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 Te lo dije una serie para que protagonizaran asier etxeandia y Ángela cremonte

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janessi1
BlackTeenage


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MensajeTema: Te lo dije una serie para que protagonizaran asier etxeandia y Ángela cremonte   Lun Sep 21, 2015 8:04 am

Recuerdo del primer mensaje :

Prólogo
Fernanda villalonga zubizarreta trabaja como publicista en una prestigiosa agencia, tiene un novio, un piso en la mejor zona de Madrid y ropa de marca. Pero cuando creia tenerlo todo 24 horas antes de casarse descubre que su mundo no es perfecto ya que su novio la pone los cuernos con su mejor amiga. Para su desgracia solo es una treinteañera cornuda, prepotente y gruñona aunque con mucha clade y para colmoMeses después y con un fracaso amoroso a cuestas debera conseguir un contrato para grabar en el castillo eltz. Víctor karl (asier etxeandia) al conocerla decide trazar un plan para bajarla los humos
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janessi1
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MensajeTema: CAPITULO 16 : AMOR   Jue Dic 31, 2015 10:15 am



La tristeza inundó sus corazones. La muerte de Tom les cogió a todos tan desprevenidos que no era fácil asimilarlo. Había pasado del sueño mortal al sueño eterno sin darse cuenta, y eso fue lo único que les reconfortó. Las horas pasaban lentamente y el agotamiento comenzó a hacer mella en todos. Una de las veces que Fernanda salió a fumar un cigarrillo al exterior, se encontró con Ona que rápidamente empezó a hablar con la publicista
— Sabes Fernanda — dijo con voz suave —. El día que Tom y yo llegamos a esta casa tenia pánico a nuestra noche de bodas. Había oído hablar tanto a mi madre y a sus amigas de lo que ocurría… Pero Tom fue , tan cariñoso y tan comprensivo conmigo, que aquella primera noche no ocurrió nada entre nosotros. A la mañana siguiente, cuando se levantó para ir a dar de comer al ganado, me dejó una flor en la mesilla con una nota que ponía: «Si sonríes, soy feliz».
— Qué bonito, Ona — susurró mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.
— Sí, cariño — asintió la anciana volviéndose hacía Fernanda. Mi familia por aquel entonces era una familia pudiente, a diferencia de la de Tom, quién siempre fue considerado un muchacho trabajador pero humilde. Alguien que no me convenía. Pero cuando todos se enteraron de nuestro amor, me dieron a elegir entre mi familia o mi corazón. Fue una época dura para los dos, pues yo estaba acostumbrada a ciertos lujos que casada no nos podríamos permitir. Pero Tom, una vez más, consiguió con su cariño y su amor que no echara en falta lo material y comenzara a disfrutar de cosas tan simples como una sonrisa, una caricia, un beso o una flor. Y ¿sabes ? Nunca en todos los años que hemos estado casados me he arrepentido de mi decisión. Mil veces que volviera a vivir, mil veces me casaría con Tom — susurró resquebrajándosele la voz —. Por eso quiero que aproveches tu vida. No existe nada más bonito en el mundo que sentirte parte de alguien y que alguien se sienta parte de ti.
— Ona — sollozó Fernanda — ¿Por qué dices eso?
— Porque la vida es más corta de lo que parece tesoro mío, y lo único que perdura en el tiempo es la familia, los amigos y en especial el amor — murmuró la anciana tomándole las manos —. No tengas miedo a enamorarte. Ese alguien especial puede aparecer cuando menos te lo esperas y ser quien menos imaginas. — Lo dices por Víctor ¿verdad?
— Sí, cariño asintió con una triste sonrisa —. Tom el primer día que te vio me dijo «está española es el alma gemela de Víctor» — al decir aquello ambas sonrieron —. Así lo creía él y así lo creo yo. He visto cómo os buscáis con la mirada cuando creéis que nadie os ve. He comprobado cómo vuestros cuerpos se hablan y he sido testigo de cómo vuestros corazones latían al mismo ritmo
— Qué cosas más bonitas dices, Ona — sonrió Fernanda pasándole con dulzura la mano por la arrugada mejilla
— Fernanda mi nieto es como su abuelo. Puede ser cabezón, e incluso a veces un gruñón, pero tiene un corazón noble y eso en los tiempos que corren, no es fácil de encontrar. Cuando te mira, te sonríe, incluso cuando discutís, lo hace con tal pasión que a veces siento que es una pena que no os deis una oportunidad.
— No es fácil. Nos separan demasiadas cosas — se sinceró la rubia.
— Sólo quiero que sepas que mi Víctor, al igual que Paúl, nunca os decepcionarán, a pesar de que en algún momento así lo creáis. Están hechos de la misma pasta de su abuelo, y esa pasta cariño, no es fácil de encontrar.
—Lo tendré en cuenta, Ona. Te lo prometo —asintió Fernanda tragando un nudo de emociones, mientras abrazaba a aquella anciana, que lloraba emocionada por aquella peligrosa palabra llamada : AMOR.
Dos días después del entierro del querido Tom, la quietud en la casa era tan densa que a veces no se podía respirar a pesar de una corriente cálida que pululaba en su interior llamada Lexie. Aquella tarde Fernanda vio merodear a Seth por la granja. La actitud del muchacho le indicaba que buscaba a Rous pero ella entristecida, no se dejaba ver.
— ¿Tú también crees que Seth ha venido a por Rous? — preguntó sentada junto a Valeria en los escalones de entrada mientras fumaba un cigarrillo.
— Por su manera de mirar a todos lados yo diría que sí — pero decidió cambiar de tema —. ¿Cuándo te quitarás los puntos de la frente?
— En un par de días. Ya no llevaba el gran apósito que James le puso al principio. Sólo uno pequeño que le cubría la zona y nada más.
— ¿Tú cuándo me vas a contar lo que ha pasado con Paúl?
— De ese tema prefiero no hablar — respondió Valeria.
No muy lejos de ellas, Ona junto a Paúl y Víctor, mantenían una conversación.
— Es por su hija, ¿verdad? — dijo mirando a la niña correr junto a Stoirm.
— En parte sí.
— Lo más curioso es lo bien que han guardado todos el secreto. ¿No crees?
«Si tú supieras» pensó Valeria, resignada a que pronto aquello se aclararía.
— Sí, Fer — respondió —. Aquí saben guardar muy bien los secretos.
— No soy quién para decirte esto, pero intuyo que Paúl es un tipo excelente - al decir aquello, su hermana la miró con la frente fruncida —. Ya sé... Ya sé que nunca te he hablado bien de él, pero el tiempo que llevamos aquí ha hecho que me dé cuenta de cosas, y creo que estaba equivocada con él.
— Tú tienes fiebre — se mofó la castaña al escucharla.
— No, tonta. En serio — sonrió Fernanda —. Para mí, el haber conocido a estas personas me ha dado que pensar. Creo que he estado equivocada muchos más años de los que yo creía.
— No lo dudo — suspiró Valeria consciente de la ceguera de su hermana.
— Pero ¿sabes? creo que este lugar, y en especial sus gentes, son lo más verdadero que conoceremos nunca.
— ¡OH, Dios! — suspiró a punto de estallar —. Lo siento, pero no puedo estar de acuerdo contigo. Creo que este lugar es más falso que un bolso de Prada comprado en el mercadillo de Majadahonda.
— ¿Por qué dices eso? — preguntó extrañada mientras apagaba el cigarrillo.
— Vamos a ver — dijo mordiéndose la lengua —. ¿Realmente conocemos a estas personas? ¿Acaso te has parado a pensar qué sé yo de Paúl o tú de Víctor?
— Vale, te capto. Entiendo que Paúl ha sido un gran mentiroso por ocultarte cosas tan importantes como su viudedad y la existencia de Lexie. Pero también creo que tienes que mirar el fondo de la persona, y el fondo, aunque me ha costado encontrarlo, es excelente.
— Es un angelito recién caído del cielo — se mofó con amargura Valeria.
— No entiendo qué ha pasado entre vosotros, pero sea lo que sea seguro que se puede solucionar. No puede ser tan horripilante — sonrió y vio a su hermana con los ojos vidriosos —. ¿Por qué lloras?
— Por que me da rabia que todas las cosas malas te pasen a ti.
— Quizás mi suerte comience a cambiar.
— Lo dudo —señaló Valeria, al ver cómo Ona se llevaba las manos a la cabeza.
— ¿De qué hablarán aquéllos? — señaló Fernanda —. Ona parece enfadada.
— Uff... Fer — susurró que sí estaba segura de qué trataba su charla —. No lo sé, pero creo que no tardaremos en saberlo.
Lexie, cansada de correr con Stoirm, se acercó hasta ellas, y sin dudarlo, se echó a los brazos de Valeria que la acogió con una sonrisa.
— Valeria — preguntó la niña — ¿Vendrás está noche a cenar a la cabañita?
— No, cariño — respondió con tristeza —. No puedo.
— Estás enfadada con papi ¿verdad?
— Un poquito — sonrió incómoda, al sentir cómo Fernanda las observaba.
— Papi me contó que habíais discutido y que él ya te había perdonado. ¿Por qué no le perdonas tú?
— Esto es el colmo — Valeria se levantó de un salto —. Tú padre es... es... —y mirando a la niña dijo en tono de orden —. Lexie, quédate aquí sentada, voy a hablar con el idiota de tu padre.
Valeria , saliéndole humo por las orejas, llegó hasta donde estaba Paúl, y sin importarle la presencia de los otros dos comenzó a discutir. Ona y Víctor al ver la situación se alejaron, aunque antes él se volvió hacia Fernanda y tras dedicarle una sonrisa se marchó con Ona. La rubia observaba incrédula a su hermana.
Desde hacía días intuía que algo había ocurrido, pero no llegaba a entender todavía el qué. La situación era incómoda, y más cuando vio como a Lexie, las lágrimas le corrían por la cara como ríos. Fernanda no supo qué hacer ¿Debía abrazarla o quizá hablar con ella? Pero por más que pensaba, no sabía qué. Estaba acostumbrada a dirigirse a personas influyentes en reuniones de trabajo, pero luego no sabía qué decirle a una niña de cinco años.
— Me encanta tu camiseta rosa — dijo por fin, viendo que llevaba impresa en la delantera la gatita Kitty. Si de algo sabía era de esa dichosa gata. Cinco años atrás fue la encargada de crear una de las mayores campañas publicitarias de la gata, y para ello tuvo que conocer a Kitty como si fuera su hermana. Lexie al oírla la miro y escucho atentamente. Un buen rato después, cuando regresaron Paúl y Valeria, la comunicación entre Lexie y Fernanda era fluida. Incrédula según se acercaba observó que la niña estaba acurrucada encima de su hermana, algo que en la vida hubiera imaginado.
— Si me pinchas no sangro —susurró Valeria al ver la estampa.
— ¿Por qué? — preguntó algo más tranquilo al aclarar las cosas con ella.
Había costado hacerla callar, pero lo había conseguido, por lo que Paúl, feliz, caminaba de la mano de Valeria dispuesto a no soltarla jamás.
— Mi hermana, los niños y los perros eran algo incompatible.
— Has utilizado la palabra justa. ¡Eran! — sonrió besándola en la frente.
— Hola papi — saludó la niña sacando la manita a través del abrigo —. ¿Sabes? Fer conoce a todos los amigos de Kitty.
— ¿En serio? — sonrió Paúl —. ¿Estás segura de ello?
— Sí, papi — asintió la niña dejando los brazos de Fernanda para ir a los brazos de su padre —. ¿Y a que no sabes lo más alucinante?
— Dime — señaló Paúl divertido.
— Que Kitty está haciendo ganar una montón de dinero a su creadora.
- Si lo dice Fernanda. No lo dudes ni un segundo-le dijo sonriendo Valeria
Al día siguiente por la tarde Víctor entró en la cocina dio un beso a Ona en la mejilla. Después tomó la mano de Fernanda y le dijo
— Coge algo de abrigo y ven conmigo.
— ¿Adónde? — preguntó poniéndose el abrigo de Tom.
— Ya lo verás.
— Víctor, tesoro — señaló Ona con una sonrisa —. Doug me acaba de decir que Geraldina ha comenzado la primera fase del parto.
— No te preocupes Ona — indicó con una sonrisa —. Llevo el móvil y en cuanto me llaméis estaré aquí.
Sin decir nada más salieron al exterior donde Stoirm corrió a su alrededor.
— ¿De quién es este coche? — preguntó Fernanda al ver un todoterreno negro.
— Sube y espera — respondió Víctor —. Prometo responder a tus preguntas.
Con una sonrisa en la boca, Fernanda se montó, y observó cómo Víctor Karl hablaba con Paúl y Valeria. Les estaría dando indicaciones sobre Geraldina. Una vez que Víctor subió al coche y arrancó el motor, la publicista saludó a su hermana con la mano, quien le guiñó un ojo y sonrió. Tras salir a la carretera apareció ante ellos el castillo de Eltz. Víctor detuvo el vehículo en el arcén. El paisaje merecía unos segundos de disfrute.
— Es increíble — susurró Fernanda —. No me extraña que mi cliente quiera que su anuncio se grabe aquí.
— ¿Por qué piensas ahora en el trabajo? — preguntó Víctor ceñudo.
— No lo sé — respondió —. Quizás porque este castillo y en especial su maldito conde son los responsables de que yo esté aquí.
— Te llevo justamente allí — señaló Víctor
Pocos minutos después, Víctor, dejó el todoterreno en el aparcamiento.
— Madre mía — sonrió Fernanda mientras cruzaban andando el puente de piedra —. Nunca pensé que algún día yo estaría aquí.
- El castillo Eltz se construyo a principios del siglo xii y cuenta con ampliaciones de estilo románico y gótico tardío. - indicó Víctor con orgullo —. La curiosidad es que en una parte del castillo aun vive la rama de una misma familia que ha heredado su espacio desde hace 33 generaciones
— Es majestuoso — susurró tocando su oscura y fría piedra.
— Espera un segundo aquí — indicó el.
Eran las 17:05, y los trabajadores del castillo se marchaban a casa. víctor volvió tras hablar con ellos y estos sonrieron.
— ¿Qué ocurre? — preguntó al ver cómo la miraban.
Parecía que la estudiaban. Se sintió observada por aquellos dos muchachos desde el primer momento que la vieron llegar.
— El horario de visitas ha terminado — indicó cogiéndole la mano, y guiñándole el ojo sonrió —. Pero para algo soy la mano derecha del conde. ¿No crees?
— No te meterás en líos ¿verdad?
— Tranquila — sonrió besándola —. El conde y yo aquí somos la misma persona.
Tras pasar por su puerta ojival donde un escudo encastrado en la piedra presidía la entrada, Victoria preguntó. — ¿Qué horario tenéis de visitas?
- Por norma de 10:00 a 17:00 excepto en julio y agosto de 9.00 a 18.00. Pero en este instante, princesa - y haciendo una reverencia indicó .- Todo el castillo es para ti.
— ¡Genial! — sonrió Fernanda —. Ahora sólo falta que aparezca el conde.
— Tranquila, aparecerá — respondió con una sonrisa.
Una vez llegaron a la primera sala, la publicista miró con curiosidad una exposición sobre la historia del castillo para pasar después a otra estancia de decoración recargada donde sus ventanas góticas y sus mesas y sillas de roble la hicieron sonreír. Durante un buen rato estuvieron recorriendo el castillo, mientras Fernanda con curiosidad observaba y escuchaba todas las explicaciones que Víctor le daba encantado, y ella cogía de cada sala distintos papeles informativos del lugar. Maravillada, observó las enormes librerías, las increíbles chimeneas e incluso rió cuando Víctor, acercándose a alguno de los cuadros bromeó e indicó que aquel era antepasado suyo.
— ¿Por qué crees que este hombre no puede ser mi antepasado? — le preguntó él
— Vamos a ver— se mofó ella—. Es como si yo te dijera que mi tatarabuela fue cenicienta. ¿Me creerías?
— Ahora que lo dices, por supuesto que sí — contestó divertido —. Conoces a la perfección el mundo Disney, ambas sois rubias, con ojos claros,... ¿Por qué no?
— ¡Anda, calla pedazo de tonto! — rió dándole un puñetazo.
Al llegar a la cocina Fernanda se partió de risa al conectar Víctor unos ruidos que simulaban el sonido de unos ratones, que dio realidad a una cocina de los años 30. De allí pasaron a un salón enorme donde coloridos tapices con los colores del clan Von colgaban de su pared.
— Qué sitio más precioso. Todo él desprende historia y sobre todo romanticismo No me extraña que tu jefe se piense a quién alquilar el castillo. Sería terrible que poco a poco todo esto se fuera destruyendo. Los humanos somos bastante incívicos y la verdad, esto tiene tanta magia, que es una pena que se pierda. Si fuera mío no permitiría la entrada a nadie-dijo Fernanda
— Me alegra escuchar eso — asintió complacido. Aquellas palabras le habían dicho mucho más de lo que ella creía
— Por cierto me ha llamado la atención son los terminales informáticos que he visto por ahí.
- Son para las personas que sufren de movilidad reducida - indicó apoyado en el quicio de la puerta -. Debido a los tramos de escaleras algunas zonas del castillo son de difícil acceso para ellas, Por eso pusimos los terminales informáticos. No queremos que nadie se quede sin ver o conocer la historia de nuestro castillo.
En ese momento entró un chico y desde la puerta ojival indicó que se marchaba.
— Hasta mañana, Glenn — se despidió Víctor.
— ¿Se van todos?
— Sí — asintió agachándose para quedar a su altura —. A excepción de un par de guardas. No tienes nada que temer. sígueme.
Sin preguntar, ella se dejó guiar a través de las estrechas escaleras hasta que llegaron a una puerta de madera oscura. Víctor sacó de su bolsillo una llave, abrió la puerta y al pellizcar al interruptor de la luz, la estancia se iluminó.
Ante ella apareció una maravillosa habitación
— ¿Qué te parece? — preguntó Víctor divertido.
— ¿De quién es esto?
— Es uno de los aposentos privados del castillo — respondió ayudándola a entrar para cerrar la puerta tras ellos —. Aquí los turistas no pueden acceder.
— Creo que no deberíamos estar aquí — murmuró Fernanda apoyándose en la puerta. —. Si tu jefe se entera de esto podría despedirte. ¡Vámonos!
Con una seductora sonrisa, Víctor plantó las manos en la puerta a ambos lados de la cabeza de Fernanda y dejándose caer sobre ella, la besó con dulzura.
— Tranquila — susurró haciendo que el vello se le erizara — El conde y yo nos llevamos muy bien. Estoy seguro que no le importará que utilice esta habitación.
Fernanda trató de impedirle que continuara con aquella locura, pero tenerlo tan cerca resultaba demasiado tentador. Su tono de voz, su mirada, su cuerpo y su olor podían con ella. Era imposible resistirse a aquel hombre
— ¿Estás asustada? — dijo rozando sus labios contra su sien —. Lo veo en tus ojos cada vez que te miro. ¿A qué temes tanto?
-Te temo a ti porque estás consiguiendo lo que nunca nadie ha conseguido de mí.
— Mmmmm... me gusta escuchar eso, pero — dijo separándose de ella —te he traído aquí para hablar contigo y para cumplir alguno de tus deseos.
— Cumplir mis deseos... ¿Qué deseos?
—Por ejemplo ver cualquiera de estas tres películas de estreno, sentada en este confortable sofá sin que nadie te moleste. — dijo cogiendo tres DVD
— ¡Una película de estreno! — gritó emocionada, haciéndolo sonreír.
— Todo eso acompañado con una maravillosa y calentita taza de té Earl Grey, recién traído desde el Starbucks más cercano.
— ¡Dios mío! —gritó incrédula —. ¿De verdad que has traído un Earl Grey?
Víctor, muerto de risa por aquella nimiedad, sacó un par de termos, y un par de vasos típicos de las cafeterías Starbucks. Emocionada por aquella atención se sentó, y suspiró al oler el té que le estaba sirviendo.
— Te cambio un riquísimo té negro con toques de esencia de bergamota de la región de Sri Lanka, por uno de tus besos españoles — susurró sentándose junto a ella. La rubia, se acerco y le besó profundamente
— Si me vas a besar así siempre — dijo Víctor sonriendo — te prometo que pongo una franquicia de Starbucks donde tú quieras.
Aquel hombre era demasiado atractivo y también le gustaba demasiado como para no perder la cordura. Ya no podía más. Lo deseaba, y lo deseaba ya.
- Ehhh, princesita - susurró separándose de ella para su decepción -. Estamos aquí para cumplir tus deseos, no para cumplir los míos.
— En estos momentos — sonrió rozándole los labios — tú eres mi mayor deseo.
— Ufff... — suspiró Víctor intentando contenerse —. Te aseguro que estoy echando mano a todo mi autocontrol para no lanzarme sobre ti.
— No te contengas — le contestó Fernanda — porque yo no voy a contener las locas apetencias que tengo de ti. Ahora ya no.
— Espera un momento — sonrió Víctor al verla tan excitada —. Creo que antes deberíamos de hablar. Tengo cosas que contarte que...
—¿Quieres hacer el favor de callar y hacerme el amor? Te deseo, y no quiero esperar más.— gruñó Fernanda al sentir cómo la sangre se le convertía en fuego y el corazón le latía a mil revoluciones por minuto
— A sus órdenes, Lady Dóberman — dijo tomándola de la mano y en dos zancadas la llevó hasta la preciosa cama con dosel, y tras posar con delicadeza la espalda de Fernanda se tumbó sobre ella. Dos minutos después ambos estaban ya sin ropa — Eres una diosa y no sabes cuanto te deseo- susurró Víctor con voz ronca contra su cuello -.
-Pues esta noche podrás demostradme lo que me deseas-le susurro la rubia
Poco tiempo después aquel cuarto se lleno de aromas: flor de azahar mezclado con el olor del almizcleño del sudor y de la carne desnuda.
Víctor encima de la rubia que le rodeaba las caderas con las piernas
-Abre los ojos-el ruego del alemán fue acompañado de una cacofonía de sonidos: piel contra piel, gemidos desesperados, y bocanadas de aire. Fernanda oía gruñir a Víctor con cada embestida, pero su capacidad de hablar había desaparecido, mientras se concentraba en una sensación sencilla pero potente : El placer. Cada movimiento de Víctor le causaba un enorme gozo, incluso el roce de sus pectorales y el tacto de sus manos acariciándola las piernas. Estaba al borde del clímax, sin aliento, consciente de que el próximo movimiento podía ser el que la lanzara al vacío. Cada ..vez,..mas cerca..
La rubia segundos después echo la cabeza hacía atrás y dijo cosas incoherentes al sentir unas potentes oleadas que la sacudieron de arriba bajo . Al notarlo el moreno no tardo en seguirla y con tres embestidas mas se sacudió esporádicamente, mientras gritaba el nombre de Fernanda contra su cuello.
Y culminada aquella primera vez, llegaron otras seis más hasta que agotados por el deseo, cayeron en brazos de Morfeo abrazados y felices.
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janessi1
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MensajeTema: PARTE 4 (CAPITULOS 17, 18 )   Jue Dic 31, 2015 10:23 am

Capitulo 17:  RUBIA DECEPCIONADA

A la mañana siguiente, un ruido continuo les despertó. Aún continuaban abrazados cuando Víctor alargó el brazo para coger el móvil.
«¡OH, Dios mío!, me encanta estar entre tus brazos», pensó Fernanda  somnolienta.
Cuando dormía con Goyo, desde la primera vez que lo hicieron juntos, cada uno despertaba en su lado de la cama, ambos necesitaban su espacio, pero con Víctor era diferente, le gustaba sentir su cuerpo, su calor y su cercanía
— Cariño — dijo de pronto Víctor que saltó de la cama —.  Paúl ha llamado. Geraldina está de parto.
Mencionar el nombre de aquella vaca la activó. Era la vaca de Tom, y todos ansiaban que esta vez el ternero consiguiera sobrevivir Sin apenas hablar por las prisas, en menos de quince minutos estaban en el todoterreno camino de la granja. Al llegar allí se encontraron con Valeria, quién buscó en la mirada de víctor respuestas pero intuyó que no le había contado la verdad.
— ¡Maldita sea! — susurró al verlo pasar por su lado.
Víctor se paró al escucharla, y se volvió hacia ella.
— Tranquila, cuñada — señaló dándole un beso en la mejilla —. Intente decírselo pero vuestra pasión española no me lo permitió — aquello la hizo sonreír —. No te preocupes que en cuanto resuelva el parto de Geraldina, te prometo que me la vuelvo a llevar y se lo diré. De hoy no pasa.
— Te tomo la palabra — asintió ella al verlo correr hacia el establo.
— ¿De qué le tomas la palabra? — preguntó Fernanda al acercarse a ella.
— Ehhhh..., vaya Fer — se mofó su hermana al verla —. Te noto hoy con la tez más radiante. ¿Tienes algo que contarme?
— Nada especial — sonrió y corrió tras el moreno — sólo que soy feliz.
— Hola, tía  — saludó de pronto Lexie acercándose a ella.  «¿Tía ?» pensó Fernanda, pero como quería ver el parto de Geraldina, sólo la saludó con una sonrisa y siguió a Víctor. Nunca había visto algo así . Al llegar al establo se encontró con Ona, Seth, Paúl, que se miraban con cara de preocupación.
— ¿Qué ocurre? — preguntó al entrar.
— Han llamado al veterinario — señaló Paúl arremangándose — pero viene desde Monreal y eso está demasiado lejos.
— ¿Y vosotros no sabéis qué hay que hacer? - preguntó incrédula Fernanda -. Se supone que estáis acostumbrados a estas cosas.
— Sí, tesoro — asintió Ona con gesto de preocupación —. Lo que pasa es que nos acabamos de dar cuenta de que el ternero viene de costado.
— Ona, vamos — indicó Paúl asiéndola por el brazo —. Ahora que Víctor y Fernanda están aquí vamos a desayunar nosotros. No hemos tomado nada desde hace horas y creo que todos lo necesitamos.
La anciana se movió de mala gana, pero tras convencerse de que no se podía hacer nada hasta que el veterinario llegara, se marchó con Paúl y Seth. Durante más de una hora Víctor y Fernanda estuvieron junto a Geraldina
— Oliver ya está aquí — anunció Doug que entró junto a un joven veterinario.
— Hola, Oliver — saludó Víctor tendiéndole la mano —. creo que el ternero viene con problemas
- No te preocupes - el chico empezó a sacar de su maleta el instrumental -. Esta vez Tom nos ayudará, y todo saldrá bien.
Fue una ardua tarea, donde en muchos momentos pensaron que Geraldina no lo superaría, sin embargo la pequeña cabeza peluda apareció detrás de las pezuñas, y el parto terminó con éxito. Víctor, con la felicidad dibujada en el rostro, abrazó a Fernanda, que aún estaba conmocionada con lo que había visto.
— Aún estoy temblado — señaló al recibir un dulce beso de Víctor.
— Yo también, pero de emoción. La pequeña España vivirá — dijo con los ojos vidriosos —. Seguro que el abuelo tiene que estar aplaudiendo de felicidad.
— ¿De verdad que le vais a llamar España?
— Por supuesto — asintió Víctor —. El abuelo me dijo que el ternero se debía llamar o España o Fernanda.
Incrédula al oír su nombre, escuchó reír a Víctor a carcajadas.
— Ni se te ocurra llamarla Fernanda — protestó cariñosamente —. Sólo me faltaba ahora tener nombre de vaca.
— No, cariño — corrigió aún riendo —. En todo caso la vaca tendría tu nombre.
— Anda... anda, ve — dijo al ver cómo Ona no dejaba de mirarlos —. Ve y dile a Ona que todo ha salido bien.
Tras darle un rápido beso, corrió hacia su abuela como un niño, que al escucharlo se llevó las manos a la boca y lo abrazó. A la alegría colectiva se unieron Paúl y Seth, mientras Lexie y Valeria se acercaban a ellos acompañados de Stoirm.
— Señorita — dijo el veterinario con varias cosas en las manos —. Sería tan amable de coger este papel.
— Sí... sí, por supuesto — sonrió acercándose.
— Tome - dijo entregándole varios documentos —. La copia rosa es para ustedes. La amarilla necesitaría que la firme el conde Von zu Eltz y me la devuelvan.
— No se preocupe — sonrió Fernanda —. En cuanto el conde regrese de viaje se la entregaremos para que la firme y se la haremos llegar.
Al escucharla el veterinario, extrañado la miró.
— ¿Para qué me la van a mandar por correo, si el conde esta ahí? — indicó el veterinario con la cabeza.
— No le entiendo — Fernanda aún sonreía.
— Disculpe — insistió el —. Quizás no la he entendido yo. Creí que había dicho que el conde estaba de viaje.
— Y así es — asintió la rubia. Ahora sí que el veterinario estaba hecho un lío.
— Pero si el conde está ahí — indicó señalando hacia el grupo que reía—.  Víctor Karl Von zu eltz.
Fernanda  sintió que la sangre se le congelaba al escuchar aquello pero mantuvo la compostura delante del veterinario.
— No se preocupe — murmuró comenzando a andar hacia el grupo que se felicitaba en el porche de la casa grande —Ahora mismo el conde se la firmará.
Mientras caminaba hacia ellos, sentía cómo el corazón le latía con fuerza y solemnidad. La habían vuelto a engañar como a una imbécil, y ella de nuevo había caído en la trampa.  Valeria, tras soltarse del abrazo de Paúl, volvió la vista hacia su hermana, y la sonrisa se le congeló al ver cómo ésta se dirigía hacia ellos. Su mirada fría como el hielo le indicó que su hermana lo había descubierto todo.
— ¡Conde  Víctor Karl Von zu Eltz! — gritó parándose a escasos metros de todos ellos. Víctor cerró los ojos al escuchar su voz y tomó aire antes de volverse hacia ella. La calidez de su mirada de minutos antes había desaparecido, y sólo veía ahora en aquellos ojos azules, rabia y desilusión.
— Escúchame , déjame que...
— ¡No! —gritó tirándole el papel amarillo —. No quiero escucharte. Firma este maldito documento para que el veterinario culmine su trabajo, y a partir de este instante olvídate de mí, maldito hijo de puta.
— Ven, Fer — susurró Valeria tomándola del brazo, pero también la rehuyó.
— Lo habéis pasado bien ¿verdad? — gritó mirándolos —. Os habéis reído todos a mi costa durante estas últimas semanas. Maldita pandilla de mentirosos.
Ona, con gesto serio, no apartaba su vista de ella. No podía decir nada, sabía que  se sentía decepcionada por todos y ella era una más en aquel entramado.
— Necesito un coche para volver a Treveris ¡ya! — gritó andando hacia la casa. Al pasar junto a Víctor él se interpuso en su camino
— Por favor cariño. Necesito que me escuches — intentó explicarse desesperado por cómo se había desencadenado todo —. Anoche intenté en varias ocasiones decirte la verdad pero...
— Anoche me utilizaste
— Eso no es así y tú lo sabes.
La publicista lo fulminó con la mirada, y sin responderle lo rodeó para entrar en la casa, pero antes de cerrar la puerta gritó sin volverse.
- Quiero un coche para regresar a Treveris en diez minutos , no voy  a repetirlo.
Cuando la puerta de la entrada se cerró, todos se miraron confundidos. Cada uno de ellos se sentían partícipes de aquella trama, cargando su parte de culpabilidad por no haberlo aclarado y haber dejado que la mentira continuara un día tras otro. Pero ya nada se podía hacer, Fernanda  se había enterado por un extraño, y eso sabían que le había llegado al corazón.
Cuando esta entró en la habitación, se encontró a su hermana metiendo en su trolley Versace sus escasas pertenencias.
— Fer yo...
— ¡Cállate! No quiero escucharte. ¡Eres lo peor! Se supone que eres mi hermana y que al menos tú deberías de haber sido sincera conmigo.
— Tienes razón — susurró sentándose en la cama —. Y te juro que lo intenté. Lo intente cientos de veces pero...
— ¿Desde cuándo lo sabes?
- Me enteré la tarde que estabas en la clínica — respondió-. Me enfadé muchísimo cuando me enteré, y te lo pensaba decir, pero ocurrió lo de Tom y me dejé llevar  y Víctor me hizo prometer que le dejaría a él decírtelo.
— Oh, sí, claro. Vas tú y le concedes a ese idiota más tiempo para que se siga riendo de mí ¿verdad? — gritó tirando los carísimos zapatos rojos manolos contra el Trolley —. Gracias, hermanita. Gracias por nada.
— Entiendo que estés enfadada, pero tú misma me dijiste que aquí tu vida estaba cambiando, incluso me animaste a seguir mi relación con Paúl porque su fondo te parecía excepcional.
Aquello que su hermana le decía era cierto. Su corazón le había gritado que aquella gente, cuando le sonreía, lo hacía de verdad, pero se negaba a pensar aquello, así que continuó con su equipaje.
— Creo que ya es hora de volver a la realidad — asintió sentándose junto a Valeria—. Quédate si es lo que deseas y...
En ese momento se abrió la puerta y entraron Ona y Rous.
— ¿Podemos pasar? — preguntó la anciana.
— Por supuesto — Fernanda endureció la voz —. Estás en tu casa.
Con el portátil de Tom en las manos, Ona se acercó hasta ella. En su cara se veía la pena y la tristeza por lo ocurrido
— Llévate esto — dijo Ona tendiéndole el portátil —. Aquí nadie lo va a usar y es una pena que algo tan valioso se eche a perder.
— De acuerdo — Fernanda lo arrojó de malos modos en el trolley.
— Te voy a echar mucho de menos.-susurro Rous
— Vale... vale — asintió fríamente Fernanda al escuchar a la muchacha.
Tras un silencio sepulcral, Ona y Rous decidieron marcharse aunque la anciana aún tenía algo que decirle.
— Fernanda, te entiendo — susurró con una extraña voz —. Entiendo que pienses que todos te hemos engañado. No me gustó en un principio y mucho menos al final. Pero Víctor...
— No quiero oír hablar de Víctor — respondió Fernanda.
— De acuerdo — asintió la anciana —. Sólo permíteme decirte una cosa más. Nunca dudes de los sentimientos verdaderos y sinceros que Tom tenía hacia ti.
Escuchar aquello fue demasiado.
— Ona — susurró Fernanda con un hilo de voz, y caminó hacia ella —. Gracias por los bonitos momentos — y tomándoles a Rous y a la anciana de las manos añadió —. Nunca os olvidaré.
Una vez dicho aquello se volvió y cuando Rous y Ona desaparecieron, Valeria  la acogió en sus brazos donde, durante unos largos minutos, la rubia lloró.
El viaje de vuelta a Treveris en el todoterreno conducido por Víctor fue terrible. Al llegar al hotel, sin esperar a que le abrieran la puerta, bajó del coche, y quitándole de las manos a Víctor el trolley intentó andar, aunque él la detuvo.
— ¿Quieres hacer el favor de tranquilizarte y dejar que me explique?
— No vuelvas a tocarme ¿Has entendido?
— Fernanda, por favor — se desesperó Víctor —. Dame la oportunidad de poder explicar por qué lo hice.
— No me interesa.
— ¡ Te quiero¡ ¿No te has dado cuenta todavía?
En ese momento alguien  llamó  a la rubia que no dio crédito al comprobar que se trataba de Goyo.
— ¡Fernanda! — volvió a llamar Goyo, acercándose a ella.
— ¿Y este gilipollas de dónde sale ahora? — exclamó Valeria.
Paúl y Víctor se miraron. Aquella mirada no pasó desapercibida a una boquiabierta Valeria que sin aún entender qué hacía el ex de su hermana allí
- ¿Goyo? - Fernanda parecía que estaba viendo a un fantasma -. ¿Qué haces aquí?
Como un pincel,  se plantó ante Fernanda a la que abrazó, mientras Víctor hacía grandes esfuerzos por no liarse a tortas.
— Por Dios, peluche — exclamó Goyo —. Qué pintas tienes.
— ¿No se te ocurre algo mejor que decir? —bufó la rubia.
— Llevo buscándote cerca de una semana por toda Renania ¿Estás bien?
Al escuchar aquello deseó gritar que No. Que estaba mal, destrozada y humillada. Pero en vez de eso, utilizó sus armas de mujer, le miró a los ojos y le dijo para desagrado de Víctor:
— Ahora que tú estás aquí, me encuentro mejor- y volviéndose hacia  Valeria que les miraba con la boca abierta, añadió —. Decide lo que vas a hacer esta noche. Mañana a las nueve de la mañana te espero aquí. Si quieres algo, estaré en la suite de Goyo.
— ¡Qué  haces ahí parado! — siseó Paúl. Haz algo antes de que se vaya.
— No — respondió ceñudo —. Por mi parte ya he dicho todo lo que pensaba. Hoy ya es tarde pero mañana me vuelvo para la granja. Ona me necesita.
Se sentía furioso y desesperado, y así se encaminó hacia el fondo del hotel, donde saludó a un par de empleados, abrió una puerta y desapareció.
— ¡Oye, tú!  — señaló Valeria a Paúl.- Quiero que me cuentes ahora mismo de qué conocéis Víctor y tú a ese gilipollas engominado.
— Sólo si me prometes que mañana no te marcharas — respondió  
- Tú cuéntamelo Y dependiendo de lo que digas, así tomaré una decisión.
Fernanda , al quedar a solas con Goyo en el ascensor, dándole un empujón se lo quitó de encima. Este la miró como si estuviera loca.
— ¿Qué coño haces aquí? — gruño ella.
— En tu oficina me dijeron cómo llegar hasta ti — comentó el acercándose a ella —. Hace más de una semana que llegué a Treveris. Alquilé un coche y con la ayuda del GPS fui hasta un pueblucho llamado Eiffel, lleno de gente vulgar, donde me...
— Eiffel no es un pueblucho — interrumpió molesta, y volvió a empujarlo — y sus gentes son encantadoras, amables y muy cariñosas.
A partir de ese momento Goyo le relató su viaje, y sorprendió a la rubia al relatarle que estuvo en la granja de Tom y que allí un tal Tom Becker, y no Buttler, le indicó que la persona que buscaba se había marchado con ellas a Westfalia. Conteniendo la risa  escuchó las penurias que tuvo que pasar cuando pinchó una rueda y tuvo que esperar la grúa, y que a pesar de todo su viaje no encontró al tal Tom Buttler. Una vez llegaron a la suite de Goyo, esta le indicó que necesitaba ducharse y una vez entró en la ducha cerró la puerta con pestillo para que éste no pudiera pasar. Desde allí llamó a recepción y tras reservar otra suite a nombre de Gregorio Montesinos de Castro se duchó. Pero antes de salir llamó al aeropuerto donde se enteró de los horarios de los vuelos a España. Una vez hecho aquello, salió del baño vestida.
— Creo que tenemos que hablar — dijo él que intentó asirla por la cintura.
— Creo que las cosas entre tú y yo están muy claras. No va a haber reconciliación. No quiero tener nada que ver contigo. Sólo podemos ser amigos.
Incrédulo por la forma en que se comportaba,  se sentó en la cama.
— Aunque si tengo una pregunta que hacerte Goyo
— Dime.
— ¿Cómo se te ocurrió a ti hacer un trío el día antes de nuestra boda a menos de diez metros de mí?
Aquella pregunta le bloqueó. En todos los años que habían ejercido como pareja, Goyo llevó las riendas de su relación. Al principio porque Fernanda estaba impresionada con él, y al final porque se hubo pasión. Sólo conformidad, conformidad y más conformidad.
- No sabes qué decir ¿verdad ?- dijo levantándose  para dirigirse hacia la puerta.
— ¿Dónde vas Fernanda?
— Me voy a dormir, mañana vuelvo a España. Esta conversación se acabó hace mucho tiempo Goyo, y por tu bien  espero que nunca más la vuelvas a retomar.
Al salir por la puerta sintió una seguridad en ella misma que no había tenido nunca. Bajó a recepción y tras recoger la llave de su nueva habitación subió de nuevo, entró y se sentó frente al televisor. No podía dormir. Sólo esperar que las horas pasaran para marcharse de allí. A las nueve menos cinco de la mañana, Fernanda esperaba en el hall del hotel. Goyo se las había ingeniado para estar también a esa hora. Regresaban juntos a España. Cuando apareció Valeria junto a Paúl cogidos de la mano, solo con mirarla supo que se quedaba por lo que pidió a su ex que llevara su trolley al taxi mientras se despedía de su hermana.
— Fer susurró Valeria tomándole de las manos — Yo...
— No tienes que decir nada — sonrió e intentó parecer feliz —. Si yo hubiera conocido a un alemán como el tuyo, quizá fuera yo la que me quedaba.
— Eso no es cierto Víctor es un tipo maravilloso aunque...
— No quiero hablar de Víctor, por favor —
— Pero...
— No, Valeria.
— Vale — sonrió dejándolo por imposible —. Dile a mami que en unas semanas volveré , aunque será para dejar mi trabajo en el instituto y recoger mis cosas
— Creo que es una idea excelente — asintió Fernanda.
— ¿De verdad lo crees?
— Por supuesto que sí. Renania  es un lugar mágico y estoy segura de que aquí acabarás ese libro para el que viniste a tomar notas ¿no crees?
— ¡Dios, no he tomado ni una sola nota! — suspiró con una triste sonrisa.
— A partir de ahora tendrás todo el tiempo del mundo.
Valeria  no pudo responder, simplemente la abrazó.
— Te voy a echar de menos — sonrió Valeria con cariño.
— Yo a ti también, — respondió la rubia abrazándola
Tras decir aquello, Fernanda le dio un último beso a Valeria y se monto  en el taxi con Goyo, movió la mano a modo de despedida y cuando éste arrancó, también arrancó ella a llorar. Su ex, que por primera vez fue consciente de la angustia de Fernanda, le pasó el brazo por los hombros ofreciéndole el suyo para llorar.
— Te voy a manchar el abrigo con el rimel — susurró Fernanda.
— No importa — respondió él —. Me compraré otro.
Valeria, hipando por la triste despedida, regresó al hotel, y no se sorprendió cuando al entrar vio a Víctor junto a Paúl mirando a través de la cristalera.
— Necesito un teléfono — gimió —. Tengo que llamar a mi madre.
— Ven conmigo cariño — indicó Paúl, dejando solo a Víctor todavía con el corazón en un puño al ver cómo se marchaba Fernanda recostada en el hombro de aquel idiota.


Capitulo 18 : FERNANDA TIENE CORAZON

El sonido del teléfono la estaba volviendo loca. Hacía sólo dos días que había llegado a Madrid, pero el dichoso ruido no había parado ni un segundo.  No podía soportar más aquel impertinente sonido. Se levantó, llegó al salón y de un tirón logró arrancar el cable de la pared. Se sintió mucho mejor cuando el silencio lo inundó todo. Volvió a su habitación, y nada más poner la mejilla en su almohada , aquel ruido volvió de nuevo.
— ¡Maldita sea! ¿De dónde...?— gritó levantándose de la cama.
El ruido provenía de la puerta de entrada, así que sin importarle la pinta que llevaba la abrió. Ante ella, aparecieron su madre con Roberto y el portero.
— La Virgen  — exclamó su amigo al verla —. ¿Qué llevas puesto?
— Un pijama — casi gritó ella momento en que el portero se marchó—. ¿Y a vosotros qué os pasa? ¿Sois incapaces de respetar el sueño de los demás o qué?
- Son las seis de la tarde — contestó Roberto —. Nos tenías preocupados y viendo que no coges el teléfono no nos ha quedado más remedio que presentarnos aquí.
— Mamá — Fernanda se dirigió a Silvia. Hablé contigo cuando llegué y te dije que estaba bien. Creo que me merezco un poco de paz.
—  Estábamos preocupados por ti. Entiéndelo hija.
— Pues haced el favor de no preocuparos tanto por mí e intentad respetar mi intimidad — gritó aún en la puerta.
— Porque te queremos mucho — Roberto ahora parecía enfadado —. Porque, hija, es para mandarte a la mierda sin billete de vuelta. ¿Nos vas a invitar a pasar o piensas seguir ladrando mientras nos tienes en la puerta?
— Quiero dormir — bufó incrédula —. ¿Seríais tan amables de marcharos?
Silvia no podía decir nada. Sólo observaba las grandes manchas oscuras que Fernanda tenía bajo los ojos y la hinchazón de su cara. Aquello, unido a los pelos de loca que llevaba y al  pijama de tomates, le indicó que su hija no estaba bien.
- Valeria nos llamó. Está preocupada por ti y sólo queríamos... insistió Silvia -.
— ¡Mamá! Estoy bien, ¿No lo ves?
— Sí, estás maravillosa — indicó Roberto —. Vámonos Silvia — dijo agarrando a la mujer que en un principio se resistió —. Dejemos a la diva de los tomates .
— ¡Adiós! — gritó la publicista cerrando de golpe su puerta.
Pero cuando dio dos pasos hacia el dormitorio sintió una presión en el corazón, que le hizo volver, abrir la puerta y lanzarse llorosa a los brazos de aquéllos a los que minutos antes había rechazado. Un par de horas más tarde Roberto había bajado al Vips en busca de algo para cenar
- Yo te veo guapísima - señaló Roberto ya sentado junto a su amiga -. Creo que el aire de la montaña te ha sentado muy bien. Es más, incluso te veo más delgada.
— ¡Imposible! — dijo Fernanda Allí he comido como una vaca.
Al decir aquella palabra, vaca, comenzó de nuevo a llorar. Todo le recordaba a lo que tanto echaba de menos,
— Por Dios,  te vas a deshidratar. Venga, intenta continuar hablando sin llorar ¿vale? -le dijo su amigo
Mientras hablaba de Treveris y Eiffel no podía evitar alternar los lloros con las miradas iluminadas. Esto no pasó desapercibido ni a Roberto ni a  Silvia.
- Mira Fer — prosiguió su amigo —. Siempre apoyaré lo que tú decidas, pero creo que quizás deberías pensar mejor lo que has dejado allí y lo que tienes aquí.
-Aquí lo tengo todo Roberto ,mi familia, mi trabajo. En Renania solo tengo una hermana alocada que dentro de unos días regresará, pero con la intención de volver a Alemania  porque se ha enamorado— al ver cómo a su madre le empezaba a temblar la barbilla añadió —. Pero no debes llorar, mamá, porque cuando conozcas a Paúl y a Lexie, vas a ser la mujer más feliz del mundo.
— Con el dinero que tienen ¿Cómo no nos van a gustar? -dijo Roberto
— En la vida no todo es dinero y lujo, — sonrió Silvia.
— Eso es cierto mamá — asintió Fernanda con tristeza —. Eso es muy cierto.
Sobre las diez de la noche, a pesar del ofrecimiento de aquéllos por dormir con ella lo rechazó, quería estar sola, por lo que Roberto y Silvia, tras prometer regresar al día siguiente se marcharon. Una vez cerró la puerta, lo primero que hizo fue preparar el baño.  Y durante  media hora disfrutó de un increíble baño, pero pasado ese tiempo comenzó a sentirse rara. Algo le faltaba y con lágrimas en los ojos rápidamente supo el qué. Le faltaba Víctor. Cerró los ojos e intentó retener las lágrimas. No quería llorar más, pero fue imposible. Los momentos vividos hacía unas noches en el castillo con  no podía sacárselos de la cabeza. Su mente continuamente volaba al momento en que le enseñó las películas pirateadas, los termos con té del Starbucks y sus besos. Esos besos que tanto le habían gustado y que echaba de menos. Levantándose de la bañera se dio una ducha rápida, y tras ponerse el albornoz, fue descalza hasta el salón. Se sentó en su cómodo sofá y puso la televisión con la intención de ver alguna película que la distrajera de tan dolorosos recuerdos. Pero incluso la televisión le recordaba a Víctor. En un canal estaban emitiendo un documental sobre naturaleza, en el que aparecían ciervos que le volvieron a hacer llorar. Cogió el mando y saltó hasta otro canal, donde se quedó durante unos segundos viendo a una señora hacer una tarta de manzana, que le recordó a Ona. Cambió de nuevo e incrédula tuvo que desistir cuando vio al tío de Bricomanía arreglar el cercado de una finca. «Esto es un complot», pensó. Y , tirando el mando contra la pared, volvió a llorar como una idiota. Sobre la una de la madrugada, harta de dar vueltas y que todo le recordara a Víctor, se vistió y bajó al garaje. Cogió su coche, y condujo hasta la casa de su madre. A las dos y diez de la madrugada llamó al portero automático.
— Mamá, abre. Soy yo.
Silvia , asustada, bajó en camisón en busca de su hija. La encontró en la escalera hecha un mar de lágrimas, por lo que abrazándola subieron hasta el piso donde fiffy las recibió con cariño. Una vez pasados los primeros momentos de caos, donde a Silvia le temblaban hasta las pestañas, intentó tranquilizarse. Por lo que tras preparar café, regresó junto a su hija al comedor, encontrándola sentada en el suelo junto al perro.
— Mamá, te quiero mucho — dijo apenas con un hilo de voz  quiero decirte que siento mucho todo lo que pasó y que... y que estoy enamorada de Víctor y no sé qué voy a hacer para poder continuar mi vida sin él.
Al escuchar aquello se quedó sin palabras. Su hija mayor había acudido a ella en busca de apoyo, cariño y ayuda. Por lo que, agachándose junto a su hija, la abrazó y dio gracias a Dios porque, su Fer, había vuelto. Sobre las cinco de la mañana y tras mucho hablar entre ellas como años atrás, el corazón de la publicista parecía más tranquilo. Hablar con su madre le había llenado de aquella paz que en su momento Tom le señaló. Cuando su madre la acompañó hasta la habitación de su niñez y con ternura recibió el beso que le dio en la frente al apagar la luz, se sintió arropada y protegida como cuando era pequeña. Esa sensación y el cansancio acumulado le hicieron dormir plácidamente. Silvia  salió de la habitación con gesto de preocupación y entró en la suya, donde el hombre que la había cuidado el último mes la había esperado despierto, consciente de no hacer el menor ruido. Aquella inesperada visita  a su madre, con su posterior charla, era más importante que cualquier otra cosa.
— ¿Está mejor?
— Tiene el corazón roto — susurró Silvia .-y eso sólo lo cura el tiempo.
— ¿Quieres que me vaya?
— Me sabe mal — se incomodó mirándolo —. Pero creo que sería lo mejor.
— No te preocupes, cariño. Lo entiendo.
Con cuidado ambos cruzaron el pasillo sin hacer ruido, hasta la puerta .
— Ahora que Fernanda ha vuelto — dijo Silvia —tengo que hablar con ella.
Lo último que quisiera en este mundo es que piense que yo también la engaño.
— Tranquila, cariño. Todo se solucionará.
Se despidió de él y Silvia cerró la puerta. A la mañana siguiente, cuando la publicista abrió los ojos, lo primero que vio fue su recorrer con la mirada aquella habitación que durante años fue su auténtico refugio.  Durante un buen rato y mientras escuchaba a su madre canturrear  por la casa, Fernanda observó uno a uno todos los recuerdos de su niñez, hasta que sus ojos azules detectaron algo y sentándose en la cama leyó incrédula el bordado de la sabana «No puede ser» pensó. Era imposible que su madre el día que estuvo en el hotel se llevara también un juego de sábanas. Levantándose quitó el edredón de la cama de Valeria y casi soltó un chillido al comprobar que había colocado otro juego igual.
— ¡Mamá! — gritó sin entender aquello, mientras se sentaba en su cama.
Abriéndose la puerta, apareció Silvia con un delantal blanco y con un plumero  
— Buenos días, cariño — le dijo besándola —. No me digas que he cantado demasiado alto y por eso te has despertado.
— Mamá - señaló el bordado de la sábana —. ¿Por qué tienes sábanas del Palace?
Al escuchar aquello a Silvia se le cayó el plumero al suelo.
— ¡Por Dios, mamá! No te habrá dado por robar, ¿verdad?
— OH, no hija, no es eso — dijo recogiendo el plumero —. Es sólo que...
— Pero mamá — casi gritó Fernanda al fijarse en ella —. Si hasta en el delantal pone Hotel palace. ¿Qué ocurre aquí?
Su madre se sentó en la cama porque las piernas le fallaban, palmoteó a su lado para que su hija hiciera lo mismo
— Tengo que hablar contigo — comenzó a decir la mujer —. Y aunque yo quería esperar un poco a que te encontraras mejor, creo que va a ser imposible. Por lo tanto, ahí va — la miró un instante antes de continuar —. He conocido a alguien, y ésa es la persona que me proporciona todo este material del palace.
— ¡Ay, Dios mío! — susurró Victoria asustada —. Mamá, por Dios, no me irás a decir que te has enamorado de alguien de los países del este que está en España ilegalmente y que se dedica a robar en los hoteles ¿verdad?
— Habrase visto la imaginación que tiene mi Fer-dijo riéndose Silvia
- Mamá, estas sábanas son del hotel de la familia de Goyo, mi ex para más señas, y ¿sabes por qué lo sé?¡¡ Porque yo misma busqué la fabrica que las confecciona, y también porque he dormido allí muchas veces¡¡. Pero lo que no sé - gritó haciendo que Silvia dejara de reír -. Es cómo han llegado hasta aquí
— De acuerdo, hija, pero relájate, porque la venita del cuello te va a explotar.
— ¿Cómo han llegado estas cosas hasta aquí? No lo entiendo.
— Te lo estaba contando cuando has comenzado a alucinar con bandas rumanas, robos y yo qué sé más — señaló la mujer con intensidad.
— Mamá, por favor.
— Fer, quien me regala estas maravillosas sábanas y todo lo demás, no es ningún delincuente, porque yo nunca estaría con una mala persona y...
—¡¡ Mamá, desembucha ¡¡— chilló Fernanda.
— Es Celso. ¡Ea! Ya está dicho — suspiró Silvia.
— Celso... ¿qué Celso? — preguntó su hija sin entender
— Celso González de Jerez .
El primer impulso de Fernanda al escuchar aquel nombre fue chillar. ¿Qué hacía su madre con su ex suegro? Pero al ver la guapa cara con que su madre la miraba, lo único que pudo hacer fue reír. Comenzó a reír como una loca, que provocó en Silvia un desconcierto total. Esperaba gritos e incluso enfado por parte de su hija, todo menos lo que estaba ocurriendo.
— ¡Ay, mamá! — suspiró Fernanda serenándose —. Entonces ese acompañante misterioso que Roberto no quería revelarme... es Celso.
— Sí hija, es Celso — asintió con rotundidad —. Un hombre que me quiere por quién soy y por cómo soy. No se avergüenza de mi pasado, ni de mí y tiene plena confianza en que aquello que ocurrió una vez no volverá a suceder.
En la vida se le habría ocurrido pensar en su ex suegro como futura pareja de su madre. Pero la vida era así de caprichosa y si la vida le daba a su madre una segunda oportunidad. ¿Quién era ella para criticarla?
— Mamá, y lo vuestro desde cuándo...
— Creo que el flechazo lo sentimos el día que nos presentaste en el salón del palace — murmuró Silvia —. A los dos días me llamó a casa. Quería quedar conmigo para comer con el pretexto de hablar sobre ti, pero yo le dije que no. No quería tener nada que ver con hombres casados.
— Mamá, pero si Celso esta separado de la madre de Goyo.
— Pero eso, hija, yo lo desconocía. Es más, creía que era el padre de ese cenutrio.
— ¿Entonces qué pasó para que al final estéis juntos?
— Uno de los días que salía de Mercadona cargada como una burra , un coche paró a mi lado. Como imaginarás era él. Me trajo hasta casa y en el camino me contó que estaba divorciándose  de la insoportable de tu ex suegra. Y ahí fue cuando me enteré de que el cenutrio de tu ex no era su hijo.
— Qué raro que Goyo no me dijera nada en el viaje — señaló la publicista.
— Es que no saben nada ni él ni la finolis de su madre. Celso  y yo queríamos contároslo primero a vosotras y luego al resto del mundo. Aunque , el muy tunante, se enteró y aún no sé cómo. Fernanda  se lo imaginó. Con seguridad fue el vecino de su hermana quien se lo contó
— Celso te quiere mucho — comentó Silvia tomándole las manos —. Nunca entendió qué viste en el hijo de su mujer para que quisieras casarte con él.
— Ahora que lo pienso, mamá. Yo tampoco lo sé.
— Tesoro. Te voy a decir una cosa y espero que no te moleste.
— Dime, mamá.
— Creo que el viaje que has hecho a Alemania te ha cambiado más de lo que tú crees. Lo veo en tus ojos y me lo grita tu corazón. Si amas a Víctor y crees que es un buen hombre, debes perdonarle, porque si no te pasarás el resto de tu vida preguntándote qué hubiera pasado si hubieras elegido ese camino.
— Uf..., mamá — suspiró Fernanda con tristeza —. No es fácil.
— Tesoro, no creas que te lo digo porque ese muchacho sea conde, ni nada por el estilo. Sabes que a mi eso me importa un pimiento. Yo sólo quiero que seas feliz, y me destroza verte con el corazón roto.
— Mamá en este momento de mi vida estoy segura de tres cosas. La primera es que soy feliz por verte a ti feliz. La segunda es que mi hermana ha encontrado un buen hombre y la tercera es que yo no sabía lo que era el amor hasta que no me han roto el corazón.
Con un candoroso abrazo Silvia acogió a su niña, mientras con el pensamiento le pedía a dios que intercediera por el corazón de su hija.


Última edición por janessi1 el Lun Ene 04, 2016 9:46 am, editado 1 vez
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janessi1
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MensajeTema: Capitulo 19 : DEUDAS PENDIENTES   Jue Dic 31, 2015 10:29 am

Un par de días de reflexión llevaron a Fernanda a la conclusión de que el contrato estaba totalmente perdido. En su cabeza no entraba la posibilidad de llamar a Víctor para negociar. Sabía que los asociados de R.C.H. Publicidad, tras romper su compromiso con Goyo y terminar mal con Amaia, no la miraban con los mismos buenos ojos. En un principio eso le molestó, aunque ahora, en ese momento, le daba igual. Había decidido dejar la empresa y en su cabeza comenzaba a fraguarse la idea de montar la suya propia. Sentada en el sillón de su amplio salón, con música clásica de fondo , y ante el portátil, intentaba redactar su carta de dimisión. No iba a permitir que la echaran, y eso es lo que harían los asociados en el momento que les informara de que no traía consigo el contrato del castillo. De pronto se fijó que en el escritorio del portátil había dos carpetas que no conocía. En una ponía Fotos Valeria y en otra Carpeta de Tom. Al leer aquello se le paralizó el corazón.  Pero se llenó de valor y abrió el archivo.
Hola Fernanda.
Gracias a que me has enseñado a manejar este chisme, me he animado a escribir esta carta.
Espero que cuando descubras el engaño de mi nieto sepas perdonarnos y comprender que Víctor lo hizo para darte una lección de humildad. Lo que no sabía  era que la vida es muy caprichosa y que se había enamorado de ti, y por eso te trajo a nuestra casa. Tu casa. Tú y tu hermana habéis sido esa corriente de aire fresco que tanto yo como mi amada Ona, mi querida hija Rous y mis queridos nietos Paúl y Víctor, necesitábamos. En mi corazón han quedado momentos divertidos, como cuando te tomaste tres vasos de whisky en mi cumpleaños, o cuando corrías y Stoirm te perseguía, o cómo cada mañana salías con ropa extraña para trabajar en el campo. ¡Ah... muchacha qué graciosa eres!
Recuerda que debes saldar las cuentas con tu familia. La familia lo es todo en la vida, nunca lo olvides. Y deseo de corazón que si alguna vez Víctor y tú os dais la oportunidad de ser felices, lo seáis como lo hemos sido Ona y yo.
Te quiere
Tom
Pdta.: Ojala algún día tengáis una Isolda en vuestras vidas y yo lo vea.
Tras leer la carta lloró.
Aquella carta era la cosa más emotiva y bonita que le habían escrito en su vida, y comenzó a llorar sin parar . Pero una hora después, mientras suspiraba por los sentimientos contradictorios que sentía se encendió un cigarrillo, y tras cerrar  el portátil, intentó  olvidar, y se centró en mirar el correo acumulado durante el tiempo que estuvo fuera. Además de cartas del banco tenía doce invitaciones a cenas e inauguraciones. Muchas de ellas habían pasado, pero había tres que todavía no se habían celebrado. «Necesito salir, despejarme y divertirme. Llamaré a Roberto, seguro que estará encantado de asistir a esta fiesta» pensó con una triste sonrisa en la boca al ver la invitación de la discoteca Pachá. Lo llamó al instante y éste quedó en pasar a buscarla sobre las nueve para cenar juntos antes de ir a la fiesta. Una vez colgó, y decidida a cambiar su vida, llamó a la oficina.
Al otro lado sonó la voz de Lis, su secretaria.
— Hola, Elisa.
— Buenos días, señorita Villalonga — saludó la muchacha que al reconocerla se atragantó; su peor pesadilla había vuelto —. ¿Cómo va su viaje?
Fernanda  omitió responder la pregunta, y comenzó a sentirse fatal al notar la frialdad con que le hablaba.
— Necesito que convoques una reunión urgente con los asociados mañana a las 9'30 de la mañana.
— Ahora mismo me pongo con ello ¿Alguna cosa más?
—  ¿Qué tal todo por la oficina? — preguntó sorprendiéndola.
— Bien, señorita. Ningún cambio. ¿Usted está bien?
«No, estoy hecha papilla» pensó Fernanda.
— Llegué hace unos de días de Treveris. Pero no digas nada. ¿De acuerdo?
— No se preocupe, señorita Villalonga.
— Bien, pues gracias lis — respondió Fernanda con una sonrisa.
— Señorita Villalonga... ¿Está usted bien? — preguntó la chica consciente de que era la primera vez que oía a su jefa hablarle así, y sobre todo dar las gracias.
— ¿Por qué preguntas eso?
— Oh... por nada — mintió, y supo que tenía que haberse callado.
— No te preocupes, pero me gustaría hablar contigo mañana a primera hora ¿de acuerdo? sonrió al sentir cómo aquélla casi se quedaba sin respiración .
— De acuerdo, señorita Villalonga — susurró consciente de lo que le iba a decir. Todavía recordaba la conversación que mantuvieron la última vez que hablaron —. Hasta mañana.  
Tras decir aquello la muchacha colgó, dejando a Fernanda con el teléfono en la oreja. La sensación que le quedó al notar el miedo con que la muchacha le hablaba no le gustó nada, y contrariada cerró su móvil. Aquella noche, cuando un guapísimo Roberto acudió a buscarla, ella le esperaba vestida con un traje de Roberto Cavalli. Una vez cogieron el coche de Fernanda , ésta lo llevó a cenar a Sparring un restaurante de alta cocina innovadora donde había oído que servían un exquisito salmón. Sentados en su preciosa mesa color pistacho Roberto miraba a su alrededor como un niño con zapatos nuevos.
— Mamá me contó lo de Celso.
— ¡Oh, Dios mío! — murmuró y bebió de su Martini —. Espero que supieras comportarte, contener tu lengua de víbora y no ser demasiado borde con ella.
— ¿Por qué dices eso? — se molestó la publicista.
— Venga, Fer. No creo que haga falta repetir lo que creo que ha salido por tu preciosa boquita de diseño. Lo extraño es que Silvia no me haya llamado para contarme las perlas que le habrás lanzado.
— Oye, idiota — dijo mirándolo —. Que sepas que si mamá no te ha llamado es porque no le habrá hecho falta. Además, ella es mayorcita para decidir y saber con quién quiere estar y con quién no.
— Fer.. ¿Eres tú?
— Pues claro que soy yo, pero ¿por qué clase de persona me has tomado?
— ¿Quieres sinceridad?
— Por supuesto.
— Ni lo sueñes — señaló Roberto —. Que luego no quiero que me montes un pollo. Nos conocemos, y sé cómo las gastas.
—  Quiero que seas sincero conmigo. No sólo quiero que me digas las cosas bonitas. Necesito que me digas también las que hago mal y no te gustan.
— ¿Qué te han echado en la bebida?
Al escucharlo, se tuvo que reír.
— Si he dicho que no me voy a enfadar, es que no me voy a enfadar.
— Vale. Tú lo has querido — sentenció Roberto y tomándose el Martini de un golpe dijo —. Creo que eres la persona más exigente, con menos sentido del humor y más gruñona que he conocido en mi vida, aunque no sé por qué extraña razón yo te quiero a rabiar. Pero aunque me odies tengo que decirte una cosa, Silvia merece ser feliz, y si su príncipe azul es tu ex suegro, que está forrado de millones para que los disfrute, mejor que mejor. Y ahora sonríe y dime que me quieres a rabiar como yo a ti.
— Te quiero a rabiar.
Él se quedó con la boca abierta.
— ¡Ay, Dios mío! — gritó y sacó el móvil —. Puedes repetir eso para que lo pueda grabar. Llevaba tantos años sin oírlo que estoy emocionado.
— Eres un payaso ¿lo sabías? — respondió muerta de risa.
Verla sonreír de aquella manera emociono a Roberto. Llevaba tanto tiempo viéndola con aquel  gesto de superioridad, que casi se cae de la silla al verla así.
—  ¿Qué miras?
— Por Dios, Fer. Pero si hasta tienes muelas. Las he visto cuando te has reído.  
— Creo que me gusto más siendo así que como era hace un mes.
— No me extraña. Antes eras un auténtico muermo
— En serio. ¿Era tan muermo?
— ¡Puff! Sólo te diré que cuando te movías chirriabas. Al final va a tener razón Silvia con eso de que Alemania  te ha cambiado.
— ¿Pero no decías que mamá no te había llamado? — preguntó divertida.
— Es mentira — sonrió sacándole la lengua —. Pero quería decirte todo lo que te he dicho y que no te enfadaras conmigo. Y oye, ¡he bajado hasta de peso!
— Odio pensar en la persona que me convertí.
— ¿Pero a ti qué te han hecho en Alemania para que hayas vuelto así?
— Un lifting de sentimientos — asintió mirándolo.
— ¡Uau! qué profundo.
— Sí. Allí me he encontrado con personas tan diferentes de las que estaba acostumbrada a tratar, que me he dado cuenta de lo estúpida que he sido, y de lo que es realmente importante en la vida. Por cierto, voy a dejar R.C.H. y estoy pensando montar mi propia empresa de publicidad.
— ¡Eso es magnifico! Tú vales mucho y estoy seguro de que triunfarás.
— Me he cansado de trabajar para los demás y he decidido trabajar para mí ,será mas agradable— y mirándole preguntó —. ¿Puedo contar contigo como peluquero y maquillador para posibles trabajos?
Al escuchar aquello el peluquero se atragantó del susto.
— ¿Acabas de proponerme que trabajemos juntos?
— Sí. Quiero que seas mi socio. ¿Qué te parece?
— Pero, si yo sólo soy un simple peluquero de barrio.
— Eres un estilista excepcional. Más quisieran muchos de los creídos conocidos tener la clase que tú tienes.
— ¡Ay, Dios! Me va a dar un infarto.
— Escucha. Mi cartera de clientes es envidiable y sé que por lo menos quince de las mejores marcas europeas estarán encantadas de trabajar conmigo, aunque sea fuera de R.C.H. Al fin y al cabo lo que contratan son mis ideas , no la marca.
— ¡Un whisky doble! — pidió Víctor al camarero con la boca seca.
— He pensado montar una empresa pequeña. Donde seamos capaces de dar al cliente el mejor trato al mejor precio. ¿Qué te parece?
— ¡Por Dios, Fer! Pero si no puedo hablar .
Emocionados, continuaron hablando de la futura empresa, hasta que Roberto preguntó, — Y de tu alemán, ¿qué me dices?
— Oh, Víctor, Víctor — susurró al pensar en él —. Estoy tan colgada por él que sería capaz de todo aunque a veces sienta que su vida y la mía nunca encajarían. Por eso creo que lo mejor es que cada uno continúe por su camino y nada más.
— Mira, socia — susurró Roberto acercándose a ella —. Te voy a dar un consejo de amigo. Si yo hubiera encontrado al machote de la Coca Cola Light, atractivo a rabiar, que está loco por mi, y encima forrado de dinero, ¡no me lo pensaba ni medio minuto! Ahora deberías decir ¿por qué, Roberto?
— ¿Por qué, Roberto? — repitió ella
— Porque , sólo se vive una vez.
Acabada la cena, tomaron un taxi hasta la discoteca Pacha donde el ambiente a las doce de la noche era chispeante y divertido. Cuando dejaron sus abrigos en el ropero, fueron hasta la barra, y pidieron algo de beber.  
— Dos san franciscos  por favor — pidió Roberto
— ¡Fernanda! — dijo una voz tras ella . Al volverse se encontró con la sofisticada Amaia, acompañada de los dos muchachos que ella solía llamar «los comodines».
— Qué horror — susurró Roberto —. ¡La cuarentona multioperada!
— Hola, Amaia — saludó Fernanda.
— ¿Cuándo has vuelto?
— ¿No te lo ha contado Goyo? — preguntó extrañada
— No. ¿Qué me tiene que contar?
— Fue a buscarme a Treveris y vinimos juntos en el avión.
— No sabía nada — contestó molesta, y omitió que Goyo y muchos de los hasta entonces súper amigos, a raíz de ser descubierta en el hotel Palace en situación nada decorosa, la habían excluido de sus fiestas y sus agendas.
- ¿Cómo es que has venido con «tus comodines»,Amaia? ¿No tienes a nadie más?
Rabiosa por escuchar aquello Amaia atacó.
— Y tú. ¿Cómo es que vienes con ese peluquero marica?
— Woooo... ¡Habló la recauchutada! — sonrió Roberto al escucharla —. Ten cuidado, que el que juega con fuego se quema.
— Roberto es un amigo honesto, al que no califico por sus apetencias sexuales. Porque si así fuera, a ti te tendría que calificar cómo la  hipócrita comepollas y lamecoños de las agencias de publicidad
— ¡Eres vulgar! — gritó Amaia —. Tan vulgar como tu madre y tu hermana. Qué pena, todos los años que dediqué a crearte un estilo no han servido para nada. Tu cuna chabacana de barrio ha podido más que la elegancia y el saber estar.
Tras decir esto, Fernanda soltó un derechazo en la mejilla de Amaia que hizo que cayera encima de sus asustados «comodines» que se apartaron dejando a Amaia caer de culo al suelo.
— Te la debía — señaló la rubia.
— ¡Te voy a denunciar! — gritó Amaia al ver que todos miraban  ¡Te voy a arruinar la vida! ¡Te lo juro!
— A partir de este instante no quiero que te vuelvas a acercar a mí en lo que te queda de vida. No quiero que el nombre de mi madre o mi hermana ocupe ni un sólo centímetro de tu asquerosa boca nunca más y si tienes huevos, denúnciame. Mi madre estará encantada de sacarse unos eurillos extras con las fotos que tenemos enmarcadas. -susurro Fernanda acercándose a ella
Y dándose la vuelta con una sonrisa en la boca,  tomó a su amigo del brazo.
— ¿Nos vamos, socio?
- Por supuesto- Roberto , al pasar al lado de Amaia no pudo evitar hablarle-. Te lo dije. El que juega con fuego, tarde o temprano se quema.
Al día siguiente vestida con un oscuro traje de Armani, Fernanda aparcó el coche en su plaza reservada. Con el maletín en una mano y el móvil en la otra, se encaminó hacia la oficina, donde al entrar el vigilante de la puerta se cuadró.
— Buenos días, señorita Villalonga.
— Buenos días — respondió con una sonrisa al entrar en el ascensor.
La oficina de R.C.H. Publicidad, que tanto le había gustado, de pronto se convirtió en un lugar cerrado, sin aire y sin sol. Cuando las puertas del ascensor se abrieron de nuevo, ante ella apareció el pequeño pasillo recorrido durante años. Según se acercaba a su despacho, se cruzó con un par de trabajadores, quienes al verla torcieron la cabeza e hicieron como si no la vieran. ¿Siempre hacían aquello? . Al llegar ante su despacho, Lis,  se levantó y corrió ante ella para abrirle la puerta. ¿Siempre se la abría?
— Buenos días, Elisa.
— Buenos días, señorita Villalonga — saludó la muchacha que sacó un pequeño cuaderno y comenzó a cantar como los niños de San Ildefonso — . La reunión convocada para las 9:30 ha sido retrasada a las 9:45; el motivo es porque el señor Martínez llegará un poco más tarde. A las 12:00 vendrá a visitarla la Sra. Clark, responsable de la revista Elle en España.
— No hay problema, Lis— indicó sentándose en la silla.
Como una autómata su secretaria salió del despacho y en menos de dos segundos volvió a entrar dejándole varios documentos sobe la mesa. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué estaba tan acelerada? Fernanda , siguiéndola con la mirada, vio que salía otra vez, y a los pocos minutos llegaba con una taza de café.
— Aquí tiene, señorita Villalonga. Solo, doble y sin azúcar.
— Lis, me gustaría hablar contigo. ¿Podrías sentarte?
Al escuchar aquello, cambió de color, y tras sentarse, metió la mano en el bolsillo trasero de su pantalón premamá y dejó encima de la mesa un papel.
— ¿Qué es eso? — preguntó Fernanda.
— Mi carta de despido.
— ¿Carta de despido? ¿Por qué?
— Me dijo que podría trabajar aquí sólo hasta que regresara  . ¿No lo recuerda?
La rubia se levantó, y tras cerrar la puerta del despacho volvió a sentarse, pero en la silla que estaba junto a su secretaria.
— Me acuerdo perfectamente de lo que te dije, por eso lo primero que voy a hacer es romper esta absurda carta — dijo Fernanda sorprendiéndola —. No voy a despedirte y menos porque estés embarazada.
— Gracias — suspiró la muchacha que cerró los ojos —. Gracias de todo corazón.
— Lo segundo que quiero hacer — prosiguió Fernanda —  Pedirte disculpas por lo mal que te lo he hecho pasar con mis malos modos y mi mala actitud.
Lis sorprendida por aquello, no acertaba a hablar.
— Oh... no, no se preocupe .
— Lamentablemente sí que me tengo que preocupar, He sido una pésima jefa, y antes de dejar de serlo quiero escuchar que me perdonas. Por favor.
— Por supuesto que la... perdono — sonrió.
— Elisa, sólo espero que cuando deje la empresa...
— ¿Dejar la empresa?  — interrumpió la muchacha —. ¿Por qué? Eres una publicista excepcional. No creo que a la empresa le interese que...
— De eso quería hablarte — intervino Fernanda —. Voy a montar mi propia empresa de publicidad y me gustaría saber si tú querrías trabajar conmigo.
Su secretaria, no lo dudó un segundo.
— ¡Oh, Dios! Por supuesto que sí.
— De momento, sólo puedo prometerte el mismo sueldo que tienes aquí, se que no es la octava maravilla del mundo  pero si la empresa marcha bien, prometo ofrecerte más. Eso sí. Una cosa. De momento te pido discreción.
— Soy una tumba, jefa — sonrió e hizo que Fernanda también lo hiciera; ambas notaban que aquello iba a funcionar.
Diez minutos después, Fernanda  llamó a Juan y a Luis, también les debía una disculpa. Javier,   al entrar en el despacho, se puso a sudar, nervioso por lo que iba a escuchar, mientras Juan  , la retó con la mirada. Pero lo divertido fue ver sus caras cuando ésta les hizo la misma propuesta laboral que a Lis. Los dos aceptaron con los ojos cerrados. La rubia era una jefa dura, pero era buena en su trabajo además había cambiado. A las 9:40  la rubia, con paso firme, y segura de su decisión, entró en la sala de reuniones. Ya estaban todos esperándola. Pocos minutos después las voces desde la sala de juntas se escucharon en toda la planta. Los asociados montaron en cólera cuando Fernanda les informó que había vuelto sin el contrato. Sentada con tranquilidad en una de las sillas de cuero negro de la sala de juntas . Escuchaba cómo los asociados se despachaban en cuanto a quejas y reproches, cuando entró Lis.
— Esto acaba de llegar, viene a tu nombre — susurró la muchacha entregándole un sobre marrón.
— Gracias — sonrió la publicista.
Mientras los asociados continuaban discutiendo sobre qué hacer con el cliente, Fernanda abrió el sobre, y llevándose las manos a la boca contuvo un gritó cuando vio que en sus manos tenía el contrato del castillo. Víctor lo había firmado. Con el corazón a mil revoluciones se levantó en medio de la reunión.
— ¿Podrían escucharme un momento? — dijo haciéndoles callar.
— ¡¡¿Qué narices quieres tú ahora?¡¡ — gritó uno de los asociados.
— Entregarles mi carta de dimisión — dijo tirándola de malos modos .
Haciendo caso omiso a las voces volvió a su despacho. Nerviosa sacó los papeles en busca de alguna nota de Víctor, pero no encontró nada. Sólo el contrato firmado sin más. Por lo que cogió el teléfono y marcó el número de móvil de su hermana , con suerte estaría en Coblenza y tras un par de timbrazos la voz de una niña sonó.
— Lexie, ¿eres tú?
— Sí, soy yo.
— Hola cariño, soy la tía — sonrió al escuchar la voz de la pequeña.
— Hola tía . ¿Cuando vas a venir?
— No lo sé, cariño ¿Está V...?
— ¡Oh Dios mío! — gritó su hermana quitándole el móvil a la cría —. Fer de verdad eres tú.
— Sí,  soy yo. ¿Cómo estás?
— ¿Por qué no me has llamado antes?
— Estaba solucionando asuntos pendientes - tomando aire preguntó -. ¿Cómo está mi alemán?
— Si te dijera que feo y gordo mentiría — respondió con alegría .— pero si te dijera que alegre y amable también.  — Lo quiero y no quiero vivir sin él.
— Pues ya estás cogiendo un avión y viniéndote para acá.
— Pero escucha. No digas nada a Víctor, ni a tu zanahorio, quisiera darle un poquito de su misma medicina antes de decirle lo mucho que lo quiero. Pero necesito tu ayuda, la de Ona y la de Rous.
— Mira que eres puñetera, Fer — respondió —. ¿Aún quieres liar más las cosas?
— No te preocupes — respondió muy segura de si misma .-las voy a liar siempre


Última edición por janessi1 el Lun Ene 04, 2016 9:47 am, editado 1 vez
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janessi1
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MensajeTema: PARTE 5 FINAL (CAPITULOS 21, 22 Y EPILOGO)   Jue Dic 31, 2015 10:58 am

Capitulo 20 : UNA BODA Y UN ENREDO

Quedaban cuatro días para finalizar el año cuando Fernanda  llegó a Treveris. El subidón de adrenalina que sintió estuvo a punto de hacerla gritar. Valeria , Ona y Rous sabían que  volvía, pero nadie más.
— ¡Oh, Dios! — gritó Roberto. Pero qué frío hace aquí.
— No me seas nenaza — sonrió Fernanda
—  Lo que tiene que hacer uno para encontrar novio-dijo Roberto
— Fer — llamó Silvia. Estoy preocupada por  Fiffy.
—  Estoy seguro de que no tardarán en traerlo- sonrió Celso
— Mamá, no te preocupes, verás como enseguida lo sacan.
— ¡Ay, Dios mío! como nos hayan perdido a Fiffy tu hermana nos mata- murmuró preocupada Silvia .
— Ahí lo traen — sonrió Roberto al ver a Fiffy junto a una de las azafatas .
— ¡Cosita preciosa! — gritó Silvia que corrió hacia el animal, que al verla comenzó a saltar de alegría mientras los demás le hacían carantoñas.
— Fernanda — llamó Celso — muchas gracias por hacerme sentir uno más de la familia invitándome a acompañaros en este viaje.
— Para mí siempre has sido de mi familia, y quiero que sepas que si vosotros sois felices, yo estoy ¡superfeliz! Además, quiero que Víctor se dé cuenta de que yo también tengo una familia que me respalda y que es capaz de mentir tan maravillosamente bien como la suya.
— Bueno, pues ya estamos todos ¿no? — gritó Silvia feliz.
— ¡Casi todos! — indicó Fernanda agarrándola del brazo —. Venga mamá, vámonos al hotel.
Cuando llegaron al Hotel the Park Trier, la señorita de recepción miró a Fernanda. ¿De que la conocía? pero cuando vio Valeria aparecer, la identificó rápidamente. ¡La Española!
— ¡Fiffy! — gritó Valeria que corría hacia ellos.
— Qué mona — señaló Roberto —. A los demás que nos den morcillas.
— No seas pelusón — regañó Fernanda.
Finalizados los abrazos y besos, la señorita de recepción les entregó las llaves de las habitaciones. Tras dejar a Celso y a Silvia a solas en la suya, Valeria acompañó a Roberto y a Fernanda a la que compartirían.
— ¡ Qué habitación más alucinante¡-grito el peluquero
— Valeria susurró Fernanda. ¿Estás bien?
—  Ahora que estáis aquí, sí — asintió sin mirarla mientras jugaba con su perro.
Pero cuando observó que la mochila de su hermana estaba junto a su equipaje, supo que mentía. Había ocurrido algo y no lo quería contar.
— Me vas a contar lo que pasa
— ¡Joder, Fer! — protestó al escucharla —. Paúl y yo hemos discutido.
— Por mi culpa ¿verdad?
— Oh, Dios... — suspiró Roberto — se masca la tragedia.
— Fer — dijo Valeria. Cuando Ona comentó en la cocina que hoy llegabas de España y que te casabas con Goyo, el gilipollas me dio a elegir entre tú o él.
— ¡Qué osado el zanahorio! — gritó Roberto.
— Esta mañana me ha despertado. Tenía preparada mi mochila, y sin despedirme de Lexie me ha hecho montar en su coche y sin decirme nada me trajo hasta aquí y se marchó. ¡Me ha echado de su casa el muy animal! — gritó la castaña —. Eso no se lo voy a perdonar jamás.
— Así me gusta — señaló Roberto — ¡dignidad ante todo!
— Pero vamos a ver — susurró Fernanda acercándose a ella —. ¿Por qué no le dijiste la verdad? No quiero que vosotros tengáis problemas por mi culpa.
— ¿Sabes? — susurró Valeria limpiándose las lágrimas —. El no tiene derecho a darme a elegir entre mi familia y él. Yo nunca le he dado a elegir porque entiendo que Víctor es su familia y a mi me encontró en la calle.
— Y nunca mejor dicho — asintió Roberto.
— ¡Por qué no cierras el pico! — gritó Valeria.
— Imposible. Ante semejantes comentarios no puedo — respondió él.
—  Chicos, paz  — pidió Fernanda.
— Anda, ven dame un abrazo que yo te quiero mucho- señaló Roberto
— Y yo a ti también — dijo abrazándole —. Por cierto Fer, Ona y Rous te mandan millones de besos.
— Estoy deseando verlas — asintió esta —. Y Víctor... ¿Cómo está ?
— Cuando Víctor escuchó a Ona decir que regresabas hoy a Alemania porque al final utilizarías las instalaciones del castillo para casarte ¡Dios! Tenías que haber visto su cara. Era el demonio en persona. Luego fue cuando el estúpido de Paúl discutió conmigo. ¡Es un cabezón!- gritó Valeria.
— No te preocupes, le conocemos  — señaló la rubia seguro que antes de un par de horas ya está buscándote o llamándote por teléfono.
En ese momento sonó la puerta. Al abrir entraron Silvia y Celso.
— Chicos ¿que os parece si nos vamos a cenar? — dijo Silvia.
— Buena idea — asintió Fernanda —. Este estrés me produce un hambre atroz.
Diez minutos después, tras dejar a Fiffy tranquilo en la habitación, los cinco salieron del hotel sin ser conscientes de que Víctor los observaba a través de los cristales oscuros de su despacho. Volver a ver a Fernanda hizo que su corazón comenzara a latir con fuerza y tuvo que usar todo su aplomo para no salir y correr tras ella. En más de una ocasión había estado tentado en ir a buscarla a España, pero no quería presionarla, quería que ella lo perdonara. Ése fue el motivo por el cual se encargó de hacerle llegar el contrato firmado de Bourg Eltz. Si algo le importaba a Víctor en aquellos momentos era ella, única y exclusivamente ella. Pero el mazazo que sufrió al enterarse de que volvía  para casarse, y encima con la sangre fría de hacerlo en el castillo, le dejó tocado el corazón. ¿Cómo podía casarse con otro cuando sus ojos le habían gritado que lo amaba a él? . Aquella noche, consumido por los recuerdos, escuchaba las noticias sentado en el sillón de su despacho, cuando se abrió la puerta y sé cerró de golpe.
— ¡Maldita sea, Víctor! — gritó Paúl sentándose frente a él —. Maldigo el día en que esa cabezona española se cruzó en mi vida. Ojala pudiera manejar el tiempo para poder retroceder al justo momento que la miré.
— Si pudieras hacerlo, ¿qué harías? — preguntó el moreno.
— Lo tengo muy claro. La volvería a mirar — suspiró desesperado.
— Entonces ¿Cuál es el problema?
— Creo que esta vez la he fastidiado, y la he fastidiado a fondo.
— ¿Qué ha pasado?
— Ayer, cuando te marchaste malhumorado al conocer la noticia del regreso de Fernanda — susurró al ver cómo se le oscurecía la mirada me dijo que ella quería venir a Treveris para ver a su familia. Cuando regresamos a casa discutimos y en un momento de rabia, le di a elegir entre su familia o yo.
— ¿Cómo?
— Soy un imbécil — asintió dándose un cabezazo contra la mesa —. Anoche no podía conciliar el sueño, furioso porque ella me dijo que su familia estaba ante todo, metí sus cosas en su mochila, la desperté,  la traje al hotel, y me fui.
— ¡ ¿Cómo se te ha ocurrido hacer algo así Paúl? ¡
— No lo sé, me sentí tan mal cuando vi que tú...
— Eres un completo idiota — regañó Víctor levantándose —. Ella  a pesar de lo que ocurrió en su momento, te perdonó y nunca te dio a elegir entre ella y yo.
— Lo sé... lo sé...— susurró y apoyó la cabeza entre sus manos.
— ¿Qué puedo hacer? Necesito hacer algo para recuperarla.
— Lo tienes fácil, habla con ella.
— Su mirada cuando la dejé daba miedo.
— ¿Qué esperabas? ¿Que aplaudiera? Maldita sea, Paúl, que la has echado de tu casa. ¿La has llamado al móvil?
— Lo tiene apagado.
Tras un incómodo silenció víctor habló.
— Esta noche vi a Valeria y a su familia cuando salían a cenar.
— ¿Les has visto a todos? ¿Todos... todos?
— Sí, a todos — asintió mirándolo a los ojos — Mi princesa estaba preciosa.
— ¿Y?
— Acabo de hablar con Steven. Mañana me marcho para México, a las cuatro de la tarde desde Numancia, no quiero estar aquí cuando ella se case con otro.
— Víctor, tú nunca te rindes. ¿Por qué lo haces?
Al escuchar aquella pregunta dio un trago de su cerveza, y tras mirarlo con una triste sonrisa respondió. — Porque al menos uno de los dos merece ser feliz.
Horas mas tarde Fernanda esperaba a que Roberto les trajera el desayuno. Con una sonrisa en la boca observó a Fiffí, dormía plácidamente a los pies de Valeria  La noche anterior se habían acostado tardísimo . De pronto unos toques en la puerta llamaron su atención, por lo que cruzándose el albornoz se dirigió hacía ella, y cuando la abrió se quedó sin habla. Ante ella tenía a Paúl
— Hola Fernanda.
— Vaya... ¿mira quién está aquí?
— Vaya... vaya — contestó con despecho él —. Si es la novia del año.
— ¿Algo que objetar a mi boda, Paúl?
— Por mí como si te casas con un salmonete.
Al escuchar aquello la rubia sonrió.
— ¿Cómo está tu primo el conde?
— Fantástico gracias a ti. ¿Y tu futuro marido?
— Estupendo y feliz.
Tras un silencio incomodo entre los dos fue Fernanda la que habló.
— ¿Qué quieres?
— Ya lo sabes — respondió e intentó entrar, pero ella le cerró el paso.
— ¿Dónde crees que vas?
— Tengo que hablar con tu hermana.
— Quizás ella no quiera hablar contigo.
—  ¡¡Me importa una mierda si ella quiere o no¡¡-bramó echándosela al hombro .
— ¡Suéltame idiota! — casi rió Fernanda —. ¡¡Suéltame ya¡¡
Dentro de la habitación,  Valeria habían escuchado la voz de Fernanda, y la castaña había decidió cerrar con pestillo
— Valeria mi amor, abre la puerta. Necesito hablar contigo.
— ¡Ja! Lo llevas claro — se mofó ella —. Yo contigo no.
— Cariñito, por favor. Perdóname — insistió Paúl resoplando.
— ¡Ni lo pienses! Para mí no existes.
—  ¡Abre la puerta de una vez! — bufó éste perdiendo la paciencia.
—¡¡ Vete a la mierda¡¡ — gritó al escucharlo.
— Valeria ¡Por Dios! Sal de una vez-dijo Fernanda
— Cariño, perdóname, pero necesito que entiendas que Víctor es como un hermano para mí, y ver cómo sufre día a día me está matando. Sé que eso no justifica mi manera de hacer las cosas. Pero aunque suene tonto lo que voy a decir  cuando escuché que su princesa volvía aquí para casarse con otro en su castillo, te juro que sentí en mi corazón su dolor. Y no pude soportar tu alegría por aquella noticia. — dijo mirando a Fernanda -Escucha- continuó Paúl recostándose contra la puerta -. Nunca debí darte a elegir entre tu familia y yo. He sido un egoísta. No he pensado que Fernanda es tu hermana, y que sientes por ella el mismo amor que yo siento por Víctor. Tras comportarme como un idiota me he dado cuenta de que si ella es feliz con su futura boda, es normal que tú lo seas también y que yo, como persona que te ama, esté feliz también por ella
—  Valeria deja de hacer la idiota y sal de una vez.-dijo emocionada Fernanda
— No me da la gana — respondió con la voz entrecortada.
— ¡Qué cabezona es, por Dios! — susurró la rubia.  
— Valeria, por favor.-dijo el pelirrojo
Finalmente la castaña abrió la puerta
— Mejor os dejo solos — susurró Fernanda .
Cinco minutos después salieron sonrientes y cogidos de la mano
— ¡Por todos los santos, ! ¿Qué es eso de que no te casas? — gritó Paúl.
— Le he contado la verdad señaló Valeria con una sonrisa enamorada.
La rubia ya lo había imaginado.
— Paúl: ¿Cómo me voy a casar con otro si yo sólo quiero a Víctor?
Paúl la miró confundido. — ¡¡Pero ¿por qué sois tan complicadas?¡¡ — vociferó.
— Sólo quiero hacerle ver lo que duele ser engañado y...
— ¿Qué hora es? — gritó Paúl llevándose las manos a la cabeza.
— ¿Qué pasa? — preguntó Fernanda.
— Las diez y veinte — apuntó Valeria.
Paúl, sacó de su vaquero un móvil, marco el teléfono de Víctor, pero le dio desconectado o fuera de cobertura.
—  Víctor se marcha de Alemania.
—¡¿Cómo?! — gritó Fernanda.
— Víctor no quería estar aquí cuando te casaras. Anoche llamó a Steven, su piloto, quiere partir hacia México a las cuatro de la tarde.
— ¡OH, Dios mío! — susurró Fernanda pálida como la cera.
— Tenemos que localizarlo como sea — señaló Valeria mirando a Paúl.
— Llamaré a Steven, le diré que se invente un fallo en el avión.
— Hola chicos, buenos días — saludó Silvia que entró en la habitación.
— ¿Qué pasa? — preguntó Roberto que miró a Fernanda —.  ¿Qué te ocurre?
— Roberto no hay tiempo de muchas explicaciones —señaló Valeria. Víctor cree que Fernanda se va a casar con Goyo  y se marcha del país.
— ¡¡Pero eso no lo podemos consentir¡¡. — gritó Silvia .
— Por supuesto que no — indicó Roberto
— ¡Maldita sea! — gritó Fernanda que salió de su mutismo —. Tengo que encontrar a Víctor antes de que se vaya del país. ¡Por Dios! ¿Pero cómo va a marcharse y permitir que me case con Goyo?
Al decir aquello todos la miraron.
— Te recuerdo que este lío lo has montado tú sólita, bonita — señaló Roberto.
— ¡Vete a la mierda! — gritó Fernanda.
— Tranquilízate — apaciguó Silvia dándole un cariñoso beso —. En cuanto venga Celso veras cómo solucionamos todo esto.
Paúl  desconcertado sin enterarse de nada los miraba a todos.
— Valeria — dijo Roberto —. Creo que tu zanahorio, aparte de estar flipando con este momentazo, no está entendiendo nada de lo que hablamos.
Efectivamente, Paúl, que no entendía español, observaba sin decir nada.
— Mamá —dijo Paúl en español —. Este grandullón es Paúl.
— ¡Por Dios, qué tío más grande! — susurró Silvia fijándose en él.
— Con razón no quiere volver  a Madrid — asintió Roberto y mirando con picardía a Valeria  preguntó —: Oye ¿todo lo tiene igual de grande?
— ¡Roberto! — gritaron madre e hijas a la vez, haciéndole reír.
— Por favor ¡cuánta decencia reunida! — se carcajeó  al escucharlas.
Silvia , levantándose, se acercó hasta Paúl, que intentaba entender sobre qué hablaban. Sabía que era sobre él por las miradas, y eso le inquietó. Con una sonrisa la castaña tomó a Paúl de la mano y le dijo en alemán.
— Cariño, ella es mi madre.
— Lo había imaginado — respondió él —. Os parecéis muchísimo.
— ¿Qué dice? — preguntó Silvia.
— Dice que está encantado de conocerte, y que nos parecemos mucho.
—  Anda, guapetón, agáchate para que te dé dos besazos.
— ¿Qué dice? — preguntó Paúl.
— Qué te agaches para que te bese.
Con una enorme sonrisa, Paúl se agachó y abrazó a Silvia, quién al sentir el calor de aquel enorme muchacho, entendió a lo que su hija había encontrado
— Bueno... bueno — gritó Roberto —. Todo esto es precioso y entrañable pero si no movemos el culo el novio de esta muchacha se nos va a escapar — y mirando a su amiga dijo —: Comienza el plan «B».  

Capitulo 21 : LAGO LAACHER SEE

En la granja, Ona y Rous preparaban un pastel de carne, mientras observaban intranquilas cómo Víctor regresaba de dar un paseo. Había llegado de Treveris aquella misma mañana, con el mismo humor con el que se fue. Ona y Rous, felices por el plan de Fernanda, intentaban disimular la sonrisa, aunque a Ona se le estaba consumiendo el corazón al ver cómo su nieto sufría. Silencioso y poco comunicativo, Víctor se fue a su cuarto y después entro a la cocina
— Qué guapo te has puesto hoy, cielo — señaló su abuela.
— ¿Para qué bajas esa maleta? — preguntó Rous.
— Ona — murmuró Víctor — me voy a marchar de viaje a México.
— ¿Cuándo, hijo?
— En diez minutos salgo para Numancia.
Al escuchar aquello las dos se miraron sorprendidas. ¡No podía marcharse! Fernanda había organizado un plan para reunirse con él  ¿Qué podían hacer? Deberían avisar a Fernanda, pero no había manera. No tenían teléfono.
— ¿Por qué te vas? — preguntó Rous.
— ¿Cómo que te vas de viaje? — señaló Ona —. ¿Cuándo lo has decidido?
— Anoche — asintió y tomó un trozo de pan—. Tengo un par de amigos que visitar y creo que éste es un buen momento para hacerlo.
— No — respondió la muchacha —. No lo es.
— Estoy de acuerdo con Rous.
El moreno, extrañado de que Rous interviniera en una conversación, la miró.
— ¿Por qué dices eso?
— Bueno... es que... — tartamudeó la muchacha.
— En dos días es fin de año — intervino la anciana
En ese momento se escuchó el ruido de un motor, y con alivió Rous y Ona vieron que se trataba del coche de Paúl.
— ¿Sabe Paúl  que te vas?
— Sí.
Al mirar por la ventana Víctor sonrió al ver regresar juntos a aquellos dos. «Por lo menos algo salió bien de todo este lío» pensó con tristeza.
— Buenos días a todos — saludó Valeria con una radiante sonrisa.
— Buenos días — sonrió Ona, y cogiendo a Valeria por el brazo dijo —: Ven. Tengo que enseñarte lo que compré el otro día en Dornie.
— abuela rió Paúl — Te estás volviendo una compradora compulsiva.
— Oh, ¡cállate! —regañó la anciana.
— Voy con vosotras —se levantó Rous.
Tras besar a Paúl  Valeria con disimulo salió de la habitación, y al quedar solas las tres, Ona y Rous comenzaron a hablar a la vez.
— Tenemos un problema — señaló Ona —. El cabezón de mi nieto me acaba de decir que se marcha en un par de horas para México. ¿Qué vamos a hacer? Tenemos que avisar a Fernanda, ella es la única persona que lo puede frenar.
— Tranquilas, chicas — sonrió mirándolas —. No os preocupéis por nada. Gracias a Dios Paúl nos lo dijo está mañana en el hotel y como nos ha fallado el plan «A», pues hemos pasado al plan «B».
— ¿Entonces Fernanda está al tanto de todo? — preguntó Rous.
— Sí. No os preocupéis.
— Oh... gracias a Dios — suspiró la anciana
— Por cierto, habrá que preparar bastante comida. Este fin de año vamos a hacer una gran fiesta aquí — sonrió Valeria pensando en sus familiares.
— ¡Magnifico! — gritaron Rous y Ona emocionadas.
— Pssssss — indicó Valeria. Volvamos antes de que Víctor nos descubra, y no os preocupéis por nada de lo que pase a partir de ahora ¿vale?
Tras asentir regresaron a la cocina donde Paúl y Víctor hablaban sobre su marcha. La castaña cogió un trozo de pan y se sentó junto a Robert.
— Entonces, ¿cuándo volverás?
— No lo sé.
— ¿Te vas? — preguntó Valeria.
— Se marcha a México. ¿Te lo puedes creer? — dijo Ona.
— ¿Te vas a perder la boda de mi hermana?
Al escuchar aquello el alemán la miró a los ojos sin entender la diversión que veía en ellos.
— Creo que no hace falta que yo esté para que se case ¿No crees?
— Tú sabrás  pero a ella le hubiera gustado poder presentarte a  Goyo. Además, ayer se probó el vestido de novia y parece totalmente una princesa.
Al escuchar aquello Víctor se tensó, y Paúl con picardía dio una patada por debajo de la mesa a su novia, que al sentirla lo miró.
— ¿Por qué me das una patada, pedazo de bruto?
— Ese comentario sobraba, cariño — susurró el.
- ¿Cuál? ¿El de Princesa?- y miró a Víctor  -. Fíjate qué curioso, el futuro marido de mi hermana también la llama princesa.
— ¡Basta ya! — gritó Víctor furioso —. ¿Qué os parece si cambiamos de tema?
En ese momento la puerta de la cocina se abrió y entró Seth con cara de apuro.
— Tenemos un problema.
— ¿Qué pasa? — preguntó Víctor levantándose.
— Hemos encontrado el cercado de las vacas forzado — y tras mirar a Paúl prosiguió —. Alguien cortó el alambre para llevarse las vacas. Creo que nos han robado unas cincuenta cabezas.
— ¡Maldita sea! — Paúl parecía furioso —. Cuando pille a esos ladrones se las van a ver conmigo.
— ¡Oh, por Dios, qué disgusto! — susurró Ona.
Víctor miró su reloj comprobó que era la una y media.
— No te preocupes Víctor — dijo Paúl —. Vete para Numancia, nosotros nos ocuparemos de esto.
— ¿Estás seguro? — preguntó incómodo.
— Por supuesto que sí — asintió levantándose —. Pero a cambio, me tienes que prometer que pronto regresaras ¿vale?
— Por supuesto — asintió con una sonrisa, abrazándolo.
Tras despedirse de Ona, Seth y Rous, se volvió hacia Valeria, que parecía divertida por su marcha. Víctor se lo leía en los ojos y eso le molestó.
- Valeria, felicita a tu hermana, y dile que le deseo la mayor felicidad del mundo.
- Se lo diré  - asintió dándole un beso —. Estoy segura que ella te desea lo mismo.
La puerta de la cocina se volvió a abrir precipitadamente. Era Doug.
— Acabo de avisar a la policía, he visto movimientos extraños cercanos al lago Laacher see. Creo que allí tienen nuestras vacas.
— ¿Cómo? — gritó Víctor colérico.
— ¿Ya viene la policía? — preguntó Valeria que intentó no reír.
— Sí. Ya están en camino, y me han pedido que no nos acerquemos al lago Laacher see hasta que ellos lo indiquen — indicó Doug.
— ¡Maldita sea! — bufó Víctor —. Creo que no debo  marcharme ahora.
— Debes marcharte — animó la anciana — Aquí no puedes hacer nada salvo esperar. Además, el cielo indica que puede llover, así que márchate cuanto antes.
— ¡No puedo permitir que nos roben nuestras vacas¡-bramó el moreno .  
— Por supuesto que no — asintió Doug .-por eso he llamado a la policía.
— Ellos son unos profesionales y los detendrán — asintió Rous.
— No te preocupes, Víctor, la policía ya está en camino — dijo Paúl y cogió la maleta de su primo — Venga, te acompaño hasta el coche.
— Víctor, cariño, por Dios no te acerques al lago — repitió Ona con picardía.
Con un extraño malestar en el cuerpo, el moreno siguió a su primo, que tras dejar su maleta en la parte trasera del todoterreno, se acercó hasta él.
— Oye — susurró Paúl — respecto a Fernanda..
— Mejor no digas nada — siseó Víctor y tras darse un abrazo, se montó en su coche malhumorado y se marchó. Paúl , cuando vio que el coche desaparecía de su vista, con una sonrisa en la boca se volvió, para encontrarse con los demás.
— Sí... Sí... Sí ¡Ha picado! — gritó  contento.
— ¡Te lo dije! — aplaudió Valeria haciendo que todos prorrumpieran en un estallido de júbilo. Si algo todos ellos tenían claro era que Víctor nunca se marcharía sabiendo que algo ocurría en sus tierras. Fernanda , hecha un manojo de nervios, esperaba con un coche alquilado al lado del lago Laacher see.
El plan «B» era cabrear a Víctor, y prohibirle ir al lago; aquello aseguraba que iría inmediatamente allí, a buscar a sus vacas. Fernanda  miro el paisaje aquel lugar era uno de los más bonitos que había visto nunca. ¿Cómo no pudo verlo la primera vez que llegó? A su memoria volvieron las palabras de su vecina María, la pitonisa: « Déjate querer ». Nunca hubiera imaginado que su vida tras la anulación de la boda con Goyo, cambiaría radicalmente en menos de seis meses, y menos aún en un lugar como aquél. En España, Lis, Juan y Javier, disfrutaban de unas felices vacaciones de Navidad, tras dejar sus trabajos en R.C.H Publicidad. Esperaban con tranquilidad a que el papeleo que ella había iniciado para su nueva empresa se formalizara y pudieran empezar a trabajar. Javier sería su mano derecha en España mientras ella, si todo salía bien, la dirigiría desde Treveris. Había pasado de ser una ejecutiva agresiva de ciudad, mujer de un metrosexual con más cara que dinero, a una simple mujer enamorada de un cabezón alemán, con más dinero que cara y que por sorpresa era conde. Pequeñas gotas comenzaron a caer, y mirando desde el parabrisas suspiró. Bueno, iba a llover, pero para algo estaba en Alemania . «Adiós peinado» pensó con una sonrisa conformista. Diez minutos después estaba al borde del infarto.  Pero  cuando escuchó el ruido de un motor. «Víctor Karl» pensó.
El moreno, por supuesto, había desoído las indicaciones que todos le habían dado sobre no acercarse al lago Laacher. Lo había intentado, había intentado ir directo al aeropuerto, pero cuando llegó a las inmediaciones del mismo, se desvió para buscar a sus vacas. La lluvia no le permitía ver con facilidad, por lo que al vislumbrar un coche cercano a la orilla del lago, sin pensárselo aceleró llegó hasta él y frenó en seco.
— ¡Joder... Joder! — susurró Fernanda  al sentir cómo la nieve y el pringoso barro del lago  salpicaba el coche  tras aquel enorme frenazo. En apenas  unos segundos, sin apenas respirar, cogio todo lo que necesitaba y salio del coche al hacerlo  él, desde el interior del todoterreno, la observaba atontado. Verla allí,  lo hizo maldecir. Pero abrió la puerta del vehículo, y salió.
— ¿Qué haces aquí? — preguntó Víctor notando cómo le faltaba aire.
La rubia  sacó el contrato de alquiler del castillo. O ahora o nunca.
— Estoy aquí para decirte que te quiero — dijo con ojos brillantes —. He sido una idiota durante mucho tiempo, pero gracias a ti,  me he dado cuenta de lo que realmente importa en la vida. «Ay Dios. No dice nada, mala señal... mala señal» pensó horrorizada al ver que sólo la miraba.
— De nada sirve tener una cuenta bancaria abultada, ni los mejores vestidos, si no tienes al lado a alguien que te quiera de corazón. — y rompiendo el contrato empapado añadió lentamente —. Me he enamorado de ti, no del conde  Víctor Karl Von Zu Eltz, y te juro— dijo sin conseguir que sonriera — que si fueras un simple mecánico, o un granjero, o tuviera que vivir contigo bajo un puente, lo haría. Porque te quiero .
Sin poder responder el moreno la miraba extasiado, aquello hizo que Fernanda  comenzara a ponerse nerviosa. Por lo que quemando su último cartucho, como pudo dio un paso adelante y sacó del bolsillo de su vaquero una caja empapada.
— Toma, ábrela por favor, — dijo estirando la mano.
Llovía a cántaros, pero ninguno de los dos parecía percatarse de aquello.
Clavado como una estatua Víctor la escuchaba, mientras su corazón latía a ritmo acelerado. Sin decir ni una palabra, tras mirarla intensamente durante unos segundos, estiró la mano y tomó la caja. Siguiendo sus instrucciones, la abrió y cuando vio lo que había en su interior, sonrió. «Ha sonreído, sí... sí... buena señal» pensó ella. En el interior de la cajita encontró dos argollas de las latas de Coca-Cola, iguales a las que en la fiesta de Maxwell, tras el baile , ambos habían intercambiado.  Y sin poder aguantar un segundo más la atrajo hasta sí y la besó como sólo él sabía besarla, mientras la abrazaba.
«Por fin... gracias a Dios» pensó aliviada Fernanda.
— Te he echado de menos — susurró Víctor con voz ronca por la emoción
— ¿Y por qué te marchabas?
— Porque te amo y lo único que deseo y he deseado siempre es que fueras feliz.
— ¿En serio crees que soy tan víbora como para casarme con otro en tu castillo?
— Mira, princesita — sonrió sintiéndose el hombre más feliz del mundo — De ti no me extrañaría nada. Porque eres la mujer más desconcertante que he conocido y conoceré en mi vida.
— ¿Sabes, ? Me gusta que me llames así — susurró rozándole los labios.
— ¿Cómo? — rió — ¿Lady Dóberman? ¿Bicho? ¿Señorita? ¿Princesita?
— Cómo quieras — sonrió al escucharlo y ver cómo le buscaba de nuevo los labios. Tras varios besos y palabras cariñosas por parte de Víctor  ella  habló.
— Al verte tan callado pensé que te ibas a dar la vuelta y me ibas a dejar aquí .
— Nunca habría hecho eso — susurró buscando de nuevo su boca —. He creído volverme loco sin ti y ahora que te tengo aquí…
Cogiéndola en brazos, abrió la puerta del todoterreno y la sentó en el asiento del copiloto, haciéndola reír.
— ¡Esto se pone interesante! — aplaudió feliz Fernanda.
Cuando iba a cerrar la puerta, Víctor, acordándose de algo, se paró y tomándole la mano dijo mientras le daba una argolla de la lata de Coca-Cola.
— Cariño. ¿Quieres casarte conmigo?
Al escuchar aquello, y ver la argolla en su mano, la rubia contestó emocionada.
— Sí. Sí quiero, y prometo amarte y discutir contigo hasta el fin de nuestros días.
Fernanda , con los ojos chispeantes, cogió la otra argolla.
— Y tú, Víctor. ¿Quieres casarte conmigo? — dijo dándole la otra.
Con una sonrisa que lo decía todo la miró, y tras besarla con dulzura dijo.
— Sí. Sí quiero, y prometo amarte  hasta el fin de nuestros días.

Epílogo

Seis meses después, el 27 de junio a las doce y media de la mañana, el sol alemán brillaba  para celebrar una boda. El castillo Eltz, engalanado para una celebración, estaba espléndido, mientras los invitados se arremolinaban en la pequeña capilla del castillo para compartir la alegría de los contrayentes. Los novios, guapísimos, acababan de intercambiar los anillos, y decir sus emocionados votos matrimoniales, por lo que el párroco terminó.
— Por el poder que me otorga la Santa Madre Iglesia, yo os declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia.
— Por fin eres mi mujer.
— No lo dudes y bésame.
Sin esperar un segundo más, el nervioso novio se lanzó sobre su preciosa mujer, quien para delicia de todos acogió aquel beso con una enorme pasión, mientras Lexie, preciosa con su vestido azul cielo, llevaba las arras y se tapaba los ojos al ver aquel tórrido beso. La salida de la capilla fue triunfal. Todo el mundo echó arroz y pétalos de rosas blancas para felicitar a los nuevos esposos.
— Venga... venga...— animó Celso que escapó de la multitud y llegó hasta donde estaban Fernanda y Víctor —. Hagamos una foto de familia.
— ¡Cariño! — llamó Fernanda a Víctor, que saludaba a unos amigos —. Vamos a hacernos una foto.
Se hicieron no una, sino cientos de fotos, hasta que Ona animó a la novia para que lanzase el ramo.
-¡¡ Voy a tirar el ramillete ¡¡- gritó la novia .
— ¡Tíramelo a mí, que ya encontré novio¡.-grito Roberto
— Pero bueno, ¿quién es ese chulazo ? — señaló Valeria refiriéndose a un enorme nórdico que no se separaba de Roberto.
- Mi novio Ofsam - dijo Roberto al ver cómo lo miraban -. ¿A que es mono?
— Ufff... — silbó Valeria al verle —. ¡Madre del amor hermoso!
Al decir aquello, miró a Paúl, quién levantando una ceja sonrió.
— Agarrad el ramo con fuerza, que veo mucha desesperada -dijo Fernanda
Y con decisión la rubia,  lanzó el ramo de lirios y narcisos que cayó sin ningún esfuerzo en las manos de Rous. Ella comenzó a sonreír, mientras los hombres daban sonoros golpes en las espaldas a Seth, animándolo. Divertidos, los novios entraron en el salón del castillo, seguidos por los invitados. El salón estaba decorado con lirios y narcisos blancos pero lo mejor fue la comida que  era mitad española, mitad alemana y a todos les encanto, al igual que la música entre las que se encontraba Suites para violonchelo de Bach y Exultate jubílate de Mozart. Y  Después de horas de baile, risas  y felicidad la boda llego a su fin. Ya solos  Víctor cojio en brazos a la publicista y recorrió con ella en brazos un pasillo larguísimo. Cuando llegaron a su destino, el la bajo al suelo y empujo suavemente la puerta de entrada de la habitación que era de paredes de piedra y tenia muebles negros
-Al fin solos amor mío, tengo tantas de desnudarte …aunque me da un poco de pena tener que hacerlo, este vestido de seda que llevas te queda muy bien -sonrió Víctor atrayéndola hacia él —. Estas preciosa
— Gracias cariño. Tú si que estás guapo.
— ¿Tanto como Ofsam ? — preguntó sorprendiéndola.
— Hombre, el vikingo es mono, pero tú — susurró rozándole los labios - me gustas mucho, mucho, mucho más.
— No me convences — murmuró Víctor.
— Cómo puedo convencerte — suspiró mordiéndole los labios.
— Sólo conozco una manera — dijo llevándola con cuidado sobre la enorme cama con dosel, y mirándola con una peligrosa sonrisa dijo con voz ronca , quitándose la chaqueta. Y con una pasión desenfrenada se desnudaron, se acariciaron, se besaron e hicieron el amor  hasta que  las primeras luces del amanecer entraron por la ventana.
-Esta mañana me he hecho  un test de embarazo bueno en realidad  cinco y los cinco han dado positivo. También me han dicho de cuanto.  Estoy de 7 semanas . Pensaba decírtelo en cuanto estuviéramos de luna de miel ya mas tranquilos pero no puedo ocultártelo ni un segundo mas-
-Fernanda..¿Es en serio?-pregunto Víctor que se quedo frente a frente con ella.
La rubia afirmo con la cabeza y sonrío. No podía hablar estaba demasiado emocionada.
El alemán dejo salir una carcajada de felicidad y exclamo- ¡¡tenemos que hacer remodelaciones  en el jardín , comprar muchas cosas, tenemos que avisar a todos y…¡¡
Fernanda le puso un dedo en los labios callándolo.
-Lo primero es ir al medico, después disfrutar de nuestra luna de miel  en los fiordos noruegos y después ya damos al noticia a nuestras familias
-Por supuesto , ahora mismo llamo a James para que te revise antes de irnos de viaje. ¿ Por cierto que nombre le pondríamos? A mi hay algunos que me gustan si es niño le podríamos llamar Tom
-Es una niña ya te lo digo yo y se va a llamar Isolda
-Como tu quieras . Se llamara y será lo que tu quieras princesita-le respondió el con una sonrisa
Fernanda como si de una profeta se tratara, acertó ya que aquel 2 de enero de 2017 dio a luz en la clínica de James una preciosa niña rubia de 3,720 gramos y 49 centímetros.
-Es igualita que tu. Una mini princesita-dijo Víctor
-Casi igual, la boca es tuya  y lo que es mejor la he parido en apenas dos horas  y media sin episiotomía,  ni fórceps, ni epidural. Nada de nada , todo natural ¿No es alucinante?
-A mi eso no me sorprende eres una mujer muy flexible y fuerte.  Aunque casi me partes la mano
-Lo siento, pero una cosa es ser fuerte y otra inmune al dolor. Pero ha  merecido la pena ¿ No?
-Por supuesto, que ha merecido la pena. Mira que niña mas guapa y sana tenemos-le dijo Víctor con Isolda en brazos.-Por cierto quiero mas de estos eh Fernanda Villalonga
-Wooh no vayas tan rápido. Vamos a disfrutar de Isolda primero-le contesto ella-.Además me alegro haberla tenido antes de la boda de mi hermana, eso de estar panzona y no poder bailar en una boda..
Un mes después se celebro la boda de Paúl y Valeria  y el bautizo de la pequeña Isolda en la capilla del castillo Eltz , en la que nadie pudo reprimir sus emociones. Ya en el banquete los novios aprovecharon  para informar que estaban “embarazados”.  Y todos se pusieron felices
-Vas a tener un hermanito Lexie que te parece-le dijo Paúl a su primogénita mientras bailaban un vals
-Yo quiero una hermanita papi-
-Bueno aun es muy pronto para saberlo pero si es un niño debes quererlo igual-le contesto Paúl
-¿Y de cuanto estas?- le pregunto Fernanda a su hermana que estaban mas apartadas
-De 3 semanas y media. Me lo dijo James ayer cuando fui a la clínica
-Me alegro mucho. ¿ya te estas tomando el acido fólico y el hierro?
-Si, claro eso fue lo primero que me dijo James que hiciera . Voy a ser madre Fernanda, estoy tan feliz como jamás pensé que lo seria
-Te lo mereces. Bueno nos lo merecemos después de tantas desilusiones ¿no crees?
-La verdad es que si. Por cierto ¿te imaginas que tenga un niño pelirrojo y con pecas?
-Me lo imagino, me lo imagino-le sonrío la publicista
Ocho meses después Valeria no tuvo un pelirrojo , tuvo dos a los que llamo Tom y Patrick. Uno por el abuelo de Paúl y el otro porque era el segundo nombre de su amado esposo.
Así paso el tiempo cuando en la segunda década de los 2000 llego y Valeria al fin pudo ver cumplido uno de los sueños de su infancia: publicar un libro.
-”El Cromañón y La Princesita”. ¿ De que me suena a mi eso?-pregunto Víctor con ironía
-Sois Fernanda y tu. Es vuestra historia de amor-le respondió Valeria viendo la portada de su libro
-¿En serio? ¿Lo has oído princesita?-dijo el moreno mirando a la publicista que estaba medio ausente y muy pálida. Al verla así  se preocupo y le pregunto ¿cariño te encuentras bien?
-Si, me encuentro bien solo estoy un poco cansada nada mas
- Llevas unos días muy paliducha y débil para mi que eso no es cansancio. Personalmente creo que es culpa de esa dieta tuya tan estricta. Nadie puede estar bien comiendo solo 800 calorías diarias
- Lo hago por ti, para que me veas guapa y delgada-le contesto ella haciendo un mohín
-Para mi que no es ni dieta ni cansancio.  Víctor deberías llevarla a la clínica de James. Os podéis llevar una sorpresa-dijo Valeria sonriendo por sus sospechas. Y acertó su hermana se entero de su segundo embarazo aquel 25 de enero de 2020. El  26 de agosto llego y a la publicista le practicaron una cesárea de urgencia para  sacarla a su niña de 4 kilos y  52 centímetros a la  llamaron Silvia. Fernanda al ver a su segunda hija rosadita y robusta en el quirófano (la publicista se negó a que la durmieran del todo) recordó a su vecina María cuando casi 5 años atrás le predijo su futuro.
El amor finalmente había triunfado para las hermanas Villalonga y los primos Von Eltz
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Te lo dije una serie para que protagonizaran asier etxeandia y Ángela cremonte
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