclamo Valeria
-hija son preciosos. Además tienen un montón no se darán ni cuenta
-esa lámpara Silvia-se mofo Roberto-.te quedaría genial en el recibidor
-¡¡maldita sea¡¡. Me he traído el bolso pequeño-sonrío con picardía
-disculpen-tosió alguien justo detrás de ellos, haciendo que se paralizaran
-mi encantadora futura nuera acaba de revelarme que ustedes son su familia
“joder, joder nos ha pillado” pensó Valeria antes de responder
-pues va a ser que si-asintió tapando a su madre
-mama-dijo Fernanda agarrada del brazo de aquel hombre que les había hablado-.quería presentarte a mi futuro suegro Celso González de Jerez. Director de este hotel y dueño de varios hoteles entre ellos el zouk-. Celso era un hombre de alto, bien vestido y con una sonrisa bonachona. Algo que impresiono a Silvia
-encantada de conocerte señor González-saludo Silvia con amabilidad
-llámame Celso ¡por favor¡-aclaro guiñándole un ojo
-de acuerdo-asintió ella pestañeando de tal forma que Fernanda casi se atraganto-.Celso quiero aprovechar la oportunidad de decirte que tienes un hotel precioso-
-gracias Silvia ¿puedo llamarte así, no?- bajando la voz, mientras ella asentía bajo la atenta mirada de sus hijas-.de todos los hoteles que poseo y dirijo este es mi favorito. Siempre he pensado que este hotel tiene un encanto especial. Esas palabras provocaron una sonrisa en ella por su parte Roberto pensaba “¿ esta ligando?”
-unos amigos que vinieron a Madrid-dijo para parecer interesado-.quedaron encantados con el hotel.
-me alegro escuchar eso, muchacho-aunque seguía con sus ojos clavados en Silvia que se afanaba en cerrar un bolso a punto de explotar-. Intentamos dar a nuestra clientela el mejor servicio. En los últimos meses hemos incluido sistema wifi, servicio 24 horas, minibar, servicios de mayordomo, además de un maître y un sumiller excepcionales-
-contratar a Philippe brac como sumiller ha sido una buena decisión-dijo Fernanda segundos antes de que una amiga de su suegra la tomara de la cintura y se la llevara.
“¿Por qué todos se la llevaban?”. pensó la rubia con frustración
-Celso a riesgo de parecerte inculta?-pregunto Silvia.-¿Qué es un mosiller?
-¡¡mama¡¡-exclamo Valeria volviendo la cabeza para comprobar que Fernanda no la había escuchado. Cuando de repente sus ojos marrones se clavaron en su futuro cuñado y en el hombre que estaba con el ¿Por qué se miraban así?
-eso es lo que quería contarte-susurro Roberto como si la hubiera oído su pensamiento.-parece ser que el machote de Goyo tiene mas pluma que un pavo real
-querida Silvia-continuo Celso ajeno a lo que hablaban Roberto y Valeria-.un sumiller es el profesional que se encarga de comprar el vino para nuestro restaurante y sugerir a nuestra clientela que vino beber en cada comida-.
Ajena a todo Valeria apenas podía creer lo que le había contado Roberto. ¿Goyo era gay? ¡¡imposible¡¡. Su hermana se había vuelto una pija y una clasista pero ¿ciega y tonta también?. Pocos segundos después el maître les indico que podían pasar al salón. Fernanda desde su posición vio como su hermana y Roberto se sentaban en un lateral de la mesa. Y le dio un vuelco al corazón cuando vio que su suegro, tras unas palabras con el maître, se dirigió hacia ellos acompañados de su madre, quien para desgracia de la rubia se sentó a su lado, Goyo se sentó junto a su madre y Celso y ella entre su suegro y su madre quienes en toda la comida no pararon de sonreír, bromear y hablar. Pero cuando creyó que todo estaba controlado, el corazón le latió desbocado al ver animado por Marisol , Celso llamo al sumiller y le pidió para Silvia diferentes vinos de degustación. Horrorizada miro a su suegra que con una frialdad digna de cruella de vil, la reto con la mirada. ¿Por qué hacia eso? ¿acaso no sabia del problema de su madre con el alcohol?. Mientras tanto Silvia que podía ser humilde pero no tonta, sonrío ante aquella mala jugada de su consuegra.
“la muy bruja” pensó dando unas palmaditas en la mano de su primogénita para tranquilizarla y sorprendentemente le confeso a su futuro consuegro que ella no podía beber nada de alcohol porque estaba en proceso de desintoxicación de tan oscuro vicio. Celso tras escuchar aquello la animo a seguir con su rehabilitación y llamando de nuevo al sumiller y ante la rabia de de Marisol le indico sin dar explicaciones que no trajera los vinos de degustación. Por mientras Roberto y Valeria centraron sus miradas en Goyo y viendo incrédulos como este sonreía hacia Amaia y su acompañante, el hombre al que minutos antes lanzaba extrañas miradas.
-¡por dios¡-exclamo Roberto en voz baja.-pero si se están haciendo un trío delante de todos. Se miran con mas morbo que vergüenza.
-¡no me lo puedo creer¡. Al engominado le gusta la carne y el pescado
-el pescado que le gusta-asintió Roberto observando al rubiales de 1,80 metros y musculoso-. Tengo que decir que es fresco muy fresco.
-¿crees que Fernanda lo sabe?-pregunto al verla hablar con su suegro, sin percatarse de aquel tonteo
-yo creo que no tiene ni idea-respondió su amigo pinchando ensalada de bogavante con guacamole-.recuerda lo que ocurrió cuando se entero de que Luis se la pegaba con la hija de la panadera
-pobre chaval-sonrío Valeria al recordarlo.-creo que lo dejo estéril de por vida
-tu hermana esta tan absorta con su trabajo y en demostrar que es una de ellos que no ve nada mas- y dándole un codazo para llamar la atención de Valeria-. Allí van la recauchutada y el pescado fresco-
En ese momento un camarero les pregunto si habían acabado y ambos asintieron, para segundos después tener ante ellos un exquisito segundo plato
-¿esto que es?-pregunto Roberto cuando el camarero se fue
-aquí pone que es atún rojo con tocino ibérico sobre el perfume de romero
-dios que pintaza tiene Valeria
-ya te digo Roberto, mejor que lo que estoy mirando yo seguro-le contesto ella meneando la cabeza hacia Goyo. Incrédulos observaron como este se levanto de la mesa y desapareció por la misma puerta en la que lo había hecho Amaia y el atún fresco. Valeria soltando disimuladamente su servilleta se levanto junto a Roberto. Y como dos fantasmas traspasaron aquella puerta, encontrándose con los aseos. Una vez confirmado lo que ambos sabían salieron de los baños
-la madre que los parió, como pueden tener tan poca vergüenza de estar ahí follando como conejos a pocos metros de mi hermana.
-¡¡que bochorno por dios¡¡-exclamo Roberto acalorado
-sabes lo que te digo Roberto que no pienso callarme-dijo ella mientras veía a su hermana mayor sonreír mientras comía-. No puedo callarme, y permitir que Fernanda se case con ese sinvergüenza-
-Valeria cariño yo te entiendo pero si se lo decimos a Fernanda nos va a odiar por el resto de su vida. A veces es mejor no saber ciertas cosas, ojos que no ven corazón que no siente. Piénsalo fríamente-señalo Roberto
-¡¡no puedes decirlo en serio¡¡. Yo no pienso permitir que se rían de mi hermana de esa forma y si al saberlo decide odiarme ¡pues bien¡-bufo Valeria.-prefiero mil veces eso a que se case y viva con ese mentiroso.
Y sin darle tiempo a Roberto para replicar, prefabrico su mejor sonrisa y rápidamente se acerco a su madre, que nada mas verla venir intuyo problemas
-Silvia cielo-susurro Roberto.-te necesitamos. Sin preguntar nada así lo hizo mientras que Valeria se agacho junto Fernanda
-¿podrías acompañarme un momento?. Tengo que enseñarte algo muy importante-
-¿tiene que ser ahora?-le replico ella
-si ahora mismo- le contesto Valeria y mirando a los suegros de Fernanda y a las insoportables amigas de Marisol les dijo en tono hipócrita.-ustedes también pueden venir, seguro que la sorpresa les va a encantar..- por lo que segundos mas tarde Fernanda y los demás se encontraban siguiendo a la hermana menor de la primera
-mas os vale que sea importante porque de lo contrario os vais a arrepentir-se quejaba Fernanda. Tras entrar en los aseos Valeria sin importarle nada, soltó una patada a una de las puertas y se dio la vuelta sin querer mirar los ojiplaticos ojos de los demás
-¿no te parece importante esto Fer?-pregunto finalmente
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MensajeTema: te lo dije unase rie para er protagonizada por asier etxeandia y angela cremonte   Mar Nov 24, 2015 9:58 pm

CAPITULO 2 : ADIOS GOYO

Marisol consciente del escándalo y de la comprometedora situación en la que se encontraba su hijo arrodillado entre esos dos personajes tocándoles sus partes no pudo evitar desmayarse. Siendo Silvia y Roberto la que la sostuvieron ya que sus amigas estaban todavía alucinadas ante aquel lamentable espectáculo. Aquellos tres habían sido pillados sin ninguna duda. En ese momento Goyo hizo la afirmación mas absurda del mundo
-Fernanda esto no es lo que parece. Déjame explicarte “peluchito”-
Esta mas blanca que el papel , humillada, desconcertada e incrédula no sabia que decir
-¡¡explicar el que ¡¡ ¿Qué le pones los cuernos ? ¿Qué eres un tipejo sin ningún tipo de moral ni vergüenza?-chillo Roberto
-¡¡tu cállate maricon¡¡-le replico Goyo
-mira quien fue hablar…¿eres consciente de la situación en la que estas? Y si yo seré gay pero al menos no soy un hipócrita que finge lo que no es y sobre todo no le falto el respeto a los demás. De ti no se puede decir lo mismo Goyito-le contesto este
-ay, ay Amaia ¿Cuándo aprenderás modales?-le replico sonriendo Valeria. Segundos mas tarde Marisol por fin reacciono y nerviosa y avergonzada cerro los baños con pestillo y empezó a decir
-por favor no chilléis, que nos puedes oír y descubrir todo el pastel y luego haber que decimos si eso ocurre...¡¡dios santo que vergüenza¡¡. Esto es una pesadilla…-
-Marisol con todos mis respetos pero aquí lo mas importante son los sentimientos de nuestros hijos, no si se alguien se entera. -le replico Silvia
-¡¡claro a ti que mas te da si ya estas acostumbrada a ser la comidilla de todo el mundo ¿verdad borracha de barrio?¡¡-le replico esta al borde de un ataque de nervios
-Marisol por favor, no hace falta ser tan ofensiva . Recuerda aquí quien es la victima del engaño-dijo Celso mirando con lastima a Fernanda que seguía sin reaccionar
-¡¡a mi una borracha, un peluquero de barrio y una profesora de instituto publico no me van a decir como tengo que pensar o sentir no mas faltaba¡¡ ¡¡¿y si esta chusma decide contarlo todo por ahí? ¡¡dios santo seria nuestra ruina económica y social¡¡ Celso recuerda que si esto sale a la luz tu serias el mas perjudicado. ¿has pensado en la clientela que perderías en tus hoteles? ¿no has pensado en eso Celso?. Deja de pensar en esta chusma y en la aprovechada de Fernanda y defiende tus intereses-.
Y dirigiéndose a los Villalonga les dijo ¿Cuánto queréis por vuestro silencio?
-¡¡Marisol por favor¡¡. Te quejas de ellos pero tu eres peor-le regaño Celso
-señora puede meterse su dinero por donde le quepa. A mi lo único que me importa es mi hija que para su información no es ninguna aprovechada-dijo Silvia
-vámonos mama, no sigamos perdiendo el tiempo con esta gente-dijo Valeria.
-¡¡por favor “peluchito” déjame explicarte, tenemos que hablar¡¡-
-¡¡ya no soy tu “peluchito”. y tu yo no tenemos nada de que hablar, porque todo esta muy claro¡¡-chillo Fernanda. Dirigiéndose hacia la puerta, abrazada a Roberto.
-espera un momento Fernanda hablemos tranquilamente-le dijo Goyo levantándose
-¡¡no te vuelvas a acercar a mi hermana en tu vida porque si lo haces si será vuestra ruina económica y social¡¡. ¿veis estas fotos sacadas por mi iphone?. Si tu o la pija de Amaia os acercáis a fer, estas fotos saldrán en todas las revistas ¿os queda clarito?-.
-mañana os casáis, ¿Qué va a pasar con eso?-dijo Marisol nerviosa
-señora no se si se ha dado cuenta pero no va haber ninguna boda y por cierto que sea la ultima vez que me insulta a mi o algunos de los míos. Porque aunque le moleste son mi familia y sobre todo personas que merecen respeto-le dijo Fernanda con la vena del cuello a punto de explotar.- y un consejo yo si fuera usted me daría prisa en avisar a sus 715 invitados de que no habrá boda porque son demasiadas llamadas y no se preocupe que esta “aprovechada” ya se ocupara de sus 10. Hasta nunca Marisol-
-¿Cómo que no habrá boda?. ¡¡No espera “peluchito”¡¡…-chillo Goyo
-¡¡haz algo Celso antes de que salgan del hotel y lo suelten todo¡¡-grito Marisol
-tu mejor cállate y ocúpate del sinvergüenza de tu hijo que bastante la ha liado-
Para luego salir corriendo tras las Villalonga
-Fernanda hija espera, quiero pedirte disculpas se que lo que ha hecho Goyo y Amaia no tiene perdón de dios y de verdad lo siento. Lo siento mucho-
-tu no tienes la culpa de nada . Eres una de las mejores personas que conozco-le respondió Fernanda abrazándolo cuando un taxi se paro ante ella y sus acompañantes
-de todas formas quería decírtelo. Espero que algún día encuentres a alguien y bueno si necesitas algo siempre podrás contar conmigo para lo que sea y a cualquier hora-
-lo que necesita mi hija es el cariño de su familia y tu no formas parte de ella-le dijo muy seria Silvia montándose en el taxi.
El trayecto en dirección a su casa se le hizo eterno a Fernanda. Aun no podía creerse lo que le había pasado. Se sentía la persona mas miserable del planeta.
-Fer cariño mío-murmuro su madre sin dejar de mirarla.-¿vives aquí?
-si mama vivo aquí-dijo desde una nube, todo era confuso a su alrededor.
El taxi se había detenido en uno de los rascacielos de Madrid, conocido como la torre de valencia. Situado en el cruce de las calles Menéndez Pelayo y O ‘Donell. Calles concurridas, llenas de vida y negocios. Frente al rascacielos se alzaba uno de los orgullos madrileños: el parque del Retiro, considerado el gran pulmón verde del centro de la ciudad, donde naturaleza, deportes y ocio se empastaban en armonía.
-¡¡madre mía pero si vives en la torre de Valencia¡¡-grito Roberto incrédulo
-¿desde cuando?-pregunto Valeria cogiendo las vueltas que le tendía el taxista
-cerca de año y medio-respondió sin mirarles, caminando hacia la puerta que mantenía abierta el portero. Al notar que no la seguían se volvió hacia atrás.-¿vais a subir o no?-
Al escuchar aquello los tres caminaron tras ella. Sin apenas mirarle Fernanda paso ante el portero que los saludo con una amable sonrisa. La rubia introdujo una llave en el ascensor enmoquetado y subieron hasta el 10º piso en silencio y cuando Fernanda salio, los tres observaron con curiosidad aquel rellano de color salmón. Nada que ver con el de sus pisos donde los sábados olía a cocido y los domingos a paella. Fernanda ajena a como se miraban metió la llave en una única puerta del elegante rellano y tras encender los halógenos del recibidor, tecleo en un pequeño panel a su izquierda un código de seguridad.
-¡¡joder Fer¡¡tu casa es una pasada-exclamo Roberto consumidor nato de revistas de decoración.- veo que te va lo minimalista. El orden imperaba en aquel lugar espacioso. Las paredes tenían colores claros creando una sensación de armonía y serenidad con sillones de cuero en tono blanco a juego con las cortinas.
-si Roberto, me gusta lo minimalista. El orden es muy importante para mi-asintió mirándole-. Darme unos minutos para cambiarme y os enseño el resto del piso.
-buena idea-dijo Valeria y cuando su hermana desaprecio tras unas de las puertas susurro-. Eh vosotros dos, os doy 30 segundos para que desaparezcáis de aquí.
-pero si Fernanda ha dicho que nos quedemos-se quejo Silvia que tenia curiosidad por seguir viendo el piso de su primogénita.
-¿crees que es el momento para conocer la casa?.¡¡mama acaba de anular su boda¡¡
-tienes razón cariño-asintió su madre-.pero nos quedaremos para hacerla compañía
-Silvia creo que es mejor irnos. Ya habrá otro momento para visitas-susurro Roberto
-vale, vale me rindo-dijo Silvia a la que fue contestada por el joven con una sonrisa
-además si alguien puede gritar a Fernanda esa es Valeria-
-¡¡yo no quiero eso,¡¡ Valeria por favor te lo suplico no os peleéis. Hoy no cariño. Y su hija menor tras prometerle que no iba a ser así, cerro la puerta discretamente.
Ya a solas regreso al salón y se quedo mirándolo sin parar. Tanto orden a Valeria le daba grima, mas que el salón de un hogar, parecía un espacio funcional. Todo era muy frío, sin ningún detalle personal. Y aunque ese salón estaba dotado de maravillosas nuevas tecnologías como un plasma de 40 pulgadas DVD con doble surround, un equipo de música Sony y una bici estática . No dejaba de darle cosa tanta pulcritud. Una Fernanda sin moños y sin maquillaje (con lo que su belleza aumento) interrumpió sus pensamientos con una pregunta-.¿Dónde están Roberto y mama?-
-se han ido, tenían cosas que hacer ya sabes anular citas en la peluquería etc.…
-ah bueno, ¿quieres tomar algo Valeria?-le pregunto dirigiéndose a la cocina. Al entrar su hermana menor alucino aun mas, frigorífico de doble puerta metalizado, con saca hielos y con pantalla táctil que avisaba de lo que hacia falta, mesas y sillas de acero inoxidable. En resumen pulcritud y mas pulcritud .
-una cervecita no estaría mal -
-vale cruz campo sin alcohol,, con limón, con manzana. Tienes donde elegir-
-vamos no me jodas no tienes una mahou de toda la vida-le contesto Valeria
-no, no tengo . Yo no bebo alcohol si las compraba era por el imbecil de Goyo-
-con lo que me acabas de decir se me han quitado las ganas de beber cerveza nunca mas. Tener algo en común con Goyo no debe ser bueno. Anda dame una coca-cola-
-pues la tengo con sabor a cereza, vainilla y zero. A mi me gusta mas esta ultima
-Fernanda me estas asustando, tienes unos gustos muy raritos-le contesto Valeria
-¿entonces que quiere la señoritinga de los cojones?-le pregunto cabreada Fernanda
-sabes que me voy a comprar unas bebidas. Bueno mejor compro la merienda. ¿Dónde hay un chino por aquí?
-¿y para que quieres ir a un chino?.¿Valeria que estas pensando en comprar?. ¡¡Yo no pienso comer cualquier porquería eh¡¡.
-tu tranquila hermanita, que aunque las cosas que tengan no son jamón de pata negra son comestibles. Ahora vuelvo-dijo la castaña
Y veinte minutos después, volvió con todo un cargamento de bollería industrial, coca colas, sangrías , doritos y patatas fritas de bolsa. Fernanda al verla exclamo
-¡¡tu sabes la de grasa, conservantes y calorías que tienen todas esas cosas¡¡ ¿Qué quieres matarme de un infarto de miocardio?¡¡-
-por supuesto que no pretendo eso. Además desde cuando eres tan maniática con estas cosas, se que has cambiado mucho pero yo recuerdo perfectamente lo que te encantaban las Big Mac del mcdonalds y los calimochos.-
-Valeria hace años decide cuidarme por dentro y por fuera. Quiero vivir mas y mejor-
-ya claro la salud..-y mirando descaradamente la silla estática del salón le siguió diciendo.-yo mas bien creo que no quieres engordar ¿se puede saber que talla usas?
-¡¡no te pienso decir mi talla¡¡-le grito Fernanda. Y segundos después su hermana y ella empezaron una “lucha” hasta que la menor de la Villalonga consiguió ponerse detrás de ella y darle la vuelta a su pantalón del pijama
-la 36, muy buena talla pero permite decirte una cosilla Fer yo consumidora habitual de todas estas cosas grasientas y llenas de calorías usa la 34. ¡¡ja¡¡-
-hija de perra, dame tu dieta, por favor, por favor-exclamo la rubia mayor
-es una dieta muy sencilla hermanita : ser feliz y follar mucho y bien
-¿ser feliz y follar?. No se si eres idiota o te lo haces Valeria ¿Tu te estas dando cuenta de lo que me acabas de decir?.¡¡acabo de dejarlo con mi prometido precisamente por no que supo o no quiso dejar su entrepierna quieta. Luego dices de mi pero tu tacto a veces es mas nulo que el mío-le dijo Fernanda ofendida y al borde del llanto
-lo siento mucho Fernanda, no me he dado cuenta. Tienes razón no ha estado bien decir eso en tu situación.-le dijo la castaña abrazando a su llorosa hermana
-he estado 5 años de mi vida con Goyo y ahora que ¿Qué será de mi?. Acabare sola, rodeada de plantas…-decía sin parar de llorar-
-¡¡como puedes decir eso Fernanda¡¡. La vida es muy larga, y tu ya encontraras a alguien muchísimo mejor que Goyo y cuando eso pase te acordaras con gracia de todas las chorradas que acabas de decir-pero las palabras de Valeria no surtían efecto, porque su hermana seguía llorando sin parar. Y así pasaron una hora, hasta que el iphone de la castaña, las interrumpió. Esta al ver quien era colgó sin responder. No quería hablar con nadie, pero no dejo de sonar hasta que animada por su hermana al fin respondió. Pero a los pocos segundos se arrepintió de haberlo hecho al oír como su hermana empezaba una discusión de índole sentimental.
-¡¡déjame en paz Chema¡¡. ¡¡ no vuelvas a llamarme en tu vida¡¡- y así durante varios minutos que a la treinteañera se le hicieron insoportables.
-¿tu también tienes problemas amorosos Valeria?-le soltó finalmente
-si no tan graves como los tuyos pero si. Parece ser que el universo se ha puesto en contra de las Villalonga Zubizarreta-le contesto Valeria
-quizás no estemos hechas para el amor-le replico Fernanda
-¿y porque no estamos hechas para el amor? Somos jóvenes, guapas e inteligentes, cualquier hombre estaría encantado de estar con alguien como nosotras. Mas bien di que ningún mamarracho esta a nuestra altura-
Y así estuvieron las dos hermanas Villalonga hablando y riendo hasta las 2 de la madrugada cuando finalmente se fueron a dormir. Valeria quiso irse a su casa pero al ver la cara de Fernanda decidió quedarse. No podía dejarla sola y mucho menos así.
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MensajeTema: te lo dije una serie para ser protagonizada por asier etxeandia y angela cremonte   Mar Nov 24, 2015 10:03 pm

CAPITULO 3: DIANE LANE

Pasaron cuatro meses y tras conseguir sobrevivir al caos de la anulación de su boda, Fernanda aun lucia el anillo de compromiso en su dedo. Aquella noche no había podido dormir por lo que se levanto decidida a darse una ducha que la desentumeciera y marcharse pronto a trabajar. Convertido sus deseos en realidad, se introdujo en la ducha multifuncional y sentada en una especie de tumbona, disfruto del agua a presión y la sauna a vapor acompañada por aromaterapia y músico terapia.
-¡Qué te den Goyo¡-dijo con decisión, quitándose el anillo de oro blanco con diamantes de Chanel. Enterrados quedaron los días en lo lucirlo era un orgullo. Por lo que tras salir de la ducha y ponerse un taje oscuro de Adolfo Domínguez, y aun con el ceño fruncido metió el anillo en un sobre y lo cerro al mismo tiempo que cerraba su corazón. Así se lo entrego al portero ,decidida a no volver a verlo nunca mas.
Aquella mañana, el cielo gris de Madrid parecía acompañar su humor. Los cambios sufridos habían estado a punto de derrotarla. Pero no. Fernanda Villalonga Zubizarreta era una mujer fuerte y no se lo permitía. Estaba sumida en sus pensamientos cuando sonó el teléfono y dejo saltar el contestador. No le apetecía hablar con nadie. Pero al escuchar la voz de su hermana menor, lo descolgó.
-¡¡ya era hora guapa¡¡-suspiro Valeria-.anoche te llame ¿Por qué no lo cogiste?
Estaba duchándome-respondió secamente. Valeria al otro lado del teléfono y acariciando la cabeza de su perro le replico-.di mejor ¡no me dio la gana cogerlo¡
-Valeria, tengo prisa-y consultando la hora en su reloj Cartier dijo, apartándose el pelo de la cara-.te recuerdo que no soy funcionaria como tu ¿Qué quieres?
-¡¡que borde eres hija¡¡. Solo quería saber como estabas, y hablar contigo
-estoy bien gracias.¿algo mas?. Pero no era así. Fernanda estaba destrozada y enfadada. Muy enfadada. Dos de sus colaboradores habían regresado de Renania sin el contrato firmado que necesitaba presentar en la reunión de la mañana.
-¿sabes Fer?-
-¡¡¿Qué?¡¡-le chillo esta a su hermana pequeña
-al final tendrás razón. No podemos ser hermanas.¡imposible¡-se mofo Valeria recordando su charla de noches atrás-.creo que deberías hablar con mama para que te desvele quien es tu padre porque bonita, yo tengo los ojos de mama, y soy un clon de papa, por lo tanto ¡creo que deberías preocuparte¡
-Valeria. Hoy no es un buen día para escuchar tonterías y por favor te agradecería que me llamaras por mi nombre, que te recuerdo es Fernanda-
-¡no me digas Fer¡-se carcajeo al escucharla
-vale, vale-espeto con maldad. Sabia que su hermana odiaba ese diminutivo-.no sigas por ahí que la tenemos.
-¡serás bruja¡ a que te llamo…
-¡ni se te ocurra¡-
-peluche “peluchito” se burlo Valeria
-¡¡cállate¡¡-gruño Fernanda molesta por las carcajadas de su hermana
-eres la leche ¡¡Fer¡¡. Parece mentira que todavía no te hayas dado cuenta que a tu a mi no me ordenas. Y por mucho que te joda, soy tu imposible. No una de tus pobres y sumisas marionetas que se mean de miedo cuando levantas la voz. Te diré que..
-¡¡adiós ¡¡-interrumpió Fernanda la charla colgando el teléfono. No la aguantaba mas.
Mientras gruñía como un perro, llego hasta el ordenado y espacioso salón minimalista. Abrió un cajón, saco un cigarrillo y lo encendió. Al aspirar con placer la primera calada escucho de nuevo el teléfono. Era otra vez su hermana ¿Qué pesada¡. Y como no tenia ganas de escuchar mas tonterías, bajo el volumen del contestador y olvidándose de ella se encamino hacia la cocina. Necesitaba un café ¡¡triple¡¡
En la cocina abrió la inteligente y enorme nevera plateada. Esta reacciono con un sonido musical. En su pantalla táctil indicaba la necesidad de comprar leche de soja. Fernanda pensó en escribirle una nota a Katia, su asistente rumana. Pero tras recordar el miedo, por no decir el horror, que aquella mujer tenia a la inofensiva nevera y su desastrosa ultima compra virtual, decidió encargárselo a lis, su secretaria.
Acabado el café y tras consultar en su portátil la recepción de algún correo, se marcho para la oficina, dispuesta a arreglar los que aquellos idiotas habían jorobado en el viaje a Renania. Y según avanzaba la mañana lis, la secretaria de Fernanda, escuchaba las voces procedentes de la sala de juntas desde su mesa. Definitivamente el día no se presentaba fácil. La joven pelirroja nerviosa e inquieta observaba a través de los cristales a su jefa. Su ceño fruncido y su movimiento de manos no indicaban nada bueno. Lis llevaba semanas intentando encontrar el momento propicio para hablar con ella, pero no fue posible. Fernanda Villalonga nunca fue accesible pero tras anular su boda y ahora tras aquella reunión lo seria aun menos.
Por el rabillo del ojo vio acercarse a Juan el guaperas de la oficina salir de la sala de juntas con la cara contraída dirigiéndose hacia ella junto a Javier un cuarentón de cara redonda y gafas que junto a el eran los responsables de aquel fallido contrato.
-necesito fotocopias. ¡¡urgente¡¡. La nazi esta insoportable-aquel era Juan un rompecorazones de 34 años que tenia a todo el personal femenino de la oficina a su pies a excepción de lis y su jefa. Por todos era conocido que Amaia la examiga de Fernanda, lo había acosado hasta llevárselo a la cama, algo que en cierta forma le ayudo a llegar hasta el equipo de Fernanda que nunca lo acepto de buen grado
El otro era Javier, todo lo contrario a Juan ya que estaba felizmente casado y tenia 2 hijos pequeños. Lis supo que su mujer tuvo un accidente de coche y por desgracia se quedo en silla de ruedas y que gracias a Juan pudo conseguir ese puesto en la agencia con el que poco a poco el y su familia consiguieron levantar cabeza. Y aunque la fama y la forma en la que Juan consiguió su puesto no le gusto y seguía sin gustarle decidió darle una oportunidad
-tranquilízate Juan, que tampoco es para tanto-le respondió Javier sin convicción mientras Lis cogia los papeles que había que fotocopiar
-la muy puta, no me extraña que su novio la dejara plantada el día antes de la boda. Soportar a semejante bicho debe ser imposible-bufo Juan hasta que la voz de Fernanda lo interrumpió
-Lis necesito que me fotocopies esto y tu pedazo de incompetente- dijo mirando a Juan.-cuando termine esta reunión pásate a mi despacho tu y yo tenemos que hablar.
Ya a solas Juan maldijo su boca sabedor de lo que significaba “tenemos que hablar”.
Al volver a su despacho Fernanda alterada entro en su despacho y tras cerrar la puerta, respiro a fondo para contener las lagrimas ¿Cómo podían decir eso de ella? ¿nazi? ¿puta? ¿acaso esos inútiles no se daban cuenta de la importancia de ese contrato?.
Ya mas tranquila volvió junto a su equipo a la sala de reuniones. La tensión ente los asociados, clientes y publicistas era patente.
-¡¡necesitamos empezar la campaña de verano cuanto antes¡¡-grito Marta Ortega
-Marta tranquilízate porque así no vas a solucionar nada-le dijo Pablo Isla presidente de inditex pero la primogénita de Amancio ortega fundador y dueño del 60% de inditex estaba lejos de calmarse, mas bien al revés.
-¡¡contrate a Fernanda Villalonga porque creí que era la mejor pero no es así¡¡-
-señora Ortega entendemos su enfado pero nos fue imposible hablar con el propietario del castillo Eltz. Al querer ponernos en contacto nos dio esquinazo. Y lo intentamos muchas veces. Demasiadas veces diría yo-dijo Juan
-a mi no me valen las excusas por lo que pago deberían conseguir todo lo que pido-
-señora Ortega no le eche la culpa a Fernanda, los responsables de conseguir ese contrato fuimos tanto yo como Javier y nos haremos responsables-. Los gritos se hicieron cada vez mas fuertes y Juan que a pesar de no soportar a su jefa no podía permitir ese trato tan denigrante, y cogiendo por sorpresa la mano de Fernanda dijo
-no hace falta ser así señora Ortega, la señora Villalonga lo ha pasado muy mal con lo de la anulación de su boda y nosotros quisimos hacernos cargo de ese contrato-
-ja esta ha sido buena así que nosotros tenemos que pagar las consecuencias de la no boda de esta señoritinga.¡¡venga ya hombre¡¡-. Bufo marta y mirando con desprecio a Fernanda siguió relatando.- no estoy para sensiblerías ni asuntos personales. Pagamos muchísimo dinero a esta agencia de publicidad y no estamos viendo resultados y si en dos meses no conseguís ese contrato para grabar ese anuncio en el castillo eltz cancelaremos nuestra cuenta con vosotros.¡¡dos meses¡¡-grito Marta, que segundos después se levanto seguida por Pablo isla y dio un portazo a la puerta al salir. Ya a solas Luis el dueño de la agencia y hermano mayor de Amaia empezó a decir nervioso
-inditex es una de las empresas mas importantes de este país, no podemos perderlos como clientes porque de ser así seria nuestra desgracia. Tenemos que hacer algo
-es comprensible la crisis obliga a las empresas a ser mas vistosas y originales. Pero en este caso rodar un anuncio en el castillo Eltz lo veo imposible, yo creo que es mejor ofrecerles otra alternativa mas sencilla -dijo Juan intentando calmar los ánimos al mismo tiempo que su compañero Javier le ofrecía un vaso de agua a su jefa que cojio pero no agradeció. ¿Cómo se le ocurría al imbecil de Juan hablar con la heredera de Amancio Ortega sobre lo ocurrido con Goyo? Lo que le faltaba.
-para nosotros no hay imposibles es parte de nuestro lema. Debemos insistir
-Iré a Renania ,hablare con ese conde y conseguiré ese contrato-
-¿de verdad harías eso por nosotros Fernanda?-le pregunto ilusionado el dueño
-por supuesto. Yo conseguiré lo que estos inútiles no han conseguido. A las malas tengo dos meses para hacerlo y como me llamo Fernanda Vilallonga Zubizarreta que ese conde me firme el contrato-en ese momento miro a sus subordinados y les grito.
-¡¡no me gusta trabajar con mediocres estáis despedidos¡¡. Javier nervioso empezó a híper ventilar con la carpeta apoyado en el pecho
-se lo suplico no me despida, cámbieme de departamento si no desea trabajar conmigo pero no me eche por favor tengo dos hijos y una mujer invalida. Necesito este trabajo
-¡¡¿te crees que me importa?¡¡. Se mofo Fernanda
-¡¡ya esta bien señora Villalonga¡¡. Sentimos mucho haberla fallado pero no hace falta que nos trate de esa manera. Y mucho menos despedir a Javier que tiene dos hijos pequeños y una mujer enferma ¿acaso usted no tiene corazón?-le dijo Juan. Esas palabras a pesar de que no quiso aparentarlo le dolieron y mucho.
-y sabes una cosa , no la aguanto, si me voy seguro que me ira mejor. Pero le suplico que no despida a Javier, por favor tiene 44 años donde va encontrar otro trabajo-
Fernanda ya harta decidió terminar y dijo
-bueno ya basta de tanto lloriqueo sensiblero, que horror. Vamos a hacer una cosa hasta que venga de Renania podéis seguir en vuestros puestos luego ya veremos-.
Rato mas tarde y ya en su despacho mientras se tomaba un café llamo a su secretaria y le pidió que le consiguiese billetes y un hotel para irse a Renania a mas tardar en tres días. Lis antes de irse, decidió aprovechar para hablar con Fernanda
-señora Villalonga deseo decirle algo no se como hacerlo y..
-bonita mi tiempo es oro. Dime ya lo que quieres-
-¡¡estoy embarazada de 4 meses¡¡-soltó finalmente la joven como una bomba. Su jefa la miro de arriba abajo y se dijo mentalmente “ si no tienes ni 20 años vaya una forma de fastidiarse la vida”
-quiero decirle que mi contrato termina en 3 meses pero si usted me diera una oportunidad... Estoy sola y este trabajo es lo único que tengo para salir adelante. Le juro por mi bebe que no faltare ni un solo día aunque el o ella haya nacido-
-¡¡¿¿hablas en serio Lis?¡¡. Le chillo Fernanda- No guapita no si tu te has abierto de piernas yo no tengo porque aguantar las consecuencias. Conmigo tienes los días contados, no me gustan las embarazadas y menos tener una secretaria que no esta al 100% en su trabajo. Primero Javier y ahora tu, ¿Qué os creéis todos que soy un centro de caridad? . Pues fíjate que no es así .¡¡Haberlo pensado antes¡¡ y ahora te exijo que te largues de mi vista antes de que me arrepienta y te despida hoy mismo-
La joven salio llorando y con nauseas de aquel despacho, por lo que tuvo que coger la papelera más cercana y vomitar. Javier y Juan al verla corrieron a auxiliarla y le ofrecieron un vaso de agua. Fernanda vio el estado de su secretaria a través de los cristales pero a pesar de que empezaba a sentirse culpable se negó a si misma a rectificar y mucho menos a pedir perdón. Si lo hago se me subirán a las barbas , a los subordinados ni agua. Se dijo a si misma y obligándose a si misma siguió trabajando en el portátil. Las horas fueron pasando y todos en la agencia acabaron su jornada laboral, Fernanda como de costumbre fue la ultima en salir, pero ese día fue un poco distinto ya que al salir no se dirigió a su casa sino a otro sitio en concreto a casa de su madre ya que esta la había llamado para decirle que su estaba preocupada por su hermana pequeña. Con paciencia condujo su maravilloso Audi por el largo túnel del paseo de Extremadura hasta al barrio de Usera. Una vez allí busco aparcamiento y se alegro al ver que justo debajo del portal de su madre tenia uno.
-¡¡pero benditos sean los santos¡¡. Si es nuestra Fer-escucho mientras cerraba el coche
-buenas tardes doña María-saludo Fernanda a una de las vecinas de toda la vida, mientras aquella le agarraba los mofletes como cuando era una niña. La señora María era una de las personas mas populares del barrio, echaba las cartas, leía los posos de café, etc.…. Su salón azul era uno de los mas conocidos y concurridos del barrio.
-dame dos besos.-y amarrándola del brazo le dijo sin darle opción.-tu madre esta en la frutería. Pásate a casa con Jesús y conmigo y tomaremos un café con napolitanas, por cierto ¿como estas?-
-bien, bien-dijo contrariada. Lo que menos le apetecía a Fernanda era visitar vecinas, pero no tuvo opción. El saloncito de azul de la señora María estaba igual que siempre. Los años habían pasado para todos pero no para aquel lugar. Al entrar los ojos claros de Fernanda fueron directamente hacia una urna que tenia encima de la mesa. Era la urna de don Jesús, el marido de la señora María. Aquella urna había sido durante años objeto de curiosidad, en especial para los niños. El marido de María tras su muerte fue incinerado pero en vez de llevarlo a un nicho o esparcir sus cenizas en el mar, la señora María decidió que el mejor lugar para que su marido descansara era junto a ella. Tras sentarse alrededor de la mesita marrón y mientras la señora María preparaba café, Fernanda se dedico a observar aquel salón que tanto le recordaba a su infancia
-me contó tu madre lo ocurrido con tu boda-dijo la señora María acercándose con una bandeja de café y napolitanas. Al escuchar aquello la rubia se tenso. Mataría a su madre eso estaba claro ¿Por qué no se podía callar?
-escucha Fer-prosiguió la mujer sirviéndole el café-.no me alegro de lo ocurrido pero ese idiota no te merecía, tu vales mucho y quien te enamore debe merecerte-
-si, claro-asintió Fernanda cogiendo la taza de café ofrecida por su vecina.
Rato después la señora María la puso al día de los cotilleos del barrio. La joven publicista miro su carísimo reloj
-mi madre ya estará en casa-
-¿me dejas que mire tus posos del café?-pregunto la mujer, aunque ya había cogido la taza sin daré tiempo a responder. Fernanda nunca había creído en esas cosas. eran tonterías pero siempre había pensado que su vecina tenia que ganarse la vida
-preciosa. Los posos dicen que has sufrido por amor, también veo que eres una triunfadora en tu vida laboral pero demasiado exigente, y eso te hace perder amistades. En la vida no solo se vive para trabajar-
-doña María, trabajo en publicidad-contesto, pensando que su madre ya la tendría al tanto de todo-.y en ese campo, no hay amistades-
-¿tienes pensado viajar?
-no mintió Fernanda.¿como podría saber eso?
-veo un viaje, que cambiara tu vida-y dándole un codazo susurro.- y también veo una relación con un cáncer que terminara llenándote el corazón. ¿Qué signo eres tu?
-Aries-respondió hastiada
-¡¡bendito sea dios¡¡-resoplo la mujer al escucharla-.este cáncer se sentirá terriblemente atraído por tu seguridad .Y aunque intuyo difíciles comienzos ya que ambos sois exigentes, al final no podréis vivir separados-se acerco mas a ella y bajando la voz-. ese cáncer te hará muy feliz en la cama, ya que este signo suele ser muy fogoso ¿por cierto conoces a alguien de la realeza?
-no ¿Por qué?-pregunto estirándose la chaqueta de su carísimo traje. incrédula de las tonterías que estaba escuchando.¿donde se había metido su madre?
-los posos no mienten Fer-respondió la mujer con una media sonrisa. Y soltando la taza dijo agarrandole la mano-.déjame ver una cosa
-señora María. Yo no creo en estas cosas y..
-tienes unas manos místicas muy bonitas-sonrío al ver como la muchacha se daba por vencida-.las líneas de la mano revelan muchas cosas. Aunque, no te preocupes, solo mirare lo referente al amor. Tus líneas son muy definidas: has tenido o tendrás tres amores. Esta tercera hendidura tan marcada y por cierto manchada con café-indico misteriosamente haciendo que Fernanda prestase atención-será tu gran pasión. Aquí esta. ¡tu cáncer¡. Un amor profundo y duradero.¡OH Fernanda¡ aquí tienes dos preciosas líneas, que sin duda serán dos preciosos retoños.
Al escuchar aquello a Fernanda se le helo la sangre. ¿retoños?. Imposible. Los niños no estaban programados en su vida, daban problemas, ensuciaban y eran una carga. Por lo que levantándose recupero su mano, Sin reparar en la sonrisa de su vecina.
-señora María. Gracias por el café, pero me tengo que ir. Seguro que mi madre ha llegado ya-dijo caminando hacia la puerta-.me ha encantado verla
-a Jesús y a mi también nos ha gustado verte a ti-sonrío la mujer.-Fer, aunque no creas en estas cosas. Déjame decirte que no debes temer al futuro. Te traerá mas cosas buenas de las que crees. Y por ultimo déjame darte un consejo : déjate amar
-hasta pronto-respondió huyendo. No quería escuchar mas. Finalmente Fernanda llego a la casa de su niñez, que aunque le costara reconocerlo, le gustaba. Conocía todas y cada uno de los rincones de aquel lugar como la palma de su mano. Sentarse en el sillón verde, mil veces tapizado, en cierto modo le proporcionaba tranquilidad. Tras la anulación de su boda, la relación con su familia comenzó a ser lo que fue. Las tres mujeres chocaban, pero tenían a Roberto para poner paz de por medio. Encendiese un cigarrillo observo a su madre trastear en la cocina. Apenas le dio unas breves pinceladas sobre su próximo viaje a Renania
-mama ¿te has cambiado de peinado?
-si tesoro. Ideas de Roberto-respondió tocándose coquetamente el pelo-.me lo ha cortado como Diane Lane en la película noches de tormenta.¿te gusta?
-si incluso te hace mas joven
-gracias pequeña. Eso dicen
-¿dicen?-pregunto Fernanda levantando una ceja
-ya sabes las vecinas, el frutero, la pollera. Por cierto ¿has visto esa película?
-¿Cuál mama?
-noches de tormenta, es una película preciosa. Roberto y yo lloramos como dos bobos-
-no tengo tiempo para películas- dijo Fernanda.
En ese momento se abrió la puerta de la calle. Eran Valeria, Roberto y fifí el perro de Valeria. Este ultimo entro alegremente a saludar a Silvia, pero cuando quiso acercarse a Fernanda, esta le echo de su lado. El perro la miro, casi parecía que se había entristecido por el rechazo. ¡¡que mas daba¡¡ pensó Fernanda. Solo es un perro.
-Diane Lane-grito Roberto-.huele a tu sopa todo el portal-y mirando a sus amigas pidió opinión-.¿a que es igualita a ella?
-pero ¿no es usted Diane Lane?-bromeo Valeria. Al escuchar las risas, Fernanda sonrío. Los había echado de menos. Mas de lo que ella había estado dispuesta a reconocer, pero aun le era difícil llegar hasta ellos.
-lavaos las manos que vamos a cenar-anuncio Silvia y mirando al perro murmuro-.fifí ven conmigo. Te guarde el hueso del cocido del sábado. Valeria sonrío al ver que la relación entre su madre y fifí era excelente. No se podía decir lo mismo con Fernanda quien le seguía rehuyendo. Minutos después todos se sentaron a cenar y mientras
Silvia servia sopa Roberto observo el gesto taciturno de Valeria. Se notaba a mil kilómetros que lo estaba pasando mal. Y para hacerla sonreír con su habitual sentido del humor soltó un bombazo para horror de Fernanda
-creo que alguien que se sienta aquí, ha visitado el saloncito azul de la señora María. Fernanda le miro con su mirada de doberman a punto de atacar ¿Por qué tenia que sacar ahora aquel tema?. Al ver que su madre paraba de servir sopa y la miraba a la espera de que contara aquello, tuvo que contestar.
-de acuerdo he sido yo. Me dijo que estabas en la frutería y que pasara a su casa hasta que llegaras
-¿Por qué no me lo habías comentado?-pregunto Silvia
-eso te lo digo yo-replico Valeria a quien le encantaba chinchar a su hermana-.porque tendría que decirte va a conocer a un cáncer y que vas a ser abuela de dos crios
-¿estas embarazada cariño?-grito Silvia a punto de derramar la sopa.-¡¡que ilusión¡¡
-no mama ni estoy embarazada ni voy a estarlo.¡¡que horror¡¡
-por lo visto-continuo Roberto-.los posos del café han dicho que un viaje conocerá al amor de su vida y quien sabe si será de la realeza
-si claro-se mofo Valeria ante la cara de perro de su hermana-.y será conocida en el mundo entero como la sidra el gaitero
-prefiero no decir como te conocerán a ti-espeto Fernanda
-tesoro. Antes me has contado que te ibas de viaje ¿verdad?
-si mama pero..
-y también-grito Silvia asustando a los demás-.que tienes que encontrar a un ..¿duque?
-¿duque?-grito levantándose Roberto-¡¡¿tienes que contratar al duque?¿nuestro duque? ¿al morenazo ,que esta buenísimo?.
Y para incredulidad de Fernanda empezaron hablar sobre sin tetas no hay paraíso, y velvet al escucharlos la rubia maldijo en silencio.¿Por qué todo lo entendían al revés?
-vamos a ver-aclaro echándose para atrás en la silla-.yo no tengo que contratar a Miguel Ángel Silvestre para un anuncio sino conseguir que se grabe un anuncio en el castillo Eltz cuyo dueño es un estupido conde-
-según tengo entendido el castillo esta en Alemania-dijo Roberto
-exacto concretamente en Renania -Palatinado-le contesto Fernanda
-¿viajas a Alemania? Dime que puedo ir contigo ¡¡por fa ¡¡ por fa¡¡-suplico Valeria
-acabas de escuchar lo que he dicho viajo por trabajo, no por placer aparte tu tienes que dar clases en el instituto-
-¿ese es el problema? Mi trabajo, ya ves tu pido una excedencia durante el tiempo que vayas a estar y punto ¿Cuánto tiempo vas a estar en Renania?-
-¡¡Valeria he dicho que viajo por trabajo bastante tengo ya con eso como para aguantarte a ti también¡¡
-¿me estas llamando mosca cojonera?. ¡¡no te necesito como guía ni como nada¡¡
-pues entonces vete tu solita si tienes dinero cosa que dudo y a mi déjame en paz-
-¡¡y ahora me llamas aprovechada¡¡-dijo Valeria enfadada.-.¡¡eres una arpía ¡¡.
La madre de ambas Silvia entendía las postura de la cada una pero no dijo nada para no complicar mas las cosas
-¿Fernanda que te cuesta?. Si Valeria se entretiene sola, seguro que ni la sientes-
-¡¡he dicho que no¡¡-grito Fernanda sin dar su brazo a torcer. Valeria enfadada con la intransigencia de su hermana se levanto, cojio a su perro y se fue gritando
-¡¡vete a la mierda Fernanda Villalonga Zubizarreta¡¡.
Cuando el sonido de la puerta sonó, el silencio se hizo patente en aquel lugar durante algunos minutos.
-Fernanda no te cuesta nada llevarla, necesita este viaje-le dijo Roberto
-Parece que nadie me escucha, como tengo que decir que este viaje es por trabajo-
-lo sabemos cariño, pero tu hermana esta pasando un mal momento-
-ya me imagino por quien, el imbecil de chema ¿cierto? ¿Qué ha hecho esta vez?-pregunto en tono cabreado Silvia
-la semana pasada Valeria confirmo sus sospechas sobre ese caradura esta casado y no solo eso también acaba de ser padre de un niño. Menudo sinvergüenza, lo peor es que tu hija esta pensando en volver con el -dijo Roberto
-¿mi hermana esta dispuesta a volver con un tipo casado y padre de un niño?. Que poca dignidad, yo creía que era mas lista-soltó sorprendida
-y lo es Fer y lo es pero ese mamarracho con su sonrisa perfecta y su palabrería hace con ella lo que quiere. Por eso quería viajar, para olvidarse de el, y yo también creo que le vendría bien, debe alejarse de chema cuanto antes-le respondió Roberto.
Después de cenar la rubia se fue a su casa pensando en lo que le estaba ocurriendo a su hermana y viendo que había sido muy dura con ella, sorprendentemente decidió recular y ayudar a su hermana.
-Valeria ¿todavía quieres ir a Renania conmigo?. Porque si es así prepara tus maletas porque en dos días viajamos-.
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janessi1
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MensajeTema: te lo dije una serie para ser protagonizada por asier etxeandia y angela cremonte   Mar Nov 24, 2015 10:17 pm

CAPITULO 4 : RENANIA

El avión de iberia rumbo a Treveris  despego con puntualidad a las 8:00 horas. Sentada en su cómodo butacón, Fernanda maldecía el momento de debilidad que tuvo con su hermana. Desde que subió en el avión y vio que se sentaban en Business class, no había parado de protestar.
-¡¡que clasismo, ¡¡ y eso que es un viaje de dos horas y media-.se quejo Valeria
-azafata-llamo Fernanda. Necesitaba tomar algo. No podía con Valeria-. Tráigame un zumo o una coca cola zero.
-.enseguida comenzaremos a servir las bebidas.
-si me importa esperar-ladro Fernanda ante el asombro de su hermana-.tráigame la bebida ¡¡ya¡¡. La azafata sin decir mas, se dio la vuelta, y con tranquilidad se alejo hasta la cabina.
-Fer, la pobre solo te ha dicho que esperaras un segundito-dijo Valeria
-pago Business class para no tener que esperar.
Dos minutos después, la azafata apareció con dos zumos de naranja y unos panchitos. Con una falsa sonrisa, se los entrego y se alejo.
-podías haberle dado las gracias.
-a mi nadie me da las gracias por cumplir con mi trabajo, y yo tampoco lo hago.
El resto del viaje Fernanda estuvo distraída con unos papeles. Necesitaba tener claro todo lo referente al contrato antes de la reunión que milagrosamente había concertado con el conde. Valeria aburrida, se levanto y al ir hacia el servicio vio en clase turista a Augusto y Elena, los veterinarios de su perro . Estos al verla, le hicieron sentarse en el asiento libre que había junto a ellos. La castaña solo volvió junto a su hermana cuando el avión estaba a punto de aterrizar. Una vez recogidas las maletas y cargadas en el taxi por el conductor, Fernanda con gesto serio observo como su hermana continuaba hablando con sus amigos. Quería marcharse del aeropuerto, pero Valeria parecía no tener prisa y seguía hablando con aquellos mochileros. Una cosa que Fernanda no estaba dispuesta a consentir ni un minuto mas
-disculpadme-intervino la rubia mirando su caro reloj-. Tengo prisa.
La diferencia en la indumentaria que había entre ella y los otros tres era abismal. Mientras que Fernanda iba vestida con un traje de chaqueta oscuro Chanel, un abrigo largo de cuero de Yves Saint-Laurent, botines de Jimmy Cho y un moño alto. Su hermana y sus amigas iban con vaqueros, cazadoras y zapatillas de deporte.
-¿para que zona vais?-pregunto Valeria, ganándose una mirada hosca de su hermana que no paso desapercibida para Augusto
-hacia Coblenza ¿y vosotras?
-creo que al trier hotel en Treveris
-The Park trier hotel-silbo Elena impresionada.-¡¡vaya¡¡. Que lujazo.
-¿Lo conoces?-sonrío Valeria
-si esta cerca de la casa de mis abuelos
-oye-invito alegremente Valeria.-veniros con nosotros. Os acercamos
-no es posible. Tengo prisa y no podemos andar parando-soltó Fernanda, dejando a su hermana con la boca abierta. ¿Cómo podía ser tan borde?
-no te preocupes-contesto Augusto. Y agarrando las mochilas dijo-cogeremos el autobús. Hasta pronto Valeria. Sin mas, Valeria vio como sus amigos se marchaban.
-¿sabes que eres una tía muy desagradable?
-¿me lo dices o me lo cuentas?-respondió Fernanda metiéndose en el taxi
-te lo narro-contesto Valeria enfadada.
Una vez arranco el conductor, comenzaron a discutir, y así continuaban cuando el coche paro ante el hotel
Valeria, con ganas de ahogar a su hermana, bajo tras ella. ¡¡era insoportable¡¡. Pero se quedo sin palabras al ver la fachada del hotel.
-es impresionante ¿verdad?-pregunto Fernanda al ver la cara de su hermana
-si ¡flipante¡-asintió, mientras sentía la lluvia en la cara.
-vayamos dentro-dijo comenzando a andar mientras el chofer aun mareado por el viaje que le habían dado, abría el maletero. El botones cargaría las maletas-. Esta odiosa lluvia alemana me va a estropear los botines.
-Y luego dicen que los monumento no andan-susurro Valeria, parándose para clavar su mirada en un tipo que reía a mandíbula abierta por lo que otro le estaba contando.
-¿Qué dices?
-el pelirrojo-susurro recorriendo sin ningún pudor el cuerpo de aquel hombre algo -. ¡¡madre del amor hermoso¡¡
-pero ¿de que hablas?-pregunto Fernanda mirando a dos hombres altísimos y fuertes que a pesar  del frío caminaban en polos de manga corta con la insignia del hotel-. ¿esos horteras? Bah ..menuda vulgaridad. Mira sus pintas son obreros-
-de verdad Fer-dijo despertando de su sueño alemana-.cualquiera que te escuche pensaría que desciendes de los Borbones. Cuando eres una Villalonga Zubizarreta. Descendiente de simples pero honrados obreros. No de reyes.
-perdona que te diga,-replico Fernanda. Pero el que sea descendiente de obreros no significa que tenga que fijarme en ellos. Además , esos dos son horribles, ¡que pintas¡
-tienes el gusto de un calamar adobado, hija mía-y señalando de nuevo a los hombres que ahora las miraban, dijo tras pestañear al pelirrojo-.¿pero tu has visto que dos monumentos?. Con mal gesto Fernanda les volvió a mirar, chocando sus ojos con el mas alto quien con descaro, también la miro mientras seguía riendo por algo divertidísimo que debía estar contando el otro.
-¡paletos¡-susurro al sentirse objeto de sus risas. En ese momento el botones del hotel, por la prisa de atenderlas, piso en falso y cayo de bruces ante ellas, quedando inmóvil bajo la lluvia. Con celeridad el taxista y Valeria acudieron a auxiliarle, mientras Fernanda corría para resguardarse de la lluvia. Segundos después varios trabajadores del hotel se hicieron cargo del muchacho, quien parecía recuperar la conciencia
-pobrecillo-musito Valeria empapada-.menudo castañazo se ha dado. Le van a tener que dar puntos en la frente
-por mi como si le cosen todo el cuerpo-contesto de mal humor, y mirando a la muchacha de recepción grito en perfecto alemán
-¡recepcionista¡ haga el favor de decirle a algún de sus compañeros que salga a nuestro equipaje. Sigue bajo la lluvia
-un segundo señora-señalo la muchacha mientras atendía a otros clientes-. En cuanto regresen saldrán a recogerlo
-detesto esperar-insistió dejando a Valeria boquiabierta-.¿acaso usted no puede salir?. Mi maleta es de Versace y como se estropee voy a pedir daños y perjuicios al hotel
-lo siento señora-repitió la muchacha-.no puedo abandonar la recepción en este momento. Discúlpeme
-Fer, no te pongas así-murmuro la castaña avergonzada-. Iré yo a por ellas
-¡¡no te muevas de aquí¡¡-gruñó con severidad
-¿Qué ocurre cindy?-dijo una voz profunda tras ella
-la señora-respondió la recepcionista asustada-.quiere que alguien recoja su equipaje pero no hay nadie disponible en este momento. El que había preguntando era el mismo hombre que segundos antes había conectado con su mirada. Aquel hombretón que junto al otro reía a carcajadas. Ambos ahora estaban allí
-pandilla de idiotas-gruño Fernanda , y al ver en sus polos el logotipo del hotel dijo-.ustedes son del hotel ¿verdad?
-puede decirse que si-puede decirse que si-respondió el pelo pelirrojo guiñando un ojo a Valeria que la sonrojo
-Si. Somos gente del hotel-asintió el mas alto echándose el mojado pelo hacia atrás. Mientras con curiosidad observaba a aquella rubia  con cara de enfado.
-pueden hacer el favor de salir a recoger nuestro equipaje ¡¡ahora mismo¡¡-ordeno Fernanda con la vena del cuello a punto de explotar. Los hombres tras escucharla se miraron y dejándola pasmada se echaron a reír. “serán descarados”, pensó mientras la recepcionista pasaba por todos los colores del arco iris
-Señora discúlpenos-contesto el mas alto, quien parecía tener prisa-. Estamos de vacaciones y nuestra jornada laboral no comienza hasta el lunes
-¡¡esto es increíble¡¡-vocifero mas enfadada. Y mirando a la recepcionista exigió-.llame ahora mismo al director del hotel ¡¡quiero hablar con el¡¡
-señora el…
-tranquila Cindy-volvió a decir el alto con tranquilidad a una asustada muchacha-. No hace falta que la avises. Saldré yo mismo por las maletas de esta clienta tan amable…
Volviéndose hacia su amigo dijo algo en que Fernanda no pudo entender. Aunque entendió la cara de guasa de aquel.
-por la cuenta que le trae-espeto Fernanda con rabia, retirándose un mechón de la cara-.espero que salga por mi maleta de. ¡¡ya¡¡ si no quiere estar mañana en el paro.
-Fer-regaño Valeria en español al escucharla-. Te estas pasando tres pueblos
-mire señora..-comenzó a decir el pelirrojo
-¡¡señorita¡¡-corrigió con altivez
-de acuerdo-asintió con paciencia-.le iba a decir señorita, que nosotros se la recogeremos encantados aunque..
-¿le estas diciendo señorita?-le interrumpió el más alto, clavando sus ojos marrones en ella-que me va a mandar a el paro, cuando ni siquiera estoy en mi horario de trabajo?
-soy amiga intima del conde Von -mintió acercándose imponiéndose a aquel hombre con las manos en las cadera. Y clavando sus grandes ojos azules en aquellos que la retaban sentencio-:le puedo asegurar ¡¡gilipollas¡¡ que en el momento que cuente lo ocurrido usted y su amiguito saldrán de aquí en menos que canta un gallo
-Paúl-dijo aquel hombre volviéndose hacia su compañero-. Será mejor que salgas a por la maleta de la señorita, sino queremos meternos en problemas.
-de acuerdo-asintió su compañero, pero cuando parecía que iba a salir dándose la vuelta dijo-.pero ¿porque no me acompañas tu?
-estoy empapado-se excuso dejando boquiabierta a Fernanda
-yo también-contesto el otro que intento no reír al ver la cara de diversión de Valeria-. Y sabes que me resfrío con facilidad
-es verdad-asintió Víctor rascándose la cabeza.-pero la maleta de la señorita es de Versace
-¿y la otra?-pregunto con guasa el otro hombretón, mientras salían
-la otra es del mercadillo de mi barrio-respondió Valeria ganándose una nueva mirada de su hermana. Aquellos dos eran muy graciosos ¿Por qué no lo veía Fernanda?
-¡¡estos tíos son gilipollas¡¡-susurro Fernanda a punto de estallar
-tranquila Fer-y señalándole el cuello dijo-. La vena te va a explotar. Incrédula por lo que ocurría ,la rubia les observo salir, momento en el que su móvil vibro. Era Goyo.
Maldiciendo, corto la llamada, mientras aquellos imbécil es alemanes con una lentitud que le corroía las entrañas.
-no te enfades Fer, pero si son muy cómicos-le dijo Valeria divertida
-¡¡son gilipollas profundos¡¡-bufo cortando de nuevo otra llamada de Goyo. Momento en que aquellos idiotas entraban como recién salidos de la ducha
-su mochila-indico con gesto amable Paúl a la castaña-
-gracias-respondió esta con una sonrisa.
-aquí tiene señorita. Su maleta de Versace-dijo el alto, soltándola ante Fernanda, y mirando a la recepcionista pregunto en  un tono cariñoso-. Cindy preciosa. ¿las señoritas han hecho ya el check-in?
-no todavía no-
-por favor señorita-indico Víctor cómicamente, casi con reverencia-. Serian tan amables de verificar su reserva.
-¡¡quítate del medio¡¡ -bufo harta de escucharle decir señorita de aquella forma-. Mañana estarás despedido. Valeria al escuchar aquello, no pudo callar.¿pero no se daba cuenta su hermana que aquel comportamiento lo estaba provocando ella?. Decidida a decirle algo, le hablo en español, así ellos no la entenderían
-pero Fer, ¿como que mañana estará despedido?. No puedes hacer eso. La gente necesita  trabaja para comer ¿no te das cuenta como tratas a todo el mundo?. Este hombre solo te esta respondiendo en los mismos términos que tu le hablas, incluso con mas educación. De momento no te ha insultado . Tu a el si.
-cuando hablas de hombre ¿te refieres a esto?-indico señalando a Víctor, quien estaba calado hasta los huesos-.¿sabes Valeria? Para decir chorradas, mejor mantén tu boca cerrada, o te puedo asegurar que al final terminaremos discutiendo tu yo
-eres una amargada y una autentica bruja. Te encanta pisotear a la gente por el simple hecho de creerte mas que nadie. Cuando no eres mas que una….
-como te diga lo tu eres-dijo sonriendo con maldad-.la vamos a tener
Incrédulos Paúl, Víctor y Cindy las observaban ¿Qué pasaba?.
Valeria hastiada por los modales de su hermana exploto y salieron por su boca sapos y culebras-¿acaso aquella pija se creía la reina del mundo?.
Para Fernanda, el día iba de mal en peor. La tensión del viaje, las continuas llamadas de Goyo, las quejas de su hermana y el teatro de aquellos idiotas habían acabado con su inexistente paciencia
-¿pero que le ocurre a estas mujeres?-pregunto Paúl acercándose a Víctor
-no lo se-respondió con curiosidad sin entender ni comprender anda-. pero por su manera de mover las manos parecen italianas o españolas
-la castaña-indico Paúl, viendo a Valeria -.parece amable y desde luego es valiente para enfrentarse a la otra. Pero la rubia uf ..la rubia
-la rubia es insoportable-dijo con desprecio Víctor, viendo a Fernanda mover las manos como una histérica ante Valeria-.  Alimañas como esa son las que te sacan hasta la sangre y te dejan sin nada. De pronto Fernanda abofeteo a su hermana. Durante unos segundos se retaron con la mirada, hasta que Valeria enfadada y dolida, se agacho, cojio su maleta y salio del hotel sin mirar atrás. Fernanda al comprobar el arranque de su hermana menor y verla parada bajo la lluvia, fue hacia ella e intento hacerla recapacitar ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué siempre se comportaba así con las personas que la querían?
-Valeria espera
-vete a la mierda-contesto la castaña bajo la lluvia
-Valeria, por favor
-eres la persona..-escupió con rabia volviéndose hacia ella-.la persona más insensible, egoísta e imbecil que he conocido en  mi vida. Nunca . Repito ¡¡Nunca¡¡ seria capaz de decirte ni de hacerte lo que tu me has hecho a mi. Y puedo.¡¡tu lo sabes¡¡. Pero no tengo tu maldad  para dañar ¿acaso crees que la vida es fácil para mi?¿acaso crees que ser  la hermana perdedora de Fernanda Villalonga Zubizarreta es facil?y comenzando llorar por la cara dijo-. Tienes razón.¡¡maldita sea¡¡ tu, mama, Roberto todos tenéis razón. Soy la amante de Chema. Una mujer que vive de la mentira y que recoge las migajas que ese sinvergüenza le da ¿ crees que eso me hace feliz?
-si no te hace feliz ¿Por qué continuas con ese problema? Respondió  sintiéndose la peor hermana del mundo
-porque le quiero y le odio-sollozo sintiendo que el corazón se le partía-. Y aunque no me creas he intentado cientos de veces romper con el. Pero yo..
No pudo proseguir, el llanto le invadió su cuerpo, y al ver los brazos abiertos de su hermana no lo dudo, y corrió a cobijarse en ellos
-SShhh, no llores-suplico Fernanda dolorida-.por favor perdóname.
-sabes que lo estas. Pero odio tu insensibilidad y tu egoísmo. En el mundo además de ti existen millones de personas que luchan por salir adelante sin tener suerte profesional que has tenido tu
-lo se. Tienes razón. Solo puedo prometer que intentare cambiar-
Como testigos de excepción, Paúl y Víctor las observaban a través de los cristales. Aquellas dos locas que minutos antes se chillaban, ahora estaban muertas de risa bajo el aguacero, que casi les impedía respirar
-entremos Fer-murmuro Valeria al ver que las observaban un par de curiosos. Por hoy ya hemos hecho bastante el ridículo
-tienes razón
Y con paso seguro entraron empapadas hasta la recepción parándose frente a Cindy, quien con cara de susto las miro
-tengo una reserva a nombre de Fernanda Villalonga Zubizarreta
-así es-asintió la muchacha, a quien le temblaba el pulso-.por favor, rellene este papel-indico dándole una pequeña carpeta desapareciendo dentro de un despachito
-¿es sensación mía o esta mujer nos huye?-
No me extraña-sonrío Valeria temblando de frío-. Con la que hemos montado. El día que nos vayamos del hotel hacen fiesta nacional-
Tras sonreír por aquel comentario, sin querer mirar hacia atrás, Fernanda se volvió a retirar el pelo de la cara. Sentía los ojos del moreno observándola a una distancia prudencial. Algo que agradeció. No le apetecía discutir. Y menos con su pinta.¡¡menos mal que su maquillaje era resistente al agua¡¡.
Cuando  fue a coger el bolígrafo para rellenar los papeles, no podía. Tenia tanto frío y estaba tan mojada que era incapaz de retener el bolígrafo mas de de dos segundos en la mano. Por el rabillo del ojo miro a su hermana. Pensó en pedirle ayuda, pero al ver como temblaba, se dio cuenta de que estaba en la misma situación
-si me permite, yo le puedo ayudar-era Víctor.¿Por qué tenia que ser el? Pensó la rubia. Pero tras mirar a su hermana decidió aceptar aquella oferta, y pasándole el bolígrafo y los papeles empapados, comenzó a rellenarlos con los datos que ella le dictaba. Víctor atraído como un imán por aquella espantosa mujer, de pronto, sin saber porque , se vio ofreciéndole su ayuda. Al ser mas alto, pudo observarla sin ser observado. Ella no le miro ni una sola vez. Solo respondía con voz neutra y cansada.
Aquella loca tenia el pelo empapado, enmarañado y pegado a la cara. Y a pesar de parecer un pollito mojado, el encanto que vio en ella le fascino. Su piel le recordaba a las muñecas de porcelana . Sus labios sin llegar a ser voluptuosa eran apetecibles, morbosos. Pero su mirada fría y sus ojos azules le atrajeron por su intensidad. Una vez concluido el formulario Víctor lo dejo encima del mostrador y sin decir nada , se alejo con Paúl, que le esperaba hablando con otros trabajadores
-le podías haber dado las gracias-susurro Valeria temblando
-no me ha dado tiempo-se disculpo, y al ver a Cindy salir del despacho susurro.-por dios. A ver si nos dan la habitación necesitamos cambiarnos urgentemente
-señorita Villalonga-comenzó a decir la muchacha-.no se como decirle esto. Pero las normas del hotel impiden el acceso a la habitación hasta las 15:00 horas.
-¡¡¿Cómo?¡¡-gritaron las dos al unísono
-la suite que tienen contratada están acabando de limpiarla-se disculpo la muchacha
-¡¡¿me esta diciendo-vocifero Fernanda, notando que la sangre comenzaba de nuevo bombear con fuerza su vena del cuello- que tenemos que esperar, empapadas, muertas de frío y congeladas una hora y media?
-¡¡joder¡¡-se quejo Valeria y mirando a su alredor
-yo lo siento, pero..
-no lo sienta-gruño Fernanda-. ¡¡arréglelo¡¡
-¿Qué ocurre Cindy?-pregunto de nuevo la voz de Víctor. Y por el rabillo del ojo vio a aquellos hombretones de nuevo tras ellas.¡¡que pesado¡¡
-el que faltaba-protesto la rubia
-las normas indican que hasta las 15:00 horas no pueden entrar en la habitación-señalo la recepcionista
-¿acaso no ven que necesitamos cambiarnos de ropa y tomar una ducha caliente?-se quejo la castaña
-si señorita-asintió Paúl-.tiene toda la razón
-podemos ayudarlas-indico Víctor apoyado en la recepción.
-¿Cómo?-pregunto Valeria ante la pasividad de su hermana
-si la señorita española-comenzó a decir Víctor consiguiendo que Fernanda le mirase nos pide disculpas por sus  modales, sus insultos y promete no decirle nada al conde Von..nosotros podríamos hacer que esa habitación la ocuparan en pocos minutos
-semejante osadía-murmuro Fernanda dándole la espalda.
-Fer controla la venita. Que te veo venir
-esto es surrealista. Y ahora este bufón pretende que yo le pida disculpas. Ni hablar
-vámonos Paúl-dijo Víctor dándose la vuelta-.¡que se congelen¡. La señorita española prefiere esperar hasta  las tres de la tarde.
-¡¡No¡¡-grito Valeria, Paúl que al sentir su mano congelada sobre su piel se compadeció-.tenemos frío y necesitamos una ducha
-¡¡Víctor espera¡¡-grito Paúl-.deja de hacerte el duro y haz el favor de permitir que estas señoritas se duchen y se cambien de ropa. No seas cabezón. Si luego se resfrían nos sentiremos culpables
-esa mala bruja y su mal genio no podrán conmigo. O pide disculpas o no muevo un dedo por ellas-y mirando a la rubia soltó.-¿se lo ha pensado mejor?
-ja ¡antes muerta¡-contesto Fernanda muy digna
-mi paciencia no es muy grande-informo Víctor con arrogancia
-Fer ¡¡joder¡¡-protesto ahora Valeria en español-.bájate de la burra para poder entrar en calor. No ves que solo necesitan que alimentes sus egos de machitos
-odio alimentar la autoestima de machitos como estos.
-si no les importa-ahora protesto Víctor-.¿podrían hablar en alemán?
-de acuerdo-asintió Valeria mirando a Paúl  
-lo entiendo asintió Paúl con una sonrisa bobalicona haciendo que Víctor le diera un empujón para espabilarle-mire señor-comenzó a decirle Valeria mientras el castañeaban los dientes-.mi hermana y yo le pedimos disculpas por todo. Y no se preocupe. No le diremos nada al conde
-lo tiene que decir ella-señalo Víctor taciturno. A cabezón no le ganaba nadie
-Fer¡¡joder¡¡. Me muero de frío
-de acuerdo-asintió. Lo hacia por su hermana.-.Les pido disculpas
-tiene que decir porque-indico Víctor enfadado
-les pido disculpas por mis insultos y por mi mal carácter.
-falta algo intervino de nuevo Víctor, al ver como esta cerraba los puños-.tiene que prometernos que no dirá nada al conde  Von. Necesitamos este trabajo
-les prometo que no le diré nada -acabo Fernanda mirándole con odio-¿algo mas?
-no señorita española-siseo Víctor dándose la vuelta-. Nada mas. Disfrute de sus vacaciones en Treveris.
Fernanda sin quitarle los ojos de encima vio como aquel hombre desaparecía del hall
-fíjate como anda, parece el dueño del hotel-señalo Fernanda. Segundos después desapareció con un chico quien tras saludarlas monto sus maletas en el carro del hotel.
-te juro que como se vuelva a dirigir a mi, le arranco la cabeza-
-tranquila-sonrío Valeria-.no creo que tenga ganas.
A diferencia de la sonrisa bobalicona de Paúl, Víctor  ni la miro cuando paso por su lado. Aquella indiferencia le molesto. Nadie le había tratado así
-señoritas -llamo Cindy-.si son tan ambles. El botones las llevara hasta su suite
-gracias-sonrío Valeria con amabilidad y tras intercambiar una sonrisa con Paúl, fue tras su hermana. Sin mirar atrás y con altivez, Fernanda entro en el ascensor. Era consciente de la mirada que la seguía y del reguero de agua que ambas iban dejando a su paso. ¡¡ que situación mas humillante¡¡
-creo que nosotros también nos merecemos una buena ducha-se carcajeo Paúl al ver el enfado de su amigo
-¿sabes Paúl? A la señorita Versace nadie le ha enseñado “quien ríe ultimo, ríe mejor”. pocos minutos después el ascensor se paro en el tercer piso, donde el botones, tras introducir su equipaje en el interior de una impresionante suite, se marcho dejando a las hermanas Villalonga Zubizarreta.


Última edición por janessi1 el Lun Ene 04, 2016 9:30 am, editado 1 vez
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MensajeTema: te lo dije una serie para ser protagonizada por asier etxeandia y angela cremonte   Mar Nov 24, 2015 10:23 pm

CAPITULO 5 : REUNION ANULADA

La reunión con el conde Von estaba programada para las cinco de la tarde. Milagrosamente había concertado aquella cita desde Madrid, y casi salto de alegría cuando lo consiguió. Faltaba hora y media hora para la entrevista. Ataviada con un elegante traje color azul de Armani, Fernanda revisaba unos documentos mientras Valeria aun con el mullido albornoz del hotel, sentada en la cama ojeaba una revista.
-tras la duchita calentita y la ensalada cesar tan rica que nos han subido, creo que dormiré una siestecita mientras estas en la reunión.
-me parece bien. Ojala yo pudiera hacerlo. Me caigo de sueño-
De pronto unos golpes en la puerta atrajeron  su atención
-¿has pedido algo al servicio de habitaciones?-pregunto Valeria
-No. yo no he pedido nada.
Al abrir la puerta, allí estaba el botones que horas antes los habiua llevado hasta la habitación, quien tras darle una nota se marcho
-¿quien la manda?-pregunto con curiosidad Valeria
-¡¡hijo de perra¡¡-bufo de pronto Fernanda tras leer la nota
-¿Qué pasa ahora?
-el condesito anulo la reunión-
-No me digas ¿Por qué?
-no lo se, no lo explica-gruño Fernanda arrugando el papel y tirandolo a la papelera-.la emplaza para el lunes. Directamente en el castillo Eltz
-¡¡que emoción¡¡-grito Valeria al escuchar ese nombre-.el castillo Eltz
-si vamos emocionantísimo-se quejo Fernanda abriendo su portátil-.ahora tendré que buscar un chofer que nos lleve hasta allí , y gastar mas dinero...¡¡yupi¡¡
-¿para que necesitamos un chofer?. Seria mas emocionante y sobre todo mas barato alquilar un coche y con un mapa llegar nosotras mismas hasta allí
-que antigua eres-resoplo Fernanda y saco un aparato de la bolsa de su ordenador-.Valeria ¿conoces los GPS?
-a ver si te crees que vivo en la prehistoria.¡¡pues claro que los conozco¡¡-y quitándoselo de las manos indico-.¿lo ves? Para que queremos chofer si has venido con todos tus juguetitos
-para no perdernos ¿por ejemplo?
-ahora la antigua eres tu. Yo creía que los GPS servían para no perderse
-si Valeria-y tecleo su portátil.-pero prefiero ir mirando el paisaje a conducir
-puedo conducir yo. Total los coches se llevan igual en todos lados. Freno, embrague, acelerador y volante. Nada mas.
-¿tu?-sonrío Fernanda-. No gracias quiero llegar sana y salva
-mira si tuvimos aquel golpe tonto-sonrío al recordar el incidente.-fue porque paco te vomito encima y ¡¡tu¡¡ al moverte me empujaste a mi.¡¡no te digo¡¡ y viendo que sonreía dijo.- vamos Fer anímate. Alquilemos un coche. Será nuestra pequeña aventura.¿no crees que seria emocionante?
La alegría que vio en su hermana hizo que Fernanda se convenciera. Decir que no a aquello podía ser motivo de discusión
-Valeria ¿de verdad crees que tu y yo podríamos llegar sanas y salvas a el castillo Eltz, sin meternos en ningún problema?
-con la ayuda de este maravilloso GPS y con tiempo por delante ¡¡nada es imposible¡¡-
-de acuerdo, buscare un coche de alquiler-asintió al tiempo que su hermana la despachurraba en un cariñoso abrazo. Una hora después Fernanda cerraba el portátil. A través de la pagina del hotel, había contratado un coche. El lunes a las ocho de la mañana un coche alquilado estaría en la puerta del hotel esperándolas
-tenemos dos días para pasear por Treveris-dijo Valeria todavía impresionada por la lujosa suite. Todo era elegante y caro algo a lo que ella no estaba acostumbrada
-. Que te parece si mañana sábado nos vamos de tiendas , seguro que encontraremos algún zara o hm-
-¡¡no me hables de zara porque gracias a ellos estoy aquí¡¡grito Fernanda
-bueno de todas formas será bonito estar las dos juntas-le dijo Valeria sin entender porque había dicho eso
-.Me aparece muy bonito eso que dices, pero necesito localizar a ese maldito conde y conseguir ese asqueroso contrato
-¿tan importante es ese contrato?
-si. La empresa lo necesita
-¿y tu que necesitas?
-ese contrato-respondió Fernanda automáticamente
-lo que tu necesitas es divertirte un poco-
-no lo que yo necesito es descansar-dijo la rubia acurrucándose en la cama
-por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo contigo-bostezo Valeria tumbándose junto a ella. El madrugon del viaje, el día lluviosos y todo lo acontecido comenzaba a pasarles factura. Por lo que acurrucándose en la cama como cuando eran niñas , se arroparon con la manta y se durmieron. Pasadas unas horas un sonido seco y repetitivo hizo que Fernanda dejara los brazos de Morfeo para volver a la realidad. Su móvil sonaba. Era un número oculto
-Fernanda Villalonga al habla.digame
-¡¡ya esta bien¡¡-grito Silvia enfadada. Llevaba horas esperando a que sus hijas la llamaran-.¿se puede saber porque no me habéis llamado?
-ostras, mama-asintió moviendo a su hermana quien abriendo los ojos-.mama. Se nos presentaron varios problemas al llegar aquí, y se nos había pasado.
-podíais pensar un poco en mi ¿no creéis?
-venga mami-continuo Fernanda sentándose en la cama y pulsando el manos libres para que su hermana participara-.no te pongas así
-hola mama-saludo Valeria
-¡¡me vais a matar a disgustos¡¡-grito Silvia
-mami no seas exagerada por favor-dijo Fernanda
-¿Cómo esta fify?-pregunto Valeria para cambiar de tema-.¿se porta bien?
-mejor que vosotras, desde luego-miro a fify que corría tras una pelota por el parque de usera y dijo-.no te preocupes. Tu gordo esta como un rey con Roberto y conmigo
-por cierto maam-pregunto Fernanda al darse cuenta de un detalle-.en tu llamada aparece con número oculto ¿Por qué?
-no se hija. No tengo ni idea-respondió atragantándose mientras se despedía-.buenos tesoros míos. Que las conferencias son muy caras. Un beso para las dos y no olvidéis que aun existo. Adiós-y colgó. Fiffy llego hasta Silvia con la pelota en la boca. Estaba cansado, había corrido mucho. Con cariño le acaricio el cuello del perro, mientras una mano tomaba la de ella
-¿esta todo bien, cielo?-
-si tesoro-asintió Silvia devolviéndole el móvil-.todo esta en orden.
En Treveris a cientos de kilómetros de Madrid, Valeria y Fernanda se miraron tras cortarse la comunicación.
-¿he sido yo sola o también la has notado rara?-dijo Valeria cogiendo el móvil-.por cierto que chulada de iphone.
-referente a tema mama-prosiguió Fernanda quitándole el iphone de las manos y dirigiéndose al baño-.me parece que debería salir con sus amigas. No creo que sea bueno que este tanto tiempo sola
-tienes razón. Pero ya sabes como es-dijo la castaña entrando tras ella
-¡¡oye¡¡-se quejo Fernanda sentada en el wc-.podrías esperar a que yo salga para entrar
-venga ya Fer-dijo cogiendo el cepillo de dientes-no me vengas con vergüenzas ahora, que no te voy a ver nada que no conozca
-es una cuestión de intimidad-se defendió Fernanda
-serás petarda-respondió la castaña comenzando a cepillarse  los dientes, y para hacer rabiar a su hermana exclamo con la boca llena de dentrífico-.pero Fer ¿desde cuando te haces la depilación brasileña?-y agachándose para horror de su hermana pregunto-. ¿Qué te has dejado triangulito o rayita?
-¡¡Valeria¡¡ no seas ordinaria-protesto tapándose con pudor
-pero bueno-río al ver a Fernanda salir del baño precipitadamente-.ven aquí tonta que quiero verlo.
Al día siguiente el tiempo lluvioso no había mejorado y seguía invitando a pertenecer bajo cobijo. Pero  las hermanas Villalonga desafiando el tiempo decidieron salir de su cobijo. Con el sonido de la lluvia golpeando a los cristales sin parar bajaron ambas con vaqueros bajaron a desayunar a la cafetería del hotel
-esta noche podríamos tomar una copita en un pub cercano-sugirió Valeria-.así conoceremos en ambiente nocturno alemana
-ni lo sueñes. No conocemos el lugar-le respondió la rubia
-podemos preguntar en recepción. Seguro que ellos conocen algún sitio-
-hoy es viernes Valeria-indico tensándose al reconocer la figura del hombre que sentado en el bar hablaba con otros dos. Víctor y Paúl. Por suerte no las habían visto y señalándoles  dijo-.piensa que vayamos donde vayamos habrá horteras como esos dos
-Fer, no seas mala-replico mirando justo en el momento en el que Paúl volvía la mirada-.¿horteras dices? Por favor si están para comerlos con tomate
-son unos ordinarios y unos muertos de hambre Valeria-
“¿que le pasaba a Fernanda?, ¿Por qué todo el mundo era inferior para ella?”-pensó la castaña. Con disimulo volvió a mirar a aquellos hombres de espaldas anchas. Se habían cambiado de ropa y también afeitado. Estaban guapísimos. Definitivamente Fernanda además de ciega, tenia menos gusto que un yogur de agua.
En el bar del hotel, Víctor, Paúl  y un tercero tomaban un café mientras charlaban. Al rato sin prestarles atención, los tres hombres se marcharon. Fernanda al ver desaparecer al hombretón, respiro aliviada. No le apetecía respirar el mismo aire que aquel. Durante horas estuvieron comprando ropa, zapatos y demás. Eso si Fernanda de primeras marcas. Valeria sorprendida como soltaba sin pudor su tarjeta platino no pudo evitar sonreír. Su rubia hermana no tenia remedio. Finalmente llegaron al hotel, se pusieron sus trapitos nuevos y bajaron a cenar, pero Valeria no se dejo convencer por su hermana y arrastró a Fernanda hasta la recepción. La asustadiza Cindy no estaba. En su lugar había un chico que se presento como Patrick, quien les recomendó un pub cercano llamado “maclean”. Sumergidas en la oscuridad de la noche, Renania ofrecía un ambiente tenebroso y oscuro, pero pronto llegaron a ese Pub. Cuando abrieron la puerta verde del Pub, unas atronadoras voces las engulleron. Valeria sonriente, sorteo a la multitud hasta encontrar un hueco en la barra mientras Fernanda, horrizada, arrugaba la nariz intentando no rozarse con nadie
-¿Qué quieres tomar?
-una coca cola zero, por favor-respondió Fernanda
-tu te pinchas-bromeo y mirando al camarero pidió en alemán-. Dos jarras de cerveza
-¿Por qué me pides cerveza?. Sabes perfectamente que soy abstemia-
-Fer, por favor. Tu has visto ¿donde estamos?
-si -asintió mirando a su alrededor.-en un lugar asqueroso
-anda princesita-bromeo dándole una enorme jarra-.toma, calla y sígueme
Horrorizada miro la jarra y siguió sonriente quien parecía encontrarse como pez en el agua “maclean” era un local pequeño que olía  a cebada. Tenia dos televisores colocados en dos de sus esquinas desde los que se veía un partido de futbol. “¡¡¡que horror¡¡¡ vaya pandilla de energúmenos”, pensó Valeria mirando como vociferaban y se empujaban a cada pase de balón, mientras Valeria parecía disfrutar de los gritos
-habéis pasado de parecer dos pollos empapados a dos preciosas señoritas-dijo un hombre acercándose a Valeria que le reconoció a pesar de la poca iluminación
-gracias a ti y a tu amigo-respondió la castaña sin importarle el gesto de su hermana
-me llamo Paúl-se presento tendiéndole la mano
-encantada de conocerte paúl-y acercándose a el para mo tener que gritar dijo-.soy Valeria. Y la que nos mira con cara de mosqueo es mi hermana Fernanda. Pero tranquilo que no muerde
-encantado, Fernanda-sonrío divertido por el comentario. Teniéndole la mano que ella no acepto-.me llamo paúl y soy el…
-eres el amigo del gilipollas-interrumpió sin moverse
-prefiere que lo llamen Víctor -aclaro retirando la mano
En ese momento el local prorrumpió en aclamaciones. Uno de los equipos había metido un gol. De pronto se vieron arrastradas por una marea de empujones y abrazos. Valeria sonriendo brindo junto a los hinchas, mientras Valeria horrorizada por como aquellos tipos sudorosos la abrazaban, comenzó a repartir manotazos a diestro y siniestro, consiguiendo que la dejaran en paz. Pero justo cuando creía haberse librado de aquellos plastas, alguien la empujo y derramo toda su jarra de cerveza sobre ella
-¡¡por dios que asco¡¡-grito al sentir como la cerveza le calaba hasta el sujetador
-vaya si es la señorita española-dijo una voz a su espalda con  acento alemán
-¡¡maldita sea¡¡-vocifero, volviéndose para confirmar sus sospechas. Era el gilipollas-.¿eres ciego o que?. Mira como me has puesto la camisa
-¿yo?-exclamo Víctor mostrando su jarra entera-.creo que te equivocas guapa. Valoro mucho mi cerveza como para tirarla
-toma estas servilletas-se apresuro Valeria-. Sécate con ellas
-¿pero tu has visto como me han puesto estos idiotas?-grito asqueada por la peste a cebada que llevaba encima.-me voy al hotel Valeria
-en este momento esta diluviando-informo Víctor-.te ahogarías antes de llegar
-¡¡¿acaso estoy hablando contigo?¡¡-grito Fernanda
-por mi como si le hablas a las farolas-respondió molesto
-¡¡cállate bocazas¡¡-grito ella, ganadote una mirada de varios hinchas
-oye tengo una curiosidad-pregunto Víctor sabiendo su posible respuesta-.¿todas las españolas tenéis el mismo genio, o es que yo te caigo mal?
-directamente, no me caes-espeto Fernanda, quitándose el pelo de la cara-.por lo tanto¡¡no me hables, ¡¡ni me roces¡¡
Fernanda al ver la cara de guasa del alemán y como la recorría con la mirada grito
¡¡eh tu mis pechos no están en el menú¡¡
-gracias al cielo. Serian indigestas-respondió Víctor divertido
-¡¡cállate idiota¡¡-
-da mas ordenes que mi abuelo el militar-.sonrío Víctor aunque ardía de ganas por sentarla en sus rodillas y darle un par de azotes . ¿Qué le pasaba a esa mujer?
-Fer-regaño su hermana-. Solo esta intentando ser amable contigo
-pues yo con el no ¿acaso no lo ves?-chillo la rubia
En ese momento el pub prorrumpió de nuevo en un gol. La avalancha humana volvió a engullirlas, pero esta vez cn el escudo protector del cuerpo de víctor nadie la toco. Aunque no pudo evitar que la cerveza de otro hincha cayera sobre ella
-¡¡maldita sea otra vez¡¡-rugió Fernanda, quien cerrando los ojos para no ver la sonrisa del gilipollas y notando como el liquido volvía a recorrer su cuerpo
-toma-ofreció Víctor quitándose su sobre camisa militar dejando a la vista sus brazos fuertes-.Ve al baño. Quítate tu camisa y ponte esta-
La rubia impregnada en cerveza, no pudo decir que no. Por lo que de malos modos y sin mirarle, se alejo hasta los aseos. Allí tras medio discutir con su hermana, se puso la prenda y salio
-no hace falta que me lo agradezcas-bromeo Víctor al verla reaparecer
-te crees muy gracioso ¿verdad?-dijo Fernanda, y antes de que este pudiera responder indico.-cuando llegue al hotel la mandare a lavar. Mañana tendrás tu camisa intacta
-no hace falta. No te lo he pedido
-se muy bien lo que tengo que hacer-le contesto ella
-lo dudo mucho señorita-y clavándole sus ojos sus impresionantes ojos marrones Víctor dijo-.ni se ni me importa si en tu extraño mundo elitista eres feliz. Pero aquí en Alemania, las personas intentamos agradecer los detalles-
Segundos mas tarde apareció Paúl con cuatro jarras de cerveza en la mano que dejo sobre una pequeña mesita circular que había entre ellos
-gracias Paúl-agradeció Valeria
-no hay de que-se volvió hacia su amigo-.Víctor te presento a estas señoritas
-no hace falta-gruño Fernanda aun molesta por lo que había escuchado
-mi nombre es Valeria-no dejaba de lanzar miradas a su hermana, a la que solo faltaba echar espumarajos por la boca-. La que te mira con cara de doberman es Fernanda.
-¡¡Valeria¡¡-protesto al escucharla
-pero tranquilo-prosiguió Paúl-. creo que no muerde
-encantado de no conocerte lady doberman-saludo Víctor con una ridícula sonrisa. No lo podía evitar . Esa señorita española en el fondo le hacia gracia. Pero aquella sonrisa  acabo tan rápido como empezó. Fernanda humillada y enfadada, cojio una enorme jarra de cerveza de la mesa y antes de que Valeria pudiera pararla se la tiro a la cara,
-¡¡Fer, por dios¡¡-grito su hermana al ver a paúl interponerse entre aquellos dos titanes. El duelo estaba servido
-por que no te ríes ahora, tío listo-increpo Fernanda-.¡¡llámame otra vez por ese ridículo nombre y te juro que te arruino la vida¡¡¡
-Víctor Karl relájate-advirtió paúl viendo como este miraba a aquella bruja
-¡¡quítate del medio¡¡-murmuro empapado de cerveza
-¡¡si¡¡-vocifero Fernanda sin ser consciente de que todo el Pub les miraban. Aquello había pasado a ser mas divertido que el futbol-.quítate de en medio. No necesito que mentecatos como tu me protejan. Se hacerlo solita
-Fernanda-protesto Valeria de nuevo en español. Eran el centro de atención-.haz el favor de dejar hacer el tonto que aquí tenemos las de perder-pero al ver que su hermana ni la miraba susurro-.mama se disgustara mucho como salgamos en el telediario. Porque me temo que de aquí no salimos vivas.
Sin entender lo que aquella había dicho, Paúl se retiro hacia un lado. Conocía a Víctor y sabia que nunca haría anda a esa bruja. El problema era que no conocía a la española y su nivel de mala leche
-oye-susurro Paúl en alemán-.¿tu hermana esta loca?
-no te pases ni un pelo, amigo-advirtió Valeria señalándole con el dedo
-tranquilo Paúl. Bichos ridículos como estos no me causan ningún miedo.
La rubia, con gesto furioso, lo retaba. Nunca se había dejado humillar por nadie y aquel idota no iba ser el primero
-si vuelves a llamarme por cualquier otro nombre que no sea el mío-advirtió Fernanda agarrando una nueva jarra de cerveza-te juro que..
-¿sabes princesita?-interrumpió Víctor, aceptando el reto-.eres la menos indicada para decir eso. Me has llamado gilipollas, imbecil y un sinfín de cosas mas que..
Pero no pudo terminar la frase, Fernanda con rabia derramo una nueva jarra sobre el haciendo prorrumpir en carcajadas a todo el Pub
-se acabaron las contemplaciones-bufo Víctor y echándosela al hombro a pesar de los gritos de la rubia que comenzó a golpearle sin piedad, salio del pub entre aplausos y vítores, seguidos por Valeria y Paúl. Una vez en la calle bajo la lluvia torrencial, Víctor la dejo en el suelo. Momento que ella aprovecho para propinarle una bofetada
-te mereces eso y mas-grito Fernanda al ver su cara-.no vuelvas a ponerme las manos encima, o te juro que..
-¿o me juras que?-vocifero Víctor ante los ojos incrédulos de su amigo. Nunca le había visto comportarse así con una mujer. En circunstancias normales, ante la primera provocación la habría ignorado. Si algo le sobraba a Víctor eran mujeres
-¡¡que te mato¡¡-escupió rabiosa al verle sonreír.
Al escuchar aquello sin sabe porque, Víctor de dos zancadas llego hasta ella. Y ante los ojos incrédulos de Paúl y Valeria, poso su mano en la nuca de la rubia y atrayéndola hacia el la beso con mas pasión de la que en principio quería demostrar
-si no lo veo, no lo creo-murmuro Valeria al ver aquello
-perdona Valeria. Pero Víctor..es mucho Víctor-aclaro Paúl.
Ajena a los comentarios, Fernanda lucho por librarse de aquel bruto, pero poco a poco se fue paralizando. Nunca la habían besado de aquella manera. Y lo de peor de todo, le gustaba mucho. De pronto víctor la soltó con la misma fuerza con que la había tomado, y clavando sus insolentes ojos en ella, pero la joven publicista, que nunca se rendía, subió con fuerza la rodilla y le propino un fuerte golpe en a entrepierna que le hizo doblarse de dolor
-¡¡te lo dije maldito alemán¡¡-grito triunfadora. Y tras mirar a su hermana, quien por una vez no dijo nada, se marcharon al hotel.
Paúl todavía sorprendido por lo ocurrido ayudo al dolorido moreno a incorporarse. Aquello había sido un golpe bajo. Muy bajo
-que puta loca. ¿estas bien?-pregunto el pelirrojo
-no te preocupes-mascullo Víctor y mirando como aquella bruja española se alejaba bajo la lluvia susurro.-vuelvo a repetir : el que ríe ultimo ríe mejor.


Última edición por janessi1 el Lun Ene 04, 2016 9:31 am, editado 1 vez
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janessi1
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MensajeTema: Re: Te lo dije una serie para que protagonizaran asier etxeandia y Ángela cremonte   Mar Nov 24, 2015 10:42 pm

CAPITULO 6: SABADO SABADETE

El sábado cuando despertaron, se sorprendieron al ver un estupendo y precioso día. Parecía mentira que hubiera diluviado el día anterior. Decidieron tomar en la habitación un exquisito desayuno . Después Valeria se fue a duchar mientras Fernanda abrió su ordenador y echaba un vistazo a los periódicos digitales. Y sobre las diez de la mañana, ambas salían del hotel, dispuestas a visitar la ciudad. Horas mas tarde agotadas decidieron sentarse en una cafetería. Al entrar, el camarero, les sonrío con amabilidad, algo que la castaña agradeció pero Fernanda critico
-menuda cara de idiota que tiene el pobre. No se ni como esta trabajando aquí
-lo que se ha perdido sálvame al no contratarte. Tienes palabras desagradables para todo el mundo
-y tu eres una mal hablada. De cuatro palabras que dices tres son tacos, con profesoras como tu no me extraña que la educación en España sea un autentico fracaso-
-siempre hubo clases bonita- sonrío Valeria sonriéndola
-y yo lo que creo es que es verdad
-tu lo has dicho Fer. Crees. Pero eso no te de la verdad-y mirando sus ojos azules añadió-.igual que lo de anoche. Creo que te pasaste tres pueblos con Víctor
-¿el gilipollas?-dijo levantando una ceja
-prefiere que lo llamen Víctor. Te lo dijo Paúl y si creo que lo que hiciste estuvo mal-
-se lo merecía Valeria-asintió colocándose sus caras gafas Prada-este tío es el ser mas repugnante con el que me cruzado en mi vida
-pues chica, cuando te beso, por tu manera de responder, no lo parecía.
-no digas tonterías-se inquieto Fernanda. Sabia que era mentira pero ni muerta lo reconocería-.me pillo desprevenida. Solo es eso-y mirando a su hermana para finalizar la charla dijo-.si no te importa prefiero finiquitar este tema aquí. No quiero volver a hablar ni a ver a ese tipo . Es asqueroso como todos los hombres en general-
Valeria, tras escucharla, decidió no añadir nada mas. Su hermana tenia una visión tenia una visión diferente de lo ocurrido la noche anterior y sabia que por mucho que se empeñara en hablar con ella no la iba a cambiar. Una vez finalizaron su bebida se fueron hacia el hotel para descansar, cuando horas mas tarde la puerta de su suite sonó. La castaña se acerco a abrirla: era el botones con una nota, Valeria se despidió con una sonrisa y comenzó a leer la nota en voz alta. Dicha nota estaba firmada por Paúl y el “gilipollas”, invitándolas a cenar
-¿vas a quedar con esos horteras?-critico Fernanda al ver a su hermana tan contenta
-por supuesto y tu deberías venir-dijo la castaña calzándose unos vaqueros.-es un detalle que después de lo ocurrido anoche nos inviten a cenar
-a cianuro le invita yo a ese gilipollas-señalo despectivamente
-¡¡Fer por dios¡¡-se carcajeo su hermana al escucharla
-vale vale pero yo no voy-dijo Fernanda que no se fiaba ni un pelo de esos dos.-y pienso que tu tampoco deberías ir. Además se esta preparando una buena tormenta
-no me voy de excursión, y déjame decirte que pienso que deberías aceptar las disculpas que te están ofreciendo-
-¡¡antes muerta¡¡ cuanto mas lejos este de ese arrogante mejor-
-quizás vuestro comienzo no fue bueno-sonrío Valeria dandel un beso.-pero intuyo que ese hombre no es mala gente, anímate anda te lo pasaras bien además si no vienes ¿que puedo decir?
-diles que yo no ceno con los amigos del pato Donald-
-eres una bruja con muy mala leche-le dijo su hermana acercándose a la puerta.-bueno intentare disculparte si quieres algo llámame al móvil
Cuando la castaña cerro la puerta tras de si, Fernanda cojio el teléfono para pedir una ensalada con brotes de soja y tofu y una limonada al servicio de habitaciones. Segundos mas tarde encendió de mala gana su portátil, tenia cosas que hacer. Además por nada del mundo quería estar con el hombre que le estaba amargando el viaje desde el primer momento. Al mismo tiempo en la recepción del hotel Paúl esperaba a Valeria, a quien le temblaron las piernas al verlo tan guapo. Era curioso pero hacia tres días que no pensaba en Chema y eso le gusto.
-me alegro mucho que hayas aceptado mi invitación-dijo Paúl al verla
-y a mi recibirla-y mirando a su alrededor susurro.-¿estamos solos?
-si, estamos solos-asintió el pelirrojo, señalando hacia el bar del hotel-.creo que tu hermana y Víctor no se soportan-
-eso no te lo discuto-dijo Valeria sonriendo al recordar el comentario del pato Donald
Por lo que ambos resignados se acercaron hacia la entrada del hotel, pero antes de hacerlos saludaron con la mano a Víctor, quien con un ligero cabeceo los despidió.
Esta vez el moreno se había resistido a ceder. Pero al ver que Fernanda tampoco había bajado algo en su interior se removió. Nunca una mujer le había rechazado de esa forma y eso en el fondo le tenia enfermo. Apenas había podido dormir pensando en los ojos celestes de la española y en ese beso que le robo. “¿Qué me ocurre? ¿acaso soy masoquista?”pensó Víctor. Estaba confundió en sus pensamientos cuando Marc el recepcionista, tras saludarlo le entrego al camarero una nota. Era el pedido de Fernanda. Al escuchar aquello sonrío y tomando la nota indico al desconcertado camarero que el personalmente se encargaría de ello. Media hora después, cuando Fernanda estaba enfrascada en unos documentos de su trabajo llamaron a la puerta. Rápidamente metió el cigarro que se estaba fumando en un vaso de agua (no estaba permitido fumar) y vestida con un pijama de raso negro de Armani, abrió la puerta y segundos después se quedo sola.
Fernanda tras responder varios correos, y muerta de hambre abrió la tapa de su cena pero se llevo la sorpresa del siglo cuando vio un filete empanado con patatas fritas. ¿Cómo podía ser aquello?. Ella había pedido una ensalada con brotes de soja y tofu. Enfadada con el descuido, llamo al servicio de habitaciones para que subsanaran el error, no paso ni tres segundos cuando llamaron a la puerta
-vaya han sido rápidos-dijo la rubia satisfecha. Pero la alegría le duro poco. Al abrir, sus ojos se encontraron con la ultima persona que deseaba ver: Víctor Karl
-¡¡¿Qué haces tu aquí?¡¡-ladro la rubia enfadada
-vengo a subsanar el error, señorita-y antes de que pudiera decir nada le enseño la ensalada que traía en sus manos. Aunque omitió que llevaba mas de 20 minutos esperando en el pasillo. Sin responderle, se volvió sintiendo como aquel hombre la observaba con descaro. Pero no podía mostrarle que dominaba la situación, así que Fernanda señalo el filete con patatas.
-puedes llevarte esto. No es lo que he pedido.
-tiene buena pinta-asintió Víctor que dejo la ensalada en la misma mesa que el filete.-¿de verdad o te apetece probar el filete?. El cocinero mezcla la carne con especias y le da un sabor muy especial.
-no quiero probarlo, por lo tanto agradecería que lo cogieras y abandonases cuanto antes mi habitación
-tengo una idea-indico Víctor dejándola con la boca abierta. Aquel hombre la sorprendía-.que tal, si ya que estoy aquí, me invitas a quedarme y compartimos cena.
“definitivamente a este hombre le falta un hervor”, pensó incrédula. Aunque su mente y en especial sus ojos, fueron conscientes de lo guapo que estaba Víctor
-pues va a ser que no-respondió indignada por aquel atrevimiento
-vaya, veo que sigues enfadada por lo de ayer- y acercándose hasta la rubia murmuro-.si te soy sincero, cada vez que pienso en ti me duele la entrepierna.
-pues si no quieres que te vuelva a doler-se revolvió Fernanda al sentir com. aquel hombre le miraba.-haz el favor de salir ahora mismo de mi habitación. Eres la ultima persona con la que me apetece estar en este momento
-¿estas segura?-sonrío, conocedor del magnetismo que provocaba en las mujeres. Aunque en aquella estaba comprobando que no y recordando un comentario de Valeria añadió sonriendo-.vale tu vena del cuello me indica que dices la verdad-
Al escuchar aquello Fernanda se tapo la parte derecha de su cuello con la mano ¡¡odiosa vena¡¡. Y dirigiéndose hacia la puerta, la abrió y en un tono nada amigable indico -o sales ahora mismo de mi habitación o te juro que vas acordarte de mi el resto de tu miserable vida.¡¡insolente¡¡. Pero ¿quien te crees para colarte en mi cuarto?.
A Víctor la jugada le había salido muy mal. Había creído que podría compartir una velada amistosa con aquella mujer, e incluso llegar a un entendimiento. Pero era imposible, por lo que cojio el plato de filete, se encamino hacia la puerta masticando una patata mientras la observaba. Estaba preciosa. Nada de maquillaje,. Nada de tacones. Nada de artificialidad. Solo Fernanda Villalonga Zubizarreta
— Sólo intentaba ser amable contigo. Creí que una buena charla entre los dos aclararía ciertas cosas. Ah... por cierto. No creas que vine para seducirte. Eres la clase de mujer que me hace correr en dirección contraria.
— ¿Serás creído? — gritó Fernanda y antes de poder decir algo más, Víctor, se marchó. De un portazo que sonó como un trueno la rubia soltó la adrenalina contenida en sus venas. ¿Cómo se atrevía aquel idiota a decirle esas cosas? así que abriendo de nuevo la puerta, salió al pasillo donde le vio meterse en el ascensor, momento que ella aprovechó para correr e introducirse en el habitáculo, para sorpresa de Víctor
— ¿Pero dónde vas así vestida? — preguntó él sin poder dejar de mirarla.
— Voy a dar una queja — indicó con la barbilla alta.
— Podrías haberla dado por teléfono — sonrió el moreno, quien maravillado por la rubia, la observaba desde atrás.
— ¡Ni me hables!
— Ya estamos con las órdenes.
En ese momento las luces del ascensor se apagaron y el artefacto se paró en seco, encendiéndose las luces de emergencia.
— ¿Qué ha pasado? — preguntó Fernanda. Le daban miedo aquellas situaciones.
— La tormenta- contestó Víctor pasando junto a ella para tocar a varios botones-. En ocasiones las tormentas nos hacen tener problemas con el fluido eléctrico.
— ¡Maldita sea!- protestó Fernanda, consciente de lo cerca que estaba de ella
-. ¿Crees que tardaran mucho en darse cuenta que estamos aquí?
— No lo creo — respondió el apoyándose en la pared del ascensor.
Pasados cinco minutos Fernanda estaba que echaba chispas. Y cuando llevaban más de media hora, Víctor comenzó a pensar en asesinarla sin piedad.
— ¿Sabes princesita? — ladró el moreno de tal manera que la rubia por primera vez se calló —. O te callas, o te juro que no sales viva del ascensor, porque el que te va a matar soy yo.
Sentados los dos en el suelo, Fernanda comenzó a tiritar. Tenía frío. Su pijama de seda no abrigaba nada, pero prefería morir de frío a pedirle nada a aquel cromañón, que sentado frente a ella la miraba en ocasiones con el gesto ceñudo.
El rugir de sus tripas la estaba matando. Avergonzada por aquellos ruidos y por el castañeteo de sus dientes, intentó concentrarse. Nunca le habían gustado los sitios cerrados, en especial los ascensores, pero tenía que controlar aquella situación. Por lo que flexionando las rodillas y agarrándoselas con las manos, apoyó allí su cabeza y justo cuando comenzaba a relajarse, notó cómo aquel hombre la cogía entre sus brazos para ponerla encima de él.
— ¿Qué estás haciendo?
— Intento darte calor — suspiró, intuyendo de nuevo sus quejas —. Pero si crees que estoy intentando seducirte, vuelvo a ponerte en el suelo.
Por unos segundos dudó. ¿Qué hacer? Por un lado le gustaba la sensación de calor que aquél irradiaba y por otro tenerlo tan cerca le incomodaba. Pero pasados los primeros minutos en que ambos estuvieron callados, Fernanda comenzó a relajarse.
— La fiera que llevas dentro te ruge — se mofó Víctor, así que le acercó el plato con el filete y las patatas —. Come algo antes de que salga y me coma a mí.
Aquel comentario le hizo sonreír sorprendiendo a Víctor, que esperaba un arranque de mala leche en vez de una sonrisa.
- soy vegetariana desde hace 9 años señaló Fernanda
— Tú verás — asintió el moreno dando un bocado al filete —. Sólo tenemos esto, y no sé cuánto tardará en volver la luz.
— ¿Te vas a comer el filete a bocados? — pero al comprobar cómo la miraba, asintió y cogiendo un trozo de filete del plato, lo mordió y comenzó a masticar. Momentos después, ante la mirada divertida de Víctor, volvió a morder otro trozo y coger patatas.
— Está bueno ¿verdad? — preguntó Víctor.
— Mmm… — asintió con una pequeña sonrisa.
Tras acabar entre los dos el filete y las patatas, el cambió de posición. Se le estaban durmiendo las piernas. Pero no quería quitarla de encima de él. Le gustaba el olor que desprendía y más ahora que estaba tranquila y sonreía.
— Parece que la fiera de tu estómago se ha dormido — bromeó Víctor, momento en que ella se retiró con coquetería el pelo de la cara para mirarle.
— Eso parece — asintió. Comenzaba a sentir calor —. La verdad es que cuando tengo hambre me pongo bastante nerviosa. A mi padre le pasaba igual.
— Es curiosa —dijo mirándole el cuello, extasiado — esta vena tuya. Me fijé en ella al escuchar a tu hermana decírtelo en varias ocasiones. ¡La vena Fer, la vena!
— La dichosa vena— sonrió abiertamente —. Es herencia de mi abuela Consuelo.
— Entonces — bromeó posando su mano en la cabeza y con cuidado comenzó a darle un masaje — has heredado el hambre voraz de tu padre y la mala leche de tu abuela Consuelo. ¿Tienes más hermanos?
— No. Sólo somos Valeria y yo, aunque Roberto es como un hermano — susurró al sentir cómo las manos de aquel hombre le masajeaban el cráneo. ¡Qué gusto!
— Tu padre debe de estar contento — sonrió viéndola cerrar los ojos. Deseaba besarla —. Vivir rodeado de mujeres es algo maravilloso.
— Mi padre murió hace años- contestó moviendo la cabeza para que se apartara.
— Lo siento — susurró sin poder resistir al magnetismo que sentía por ella, dándole un corto pero dulce beso en los labios —. Lo siento de verdad. Yo perdí también hace años a mis padres, y sé que la pérdida de un ser querido es irreparable. Fernanda , conmovida por aquellas palabras, le devolvió el beso. Goyo en los 5 años que habían estado juntos, nunca le había dicho nada con esa ternura, ni mostrado un sentimiento como aquél. De pronto, sorprendiéndole cómo nunca le había sorprendido ninguna mujer, se sentó a horcajadas sobre él. Le tomó la cara y lo volvió a besar ero dos minutos después la rubia viendo que aquello era un juego peligroso dijo separándose de él,
— No puedo seguir. Yo, no hago estas cosas
— ¿Sabes una cosa? — susurró Víctor.
— Dime.
— La primera vez que te vi, a pesar de tu comportamiento de bruja insolente, no pude resistirme y me fije en ti. Estabas preciosa.
— Estaba horrible — murmuró, aceptando con una sonrisa aquellos sabrosos labios que de nuevo se acercaban a ella. No podía resistirse. No podía decir que no. Estar allí con él era diferente, era como si...
De pronto las luces se encendieron y las puertas del ascensor se abrieron.
-Si no lo veo, no lo creo- dijo Paúl mirando a su primo y a la rubia
— Perdona Víctor — sonrió Valeria tan sorprendida como él —. Pero Fernanda es mucha Fernanda. A ver qué te habías creído tú.
Al hacerse la luz se miraron a los ojos. La magia se había roto y levantándose con rapidez Fernanda se alejó de Víctor
— ¿Qué ha pasado? — preguntó Valeria con curiosidad.
— Bajábamos en el ascensor cuando se fue la luz — indicó el moreno.
— ¿En pijama? — sonrió Valeria.
— Iba a dar una queja — respondió mirando a su hermana.
— ¿Una queja? — sonrió Paúl.
— Sí. Una queja — asintió Fernanda y volviéndose hacia Víctor, volvió a marcar las diferencias entre ellos —. Este ha osado meterse en mi habitación y...
Al decir aquello un latigazo de confusión la calló. Víctor la observaba con seriedad. No lo comprendía, pero tampoco se comprendía ella.
— Si quiere la acompaño a dar la queja — indicó Víctor con voz dura —. Estoy seguro de que esta noche dormirá más tranquila, sabiendo que un don nadie como yo está despedido.
— No. No hace falta — dijo metiéndose de nuevo en el ascensor —. Volveré a mi habitación. Pero por su bien, olvídese de mí. ¿Entendido?
Al decir aquello, las chispas de sus miradas casi ocasionaron un cortocircuito en el hotel. Pero víctor, construyendo una sonrisa, respondió.
— No lo dude princesita.
Valeria, tras despedirse de Paúl , aprovechó para volver junto a su hermana.
— ¡No quiero hablar de ello! Déjame dormir -señaló Fernanda.
Y atormentada, aquella noche ya no fue sólo Víctor quien no durmió.
El domingo pasó sin pena de gloria. Fernanda estuvo todo el día enfadada y Valeria sólo pudo aguantar el tirón. Fernanda sólo salió dos veces de su habitación. Le horrorizaba encontrarse con el moreno. Lo ocurrido la noche anterior había sido bochornoso. Se había comportado como una cualquiera y temía conocer su reacción, algo de lo que se culpaba. No sabía aún por qué había reaccionado así tras pasar aquellos momentos juntos. Pero ya no había marcha atrás. El lunes a las nueve y media de la mañana cuando esperaban en recepción la llegada de su coche de alquiler. Fernanda vio pasar a Víctor, acompañado de una de las camareras. Parecían estar enfrascados en una interesante conversación, pero cuando pasó junto a ellas se limitó a darles los buenos días y nada más. Algo que en cierto modo le molestó, pero agradeció. En aquel momento no estaba dispuesta a liarse con nadie y menos con un tipo así.
— Señoritas — indicó Cindy, la recepcionista, con una amable sonrisa al ver a Stephen aparecer —. Su coche acaba de llegar.
Valeria al mirar hacia la entrada del hotel, se quedó sin palabras. Ante ellas había un increíble deportivo color rojo.
- ¿Has alquilado un descapotable para andar por Treveris?- dijo Valeria señalando al coche
— La imagen de la empresa es importante — contestó, su hermana saliendo con prisa del hotel. No quería volver a coincidir con Víctor Karl.
Y tras echar el portátil, los bolsos y los abrigos sobre los incómodos asientos se montaron dentro. Fernanda , metió primera y doblando la esquina, desapareció.
Víctor mientras tanto con una sonrisa en la boca, abrió su móvil.
— Adán, soy Víctor — dijo entrando al hotel —. conecta el GPS del Audi TT, creo que lo vamos a necesitar.
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MensajeTema: CAPITULO 7 : VACAS LOCAS   Miér Dic 09, 2015 11:31 am

Salir de Treveris no iba a ser tarea fácil pues tras doblar la esquina del hotel a toda velocidad, chirriando rueda, un coche les arrancó el espejo retrovisor del conductor. La rubia blasfemó, pero a pesar de todo, con paciencia y siguiendo las instrucciones del GPS, consiguieron entrar en la autopista A-1, donde repostaron gasolina. Al salir de allí Valeria se empeñó en coger el coche, y aunque al principio Fernanda, histérica, gritó que se estaba jugando la vida, al final su hermana consiguió que se callara y relajara, mientras conducía por la autopista. Una vez pasado Treveris el cielo se encapotó de horrorosas nubes grisáceas, y la carretera sin motivo alguno se estrechó, algo que a Fernanda le horrorizó, pero que a Valeria, en contra, le encantó. Enormes montañas comenzaron a rodearlas de tal forma que había momentos en los que parecían haberse perdido en una película . Todo lo que las rodeaba estaba lleno de tonos verdes y violetas. Los árboles y las flores de cientos de colores parecían vivir en perfecta armonía con las vacas peludas que con tranquilidad pastaban por los prados. Tras un largo trecho por aquellos paisajes idílicos . Fue cuando Valeria leyó un cartel y gritó.
—Ostras Fer. ¿Has visto lo que ponía ahí?
— Pues no —respondió levantándose sus carísimas gafas de Prada por primera vez en todo el día.
—Vamos directas al río Lahn. ¡Madre mía! ¡Tenemos que parar! ¡Tenemos que parar para que me hagas alguna foto!
Su hermana la miró de arriba abajo antes de contestar.
—Ni lo sueñes —dijo. Miró el reloj. Eran las 11:00 de la mañana—. La reunión es dentro de una hora , no quiero llegar tarde. Además Valeria, ¿es que no ves que está diluviando?
El mohín de disgusto que apareció en sus labios indicó que le daba exactamente igual el agua que caía del cielo. Aun así continuó el camino, aunque sin dejar de farfullar. Pero cuando vieron el siguiente cartel, el del Lago Laacher, entonces sí que no entró en razón.
—Mira Fer Me importa un pimiento del padrón lo que digas. No he parado en el Lago Lahn por no escucharte. Pero aunque digas misa en arameo, voy a parar en el Lago Laacher See. Sólo será un minuto para hacerme una foto. Una foto que será un recuerdo único para toda mi vida-.
Pero parecía que su hermana no la miraba. Llevaba unos segundos intentando identificar algo que se movía por el interior del coche. Algo que zumbaba y se desplazaba lentamente cerca de sus cabezas. Algo...
—Ah...¡No!...¡No!—gritó de pronto Fernanda dando manotazos al aire
—. ¡Una avispa! ¡Una avispa!
Las avispas y todo el reino animal en sí, asustaban a la publicista. Solo las plantas, aunque no las carnívoras, le daban cierta tranquilidad.
— Tranquila... Tranquila — dijo Valeria sin estarlo demasiado—. Bajaré la capota para que salga.
Dando al botón dorado, la capota de lona color negro del Audi comenzó a bajar. Pero al igual que la avispa desapareció, la lluvia comenzó a entrar al instante.
—Cierra. ¡Cierra la capota! —gritó Fernanda histérica al notar cómo el agua la empapaba—. Me estoy calando.
— Joder Fer. Joder. Dame tiempo —vociferó la castaña dando al botón de la capota que con mucha más lentitud de la que se había abierto comenzó a cerrarse. Cuando llegaron al Lago Laacher estaba diluviando, pero Valeria no transigió. A pesar de las protestas de Fernanda, se desvió de la carretera y se adentró por un camino tortuoso en dirección al lago.
— Préstame atención — dijo Valeria echando el freno de mano —. Toma mi cámara y hazme una foto. Sólo es necesario que pongas tu dedito de diseño en mi indocumentada cámara, y hagas ¡clic! ¿Crees que podrás?
—Pero ¡tú estás loca! —protestó Fernanda — .Te vas a empapar.
—Sí —asintió sonriendo— Me voy a empapar. Me voy a mojar. Me voy a calar. Pero no me importa, porque este recuerdo será para mí algo muy especial.
La castaña, abrió la puerta del coche muerta de risa, corrió hacia el lago y, dejando a su hermana petrificada, comenzó a posar bajo el aguacero.
«Está como una regadera», pensó Fernanda mientras le tiraba varias fotos.
—Venga, Kate Moss — le ordenó —. Entra en el coche de una vez. Tengo prisa.
Sonriente, Valeria volvió hacia el vehículo, pero cuando fue a sentarse en el asiento del conductor fue Fernanda quién habló.
—Ahora conduciré yo.
Sin decir nada, su hermana corrió hacia la otra puerta y, una vez cerró, Fernanda metió primera y aceleró de tal manera que el coche se salió del camino, hundiéndose en el barro.
—¡Cojonudo! —masculló Valeria.
La rubia intentó manipular con todos los botones a su alcance, Pero las ruedas solo chirriaban en el lodo.
—Esto no se mueve —protestó Fernanda.
— ¿Quizá será porque la has cagado? —preguntó su hermana secándose la cara.
Al meter el coche en el barro se había quedado clavado, como una sandía en un frutero. Valeria, quién a diferencia de su hermana recibía la vida de otra manera, intentó buscar soluciones, pero ninguna resultó. Angustiada, la rubia veía cómo pasaban los minutos. Apenas faltaba media hora para la reunión con el conde Von y allí estaba ella, sin poder hacer nada, rodeada de montañas, de agua y de un grupo de vacas que cada vez estaban más cerca. Más cerca.
—¡Maldita sea! —gritó Fernanda —. ¿Por qué todo me tiene que ocurrir a mí?
—Lo siento de verdad —aseguró Valeria.
— ¡Encima no tengo cobertura! —chilló como una posesa.
Su hermana la miró de soslayo.
— Fer. Piensa en tu vena y relájate. Algo se nos ocurrirá.
— ¿Algo se nos ocurrirá? ¿Algo? — vociferó angustiada—. ¿Qué es ese algo?
—Mira, chata —se mofó Valeria —. Si fueras gamba, con esa cabeza que tienes, serías todo desperdicio. ¡Por Dios! Qué mujer más negativa.
— Cállate y deja de decir tonterías.
La castaña hastiada de escuchar a su hermana, salió del coche. A pesar de que la lluvia la empapaba y el barro le salpicaba, buscó algún trozo de madera para poner bajo las ruedas e intentar sacar el coche del barrizal. Pero fue inútil. Lo único que consiguió fue hundirle más y pringarse de barro.
— Creo que de aquí sólo nos saca la grúa —se resignó Valeria entrando de nuevo en el coche.
— ¡Dios! ¡Dios! No puede estar ocurriéndome esto — murmuró Fernanda golpeándose la cabeza con el volante —. Necesito ese contrato.
Una de las vacas escocesas acercó su enorme cara peluda a la ventanilla de la joven publicista, y al levantar ésta la cabeza y ver aquella cara tras el cristal, dio un grito echándose sobre su hermana, que no pudo dejar de carcajearse.
— Fer por Dios. ¡Basta ya! —se mofó, al ver a su hermana enloquecida—. Vas a conseguir asustarme a mí
Pero la situación empeoró cuando aquella peluda y marroncita vaca, comenzó a chupar la capota de lona del coche y, enganchándola primero con un cuerno y luego con la boca, comenzó a tirar.
— ¡La está rompiendo! — chilló Fernanda —. ¡Ay Dios! Se está comiendo la capota. ¡La está rompiendo! ¡Van a atacarnos!
Su hermana empezó a preocuparse, pero no por las vacas, sino por si habían hecho o no seguro al coche.
— Te dije que no era buena idea alquilar este coche. ¡Pero no! Tus ansias de impresionar al cliente te llevaron a alquilar un descapotable ¡lo mejor para andar por Alemania, un lugar en el que llueve cada dos por tres ¿Verdad? — .
Al no obtener respuesta de la aterrorizada Fernanda, abrió la puerta del coche y salió dando palmadas para intentar alejar a las vacas quienes, como es lógico, se asustaron y se fueron a pastar a otra parte. Cuando volvió a entrar su hermana estaba más recuperada, Tanto que de nuevo comenzó a mandar.
— Toma y calla — vociferó entregándole el móvil —. Aléjate unos metros a ver si coges cobertura y podemos avisar a la policía.
Valeria, con infinita paciencia, se alejó del coche, pero era inútil. Ni su móvil, ni el de su hermana tenían cobertura allí, y para rematar la situación la pesada vaca volvió de nuevo al coche y comenzó a tirar con fuerza de la capota.
De pronto sonó ¡craggggg! .La capota entera se rajó, momento en que Fernanda comenzó a aullar como una posesa. Valeria al ver aquello corrió hacia el coche.
— ¡Toca el claxon! — gritó —. ¡Toca el pito!
Fernanda obedeció la orden de su hermana y empezó a tocarlo enloquecida. Aquello dio resultado, aunque de forma discreta. Cuando parecía que las vacas se habían alejado un poco, Valeria, empapada, se sentó en el coche tiritando.
— ¿Qué vamos a hacer? — increpó Fernanda, allí sentada en el Audi, sin capota y lloviendo a mares.
— No tengo ni idea —respondió su hermana, quitándose con la mano el agua que, como un río, corría por su cara.
— El conde debe estar mosqueado — se quejó la rubia lloriqueando- son las doce y media. Lleva esperando media hora. Dios mío. ¡Y todo es culpa tuya¡.
— Sí hombre, y lo de la capa de ozono también — se mofó Valeria — Te recuerdo por si lo has olvidado que has sido tú, la que has clavado el coche en el barrizal.
— Te dije que no te desviaras. Te lo dije.
— ¡Que no! —respondió Valeria harta de escucharla —. Que no me vas a culpar a mí de esto, porque no me da la gana. Tú has sido la culpable. Sólo tú.
— ¡No! Maldita vaca. ¡No! — gritó con desesperación Fernanda sin referirse a su hermana que tenía una talla menos que ella —. ¡Eso no! ¡Eso no!
Valeria, incrédula por la situación, vio a su hermana salir del coche tan deprisa, que las punteras de sus botines Gucci, se clavaron en el barro haciéndola caer de bruces. Sin poder contenerse, soltó una risotada que Fernanda no debió de oír. La vaca llevaba el maletín con el portátil en su boca, y la rubia, hecha un auténtico adefesio de barro, corría como podía tras ella.
— Vaca. Ven aquí, ¡Devuélveme mi portátil! — gritó Fernanda rebozada en barro. La vaca, asustada por los aullidos de la rubia, comenzó a correr. Pero cansada de llevar a una loca aullándole en el culo soltó el maletín. Con la mala suerte de que cayó en el centro de un enorme charco.
— ¡No! ¡No! ¡El portátil no! — gritó desesperada la rubia.
Valeria intentaba sin éxito parecer impasible y Fernanda, en su afán de recuperar el maletín, metió un pie en el charco, y al sacarlo sólo salió el pie. Sin botín.
— ¡Maldita sea, Valeria! Quieres hacer el favor de venir aquí y ayudarme.
— ¡Ainsss, Fer, que me va a dar algo! — se guaseó acercándose dolorida de tanto reír —. No te enfades. Pero este momento es para inmortalizarlo — dijo sacándole una foto con su cámara indocumentada.
Aquello fue la gota que colmó el vaso. La publicista sin pensárselo dos veces, se lanzó contra su hermana y las dos cayeron al charco.
— ¡Maldito sea el momento en que te dije que me acompañaras! —berreó Fernanda con rabia.
— Fer ¡basta ya! Que no quiero zurrarte. Pero como sigas así no me va a quedar otro remedio — gritó Valeria inmovilizando a su hermana, mientras la lluvia hacía resbalar el barro por sus cuerpos.
La publicista, cansada y agotada, se dio por vencida. Nada podía hacer. Estaban allí. En medio de la nada. Cubiertas de barro de pies a cabeza. Sin cobertura. Sin móviles. Con el portátil encharcado y el GPS inundado. A las cinco de la tarde dejó de llover. Pero el problema era que comenzaba a anochecer y tiritaban de frío. En todo el tiempo que llevaban allí nadie había pasado por aquel camino.
— Deberíamos intentar llegar a algún pueblo — sugirió Valeria.
— ¡No me hables!
— Fer ¡Por Dios! Yo estoy tan calada como tú. Deja de hacer el idiota.
— ¡Que no me hables! — volvió a gritar tocándose el pie congelado.
No había sido capaz de recuperar su botín de Gucci, y toda aquella cara tecnología mojada no servía para nada
— Eres de lo que no hay — se quejó Valeria —. Tú nunca te confundes ¿verdad? Culpas a todo el mundo, sin pensar en que alguna pequeña parte de culpa la puedes tener tú.
— Te dije que no pararas. Te dije que continuaras hasta nuestro destino. ¡Pero no! La señorita tenía que parar, y hacerse una ridícula foto en este horrible lago.
En ese momento un ruido captó su atención. Parecía un motor por lo que moviéndose con rapidez casi gritaron al ver las luces de un vehículo a lo lejos.
Histéricas, comenzaron a saltar moviendo los brazos. Era un vehículo azul. Su única oportunidad de salir de allí. No podía pasar de largo.
Pero cuando la puerta se abrió, el gesto de Fernanda cambió.
— Gracias a Dios que nos has encontrado. gritó Valeria al reconocerlo
— ¡Por todos los santos! — murmuró Víctor Karl, que contuvo la risa al ver el coche —. ¿Qué le habéis hecho al coche?
La imagen del coche era deplorable. Nada tenía que ver con el Audi con el que salieron del hotel por la mañana. Estaba sucio, medio hundido en un barrizal, sin capota e inundado de agua. ¡Increíble! Lo habían hecho en unas horas.
— Mira — sonrió Valeria entendiéndole —. Si te lo cuento, no te lo crees.
— Será interesante escucharlo — sonrió él abriendo la portezuela trasera, de donde salió un Border Collie que rápidamente Valeria saludó con afecto.
— ¡Que no se acerque a mí! ¡No! -gritó la rubia al ver cómo este se le acercaba
— Stoirm — llamó el moreno —. Ven aquí.
El perro le obedeció sentándose junto a él, momento en el que Víctor se percató del miedo con que la joven publicista miraba a Stoirm.
— ¿Cómo nos has encontrado? — preguntó Valeria
— Ha sido casualidad — explicó sin profundizar demasiado—. Voy a visitar a mis abuelos y siempre suelo parar en el lago Laacher.
La rubia harta muerta de frío y cansada decidió parar el parloteo a su forma
— ¡Tengo frío! ¿Podrías llevarnos a algún lugar donde podamos llamar a una grúa y volver al hotel?
— Pues... va a ser que no — sonrió Víctor —. Lo siento, pero no.
— ¿Qué pretendes? —gritó Fernanda encarándose con él—. ¿Dejarnos tiradas aquí y marcharte con tu asquerosa furgoneta?
—Mi asquerosa furgoneta es lo único que tienes para salir de aquí. Por lo tanto, será mejor que te calles antes de que me suba en ella, y te deje aquí tirada a merced de las inclemencias del tiempo.
— Fer — susurró Valeria —. Mamá te enseñó educación ¿no crees?
—No te preocupes — gritó Víctor sacando de la trasera del vehículo dos mantas y tras darle una a Valeria dijo —. A partir de este momento, si la princesa quiere algo se lo va a tener que ganar. Me tiene harto con sus tonterías.
-¡¡ Por mí, te puedes ir al diablo¡¡-le grito la rubia.
Tras decir aquello se sintió fatal. Sabía que su comportamiento estaba siendo ridículo. Pero a veces su carácter la dominaba a ella, y esta vez, era una de ellas.
—Muy bien —asintió Víctor dejando la otra manta atrás—. Vamos Stoirm. Nos vamos a casa. Pronto comenzará de nuevo a llover.
El perro, sin dudarlo, de un salto montó en la furgoneta. Valeria permaneció al principio dudosa pero ante una señal de víctor se montó en el asiento del copiloto. En aquel momento solo estaba a la intemperie Fernanda, quien con el reto en los ojos les miró.
—¿Vais a dejarme aquí?
—Eso depende de ti — indico Víctor sentado al volante de vehículo—. Si quieres subir a mi asquerosa furgoneta, utiliza las palabras mágicas.
—¡Antes muerta! —gritó, haciendo que su hermana maldijera en voz baja y el apretara con sus manos el volante. Tras unos segundos de silencio, fue Víctor quien grito. — ¡Estoy esperando! Y no voy a esperar mucho más.
Callada, Fernanda les observaba. Su cara reflejaba la rabia que sentía.
— Víctor — susurró Valeria bajito al oír cómo éste arrancaba al fin el coche—. No puedo irme y dejarla aquí sola. Mi madre me mataría y yo no podría vivir a causa de los remordimientos.
—Tranquila. Si es lista —respondió mirándola—, y creo que lo es, sabrá reaccionar a tiempo.
Fernanda sonrió. Nunca se atreverían a dejarla sola y desamparada. Pero al ver que comenzaban a moverse su seguridad se resquebrajó. ¿Se atrevían a abandonarla allí, en un lugar repleto de vacas?
— Víctor. ¡Para, que me bajo! —rogó Valeria —. Mi hermana es muy cabezona. ¡No la conoces!
—Psss, calla—indicó él mientras observaba el espejo retrovisor.
—¡Maldita sea! —gritó la rubia tirando el botín contra la furgoneta—. ¡Por favor! Para. ¡POR FAVOR!
En ese momento Víctor frenó en seco, y Valeria respiró.
—Menos mal, aún le queda cordura —dijo en voz baja.
Apeándose del vehículo, Víctor le pidió a la castaña que se mantuviera ahí. Aquella española no podría con él.
— Si quieres venir con nosotros tienes dos cosas que hacer. La primera es volver a usar las palabras mágicas. Y la segunda viajar junto a Stoirm.
— Por favor. ¿Puedes llevarme?
Aquel tono de voz, tan diferente al que continuamente usaba, hizo que víctor se ablandara. Aquella mujer era la misma que le había besado y le había casi abierto su corazón, mientras estuvieron encerrados en el ascensor. Aquella mujer era quien le estaba quitando el sueño desde el día que la conoció. Aquella mujer le gustaba demasiado, y eso le molestaba.
—Por supuesto que te llevaré —asintió Víctor, deseando abrazarla
Y tras un corto y tortuoso viaje, en el que la furgoneta saltó más que un canguro, en silencio llegaron hasta una enorme pero vieja casona de tejas oscuras. Sus ventanas de madera envejecida por el viento parecían desafiar el temporal que se desataba encima de ellos. A un lado había un granero viejo, y al otro, un frondoso bosque de pinos guardaba celosamente la intimidad de dos o tres pequeñas casitas. Fernanda, que al fin había entrado en calor, observaba el lugar mientras, horrorizada, pensaba qué hacía ella allí. Pasados unos segundos se abrió la puerta. Una pequeña mujer de ojos claros les saludó desde el umbral
—Esperad aquí un momento —indicó Víctor con voz profunda.
Bajándose del coche, con una encantadora sonrisa, fue hasta la mujer que sin dudarlo le abrazó con cariño.
—Dichosos los ojos que te ven, mi amor —saludó la anciana de rostro ajado por los años, años que habían respetado una tierna mirada.
—Hola, abuela —saludó Víctor tan efusivamente como lo había recibido.
—¿Por qué no avisaste de que venías? —le regañó, señalándole con el dedo—. Tu abuelo dirá que podríamos haber calentado la casa antes de tu llegada.
— No sabía que iba a venir hasta hace poco. ¿Cómo está el abuelo?
—Delicado, pero bien —asintió sonriente—. Ya sabes, luchando como un oso.
—Lo que me imaginaba —sonrió, y tomándola de las manos dijo—. Necesito hablar con vosotros. Aparte de Rous, ¿hay alguien más en la granja?
— En este momento sólo está Rous —y fijándose en la furgoneta pregunto-. ¿quiénes son esas muchachas que esperan en la furgoneta? ¿Traes novia?
—De eso precisamente quería hablarte —sonrió al verla emocionada—. Pero Ona, no te emociones que nada tiene que ver con lo que estás pensando.
Víctor, tras mirar hacia la furgoneta, entró en la casa con la mujer. Necesitaba su ayuda. Desde el coche, la rubia, arropada con la manta, continuaba callada.
—Vale. De acuerdo. Cargo con todas las culpas que quieras —dijo Valeria —. Si quieres mañana llamo al conde y le cuento lo ocurrido.
—¡¡No¡¡ ya has hecho bastante. Por lo tanto, ¡cállate! Antes de que... — En ese momento la puerta de la casa se abrió. Apareció Víctor, la anciana y una joven.
— Bienvenidas a mi hogar, señoritas.
La cara de Fernanda era un auténtico poema. ¿Cómo se iba a quedar allí?
En ese momento Stoirm saltó desde la parte trasera de la furgoneta y, pasando por encima de ella que gritó asustada, saltó al suelo.
—Qué lugar más alucinante —exclamó la castaña, mientras un rayo cruzaba el cielo. Con cuidado bajó de la furgoneta y saludó a las dos mujeres, quienes con amabilidad la acompañaron al interior.
—¿Piensas dormir en el coche? —preguntó Víctor dirigiéndose a Fernanda.
— Quiero volver al hotel —dijo hundiéndose en el asiento de la furgoneta.
—Creo que eso de momento va a ser imposible —le respondió él.
—Pero yo no puedo dormir ahí —no pudo evitar señalar la casa en tono despectivo—. No conozco a esas personas
— De acuerdo —asintió Víctor, y alejándose añadió—. Que pases buena noche.
Segundos después salió Valeria, que dando unos golpecitos a la ventanilla le indicó que la bajara.
— Fer. ¿A qué estás esperando para entrar?
—No pienso hacerlo.
— Vamos a ver ; estás empapada y con barro hasta en las orejas. Tienes frío y hambre. Y aún así ¿vas a quedarte aquí?
—Qué parte de la palabra no, no entiendes. ¿Acaso crees que voy a entrar a esa horrorosa casa, y voy a confraternizar con esas dos mujeres rurales?
—Eres... eres... — suspiró Valeria regresando a la casa—. ¡Que te den morcillas! Congélate mientras yo estoy calentita, limpia y cenadita.
Verla desaparecer le molestó. Pero según pasaban los minutos, la noche caía y el motor de la furgoneta se enfriaba, comenzó a dudar. ¿Debería de entrar?
En el interior de la casa Valeria se había duchado y cambiado de ropa. Ona, la abuela de Víctor, se había desvivido por hacerle agradable su estancia allí y Rous, la muchachita de aspecto masculino, la observaba muy callada. En dos ocasiones Ona intentó salir en busca de Fernanda, pero Víctor no la dejó. Si quería entrar sería ella la que tendría que llamar a la puerta. Sobre las doce de la noche, el viento era frío y la lluvia torrencial y el moreno comenzó a incomodarse. ¿Cómo podía ser tan testaruda aquella mujer? Por lo que, maldiciendo, salió al exterior y tras abrir la puerta de la furgoneta , agarró a Fernanda , que estaba dormida, y despertándola de malos modos la hizo andar delante de él hasta el interior de la casa. Tan sorprendida estaba por aquella intromisión en su sueño que cuando quiso reaccionar el calor de la chimenea la envolvía y la cara sonriente de Ona le ofrecía un caldito caliente que ésta aceptó sin dudar. Estaba congelada. Valeria, al ver a su hermana allí, se relajó, y Ona, viendo el cansancio de aquella pobre muchacha le indicó que la siguiera para mostrarle dónde podía dormir. Detrás de ella, como una sonámbula, se fue la castaña, que estaba deseando meterse entre sábanas calientes. En el salón, el fuego de la chimenea comenzó a calentar el cuerpo de Fernanda
-Deberías quitarte el barro del cuerpo-señaló Ona volviéndose hacia ella-. Puedes ducharte si quieres.
— Gracias me llamo Fernanda — dijo en un perfecto Alemán mirando a la mujer.
—Soy muy mala para los nombres, hija mía—señaló Ona—. La cabeza, ya sabes...
A sus 83 años, y a pesar de la vitalidad que en ella había, olvidaba los nombres, en especial, los que no le interesaban. Algo que no le importaba mucho, pero preocupaba a los que la querían.
—No te preocupes, Ona —señaló Víctor dándole un beso en la mejilla—. Yo tengo cuarenta y también los olvido
— Ven conmigo — sonrió Ona —. Te daré ropa limpia y podrás ducharte.
Sin mirar ni contestar a Víctor, Fernanda se levantó y siguió a la anciana. Tras subir por unas estrechas escaleras de madera, le indicó la habitación donde dormiría. Posteriormente fueron hasta un baño limpio, arreglado, pero sin grandes lujos.
-Aquí tienes unos calcetines y unas toallas. Como le he dejado un pijama a tu hermana, he cogido uno de Víctor para ti ¿Necesitas algo más? -dijo Ona
— No, gracias
Al cerrar la puerta en la que no había pestillo y quedarse sola en el baño, miró a su alrededor. Todo era viejo y sin marca. Demasiado usado para su gusto. Cogió la braga con las puntas de los dedos, y horrorizada la examinó. ¿Acaso creía esa anciana que se iba a poner aquellas bragas de cuello alto?
Mirando los botecitos de jabón, sonrió con maldad. Aquel jabón era del hotel, al igual que el albornoz. «Te voy a aplastar por ratero», pensó Fernanda.
Tras quitarse el sucio traje, y casi llorar al ver cómo estaba, se metió con cuidado en la ducha. No quería rozarse con nada, aunque poco después tuvo que contener un suspiró de placer al notar el agua caliente recorrer su piel. Poder quitarse el barro seco del pelo y del cuerpo en aquel momento era un auténtico placer. De pronto sintió que la puerta del baño se abría y que alguien entraba en el baño acompañado por una ráfaga de aire frió.
—¡Estoy yo! —gritó molesta.
—Lo siento —dijo una débil voz masculina—. Será un segundo.
Acto seguido escuchó vomitar a alguien. Algo que le repugnó.
Pero al escuchar los jadeos de angustia de ese alguien, los recuerdos acudieron a su mente como una montaña de arena. Odiaba recordarlo, por lo que quitándose lo más deprisa que pudo el jabón del cuerpo se puso el albornoz, y al abrir la cortina, se quedó paralizada con lo que encontró. Sentado en el suelo, junto al WC, un enorme anciano con un pijama a rayas respiraba con dificultad.
—No se preocupe —jadeó el hombre—. Le prometo, muchacha, que no la miraré.
Fernanda observó cómo el hombre tapaba sus ojos con la mano. Aquello, a pesar de lo extraño y grave de la situación, le hizo sonreír tímidamente. Pasados unos segundos el gigante de barbas blancas intentó levantarse, pero estaba pálido y sus grandes manos le temblaban tanto que le era inútil. ¿Qué le ocurría?
—¿Está usted bien? —preguntó Fernanda, agachándose junto a él.
—Eso creía —murmuró el anciano desviando la mirada—. Lo siento muchacha. Creí que no había nadie.
La rubia observó algo conocido para ella en los ojos de aquel hombre. Aquellos ojos reflejaban tristeza, humillación y, si cabe, dolor. Sin pensárselo, se agachó junto a él y con el esfuerzo de los dos consiguieron que éste se sentara en la taza de WC. Después, tomando una toalla y mojándola con agua, se la pasó al hombre con cuidado por la cara, momento en que por primera vez el hombre la miró
— Lo siento, muchacha —volvió a repetir—. De verdad que lo siento.
—No se preocupe, por favor —aquel hombre le gustaba. No sabía por qué, pero le gustaba—. ¿Está usted mejor? ¿Quiere que avise a alguien?
—Eres una de las españolas ¿verdad?
—Sí —sonrió—. Veo que Víctor le ha informado de que tiene invitadas. Aunque le agradecería que no me contara lo que le ha dicho de mí, así me evitaré decirle lo que pienso yo de él.
—Es un buen muchacho —sonrió el anciano, orgulloso—. Algo testarudo, pero un hombre de provecho.
—Es su nieto ¿verdad?
—Sí —asintió y extendiendo la mano dijo— Mi nombre es Tom Buttler.
—Encantada señor Buttler, mi nombre es Fernanda Villalonga.
- Qué nombre más bonito — sonrió el anciano—. Pero no me llames de usted que me hace mayor. Soy el marido de Fiona, y sólo te diré una cosa respecto a mi nieto. No saques conclusiones aceleradas. Te equivocarás.
—Encantada de conocerle —sonrió y cogió aquella temblorosa mano—. En cuanto a Víctor. Tranquilo. Espero perderle de vista pronto para no equivocarme.
—Me encantaría continuar está charla contigo —indicó el anciano—. Pero tengo que volver a la habitación. Como Ona se entere de que he venido al baño sin avisarla se enfadará.
—Será nuestro secreto. Le ayudaré a volver sin que se entere —sonrió Fernanda.
Abriendo con sigilo la puerta del baño, sacó su empapada cabeza y tras comprobar que todo estaba tranquilo agarró de la cintura al gigante y con pasos cortos pero seguros llegaron hasta la habitación que había al fondo del pasillo. Al entrar en aquella cálida estancia Fernanda se sorprendió y, tras ayudarle a entrar en la cama, observó la habitación con curiosidad.
— Tom — dijo sorprendida —. Tienes una habitación preciosa.
— Gracias — asintió mirando su alrededor—. Todo lo que ves lo ha hecho mi nieto para nosotros.
—¿En serio? —murmuró más que preguntó Fernanda, incrédula, admirando el fino tallaje del dosel.
—Mi nieto es un artista —añadió Tom con orgullo.
—De la cuerda floja —señaló la rubia haciéndole sonreír.
El anciano la miró con ojos llenos de ternura.
—¿Qué hace una mujer como tú en tierras Alemanas?
— Vine por trabajo —dijo ella sin dejar de observar la habitación.
—Si yo tuviera cincuenta años menos y fueras mi mujer —indicó haciéndola sonreír— no te permitiría viajar sola. Y menos a Alemania.
— No estoy casada, Tom. Soy una mujer trabajadora, libre de compromiso y eso me da derecho a elegir dónde quiero ir.
—¿Y cómo es posible que sigas soltera? No entiendo a los hombres de hoy en día.
—Los tiempos cambian, Tom —señaló sin profundizar en el tema.
—¿En España no valoran lo que es una mujer?
—No sabría qué responderte a eso —dijo acercándose—. En España, como en el resto del mundo, una mujer libre, lista e independiente, asusta.
En ese momento se escucharon risas, y a alguien subiendo por las escaleras.
—Tom, me marcho — susurro ella, yendo hacia la puerta—. Si no al final te descubrirán.
— Fernanda ¿volverás para charlar conmigo?
—Mañana me marcharé. Pero prometo venir antes a despedirme de ti.
Cuando se quedó sólo en la habitación, Tom sonrío. Su nieto era más listo de lo que él pensaba. Fernanda de nuevo en el baño, cogió la parte de arriba del pijama y estuvo a punto de chillar al ver el dibujo.
—¡Tomates! —murmuró incrédula—. ¡Me voy a poner un pijama con tomates! Acostumbrada a utilizar maravillosos pijamas de Moschino, DKNY o Armani, aquel pijama de franela indocumentado, plagado de tomates rojos, era peor que ponerse una copia barata de mercadillo. Pero convencida de que aquello era su única opción, se puso la parte de arriba. Le llegaba hasta la mitad de los muslos.
— Oh, Dios mío... Oh, Dios mío. Ni mi madre lleva esto —susurró escandalizada, mientras cogía con cuidado la enorme braga blanca de algodón.
—¿Cómo voy a ponerme esto?
Pero al final, y muy a su pesar se las puso. No podía andar por el mundo sin bragas. El problema era que igual que se las ponía, se le caían. Le estaban enormes, al igual que el pantalón, por lo que, acordándose de los apaños que siempre hacía su madre, se quitó la goma del pelo que llevaba en la muñeca y le hizo un nudo. Con valor, y tras contar hasta cuarenta consiguió mirarse al espejo. ¿Aquella era ella? Estaba patética. Cualquier que la viera en ese instante, pensaría que era una pueblerina profunda en vez de la jefa de publicidad de la prestigiosa empresa R.C.H. ¿Cómo había podido llegar a aquella situación? .La imagen de su hermana se cruzó en su mente. ¡Ella era la culpable de todo! .Necesitaba con urgencia volver a Treveris para conseguir ropa en condiciones y localizar al conde. ¿Qué habría pensado por el desplante? Si en su empresa se enteraban de lo ocurrido, sería el fin de su carrera.
—Princesita —dijo la voz de Víctor golpeando la puerta—. ¿Te falta mucho?
—No —respondió avergonzada.
¿Cómo iba a salir así? Estaba horrible con aquel enorme y horroroso pijama de tomates. Eso sin comentar las tremendas bragas de cuello alto.
—Me gustaría darme una ducha antes de que amanezca. ¿Sería posible?
— Si me metes prisa —respondió apoyándose en la pared—. Puede que consigas ducharte para las navidades del 2020.
— Ah, sí. ¡Esas tenemos! —siseó Víctor, y son pensarlo dos veces abrió la puerta a lo bestia—. Entonces permíteme que mire el espectáculo hasta el 2020. Por lo menos me divertirá el payaso contratado para el evento.
— ¡Sal de aquí inmediatamente! Tu abuela puede venir y pensar lo que no es-. espetó intentando no gritar. Tom estaba cerca.
— No te preocupes —respondió y cerró la puerta tras de sí—. Mi abuela me conoce, y sabe que tú no eres mi tipo de mujer.
—Déjame salir —pidió Fernanda cogiendo la ropa sucia del suelo.
—¿ Tienes miedo de estar a solas conmigo como el otro día en el ascensor?.
Ella hizo como que no le había oído.
—¿Dónde puedo guardar mi ropa?
Ahora el sordo era él.
—Vaya. Qué curioso... ese pijama de tomates me suena.
Estaba preciosa. Sin pizca de maquillaje, y con el pelo mojado retirado de la cara. Vista así no parecía la agresiva mujer que había conocido.
—Me lo dejó tu abuela — le respondió ella
— ¿Sabes? — dijo dando un paso hacia ella—. Ese pijama me lo regaló Ona, hace años para Navidad. Mi deber moral me hace decirte que no es de marca.
— Déjame salir —dijo la publicista, sintiéndolo demasiado cerca.
—Te dejaré salir cuando pagues el alquiler del pijama.
— Mira, hombre de las cavernas —resopló, deseando matarlo allí mismo.. Daría lo que fuera por no estar aquí. Daría lo que fuera por no llevar tu horroroso pijama. Daría lo que fuera incluso por un cepillo de dientes, pero...
—Yo daría lo que fuera porque te callaras y me besaras —dijo interrumpiéndola. Sin moverse, Fernanda vio cómo Víctor le quitaba la ropa sucia de las manos y la atraía hacia él para besarla, un beso que la rubia no rechazo
— Con esto me doy por satisfecho, princesita.
Al escucharlo, Fernanda abrió los ojos. ¡¿Cómo?! Estuvo a punto de gritar.
Pero al ver su sonrisa , lo entendió. Sólo pretendía humillarla. Así que cogiendo con rabia la ropa del suelo, le señaló con el dedo.
—No vuelvas a hacer lo que has hecho.
—¿Por qué? Parecía que te gustaba —susurró divertido—. Mi habitación es la segunda de la derecha. Si te apetece un rato de buen sexo, estaré encantado de hacerte un hueco en mi cama. Y rabiosa como una leona que ha perdido a sus cachorros, iba a responderle cuando notó cómo algo le resbalaba por las piernas hasta caerle a los pies. «Oh Dios mío, que bochorno», pensó al ver la mirada divertida de Víctor y las horrorosas bragas hechas un gurruño a sus pies.
—¡Uau... princesita! —rió a carcajadas—. Nunca a nadie se le habían caído las bragas al suelo tan rápido ante una invitación a mi cama.
Ella notó cómo la cólera y el bochorno le tintaban la cara de rojo.
—Antes se congela el infierno que acostarme yo contigo —bufó avergonzada y agachándose, sacó los pies y las cogió.
Se sentía como una caldera a punto de estallar, y así se dirigió hacia la habitación que le había indicado Ona. Por todo el camino le persiguieron las carcajadas de aquel idiota, que no dejó de oír hasta que una vez dentro cerró la puerta. Allí vio a Valeria dormida en una enorme cama. Sin querer pensar ni mirar a su alrededor se puso de nuevo las bragas, se hizo el gurruño, se metió en la cama, y tapándose hasta las orejas, se durmió.
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janessi1
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Fecha de inscripción : 18/07/2012

MensajeTema: CAPITULO 8: BOCHORNO   Miér Dic 09, 2015 11:33 am

A la mañana siguiente, cuando Fernanda abrió los ojos, se sorprendió al verse sola en la habitación. ¿Dónde estaba Valeria?
Se sentó en la cama y comenzó a restregarse los párpados mientras se despejaba. Fue entonces cuando notó que algo pastoso y húmedo chocaba con su mano. Al abrir los ojos vio pegada a ella la cabeza peluda de Stoirm, el maldito perro de Víctor, que al escuchar el gritó  de la rubia, saltó al suelo algo incómodo.
—¡Fuera de aquí, bestia salvaje! —volvió a gritar, mientras el animal, sentado a los pies de la cama, la observaba.
—Buenos días, hermanita ¿Por qué has gritado? — la saludó Valeria, entrando por la puerta
— Esa bestia. Estaba a punto de atacarme —.
— ¿Stoirm? — se sorprendió Valeria —. Pero si ése es del pelaje tranquilo de Fiffy. Por Dios, si les miraras a los ojos te darías cuenta de cómo son. Pero la cara de susto y de asco de su hermana decía que no pasaba por su cabeza dedicarse a ver qué había en las ojos de aquellos monstruos peludos y babosos.
—Toma —desistió y le tendió la ropa—. Aquí tienes ropa limpia y seca. Vístete y baja a desayunar. Ona hace unas tostadas  que te van a dejar muerta.
Con horror, Fernanda miró lo que su hermana le había puesto encima de la cama. Tras ver que eran una falda azul de pana, un jersey verde de ochos y unas botas como de pocero preguntó.
—¿Qué es esto?
—Ropa limpia —respondió Valeria.
— ¿De qué temporada?
-Sin duda del Medievo-le ponía los sarcasmos a huevo-.  Vístete y punto.
—¿Pero de quién es esa ropa?
—No sé —contestó Valeria —. Oí algo de una difunta.
—¿Difunta? ¿Dónde está mi ropa? —gritó la rubia apretando los puños.
Si su hermana y los demás pensaban que se iba a poner aquella horterada de mala calidad y con más años que Tutankamón, lo llevaban claro.
— No te quejes. Nuestra ropa está en la lavadora y Ona nos ha dejado lo que ha podido-. suspiró Valeria.
— ¿En la lavadora? —gritó Fernanda al pensar en su traje—. Mi traje Versace y la camisa de Carolina Herrera... ¿Están en la lavadora? . Y Levantándose como un resorte, sin importarle la pinta que llevaba, salió disparada escaleras abajo. No podía ser. No podía creer que la única ropa que tenía estuviera dando vueltas y vueltas dentro de un bombo de metal. Sin saludar a nadie entró en la cocina, y clavando su mirada en la lavadora, pudo ver cómo su traje de Versace se retorcía en un mar de espuma blanca. Víctor , que almorzaba junto a su abuelo y un par de mozos, dejó de reír a carcajadas. Aquella muchacha cuanto más desastrosa y enfadada estaba, más preciosa se ponía.
«Algo no me funciona bien», pensó Víctor concentrándose en su desayuno.
— Buenos días, Fernanda — saludó Tom tras dar a su nieto un empujón, pero la muchacha estaba tan furiosa que no le oyó.
—Buenos días, hija mía —saludó con cariño Ona—. ¿Has dormido bien?
—¿Cómo se le ocurre meter mi traje en la lavadora? —gritó a la anciana—. Ese traje se lava en seco.
—¡Ay, Dios! No lo sabía —se disculpó la anciana.
—¿Sabe cuánto cuesta ese traje? —volvió a gritar Victoria.
— Fer — intervino su hermana —. Basta ya.
—Pero... pero... ¿Aquí todo el mundo está chalado? —gritó Fernanda sin hacerle caso—. Ese traje cuesta mil  euros.
— ¡Por todos los santos! —susurró asustada Ona, mientras apagaba la lavadora
— Fui yo quién le dijo a Ona que lo lavara —aclaró la voz de Víctor a su espalda. Volviéndose hacia él, mientras echaba humo por las orejas, vio un atisbo de diversión en sus ojos. ¿Qué le pasaba a ese hombre?
—Muchacha —intervino Tom—. Estoy seguro de que  lo hizo sin maldad.
— Fernanda — susurró Valeria en español—. Controla la vena del cuello y tu lengua de víbora, que estoy temiendo lo peor. Recuerda que esta gente nos ha dado cobijo gratis sin pedir nada a cambio.
Por desgracia aquellas palabras llegaron tarde.
—Eres un maldito cabronazo —ladró Fernanda mirando a Víctor, quién con una tranquilidad pasmosa volvía a sentarse en la silla —. Y te juro que antes de que yo vuelva a España vas a pagar por todo lo que estás haciendo.
—Princesita. No jures lo que nunca cumplirás —indicó el moreno
Ona miró a su marido, quien con un gesto divertido no perdía prenda de lo que sucedía entre su nieto y la española.
—Te voy a aplastar como a un gusano —siseó Fernanda señalándole.
—¡Por todos los santos! Qué genio tiene la española —susurró Tom a su nieto.
—Lady Dóberman —se mofó Víctor y señalándola dijo—. Ten cuidado con tus movimientos si no quieres mostrarnos también tu precioso trasero.
Y con la poca dignidad que le quedaba salió de la cocina, donde continuaban las risas. ¡Había sido bochornoso! Unas horas después el hambre comenzó a hacerle temblar . Fernanda  llevaba metida en aquella habitación tres horas. Se negaba a bajar, y por supuesto se negaba a utilizar la ropa que la esperaba encima de la cama. Desde la ventana vio salir a Víctor  acompañado por dos hombres y por su hermana, cuando unos golpes en la puerta llamaron su atención.
—¿Se puede? —preguntó Tom
—Sí. Por supuesto —asintió Fernanda.
— Te he traído un vaso de leche con galletas. ¿No tienes hambre muchacha?
—No mucha —mintió agarrando la bandeja—. Pero te lo agradezco Tom.
—Anda, anda, come algo o enfermarás —animó el anciano sonriendo.
—La leche ¿es desnatada?
—No muchacha. Es leche de vaca, concretamente de mi Geraldine.
—¡Oh, Dios! —dijo Fernanda soltando la taza—. Esta leche ¿ha pasado las normas de sanidad e higiene?
Al decir aquello y ver la cara del anciano, se arrepintió y cogiendo de nuevo la taza dio un trago que le supo a gloria.
—Esta exquisita, Tom. Gracias.
—Oye muchacha. Ona y yo sentimos lo del traje, y queremos que no te preocupes, nosotros te lo pagaremos.
—¡Por favor... Por favor! —se alarmó al escucharle—. Eso no lo voy a consentir. Me he comportado cómo una tonta e iba a pediros disculpas .
— Y luego está este nieto mío.
—¡Oh, no me lo menciones! —gruñó Fernanda al recordarlo. Sin darse cuenta dio otro trago de leche que le estaba resultando exquisita.
«Estáis hechos el uno para el otro», pensó Tom sonriendo, pero levantándose dijo,
—Muchacha, mis tripas dicen que tengo que dejarte. Hasta luego.
—Hasta luego, Tom —sonrió al verle desaparecer.
Sobre las dos de la tarde un olor a estofado de carne comenzó a llegar hasta ella. Eso hizo que sus tripas gritaran amenazando con torturarla si no las alimentaba. Tras coger de malos modos aquella ropa, decidió ponérsela. Pero cuando vio unos calzoncillos dentro del montón su humillación creció y los tiró contra la pared. ¡No pensaba ponérselos! .Pero el hambre aumentó, por lo que cogiendo los calzoncillos se quitó las enormes bragas de Ona, y se los colocó bajo el resto de la ropa. Con cautela fue hacia el baño, donde se lavó los dientes con el dedo y se cogió con la goma una coleta alta. Mirándose en el espejo puso un puchero. Pero convencida de que nada podía hacer, suspiró y bajó.
—Hola, hija mía —saludó Ona al verla entrar—. No creo que tarden mucho en llegar los hombres para comer.
Sin decir nada, Fernanda  se sentó. El hambre la mataba, pero no estaba dispuesta a confesarlo.
—Veo que la ropa que encontramos para ti te sienta bien —y mirándola preguntó—. ¿Estás más tranquila ahora?
—Sí señora —respondió molesta y avergonzada.
-En referencia al traje-dijo la anciana-. No fue Víctor fui yo. Lo vi tan sucio que...
—No se preocupe, señora. No pasa nada.
—Oh sí... sí pasa —insistió Ona—. Ganar mil euros cuesta mucho esfuerzo y trabajo, hija. No te preocupes. Le diré a mi nieto que el próximo día que vaya al pueblo, saque esa cantidad de mi cuenta. Yo te lo pagaré.
Al volver a oír aquello la rubia se sintió mal. Aquella mujer, sin conocerla, le había abierto las puertas y no se merecía que ella se lo hubiera pagado así.
—Señora...
—Llámame Ona —susurró, dándole unas palmaditas en las manos.
—Ona, antes hablé con Tom y le dije que no voy a aceptar vuestro dinero, pero sí necesito que aceptes mis disculpas por cómo te he hablado está mañana. No tengo excusa, lo sé. Pero no sé qué pasa, todo me sale mal.
—¿Por qué dices eso, hija? —señaló la mujer sentándose a su lado.
- Los días  en Treveris han sido un  desastre-omitió contar los episodios con Víctor -. Ayer tenía una reunión el conde  Von und zu eltz. ¿Lo conoces?
-Sí hija -asintió, sintiéndose una traidora-. Por estas tierras todos lo conocemos.
-A esa reunión no llegué por culpa de mi hermana -prosiguió angustiada-.Luego el maldito coche se hundió en el barro. Las vacas nos atacaron, y todas mis herramientas de trabajo, el móvil, el portátil, el GPS... Todo se perdió.
—¿Las vacas os atacaron? —preguntó Ona sorprendida.
—Sí —asintió con un puchero—. Se comieron el techo del coche y...
— No creas nada de lo que te dice, Ona —dijo Víctor entrando en la cocina, seguido por Rous y Tom—. Conociéndola seguro que fue ella quién atacó primero a las pobres vacas.
Al escucharle se tensó. Los sentimientos que estaban aflorando junto a Ona la habían dejado demasiada tocada, y sin poder remediarlo, posó su cabeza encima de la mesa comenzando a golpearse y a gimotear. Ona, con un gesto serio, regañó a su nieto, mientras Víctor perdió su sonrisa, incrédulo por lo que estaba viendo. ¡La mujer de hierro estaba llorando! Entonces... ¿Tenía corazón?
En ese momento entró Valeria junto a Doug y Seth, quienes se quedaron clavados en la puerta al ver la estampa.
— Fer—  corrió la castaña junto a su hermana—. ¿Qué ha pasado?
-No te preocupes—señaló Ona tranquilizándola—. La tensión de lo ocurrido ayer y de no llegar a una reunión con un tal conde Von und zu eltz la ha desbordado.
Al escuchar aquel nombre con disimulo todos se miraron.
—Ese conde es un buen jefe y tiene un particular sentido del humor —se mofó Doug, quién junto a Seth estaban al tanto del engaño.
-Y un cabezota —asintió Tom sonriendo.
-Mi hermana tenía ayer una reunión de negocios con el - aclaró Valeria -. Pero por mi culpa no llegó.
—Hola  — saludó Paúl, entrando para sorpresa de todos en la cocina.
—Hola Paúl, corazón mío —saludó Ona, feliz de verle.
— Mi otro hombretón —sonrió Tom dándole un abrazo. Después, miró a las muchachas y añadió—. Este es Paúl, mi otro nieto.
—¿Sois hermanos? —preguntó Valeria.
— Oh..., no —sonrió Tom— pero como si lo fueran. Víctor es hijo de nuestra hija Victoire y de Karl Gra... — tras carraspear ante la mirada de advertencia de su nieto, terminó — y Paúl lo es de nuestra hija Isolda y de William.
— ¿Pero qué ven mis ojos? —sonrió Paúl para cortar el tema—. ¿Qué hacéis vosotras aquí?
—Chico —señaló Valeria encantada con aquella aparición— eres como el Ketchup, estás en todas las salsas.
—¿Os conocéis? —disimuló Tom ante los gestos de Ona.
—Sí abuelo —sonrió Paúl.
Encantado, Tom guiñó un ojo a Ona quien con una sonrisa le ordenó callar mientras Fernanda  continuaba dándose pequeños golpes contra la mesa.
—Pues a mí el conde me parece una buena persona —prosiguió Set.
—Sí —asintió Doug—. Además de un rompecorazones.
—¿En serio? —se mofó Víctor al escucharle—. Esa faceta del jefe no la conocía.
—Le encantan los Brownies —asintió con timidez Rous.
—¿De quién habláis? —preguntó Paúl.
— Del conde McKenna —informó Ona.
— Ufff..., no me digas más —silbó Paúl mirando a su primo —. ¿Recuerdas la última vez que estuvimos de pesca con él?
—Sí. Lo recuerdo —asintió Víctor advirtiéndole con la mirada.
— Tengo que irme — dijo Fernanda, secándose las lagrimas con el pañuelo de Ona—. Necesito volver al hotel. Seguro que el conde ha dejado algún aviso para mí. Tengo que conseguir hablar con él antes de que se enteren en mi empresa-miró a Víctor y preguntó—. ¿Podrías llevarme hasta el pueblo más cercano?
Al escuchar aquello, el alemán la miró. Deseaba perderla de vista, pero un extraño sentimiento le hacía retenerla.
— Imposible — respondió con rotundidad, ganándose una sonrisa de su abuelo.
— Pero yo necesito regresar a Treveris — protestó Fernanda.
— Pues ya sabes, princesita — señaló el alemán —. Búscate la vida.
Las chispas que saltaron entre aquellos dos iban a producir un cortocircuito. Todos los miraron, pero nadie dijo nada hasta que Ona,  rompió el silencio.
— Paúl, pensé que no regresarías hasta el viernes.
—Y yo Ona. Y yo —asintió con una sonrisa—. Pero traigo una nota del conde.
—¿Para mí? —preguntó Fernanda al escuchar aquel nombre.
—No —respondió Robert—. Para mi primo.
— ¿Para Víctor? — exclamó Valeria.
La rubia cada vez entendía menos. ¿Qué tenía que ver Víctor con el conde?
Sin quitarle el ojo de encima vio cómo éste abría la carta, y tras leer unas breves líneas, maldijo en voz alta.
—¿Qué pasa, tesoro? —preguntó Ona, deseando tirarle el cucharón a la cabeza.
—Otra vez se ha marchado de viaje —respondió —. Quiere que me ocupe de todo hasta su vuelta.
—Este conde —asintió Tom, con una sonrisa—, vive como un príncipe.
Sin saber de lo que hablaban, Fernanda  se acercó a Víctor  y arrancándole la carta de las manos, la leyó.
Estimado Víctor Karl,
Las fábricas de plata de México han reclamado mi presencia. Estaré fuera un tiempo. No sé si será una semana, un mes o tres días. En todo caso, y como siempre, quedas al mando de todo.
Un saludo
Conde Von und zu  eltz
Tras mirar a su hermana y verla tan sorprendida como ella, suspiró. Aquello no podía estar ocurriendo. Aquel idiota que llevaba días amargándole la existencia era la única persona que podía convencer al conde para que firmara el contrato.
—No me lo puedo creer —susurro Fernanda —. ¿Tú conoces al conde?
—Son íntimos —se mofó Tom, ganándose una mirada de disgusto de su mujer.
—Trabajo para él —respondió Víctor alejándose, pero ella le siguió— y si mal no recuerdo, es tu amigo también ¿verdad?
—Sí, claro —asintió Fernanda avergonzada. No pensaba decir la verdad.
—¿Conoces al conde Von und zu eltz.  ? — preguntó incrédulo Tom.
—Sí —añadió ella rascándose la cabeza—. Digamos que somos viejos amigos.
— Pues Víctor aclaró Paúl —. es la mano derecha del conde. Cuando él no está, mi primo es el jefe.
«Tierra trágame», pensó la rubia . La sonrisa de Víctor , y sus ojos , lo confirmaron todo. Se sentía con poder. Mientras comían el delicioso estofado que Ona había preparado para todos, Fernanda intentó ser comedida en sus comentarios. Pero cada vez que alguno de aquellos trogloditas apoyaba la chapa de la cerveza contra la mesa, y daba un golpe seco para abrirla, les hubiera gritado y hasta asesinado. Lo hacían adrede. Lo sabía. «Esto me costará una úlcera», pensó la rubia.
Víctor Karl, ajeno a sus pensamientos, parecía contento. Se reía a carcajadas ante los comentarios de su abuela, mientras Paúl disfrutaba charlando con su hermana. Ni una sola vez la miró ni se dirigió a ella. Ahora tenía él la sartén por el mango y lo iba a utilizar. A pesar de los instintos asesinos que sentía hacia él cada vez que hablaba, intentó no matarlo. Si lo asesinaba el contrato nunca se firmaría y eso, una mujer como ella, no lo iba a consentir. Era una experta en conseguir los mejores tratos.  Por lo que al acabar la comida y ver que el moreno se disponía a marcharse junto a Set y Doug, sin pensárselo, le detuvo.
— Víctor — dijo cogiéndole del brazo —. Necesito hablar de negocios contigo
Era la primera vez que Fernanda lo llamaba por su nombre, y cómo sonaba en su boca, le gustó. Pero su reacción le sorprendió a si mismo
— De negocios no hablo. Tendrás que esperar al conde- dijo alejándose
— De acuerdo —gritó perdiendo la paciencia—. ¿Cuándo volverá tu jefe?
—No lo sé —se dio la vuelta para mirarla—. Quizá una semana. Tres como mucho. El conde es un hombre responsable. No creo que esté mucho tiempo alejado de sus deberes.
—Lo esperaré —gritó dándose la vuelta—. Lo esperaré y hablaré con él.
Víctor al verla marchar con aquel genio, le hizo sonreír.
¿Era masoquista? No. No lo creía. Pero la fuerza que aquella mujer irradiaba le tenía tan fascinado y malhumorado que estaba comenzando a no saber en realidad qué quería. El claxon de la furgoneta llamó su atención. En aquel momento Robert se despedía de Valeria y subía a la furgoneta con los muchachos. Él también se encaminó hacia allí. Tenían cosas que hacer. Con la vena del cuello a punto de estallar, la publicista subió las escaleras de dos en dos cuando se encontró con Ona.
—¿Qué te pasa hija mía? —preguntó la mujer al verla alterada.
—Ona. No te enfades por lo que te voy a decir. Pero a veces cogería a tu nieto y lo ahogaría.
—Te entiendo —asintió la mujer—. A veces yo misma me he arrepentido de no haberlo hecho cuando era un bebé.
Aquello les hizo sonreír.
—¡Ona! —llamó Rous desde la cocina.
—Dime, hija —gritó desde la escalera.
—¿Ha venido ya el cartero?
—No. Aún no. Pero no creo que tarde en llegar.
Al escuchar aquello la rubia sonrió. ¡El cartero! Debía  Con un poco de suerte quizás aquel hombre podría sacarlas de allí. Una hora después, mientras charlaba con Ona y con su hermana, sentadas en la cocina, el cartero apareció. Fernanda estuvo a punto de gritar de alegría al verlo aparecer con un coche.
— Ona. ¿Crees que el cartero nos puede llevar hasta el pueblo más cercano? —preguntó la publicista.
— Me imagino que sí —asintió la mujer—. Pero... ¿para qué quieres ir al pueblo?
—Necesito volver a Treveris. Esperaré al conde allí.
—¿No podríamos quedarnos unos días más aquí? —protestó Valeria.
— No — bufó Fernanda.
— Oh, qué pena —se decepcionó Ona—. ¿Por qué te quieres marchar tan pronto?
— porque es una aburrida aguafiestas —protestó Valeria.
Fernanda, con una dura mirada, ordenó callar a su hermana quién sacando la mano derecha le hizo un gesto con el dedo que no le gustó.
—Creo que deberíais esperar a que Víctor regresara —señaló la anciana.
—Ona. No lo tomes a mal. Pero yo no tengo que esperar a nadie —
— Venga, Fer. Un par de días, mujer — gimió Valeria
— Mira, quédate tú si quieres. Yo necesito volver al hotel.
Acostumbrada a los suspiros de su hermana, la rubia miró a la anciana.
—Ona. ¿Podrías preguntarle al cartero si nos puede llevar?
La anciana asintió. Sabía que aquello a su nieto no le gustaría, pero no podían retener allí a la muchacha contra su voluntad. Por lo que levantándose se alejó.
—¡La madre que te parió! —protestó en español Valeria —. Con lo bien que estamos aquí. No entiendo por qué narices tenemos que volver al hotel.
— ¿Y tu entiendes que con este contrato me estoy jugando mi trabajo? Sí ¿verdad? Pues perdona hermanita, pero no estoy dispuesta a perderlo solo porque tu quieras estar de parranda. Además necesito un baño caliente, y alejarme de ese gilipollas antes de que cometa un asesinato.
—¿Sabes, Fer? — indicó su hermana canturreando—. Creo que te gusta Víctor.
— Oh... sí —asintió incrédula—. Y a la boda asistirán Goofy y Pluto.
—¡Quién sabe, hermanita! puede que hayas encontrado a tu hombre ideal.
—No voy a hablar de algo que no merece la pena hablar —respondió la rubia cortando el tema. Ona se acercaba. Apenas habían sido dos días, pero cuando se despidió de Ona y de Tom, a la publicista se le encogió el corazón. No estaba acostumbrada a mostrarlo, pero aquellas personas se lo habían arrebatado.
—Creo que a mi nieto no le gustará que no estés cuando vuelva señaló Tom.
—Mira, Tom —indicó Fernanda tras besarlo, lo que le guste o no a tu nieto, es lo que menos me importa.
-Qué tengáis buen viaje, tesoros sonrió Ona.
—Adiós —se despidieron las muchachas alejándose hacia el coche.
Ona y Tom se miraron, y cuando creyeron que estaban lo suficientemente lejos fue el anciano quién habló.
—Esa española, con esa fuerza y ese carácter, es la mujer de Víctor.
— No comiences, viejo cascarrabias, con tus planes casamenteros sonrió Ona, pero mirándole con una sonrisa dijo—. ¿Y qué te parece la otra para Paúl?
— ¡Son magníficas! -asintió emocionado-. Dios me ha dado vida para conocerlas.
—Dios te ha dado vida para eso y para mucho más —sonrió Ona dando un cariñoso beso a su marido.
Sacando la mano por la ventanilla del coche del cartero ambas se despidieron y éste las llevó hasta el pueblo de Eiffel, donde tras hablar el cartero con la mujer de la tienda, avisó a un taxista vecino que sin dudarlo las llevó hasta Treveris.
Al anochecer Víctor y Paúl regresaban cansados. Tras una dura tarde de trabajo su primo había conseguido convencerlo. Debía escuchar a la española, y dejar que el conde tomara una decisión. Cuanto antes solucionara el problema, antes se marcharía. Pero al llegar y saber que se había ido, su convencimiento se nubló.
—Lo siento, chicos — protestó Ona al escucharlos —. Ella quería marcharse, y yo no soy nadie para retenerla aquí. Además — dijo señalando a a su nieto —. Tú le dijiste con muy malos modos que se buscara la vida.
—Podrías habernos avisado —indicó Paúl decepcionado. Saber que Valeria estaba allí le había alegrado el día. Aunque le había fastidiado la noche.
— Víctor — dijo Tom, tomando la mano de su mujer—, si yo tuviera cincuenta años menos y mi amada Fiona no existiera, esa española no se me escapaba.
—Esa mujer es una bruja —respondió Víctor malhumorado .
— Pues quién lo diría, hijo —sonrió Ona a su marido—. Para ser una bruja te estás preocupando demasiado por su ausencia. De todas formas,, ella se marchó a Treveris hasta que el conde regrese. Contigo, no tiene más que hablar.
—¿Sabes, abuela? — respondió Víctor cogiendo las llaves de la furgoneta—. El problema para ella es que yo aún no he dicho mi última palabra.
—¡Ése es mi chico! —sonrió Tom viéndolo salir. Había acertado. La española le gustaba.


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MensajeTema: CAPITULO 9 : SOMOS DEL ATLETICO DE MADRID   Miér Dic 09, 2015 11:36 am

Cuando el taxista paró en la puerta del hotel, las hermanas Villalonga  sonrieron de alegría. ¡Por fin habían llegado! .Tras pagar al taxista, se dieron una ducha y durmieron encantadas, disfrutando del lujo y el confort que el hotel les ofrecía. Al día siguiente, tras despertarse pasadas las cuatro de la tarde la publicista comenzó a hacer balance de todo lo perdido. Y tras marcar el número de Lis, que con rapidez tomó nota de todo lo que su jefa pedía y se encargaría personalmente de que llegara a Treveris al día siguiente.
—¡Qué nivel, Maribel! —se mofó Valeria.
— Necesito reemplazar lo perdido —insistió tras colgar, cogiendo el vaso de zumo —. Menos mal que suelo tener copia de seguridad de todos mis documentos. Y sobre todo ¡menos mal, que la copia se quedó aquí!
—¡Ostras, Fer!
— ¿Qué pasa?
—Esta noche juega el Atlético de Madrid contra el Bayer De Munich.
— ¡Qué emoción! —se mofó al escucharla.
— No me jodas, Fer — y llevándose las manos a la cabeza gritó—. No te habrás hecho del Madrid ¿verdad?
— Eso nunca mi vida ha podido cambiar en muchas cosas. Pero papá me enseñó a adorar al Atlético de Madrid y eso es inamovible
-Uff.. menos mal. Por unos segundos temí lo peor. Goyo era del Madrid ¿verdad?
-Sí, pero nunca supo que yo era del Atlético.
-Entonces, qué —se mofó Valeria- ¿sufriendo en silencio, como las hemorroides?
—Más o menos —se carcajeó Fernanda  al escucharla
— Hoy juegan en el Vicente Calderón. Seguro que papa estaría allí — asintió la castaña mirando a su hermana—. Oye ¿podríamos ir a verlo?
—Seguro que lo ponen por la tele —indicó la publicista mientras cogía el mando.
—Por qué no vamos al Pub de la otra noche —sugirió Valeria —. Seguro que allí es más divertido. Habrá más ambiente.
—¿Tú quieres que nos linchen? El Bayer de Munich es un equipo Alemán.
— Lo se y me importa un rábano — le respondió su hermana menor.
- ¿Sabes? Llevo tiempo sin disfrutar de un partido como Dios manda-murmuró Fernanda. Durante los años que había sido novia de Goyo, nunca se le ocurrió decir que era del Atlético. Era su secreto.
— Pues ya es hora ¿no crees? -animó Valeria —. Vamos a pasarlo bien. Y, por favor, sé una hincha rojiblanca como papá te enseñó y disfruta del espectáculo.
Al escuchar aquello la rubia sonrió. ¡A la porra convencionalismos!
Era del Atlético de Madrid y aquel partido lo iba a disfrutar, por lo que , entre risas, las dos se dirigieron hacia el Pub. El ambiente aquella noche en el Mclean era animado. Tras quince minutos de partido y con el corazón en un puño, suspiraron aliviadas al ver cómo el Bayer De Munich fallaba un posible gol, y aceptaron la invitación de dos pintas  por parte de dos hombres.
—No me gusta nada el ritmo del partido. —Se quejó Valeria.
— Pero vamos a ver —gritó Fernanda, quién tras dos cervezas comenzaba a estar chisposa—. ¿Por qué no sacan a Torres? ¿Qué hace ahí sentado?
—Pobre Koke — suspiró Valeria —. Por Dios ¡no dejan de agobiarlo!
A punto del infarto estaban cuando Jiménez casi mete un gol. Eso hizo sonreír a los hombres que las habían invitado y que las observaban desde la barra.
—¡La madre que parió al arbitro! —gritó la castaña —. ¿Cómo nos puede sacar tarjeta amarilla?
—Se la merecía tu jugador —respondió uno de aquellos tipos acercándose hasta ella—. Se la merecía por tirarse en el área.
—Yo que tu cerraría el pico, amigo —señaló la rubia molesta por aquello—. Si no quieres tener problemas con nosotras.
—De acuerdo, española —rió al escucharla, levantando las manos—. De acuerdo.
Segundos después aquellos hombres se presentaron. Sus nombres eran Quentin Spike y Joseph Lindelt. Dos ejecutivos de la General Motors que estaban de viaje de negocios en Treveris pero vivían en Munich. El primer tiempo terminó, sacando el Munich la ventaja de un gol. Fernanda , que se había desinhibido gracias a las cervezas (no le hicieron falta mas de dos) cuando fue al baño. Al volver Quentin se acercó hasta ella. Le atraía esa española y no pensaba desaprovechar la oportunidad. La segunda parte del partido comenzó.
—Hombre. ¡Gracias a Dios! —aplaudió Valeria al ver a Fernando Torres en el terreno de juego—. Menos mal que Simeone ha despertado.
—No tenéis nada que hacer. El Bayer De Munich como equipo es superior —le susurró Joseph a la castaña
Pero antes de poder contestarle el Munich metió otro gol.
—¿Lo ves? No tenéis nada que hacer —asintió aquel tipo ganándose una oscura mirada de las dos hermanas. Aunque segundos después, para satisfacción del Atlético de Madrid, el gol se anuló. Algo que hizo las hizo saltar de alegría.
— ¡Toma! Eso por listo —gesticuló Valeria con el dedo mirando a Joseph.
Tras decir aquello los cuatro comenzaron a reír. Daba igual que no defendieran al mismo equipo. Aquella velada estaba siendo divertida, y Fernanda  estaba disfrutando del partido como llevaba tiempo sin hacer.
—¿Os apetece otra jarra de cerveza? — preguntó Quentin.
—Sí —asintió la rubia —. La verdad es que estoy muerta de sed.
—Iré contigo —Joseph le guiñó un ojo a Valeria —. Así traeremos cuatro.
Sin apenas moverse, les vieron alejarse hacia la barra.
—Qué morbazo tienen estos dos — se guaseó Valeria .
— Son agradables y correctos —asintió su hermana, sin dejar de mirar el partido—. Una estupenda compañía masculina.
Aquellos hombres, al igual que ellas, estaban de negocios . Se les veía cultos y educados. Quentin era alto, moreno y con unos impresionantes ojos color avellana. Mientras Joseph era más rubio y de ojos verdes.
— ¿Has visto qué sonrisa tiene Quentin? —preguntó Fernanda a su hermana.
—Es igualita a la de alguien que tú y yo conocemos.
—¡Ni de coña! —respondió esta con la lengua más suelta de lo normal—. No le llega ni a la suela del zapato. Quentin es un caballero.
-¡Que no me engañas! —sonrió al ver cómo aquella intentaba disimular—. No he dicho a quién se parece su sonrisa. Pero tú me has entendido. ¿En quién piensas?
— ¡Gollllllll! — gritó Fernanda sin poder contestar, comenzando las dos a saltar.
Momentos después, el gol se anuló.
—¡A ése le han untado pero bien! —ladró la rubia incrédula por aquello.
—¡Joder, joder! —gritó Valeria enfadada.
Quentin y Joseph regresaron con las pintas.
—Chicas, ¡lo siento! —susurró Quentin al ver sus caras de decepción.
—¡Tú! —señaló Valeria a Joseph, que rió—. No se te ocurra decir nada .
Estaban tan entretenidas con aquellos dos hombres, y en especial con el partido, que no se percataron de que desde hacía más de veinte minutos dos pares de ojos  las observaban. Víctor y Paúl frente a ellas en la oscuridad, apenas si podían mover un músculo sin pensar qué hacían con aquellos tipos.
—¡Qué curioso! —susurró Fernanda —. ¿Eso es un trébol?
— Hay un dicho que dice que quien sorprende con un trébol a una mujer, será bendecido con una estupenda noche de placer-. La rubia al escuchar y sentir el aliento de Quentin tan cerca, se encogió. Llevaba meses de abstinencia sexual.
Quentin creyendo que aquel gesto confirmaba su noche de placer, la agarró  por la cintura y plantó un seco beso en su cuello, que la hizo estremecer, aunque no precisamente de pasión. Valeria , incrédula, miró la cara de su hermana. Estaba borracha, y tenía claro que si pasaba la noche con aquel tipo al día siguiente se arrepentiría. No lo permitiría. Así que con disimulo, grito y miró la televisión.
—¿Qué coño les pasa hoy a estos? No hacen más que perder destrozar jugadas.
—Hoy no es vuestro día, española — señaló Joseph a Valeria, quién consciente de cómo la miraba, supo que buscaría en ella algo más.
—Danos tiempo — respondió haciéndole reír—. Verás de lo que somos capaces los del Atlético. Además en Madrid hay un dicho que dice: «De Madrid al cielo, siendo del Atlético de Madrid, primero». ¡No lo olvides!
—No lo olvidaré —murmuró Joseph leyendo los pensamientos de aquella.
De pronto, sin necesidad de hablar, y conscientes de las necesidades y el deseo de cada uno, se creó algo extraño. Algo que a los dos pares de ojos que observaba entre las sombras no gustó.
—¡ Vamos griezzmann! — gritó Fernanda  al verle disputar un balón por lo alto.
Y el momento más esperado y ansiado por fin llegó.
—¡GOLLLLLLLL! —gritaron Valeria y Fernanda, al ver a griezzmann batir a Alonso en un tiro cruzado. Pletóricas de alegría  Quentin abrazó a Fernanda y la besó. Pero apenas había plantado los labios en ella,  un tirón los separó. «Qué asco de beso», pensó mareada. Pero cuando se percato de quién la sujetaba alucino. Allí estaba el, de nuevo mirándola con su gesto insolente. Víctor, que llevaba parte de la noche observando a Fernanda con aquel tipo. Los celos le consumían y cuando vio cómo el tipo plantaba sus labios en ella, lo hubiera matado
— Escúchame — dijo atrayéndola hacia él—. Vas a salir conmigo de aquí.
— Ni lo sueñes. Y menos contigo.
Víctor Karl la miró desafiante. Estaba bebida, no borracha. Pero en sus ojos, sus mejillas, y sus palabras, se notaban algunas copas de más.
—Estoy viendo el partido con mi hermana y mis amigos —señaló Fernanda retándole con las palabras—. Por lo tanto, déjame ¡payaso!
— He pensado lo que me comentaste — grito Víctor.
— ¿Has pensado? ¿De verdad? ¿Tú piensas? —se mofó, pero rindiéndose preguntó—. Vale ¿qué has pensado?
—Sobre el negocio que le quieres proponer al conde.
Al escuchar aquello Fernanda rápidamente le miró. ¡Una pequeña luz! Sí. Sí.
Eso era lo que ella necesitaba oír y con rapidez su mente comenzó a trazar estrategias. Pero la pesadez de las pintas Guinness le dificultaban pensar .
— Mañana hablaré con él prosiguió sin apartar sus ojos de ella—. Quizá pueda saber el tiempo que estará fuera. Explícame lo que quieres y yo se lo comentaré.
—¿Harías algo así por mí? —preguntó sorprendida.
—No lo hago por ti —aclaró Víctor —. Simplemente cuido los intereses de mi jefe, los intereses del conde.
Al día siguiente, tras pasar Fernanda una noche horrible en la que todo le daba vueltas y tuvo que vomitar al final, sobre las cinco de la tarde, bajó a la cafetería del hotel donde habían quedado.
—¿Dices que no volverá en tres o cuatro semanas? —gritó la rubia  
— Si comienzas a chillarme —respondió Víctor — me levanto y me voy.
—Vale, vale Fernanda intentó calmarse. Marta ortega la heredera de zara le había dado casi dos meses. Todavía había tiempo.
—Éste es el contrato ¿verdad? — el moreno había cogido los documentos que descansaban sobre la mesa. Fernanda  asintió.
—Necesito conseguir ese contrato para comenzar a rodar un anuncio .
— Pues creo que no lo vas a tener fácil — indicó revisando las cláusulas.
—¿Por qué? —preguntó Valeria, que hasta el momento había estado taciturna sentada junto a Paúl.
-Voy a ser sincero contigo -señaló Víctor dejando el contrato sobre la mesa-. La última vez que rodaron en el castillo, ocurrieron cosas.
—¿Cosas? — interrumpió Fernanda —. ¿Qué cosas?
—Hubo varios desperfectos en el edificio y la productora no quiso hacerse cargo de ellos — señaló Paúl.
- Pero nosotros podemos incluir una cláusula que recoja la subsanación y reparación de desperfectos durante el rodaje -insistió apuntándoselo en un papel.
—Lo intentaré —aunque la expresión de Víctor no era de buen agüero—. Pero repito, no lo vas a tener fácil. El conde cree que la gente que se dedica a la publicidad,  no valora las genuinas cosas de la vida. Piensa que utilizáis como si fuera de usar y tirar aquello que la gente respeta y cuida toda su vida, sin daros cuenta del trabajo, el esfuerzo y el tesón que hay detrás. Su obsesión es que el castillo Bourg Eltz perdure en el tiempo. Mi jefe está convencido que sois personas superficiales y sin escrúpulos, que con tal de conseguir lo que necesitáis sois capaces de vender a vuestra madre .
— Prefiero no opinar —respondió Fernanda, consciente de la verdad que encerraban aquellas palabras.
—Entiendo que no quieras opinar —prosiguió Víctor. Tu trabajo es comerle el cerebro a la gente a través de anuncios consumistas y sexistas, que luego son tan falsos como las propias vidas que lleváis.
—Te estás pasando — dijo Valeria al darse cuenta de la cara de su hermana.
—Seamos sinceros, princesita —indicó víctor clavándole la mirada—. Tú quieres conseguir algo que el conde tiene. ¿Verdad?
—Sí — Fernanda se sintió de pronto acalorada con aquella mirada.
—Entonces debes ser lista y demostrarle que sabes valorar lo que él tiene y adora. Así él, podrá valorar tu empeño y tu trabajo.
Al escuchar aquello la rubia se tensó. ¿Qué le estaba proponiendo exactamente?
Porque ni loca. Ella no pensaba arrastrarse para conseguir el contrato. ¿O sí?
—¿Sabes la diferencia que existe entre vosotras y nosotros? —preguntó paúl entrando al trapo.
—No. Dímela tú —retó Fernanda.
— ¡Un momento! —intervino Valeria —. Cuando dices diferencias. ¿Te refieres a que nosotras vivimos en una ciudad y vosotros en el campo?
—Más o menos —añadió el moreno mientras, divertido, observaba la manera como Fernanda se retiraba el pelo de la cara. Estaba preciosa y deseaba besarla.
— La diferencia radica en las formas —respondió Paúl.
— Y en la humildad y adaptación a cualquier medio —finalizó Víctor.
Valeria y Fernanda al escuchar aquello se miraron.
— ¿Acaso crees que yo no podría hacer lo que tú haces? —preguntó Valeria mirando a un esquivo Paúl, quien al verla aparecer aquella mañana en lugar de saludarla con uno de los tórridos besos de la noche anterior, se había limitado a saludarla con la mano.
—Por supuesto que no —respondió Paúl, dejando volar su imaginación.
—¿Me estáis queriendo decir que vosotros dos ?— se mofó Fernanda — sois capaces de hacer lo que yo hago, pero que yo no soy capaz de hacer lo que vosotros hacéis? ¡Qué estupidez!
—Te lo estoy demostrando ahora mismo —señaló Víctor —. No creo que mi comportamiento sea diferente del de cualquier otra persona que ahora mismo esté sentada en el hotel.
—¿Vosotras podríais comportaros igual en nuestro medio? ¿En el campo?
—Sois patéticos —gruñó Fernanda.
— Lo corroboro —asintió Valeria gesticulando.
—¿Sabes, princesita? —prosiguió el — Años de trabajo me ha costado obtener el puesto que tengo junto al conde. Como podrás imaginar seguramente estoy acostumbrado a tratar con más gente y quizás de más alto nivel que tú.
—No me hagas reír —se mofó Fernanda.
— A pesar de tu trabajo como alta ejecutiva y temerario tiburón en el mundo publicitario. ¿Serías capaz de ordeñar vacas, cuidar del ganado, sacar adelante con tus propias manos una granja o valorar una sonrisa? Tú, princesita ¿serías capaz de eso? preguntó Víctor sin dejar de mirarla.
«No. Creo que no», pensó Fernanda horrorizada.
—Por supuesto que sí señaló la castaña dando un codazo a su hermana.
—Tampoco tiene que ser tan difícil —corroboró Fernanda consciente de que mentía como una bellaca—. A ver si te crees que es fácil encontrar un eslogan para que una campaña sea líder de ventas.
— Permíteme que me ría —sonrió Paúl.
— En referencia a lo que dices —intervino la castaña — imagino que hacer cualquiera de esas cosas es como todo, se aprende y punto.
—Acabas de dar con la solución para que el conde valore tu trabajo —indicó Paúl
— ¿Cómo? — preguntó la publicista algo confusa.
—Demuéstrale al conde que además de ser una eficaz publicista, eres capaz de hacer lo que él tanto valora —señaló Víctor —. Demuéstrale que debe confiar en ti y firmar ese contrato.
La rubia, al escuchar al alemán, no supo si reír o llorar. Tras años trabajando en la publicidad había tenido que ingeniárselas de muchas maneras para conseguir la firma de contratos. Como la vez que necesito contratar el Circuito del Jarama para un anuncio y el promotor se empeñó en que ella tenía que darse una vuelta con él en aquella pista y en su potente Ferrari. Lo hizo. Aunque provocó que durante una semana no subiera en ningún coche. Si había conseguido sobrevivir a aquello, podría sobrevivir a esto también. Con la diferencia que esta vez serían varias semanas. Pero mejor valía eso que volver a España y tener que enfrentarse a los asociados con las manos vacías.
—¿Qué decides, princesita? —preguntó Víctor al verla tan pensativa.
—Dos cosas que espero escuches bien-respondió ella-. La primera; no vuelvas a besarme ni a llamarme princesita. ¡Lo odio! Y la segunda, acepto el reto.
—¡Que Dios nos pille confesados! —susurró su hermana, haciendo reír a Paúl.
— En respuesta a lo primero que has planteado —señaló Víctor disfrutando de aquel reto —. Lo siento, princesita, pero no estás en condiciones de exigir nada. Pero teniendo en cuenta que no eres la mujer de mis sueños sino más bien de mis pesadillas, tranquila. Tengo verdaderas preciosidades deseosas de besarme sin yo pedirlo. Y en referencia a lo segundo. Eres valiente y eso me agrada.
—No intento agradarte a ti, tío listo —respondió, consciente de lo que había aceptado y furiosa por lo que había escuchado —. Intento agradar al conde.


Última edición por janessi1 el Lun Ene 04, 2016 9:36 am, editado 1 vez
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MensajeTema: CAPITULO 10 : DE CIUDAD AL CAMPO   Miér Dic 09, 2015 11:39 am


Las horas pasaron Fernanda pidió al servicio de habitaciones una coca cola y un cigarrillo y decidió darse un baño. Eso la relajaría. Pero no fue así. Sólo podía pensar en Víctor, en sus ojos y en su impertinente sonrisa. Una vez salió del baño con el albornoz del hotel puesto, abrió la tapa de la ensalada y para su sorpresa, aquello no era una ensalada, sino un bistec con patatas. ¿Volvería a estar Víctor tras aquella confusión? Por lo que cogió el teléfono con una patata frita en la otra mano, llamó a recepción e informó del error. Cuando colgó se miró en el espejo. Tenía el pelo aceptable y su imagen era sexy. Dos minutos después unos toques en la puerta le hicieron sonreír. Allí estaba él, por lo que abriendo la puerta con una sonrisa se quedó petrificada cuando el camarero le pedía disculpas y le cambiaba el plato. Cuando cerró la puerta no sabía qué le había molestado más. Si que él no hubiera provocado el error, o su absurdo deseo por verle. En ese momento sonó el teléfono del hotel.
— Dígame.
— Hola, peluche.
Al escuchar aquello, la patata que tenía en la mano y que aún no había llegado hasta su boca cayó a la moqueta. Era Goyo, ese alguien aparcado en su memoria a quien todavía dolía recordar, pero reponiéndose con rapidez contestó.
— Te he dicho mil veces que no vuelvas a llamarme así.
— Lo sé — asintió con voz tranquila —. Pero te echo de menos.
— Yo a ti no — respondió mientras cogía un cigarrillo.
— ¿Cuándo vas a volver?
— No lo sé. Pero aunque lo supiera no te lo diría — se sentó y encendió el cigarrillo —. Aunque daría igual. Tu zorra particular te mantendrá informado ¿verdad?
— Fernanda, cariño — susurró Goyo —. No he vuelto a ver a Amaia. Tienes que creerme. Aquello que ocurrió en el hotel, fue algo que…
-¡Basta! — gritó malhumorada —. ¡Basta ya! No quiero volver a escuchar tu patética explicación. ¿Cuándo vas a aceptar que lo nuestro se acabó?-
— Te quiero, peluche — susurró haciéndole daño. En todos los años que estuvieron juntos, podía contar con los dedos de una mano las veces que le había escuchado aquella romántica palabra —. Te echo de menos. Te necesito y…
— No quiero escucharte. Adiós.
Una vez colgó el teléfono, sus ojos se inundaron de lágrimas. ¿Por qué no la dejaba en paz? ¿No se daba cuenta del daño que le hacía?
De nuevo sonó el teléfono. Aquello la enfureció.
– No quiero oírte Goyo. ¡Déjame en paz! Olvídate que existo y no.,..
— Ehhhhh, Fer. ¡Para el carro! — Gritó una voz desde el otro lado del teléfono
—. Soy Roberto. ¿Qué ocurre cariño?
-Hola, Roberto -aquella voz la hizo suspirar. Una voz amiga.
— Por lo que veo, el cretino de tu ex sigue dando la plasta.
No pudo responder. Un puchero contrajo su cara, y de su garganta salió un gemido seguido por el llanto. ¿Por qué lloraba? Aquello ya estaba superado. Ya no pensaba en él. Pero cuando creía estar fuerte, Goyo atacaba y su parte sensiblera la destrozaba.
- Venga, Fer. Odio encontrarte así y no poder hacer nada- se quejó su amigo sintiéndose inútil en la distancia - Conmigo puedes llorar, gritar, maldecir y lo sabes
— Sí — susurró Roberto a secándose las lágrimas.
— Ahora sé buena y dime qué ha hecho para que estés llorando, cuando tú eres la mujer más fuerte que he conocido en mi vida.
— Ya lo sabes.
-Fernanda Villalonga Zubizarreta- insistió Roberto -. Sabes que no soy rico, pero no voy a colgar el teléfono hasta saber qué te pasa. Hace un momento hablé con tu madre y me contó una historia sobre vacas, pérdida de móviles…
- Todo lo que mamá te contó nos ha ocurrido. Pero mañana a primera hora me llegan dos móviles, y un portátil. Por cierto, tendremos los mismos números, díselo a mamá.
— Estoy esperando — canturreó Roberto.
A partir de ese momento Fernanda relató punto por punto lo ocurrido desde su llegada a Escocia. Le habló de Víctor y de Paúl, y de su particular relación con ellos. Tentada estuvo de colgarle el teléfono al escuchar las carcajadas de aquel, mientras le contaba el episodio de las vacas comiéndose la capota, o del pijama de tomates y las bragas de cuello vuelto.
-¡Por Dios! - se secaba las lágrimas Roberto -. Lo que me estás diciendo es lo más divertido que me has contado nunca. Y dices que mañana os iréis a la granja hasta que llegue el conde.
- No tengo otro remedio Víctor dice que si quiero que el conde se fíe de mí eso es lo único que puedo hacer.
-¿tu hermana está cenando ahora con Paúl?
— Sí. Se pondrá furiosa cuando sepa que has llamado y no ha hablado contigo. Quería contarte un montón de cosas.
— Ya imagino. Ya — sonrió al escucharla —. Oye. Por curiosidad. ¿Cómo es ese “gilipollas” de Víctor? ¿Es guapo?
— Psss… — susurró Fernanda —. Nada del otro mundo
-¡Vamos Fer! — se mofó Roberto al escucharla tan dudosa —. Desde aquí veo cómo tu nariz comienza a crecer. Al escuchar aquello la rubia sonrió tocándose la nariz. Roberto, al igual que Valeria, la conocía bien. Por lo que decidió sincerarse.
— Lo que te voy a contar es Top secret, y si alguien dice que ha salido de mi boca, lo negaré hasta la saciedad. ¿Entendido?
-¡Palabrita de Niño Jesús!
— Pues bien, Víctor es el típico hombre en el que yo no me hubiera fijado en mi vida. Es alto, fuerte y algo bruto. Tendrá unos cuarenta años y es la mano derecha del conde. Creo que le gusta trabajar en el campo y es muy familiar. Tiene buen físico, pero no tiene pinta de ir al gimnasio. Su pelo es corto y moreno
— Por Dios, Fernanda… ¡que interesante lo pintas!
— Tiene unos ojos marrones de un color tan intenso que a veces parece que te traspasan. Sus labios son finos y suaves y tiene una sonrisa preciosa — dijo recordándole —. A todo ese cóctel de desbordante testosterona masculina añádele que es arrogante, prepotente, mandón, exigente, seguro de sí mismo, y un machote que presume de tener una enorme lista de mujeres deseosas de sus atenciones.
-¡Uau, qué morbo! — exclamó Roberto desde el otro lado del teléfono.
Cuando terminó de describir a Víctor, se dio cuenta de que era todo lo opuesto a Goyo; un niño de bien, al que le habían dado todo masticado. Nunca se había preocupado por nadie excepto por el mismo. Le gustaban los buenos vinos, los restaurantes caros, los coches de alta gama y vacaciones en islas paradisíacas. Definitivamente Víctor y Goyo nada tenían que ver.
— Ahora entiendo tus lágrimas — se mofó Roberto —. Te has dado cuenta de que el que creías que era el hombre perfecto durante todos estos últimos años, no le llega a ese “gilipollas” ni a las suelas de los zapatos ¿verdad? Por eso llorabas.
— Anda ya. ¿Estás loco? — se quejó Fernanda al escucharle.
— ¡Qué pena que no sea gay! -
— Cómo está mamá — rió Fernanda cambiando de tema —. Esta mañana, cuando hablé con ella, parecía tener prisa.
— Bueno — titubeó Roberto —. Nuestra Diane Lane particular está bien. Yo diría que maravillosamente bien.
-Cuéntamelo todo . O me cojo el primer avión de vuelta a Madrid. ¿Qué le pasa?
-nada malo, solo que creo que tiene un pretendiente. De todas formas fiffy y yo le estamos haciendo un seguimiento de cerca.
— Quiero estar al tanto de todo, Roberto — señaló con seriedad — por favor, vigílamela que la veo muy sola y no quiero que se junte con ningún mamarracho-
Al escuchar aquello tuvo que hacer esfuerzos por no reírse. Silvia tenía un gusto excelente y eso no se lo negarían sus hijas cuando supieran quién era su pretendiente.
— Tranquila, Fernanda. Fiffy y yo la cuidamos muy bien. Por cierto, dile a Valeria que la echamos de menos.
– Nosotras te echamos mucho de menos a ti. Un beso y hasta pronto.
Tras colgar se quitó el albornoz del hotel, se puso su pijama de seda de Armani y se sentó ante la ensalada. Pero no tenía hambre. Por lo que, cansada, se acostó en la enorme cama Queen Size, pensando en las torturas que le traería el nuevo día. Durante el viaje a la granja de Ona, la rubia estuvo todo el camino callada. Aún recordaba la cara de guasa de su hermana cuando le contó lo que Roberto había insinuado sobre su madre, aunque omitió la llamada de Goyo. No le apetecía hablar de aquello. Por mensajería urgente le había llegado el móvil y el portátil desde España. Algo que le alegró, volvía a estar informatizada y eso la hacía sentirse mejor. Cuando Paúl y Víctor aparcaron frente al hotel para recogerlas, por unos instantes Fernanda estuvo a punto de salir huyendo. ¿Qué iba a hacer ella en una granja? Pero al final, tras pensar en el contrato, con paso seguro y custodiando su maleta, llegó hasta la furgoneta.
— Buenos días — saludó el moreno con gesto taciturno.
— Buenos días — respondió Fernanda.
Una vez en la carretera, Paúl y Valeria se encargaron de llenar con sus risas y sus conversaciones el espacio para relajar la tensión.
-¿Sabes, Fer? Anoche coincidimos con Víctor y una de sus amigas en un Púb.
Al escuchar aquello la rubia se tensó, aunque segundos después se relajó. No quería que nadie se diera cuenta de cómo aquello le afectaba. Debía de recordar por qué estaba allí, y punto.
-Me alegro -respondió al ver cómo el alemán la miraba a través del espejo retrovisor.
-¿Por qué os fuisteis tan pronto? Tu amiga parecía pasarlo bien - pregunto Valeria.
— Teníamos cosas que hacer — respondió Víctor molesto.
— No lo dudo — asintió Valeria —. Tania estaba como loca por meterse en la cama contigo. Hubieras alucinado Fernanda. No veas qué pulpo de mujer.
— Hoy parece que hará un día estupendo — señaló Paúl para cambiar de tema.
— Era una azafata italiana ¿verdad? — insistió la castaña.
-Sí-Víctor estaba viendo la mala leche de aquella mujer. Igual a la de su hermana. La noche anterior, Víctor había quedado con Tania, una amiga. Estaba harto de pensar en la rubia, pero fue peor el remedio que la enfermedad. Tras la cena, se encontraron con Paúl y Valeria en un Púb., y fue consciente de cómo la castaña lo miró. No le preguntó. Pero supo lo que pensaba sólo con mirarle los ojos. Por lo que, aburrido, se despidió de su primo y de Valeria y se marcharon hacia el hotel de Tania. Una vez allí, tras inventarse un problema de última hora, Víctor salió escopetado para el hotel. El resto del camino transcurrió sin ningún comentario mordaz. Y cuando llegaron a la granja, los ladridos de Stoirm y los aplausos de ona, Rous y algunos de los jornaleros llenaron el ambiente.«Dios santo. Mi pesadilla ha comenzado», pensó la rubia. Todos las recibieron con alegría aunque el más feliz era tom, quién al verlas las abrazó con cariño. Víctor subió los equipajes hasta la habitación. Al marcharse coincidió con Fernanda en la puerta, y tras cerrarla se apoyó en ella para mirarla.
— ¿Qué haces? — preguntó Fernanda, dejando el portátil encima de la cama.
— Quería tener unos momentos a solas contigo.
— ¡Qué emoción!
— Sólo quería decirte que me parece muy valiente lo que vas a hacer, y que no olvides que cualquier cosa que necesites, estoy aquí.
— ¿Algo más?-
«Insolente», pensó Víctor al mirarla.
— Tendrás que cambiarte de ropa. No creo que con esos tacones puedas moverte por la granja — dijo mirando los zapatos rojos tan sexy que llevaba.
— Ese será mi problema, no el tuyo. ¿No crees?
— ¿Qué te pasa? — preguntó Víctor, que dio un paso hacia ella.
— Tengo sueño nada mas
Víctor Karl, al escucharla tuvo que sonreír. Era tan diferente del tipo de mujer que frecuentaba, que eso era lo que llamaba su atención. Y posando sus labios con delicadeza sobre los de ella, disfrutaron de un beso lento
— Ejem… ejem — tosió una voz a sus espaldas que hizo que ambos se separaran.
Ante ellos estaban Ona, Paúl, Valeria, Rous y Tom, quienes con unas sonrisas divertidas entraron en la habitación sin hacer ningún comentario al respecto. Momento en el que Víctor, tras mirarla durante unos segundos, se marchó. Aquella noche iba a ser larga para ambos A la mañana siguiente, todo el maravilloso buen rollo de la noche anterior se convirtió en una tortura cuando Ona fue a despertarlas.
— Un ratito más, Ona — se quejó Valeria volviéndose a tapar.
A la anciana las muchachas le daban pena. No llegaba a entender todavía por qué sus nietos las habían traído allí de nuevo.
— Pero si todavía es de noche — protestó la rubia bostezando.
— Venga, venga, perezosas -regañó cariñosamente la mujer-. El trabajo en una granja comienza muy temprano. A duras penas Fernanda se levantó. Y como una autómata se dirigió hacia el baño donde permaneció media hora y salió con el albornoz puesto, los dientes lavados y el pelo peinado. Valeria seguía en la cama. Después abrió el pequeño armario donde la noche anterior guardó su equipaje y miró su ropa. La rubia al ver su vestuario se acordó que no había puesto los pantalones de chándal que se había comprado hacia unos días pero viendo que nada podía hacer optó por ponerse unos vaqueros de Moschino, una camiseta de manga larga de color rosa y una sudadera beige Luego miro sus zapatos que consistía en botines oscuros de Gucci. Los zapatos rojos de Manolo Blahnik, unas converse y dos pares de zapatillas Reebok. Finalmente opto por las zapatillas Reebok de color blanco. Se recogió el pelo en una coleta alta, y cuando estuvo lista volvió a despertar a su hermana, quién al verla vestida saltó de la cama, disculpándose por su pereza. Quince minutos después bajaron. Allí estaba Esme, trajinando en la cocina junto a ella estaban desayunando Tom, Paúl, Víctor, Seth , Rous y Doug.
-Ya era hora -se quejó Paúl al verlas aparecer — .Se supone que habéis venido para ayudar en la granja, no para estar dos horas poniéndoos potingues en la cara. Al escucharle Valeria lo miró. Estaba cansada y muerta de sueño. Apenas se había arreglado y aquel idiota la recibía así.
— Mira – le señaló con el dedo —. Sólo te lo diré una vez. Ten cuidado por las mañanas conmigo, si no quieres tener problemas.
Al escuchar aquello, todos prorrumpieron en carcajadas. Paúl enfadado y sin decir nada, se levantó y se marchó.
— Eso, como los burros. Sin decir adiós — se quejó Valeria al verle salir.
— ¿Dónde vas tan elegante? — preguntó Víctor, mirando a Fernanda.
«Tierra trágame» pensó al escucharlo. Aquel paletó provocador no iba a hacerle fáciles los días. Así que tenía dos opciones: a) mandarlo a paseo, con lo cual comenzaría mal el día, o b) hacerse la tonta, con lo que se provocaría una úlcera, pero seguramente la dejaría en paz. Eligió la b.
— Voy vestida de sport. No tengo otra cosa que ponerme — y tomando una taza de leche que ona le daba preguntó —. ¿Es de soja o de avena?
Al escuchar aquello la anciana extrañada la miró.
— Es de vaca -señaló la mujer.
— ¡Fer por dios!-murmuró Valeria en español —. Pilla la taza y cierra el pico.
Fernanda, fabricando una de sus sonrisas, cogió la taza y oyó que Esme murmuraba mientras volvía a la lumbre.
— Esa ropa no volverá a ser lo que era tras un día en la granja-le comento la anciana
Víctor también la escuchó. y dijo- Rous seguro que estará encantada de dejarte algo de su ropa- propuso, intentando no sonreír.
— No hace falta, tendré cuidado — señaló Fernanda, mirando con recelo la leche.
— El que avisa no es traidor, princesita — murmuró el moreno
— Tómate el vaso de leche, muchacha — animó Tom — te dará las energías necesarias para enfrentarte a una manada de lobos.
La publicista, miró el reloj de cocina. Las cinco de la mañana ¿Qué hacía ella despierta a esas horas? Pero, se repitió mentalmente; «tres semanas, máximo cuatro y contrato conseguido».
-Muy bien -señaló Víctor levantándose y mirando a las hermanas Villalonga
-. Mañana procurad ser más puntuales, ya deberíamos estar haciendo cosas, y no perdiendo el tiempo aquí. Ona, al ver el gesto divertido de su marido movió la cabeza. No estaba conforme con aquello, pero poco podía hacer.
— ¡Vámonos! — indicó Víctor poniéndose una cazadora marrón.
— ¿Dónde vamos con el frío que hace? — se quejó Fernanda.
-Al campo. Debemos arreglar la valla de los caballos y luego echar de comer a las vacas-indicó Rous calándose un gorro de lana hasta las orejas.
«OH Dios mío, caballos y vacas ¡voy a morir!», pensó la rubia a punto de desmayarse. Pero sin decir nada salió temblando.
— ¿Has visto que pinta lleva para trabajar en el campo? — sonrió Tom.
— ¡Calla! No quiero hablar de ello — protestó Ona.
— Esa muchacha se congelará -se carcajeó Tom al ver cómo huía de Stoirm.
— Si le pasa algo será gracias a vosotros-Ona estaba enfadada con todo aquello, así que salió de la cocina y lo dejó a solas. Víctor que conducía la furgoneta de una manera un tanto brusca, miraba por el espejo retrovisor a las muchachas. En especial a Fernanda, quien callada, tenía la misma pinta de quien va al patíbulo a morir. Cuando paró el coche, la publicista estaba pálida. A punto del desmayo. Algo que no pasó desapercibido por nadie. Pero todos callaron.
-Bajad del coche-Dijo Paúl, quién por sus modos parecía no estar de buen humor-. No podemos perder más tiempo.
-Hoy no es tu día ¿verdad simpático? -preguntó Valeria molesta, pero el no le contestó. Se limitó a mirarla y a callar. Al poner el pie en el suelo. Fernanda sintió cómo sus zapatillas se hundían en el barro, pero sin decir nada, siguió a Rous, que se movía con tranquilidad por aquel lugar.
– Ahí encontraréis alambre y las herramientas necesarias para tensar y asegurar. Poneos los guantes, y comenzad a traer aquellos palos-indicó hacia el árbol-. Iré a dejar a los chicos en sus puestos, y dentro de un rato volveré para ver qué tal vais.
-¿Vas a dejarnos solas?-preguntó Fernanda, tiritando de frío.
— Rous y Stoirm se quedarán con vosotras-indicó conteniendo la risa. Una vez dijo eso, se montó en el coche y arrancó, dejándola sin palabras.
-Apuesto cien euros a que antes de dos horas están llorando — se carcajeó Seth.
— Te doblo la apuesta-contestó Doug dándole la mano.
— La triplico-se carcajeó Paúl, observándolas por el espejo retrovisor.
-chicos-se mofó Víctor-. Doblo todas a que esta noche quieren volver a su casa.
Una vez la furgoneta azul se marchó, Rous fue la primera en hablar.
— Creo que deberíamos repartir el trabajo-indicó rascándose el cuello-. Una que vaya a por el alambre, otra que traiga las estacas y la tercera que clave con el mazo-
Poco tiempo después comenzaron la tarea con la ayuda de aquella extraña mujercita. Pasadas dos horas, habían conseguido clavar seis estacas y poner varios trozos de alambre, el cielo se despejó, y un sol espléndido las calentó. Los vaqueros de Fernanda estaban hechos una pena. Pero lo peor eran las zapatillas. Ona tenía razón. Aquella ropa no volvería a ser lo que era. Sobre las nueve de la mañana, como nadie había vuelto a dar señales de vida, estaban sedientas y hambrientas, Rous se ofreció voluntaria para ir en busca del almuerzo, ella conocía las tierras, por lo que dejando solas a Fernanda y Valeria con Stoirm, se alejó.
-No sé qué hago aquí -se quejó la publicista quitándose los guantes.-Mira qué ampollas tengo. Mis manos necesitan crema con urgencia.
— Yo no las tengo mejor que tú, pero no soy tan alarmista-le dijo su hermana
— ¡Perro! aléjate de mí — gritó Fernanda a Stoirm. De pronto un coche comenzó a acercarse hacia ellas y Stoirm comenzó a ladrar.
-Hola, señoritas-saludó un hombre bajando del coche-. ¿Se han perdido?
-Ojala eso fuera verdad — susurró Fernanda.
— Vaya-se acercó el hombre hasta ellas —. Ustedes deben ser la visita de Tom y Ona. Encantado. Mi nombre es James. Soy el médico de Munstermaifeld y Eiffel
— Encantada. Mi nombre es Valeria-saludó levantando la mano. Fernanda estaba demasiado ensimismada en sus manos como para prestarle atención.
— ¿Qué le pasa?-preguntó el médico al ver cómo la rubia se miraba las manos.
-Tengo unas horribles ampollas que me están matando-suspiró, tan deprimida que aquel hombre sonrió.
-Eso lo soluciono yo en un periquete-dijo sacando del coche una caja de pomada
—. Déjame ver dónde tiene esas ampollas. ¡Vaya! La verdad es que no son nada pequeñas. Te estás destrozando las manos.
Por lo que el medico se las curo. Una vez finalizó las miró con una sonrisa.
— Guardaos está pomada. Esta noche os la volvéis a aplicar y veréis cómo en un par de días habrán desaparecido.
— Mi nombre es Fernanda Villalonga sonrió —. Gracias por tu ayuda.
Al decir aquella palabra, la rubia se sorprendió. ¡Estaba dando las gracias!
-Encantado de conocerte -asintió mirándola a los ojos-. Pero vosotras no sois alemanas-indicó interesado en ellas. Sobre todo en la rubia-. ¿De dónde sois?
— Españolas — señaló Fernanda.
— ¡Vaya! Me encanta España. Sobre todo la tortilla española y la paella.
— Típico de guiris — sonrió Valeria al escucharle.
– No hables de comida en estos momentos que estamos muertas de hambre.
-Vosotras no sois mujeres de campo. ¿Qué hacéis aquí?-preguntó con curiosidad.
- Es una historia muy larga- la publicista sabía que no había forma de explicarla-.
-Lo siento-sonrió al escucharla y acercándose dijo-.Déjame ver. Y le tomó la mano para colocarle un apósito, y viendo lo delicada que era, se preguntó qué hacía una mujer como aquella arreglando una valla. El sonido de un motor llenó el ambiente. Era Víctor con Rous, y al ver a James tomándole la mano a la rubia aceleró.
-Vaya-susurró James al ver la furgoneta acercarse —. Creo que os traen provisiones, se acabó vuestra hambre.
-Menos mal- Valeria ya no sabía qué hacer con su estómago-
Y .bajándose del coche con la gorra puesta, Víctor se dirigió hacia ellos con una falsa sonrisa en la boca.
— Hola James -saludó poniéndose al lado de Fernanda —. ¿Qué haces por aquí?
— Voy camino al hospital-respondió sin apartarse de donde estaba- y como verás he tenido que hacer un par de curas de urgencia en el camino.
- Has sido muy amable-señaló Víctor borde-. Pero ya puedes continuar tu camino.
-James ha sido tremendamente amable con nosotras — protesto Fernanda, sin entender por qué aquellos dos se miraban de aquella manera.
-Se me hace tarde-dijo al fin el médico caminando hacia su coche — .Encantado de haberte conocido Valeria.
- Lo mismo digo James. Gracias por tu amabilidad.
- Fernanda, ha sido un placer. Quizás nos volvamos a ver -la sonrisa que le lanzó el joven molestó al moreno.
-Seguro-asintió la rubia con maldad- por estos lugares conozco a pocas personas tan educadas como tú.
- Este fin de semana un amigo organiza una fiesta en honor de su nuevo hijo. Sería maravilloso que vinierais.
— ¿No le importará que nos presentemos? — preguntó Fernanda con curiosidad.
— ¡Qué divertido! — sonrió Valeria.
— Quizás vayamos-contesto Fernanda
— De acuerdo -al fin James se montó en el coche —. Entonces allí nos veremos.
Cuando se alejó, Valeria estaba sonriendo, mientras Fernanda cogía una botella de agua para beber. Estaba sedienta. Tras aquello Víctor se metió en su coche y se marchó. Cuatro horas después la furgoneta volvió, únicamente ocupada por Seth y Doug. Regresaron a casa de Ona para comer, aunque Valeria y Fernanda no se pudieron ni mover una vez se tumbaron en la cama
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janessi1
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MensajeTema: Capitulo 11 : PRIMER BAILE   Miér Dic 09, 2015 11:42 am

El sábado después de comer, cuando Víctor y Paúl se marcharon, Fernanda le comentó a Ona la supuesta fiesta en casa de los tal Maxwell. La anciana, sorprendida por el interés que las muchachas demostraban por ir, habló con Seth quién amablemente se ofreció a acercarlas al lugar. Sobre las siete de la tarde,  las hermanas Villalonga se subían al coche de Seth. Cuando llegaron a la casa de los Maxwell, James, el médico, se sorprendió. Estaba convencido de que no aparecerían, en especial por la actitud de Víctor. Pero, encantado con su presencia, les presentó a Mary y Jonás Maxwell, los dichosos padres de Curt, un bebé de 5 meses.
— ¡Qué monada! — sonrió Valeria mirándole —. Es precioso, cuchichichi.
— Y comilón — señaló Mary tomando al bebé en brazos —. No para de comer.
— Se le ve gordo -puntualizó Fernanda sin mucha emoción.
— ¿Quieres cogerlo? — le preguntó Mary.
— OH, no… no… -se disculpó incómoda-. No me gusta coger bebes tan pequeños.
— Yo sí quiero cogerlo-a Valeria le encantaban —. ¿Puedo?
— Claro que sí — Mary se lo pasó con cuidado —. Es muy bueno, ya lo verás.
— Voy por algo de beber — indicó James —. ¿Qué os traigo?
— Cerveza — pidió la castaña embobada con el bebé —. Cucú tras, cucú tras…
— Voy contigo — Fernanda prefirió alejarse de aquel lugar. No soportaba a los bebes y menos cuando los adultos comenzaban a gorgotear tonterías como su hermana.
— ¿Puedo hacerte una pregunta Fernanda ?
— Por supuesto.
— ¿Qué hacéis tu hermana y tú trabajando en la granja de Tom?
— Uf — sonrió al escucharlo —. Para acortar todo el rollo, digamos que lo hacemos por negocios. Pero James ¿tan raro es ver gente extraña por estos alrededores?-preguntó Fernanda,  que se había sentido el centro de atención desde que llegó.
- Si te soy sincero no es normal ver a mujeres como vosotras arreglando cercados-
— En eso te doy la razón asintió Fernanda. Eso. no es normal.
Dos horas después, Valeria y Fernanda  bailaban con James y un amigo  cuando de pronto la castaña, tocó el brazo de su hermana, y habló.
—Oh... oh... dijo señalando mientras se reía. Creo que llega la caballería.
Al seguir la mirada de su hermana vio a Víctor, a Ona y a Paúl bajar de la furgoneta azul, y a Rous corriendo hacia ellos. Jonás Maxwell, al verlos entrar, les estrechó la mano con cariño y beso a Ona. Pocos segundos después la mirada divertida de Fernanda, se encontró con la de Víctor.
- ¿ Víctor es tu novio? Pregunto James al ver aquel cruce de intenciones.
- ¡ ja! —le contestó a apartando la mirada de el- Ya quisiera ese idiota.
-¿ Idiota? repitió divertido.
Si algo tenía claro James era que Víctor no tenía nada de idiota. Su enemistad se había ocasionado años atrás a causa de una mujer. La mujer de Paúl. Desde entonces la rivalidad entre ambos era patente. No se soportaban, aunque intentaban respetarse, y aun siendo familia procuraban no cruzarse en sus caminos. Pero el día que James había visitado a Tom y supo que había dos muchachas extranjeras allí alojadas, la curiosidad le pudo, y a pesar de la rivalidad existente, ona le hizo participe del secreto de Víctor, algo que no compartía, pero que por respeto a la familia, debía guardar.
—Oh... murmuró Fernanda con despecho, es el tipo más irritante que he conocido en mi vida. Entre tú y yo. No veo el momento de perderlo de vista. Es arrogante, estúpido, y un prepotente al que hace falta que le bajen los humos-.
-Cada vez entiendo menos- sonrió James consciente de que pensaba como él.
—No intentes entenderlo sonrió Fernanda. ¡Es imposible! . Rato después se encontraba bailando con su hermana
-Buenas noches- Víctor saludó James acercándose hasta él.
- ¿ Que quieres? preguntó apretando los puños.
-Tranquilizarte..., aunque ella me ha dicho que está libre.
Víctor, al escucharlo, se volvió hacia él, momento que aprovechó Paúl para interponerse entre ellos.
—¿Podemos tener la fiesta en paz? —y señalando a James con gesto duro indicó. Haz el favor de no tocar las narices, si no quieres que te las toquen a ti. ¿Vale? después se volvió hacia Víctor. -Y tú cambia ese gesto hosco porque aquí nadie pertenece a nadie ¿vale?
—Voy a por otra cerveza- contestó Víctor alejándose.
El moreno  en ningún momento se acercó a Fernanda, aunque se sorprendió al ver que todos conocían el secreto que debían guardar. Se dedicó a bromear con algunas de las muchachas que revoloteaban delante de él, mientras con disimulo observaba a la rubia que parecía divertirse con James y sus  amigos . Sabía que aquella quejicosa pero interesante malcriada no era mujer para él. Había demasiadas cosas de ella que lo desquiciaban, pero sentía una atracción hacia ella que no llegaba a comprender. La rubia disfrutaba hablando con el medico, pero un extraño nerviosismo le hacía buscar con la mirada a Víctor más veces de las que ella quisiera. Tenía que reconocer que era un hombre atractivo, e intuía que las mujeres pensaban lo mismo, y más cuando vio cómo una de aquellas jóvenes se tiraba parcialmente encima de él, algo que la molestó. A media noche, las más ancianas entre las que estaba fiona, iniciaron un rito exclusivamente familiar, emparejar a los solteros para bailar. Aquel rito se repetía cada vez que se celebraba la llegada de una nueva vida. Las ancianas observaban a las parejas bailar y una vez concluida la pieza elegían a la que, según ellas, tendría un feliz futuro juntos. Con picardía las ancianas comandadas por Ona emparejaron a Víctor con Fernanda, y a Paúl con Valeria.
—Ona, no quiero bailar con él- protestó la rubia.
— Pues tienes que hacerlo, hija mía —le contestó la anciana, divertida.
—Sabes que yo no creo en estas cosas — dijo Víctor
— No me importa, dijo sin más Ona—. Pero recuerda que tu abuelo y yo, sí. Después la música comenzó. Víctor tuvo que ponerle las manos en la cintura de la publicista, que resopló contrariada al apoyar sus manos en aquellos hombros anchos. Sin dirigirse la palabra ni mirarse, comenzaron a moverse al compás de la música. Poco a poco  la rigidez se fue alejando, y sus cuerpos, atraídos cómo por un imán, se acercaron. Sin entender por qué, Fernanda, que disfrutaba de aquel  momento, involuntariamente soltó un gemido que hizo sonreír al moreno.
— Tranquila, princesa —le susurró al oído. Nadie te ha escuchado.
—Ehh tosió, confundida por aquella sensual voz—. No sé a qué te refieres.
—No importa endureció la voz separándose de ella. Gracias a Dios acabó este maldito baile.
Pero no fue así. Aquello fue el principio de una dulce tortura. Las ancianas, por unanimidad, decidieron que la mejor pareja eran ellos, por lo que tuvieron que continuar con el ritual.
—¿Qué tengo que hacer ahora? gritó Fernanda al escuchar a la anciana.
—Abuela —protestó víctor —. No pienso continuar con esta tontería.
Valeria y Paúl, no pudieron remediar reír a carcajadas cuando Ona, con una picara sonrisa, les guiñó el ojo y entregó a Víctor una pequeña cajita azul.
- tú dijo- señalando a Víctor .— tienes que regalarle algo en señal de tu buena voluntad, y por supuesto tú( miró a Fernanda), lo tienes que aceptar.
—¡Esto es ridículo! masculló Fernanda intentando alejarse.
— Venga, Fer —se mofó Valeria. Deja de gruñir y disfruta el momento.
—Así es la tradición animó la anciana. Ahora id a refrescar un poco vuestras gargantas. Cuando llegue el momento os avisaré.
—¡Vaya con Ona! — se mofó paúl al ver a su primo tan abrumado.
Víctor le gustara o no, tenía que reconocer que la fiereza que ella mostraba se convertía en dulzura y sensualidad cuando estaba entre sus brazos, y que prefería ser él quien la abrazara y no el idiota de James o algunos de sus amigos. Media hora más tarde las ancianas reunieron a todos .El segundo paso del ritual, como marcaba la costumbre, se debía de cumplir. Por lo que Fernanda y Víctor, más contrariados que otra cosa, se plantaron ante todos sin saber qué decir. La situación era tan ridícula que al final fue el quien habló.
—Princesita, sígueme el juego.
—Eh... — susurró confundida.
-Bueno amigos, gracias a mi adorada abuela y sus compinches —señaló el moreno, haciendo reír a las ancianas- voy a tener que hacer esto me guste o no-y volviéndose hacia la publicista, que horrorizada no sabía a dónde mirar, dijo tomándole la mano—. Cumpliendo una tradición familiar, te entrego este regalo en señal de mi maravillosa voluntad. Ábrelo y dame lo que en su interior hay.
- ¿ ahora? —preguntó Fernanda avergonzada.
—Si quieres que esto acabe —siseó él. Cuanto antes lo abras, mejor.
Tras mirar a Valeria, que disfrutaba emocionada de aquella absurdez,  abrió la pequeña cajita azul y desconcertada sacó dos argollas procedentes de las latas de Coca-Cola. Con cuidado, como si fuera algo muy frágil, se las entregó.
— Fernanda - dijo tomándole la mano-. Prometes ante todos que nunca (recalcó aquella palabra) te casarás conmigo.
«Antes muerta, creído» pensó ella enarcando las cejas, mientras las ancianas, y en especial Ona, les miraba con el ceño fruncido.
—Sí. Lo prometo respondió con gesto de contrariedad.
Ahora le tocaba a ella coger la argolla que víctor con amabilidad le ofrecía.
-Promete ante todos que nunca te casarás conmigo.
—Por supuesto —se carcajeó al responder—. Sí que lo prometo Fernanda.
Ona, incrédula por la jugada de aquellos dos, protestó.
—¡Eso no vale!
— Abuela tú dijiste que yo debería regalarle algo a  en prueba de mi buena voluntad y ella debía aceptarlo. ¿Qué parte no hemos cumplido?
—El beso —retó la anciana con la mirada—. Aún falta el beso.
Con resignación, Fernanda, para sorpresa de todos, cogió a Víctor por el cuello y deseando terminar con aquello, le besó en los labios con rapidez.
—¡Ea! —gritó tras aquello—. Ya está juego cumplido.
Pero el con un brillo especial en los ojos que hizo aplaudir a Ona, miró a la rubia. Sus labios mostraban una sonrisa peligrosa, que se acentuó al darse cuenta de que James no sonreía. Después la sujetó para que no se marchara, y poniéndole la carne de gallina le susurró al oído.
—Lady Dóberman, tú me has besado como se besa en España. Ahora, si me lo permites, te besaré yo como se besa en Alemania, y como manda la tradición-
y atrayéndola hacia él, la besó dulcemente en la boca sin que pudiera poner resistencia, mientras todos a su alrededor chillaban y aplaudían.
— Más sabe el zorro por viejo que por zorro —se carcajeó Paúl al ver cómo su abuela, encantada, aplaudía.
—¿Estás seguro de que Ona no es española? —comentó Valeria divertida.
Tras el beso, que duró más de lo que debía, los dos se separaron. No se volvieron a dirigir la palabra el resto de la noche, pero ambos fueron conscientes de que aquella pieza de música  y lo que sintieron con el beso sería difícil de olvidar.
El lunes llovía a mares y el trabajo volvió a ser criminal. Trabajar en el campo, junto a infinidad de animales y en especial de bichos, era algo para lo que la publicista no había nacido. El miércoles tenía tan mala cara que Ona le indicó que debía quedarse en la cama. Tenía fiebre, pero no quería darle el gusto al alemán, por lo que se vistió y bajó a la cocina.
—¡Por todos los santos, muchacha! —dijo la anciana—. ¿Qué haces aquí?
—¡¡ Pero si estás mas caliente que la parrilla del McDonald un domingo¡¡ — gritó Valeria al ponerle la mano en la frente.
— creo que lo más acertado es que te metas en la cama y sudes. Si no te cuidas puedes empeorar- dijo tom
— Basta — apenas tenía fuerzas para imponerse— He dicho que estoy mejor .
Víctor, que hasta el momento había intentado no hacer ningún comentario, pensó lo mismo que todos. Fernanda no tenía buena cara.
-Fernanda —la llamó.
—¡ Por Dios! —grito volviéndose hacia él—. No iras tú darme el sermón también.
—No. Yo directamente te voy a llevar a la cama —y sin darle tiempo a reaccionar se la echó al hombro.
—¡Suéltame! —gritó, enfadada— ¡Suéltame ahora mismo!
—Muy bien, Skywalker —rió Paúl Lleva a la princesita a su trono.
Al salir de la cocina Victoria sintió deseos de llorar. ¿Por qué todos la trataban como si fuera una idiota? Pero sin fuerzas para luchar contra ello  se dejó llevar. Al entrar en la habitación, víctor, con cuidado de no recibir un golpe, la soltó.  
— ¡Maldita sea! —gritó, pero el arranque de furia le hizo toser.
—Deja de hacerte la valiente y métete en la cama de una vez —le indicó el.
— No me da la gana —estaba caprichosa, y se plantó cruzando los brazos.
—Esa cabezonería tuya es odiosa —dijo Víctor acercándose a ella—. Tienes cinco minutos para quitarte esa ropa, ponerte el pijama y meterte en la cama.
—¿O qué? —retó ella echando fuego por los ojos.
—Si no lo haces, me veré obligado a desnudarte yo mismo.
— Sal ahora mismo de la habitación. ¡Pervertido!
—Un poquito de sentido del humor como el de tu hermana te vendría muy bien, princesa -al final abrió la puerta para marcharse a trabajar.- Métete en la cama, y suda ese constipado o si no te perderás el viernes tu fiesta.
—¿Qué fiesta?
—La noche de brujas respondió riéndose. Una buena bruja como tú no se la puede perder. ¿No crees?
Incrédula por lo que le había oído, tiró un cojín contra la puerta, pero el sonriendo, cerró antes de que le diera. Sin poder evitar una sonrisa, la rubia se desnudó. Todo era tan absurdo a veces, que tenía que sonreír, pensó antes de quedar profundamente dormida.
Los dos días siguientes consiguieron que la publicista se restableciera. Dejar de madrugar y sobre todo de empaparse bajo la lluvia hizo que su salud volviera a ser la que era. Durante aquellos días se divirtió hablando con Tom y con Ona, quienes resultaron ser unos excelentes conversadores, y en sus ratos de soledad cogió su portátil para intentar preparar nuevos proyectos y todas aquellas cosas que siempre quedaban pendientes por hacer o por terminar.
El viernes treinta y uno de octubre todos se preparaban para la tradicional noche de brujas. Fernanda al principio estaba reacia a participar de aquella estúpida fiesta pero al ver cómo poco a poco la casa se llenó de gente extraña, la mayoría disfrazada, no le quedó más remedio. Valeria, con la ayuda de Ona y de Rous, se había disfrazado de bruja, formando un terceto perfecto con las otras dos. Sobre las diez de la noche varios de los jóvenes que habían llegado encendieron un par de hogueras, mientras Ona y sus amigas sacaban la comida y la gente comenzaba a beber y a bailar. Momentos después, mientras Tom hablaba con un par de amigos, mucha gente comenzó a bailar y Fernanda con un ridículo gorro de bruja calado en la cabeza, observó a su hermana bailar con un tipo disfrazado de gato negro. Era Paúl. Aquellos pelos rojos no pasaban desapercibidos.
—¿Quieres bailar?
Al volverse se encontró con Víctor vestido de vampiro, que le tendía la mano.
Sin saber por qué, la publicista accedió y durante las tres horas siguientes no paró de reír, de bailar y de bromear con el
— ¿Te diviertes ? — preguntó Víctor bebiendo de su cerveza.
—Sí. Es la primera vez que asisto a una fiesta de disfraces.
—¿ nunca has ido a una?
—Nunca —respondió mirándolo—. No me gustan.
—Pues tu disfraz de bruja es de lo más real —su comentario era malvado—. Tus ojos azul, y ese pelo rubio, son de lo más demoníaco.
—No pienso enfadarme por nada de lo que me digas hoy ¡drácula!
— Mm... esa vena tuya del cuello-dijo haciéndola reír- cuando late me encanta.
En ese momento un chico se puso ante ellos.
—¿Quieres bailar? —preguntó mirando a Fernanda.
— No, No quiere — respondió Víctor.  
— Pues claro que quiero bailar —intervino la publicista y antes de que Víctor pudiera decir nada,  comenzó a girar y a reír con aquel joven.
Apoyado en el tronco del árbol Víctor la observó. Verla reír era algo a lo que estaba poco acostumbrado y cuando la pieza de música acabó y vio que otro chico la tomaba del brazo y comenzaba de nuevo a bailar con ella, no le gustó. Pero manteniendo a raya su disciplina, esperó a que la pieza acabara para llegar hasta ella y recuperarla.
-Puff — suspiró Fernanda —. ¡Estoy agotada!
—¿Quieres que vaya a por una Coca cola? — se ofreció Víctor .
— No, déjalo —dijo tomando la de él—. Si me das de la tuya me vale.
Con una sonrisa en la boca, la cogió, pero cuando vio que una muchacha de unos veintipocos años caminaba hacia él, lo besaba en la mejilla, y ambos se ponían a bailar. «Pero bueno. Tendrá morro» pensó molesta, bebiéndose  la coca cola
- ¿Estás escaneando a Víctor con la mirada? -preguntó Valeria acercándose a ella.
—Pues no va el cretino, y me dice que le sujete la coca cola y se va a bailar con esa muchacha —bufó molesta.
—Hace unos segundos estabas tú bailando con otro tipo.
Cansada de verlo sonreír mientras bailaba con aquella joven, se levantó.
-Ven. Vayamos a bailar -animó Fernanda arrimándose a un par de chavales. Estos rápidamente las invitaron a entrar en el coro. La rubia respiraba con dificultad, pero intentó sonreír  hasta que por fin terminó la  música.
—¡Qué fuerte, hermanita! —sonrió Valeria acercándosele.
—¿El qué? —preguntó Victoria agotada.
—La mirada laxante que te ha echado víctor.
—¿Laxante? —repitió Victoria divertida.
—Sí, chica. Laxante, porque cuando te mira te cagas. ¡Dios! Porque no lo has visto, si no te habrías dado cuenta de lo furioso que estaba.
—¿Bailas conmigo, preciosa? — preguntó Paúl cogiendo a Valeria de la mano.
—Anda, ve a bailar con Chewaka —animó Fernanda haciéndole sonreír.
Sola, se encaminó hacia el cubo de las bebidas, y tras meter la mano entre los hielos, sacó una tónica fresquita. Paseando la mirada por la mesa buscó un abridor, cuando de pronto sintió que se la quitaban . Era Víctor, que se la abrió
— Gracias, Drácula.
—De nada, bruja —respondió él, y tomándola por el brazo empezó a caminar con ella hacia la oscuridad.
—¿Dónde me llevas?
—A ningún lugar.
Pero cuando estaban lo suficientemente lejos de las miradas de todos, la apoyó contra el tronco de un árbol, cogió con sus manos su cara y la besó.
Al principio se sintió tan sorprendida por aquel acto, que no supo reaccionar. Pero la cercanía de Víctor  tardaron poco en volverla loca. Víctor estaba igual que ella y tras darle un suave y último beso en los labios, se apartó.
— ¿Por qué has hecho eso? —preguntó Fernanda, que respiraba con dificultad.
—Necesitaba besarte —no podía dejar de mirarla.
—Me creas una tensión enorme. ¿Por qué no te limitas a alejarte de mí y no volver a acercar tu boca ni tus manos a mi persona? ¡Dios, qué tensión!
—¿Sabes, princesita? —dijo con rabia, alejándose de ella—. Para acabar con la tensión lo mejor es un buen revolcón. Aunque me temo que una bruja como tú necesita demasiados.
Al escucharlo, la publicista se quedó sin habla, pero aún podía atacar.
— ¿Sabes? Follar es como jugar al mus. Si no tienes una buena pareja, por lo menos que Dios te dé una buena mano.
Víctor la miró sorprendido por su rapidez en buscar algo hiriente, y tras mirarla unos segundos más, dándose la vuelta se fue. la fiesta para el había terminado


Última edición por janessi1 el Lun Ene 04, 2016 9:37 am, editado 1 vez
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MensajeTema: CAPITULO 12 : DIVERSION Y SEXO   Vie Dic 11, 2015 10:27 am

El dos de noviembre Fernanda y Valeria celebraron  el día de todos los muertos. Una tradición que se celebraba igual en Alemania que en España. Después de comer Fernanda miraba con tristeza por la ventana y recordó a su padre. Qué diferente hubiera sido todo si él no hubiera enfermado y muerto. Pero tras secarse las lágrimas, decidió dejar de pensar en el pasado y volver a la realidad. Y en ese momento la realidad de su vida era que se encontraba en Alemania, en medio del campo, rodeada de bichos, viviendo como una humilde granjera, esperando a que llegara un conde, y sintiendo algo que no debía por un hombre que podía haber protagonizado el anuncio de la Coca-Cola Light.
Tras el encontronazo que Fernanda y Víctor tuvieron la noche de Brujas, no habían vuelto a acercarse el uno al otro. Pero por extraño que pareciera, siempre coincidían con sus miradas. Ona, sin decir nada, era testigo de todo, algo que la alegraba. Ella pensaba que su nieto había encontrado su media naranja. Estaba segura. El día cuatro de noviembre, cuando regresaban en la furgoneta azul para comer, mientras víctor conducía, Paúl, Doug y Seth no paraban de hablar.
—¿Vendréis hoy  a ver el partido? —preguntó Doug.
—Yo paso —a Paúl no le gustaba el fútbol.
—¿A qué hora empieza el partido? —dijo Seth.
—A las ocho menos cuarto —indicó Doug mirando a las mujeres—. Hoy juega un equipo español en Berlín.
— ¡Ostras! — exclamó Valeria llevándose las manos a la cabeza—. Pues claro, hoy juega de nuevo el Atlético de Madrid.
-Sí -Fernanda no quería mostrar emociones frente a Víctor-. El partido de vuelta.
—Nosotros iremos a verlo con unos amigos a un Púb.
— ¿Podemos acompañaros? — preguntó Valeria.
— Os llevaremos nosotros —finalizó la conversación Víctor.
A las siete y cuarto de la tarde entraban en «Chester», un Pub de la localidad.
Allí Doug y Seth, se encargaron de presentarlas al numeroso grupo de amigos. Todos hombres, mientras Víctor y Paúl pedían las bebidas en la barra y observaban a las muchachas relacionarse con los otros.
— ¿qué hacemos tú y yo aquí si no nos gusta el fútbol? —sonrió Paúl.
— Contéstamelo tú. Porque aún yo me lo estoy preguntando —respondió con una sonrisa mientras miraba a Fernanda. Cuando comenzó el partido el Pub estaba a reventar. En los diez primeros minutos el Schalke 04 monopolizó casi por completo el balón.
—¡Corner! —gritó Valeria al ver la jugada, mientras Fernanda bebía coca cola
— ¿Pero el arbitro está ciego? —viéndola así nadie pensaría que era una alta ejecutiva de una empresa de publicidad.
— ¡Gol! El Atlético de Madrid ha metido un ¡GOL! —gritó Valeria mientras Paúl le hacía la señal de Fernanda desde la barra.
—A tu pelirrojo no le va mucho esto del fútbol, ¿verdad? —señaló Fernanda al ver cómo aquellos dos hablaban de sus cosas sin mirar el televisor.
—A Víctor tampoco.
— No lo puedo entender Paúl y Víctor las miraban con una mezcla se asombro y diversión. Nunca había conocido a dos mujeres que se lo pasaran tan bien viendo a su equipo jugar.
—Son españolas, primo —rió Víctor. ¿Qué esperabas?
Tras acabar el primer tiempo, Fernanda y Valeria se acercaron hasta ellos dando saltos como dos crías.
— ¿Has visto qué equipo más bueno tengo?
—Anda, ven aquí -Paúl la tomó por la cintura— y bésame.
—¿No te gusta el fútbol, Víctor? — le preguntó Fernanda.
— Prefiero otras cosas —sonrió sin dejar de mirarla.
—¿Como qué?
—Como acabar con la tensión.
Al escuchar aquello no supo si debía reír o no. Aún recordaba la ordinariez que le había dicho del mus, la noche de Brujas. Iba a contestarle pero Valeria, cogiéndola de la mano, se la llevó. Comenzaba el segundo tiempo del partido.
—¡Madre mía! ¡Madre mía! -gritó Valeria -. Esos alemanes atacan como cosacos.
Fernanda apenas se enteró de la segunda parte del partido. Las palabras de Víctor le rondaban por la cabeza y su mirada al otro lado del Pub le estaba alterando el cuerpo a un ritmo muy, muy acelerado. Incapaz de continuar mirando el partido se acerco hasta víctor, y para su sorpresa lo agarró de la mano, lo alejó un poco de Paúl, y sin decirle nada, comenzó a besarlo
— ¿Qué estás haciendo? —preguntó Víctor separándola un poco.
—Lo que me apetece —susurró Fernanda.
— ¿Por qué?
—Porque me fío de ti.
— ¿Cuánto tiempo llevas sin disfrutar del sexo? le preguntó el
— Demasiado — suspiró mordiéndole en labio inferior.
—Entonces habrá que buscar un remedio ¿no crees?
—Sí. Lo creo.
Besando con pasión aquellos labios tentadores, Víctor se dejó llevar por la pasión del momento. Semiocultos por la poca luz del Pub.
De pronto se oyó ¡GOLLLLLLLLLLLLLLLLL! Y segundos después Valeria llegó hasta ella muy enfadada.
—¡Mierda, Fer! El partido ha acabado y esos alemanes han empatado. ¡Qué vergüenza de partido, por Dios!
Al ver con qué cara la miraban los dos,  se dio cuenta de su indiscreción y con una tonta sonrisa dijo antes de marcharse.
—Bueno, yo como siempre interrumpiendo en el mejor momento. Adiós.
— Víctor- gritó Doug—. ¡Víctor!
— Podrían olvidarse de nosotros un rato-susurró , harta de tanta interrupción.
Eso le hizo sonreír. Tener a la publicista a su merced de pronto, sin esperárselo, había sido la mejor de las sorpresas, por lo que sin hacer caso a Doug, continuó besándola. La noche pintaba muy, muy bien.
— Víctor , tío! —dijo Doug acercándose hasta ellos— Ha llegado Claire.
—¿Claire? —preguntó, apartándose un segundo de Víctor. ¿Quién es Claire?
— ¡Víctor! — gritó Seth mientras llegaba hasta él—. Acaba de llegar la stripper de la despedida de soltero de Greg. Ha preguntado por ti. ¡Dios, qué buena está!
—¡Vaya, qué emoción! —murmuró Fernanda molesta
— Eh... Eso ocurrió antes de conocerte —dijo muy serio, mirándola a los ojos.
— ¡Víctor! Joder...joder... —se carcajeó Paúl acercándose a él—. Cuando te diga quién ha llegado...
—Bueno. ¡Basta ya! —gritó Fernanda-No estoy dispuesta a que media Alemania nos interrumpa mientras intimamos. Quédate aquí con esa tal Claire que ya me ocuparé yo de que alguien me lleve hasta la granja.
— Señorita española — bufó —. Yo te traje aquí y yo te llevaré de vuelta a casa.
—Cómo quieras, pero no deseo ser el motivo de que pierdas una estupenda noche con Claire, la stripper —asintió muy digna, alejándose de él.
Con la mirada fija en ella, Víctor vio cómo tras despedirse de los amigos que le habían presentado aquella noche salía del Pub sin mirar atrás. Caliente como un horno, y acordándose de los antepasados de Doug ,Seth y Paúl la siguió, consciente de la mala noche que iba a pasar. Una semana después, Fernanda fantaseaba con regresar a Madrid para poder dormir un mes entero sin que nadie la molestara Le dolía todo. Pero lo que realmente la mataba era el dolor de espalda, tan agudo que le impedía dormir. Algo que no confesó a nadie y que sufrió en silencio, como las hemorroides. Aquel trabajo para conseguir el dichoso contrato la estaba matando, pero no pensaba darse por vencida, y menos ante Víctor, que desde la noche del partido se había vuelto más mandón y huraño con ella. La rubia tenía que morderse la lengua todos los días para no discutir con el quisquilloso de Víctor. Cualquier cosa que ella hiciera lo repasaba con ojo concienzudo, en busca de fallos. Día a día escuchaba sus desagradables comentarios respecto a su trabajo. Por mucho que se esforzara en hacerlo bien, llegaba él y la criticaba. Aunque lo peor era que siempre aparecía en el momento más inoportuno y bochornoso para ella. Una madrugada, el dolor de riñones la despertó. Miró su reloj. Las 3:40 de la mañana. A punto de gritar lo volvió a mirar. ¡Dios, necesitaba dormir! A ese paso regresaría a España con más arrugas que un Sharp-pei. Dándose la vuelta intentó dormir pero en ese momento la puerta del cuarto se abrió muy despacio. Entró Rous. Haciéndose la dormida,  vio cómo Rous, tras comprobar que dormían, se dirigió hacia el pequeño armario. Sin hacer ruido se agachó para coger los zapatos rojos de Fernanda, y finalmente, sentándose en una vieja butaca, se los probó. Rous, ajena a los ojos que la miraban, se levantó haciendo equilibrios. Quería saber cómo era andar con unos zapatos como aquellos. Pero su inexperiencia hizo que el tobillo se le torciera y sin poder evitarlo cayó al suelo haciendo un ruido atroz.
—¿Qué estás haciendo? —gritó Fernanda con cara de enfado.
— Oh... Yo... lo siento... pero... —tartamudeo la muchacha con gesto de dolor.
—¿Qué pasa? —preguntó Valeria restregándose los ojos.
—Que nos lo explique ella —protestó Fernanda. Se ha metido aquí como una ladrona. ¿Qué querías, robar?
—No... no de verdad, yo... —intentó balbucear Rous, quién de la vergüenza no podía hilar más de dos palabras seguidas.
—¡Mira, niñata! —señaló la rubia al verla aún en el suelo—. Te prohíbo que vuelvas a tocar mis cosas —
— Sí... Sí...— murmuró levantándose, con los ojos encharcados en lágrimas, y calzándose las botas  a pesar del dolor de tobillo, salió lo más rápido que pudo.
— Fer. ¿Por qué te pones así?, ¿no te da pena?
— Esa idiota casi se carga mis manolos. Pena ninguna
Media hora después, sobre las cuatro y media, se vistieron y bajaron a la cocina.
— Hola muchachas —saludó Ona —.. Sentaos y comer. Tenéis que rellenar esos cuerpos tan huesudos.
— Sólo con oler esto —aspiró Fernanda el olor del pan recién hecho—. Seguro que subo una talla.
—¡Qué exagerada !-contestó Valeria y mirando a Rous preguntó—. ¿Estás bien?
—Se ha torcido un tobillo al bajar un escalón —respondió Ona por ella—. Tiene el pie muy inflamado. Le estoy diciendo que hoy no vaya a trabajar, pero ella se empeña en ir. ¡Es muy cabezona!
—¿En qué escalón te lo has hecho? —preguntó con maldad la rubia.
— Qué más dará eso —señaló Valeria.
— Venga... venga, desayunad.
Rous, incomoda, no sabía a donde mirar. Desde el primer día que las vio, envidió sus maneras de vestir. Verlas era como ver a las modelos de las revistas.
-Vamos a ver, muchachas —sonrió Ona, señalando las  zapatillas de deporte de  las Villalonga. Os van a salir unos sabañones terribles en los pies, si vais con eso. Rous, ¿Podrías subir a la buhardilla con ellas? Quizás en las cajas que se guardan allí encuentren ropa decente.
Al escuchar aquello la publicista dejó de masticar. ¿Qué era para Ona ropa decente? ¿Los andrajos que llevaba Rous? ¿O las horteradas que le había dejado como el pijama de tomates?
—Te lo agradezco Ona —rechazó intentado no parecer horrorizada—. Pero con la ropa que tengo creo que me puedo apañar.
—¡Claro que no! —insistió la anciana—. Subid antes de que lleguen los hombres. Seguro que por lo menos unas botas de hule podréis encontrar. Dentro de un par de días tenemos que ir a Eiffel, allí podréis comprar algo.
Sin poder negarse, Rous se levantó e intentando no cojear subió a la buhardilla seguida por las muchachas. Una vez allí, Valeria miró maravillada la cantidad de trastos viejos amontonados. Aquel lugar trajo recuerdos para las hermanas. De pequeñas y hasta que su padre murió, los fines de semana viajaban a Tomelloso, el pueblo de su madre. Allí su abuela Lucia poseía un enorme caserón, donde la buhardilla, al igual que aquella llena de polvo, era su sitio predilecto para jugar.
—¿De quién es esta ropa? —preguntó Valeria revolviendo en una caja.
—De la difunta —señaló Rous, haciendo que Fernanda la soltara horrorizada.
—¿Quién es la difunta? —susurró Valeria.
— La mujer de Paúl.
Al escuchar aquello las hermanas se miraron. ¿Paúl había estado casado?
—¿De qué murió? —dijo Fernanda al ver la cara de confusión de su hermana.
—No me gusta hablar de los difuntos —señaló Rous con voz ronca—. Coged lo que necesitéis. No creo que a la difunta le vaya a molestar.
-Oye, Rous -preguntó Valeria, consciente de la falta de ropa de Rous-. ¿Por qué no utilizas todos estos trajes?
—No quiero nada de la difunta —respondió con seriedad
— De acuerdo, tomaremos prestadas las botas hasta que vayamos a Eiffel- indicó Fernanda  arrugando la nariz. ¡Qué horror! A saber cómo sería la difunta.
De vuelta de la buhardilla volvieron a la cocina donde, tras ponerse unos calcetines gordos que Ona les proporcionó, se calzaron las botas. Por fin sus pies entraron en calor. Justo en el momento en que se abría la puerta y entraban los hombres. Al verlas allí sentadas se sorprendieron. Pero sin decir nada, saludaron a Ona y comenzaron a desayunar. Media hora después,  las llevaron hasta un enorme granero. La publicista, al ver las vacas campar a sus anchas, estuvo a punto de gritar. Pero tras ver cómo Víctor la observaba en espera de algún comentario, calló. No estaba dispuesta a cruzar ninguna palabra con él. No tenía fuerzas. Sólo frío.  Valeria  por su parte, aún no había reaccionado ante la noticia de que Paúl había estado casado. Se acercó a él cuando bajó del coche.
— Me gustaría hablar contigo -dijo Valeria.
—Si tengo tiempo te lo haré saber —puntualizó él.
Al escuchar su cortante voz, Valeria lo miró, y dos segundos después reaccionó.
— ¿Sabes, simpático? —dijo con una sonrisa que le descuadró mientras se alejaba—. A partir de este momento tú para mi no existes.
Seth y Doug, que esperaban junto con Paúl en la furgoneta, se comenzaron a desternillar de risa, pero este con un gesto los calló. En ese momento Víctor subió al coche, cruzó una mirada con Fernanda y sin decir nada arrancó.
Cuando la furgoneta se alejó, ellas volvieron al trabajo.
—No le hagas caso, Valeria — señaló Rous entre susurros—. Se muere por tus huesos. Pero es tan cabezón que es incapaz de reconocerlo.
—Eres un cielo, Rous. Pero hombres como ese idiota me han dado muchos problemas. Toca cambio de «chip» y no volver a pensar en él.
—Harás bien bastante complicada es nuestra vida como para que nos marchemos dentro de unas semanas con más complicaciones-dijo Fernanda
Al escuchar aquello, Rous,  comenzó a sollozar. Se sentía culpable por lo ocurrido aquella mañana, y quería disculparse. Nunca quiso robar.
— Siento lo de esta mañana —se desahogó mirando al suelo—. De verdad, yo nunca querría robar, sólo es que...
—Mejor cállate, no vayas a estropearlo —puntualizó Fernanda.
Tras un incomodo silencio, fue la muchacha quién habló.
—No me vais a creer —confesó con la cara llena de lágrimas—. Pero es que nunca he tenido amigas.
—No me extraña -suspiró la rubia sin piedad—. Con esas pintas es comprensible.
— ¡Fer! — gritó Valeria para hacerla callar—. ¡Basta ya!
—¿Por qué? —respondió con maldad—. ¿Acaso es mentira lo que digo? ¡Mírala! Si es un híbrido entre la bruja Lola y Mogly.
—No hagas caso de lo que dice esta idiota Valeria le pasó la mano por la cabeza—. Rous cariño, eso no es posible. Eres una chica encantadora.
— Ella tiene razón. Vosotras no conocéis mi vida —gimoteó Rous
— Ni la sé, ni me interesa —interrumpió Fernanda ganándose una nueva mirada de su hermana. Rous, sorprendiéndolas, igual que había comenzado a llorar, paró. Se secó las lágrimas y, separándose de la castaña, cogió una enorme pala, entró en el granero y comenzó a trabajar.
-  ¿Cómo puedes ver llorar a alguien con esa pena, y no sentirlo? -dijo Valeria
— Tengo mis propios problemas y yo no voy llorándole a nadie.
—Pobrecilla —respondió sin escucharla—. ¿Has oído lo que ha dicho?
—Mira, Valeria contestó Fernanda viendo un grupo de vacas alejarse—. Tengo tantos problemas y en este momento tanto frío, que no puedo pensar en otra cosa que no sea yo... yo... yo... y yo.
—Eres una egocéntrica que se cree el ombligo del mundo —regañó Valeria. Si yo fuera como tú estarías aquí sólita quitando la mierda de las vacas.
—Ahhh... que viene —gritó  corriendo hacia un árbo1—. ¡Una vaca!
Y con una increíble destreza  se subió al enorme árbol.
—Yo diría que son dos —murmuro su hermana mientras acariciaba a las tranquilas vacas que pasaban por su lado. Con paciencia, Valeria esperó hasta que Rous echara a todas las vacas del cobertizo. Se la veía triste y quería hablar con ella. Pero dejar allí fuera, sola, a su histérica hermana, no era lo más acertado, aunque a veces, como en aquel momento, se lo mereciera.
— Fer — gritó Valeria una Fernanda más pálida que la cera—. Las vacas asesinas están todas pastando en el exterior. Voy a entrar al granero.
—¡Espérame! — dijo dando un salto para bajar del árbol
—Bufff —arrugó la nariz Valeria al entrar en el cobertizo—. Qué peste.
— No puedo entrar ahí. No puedo-respondió la publicista
— OH sí... sí que puedes —empujó Valeria sin darse por vencida—. ¡¡Arrea!! Que tenemos mucho que hacer.!
El olor a animal, pis y caca, era tremebundo, algo que Rous no notaba. Estaba acostumbrada a esos olores fuertes.
—Tenemos que airear el granero, y cambiar el lecho sucio  — señaló Rous.
—¡Qué más da! —gritó la rubia tapándose la boca con la mano. El olor era horroroso—. ¡Son vacas! A ellas les dará igual que se lo cambiemos o no.
—Lo siento pero no —Rous abrió la enorme portezuela del fondo—. Si no cambiamos el lecho todos los días las vacas pueden sufrir putrefacción en las pezuñas, y coger cientos de enfermedades.
Media hora más tarde Fernanda, con más asco que arte, metía kilos de lecho húmedo en enormes bolsas de basura grises. De nada había servido intentar escaquearse. Su hermana no se lo había permitido. A media mañana, tras dar un manguerazo al suelo, llegó Seth con el almuerzo. Rous, al verlo cambió su gesto, algo que no pasó desapercibido a las Villalonga, pero no por Seth, quien apenas la había mirado. Pocos minutos después, sin mediar palabra, el muchacho se marchó. Volvía con los hombres. En un mutismo total Rous abrió la bolsa que Set había dejado para ellas y comenzaron a comer después de lavarse las manos
El almuerzo fue tenso. No hablaron.
— ¡joder! protestó Fernanda rompiendo el silencio—. He olvidado el tabaco.
—Mala suerte —murmuró Valeria sin mirarla.
—Pero yo quiero un cigarro —se quejó la rubia. Necesito un cigarro.
—¡Fer! — chillo Valeria asustando a Rous. No podía más—. ¡No hay tabaco! Da igual que te quejes media hora, una hora o siete horas. Rous y yo no tenemos tabaco. Y las vacas dudo que fumen. Por tanto. O te callas o coges hierba del suelo, te la lías en una servilleta y te la fumas.
Tras aquel arranque de furia,  se levantó malhumorada y se marchó. Necesitaba dar una vuelta y despejarse. Las frías palabras de paúl la estaban martirizando y las continuas quejas de su hermana la estaban matando.
— Seth tiene tabaco —susurró Rous al quedar solas—. Si quieres puedo ir hasta donde están ellos y pedirle alguno.
—¿Están cerca de aquí? —preguntó Fernanda con curiosidad
—Más o menos —señaló la muchacha—. A unos tres kilómetros.
Al escuchar aquello la publicista se quedó perpleja.
—Rous. ¿Me estás diciendo que andarías tres kilómetros de ida y otros tres de vuelta, con el tobillo dolorido, sólo por traerme un cigarrillo a mí?
—Sí —asintió limpiándose la boca con la manga tras beber de la botella—. Si para ti es importante, lo haría. ¿Quieres que vaya?
Al escuchar aquello  le entraron ganas de llorar. Aquella muchacha, a la que había tratado mal, estaba dispuesta a hacer aquello por ella.
—No, Rous —negó con una sonrisa—. No hace falta.
—Siento que Valeria y tú estéis enfadadas.
—Ah... no te preocupes —contestó mirando cómo su hermana comenzaba a echar lecho seco en el granero—. Nuestros enfados son continuos. No pasa nada.
—Es bonito tener hermanos —sonrió Rous, haciendo que Fernanda sonriera.
—Oye, Rous —dijo la publicista sentándose junto a ella—. ¿Qué haces tú en la granja viviendo con Ona y Tom?
—Vivir en paz
Aquellas simples palabras, junto al detalle anterior, llegaron sin saber por qué hasta el duro corazón de Fernanda. Se sintió mala, y desagradable. No se estaba portando bien con aquella muchacha, y tenía que reconocerlo.
—Rous —dijo poniendo su mano en el hombro—. Quiero disculparme por mi manera de comportarme contigo. Sé que a veces soy una auténtica bruja.
—Yo no te veo así —murmuró la muchacha.
—Me parece que eres demasiado inocente  Rous.
—No creas todo lo que ves —señaló la joven.
—¿Me perdonas entonces?
—Por supuesto que si Fernanda
Y durante varios minutos ambas se contaron sus vidas, y sus problemas cuando la publicista soltó — Te gusta Seth, ¿verdad?
—¿Cómo lo sabes? —preguntó extrañada. Nunca se lo había contado a nadie.
—El amor es como el dinero Rous. ¡Se nota! —exclamó ella —. No hace falta contarlo para percibirlo.
—Me gusta —asintió ruborizándose—. Aunque él ni siquiera sabe que existo.
Escuchar aquello le hizo sonreír, y tomó una decisión.
—Rous. Rous. Rous. Si me dejas ayudarte y te fías de un par de consejitos que te voy a dar, te prometo que Seth no volverá a dormir.
Con cautela, Valeria se acercó y su enfado se disipó cuando vio a Rous y a su hermana hablando, incluso bromeando.
—¿Me he perdido algo? —preguntó Valeria.
— No, hermanita.-señaló Victoria, con una sonrisa que la desarmó-Necesitamos que nos ayudes. Seth y el resto del mundo tienen que ver lo guapa que es Rous.
Aquella noche, tras cenar todos juntos, Paúl desapareció como muchas otras noches. El día no había sido fácil y había dormido fatal. Eso había provocado que le hablara mal a Valeria, que para su desesperación no le había mirado ni dirigido la palabra una sola vez. El cansancio de un duro día de trabajo hizo que todos se retiraran pronto a dormir, momento que aprovechó la publicista para salir al porche y fumar el último cigarrillo del día. Tras encenderlo se sentó en los escalones de la puerta de entrada. Miró a su alrededor, aún no entendía realmente cómo demonios había acabado allí. Todo aquello era un desastre. Nada tenía que ver con su piso de Madrid. Dando una calada a su cigarrillo, recostó la cabeza en la barandilla de madera pero estaba tan cansada que cerró los ojos, y antes de darse cuenta su respiración se volvió regular. Oculto entre las sombras, víctor la observaba. Se la veía tan tranquila , que prefirió disfrutar de la visión a comenzar a discutir con ella. Sabía que en el momento que cruzaran dos palabras, como siempre sucedía, acabarían tirándose los trastos a la cabeza. Con una sonrisa vio cómo Stoirm se acercaba a olisquear entre sus piernas sin ella ser consciente. El animal al ver que no se movía, subió dos escalones y enroscándose al lado de los riñones se dispuso a dormir. Divertido por la estampa que le ofrecían Fernanda y Stoirm, comenzó a caminar hacia ellos. La noche era demasiado fría, y si permanecía mucho tiempo allí dormida podía coger frío. Debía despertarla. Cuando llegó a su altura, con cuidado, le quitó el cigarrillo y lo apagó. Verdaderamente se había quedado dormida. Víctor se puso en cuclillas delante de ella y Stoirm lo saludó. Él le devolvió el saludo tocándole con cariño el lomo y la cabeza. Sin apartar sus ojos de Victoria, miró embelesado esa boca que deseaba besar. Tenerla cerca le producía una desazón que le devoraba las entrañas. Aquella mujer no era para él, pero en su fuero interno la deseaba como a ninguna otra.  De pronto Fernanda se movió, y abrió sus ojos azules
— ¿Qué pasa? —preguntó ella tiritando —. ¿Por qué me miras así?
—Estaba observando algo curioso.
—¿El qué?
—Miraba cómo lentamente la baba te caía por aquí —dijo limpiando con su mano la comisura ahora seca de su boca. Fernanda encantada con esa caricia se dejo llevar
— Tienes frío ¿verdad? —preguntó Víctor y ella asintió.
Antes de poder hacer o decir nada más Víctor se quitó la cazadora y se la puso
—No debes hacer eso —susurró al verlo agacharse de nuevo—. Hace demasiado frío para este tipo de galanterías. No seas tonto y pontela de nuevo.
—Tranquila —sonrió al escuchar aquel tono de voz—. Yo estoy acostumbrado a estas temperaturas, tú no.
Sin poder dejar de mirarse, pero sin decir una sola palabra, ambos sabían lo que allí pasaba. La atracción que sentían el uno por el otro cada vez era más patente. Y sintiéndose atraída como un imán, Fernanda bajó su boca hasta la de víctor y lo beso Ahora era víctor el sorprendido. Pero tras un segundo de sorpresa,  la besó con todo el deseo acumulado.
— Me encantaría seguir con esto, pero creo que no es el lugar idóneo para ello murmuró, consciente de cómo la publicista tiritaba.
—Tienes razón —contestó nerviosa.
— No me lo puedo creer —exclamó víctor. ¿Acabas de decir tienes razón?
—Sí —asintió sonriendo—.  
— Regálame otro beso y te dejare marchar — murmuró  con voz ronca.
Consciente de lo atraída que se sentía por él, no lo pensó, y bajando sus labios le regaló un beso dulce, suave y ligero.
— Vayamos dentro. Nos vendrá bien un café.-dijo finalmente
Tomó la mano de Fernanda y entraron en la cocina seguidos por Stoirm. Una vez dentro, mientras la rubia se sentaba a la mesa y lo observaba, víctor cogió una antigua cafetera de Ona y comenzó a echarle café, momento que Stoirm aprovechó para enroscarse cómodamente bajo la mesa junto a los pies de la publicista. Víctor sonrió al verlo y puso el café al fuego. Después abrió un mueble y sacó una caja de galletas. Sólo entonces se sentó junto a ella. Durante unos segundos ambos estuvieron callados. Lo ocurrido momentos antes los tenía desconcertados. Finalmente fue el quien habló.
-Creo que somos adultos para saber qué debemos hacer con nuestras vidas -y mirándola añadió-. A no ser que existan  personas a las que podamos dañar.
—En ese tema estoy tranquila. No daño a nadie —respondió rechazando una galleta—. Pero el motivo principal de mi viaje es otro.
—¿Crees que merece la pena el esfuerzo que estás haciendo por conseguir un contrato para tu empresa? —preguntó de pronto víctor
— Si soy sincera contigo, creo que no —respondió, apoyando la cabeza encima de sus manos para mirarle—. Pero necesito conseguir ese contrato. Tengo que solucionar los problemas que me han ocasionado dos inútiles.
—¿Inútiles? ¿Por qué? —preguntó con curiosidad.
—Hace unos meses, por motivos personales -suspiró pensando en Goyo.- tuve que enviar a dos de mis publicistas a conseguir el contrato. Yo había firmado con la presidenta de inditex un precontrato en el que mi empresa se comprometía a alquilar el castillo de Eltz para la grabación de su anuncio publicitario. Pero regresaron a Madrid sin él. Por lo visto no consiguieron contactar con tu jefe.
— Vaya. ¡Qué fatalidad! -señaló el mientras se comía las galletas.- Lo siento.
—Más lo siento yo —dijo quitándole una galleta—. Mi nombre como publicista está en juego y marta ortega amenaza con llevarse la cuenta.
—¿Qué motivos personales te impidieron venir a Alemania?
— Ufff..... Son complicados y aburridos.
—Tú nunca me aburrirías —él le metió un nuevo un trozo de galleta en la boca. Eso les hizo sonreír—. Creo que más bien, me sorprenderías.
—Anulé mi boda a falta de veinticuatro horas para el enlace.
Al escuchar aquello, Víctor Karl dejó de masticar. Lo había sorprendido.
Como un autómata se levantó, cogió la cafetera y dos tazas, y volvió junto a ella.
—¿Quieres leche? —preguntó Víctor.
— No. Me gusta solo.
En silencio Víctor llenó las dos tazas. Ofreciéndole una a Fernanda, ésta sin echarle azúcar, dio un pequeño sorbo que le arrugó la cara.
—¡Por Dios, qué cosa más mala! —se quejó—. ¿Por qué hacéis el café tan claro?
-Será la costumbre -sonrió al ver aquel gesto aniñado, y dando un sorbo dijo-. A mi me gusta así.
—Entonces déjame decirte —dijo señalándole con el dedo—, que no te gustaría cómo lo hago yo.
—¿Cómo lo haces?
—Muy cargado.
—Ahora entiendo por qué estás todo el día como una moto —rió el
Parecía mentira que pudieran estar en aquel momento tan cómodos el uno con el otro y en otros sólo les faltara la pistola para matarse.
—¿Te apetece contarme qué pasó para que anularas tu boda? —preguntó Víctor
— ¡OH Dios! —se quejó llevándose las manos a la cabeza—. No quiero hablar de ello. No me apetece. No me preguntes.
—Vale... vale —murmuró sorprendido y deseoso de saber más—. Le gustas a Stoirm. ¿Lo sabías? —dijo señalando al perro que dormía a sus pies.
—Él a mí no —respondió tras mirarlo y encoger los pies.
—Stoirm es muy cabezón —sonrió el moreno llenando de nuevo su taza.
—Yo también.
—De eso doy fe.
—¡Mira quién va a hablar! -le dijo ella
— Te voy a volver a besar —susurró de pronto Víctor.
El tono ronco de su voz y cómo la miraba le hacían sentir cientos de emociones al mismo tiempo. Pero convenciéndose a sí misma, se negó a desearlo.
—No. No quiero que lo hagas.
—¿Por qué? —preguntó acercándose—. Tus ojos me dicen lo contrario.
Sentirlo tan cerca le aceleraba el corazón. Aquel hombre, con aquella virilidad y con aquella mirada, la estaba descuadrando. Cerró los ojos, y después de pensar en lo que realmente le convenía los abrió.
-Mira , voy a ser sincera contigo —dijo, deseosa por besar aquellos labios-. Mi  prioridad es que tu jefe me firme el contrato para volver a mi casa y a mi vida.
—¿Tu vida de lujo? — dijo el despectivamente.
-Exacto -sentía una punzada en el corazón, algo ocurría allí—. Quiero volver a la vida que me gusta. Cada uno en este mundo tiene su lugar, y mi lugar no es éste.
—¿Tanto valoras el lujo y el dinero Fernanda?
— Valoro vivir bien —señaló con fuerza—. He trabajado muchísimo para conseguir lo que tengo y no quiero perder nada de lo conseguido.
—Me estás diciendo —espetó enfadado por lo que oía— que nunca abandonarías tu maravillosa vida de ejecutiva, por...
— No, Víctor. Nunca la abandonaría —lo interrumpió. No quería escucharle.
El silencio tras aquella contestación se tornó incomodo. No eran amantes. Ni siquiera eran amigos. Pero había algo entre ellos, y eso desconcertaba a Víctor, que no llegaba a entender por qué se dormía pensando en ella y se levantaba con ella en la mente otra vez. ¡Aquello era ridículo!
—Tienes razón — dijo metiéndose una nueva galleta en la boca—. Cada uno tiene que estar en su lugar. Ya que has sido sincera conmigo. Creo que yo también tengo que serlo contigo.
Levantándose, abrió de nuevo el mueble y guardó las galletas. Necesitaba recuperar su autocontrol. Escucharla le había dañado y eso le molestaba. Nunca se había dejado dañar por una, y aquella española no iba a ser la primera.
—¿A qué te refieres? —preguntó la rubia.
— Verás — dijo desde el otro lado de la cocina—. Tengo que reconocer que  lo que realmente busco de ti es tenerte  en mi cama —al decir aquello vio la sorpresa en ella—. No busco relaciones estables. No creo en el amor. Pero sí creo en el morbo y en el sexo. Y tú, querida princesita, eres la clase de mujer que cualquier hombre busca para eso. Diversión y sexo-.
Al escuchar aquello la rubia se quedó sin palabras.
— Eres una belleza de mujer — prosiguió sentándose junto a ella—. Y yo, como hombre, entenderás que no desaproveche ninguna oportunidad.
Tras decir aquello la besó salvajemente. Ella , incrédula por lo que había oído, lo empujó, deshaciéndose de su abrazo.
— No vuelvas a acercarte a mí, o te juro que te vas a enterar —bufó caminando hacia la puerta, pero antes de salir se volvió—. Ah... y si tan deseoso estás de retozar con una mujer en la cama, estoy segura de que cualquiera de tus amiguitas estará encantada de hacerte pasar un buen rato.
Una vez dicho esto salió de la cocina, dejando a víctor malhumorado y solo con Stoirm, bebiendo café.
-¿Sabes, Stoirm? —señaló el moreno haciendo que el border collie le mirara-. Creo que nos vamos a ir tú y yo unos días lejos de aquí. Esa insufrible española me está afectando y eso, amigo mío, no me lo puedo permitir.


Última edición por janessi1 el Lun Ene 04, 2016 9:40 am, editado 1 vez
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janessi1
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MensajeTema: Capitulo 13 : BARRERAS DESTRUIDAS   Vie Dic 11, 2015 10:41 am

El saber que Víctor se había marchado le alegró. Pero esa alegría según pasaban las horas se volvió en su contra. Lo echaba de menos. Increíble, pero cierto. Por la noche, tras la cena, mientras Valeria y Paúl hablaban en la cocina con Ona, la rubia malhumorada se disculpó y se marchó a la habitación. No le apetecía ver el tonteo que su hermanita y Paúl se traían. Pero tras cuatro días de duro trabajo sin saber de el amenazaban con volverla loca. Tom y Ona intentaban alegrarla, pero una extraña añoranza sobre su corazón la hizo llorar. ¿Qué ocurría? Por qué se descubría pensando en Víctor como una quinceañera, cuando sólo le había dicho que ella no era más que diversión y sexo. Aquel día Paúl decidió quedarse con ellas para ayudar en el arreglo de la valla del prado. Una excusa; lo único que quería era estar junto a Valeria.
Fernanda , a quien las chispas de incomodidad le saltaban por los ojos, en varias ocasiones se descubrió observándolos con cierta envidia. Algo desconocido llamado celos había llamado a su puerta de una manera atroz. Ver a Valeria sonreír como una tonta y a paúl responder con soñadoras sonrisas le hizo explotar con la persona que más confianza tenía: su hermana.
— Te has acostado con él ¿verdad?
—Pues no. Pero no por falta de ganas —respondió ella mirándola —. ¿A qué viene esa pregunta?
—¡Eres una mentirosa! —gritó Fernanda.
— Oye, Fer. ¿Qué te pasa?
—Me pasa —contestó furiosa— que quiero regresar a casa. ¡Eso me pasa! Tengo el pelo deshidratado y las puntas abiertas. Los poros de mi cara son tan grandes como la boca del metro. Tengo las uñas rotas, y como siga comiendo como lo hago aquí regresaré a Madrid peor que una foca. ¿Quieres que siga?
—¡Qué exagerada eres. , por Dios!
—No soy exagerada —gimoteó consciente de la mentira—. Soy realista.
—¿Seguro que es eso lo que te pasa? — murmuró la castaña levantando las cejas.
Valeria sabía por qué su hermana estaba en tensión. Era por Víctor.
— Me va a venir la regla —se disculpó—. Nada más.
— Pues tranquilízate Fernanda y disfruta de un precioso día como el de hoy.
Cuando su hermana dijo aquello, estuvo a punto de gritar. ¿Cómo se disfrutaba un precioso día? Pero harta de la sonrisitas que en aquellos momentos Paúl y Valeria se dedicaban gritó.
—Parece que te gusta sufrir. Primero Chema y ahora ese estúpido. ¿Es que no te das cuenta que te está utilizando para divertirse? Cómo eres tan tonta.
— Ya está bien ¿no crees? —apuntó Valeria mosqueada.
—¿A qué te refieres?
—Sabes muy bien a qué me refiero —prosiguió Valeria en español, para que nadie las entendiera—. Estás jodida porque Víctor no está ¿verdad?
—¡¿Cómo?! —gritó Fernanda incapaz de ser sincera—. ¡Tú estás tonta!
—Mira. No pienso hablar de ello. Si quieres algo ya sabes dónde estoy.
—Paso —respondió Fernanda cogiendo más cable
- ¡No te soporto cuándo te pones así! —chilló la castaña desesperada —. ¿Acaso crees que no me doy cuenta de que llevas días pasándolo mal? ¿Por qué coño llevas esa ropa? —dijo dándole un tirón a la sobrecamisa—. Hasta hace poco, según tú, era un trapo de limpiar. ¡Venga, hombre, por Dios!
— Valeria yo sólo lo digo porque cuando volvamos a casa...
— Cuando volvamos a casa será mi problema, no el tuyo—sentenció Valeria, .
—De acuerdo — Fernanda no quería dar su brazo a torcer—. Espero no tener que consolarte y decir: te lo dije.
—Tranquila —ladró ella —. Necesitaré cualquier consuelo menos el tuyo. La misma confianza que tienes tú conmigo, será la que yo tendré contigo -
La tensión entre las dos hermanas se palpaba en el ambiente. No volvieron a mirarse ni a dirigirse la palabra el resto de la mañana. Cuando la furgoneta pasó a recogerlas para regresar a la casa principal, el humor de Fernanda era pésimo. El de Valeria no era mucho mejor. La jornada aquel día acabó a media mañana. El domingo era el cumpleaños de Tom y las mujeres tenían pensado ir a Eiffel de compras, algo que en cierto modo las alegró, aunque no tanto como a Rous, que estaba histérica porque la publicista le había prometido comprar varias cosas que la ayudarían en su plan para conquistar a Set.
—¿Podrías subirle este caldo a Tom? —preguntó Ona a Fernanda. Me marcharía más tranquila de compras sabiendo que tiene algo en el estómago.
—Sí. Sí, por supuesto —asintió, tomando el cuenco y la cuchara.
Una vez salió de la cocina, subió las escaleras iluminadas por la luz de la tarde hasta la habitación de Tom. Los dos últimos días estaba más cansado de lo normal, por lo que no había bajado a la cocina para charlar con todos. Prefería estar solo en la habitación, para «pensar», como decía él.
Tras llamar con los nudillos a la puerta, Victoria entró, siendo recibida por una de sus cariñosas sonrisas, que ella le devolvió.
—Vengo a que te tomes un caldito —señaló Fernanda —. Y te lo vas a tomar entero porque si no Ona me regañara a mí.
—Entonces no se hable más —
Como el pulso de Tom no era muy firme, Fernanda le fue dando poco a poco la sopa. Nunca le había gustado cuidar a los enfermos, pero Tom era diferente.
-esto no acaba nunca —protestó, sintiendo cómo le ardía la garganta.
—Tres cucharadas más —indicó la rubia de pie— y prometo que se acaba.
Tom, sin decir nada, continuó comiendo, y cuando terminó las cucharadas la sonrisa de satisfacción de Victoria le recompensó.
—Muy bien. Ahora Ona y yo estaremos felices por ti.
—Serías una estupenda enfermera.
— Estás equivocado. No me gusta cuidar a los enfermos. No tengo paciencia.
—A mí no me da esa sensación.
—Sólo he cuidado a un enfermo en mi vida —indicó mirándolo—. A mi padre.
Tom pudo ver cómo la mirada de la muchacha se tornaba triste al mencionar a aquel ser querido. Por sus ojos pudo vislumbrar la tristeza que inundaba aquella preciosa cara, aunque ella intentó disimular.
—Intuyo que tu padre murió —dijo palmeando el lateral de la cama para que se sentara. Ella obedeció, momento en que la puerta se abrió y alguien, haciendo una seña a Tom, indicó que callara. El anciano asintió.
—Murió cuando yo tenía diecisiete años.
—¿De qué murió tu padre?
—Eh... —musitó la rubia e hizo visible la incomodidad de la respuesta.
—Lo entiendo —tosió Tom, intuyendo la respuesta—. Escucha, Fernanda dijo cogiéndole la barbilla para mirarla—. No es fácil aceptar la enfermedad para el enfermo. Pero cuando por desgracia te toca vivir con ello, no puedes hacer otra cosa que intentar disfrutar de los tuyos cada segundo de vida. Y aunque nos conocemos desde hace poco, estoy seguro de que tu padre fue feliz hasta el final.
—Sí —asintió la rubia sin poder decir nada más. Adoraba a su padre.
—No conozco a tu madre, pero solo con ver las dos hijas tan maravillosas que tiene me puedo hacer una idea de cómo es.
— Es alegre y vivaz como mi hermana, nada que ver conmigo.
—Tú eres alegre.
—No mientas —sonrió con tristeza—. Yo soy sosa y aburrida.
— No, no lo eres -susurró- tu madre debe estar orgullosa de vosotras
— De Valeria sí, pero de mí, creo que no. No me lo merezco tampoco yo...
—¡¿Cómo puedes decir eso? Los padres siempre estamos orgullosos de nuestros hijos y aunque a veces nos decepcionen nunca dejan de ser nuestros hijos.
Tras un momento de silencio Tom prosiguió. — Ona y yo adorábamos a nuestras hijas, a las que por desgracia el destino nos robó demasiado pronto.
—¿Las madres de Víctor y de Paúl? — preguntó intrigada.
—Sí, muchacha, Isolda y Victoire —sonrió el anciano al recordarlas.
—Isolda —susurró Fernanda. Qué nombre más romántico.
—Así se llamaba mi madre también —sonrió Tom.
—Me parece un nombre precioso.
—Isolda era romántica, como su nombre —sonrió el anciano— y se enamoró demasiado pronto de un muchacho que yo creí que no le convenía, y eso hizo que estuviéramos un tiempo enfadados. Pero cuando nació Paúl, e Isolda junto a su marido vinieron a casa para enseñárnoslo, tras mirarnos a los ojos y darnos cuenta de lo mucho que nos queríamos y nos habíamos echado de menos, todo se solucionó. Gracias a ello comprobé que estaba equivocado respecto al padre de Paúl, era un muchacho excelente. Un año después se casó Victoire con su concuñado, y la felicidad cuando nació Víctor fue completa. Pero una noche de lluvia, cuando regresaban de una fiesta , el coche se estrelló muriendo los cuatro en el acto.
—¡Qué horror, Tom!
— Fue algo terrible, y más cuando casi perdemos la custodia de Víctor y Paúl.
— ¿Por qué? —preguntó Fernanda.
Al decir aquello el anciano cerró los ojos. Se había dejado llevar y había estado a punto de meter la pata, por lo que decidió centrarse en sus palabras.
-Cosas de familia que con los años se arreglaron -añadió quitándole importancia-. Pero gracias a Dios mis hijas desde el cielo nos ayudaron y tanto Paúl como Víctor crecieron a nuestro lado. Ellos, al igual que sus madres, han sido y son nuestra mayor alegría, y estoy seguro de que tu madre pensará lo mismo de ti.
—Tom. Yo no soy la mujer que crees.
—¿Ah, no? —exclamó el anciano—. ¿Eres un espectro?
—No —rió Fernanda pero la facilidad que tengo para comunicarme contigo no la tengo con el resto del mundo. Ni siquiera con mi madre.
—No me lo creo Fernanda
-Cuando papá murió, mamá se hundió. Durante 5 años, a pesar de mis esfuerzos, las deudas nos comían, mamá cayó en la bebida y yo no supe ayudarla.
— Lo siento, muchacha —murmuró apretando su mano.
—Estaba tan harta de la miseria y de las borracheras de mi madre, que decidí alejarme. Dejé atrás a mi familia, y me convertí en otra persona.
—Eso es imposible —intervino Tom— nadie deja de ser como es.
—Sí, Tom. Yo lo hice —contestó mirándole—. En mi empeño por borrar mi pasado abandoné a mi madre y dejé a mi hermana al cargo de una borracha y de cientos de deudas. Me construí una vida donde el corazón y los sentimientos sobraban. Pasé de ser Fer, a Fernanda Villalonga Zubizarreta, jefa de publicidad en R.C.H. Publicidad. Una mujer fría y despiadada a la que todos respetan por miedo, pero a la que nadie quiere. Incluso creí encontrar una nueva familia que me llenó de lujos y de presuntos amigos, que a excepción de regalarme el oído nada me han aportado. Pero, ¿sabes Tom? Cuando creí tenerlo todo, el día antes de mi boda, descubrí que lo único verdadero que tenía, a pesar de haberla rechazado, era mi familia.
—Debes estar orgullosa de ellos, muchacha.
—Lo estoy, Tom. Quisiera que mamá supiera cuánto la quiero.
—Algo me dice que ella lo sabe. No te preocupes.
—Pero yo necesito que sepa que la adoro y que estoy orgullosa de cómo es. Por nada del mundo me gustaría que ella fuera lo que durante mucho tiempo deseé.
—¿Qué deseaste?
—Deseé que mi madre no fuera... no fuera ella, y que otra mujer, adinerada y con estilo, me hubiera parido —susurró tapándose con las manos la cara—. ¡Dios, Tom soy una mujer horrible! Admitir estas cosas me hace ver la clase de mujer en la que me he convertido. Valeria tiene razón. Soy una víbora mala
— No te martirices, muchacha —señaló abrazándola—. ella te adora.
Pero a veces me comporto de una manera tan cruel con ella, que al final me llegará a odiar. Me gustaría ser capaz de decir lo que realmente deseo.
—Debes vencer esas barreras, Fernanda, si no nunca serás feliz.
—Lo sé —asintió secándose las lágrimas—. Creo que las barreras que usé durante años para que nadie me dañara, ahora se han vuelto contra mí.
—¿Sabes, Fer? — dijo una voz tras ellos—. Soy especialista en saltos de barrera.
Era Valeria, que oculta entre las sombras había escuchado la conversación.
Valeria, yo... —intentó hablar Victoria, pero la emoción le pudo.
— Aunque tus barreras sean más altas que la Torre Picasso, las saltaré. ¿Y sabes por qué? Porque tú eres parte de mí y a pesar de que a veces desee estrangularte por ser una petarda snob y gruñona... te quiero. Y sobre todo, porque yo no voy a poder ser feliz si tú no estás a mí lado y lo eres. ¿Te ha quedado claro?
Emocionada por lo que oía y sin poder abrir la boca, Fernanda asintió, fundiéndose en un cariñoso abrazo que expresaba todo lo que con la voz no podía explicar. Mientras, Tom, con la esquinita de la sabana se secaba las lágrimas al ser testigo de aquel reencuentro. Con energías renovadas, Fernanda conducía la furgoneta azul, feliz junto a Valeria. Lo ocurrido en la habitación de Tom había derribado muchas barreras entre ellas. Cuando tomaron el camino a Eiffel se quedaron impactadas al ver de pasada el castillo de Eltz.
— Qué lugar más bonito —susurró Valeria mirando a su hermana—. ¡Madre mía, qué pasada! ver el castillo de Eltz desde aquí es mágico.
—Parece de cuento —asintió Fernanda.
Maravillada por las sensaciones que aquel lugar le producía sintió de pronto que su nuevo móvil le sonaba en el pantalón.
—Hombre —casi gritó la rubia, sacándolo del bolsillo—. ¡Tengo cobertura!
Los continuos pitidos del aparato le indicaron en pocos segundos que tenía quince llamadas perdidas.
-Qué solicitada estás -dijo Valeria-. Por cierto aprovechemos para llamar a mamá.
-¿Te puedes creer que las quince llamadas son de Goyo?-suspiró Fernanda.
— Ese engominado es un plasta. ¿Cuándo te va a dejar en paz?
-No lo sé —suspiró mirando a Ona, que continuaba hablando con un vecino- Me dijo que...
— ¿Te dijo? —exclamó Valeria —. ¿Cómo y cuando te dijo?
— La noche que volvimos a Treveris, cuando te fuiste de cena con Paúl, me llamó al hotel.
—Y cómo sabe que...
- para saber dónde estoy, Goyo sólo tiene que llamar a la oficina.
— ¡La madre que lo parió! —bufó la castaña.
— Me dijo lo de siempre. Que me quería, que necesitaba una nueva oportunidad, lo de siempre —y cogiéndole las manos añadió—. Oye, tranquila. Volver con ese idiota — dijo haciéndola sonreír—sería lo último que haría en mi vida. Por lo tanto no te preocupes. ¿Vale?
—De acuerdo —asintió complacida—. Pero prométemelo.
— Te lo prometo.
—Vale —sonrió al escucharla—. Ahora me quedó más tranquila.
—¿Qué te parece si llamamos a mamá? —. Fer dio el tema por zanjado.
—¡Genial! Quiero saber cómo está fiffy.
Ambas sonrieron mientras marcaba el número de teléfono de su madre. Pero tras tres llamadas Fernanda cortó la comunicación.
—Qué raro — Valeria miró su reloj—. Si son las cuatro y diez de la tarde. Es la hora de su novela, y ella no se la pierde por nada del mundo.
—Llamaré a Roberto — dijo .
— Conecta el manos libres —señaló Valeria —. Así hablamos las dos.
Marcó el teléfono de su amigo, pasados tres timbrazos lo cogió.
—Dichosos los oídos. ¿Cómo estás, guapa?
—Estamos —corrigió Valeria —. ¿Cómo está mi peluquero preferido?
—Hola, Roberto — saludó Fernanda — estamos bien.
—Por Dios. Decidme que volvéis mañana mismo —gritó deseoso de verlas—. Os echo de menos una barbaridad. Madrid sin vosotras no tiene gracia ni glamour.
—Por lógica-se mofó Valeria.- la gracia se la doy yo y el glamour Fernanda
— Azucarillo para mi niña —asintió Roberto. Ahora en serio. ¿Cuándo volvéis?
—Cuando el conde aparezca —señaló Fernanda.. Oye, ¿sabes dónde está mamá?
-Imagino que en casa — parecía algo incómodo—. Es la hora de su novela.
—Eso pensábamos nosotras —dijo Valeria — pero no coge el teléfono.
—¡Qué raro! —su voz sonaba nerviosa—. Pues no sé...ni idea... ufff. No, no sé.
—¡Mientes, bellaco! —gritó Valeria —. Conozco ese tono de voz, y es el tono de la traición. ¿Ha pasado algo? ¿Estáis todos bien?
—Pues claro que estamos todos bien —y añadió—. Sólo voy a insinuar que mi Diane Lane está bien. Muy... muy bien.
Al escuchar aquello ambas se miraron, hasta que la rubia habló.
—¡Te lo dije! —asintió señalando a su hermana.
—Entonces ¿es cierto? —exclamó sorprendida Valeria —. ¡Mamá tiene un lío!
—Yo no lo catalogaría así -respondió el-. Ah, por cierto. fiffy te manda saludos.
—Ainsss, mi perrito, dale besitos y dile que me acuerdo de él.
—Mamá está bien ¿verdad? —preguntó Fernanda.
— Sí, tranquila —la voz de Roberto no dejaba lugar a dudas—. Aquí está todo perfecto. ¿Y vosotras? Cómo vais con esos alemanes.
— He conocido a un monumento andante de pelo rojo que te encantaría. Es agradable, guapo, divertido, le gusto, me gusta...
—Wooooooo —exclamó Roberto —. Al final vais a hacer que me vaya con vosotras a treveris. Y tú, Fer ¿qué tal? ¿Algún alemán para ti?
—No. No tengo tiempo —señaló ganándose una mirada de su hermana.
—¡¡mentira cochina¡¡-espeto ella.- Di que sí. Que por aquí hay alguien que le gusta, lo que pasa es que ya sabes cómo es . Rara... rara... rara.
—Bueno —se despidió Fernanda, viendo que Ona las miraba—. Tenemos que dejarte. Si ves a mamá dile que hemos llamado y que estamos bien ¿vale?
—Dale besitos a mi Fiffy — se despidió Valeria y besitos para ti.
—De acuerdo —sonrió Roberto. Pasadlo bien y no hagáis nada que yo no haría.
Una vez que Ona se despidió de sus amigos, maravilladas por el lugar, la siguieron hasta «La tienda de Eiffel», típica tienda de pueblo donde se podía comprar desde una lata de judías hasta un secador de pelo. Media hora de arduo trabajo dio su fruto, ya que a la salida de la tienda iban cargadas con crema para la cara y las manos, suavizante para el pelo, globos, guirnaldas de colores, tijeras, tiras de cera depilatoria, desodorante, etc.…
— ¡Madre mía! —sonrió Rous nerviosa—. Habéis comprado media tienda.
—Pero si no llevamos nada —exclamó Fernanda y miró a Ona—. ¿Hay alguna otra tienda en Eiffel? Necesito comprar algo de ropa.
—Ufff... —suspiró la anciana, pero murmuró—. Espera. Creo recordar que la nieta de Bridget se dedica a algo de ropa. ¿Quieres que le pregunte?
—Sí, por favor —sonrió Fernanda, viendo el cielo abierto.
Diez minutos después estaban en casa de Rachel, la nieta de Bridget, que era mayorista de ropa y calzado. Con los ojos como platos, Ona y Rous, observaban cómo a las hermanas Villalonga, separaban ropa con ojos expertos.
—Nos llevamos esto —dijo la publicista con una sonrisa triunfal.
La vuelta a la granja fue tan alegre como la ida. Eiffel había maravillado a Fernanda , en especial sus gentes, que la trataron con una amabilidad sana a la que no estaba acostumbrada. Dos horas después, de llegar a la granja y tras haber depilado, cortado el pelo y haciendo una limpieza de cutis a Rous, las hermanas Villalonga por fin terminaron dispuestas a sorprender a ona y a tom
—¡Hombre, por fin! —señaló Ona al verlas—. Nos teníais preocupados. ¿Por qué habéis tardado tanto?
—Ufff —suspiró Valeria cansada — ha sido un trabajo agotador.
—Más que agotador —asintió Fernanda
-¿Dónde está Rous?- preguntó Tom angustiado-. ¿Qué le habéis hecho a mi niña?
—Tom —sonrió Fernanda sentándose —. Tu niña, creo que de pronto se ha vuelto mujer —y levantando la voz dijo— Rous. Ya puedes entrar.
Con timidez y mirando al suelo, Rous entró en el salón. Su cambio físico era espectacular. Su pelo, sus ojos e incluso su ropa la hacían diferente. Ante ellos una nueva Rous se erguía orgullosa y nerviosa de su cambio físico.
—Qué... ¿Qué os parece?
La cara de incredulidad de Ona y de Tom, al ver a Rous hizo que Valeria y Fernanda se miraran. Era como su hubieran visto un fantasma.
- ¡Estás guapísima! —murmuró Ona llevándose las manos a la boca
—¿Eres tú, Rous? -dijo Tom sorprendido
— Sí —asintió con timidez—. Soy yo.
—Mírame, muchacha —pidió Tom.
Estaba estupefacto. Tanto que tuvo que pasarle su mano por la mejilla para cerciorarse de que aquella era su niña.
— Todo se lo debo a ellas —señaló Rous abrazada a aquellos dos ancianos que tanto amor y cariño le habían dado—. Ellas han sido las que lo han conseguido.
—Bueno... bueno —se aclaró la voz Fernanda, no quería llorar—. Nosotras sólo hemos adornado tu belleza. Pero la materia prima para ser guapa la posees tú.
— Sois una bendición, muchachas —asintió de corazón Tom poniéndoles la carne de gallina—. Sólo puedo daros las gracias por ser como sois y agradecer a mis nietos que os trajeran aquí, a vuestra casa.
— Valeria, Fernanda — dijo Ona tomándolas de las manos—. Gracias. Gracias por todo lo que hacéis. Esta casa, desde que habéis llegado, ha cobrado vida y eso nunca lo olvidaré.
—¡Ona! Te has acordado de nuestros nombres —susurró Fernanda emocionada.
-Sí, cariño, sí -asintió con una sonrisa-. Y ten por seguro que nunca se me olvidarán.
—Venga... venga —bromeó Valeria tragándose las lágrimas—. Que veo que al final vamos a terminar todos llorando como magdalenas.
—Yo no —señaló Tom divertido—. Los alemanes no lloran.
La mañana del sábado fue agitada y laboriosa. Tom cumplía años y se iba a celebrar por la tarde una gran fiesta para familiares y amigos Sobre las cuatro de la tarde cuando todo estaba listo todas subieron hasta sus habitaciones a arreglarse. En una hora llegarían los invitados. Con mimo Fernanda y Valeria arreglaron a Rous. Querían que estuviera tan guapa que todos al verla se quedaran sin palabras. El resultado final fue espectacular. Ataviadas con unos simples vestidos de color claro, recibían a los vecinos y amigos de Tom que comenzaban a llegar. Todos felicitaban con cariño al anciano y cuando reconocían a Rous la alababan haciéndola sonreír. Estaba preciosa.
— ¡No me lo puedo creer! —gritó de pronto paúl, acercándose con su grata sonrisa—. ¿Quién es esta preciosidad y por qué no está casada conmigo?
—No seas tonto, Paúl — se ruborizó Rous al sentirse halagada.
—Tesoro, estás... murmuró abrazándola con cariño. Estás preciosa.
Rous se sentía en la gloria, nunca había sido tan piropeada ni tan feliz. Pero estaba nerviosa. No había visto a Seth y quería que la viera. Pocos segundos después, dejando a las hermanas Villalonga y paúl, se marchó del brazo de Tom, tenían sed e iban a coger unas bebidas.
—Muchas gracias a las dos —les agradeció el pelirrojo. Habéis conseguido hacerla sonreír como nunca.
—Ha sido un placer —contestó la publicista con una sonrisa.
— Paúl — Valeria necesitaba saberlo—: ¿Sabes si vendrá Set?
—Llegamos juntos. Está allí.
El muchacho fumaba un cigarrillo charlando con Doug junto a la ventana. En un principio, al pasar Tom junto a ellos, no la reconoció, aunque sí la miró. Pero al escuchar su sonrisa la miró extrañado, y apagando el cigarrillo, sin perder un minuto, se acercó a ella. En ese momento Rous las miró y sonrió.
— La presa ha picado — dijo la Villalonga menor, al ver cómo Set miraba a Rous con los ojos como platos.
—¿Ahora vas de casamentera? — sonrió Paúl al escucharla.
Con una sonrisa en la boca Fernanda se alejó de aquellos dos tortolitos y comenzó a ayudar a Ona a llenar la mesa de exquisita comida, cuando el ruido de un motor y unos ladridos llamaron su atención. Conduciendo una moto, víctor llegó hasta la entrada donde Stoirm, encantado de regresar, saludaba a todo el mundo con sus pegajosos lametazos
— Vaya... vaya —susurró Valeria acercándose a su hermana que miraba lívida a quienes acababan de llegar—. Veo que tu alemán regresa con compañía femenina. Qué mona, y sobre todo... ¡Qué jovencita!
—Por mí como si regresa con un faisán —despreció la rubia con acidez
Intentar mantener el control en aquel momento no era fácil para Fernanda. Llevaba días añorando su compañía, deseando su regreso, pero ver a la pelirroja de bote de no más de veinte años saludando con alegría a todo el mundo le bajó la moral a los pies. Pocos segundos después, Víctor estaba frente a ellas, dándole un abrazo a Paúl, y con una socarrona sonrisa miró a Valeria.
— Cuidado Valeria, a tu lado tienes un bicho —y tras mirar de arriba abajo a Fernanda con la misma sonrisa burlona se alejó.
—No digas nada —bufó esta a su hermana.
—No lo iba a hacer.
—¿Es para matarlo o no? —gruñó Fernanda al sentirse aludida por lo de bicho.
—¡Es para matarlo! —confirmó Valeria
Dos horas después, la fiesta estaba en todo su esplendor. Víctor y Fernanda no se habían saludado, sólo se miraban o más bien se retaban con la mirada.
Tom en un par de ocasiones se acerco a su nieto y lo animo a acercarse a Fernanda, algo que no hizo, su cabezonería se lo impedía. Por lo que se dedicó a bailar con todas las mujeres que hasta él se acercaban, incluida la pelirroja. Consumida por los celos, Fernanda huyó a la cocina, necesitaba serenarse.
—Aquí va a arder Troya —canturreó Valeria al ver a su hermana desaparecer.
—¿Por qué? —preguntó paúl levantando su cerveza ante un brindis general.
—¿Estás ciego? ¿Acaso crees que a mi hermana le gusta ver cómo tu primito vuelve después de varios días de ausencia, con esa... con esa... guarrilla?
—¿Qué guarrilla? —preguntó alejándose un poco.
—La del pelo rojo —contestó Valeria —. Ésa que ahora tontea con el de la camisa a cuadros —de pronto se sobresaltó—. ¡Dios Santo! ¿Has visto lo que ha hecho?
— ¿Qué ha hecho? —murmuró atrayéndola hacia él.
Le encantaba Valeria . Sus expresiones, su chispa, su ingenuidad. Toda ella era una caja de sorpresas continua que adoraba y de la que nunca se cansaba. Tenía que hablar con ella y contarle su secreto, pero nunca encontraba el momento y cuando lo encontraba era incapaz de confesarle lo que le carcomía por dentro.
—¡Acaba de besar al chico de la camisa a cuadros! —susurró ella .
— Normal — asintió Paúl, besándola —. Es su marido. Creo que tiene derecho, ¿no crees? —al ver la cara su comenzó a reír—. Esa pelirroja es nuestra prima, y seguro que Víctor la encontró por el camino y la trajo hasta aquí.
—¡Oh, Dios! —susurró Valeria mirando a su alrededor—. Tengo que hablar con mi hermana urgentemente.
Mientras que Fernanda llegó hasta la cocina, y sin pararse a pensar lo que dirían, Ona y sus amigas tomó un vaso y tras echarle un par de hielos, cogió la botella de whisky de Tom de la despensa y dejando a todas con la boca abierta, la abrió, se sirvió y de un trago se lo bebió.
-¡Fernanda, cariño! -se asustó Ona, quien nunca la había visto así.- ¿Ocurre algo?
—¡Uau! —exclamó al sentir cómo aquel whisky le quemaba en la garganta—. No te preocupes. Lo necesito para serenarme, o soy capaz de matar a alguien.
De nuevo, sin pararse a pensar volvió a servirse otro trago, y se lo bebió.
—¡Wooooo, uau! —volvió a exclamar al tragar.
—¡Por todos los santos, Fernanda! — regañó Ona —. Deja esa botella.
—Uno más —susurró con un hilo de voz.
—Pero muchacha qué es lo...
—¡Wooooooo, uau, Diosssss! gritó esta vez, y tras dejar el vaso y besar a Ona, les dedico una sonrisa a todas, y salió de la cocina.
— ¡Por todos los santos! —señaló Gilda cogiendo la botella—. Si yo bebo medio vaso de este whisky me enterráis mañana.
Ona, extrañada por aquello, siguió con la mirada a la publicista, quién tras salir de la cocina, se dirigió hacia Tom que la agarró al ver sus ojos . Sólo cuando la anciana vio a Víctor reír junto a su sobrina, la guapa de la familia, entendió lo que pasaba, y con una sonrisa divertida en los labios volvió con sus amigas.
—¿Estás bien? preguntó Tom al sentirla un poco alterada.
—Oh sí... ¡Perfecta! Venga ¡vamos a bailar!
-Fer — interrumpió Valeria —.Tengo que hablar contigo.
— Muchacha ¿qué has tomado? — señaló Tom.
— Un poquito de whisky del que guardas en la despensa. Bueno, la verdad es que han sido tres vasitos -y mirando a su hermana preguntó -. ¿qué quieres?
— ¿Tres vasitos? — exclamó el anciano incrédulo de que aún se tuviese en pie y mas sabiendo que era abstemia —. ¡Por todos los santos, muchacha!
— Fer me he enterado de que... — pero la conversación se cortó cuando uno de los amigos de Tom la tomó de la mano y de un tirón se la llevó a bailar.
— Tranquilo, grandullón. — Sonrió Fernanda a Tom .
— Hola, Fernanda -saludó una voz tocándole el hombro.
Al volverse, aún agarrada a Tom, se encontró con la cara de alguien que le sonaba, pero no lograba recordar su nombre.
— Hola — saludó efusivamente plantándole un par de besos—. Tu cara me suena, pero no me acuerdo de tu nombre.
— Es James — señaló Tom — el médico.
— ¡Ah... sí! — se carcajeó al reconocerle —. Madre mía... madre mía...si es el guapetón del médico. ¿Te apetece bailar?
— Creo que le vendría bien tomar el aire — señaló Tom buscando a Víctor. Él debía ocuparse de ella.
— Yo la llevaré — james la agarró por la cintura —. Es tu cumpleaños y tus invitados te esperan.
Desde el otro lado del salón Víctor Karl hablaba con Paúl poniéndolo al día de lo acontecido en los días que había estado fuera. Pero cuando vio a James acercarse a ella y cogerla por la cintura, su instinto le dijo que tenía que apartarlo de ella Pero en vez de eso, enfadado por sus primitivos pensamientos, se volvió para tomar una nueva cerveza e intentó entretenerse observando a Rous, con su espectacular cambio de imagen. La alegría de la muchacha rápidamente le contagió. Era increíble lo que las Villalonga habían hecho con ella. Había pasado de ser un patito a un cisne precioso.
— ¡No quiero tomar el aire! — protestó Fernanda — ¿por qué no bailamos?
Divertido por la situación James paró unos pasos más adelante. Había pensado en visitarla en un par de ocasiones, pero la mirada de víctor el día de la fiesta de los Maxwell, le había indicado que aquélla ya no estaba libre.
— Fer... — suspiró Valeria acercándose a ella —. Pero bueno ¿qué has bebido?
— Nada. Sólo tres vasitos del whisky de Tom.
— ¿Del que tiene en la despensa? — preguntó James, recordando que aquel brebaje era más fuerte que el matarratas.
— ¡Madre mía, Fer! Cómo vas — se desesperó la castaña —. Si pudieras verte te odiarías — señaló con los brazos en cruz —. ¿Por qué has hecho esto?
— Porque he sentido unas ganas enormes de arrancarle los dientes a la pelirroja de bote. ¡Joder, Valeria! Me ha hecho sentirme fea y caduca.
— ¡ que tonta eres! — protestó Valeria con dulzura —. Esa chica es...
— Creo que es mejor que la lleve fuera — interrumpió James —. ¿Podrías traer un poco de agua fría?
— Por supuesto — señaló Valeria marchando hacia la cocina.
— Oye, James. ¿Sabes que eres muy guapo? — rió la rubia poniéndole un dedo en la mejilla —. ¿No has pensado en ser modelo?
— No gracias, me gusta mi vida como médico rural — sonrió, sacándola del salón con disimulo.
— ¿Estás casado?
— No — respondió una vez en el exterior —. Nunca me atrajo el matrimonio.
— Haces bien — se sentaron en los escalones —. Yo estuve a punto de casarme ¿pero sabes? Pillé al cabronazo de mi novio, haciendo un trío con la que se suponía que era mi mejor amiga y con un amigo de él. ¿Te lo puedes creer?
— Lo siento — murmuró james incrédulo por lo que contaba.
— No lo sientas, ha sido lo mejor que me ha pasado. ¡Te lo juro! — Sonrió al sentir el aire fresco en la cara.
— ¿Qué tal están tus manos? — preguntó para cambiar de tema.
— Gracias a ti muy bien — dijo enseñándoselas.
En el interior del salón, la felicidad de Rous no podía consolar a Víctor, que decidió acabar el absurdo juego con la rubia y hablar con ella. Rous no paraba de alabarla y de indicarle lo maravillosa que era y lo bien que se había portado durante su ausencia. Pero ¿dónde se había metido? Su estómago le dio un vuelco, cuando tras recorrer el salón no la encontró, y sintió que el corazón se le aceleraba al pensar que estaba con James. Sentados en los escalones, Fernanda fumaba un cigarrillo consciente de que había bebido de más.
- ¿Te encuentras bien?- preguntó James, divertido por los comentarios que hacía .
— Creo que llevaba siglos sin sentirme tan bien. Oye, ¿te puedo preguntar algo?
— Por supuesto. Dime.
— ¿Crees que soy deseable? ¿O por el contrario se me ve fea y vieja?
— Para mi eres una mujer muy atractiva, y sobre todo deseable.
— Gracias... gracias — asintió con una sonrisa tonta —. Escuchar eso me sube la moral a los cielos.
Sentándose de golpe en los escalones, se acercó a él, dándole un beso
— ¿Te ha gustado?
— Claro que me ha gustado — respondió James a pocos centímetros de su boca.
Aquella mujer le estaba desconcertando. Primero le preguntaba si la veía deseable, y ahora lo besaba.
— Oye, Fernanda — susurró el joven médico —. Si sigues por ahí no sé hasta qué punto voy a poder controlarme. Será mejor que pares antes de que los dos lamentemos esto.
En ese momento apareció Valeria seguida por Víctor, quienes al ver la escena se quedaron sin habla.
— Te gustaría besarme otra vez — murmuró Fernanda sin percatarse de que no estaban solos.
— ¿Otra vez? — gritó Valeria, haciendo que se separaran y la miraran.
Los de Víctor observaron primero a Fernanda y luego a James quien al sentir su mirada enfadada comentó levantándose.
— No es lo que parece , ella necesitaba tomar el aire, y...
— ¡Fuera de mi vista! — grito con furia.
— ¡Hombre! — gritó con furia Fernanda atrayendo la atención de Víctor.- Mira quién ha llegado. ¡El playboy de la familia! El vividor que se va de vacaciones y deja a sus abuelos a cargo de todo. Eres un ¡EGOÍSTA! Cuando regrese el conde se lo pienso contar todo.
— ¡Fer! — regañó Valeria.
— No veo el momento en que se lo cuentes todo al conde — se mofó este, mirando a un James fuera de juego.
— ¡Ay, Dios! — susurró Fernanda agarrándose al médico —. voy a vomitar.
Sin poder evitarlo, dicho y hecho, vomitó. Mientras la papilla de su estómago salía por su boca sintiendo que el poco glamour que le quedaba, se desvanecía con ella. Valeria se acercó hasta ella con el agua.
— Enjuágate un poco la boca — susurró retirándole el pelo de la cara
— OH, Dios ¡qué asco! — murmuró la rubia humillada.
— Ahora te encuentras mejor ¿verdad? — preguntó el médico al ver cómo el color regresaba a sus mejillas.
— Sí, James asintió Fernanda humillada por aquello —. Gracias.
— Princesita — ironizó Víctor al verla en aquel estado —. Creo que necesitas algo más que tomar el aire — y con los ojos entornados dijo mirando a James. Ya no necesitamos tu ayuda, puedes marcharte.
— ¡No la necesitarás tú! — gritó Fernanda incrédula —. ¿Qué haces aquí que no le estás metiendo la lengua hasta la campanilla a tu jovencísima pelirroja?
— Fer cierra el pico — susurró Valeria avergonzada
— Iré dentro a por una cerveza — se disculpó James y se marchó.
- Valeria- pidió Víctor sin dejar de mirar a Fernanda .- ¿podrías dejarnos a solas?
— ¡Ni se te ocurra dejarme con este troglodita! — gritó Fernanda con rabia .
— Creo que no es buena idea — señaló Valeria.
— Sí. Sí es buena idea — asintió éste sin darse por vencido.
— Dos minutos — indicó Valeria —, ni un segundo más.
Una vez quedaron solos, fue Víctor quien empezó.
- ¿Qué se supone que estás haciendo?
- ¿Qué se supone que estás haciendo tú?- gritó Fernanda dando un paso adelante -. Me besas, y luego me dices que soy la típica mujer para diversión y sexo y...
— Aquello fue un error —dijo acercándose a ella —. Esperaba el momento propicio para estar a solas contigo y pedirte disculpas por mis absurdas palabras.
— OH... sí... claro — asintió retirándose el pelo de la cara —. Por eso regresas con esa jovencita. Qué es lo que pretendes ¿humillarme? ¿Quieres que vea cómo te lo montas con ella delante de mí? OH... mira ¡no! ya me han humillado una vez, pero te aseguro que dos no lo voy a permitir.
Aquellas palabras lo impresionaron. ¿Por qué iba a querer humillarla? Y sobre todo ¿quién la había humillado?
— ¿Estás celosa de mi prima Lorna ? — sonrió Víctor sin poder evitarlo
— Dios - susurró Fernanda avergonzada -. ¡Soy patética! ¿Qué estoy haciendo?
Dándose la vuelta sin querer mirarlo, comenzó a andar hacia la casa, aquel comportamiento no era propio en ella y aunque Víctor intento impedírselo, ella lo empujo y rápidamente llego a su cuarto. Ya a solas las lágrimas empezaron a correr por su cara y triste y avergonzada se durmió con la ropa puesta
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janessi1
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MensajeTema: CAPITULO 14: LEXIE   Vie Dic 11, 2015 10:59 am

Los dos días siguientes Fernanda intentó esconderse de Víctor. Estaba avergonzada por lo ocurrido y nerviosa por lo que intuía que podía ocurrir. Lo deseaba tanto, que tenía miedo de verlo y tirarse a su yugular directamente.
Víctor, molesto, necesitaba hablar con ella y aclarar de una maldita vez todo aquel juego que se estaba volviendo contra él, pero Ona se había atrincherado en la puerta de la habitación de la rubia y no le permitió entrar. El segundo día por la tarde, mientras los hombres ayudaban a Maxwell a arreglar su granero, Valeria, aburrida y cansada del teatro de su hermana, propuso a Ona ir a Eiffel de compras. Seguro que los encargos que había hecho la última vez que fueron al pueblo ya estaban allí. Aquello emocionó a Rous, que comenzó a aplaudir como una loca porque la mayoría iban destinados a ella. Una hora después las cuatro mujeres marchaban para Eiffel en la furgoneta azul. Al salir de la tienda de Eiffel escucharon una voz que a Ona le puso la carne de gallina.
— ¡Yayita! ¡Yayita Ona!
Y allí estaba Lexie, su pequeña bisnieta de cinco años.
— Pero cariño mío ¿qué haces aquí? — preguntó la anciana abrazándola.
— Voy al cumple de Sarah — contestó la niña. Después se dedicó a mirar a las dos desconocidas —. ¿Quién son esas mujeres, yayita?
— Unas amigas — respondió Rous.
Lexie pareció que en aquel instante por fin la reconocía.
— ¡Tita Rous, qué guapa estás! —le gritó saltando a sus brazos.
La niña, indiscutiblemente, era de la familia. Tenía el mismo pelo naranja que Paúl y los labios finos de Tom.
— Hola — saludó Valeria —. ¿Quién eres?
— Soy Lexie — dijo con cautela, para luego dirigirse a Ona — y ella es mi yayita.
— ¿Es tu nieta? — preguntó Valeria sorprendida.
— Sí — Ona les guiñó el ojo —. Es hija de Patrick.
Una mujer de mediana edad se unió al grupo.
— Buenas tardes — saludó.
— Hola, Joana — le sonrió Ona —, dice Lexie que vais de cumpleaños.
— Sí - y viendo la cara de desconcierto de la anciana, dijo-. Venga, Lexie, llegaremos tarde.
- ¿Cuándo puedo volver a la granja? - la niña no deseaba marcharse -. Quiero estar con el yayo y con los animales.
— No te preocupes, mi amor — susurró Ona, besándola —. Seguro que tu padre pronto te traerá de vuelta.
— ¡Qué bien! ¡Yupi! — gritó la cría y tras darle un beso a todas, se marchó saltando hacia el cumpleaños de la mano de Johana.
— Qué rica es — sonrió Valeria —. Es una monada de niña.
— ¿Quién es Patrick? — preguntó Fernanda.
— Es un muchacho al que todos queremos mucho en casa — mintió Ona, haciendo sonreír a Rous —. Oh... ahí está Amanda, voy a saludarla — dijo la anciana dando por zanjado el tema.
Cuando regresaron los hombres a la granja, extrañados por no encontrarse a Ona trasteando en la cocina, subieron a ver a Tom. El anciano estaba emocionado escuchando música en el MP3 que Valeria le regalo para su cumpleaños mientras jugaba en el portátil que Fernanda también le regaló.
— ¡Vaya, abuelo, qué moderno! — sonrió Paúl al entrar en la habitación.
— Abuelo — añadió Víctor divertido —, eres un auténtico hombre del siglo XXI.
— La pena es que no tengamos línea ADSL —el comentario los dejó alucinados.
— ¿Pero tú sabes lo que es eso? — sonrió Paúl.
— Por lo que me ha explicado Fernanda, es algo parecido al teléfono, con la diferencia de que tienes ante ti el mundo en imágenes - asintió el anciano —. Me dijo que con esa cosa se pueden ver películas, partidos, e incluso se puede jugar o hablar con otras personas aunque estén en Australia. ¡Qué maravilla!
— Tendré que hablar con ella se mofó Víctor —. Está creando un monstruo.
- ¿Sería muy caro conseguir una de esas líneas ADSL?- preguntó el anciano.
— ¡Por todos los santos, abuelo! — exclamó al escucharlo —. ¿Lo dices en serio?
— Por supuesto — asintió —. Quisiera poder hablar con Valeria y con Fernanda cuando regresen a España. Ellas tienen ese tipo de línea en sus casas.
— Hablando de mujeres — preguntó Paúl. ¿Dónde están?
— Han ido de compras a Eiffel .
En ese momento el ruido extraño de un motor y los ladridos de Stoirm, hicieron que Paúl y Víctor se asomaran a la ventana. Un coche en color rojo se acercaba.
— ¿Quién es? — preguntó Tom con curiosidad.
— No lo sé — Víctor salió de la habitación junto a su primo para recibir a la visita. Una vez en el porche de la granja, observó cómo el vehículo estaba cada vez más cerca. No le sonaba de nada, y cuando paró el motor y de él sé bajo un tipo moreno, vestido con ropas caras un extraño presentimiento lo alertó.
— Hola, buenos días — saludó el hombre en perfecto alemán.
— Buenos días — respondió Víctor sin moverse —. ¿Qué se le ofrece, amigo?
— Busco la granja de los Buttler — dijo nervioso, mirando un papel mientras un perro le gruñía —. Concretamente la de Tom Buttler.
— Stoirm — llamó Víctor —. Ven aquí.
El animal, sin dejar de mirar al extraño, le obedeció.
— ¿Para qué busca a Tom Buttler? — preguntó Paúl con curiosidad.
— Me han informado que tiene alojadas a dos señoritas españolas. Valeria y Fernanda Villalonga — informó el hombre..
— ¿Por qué busca a esas mujeres? — preguntó Víctor
— Es un tema personal —el hombre parecía incomodo —. Pero digamos que a quien busco es a mi novia Fernanda. Tenemos pendientes unos asuntos que no se pueden demorar.
Al escuchar aquello el moreno se quedó sin habla. ¿Su novio? Creía recordar que ella le había dicho que estaba soltera y sin compromiso. Iba a contestar cuando la puerta de la granja se abrió y Tom salió.
— Buenos días, caballero — saludó con su fuerte voz—. He oído que está buscando a mi buen amigo Tom Buttler. ¿Es así?
Paúl y Víctor se miraron para dirigir después sus ojos sobre su abuelo.
— Así es, señor.
— ¿Con quién tengo el placer de hablar?
— Disculpe —y quitándose el impoluto guante de cuero dijo—. Mi nombre es Gregorio Montesinos De Castro, aunque puede llamarme Goyo.
- Goyo- repitió Tom percatándose de que aquel era el patán que había jugado con los sentimientos de Fernanda, mientras Víctor y Paúl, callados, lo observaban.
— Sí señor. Goyo.
— Abuelo, deberías volver a la cama — señaló Víctor —. Hace frío. Yo me encargaré de esto.
— no te preocupes - sonrió sin apartar su mirada del extraño, y dándole un par de palmaditas en la espalda dijo -. Creo que te has equivocado de camino.
Al escuchar aquello, Víctor y Paúl se miraron. ¿Qué hacía su abuelo?
— ¿En serio? — protestó cogiendo un mapa —. Me dijeron que la granja de Tom Buttler estaba por aquí.
— Pues quién te informó te informó mal. Yo soy Tom Bucker. Creo que de ahí viene el error. Mi amigo Tom Butler, se mudó hace menos de un mes, y ahora que lo pienso, dos muchachas muy bonitas se marcharon con él.
- ¡Maldita sea! - gruñó Goyo -. ¿Sabría decirme cómo encontrar esa granja?
— Por supuesto — asintió Tom y volvió el mapa —. La granja de mi amigo Tom Buttler está aquí — dijo señalando en el mapa.
— ¿En Westfalia? — gritó Goyo —. Pero si eso está...
— Cuánto lo siento muchacho — interrumpió Tom, dándole nuevos golpecitos en la espalda —. Pero creo que quien te ha informado te ha tomado el pelo.
La cara de desconcierto de Goyo poco se diferenciaba de la de incredulidad que mostraban las de Víctor y Paúl, que sin despegar la boca observaban y escuchaban el desparpajo de Tom mientras mentía como un bellaco.
— Por cierto, muchacho — añadió Tom —. ¿Quieres pasar a tomar algo? Hoy hace frío. Tenemos whisky y café.
— No, gracias — respondió aquél —. Tengo prisa. «Antes muerto que quedarme en esta pocilga», había pensado Goyo.
- Creo que deberías parar en algún pueblo a dormir, y mañana continuar hacia Renania del norte — advirtió Tom andando hacia sus nietos —. Esta noche parece que habrá ventisca.
El hombre asintió de mala gana, y tras montarse en el coche, se despidió y desapareció en pocos segundos por el mismo sitio por el que había venido. Incrédulos por el montón de mentiras que había soltado su abuelo, los dos le siguieron hasta la cocina, donde Tom sirvió tres cafés mientras se sentaban .
- ¿Por qué has mandado a ese al otro lado de Renania para que te busque.?..
— Para que un idiota como tú tenga tiempo para conseguir lo que un idiota como ése perdió — lo dijo con tanta serenidad y firmeza que no admitía réplica —. A ver si espabilamos, ¿O acaso vais a permitir que dos preciosas mujeres como Fernanda y Valeria se os escapen?
Sin decir nada más, el anciano se marchó a su habitación, donde se volvió a colocar los cascos y pulsó el botón del play mientras empezaba a silbar.
Aquella noche, cuando Ona y las muchachas llegaron a la granja, Víctor y Paúl estaban sentados en los escalones de entrada. Fernanda, al ver a Víctor, maldijo en silencio. No quería hablar con él, necesitaba aclarar sus sentimientos y sabía que con él delante era imposible. Por lo que pasando por su lado lo más rápido que pudo se escabulló hasta su habitación, donde se desvistió y se puso el pijama e inmediatamente se metió en la cama y se durmió. Los dos hombres ayudaron a meter las cajas en el interior de la cocina de Ona, después Víctor, malhumorado, cogió su moto y se marchó. Por su parte, Paúl agarró a Valeria por la mano y tras besarla con dulzura, la sorprendió invitándola a tomar algo en Coblenza y ella accedió. A la mañana siguiente, en una pequeña casita en Coblenza , Valeria, desnuda en la cama, se estiraba satisfecha de la maravillosa noche de sexo que había compartido con Paúl. No sabía la hora que era, ni le importaba. Sólo sabía que estaba cansada y feliz, por lo que, dándose media vuelta, volvió a poner la cabeza encima de la almohada, cuando de pronto tuvo que abrir los ojos porque algo le llamó la atención. Incrédula vio que delante de ella había una niña. La cría, al ver que la miraba, sonrió, dejando al descubierto su boca mellada, mientras continuaba sentada en la silla con los pies colgando.
— Hola — saludó la niña —. Soy Lexie.
La castaña la miró contrariada.
— Hola, Lexie — respondió retirándose el pelo enmarañado de la cara. «¿Lexie?, ¿la niña que la tarde anterior habían encontrado en Eiffel?», pensó aclarando su vista.
— ¿Por qué estás durmiendo con mi papi?
Su mente tardó unos minutos en asimilar aquello, pero al final lo hizo.
— ¿Papi? ¿Estoy durmiendo con su papi? — gritó la castaña a punto del colapso, y volviéndose hacia Paúl, que continuaba inconsciente, comenzó a darle manotazos hasta que se despertó sorprendido.
— Valeria susurró aún entre sueños —. ¿Qué te ocurre?
— Hola, papi - saludó la niña, dejándolo boquiabierto —. ¿Ella va a ser mi mami?
— Papi — susurró Valeria —. Esta niña te está llamando papi.
— Sí — él se incorporó. Se acababa de despertar completamente —. Ella es Lexie, mi hija - después se volvió hacia la niña —. Tesoro, ¿sabe Johanna que estás aquí?
— Sí, papi. Como vimos tu coche me dejó venir a despertarte. Con la boca abierta Valeria lo miró. No sabía ni qué decir, ni qué hacer. Tampoco podía levantarse, estaba desnuda, y no quería escandalizar a la niña.
— Lexie, cariño — dijo Paúl al sentir la incomodidad de Valeria. ¿Podrías esperar en tu habitación hasta que nos levantemos? Prometo que tardaré cinco minutos.
— Pero papi — señaló la niña —. Es que yo sola me aburro.
— ¡Lexie Ann! — endureció la voz al ¿Quieres salir de la habitación?
Tras suspirar con gracia la niña se levantó de la silla de un salto, pero antes de salir volvió a fijarse en la Villalonga menor.
— Eres muy guapa.
— Gracias, Lexie. Tú eres preciosa — Valeria le dedicó una enorme sonrisa.
Después la niña desapareció, momento en que Valeria saltó de la cama y, cogiendo sus cosas a la velocidad del rayo, comenzó a vestirse.
— Valeria, mírame — pidió este saliendo también de la cama.
— No. No voy a mirarte porque como te mire te juro que te parto la cara.
— Escúchame, por favor — dijo cogiéndola por los brazos —. ¿Recuerdas que anoche quería decirte algo? Pero con nuestras prisas por llegar a la cama no me dejaste hablar.
— OH... no me vengas con esas ahora — dijo malhumorada —. Te conozco desde hace semanas, y nunca — gritó Valeria — y ni una sola vez te he oído mencionar el nombre de Lexie, ni a ti ni a nadie de tu familia. Incluso ayer nos encontramos con ella, y Ona y Rous disimularon. Sois unos mentirosos.
— Por favor, dame un segundo — se disculpó e intentó abrazarla, pero ella lo apartó de un manotazo.
— No. No te voy a dar ni un segundo — contestó colérica —. Creo que ya has tenido muchos segundos para contarme este pequeñísimo detalle ¡mentiroso!
— Tienes razón, te debo una explicación, pero escúchame. Si no te hablé antes de Lexie era porque nunca pensé enamorarme de ti como para contarte mi vida.
— ¡No quiero escucharte ahora! — gritó Valeria
— Dona, la madre de Lexie, fue el mayor error de mi vida. Pero mi hija siempre ha sido una bendición — comenzó a contar Paúl —. Dona era una chica inglesa que conocí hace seis años en el festival de Edimburgo. Era alocada, pero eso me divertía de ella. Pocos meses después se trasladó a Coblenza a vivir conmigo y a pesar de los rumores de que tonteaba con otros hombres yo estaba tan cegado por ella que me casé cuando se quedó embarazada. Al nacer Lexie, pensé que Dona cambiaría, pero todo fue a peor. No quería saber nada de la niña y su alocada vida comenzó a ser mi peor pesadilla. Tuvo un lío con mi primo James y la noche en que los descubrimos Víctor y yo... ella cogió el coche de para intentar huir y se estrelló contra un árbol al salirse del camino. Murió en el accidente.
— No quiero escuchar nada — siseó Valeria.
— A partir de ese momento no he vuelto a mencionar su nombre hasta hoy, y mi familia pasó a llamarla «la difunta». Eso es todo.
La castaña no quería escucharle, no. Ya había cedido cientos de veces con Chema y siempre era ella quien acababa sufriendo.
— ¿Por qué me cuentas ahora esto? — le gritó.
— Porque te quiero — soltó.
Eso la confundió aún más.
— ¿Cómo has podido ocultarme que tenías una hija? ¿Qué más me ocultas?
— Nada más — se sentó en la cama derrotado.
— No te creo — Valeria nunca había soportado la mentira, y muchas veces se había tenido que enfrentar a ella —. Ya no te creo.
Paúl la entendía. Desde un principio tenía que haber sido sincero respecto a Lexie pero nunca pensó en implicarse tanto con aquella española. Ahora era tarde, se había enamorado de ella.
— ¿Cómo puedo llegar hasta la granja? — preguntó Valeria con rabia
— Si esperas diez minutos yo mismo te acercaré.
— ¡No! — gritó abriendo la puerta del dormitorio —. Prefiero ir sola.
Terriblemente enfadada salió de la habitación. Pero cuando la abrió notó que alguien tiraba de su bandolera. Al volverse se quedó parada. Era Lexie.
— ¿Por qué te vas? — preguntó la niña.
— Tengo prisa.
— Te has enfadado con mi papá por mi culpa ¿verdad? — susurró la niña con un puchero que hizo que Valeria se sintiera fatal.
— Oh, no cariño — dijo cerrando la puerta, y agachándose prosiguió —. Tú no tienes culpa de nada. Es sólo que tu papá y yo somos adultos y los adultos muchas veces se enfadan.
— Entonces ¿por qué te vas? — murmuró la niña —. ¿No quieres ser mi mamá?
— Cariño, yo... — susurró Valeria.
— Lexie — suspiró Paúl, que salió vestido de la habitación —. Ella se va porque papá no se ha portado bien . Hice algo que no tenía que haber hecho, y de lo cual estoy seguro que me arrepentiré el resto de mi vida.
— Pues pídele perdón — señaló la pequeña mirándolo —. Tú siempre me dices que cuando uno hace algo malo, lo primero que tiene que hacer es pedir perdón.
— Lexie, ven aquí cariño — susurró Paúl incapaz de mirar a Valeria.
— Valeria — dijo Lexie mirándola a los ojos —. ¿Por qué no perdonas a mi papi? Es el mejor papi del mundo, es muy divertido. Además sabe jugar a las Barbies ¿y sabes lo mejor? Hace unos desayunos muy ricos.
— Lexie, cariño, ven aquí y calla — sonrió con dulzura el pelirrojo. Conocía las carencias de su hija y una de ellas era encontrar una madre.
— Pero papi — protestó la niña —. Siempre has dicho que cuando trajeras a casa una chica, sería porque ella era especial.
La dulzura y el abatimiento en la cara de paúl al llamar a su hija fue lo que hizo que a la castaña le comenzara a latir el corazón con más fuerza. Aquel tipo a de pelo rojizo y más mentiroso que pinocho le había robado el corazón, y ya nada volvería a ser como antes. Allí delante tenía a dos personas que la necesitaban . Era inútil marcharse. No quería irse. Así que se levantó, y mientras agarraba la manita de la niña, dijo mirando al pelirrojo con una diminuta sonrisa.
- ¿Es cierto que haces unos desayunos muy ricos y sabes jugar a las barbies?
Al escuchar aquello paúl, no supo si reír o llorar. Sólo pudo mirar a aquella mujer que desde que había aparecido en su vida le había alegrado el corazón.
— Lexie — dijo Paúl con el corazón a punto de estallar —. Ve a la mesa de la cocina y pon un cubierto más. Ella se queda a desayunar.
— ¡Bien! — gritó la cría emocionada, que corrió hacia la cocina.
Paúl se acercó lentamente a ella, y la tomó de la mano.
— Tengo algo más que decirte — dijo pegando su frente a la de ella—. Te quiero
Emocionada y a punto de llorar, lo besó con amor. Paúl era el hombre que siempre había buscado y ella sabía perdonar.
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janessi1
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MensajeTema: Capitulo 15 : SECRETOS AL DESCUBIERTO   Vie Dic 11, 2015 11:05 am

Aquella mañana, sin que nadie pusiera a Fernanda al corriente de la visita de Goyo, se levantó con la cabeza como un bombo. Y con cuidado se incorporó y miró hacia la cama donde dormía su hermana, la encontró vacía y por lo estirada que estaba, o bien Valeria ya se había levantado, o había pasado la noche fuera. La última opción le pareció más creíble. Con cuidado se acercó hasta la ventana, y tras abrir la persiana dejó entrar el sol de noviembre. Al mirar a su alrededor vio que la moto de Víctor no estaba allí. ¿Se habría marchado de nuevo?
Más despejada, decidió bajar a la cocina. Tenía que enfrentarse a Víctor tarde o temprano. Pero se sorprendió y en cierto modo se molestó cuando comprobó que no estaba. Allí Ona trajinaba como todos los días y al verla le sonrió.
— Buenos días, ¿Te encuentras mejor?
— Sí, pero estoy avergonzada, Ona. Debí haber hablado con Víctor ¿verdad?
— Oh, cariño — sonrió la anciana —. Cuando uno es joven, por amor se hacen muchas tonterías.
— ¿Por amor? — se sorprendió al escucharla —. No creo que sea eso.
— Ven aquí, tesoro — le indicó la mujer, sentándose junto a ella en una vieja butaca —. Desde el primer momento que Víctor me explicó por qué traía a unas chicas a casa, supe que ahí había alguien especial. Entre tú y yo — dijo haciéndola sonreír —. Ese nieto mío es tan galante, cabezón y buen mozo como mi Tom. Vuestras miradas y discusiones me recuerdan a mi juventud. ¡Por todos los santos, Fernanda! Soy vieja pero no tonta.
Y la anciana le empezó a explicar su historia de amor con Tom. Ona para finalizar su relato le dio un consejo.- Ahora, cariño, os toca a Víctor y a ti. Tenéis que tejer una historia para que el día de mañana se la contéis a vuestros nietos.
- lo dudo - suspiró Fernanda al escucharla —. No creo que entre el y yo haya algo más que una amistad, además, siento decirte que no me gustan los niños.
— Te gustarán — asintió ona con una picara sonrisa.
Las horas pasaron y Fernanda almorzó ese mediodía con Rous, Ona y Tom, y después salió al exterior de la casa a fumar un cigarrillo. Tom, antes de marcharse a dormir la siesta, se había empeñado en que se pusiera un chaquetón suyo, le quedaba enorme, pero con una sonrisa la rubia lo aceptó. Como hacía un precioso día decidió dar un paseo por los alrededores. Subió una pequeña colina y ante ella apareció un valle de ensueño. Aquello nada tenía que ver con el bullicio de Madrid; coches, gente, atascos. Allí todo era diferente.
Abrigada con el chaquetón de Tom, se agachó sin hacer ruido para mirar con curiosidad a un par de ardillas rojas.
«Qué bonitas, son igualitas a Chip y Chop las ardillas rescatadoras», pensó.
- Hola - saludó Víctor que apareció de pronto -. Ona me dijo que estabas aquí.
— Psssss — le indicó que callara — Asustarás a Chip y Chop.
Víctor llegó hasta ella. Le gustaba sentirla cerca, por lo que se agachó sin hacer ruido y se dedicó a mirar también cómo trabajaban las ardillas.
— Nunca había visto ardillas de verdad, excepto cuando era pequeña en el Zoo de Madrid — explicó Fernanda emocionada —. Lo más increíble de todo es que se mueven exactamente igual que Chip y Chop.
— Querrás decir que Chip y Chop se mueven como las ardillas de verdad.
— Bueno, sí — asintió sonriendo —. Tienes razón. ¿Sabes? Mi hermana y yo teníamos un juego para la Nintendo, de Chip y Chop. Era divertidísimo. Lo compré una Navidad y nos pasábamos las horas muertas jugando Roberto, mi hermana y yo.
— Me encantaría conocer a vuestro mejor amigo — habían comenzado a andar por un camino rodeado de altos robles — al igual que me encantaría conocer más cosas de ti. Lo sabes ¿verdad?
— Buff — suspiró Fernanda —. Soy muy aburrida, te lo aseguro.
— Déjame decirte que lo dudo — le respondió con una sonrisa.
Caminaron en silencio durante un tramo. La publicista estaba tan nerviosa que apenas podía hablar, mientras Víctor sonreía al ver cómo ella se sorprendía a cada paso, como si fuera la primera vez que se adentraba en la naturaleza
— Ven — dijo tomándole la mano —. Quiero enseñarte algo.
— ¿Dónde vamos? — pero él ya la había llevado hasta donde estaba aparcada la moto —. Yo en ese trasto no me subo. Me dan pánico.
— Vamos a ver, — sonrió ladeando la cabeza —. ¿Te fías de mí?
— Mmmm — susurró divertida —. ¿Crees que debo fiarme de ti?
— Creo que sí — y le puso el casco sin que ella protestara.
— Tú ¿no te pones casco?
— Sólo tengo uno — dijo abrochándose la cazadora —. Y no voy a discutir. El único que tengo es para ti.
— Discutir tú y yo ¿cuándo? — bromeó ella.
Aquellas palabras le llenaron de felicidad y subiéndose a la moto la hizo encaramarse tras él. Con cuidado arrancó la motocicleta sintiendo cómo ella se agarraba con fuerza a su cintura. Sentirla tan cerca era todo lo que quería y necesitaba. Circularon por unas intransitadas carreteras hasta llegar a un sitio en el que Víctor se detuvo.
— Te voy a enseñar algo que sólo se ve en esta época del año.
— ¿El qué?
— Ahora lo veras.
Subieron una pequeña colina , hasta que ella le dio un tirón.
— ¿Qué es eso? — preguntó al ver enormes ciervos con grandes cornamentas.
— Dijiste que te fiabas de mí. Sígueme.
Temblando de miedo, lo siguió hasta una gran roca. Una vez allí Víctor la alzó para que subiera y él lo hizo detrás hasta quedar casi ocultos entre las plantas.
— ¿Ves los ciervos? — Fernanda asintió —. Se pelean enredando sus cornamentas por conseguir el amor de alguna fémina de su especie.
— Pero bueno — protestó —. ¿Por qué piensas eso?
— Porque es la época de apareamiento — respondió deseando besarla -. Escucha.
En silencio escucharon el sonido de los golpes secos y devastadores de las cornamentas al chocar, mientras extraños bramidos procedentes de otro ciervo llenaban el aire.
— Ohhhh..., pobrecillo — susurró apenada —. Es igualito que Bambi cuando se hace adulto. Míralo, está angustiado, seguro que se ha perdido.
— ¿Bambi? ¿Chip y Chop? Mucho Disney has visto tú — se carcajeó al escucharla, haciéndola sonreír —. Discúlpame, Princesita pero no lo he podido evitar. El ruido que hace tu supuesto Bambi, se llama «berrea». Es la época de celo de los ciervos, y aunque no lo creas es su manera de decir. ¡ yo soy el más guapo y fuerte!
— Woooo — exclamó arrugando la nariz al ver cómo aquellos se peleaban -. Ay... ay... ay... ¡Que se rompen el cuerno!
- Tranquila. Es lo normal Sólo uno de los dos será el ganador.
— No quiero mirar — Fernanda cerró los ojos —. Me están poniendo enferma. Ay... ay... ¡Ay... que se sacan un ojo!
— Anda, vamos — se mofó Víctor que de un salto bajó de la piedra —. Te enseñaré cosas que ni en Madrid ni en tu mundo Disney podrás ver.
Encantados pasearon cogidos de la mano, aunque a pesar de la aparente tranquilidad la publicista, estaba nerviosa. Verse en medio del bosque cerca de cientos de bichos y animales desconocidos, y de la mano de víctor, no era lo más tranquilizador, aunque le gustara. Contándole curiosidades del lugar, Víctor Karl la llevó hasta lo alto de una colina donde ella pudo observar pájaros de diversos colores, formas y tamaños. Incluso incrédula pudo admirar el vuelo de un par de águilas reales.
— ¡Dios, qué bonitas! — susurró Fernanda mirando sus siluetas en el cielo.
Las aves bailaban una danza elíptica que la tenía embelesada. Pero el no las miraba. Sólo la miraba a ella.
— Me estoy enamorando de ti — susurró Víctor —. Antes de que digas nada, sé que esto no entraba en tus planes, pero quiero que sepas que tampoco entraba en los míos. Quería que lo supieras — continuó él — porque siento una inagotable necesidad de estar contigo a todas horas. Cada vez que te veo quiero besarte
Como vio que la rubia no hablaba, sólo lo miraba, continuó hablando.
— Me encantaría conocerte, saber de ti y de tu vida, y que olvidaras las tonterías que te dije la noche de mi marcha, porque para mí no eres diversión y sexo, para mí eres algo más — susurró navegando en su mirada —. Cada vez que pienso que dejaré de verte cuando regreses a España no lo puedo soportar, y por eso, me gustaría que me dieras la oportunidad de enamorarte y de contarte quién soy, y pedirte perdón por...
Ya no pudo continuar, Fernanda, incrédula de que algo tan de película de Hollywood le estuviera pasando a ella, dando un paso hacia él, lo besó.
El impacto que sintió al recibir aquel beso le dejó conmocionado durante unos segundos. Fernanda , la mujer que más deseaba en el mundo, lo estaba besando. Pero de pronto, por el rabillo del ojo, sintió que algo se movía a su derecha y tras dar un chillido la rubia gritó. — Ah... ¡Vacas peludas!
Y sin darle tiempo a reaccionar se lanzó como una loca cuesta abajo, y al perder el equilibrio comenzó a rodar como una albóndiga. Víctor , impotente sin poder hacer nada, veía cómo rodaba y rodaba a una velocidad imposible de controlar golpeándose contra todo lo que encontraba a su paso, hasta que llegó abajo. Asustado por lo que le hubiera podido ocurrir se agachó junto a ella encontrándola mareada y magullada.
- ¡Por todos los santos! - gritó al ver la sangre que le corría por la frente -. ¿Cómo se te ocurre hacer algo así?
— ¡Corre! — gritó ella — ¡corre, que vienen las vacas! — intentó levantarse, pero el la sujetó.
— No te muevas — masculló con gesto serió.
— ¡Maldito conde, Maldito contrato y maldito castillo !— gimió horrorizada al verse la sangre —. Es la primera vez en mi vida que para conseguir un contrato tenga que costarme sangre, sudor y lágrimas.
Cuando llegaron donde estaba aparcada la moto, la sentó con cuidado.
— Tranquila — susurró al ver sus manos temblar —. No será nada. Ya lo verás.
— ¡Voy a quedar desfigurada! — gritó al verse en el espejo retrovisor.
— No va a ser para tanto — sonrió Víctor y levantándole la barbilla, le dio un breve beso en los labios que la calló —. Eres la mujer más guapa que he conocido en mi vida, y un par de puntos en la frente no lo van a estropear.
— ¿Tu crees? — preguntó haciendo un mohín que le enterneció.
— Estoy seguro — sonrió volviéndola a besar —. Ahora te voy a sentar delante de mí en la moto, y antes de que te des cuenta estaremos en el médico ¿vale?
— Vale — asintió, pero antes de arrancar volvió a preguntar —. Víctor ¿Qué horóscopo eres?
— ¿Para qué quieres saber eso ahora?
— ¡Dímelo! — chilló sorprendiéndole.
— Cáncer — respondió arrancando la moto.
— ¡Ay, Dios mío! No puede ser — susurró Fernanda al pensar en lo que la señora María le contó. Cuando entraron en la consulta del médico, las dos enfermeras avisaron rápidamente a james, quién al verles tomó a Fernanda por el brazo.
— Espera aquí.
— Voy a entrar con ella — Víctor no iba a dejarla sola con él.
- Si quieres que la atienda, debes esperar aquí - contestó James -. Este es mi terreno Víctor, aquí mando yo.
— ¿Vosotros dos sois idiotas o qué? — protestó la rubia —. Haced el favor de dejar la berrear como los parientes de Bambi y atenderme. La que está sangrando soy yo. Tras mirarse desconcertados por la parrafada que acababa de soltar, Víctor, a regañadientes, la soltó.
Quince minutos después llegaban Paúl, Valeria y Lexie.
— ¿Qué ha pasado? — preguntó Valeria desencajada al entrar en la clínica.
— Tranquila — murmuró Víctor —. Ella está bien. Pero creo que tendrán que darle un par de puntos en la frente.
— ¿Puntos en la cara? — se alarmó al escucharle —. No quiero ni imaginarme lo que debe estar pensando.
— Ve dentro — animó Víctor —. El idiota de James no me ha dejado entrar. A ti seguro que no te lo prohíbe.
Víctor acertó. James, sin oponer resistencia, la dejó pasar. Paúl al ver lo nervioso que estaba Víctor, lo sacó fuera de la consulta. Lexie al verles salir salió del coche y se tiró a los brazos de víctor.
— Hola, tío — saludó Lexie—. ¿Has visto a la novia de papi? ¿A que es guapa? Se llama Valeria. ¿Y a que no sabes qué? susurró bajando la voz.
— No, cariño dime sonrió dándole un beso.
— Esta noche ha dormido con papi y estaban desnudos en la cama.
— ¡Lexie! —regañó Paúl al escucharla.
— ¿Qué me dices? —se rió Víctor y mirando a Paúl preguntó —. ¿Novia de papi?
— Lexie, cariño- dijo Paúl —. Espéranos en el coche, tengo que hablar con el tío.
Una vez que se quedaron solos, Víctor pregunto
— ¿Qué ha querido decir Lexie sobre Valeria?
— Lo que has oído.
— ¿Pero estás loco? — dijo señalando a la niña que esperaba en el coche—. ¿Qué vas a decirle a Lexie cuando ella decida volver a su país?
— No lo sé — respondió cabizbajo —. He seguido el consejo de Tom y sólo espero que decida quedarse aquí.
— ¡No me jodas, Paúl! ¿Valeria sabe la verdad? — se angustió Víctor, pensando que en ese momento estaba a solas con su hermana.
— No, tranquilo — negó preocupado —. Después de ver su reacción al conocer la existencia de Lexie he preferido contarle ese pequeño matiz en otro momento. ¿Y tú?, ¿qué me dices de ti? ¿Has pensado en lo que Tom nos dijo ayer?
— Claro que lo he pensado — asintió preocupado.- estaba a punto de contarle la verdad cuando esa loca se ha tirado colina abajo.
— ¿Cómo crees que reaccionará esa cuando se entere de quién eres realmente?
— No lo sé — respondió confundido —. Temo lo que pueda hacer.
— El juego se nos ha ido de las manos — señaló Paúl. Debemos asumir que hemos pasado de ser los cazadores a ser los cazadores cazados.
Ensimismados en su conversación no se percataron de que Valeria algo mareada por la visión de la sangre, era sacada por una de las enfermeras y por james.
— Estoy bien, de verdad — se disculpó ella.
— Enseguida vuelvo — dijo el médico que caminó hacia Paúl y Víctor.
La castaña se quedó a solas con la enfermera.
— ¿Le traigo un vasito de agua? — preguntó la asistenta
— No...— sonrió — no hace falta.
— ¿Ha venido sola?
— No. Estoy con ellos — dijo señalando a Paúl y a Víctor, que en ese momento hablaban con James.
— ¿Quiere que avise a los Von?, así no estará sola mientras sale su hermana.
— ¿Eltz? — preguntó extrañada Valeria al escuchar aquel apellido.
— Sí, ellos. Los eltz — volvió a repetir la enfermera sin entenderla.
— ¿Ellos se apellidan eltz?
— Señorita — sonrió la enfermera — El hombre que trajo a su hermana es el conde Víctor Karl Von eltz , el pelirrojo es el señor Paúl Patrick Von eltz, y nuestro médico es James Anthony Wells Von eltz.
Valeria, al escuchar aquello, se quedó sin palabras mientras sentía cómo la sangre le bullía revolucionada. Apenas sí podía respirar. Aquellos tres sinvergüenzas les habían mentido desde el principio .
— Señorita — dijo la enfermera —. ¿Está bien?
— Sí — asintió, consciente de la gravedad de lo que acababa de conocer -. Ahora sí que le agradecería el vaso de agua.
— Espere aquí — sonrió la mujer —. Ahora mismo se lo traigo.
Sin quitarles los ojos de encima, vio cómo aquellos tres farsantes hablaban mientras compartían confidencias. ¿Qué hacer? Aquella noticia iba a ser un jarro de agua fría para su hermana.
— Tome, bébala despacio. Estaré en recepción por si quiere algo.
— ¿Estás mejor? — preguntó James entrando de nuevo en la consulta.
— Sí — asintió a punto de tirarle el vaso a la cabeza.
Al quedarse sola, notó cómo el abrigo de Fernanda comenzaba a vibrar ¡El móvil! Con premura lo sacó, y cuando vio el nombre de «Goyo» en la pantalla suspiró. Pero en un arranque de mala leche, decidió atender la llamada.
— Sí, dígame.
— ¿Peluche? — preguntó Goyo.
— No, chato — respondió Valeria malhumorada —. Soy tu víbora preferida.
— Valeria siseó con amargura —. ¿Qué haces con el móvil de Fernanda?
— ¿Qué haces tú llamando al móvil de mi hermana, gilipollas?
— Oye. No tengo por qué hablar contigo. Pásame con ella.
— Quieres hacer el favor de dejarla en paz. Ella no te necesita — y en un ataque de maldad dijo -. Además, Fer ha conocido a alguien que le conviene mucho más que tú, por lo tanto ¡olvídate de ella, porque ella ya se ha olvidado de ti!
— No puede ser — gritó Goyo enfurecido.
— Lo que has oído. Ahora, si eres tan amable de dejar de llamar, todos te lo agradeceríamos.
— Dile que me llame — bufó enfadado — y dile que estoy en Trev...
Hastiada cortó la comunicación. Odiaba a aquel hombre más de lo que él nunca podría imaginar. Se bebió el vaso de agua, y cuando lo dejó encima de una mesita, vio que Paúl y Víctor se acercaban.
— ¿Qué ocurre? — preguntó Víctor. Seguía nervioso — . ¿Fernanda está bien?
— Dímelo tú, señor conde Víctor Karl Von eltz — respondió ella dejándolos con la boca abierta —. O tú, señor Paúl Patrick Von eltz.
El mosqueo y la desconfianza que había en los ojos y en la cara de Valeria era difícil de explicar. Y tras mirarse desconcertados, no supieron qué decir.
— Así que otra mentira — gritó mirando a Paúl —. ¿O quizás me vas a decir que no ha habido momento para decirme que este idiota es el conde, y que tanto tú cómo James sois los tres unos Von eltz?
— Yo... — susurró Paúl mesándose el pelo — Mira, cielo, te juro que...
— ¡No me jures! — siseó Valeria encarándose — o te juro que te mato.
Al escuchar aquello Paúl y Víctor se miraron. La situación se pondría mucho peor cuando la otra fiera se enterara.
-Todo es culpa mía - dijo Víctor sentándose junto a ella -. Le hice prometer a Paúl y a todo el mundo que no dirían nada hasta que yo se lo contara a Fernanda.
— ¿Y cómo crees que se sentirá cuando lo sepa? ¿Acaso crees que lo asumirá con facilidad? ! — gritó levantándose
— Escucha — intervino Víctor intentando apaciguarla —. Sé que no hice bien metiéndoos en un juego de este tipo, pero ahora ya no podemos hacer nada. Sólo te pido un favor. Déjame que sea yo quién se lo explique. ¡Por favor! Ella me importa mucho.
— ¡Y un cuerno! — gritó Valeria.
— Por favor, no grites. Si tu hermana te escucha se pondrá más nerviosa - indicó paúl tomándola por la cintura.
— ¡Tú cállate! Y aléjate de mi-
— Aunque no lo creas, hablábamos de esto ahora mismo — indicó Víctor.
— Y voy yo, y me lo creo.
— ¡Te lo juro cielo! — se inquietó Paúl —. Hablábamos de contaros la verdad, pero de pronto tú nos has descubierto y...
— OH, Dios... dame paciencia, porque si no me la das te juro que hoy me convierto en una asesina en serie — bufó ella.
— Valeria, por favor — insistió víctor —. Deja que...
— No escúchame tu en cuanto mi hermana salga por esa puerta ¡se acabó! - dijo señalándole con el dedo —. No pienso consentir que otro idiota como su ex la engañe. Ni por supuesto que siga sufriendo el horror de seguir aquí con vosotros, cuando sé que desea regresar a España -
Valeria, temblando de rabia, se alejó de Paúl. No quería ni mirarlo ni hablar con él. La había vuelto a engañar. En ese momento se abrió la puerta y la rubia, con un gran apósito en la frente, apareció junto a James.
— ¿Todo bien? — preguntó Valeria.
— Perfecto — respondió james dándole un papel a Fernanda -. Los puntos en siete días vienes a que te los quite. ¿Vale? Recuerda que mañana tendrás el cuerpo dolorido, por lo que nada de trabajos en el campo - dijo mirando a Víctor.
— No te preocupes — respondió éste con seriedad —. Eso acabó.
— Por supuesto que acabó — ratificó la Villalonga menor.
— Muy bien — se despidió James. Tengo más pacientes. Qué tengáis un buen día, y ya sabes Fernanda, para cualquier cosa, llámame.
— De acuerdo. Gracias.
Cuando los cuatro quedaron solos, Paúl, martirizado por la actitud de Valeria, se volvió a acercar a ella. Necesitaba que le escuchara, pero ésta le dio la espalda.
— ¿Qué te pasa? — preguntó Fernanda mirándola —. A ti te pasa algo.
Sin poder aguantar un segundo más Paúl la agarró de la mano y se la llevó al exterior de la clínica, dejando a la rubia sorprendida.
— ¡Suéltame, bestia! — gritó Valeria.
— No — siseó enfadado —. No voy a soltarte hasta que me escuches.
— No voy a escucharte No quiero escucharte.
Fernanda , apartada de ellos les observaba, mientras Víctor la observaba a ella. ¿Cómo explicarle a la mujer que amaba que todo excepto su amor era falso?
— Oye ¿qué les pasa a éstos? — señaló Fernanda al ver a su hermana y Paúl.
— Creo que están discutiendo — respondió Víctor cada vez más confundido.
— ¿No me digas? — se mofó mirándolo —. No me había dado cuenta.
Separándose de el, se encaminó hacia Paúl y Valeria quienes tan pronto discutían, como se besaban, como volvían a discutir.
— Vamos a ver chicos ¿Cuál es el problema? — murmuró Fernanda
Valeria, malhumorada, se calló, llegado el momento no supo cómo contarle aquella mentira, y menos teniendo aquella expresión tan dulce de su cara.
— Sea lo que sea — sonrió Fernanda —, seguro que se puede arreglar.
— No — respondió Valeria —. No se puede arreglar. Te aseguro que no.
— ¡Joder! — masculló Paúl al intuir lo que iba a hacer.
Al escuchar aquello Víctor cerró los ojos. El dulce momento vivido con Fernanda iba a desvanecerse en cuestión de segundos. Pero en ese momento James salió por la puerta con su maletín en la mano, y al ver a Víctor y Paúl se acercó a ellos.
— Acabo de recibir una llamada de Doug — les comunicó James apenado
Aquello sólo podía significar una cosa. Tom había muerto.
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