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 TERCERA TEMPORADA DEL MINISTERIO DEL TIEMPO HECHA POR MI.

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janessi1
BlackTeenage


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Fecha de inscripción : 18/07/2012

MensajeTema: TERCERA TEMPORADA DEL MINISTERIO DEL TIEMPO HECHA POR MI.   Lun Jun 27, 2016 12:40 pm

Hasta que se estrene esta gran serie (eso si renueva claro esta ) van a pasar muchos meses. Y se nos pueden hacer muy largos, por eso yo voy hacer una tercera temporada, asi luego podemos ver si hemos acertado


Última edición por janessi1 el Mar Jul 19, 2016 9:14 am, editado 1 vez
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janessi1
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MensajeTema: CAPITULO UNO : UNA REPLICA A TIEMPO   Vie Jul 01, 2016 9:25 am

Habían pasado seis meses desde que Felipe II apareciera en el ministerio del tiempo dispuesto a cambiar la historia, cosa que finalmente se resolvió gracias a la patrulla principal del ministerio y sobre todo de Amelia Folch que hizo entrar en razón al rey
y le hizo ver que la historia por muy mala o mediocre que sea así debe ser porque las consecuencias de cambiarla en vez de hacer que sea mejor puede ser todo lo contrario. La patrulla de Amelia, Julián y Alonso estaban aquel once de enero de 2017 en sus respectivas casas cuando recibieron un mensaje del ministerio , requiriendo su presencia. Y los tres se pusieron en marcha dispuestos a cumplir con su trabajo
-Siéntense, patrulla, y atiendan. Parten al Madrid del 1614; deben encontrar a alguien.
Alonso se agita en su asiento, sin disimular su entusiasmo al escuchar a Salvador.
-Mi época- Se congratula-. ¿Es asunto de guerra?
-De otro tipo de guerra- Matiza Ernesto.
Salvador se levanta y busca en su librería-. Una guerra de letras ya saben lo mal que han llevado las mentes más brillantes de la literatura española la brillantez de otros.
-¿Y a quién buscamos?- Pregunta Amelia, interesada.
-Al autor del Quijote.- Explica Ernesto.
-¿Otra vez a Cervantes?- Inquiere Alonso- ¿Acaso se ha perdido?
- Ese sí que es un genio no como Lope de Vega.-Dijo Julián sonriendo
La mirada de Amelia es más mortal que una estocada de Alonso. Salvador interrumpe el conato de discusión arrojando un libro a la mesa.
-No ese Quijote.- Amelia recoge el libro y lo estudia.
-El Quijote de Avellaneda-Responde la catalana
-¿Avellaneda?- Pregunta Alonso-. ¿Hay otro Quijote aparte del de Cervantes?
-Un escritor oportunista sacó una continuación del Quijote poco antes de que Cervantes publicase su propia secuela- Expone Julián-. El Quijote fue un éxito, y alguien quiso sacar provecho.
-No sólo eso- Le interrumpe Amelia, ansiosa de devolver la pulla-. El Quijote de Avellaneda rezuma rencor y odio hacia Cervantes y defiende ferozmente la obra de Lope de Vega.
Julián sonríe de oreja a oreja y dice -Dios los crea…
-¿Y qué nos puede interesar de ese aprovechado?- Gruñe Alonso-. Si la Historia se ha propuesto olvidar ese libro, bien olvidado está.
-La segunda parte del Quijote que escribió Cervantes revolucionó la literatura.
,no sólo la española, sino la mundial y el segundo Quijote de Cervantes no habría sido igual sin el Quijote de Avellaneda. El complutense se ofendió tanto con la continuación de Avellaneda que no paró hasta acabar la suya- Añade Ernesto, hojeando el libro con cierto rechazo-. Sin el Quijote de Avellaneda el segundo Quijote de Cervantes quizá nunca se habría acabado.
-En resumen, tenemos que asegurarnos de que se escriba un libro mediocre para que un libro glorioso llegue a existir.- Sintetiza Alonso-. Debemos encontrar a ese Alonso Fernández de Avellaneda.
-Pero no existe ningún Alonso Fernández de Avellaneda- Aclara Amelia-. Se trata de un pseudónimo nadie ha descubierto nunca quién fue Avellaneda.
-Ahora lo descubrirán ustedes- Decide Salvador-. Tenemos que asegurarnos de que ese libro se publique, y para ello lo más adecuado es que encontremos a Avellaneda.
-¿Y por dónde empezamos?- Inquiere Julián.
-Estos son los principales sospechosos de ser Avellaneda. Todos ellos coinciden en Madrid pocos meses antes de que se publicase el Quijote apócrifo, justo en un viaje a la capital de Felipe Roberto, a la postre su editor-Dice Ernesto dándoles un informe
-Pero si queremos que Cervantes escriba la segunda parte de su obra- Razona Amelia
-, ¿Por qué no vamos a hablar con él? Ya nos conoce, y sabe de dónde venimos.
-Quite, quite- Bufa Salvador-. Ustedes hicieron lo que hicieron, y por fortuna Cervantes interpretó su viaje al presente como un sueño. por lo tanto déjenme al Manco de Lepanto tranquilo, que si les doy manga ancha van a acabar llevándoselo a la ruta del bacalao.
- Cervantes ya les conoce. Eviten todo contacto con él.- Sintetiza Ernesto.
-Tómense unas horas para preparar la misión y cuando crean que están listos crucen la puerta 204- Ofrece Salvador, más calmado-. Alonso, es su época. Amelia, usted lo sabe todo de literatura española. Julián, usted… usted…
-Intentaré no molestar- Acepta el madrileño-. Quédese tranquilo, nos aseguraremos que no le falte ningún libro de su colección cuando volvamos.
Dos horas mas tarde con toda la información disponible los tres cruzaron la puerta 204, vestidos con ropas del siglo de oro
-No me siento cómodo ayudando a mezquinos- Admite Alonso, mientras el grupo avanza por las calles del Madrid del 1614-. Sea quien sea ese Avellaneda es un mal perro que se aprovecha de la brillantez de otro.
La ciudad es en el siglo XVII un lugar caótico, sucio y sin pavimentar en el que los conductores de carro se insultan, los puestos de comida bloquean el camino y diminutos riachuelos serpentean en mitad de las calles arrastrando las inmundicias del “agua va” de la noche anterior. Este es el mundo de Alonso de Entrerríos, y el tercio sonríe de oreja a oreja, saludando con galantería a una joven rozando el ala de su sombrero antes de que su protectora dueña aleje a la casadera del camino.
-No sabemos porqué lo hizo- Opina Amelia, ajustándose su toca-. Puede que tuviera buenas razones.
-Nosotros conocimos a don Miguel- Recuerda Alonso, señalando la puerta del piso franco que el Ministerio tiene en esta época-. Era un hombre prudente y tranquilo
no veo qué motivos tendría nadie para tenerle esa inquina.
Amelia abriendo la pesada puerta de la casa le contesta
-Todos los dramaturgos de esta época tenían sus cuitas con otros autores. Don Miguel de Cervantes era un genio, pero no un santo
-Relájate, Amelia, que cualquiera diría que conoces a Avellaneda- Bromea Julián, que busca un asiento para dejarse caer, rendido-. Tú tienes el informe, ¿Quiénes son nuestros sospechosos?
La joven saca el expediente de su falquitrera.
-Jerónimo de Pasamonte- Lee el primer nombre.
Alonso se acaricia la barbilla. diciendo -Me suena ese nombre.
-Es un noble aragonés que conoció a Cervantes en sus tiempos de lucha contra el Turco, no debieron caerse bien, pues Miguel le incluye como uno de los personajes menos positivos de su primer Quijote.
Alonso chasquea los dedos.-En la cadena de presos.
-Vaya, Alonso, no te hacía tan leído.- Se sorprende Julián.
-¿No habéis leído el Quijote? Os envidio podéis descubrirlo por primera vez.
-Sigo leyendo -Dijo Amelia.- Al parecer a Jerónimo de Pasamonte no le hizo ninguna gracia que se burlase de él en su obra magna y se dice que Cervantes sospechaba que él era Avellaneda, pues vuelve a ridiculizarle en la continuación del Quijote
-Ya tenemos al primer sospechoso habitual- Observa Julián, quitándose sus incómodas botas-. ¿Siguiente en la lista?
-Baltasar Navarrete- Lee Amelia-. Un dominico con ínfulas de literato algunos estudiosos posteriores han creído encontrar paralelismos entre el estilo de Navarrete y el visto en el Quijote apócrifo.
-¿No hay más sospechosos?- Pregunta Alonso al fin
-No creo que ninguno que debamos considerar sériame…- Julián le arrebata el expediente cuando ella baja la guardia.
-Lope de Vega, la rivalidad entre Lope y Cervantes, y los elogios al Fénix de los ingenios presentes en el Quijote de Avellaneda hicieron que algunos, le acusasen de escribir la obra apócrifa como ataque a su enemigo
Amelia le arranca el informe furiosa y le replica -.Lope de Vega es una de las mentes creadoras mas brillantes de la Historia de España, nunca necesitó esconderse tras pseudónimos para decir lo que pensaba.
-Nadie dice que Lope sea el responsable de esta mezquindad- Le tranquiliza Alonso.
-Pero a mi me divertiría muchísimo que lo fuera.- Admite Julián, riendo.
-Centrémonos en nuestra tarea- Media Alonso-. Ya tenemos una serie de nombres, ¿Por dónde empezamos a investigar jefa?
- Yo propongo empezar por Jerónimo de Pasamonte que fue personificado por Cervantes en Gines de Pasamonte, altivo y ridículo preso con el que se encuentran los protagonistas, al que también le dedicaría unos párrafos en la segunda parte.
Quien sabe si como venganza por suponerle autor del Quijote apócrifo.
-¿Y dónde le podemos encontrar ahora Amelia?- Pregunta Alonso
-Según los informes que maneja el Ministerio, Jerónimo de Pasamonte esta por Madrid en estos momentos, ya muy mermada su hacienda y lejos de ser el soldado que fue. Un anciano que languidece es lo único que podemos esperar encontrarnos.
-Ahora sabremos si es Avellaneda-Dijo Julián
Veinte minutos después el grupo llega a la calle de San Fermín, una zona de Madrid claramente desfavorecida, lugar donde abundan los aliviadores de sobaco, los tullidos fingidos y las mujeres de medio manto.
-Mal sitio para un noble.- Apunta Julián.
-Caído en desgracia- Recuerda Alonso de Entrerríos-. En mi época la distancia entre la riqueza y la miseria es de sólo un par de golpes de fortuna. Dejadme a mi, sé desenvolverme entre esta gente.
El soldado se adelanta, sin esperar respuesta de sus compañeros, y se acerca a un bravucón mal encarado. Alonso toca el ala de su sombrero en señal de respeto.
-Buenos días. ¿Sabría vuesa merced dónde podría hallar a un hidalgo de nombre Jerónimo de Pasamonte?
El matón le responde con una mueca. -¿Es por el trabajo?
-¿Trabajo?- Pregunta Alonso. El tipo se pasa la mano por el mostacho y asiente.
-El tal Pasamonte está buscando aceros de confianza para un trabajo se me ofreció la labor, pero el pago era escaso y ando pendiente de una visita de la ronda por cierto malentendido y tengo que tener a mano una iglesia para acogerme a sagrado.
¿Os interesa ese encargo? Se os ve hombre que se viste por los pies.
-Me interesa.- Le sigue el juego el viajero en el Tiempo.
El matón le señala una calle angosta.
-La casa con una estampa de San Bartolomé en la puerta, trabajo de unas horas, quizá una estocada, o tal vez una amenaza al amante de la mujer de un cornudo, no sé ni me interesa saber- El tipo se acaricia a su vez el ala del sombrero-. Suerte, amigo.
-Suerte con esos alguaciles.- Se despide Alonso, que lleva a sus compañeros a un callejón meado pero discreto para contarle lo que ha descubierto.
-Tenemos que investigar qué pretende Pasamonte.- Concluye Amelia.
-Cierto, pero..- Alonso busca las palabras; no sabe cuándo puede ofender a la gente
- A quien quiera contratar aceros le extrañará ver presentarse a cierto tipo de personas.
-Estoy de acuerdo- Coincide Julián-. Una mujer llamaría demasiado la atención.
-También me refería a vos- Añade el soldado.-. Los hombres de vuestro siglo tenéis demasiado aspecto de… blandos.
-Ese comentario casi me hace llorar-Le contesto el ex enfermero irónicamente
-Alonso tiene razón- Acepta Amelia-. Esta es su época, sabe más que nosotros y debemos ponernos en sus manos
El ex soldado camina por la sombría calle donde Pasamonte está reclutando aceros de alquiler. La casa del noble es pequeña, de tejado casi derrumbado y puerta carcomida. El funcionario del tiempo entra sin llamar. En el interior se encuentra un hombre una cabeza más alto que Alonso, rubio y de fría mirada azul. A su lado hay un hombre robusto y pequeño, anciano y gastado, que viste ropas que fueron lujosas pero ahora resultan anticuadas y raídas. Al entrar mira a Alonso con recelo
-Busco a Jerónimo de Pasamonte- Dice sin más Alonso-. Se me ha hablado de un trabajo acorde con mis habilidades
-El alcance de sus habilidades lo decido yo- Toma la iniciativa el rufián
-. ¿Cómo podemos saber que vos sois lo que decís ser, y que no son las palabras lo único que sabéis esgrimir?
El anciano interviene.-Soy Pasamonte y este es Luca Castellini, mi hombre de confianza apunta maneras, salga a la calle y demuéstrenos que este es su auténtico oficio y tendrá una oportunidad con nosotros
-Mi profesionalidad se la puedo demostrar aquí y ahora.- Habla Alonso con Pasamonte pero se enfrenta a su matón, que ya echa mano a su daga y mantiene la mirada con fiereza. El anciano tartamudea sin verse capaz de detener el enfrentamiento. Alonso rompe el duelo de miradas soltando su puño contra Luca.
Casi se alegra de que lo esquive, así nunca le podrá acusar de utilizar más la sorpresa que la habilidad, el matón suelta su puño, pero Alonso sabe girarse y, aprovechando la inercia, le golpea en plena mandíbula con el codo. El jaque trastabilla y una gota de sangre aparece en la comisura de su boca; la expresión de su rostro rezuma odio y a Alonso le cuesta creer que Pasamonte pueda contener a su hombre.
-¡Suficiente para mi!- Les frena-. ¡El trabajo es suyo, vuesas mercedes son ahora compañeros, sepan reprimir su furia y destinenla a completar su misión!
-¿Cuál es esa labor tan importante que exige tanta prueba de profesionalidad?-
-Es un trabajo de revancha, de poner en su sitio a alguien que, desde la cobardía de su escritorio, ofende, humilla y menosprecia, alguien que usó mi nombre y lo puso en su sucia obra para insultar sin miedo a la réplica- Alonso traga saliva, intuyendo por dónde van los tiros-. Vamos a dar su merecido a ese escritorcillo Cervantes.
El soldado sabe mantener la compostura con disciplina castrense.
-Ya tenemos un nombre y una ofensa. ¿Cuál quiere que sea el castigo? ¿Una paliza? ¿Un buen tajo que todo lo zanje? Por no hablar de un libro que le devuelva la humillación, metáfora por metáfora…
-Una cara morada y que su carne conozca el acero será suficiente- Ordena Pasamonte
-. Sin vida no hay humillación ni arrepentimiento.
-Sea.- Dice Luca. Pasamontes asiente, satisfecho.
-Un hombre ya le vigila. Vayan ustedes y acaben el trabajo.
Alonso y Luca se observan, calibrándose, y dan el silencio por respuesta.
Un trabajo mezquino en un siglo mezquino Alonso de Entrerríos camina junto a Luca disimulando su furia pero con el italiano a su vera no puede avisar a Julián y a Amelia. Todo en su interior le pide proteger al gran don Miguel de Cervantes quería aprovechar que Pasamonte estuviera solo para hablar con él hasta sonsacarle, en frío o en caliente, toda la información que haga falta, el tercio camina al lado del matarife italiano pensando una excusa para separarse de el o un momento para emboscarle, pero Castellini le ofrece la oportunidad en bandeja de plata
-Debo pasarme a mi hostal para recoger a otro hombre-Le dice-. Adelantaos y nos veremos en la puerta de la casa de ese cagatintas ¿Os place?
Alonso de Entrerrios asiente. La pareja se separa y el viajero en el tiempo apenas da dos pasos antes de ocultarse en la sombra y volver sus pasos. En pocos minutos llega a la casa de Pasamonte, el tercio entra en la casa y cara a cara este le dice al hidalgo
-No iré a la casa de Cervantes sino es para proteger a ese buen hombre y mejor escritor. Humanidad y brillantez, dos campos en los que os supera por mucho.
-¡Judas!- Brama el otro. Alonso no altera el gesto.
-Ahora me vais a responder a unas preguntas, sed sinceros y prudentes y conoceréis la mañana. ¿Habéis tramado alguna otra estrategia para humillar a Cervantes?
¿Habéis escrito alguna obra con la que socavar la honra del buen don Miguel?
-No entiendo a qué os referís.
-Un Quijote, un falso Quijote que ponga las cosas en su sitio. No se equivoque, no se lo voy a impedir, más al contrario-Le respondió Alonso
-¿Una continuación del Quijote con el que echar por tierra las mentiras de ese bujarrón utilizando para ello sus bufonescos personajes?- Se plantea Pasamonte
-. No es mal plan, pero no es el mío aunque por lo que veo no debo ser el único que odia a Cervantes y no me extraña no pocos enemigos hizo ese perro en su estancia en el ejército y en Argel.
-Como descubra que me miente- Dice Alonso, mientras comienza a remover toda la habitación-.Ni ese mal Quijote os servirá de escudo.
Pero no encontró nada solo papeles mal redactados y sin relación con el caballero de la Mancha. En un último intento, fuerza un pequeño arcón pero no hay ningún libro en su interior.
-No es lo que busco, pero…- Alonso piensa un momento- ¿Dónde está el dinero?
¿Cómo piensa pagar a sus matones? Los mercenarios no fían.
Pasamonte, aunque descubierto, muestra casi sensación de desahogo.
-Esta es una misión suicida, al menos para mi. Que responda Cervantes, luego responderé yo ante esos rufianes con mi vida si es el pago que quieren cobrarse.
-Si no sois Avellaneda poco interesáis- Bufa Alonso-. Salvaré a un escritor que no se merece su destino. Vos apáñeselas como mejor pueda.
Alonso corre tan veloz como le permiten sus piernas. Si aborda a los matones antes de que entren en casa de Cervantes, podrá decirles que no esperen pago, y si no hay pago, no habrá acción. Ya hecho eso el tercio se reunió con sus compañeros y Amelia pasa al siguiente de la lista Baltasar Navarrete por que los tres se ponen en camino
-El expediente Avellaneda dice que el padre Baltasar Navarrete regenta esta parroquia- Dice Amelia, cuando el grupo se acerca a la Iglesia de San Agustín, en la calle del Almendro que escondida entre casas empobrecidas y donde hay más falsos mutilados y mendigos remoloneando que devotos de dios.
-Mal destino para cualquier párroco.- Observa Julián.
-Quizá un sitio como este sea el mejor lugar para que un hombre de Dios pueda ayudar a los más necesitados- Dijo Amelia confiada en la bondad del ser humano
Un párroco delgado, ajado y de rostro arrugado interrumpe la charla abriendo violentamente la puerta de la Iglesia y arrojando con fuerza a un pobre diablo fuera
-¡No tenemos pan para gentuza, ya os lo tengo dicho!¡Qué bien rechazáis la Santa Forma para comulgar! ¡Pobres sois pero de espíritu!
El mendigo se aleja renqueando no lo suficientemente rápido como para que el sacerdote no le escupa. Los miembros de la patrulla se miran atónitos.
-Este hombre no tiene ningún interés en ayudar a los hambrientos- Evidencia Julián.
-Actitud propia de alguien capaz de aprovecharse del trabajo otro-Respondió Alonso
-Parece que ya conocemos a Baltasar Navarrete.-Dice Amelia-. Ahora a conseguir descubrir si es él Avellaneda. Por lo que sin dudarlo un segundo entran y nada más hacerlo se sorprenden pues era una iglesia fría, oscura y llena de corrientes. El altar estaba cubierto de un sucio mantel y no había más en el retablo que una triste cruz. Los pasos de los patrulleros del tiempo retumban en la triste iglesia.
-No es hora de misa, señores así que, ale, dejen sus limosnas y vuelvan en maitines.
Les contesta una mujer vulgar de poco más de veinte años, y con carnes demasiado expuestas por unas ropas poco pudorosas para un recinto como este.
-Venimos a ver al padre Navarrete- La intercepta Julián-. Un asunto ajeno a la sotana..
-Lo siento pero Balt .. el padre Navarrete ha salido- Tartamudea la joven-. No creo que vuelva ho…
-¡Bárbara!- Se oye una voz-, ¿Está preparada ya la cena?
Y de la sacristía sale el sacerdote mal encarado que ya vieron en la entrada. Al verlos su rostro se pone blanco, y él y la mujer entran en la sacristía. Y echan el cerrojo.
-Bárbara…-Musita Amelia. Sus compañeros la miran sin comprender-. En el Quijote de Avellaneda, junto a Quijote y Sancho hay una tercera protagonista. Bárbara.
Una mujer  de vida disoluta.
-Suficiente para mi- Alonso avanza dando grandes zancadas hacia la puerta de la sacristía. El tercio golpea vigosoramente la puerta-. Sal de ahí, bellaco.
Navarrete no abre la puerta pero sí lo hace una contundente patada de Alonso.
Al saltar goznes y astillas por los aires el trío se encuentra con el párroco y Bárbara abrazándose temblando.
-Pensaba pagar, lo juro- Tartamudea el párroco-. El lunes sin falta., tengo un trabajo pendiente de cobrar y los cepillos siempre se llenan en Domingo.
-No parece ser un hombre de cumplir juramentos.- Gruñe Alonso.
-No venimos para lo que usted cree que venimos- Interviene la catalana
-. Las preguntas que queremos hacerle son sobre literatura…
-Sobre el Quijote, para ser más preciso.- Añade Alonso, en su papel de poli malo. Navarrete se muestra sorprendido. -¿Qué saben ustedes del Qui…?-
Unos golpes en la puerta de la Iglesia interrumpen el interrogatorio.
-¡Navarrete, sucio putero, abre y paga!- Se escucha una voz ronca y rotunda
-¡Protéjanme! ¡Líbrenme de esos valentones y les aseguro que les responderé a todo lo que me pregunten!-Les rogó el párroco
La patrulla no sabe si es muy reglamentario o incluso si Navarrete lo merece, pero parece que están ante Avellaneda, y protegerle a él es proteger al Quijote
-¡Rápido, por detrás!- Apremia Amelia al grupo hacia los aposentos de la Iglesia, donde hay un acceso trasero por el que pueden salir, ya que comienza a hacerse de noche, y la oscuridad les puede servir de ayuda en vuestra fuga. La puerta trasera da a un callejón sin salida, y el equipo no tiene más remedio que buscar una vía de escape yendo hacia la parte frontal de la iglesia; con suerte, los bravucones estarán poniendo patas arriba la iglesia y tendrán tiempo de escapar. En la pequeña callejuela que da a la plaza hay un carro con un caballo famélico que ahora bebe de un charco y sin ninguna gana de perder un segundo de más, la patrulla avanza pero en la salida se topan con una pareja de matones, de aspecto barriobajero y de estoque en su cintura. y el atardecer y las nada iluminadas calles de este Madrid ofrecen a Alonso el escenario perfecto para que se aproxime a los valentones por detrás y descargue sobre la nuca del más alto un potente golpe con la empuñadura de su espada en la nuca, dejándole fuera de juego. El joven intenta, temblorosamente, desenvainar su espada, pero comprende al momento que Alonso es espada veterana y un gesto de negación condescendiente por parte de este basta para que salgan corriendo.
-Vía libre, busquemos escondite hasta que los de dentro se vayan-Exclama el tercio
En efecto, los otros matones salen a los pocos minutos y encuentran a su compañero inconsciente y maldiciendo al cura y a los que le ayuden, los tres suben a su carro y se alejan por callejuelas oscuras la patrulla regresa a la parroquia, con Bárbara aún temblando y Navarrete intentando calmarla con promesas y buenas palabras.
-Pagaré el lunes, se lo garantizo en cuanto acabe con un trabajo que tengo pendiente.
-Habla mucho de ese trabajo-Observa Julián-, ¿No será un trabajo con un editor ?
Navarrete tartamudea y se santigua.
-Asunto de letras es no os lo voy a negar- Confiesa Navarrete-. Un ilustre me pagará una buena cifra por completar una obra.
-¿El segundo Quijote, verdad?- Se lanza Alonso-. ¿Os aprovecháis de la creación de otro para ganar unos maravedíes? Completad esa sucia obra y facilitad nuestra misión; al hacerlo, tenéis nuestro permiso para caer en el olvido.
Amelia rebusca entre los papeles del escritorio del párroco y enarbola una de las hojas que encuentra.
-”-Bien sea venido el nunca vencido Caballero Desamorado, defensor de gente menesterosa, desfacedor de tuertos y endilgador de justicias.”- Lee-. Es el Quijote, sin duda, pero sin duda no es Cervantes. Vos sois Avellaneda.
El párroco no da crédito y no entiende la misión de esos recién llegados ni porqué saben tanto.
-Os confundís es cierto, ese Quijote no es el de Cervantes, gran genio al que tuve el placer de conocer, pero yo no soy el autor.
-Es su escritorio y es el texto que buscamos- Deja claro Julián-. Si no me equivoco, en 1614 dos más dos siguen siendo cuatro.
-Sí, sí, yo trabajo en esa novela pero como corrector, leo lo que me mandan, repaso el estilo, corrijo erratas, acaso altero algún nombre, pero esa novela no me pertenece…
Baltasar Navarrete escarba entre una montaña de hojas. Elige unas cuantas y se las extiende a Amelia. Su mano tiembla cuando la joven toma las hojas.
-Ese es el manuscrito original- Explica-. Como podéis ver, la letra es otra, y la mía sólo aparece en anotaciones y correcciones. Lo que visteis vosotros es un borrador del texto pasado a limpio.
-¿Quién os manda este manuscrito?- Inquiere Amelia, intrigada.
-Mensajeros ignorantes de lo que portan me traen los capítulos originales y se llevan lo corregido, traen el pago, cuando corresponde. Toda la obra está completada ya, sólo falta el último pago.
-¿Alguna idea de quién es autor de este mal Quijote?- El tono de Alonso no da pie a respuestas vagas o evasivas. El párroco agita las manos, en gesto negativo.
-Lo único que os puedo decir es, en una ocasión, un pillastre me trajo un mensaje suyo, me citó en un barrio inmundo, presumo que donde él vive, y allí apareció un hombre anciano, embozado y celoso de su identidad como si fuera un espía inglés quería hablar conmigo sobre mi repaso de los primeros capítulos. Era un hombre hosco, pero conseguí convencerle de mis pequeñas correcciones.
-¿Qué barrio era ese?- Pregunta Julián.
Navarrete no tarda en responder.-Malasaña.
La patrulla se reúne mientras Navarrete y Bárbara se abrazan, intentando calmarse.
-Parece una pista en firme.- Se felicita Alonso.
-Navarrete aún tiene que recibir un pago- Recuerda Amelia-. Podría ser una posibilidad de encontrar a la persona que le contrató.
-O no- Es mas escéptico Julián-.Puede que quién traiga el pago ni sepa ni quiera saber quien es su jefe.
-Julián tiene razón- Coincide Alonso-. En esta época estos negocios se hacen entre sombras y rostros velados. Lo mejor es que sigamos la pista de Navarrete y no nos demoremos mas, ya tenemos una dirección por donde empezar
Los miembros optimistas con las posibilidades de localizar a Avellaneda y asegurarse de que su manuscrito se entregue a tiempo optan por esperar a la mañana siguiente. Ha sido una jornada larga, y el equipo apenas intercambia alguna palabra durante la cena, tras concretar un plan para el día siguiente, Amelia se retira y Julián y Alonso hacen lo propio minutos mas tarde a la habitación que comparten.
En la madrugada a Julián le despierta la rielante luz de una vela. En su catre, Alonso lee ensimismado un libro gastado. El Quijote.
-¿Documentándote para la misión?- Le pregunta Julián.
-Me entusiasma este libro-Explica Alonso, algo avergonzado-. Cuando conocí al maestro Cervantes leí el libro por primera vez y desde entonces no he podido dejar de volver a él cada cierto tiempo.
-Te he visto muy implicado en esta misión- Observa. Julián se da cuenta de lo manoseado que está el ejemplar de Alonso. No le extrañaría que el noble soldado de los tercios lo hubiera llevado a muchas de sus misiones escondido en su jubón, y que frecuentemente en la intimidad recalase en sus capítulos en busca de sabiduría, o simplemente de belleza-. Veo que esa novela es muy importante para ti.
El curtido rostro de Alonso de Entrerríos repentinamente se enternece.
-Cervantes y el Quijote representan una España y unos valores con los que, con todos sus fallos, me identifico y añoro una España enferma y mágica y un ideal de honor y caballerosidad que todo hombre, mientras exista la Humanidad, recordará gracias a las palabras de este genio triste.
Julián le sonríe mientras Alonso hojea lentamente el libro.
-Protegeremos ese libro., es nuestro trabajo y hay trabajos que merecen la pena.
Julián vuelve a dormir y Alonso regresa a su lectura. A la mañana siguiente el grupo ya tiene por dónde buscar, pero la tarea de investigar aún es ardua y les lleva casi toda la jornada., preguntaron mucho y recibieron muchas negativas, vaguedades y malas respuestas hasta que encuentran con alguien que les parece dar una pista sólida.
-Umm- Dice el vendedor de un puesto de frutas-, Creo que la persona de la que me hablan ha pasado por aquí alguna vez y, por lo que recuerdo, vive en el barrio de Malasaña y frecuenta el Mentidero de San Felipe, presume con frecuencia de ser veterano en la lucha de galeras y se considera martillo del turco, pero poca o ninguna fortuna parece haber conseguido de su vida guerrera, malvive con una pequeña asignación que, según jura, proviene de un ilustre. No puedo decirles sus apellidos, dado que nunca los supe, pero su nombre es Alonso.
Los patrulleros se miran y sonríen los datos que ofrece el tendero coinciden con los que han descubierto. Sólo confían en conseguir algo más definitivo y concreto.
-Vive en el barrio de Malasaña- Repite Amelia-Pero ¿En qué calle se hospeda?
El frutero se acaricia la barba, pensando.
-Un día pagó unos maravedíes a mi chiquillo para que le llevase unas frutas a su casa… ¡La calle de la Alondra, eso es! Buscad el hogar más humilde, o preguntad a los vecinos; no habrá muchos que se digan veteranos de Lepanto entre ellos.
La tarde ya va cediendo terreno a la noche, los perros callejeros escarban en los montones de basura, los riachuelos de inmundicias parecen desembocar en este callejón y por las ventanas de las casas parecen asomarse rostros inquietantes.
La información conseguida de los vecinos lleva a la patrulla a una casa cuyo tejado está particularmente demolido y que nunca se diría que se encuentra habitada.
En la habitación de la planta superior una llama mínima demuestra que se encuentra ocupada, sea quien sea, le impulsen los motivos que le impulsen, Avellaneda se encuentra allí, quizá dando los últimos toques a su Quijote infame, el equipo llama a la puerta, para comprobar que está abierta y cuelga apenas de un gozne.
-Entremos.- Dice Amelia.
Alonso se asoma. -¡¿Hola?!
Y una voz cascada responde desde lejos.-¡Suban!
Alerta, el equipo sube por las escaleras, una rata chilla asustada, el frío se cuela en el interior de una casa que parece al borde del derrumbe. En la planta de arriba ven la luz trémula de una lámpara de aceite, iluminando el trabajo de un hombre que trabaja encorvado y ansioso sobre su escritorio astillado y sobre la mesa, un voluminoso manuscrito. Sin duda, son Avellaneda y su Quijote.
-Venimos en representación de un importante editor- Inventa Julián, con un deje de lástima al hablar-.A cuyos oídos ha llegado la noticia de que se ha escrito una audaz continuación de cierta obrilla popular.
-¿Tienen interés en mi libro?- Dice Avellaneda. desquiciado mirando su creación
-. Es una obra que divierte al lector y castiga al difamador.
La patrulla no puede decir una palabra cuando ven al llamado Alonso Fernández de Avellaneda., al enemigo de Cervantes, al que se sintió ofendido y el que difamó.
Es alto, anciano y delgado y sus ojos, son saltones y vidriosos, su nariz es aguileña; sus facciones, muy finas y marcadas, casi cinceladas por su extrema delgadez. Su pelo es cano, ralo y desgreñado, y su bigote y perilla son largos, apuntados y descuidados. Viste una larga camisola raída y cargada de suciedad. Al levantarse, con gesto histriónico y teatral, levanta una espada oxidada y apunta al grupo con tanta determinación como temblor en sus miembros.
-Quien lea este libro hallará la calidad de un Homero con las miserias de un Diógenes y la locura de la Hibris, con lo que ese perro judío de Cervantes mancilló será aquí justamente mancillado. Responderé a su insulto con mi burla, con literatura a sus ofensas Miguel de Cervantes, el mal amigo con piel de cordero, el que escucha con la sonrisa y difama con la pluma será recordado como el difamador burlado y será de él de quién se rían ahora, y yo, al que llamó “el último caballero”, “el último de los clásicos”, será realmente el último que reirá.
La figura patética fuerza sonoras carcajadas, pero rompe al final a llorar.
Avellaneda acaricia las páginas con la ternura de un padre hacia su hijo, y casi surge una sonrisa en sus labios.
-Usted conoció a Miguel de Cervantes ¿Cierto?-Pregunto Amelia
-Yo estaba a su lado cuando fue herido en Lepanto coincidimos en galera sometida,
derrotados y bajo grillete recalamos en Argel nuestra prisión fue la misma y la misma nuestra desesperación, ayudé al joven Miguel en su pena cuando el látigo dejaba su espalda en carne viva, le contaba las maravillosas andanzas de Amadís de Gaula y cuando el forzado trabajo bajo el sol moro nos hacía desmayar, yo le infundía ánimos contando las gestas de Félix Marte de Hircania, cuando intentaban hacernos abjurar de la fe autentica y nos despertaban los cantos de los minaretes, yo le recordaba las historias del español Cristalian, si los dos llorábamos pensando que nunca mas veríamos el cielo de nuestro país, me pedía que le relatase las épicas correrías de Lidamor y de su amor a la infanta Alisa, y él encontraba consuelo. Le hablaba de esos tiempos de caballeros, esos siglos de honor y justicia, de mujeres castas y fieles, de hombres sin mácula moral ni tentación capaz de sojuzgarles. Le hablaba de la necesidad del regreso de los caballeros de novelas y cantares de gesta, de la vuelta de ese mundo de magia y pureza de Filorante o de don Philebián de Candaria, y él cerraba los ojos y escuchaba sonriendo.- Avellaneda parece haber vuelto a ese Argel
-Cervantes puso en su segunda novela nombre a don Quijote- Recuerda Amelia, en voz baja y tomada-. Alonso. Alonso era también el nombre de Avellaneda, siempre creí que se trataba de una coincidencia.
-Cuando tras años cargado de grilletes regrese a mi patria encontré, en manos del vulgo, en cuyas páginas se hacía burla y escarnio de todo cuanto amo, defiendo y reivindico. Casi creí morir al leerlo ese compañero de barrotes que tantas noches me pedía que le repitiese relatos caballerescos y de aventuras… para luego humillar con su patético hidalgo a ese pobre confiado que aún creía en esas cosas.
Alonso de Entrerríos se arrodilla ante el viejo y dulcifica la voz con una sonrisa tierna en los labios.
-Pues confíe vuesa merced en este humilde siervo suyo y de la patria y permítame que lleve este volumen en el que con tan buenas palabras vuelca usted sus emociones, su sabiduría y su venganza, a un editor de buen criterio amigo mío. Es aficionado a las historias de valentía y honor, y sabrá hacerlo llegar a todos los rincones del Imperio.
Avellaneda le mira con melancolía, y en los ojos sinceros del viajero del tiempo cree ver honestidad. Su mano huesuda le extiende el libro que tan sentidamente había escrito, y tan celosamente había guardado.
-Seré recordado, ¿Verdad?- Musita, suplicante.
-Publicad este libro y nadie olvidará nunca al hidalgo honrado y caballeresco enamorado del honor y la valentía.- Prometió Alonso, agarrando su mano.
La triste figura se levanta torpemente y se echa sobre su lecho de paja mohosa. Su voz débil e intraducible narra historias y escenarios incomprensibles. Al abandonar al desdichado encogido en su catre, Julián le pone la mano en el hombro a su amigo.
-Dice mucho de ti que hayas sabido tener piedad de la persona a la que perseguíamos
-La misma piedad que mostró Cervantes por este pobre hombre seguramente cuando se fijó en el vio la desgracia de un hombre bueno, valiente, honesto, y a su manera, demasiado cabal, en un mundo egoísta y despiadado, siento con toda mi alma que Avellaneda no lo haya visto así, pero la novela que creó Cervantes inspirándose en él nunca fue una burla, sino un canto de amor y admiración. Porque Don Quijote de la Mancha nunca fue un loco Don Quijote fue un soñador.- Dijo Alonso de Entrerríos aferrando con fuerza el Quijote de Avellaneda. Al día siguiente lo entregarán al editor Felipe Roberto, y en sus imprentas se fraguará el germen de la novela más importante de la Historia.Tras hacerlo la patrulla vuelve a cruzar la puerta 204 que les llevaría de vuelta al ministerio del 2017, ya ahí se dirigieron al despacho de don Salvador
-Les felicito patrulla, habéis hecho una vez mas un gran trabajo-Les dijo
-Ya podéis volver a vuestras casas, descansad que os lo merecéis-Dijo Ernesto
-Gracias, bueno pues nosotros ya nos vamos-Dijo Alonso
Ya fuera con la satisfacción de la misión cumplida se fueron a sus casas aunque Alonso se sentía mal porque creía estar mintiendo a Elena aunque Julián le dijera muchas veces que fue sincero con ella pero que ella no le creyó o mas bien no quiso creerle y eso ya no era culpa suya. “ Debes disfrutar de lo que tienes Alonso
y dejar de fustigarte te lo digo por experiencia propia” y con ese pensamiento se dirigió a su hogar donde su amor le esperaba para cenar. Las doce y un minuto del 12 de enero llego y mientras Julián estaba con Irene de fiesta por 1988, Amelia dormida sintió su móvil vibrar debajo de la almohada y asustada lo cogio, era un mensaje de whatsapp de Pacino felicitándola por su cumpleaños numero 25 e invitándola al día siguiente por la tarde al cine a ver la película Halloween para celebrarlo. Y ella sonriendo le escribe otro watshapp aceptando dicha invitación al 1982. “Esta vez las palomitas las pongo yo” escribió al final la catalana
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janessi1
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MensajeTema: CAPITULO DOS : TIEMPO AL TIEMPO   Mar Jul 19, 2016 9:24 am

Apenas pasaron 72 horas desde la misión en 1614 cuando Amelia que estaba durmiendo junto a Pacino en el Usera de 1982 y Julián que estaba desayunando junto a su amigo Alonso en una cafetería de Carabanchel, recibieron la llamada de Salvador convocándoles en su despacho para darles otra. Y rápidamente los tres dejaron lo que estaban haciendo y se fueron al ministerio , dispuestos a comenzar otra aventura.
-Buenos días Salvador-Dijeron los tres al unísono nada mas entrar en el despacho
-Buenos días señores, vamos al grano les toca partir a 1969.
Amelia adopta una expresión seria, y dijo -¿Otra vez Salome?
Salvador se quita las gafas con un gesto casi ceremonial y le responde
-En esta ocasión no es Eurovisión señorita Folch.
-¿El gol de Marcelino…?- Tantea el ex enfermero. Alonso se arregla el bigote.
-¿Fútbol? Pues como a mi no me aclaren lo del fuera de juego…
-A ver señores- Les interrumpe Salvador-, tengan miras más altas.
-Apolo 11- Dice el Jefe de operaciones-. El hombre pisa la Luna por primera vez.
Alonso de Entrerríos abre los ojos de par en par.
-¿Los españoles llegamos a la Luna?- Inquiere, entre el orgullo y la sorpresa.
-No en el primer viaje- Le aclara Julián, en confianza. Amelia toma la palabra, con tono profesional. -¿Qué tiene que ver España con la Historia de los Estados Unidos?
-Desde lo de la broma del Maine, todo tiene que ver con la historia de Estados Unidos- Musita Salvador, casi para sí. Ernesto abre el expediente y lo lee
-El Apolo11 despegó de Cabo Cañaveral el 16 de Julio de 1969, pero entre la rotación de la Tierra y la duración del viaje era imposible que una misma antena captase en todo momento las señales de la nave, por lo que se necesitaron tres estaciones de seguimiento para que vigilasen su progreso. Una en California, otra en Australia..
-Y una tercera en Fresnedillas, Madrid- Retoma Salvador-. Un orgullo para nuestra historia que hoy, como tantos otros, está prácticamente olvidado.
-Bien por Fresnedillas- Ironiza Julián-. Pero, ¿qué tiene eso que ver con el Ministerio?
-Paciencia, señor Martínez. Ernesto, proceda.
El jefe de operaciones del Ministerio gira su portátil hacia el equipo, mostrándoles un vídeo en blanco y negro en el que un equipo de técnicos se concentran en su trabajo ante primitivas computadoras y desproporcionados equipos de telecomunicación.
-El hijo de Margarita trabaja digitalizando los archivos de Televisión Española y se fijó en esto- Ernesto pausa la imagen y amplía una sección de la pantalla.
- Reconocerán ustedes a este hombre. Alonso da un respingo en su asiento.
-¡Soy yo! Y se me ve preocupado…
-En efecto- Asiente Salvador-. Margarita la del catering le reconoció y nos consiguió la película. Admitirán que es intrigante.
-Pero yo no he estado allí.- Apunta el soldado.
-Pero estuvo o estará, ya sabe lo difícil que es conjugar el tiempo en este Ministerio.
así que aunque resulte extraño- Decía el veterano subsecretario- Deberán ir al pasado para descubrir porqué han ido al pasado.
-¿Pero no descubriremos entonces que hemos ido a ver porqué hemos ido al pasado?- Pregunta Amelia, confundida.
-No necesariamente- Expone Ernesto-. Puede que el Alonso del vídeo haya viajado en misión oficial y si no enviamos a nadie, no sabremos a quién persigue y la misión Apolo estará en peligro. ¿Saben leer en los labios? Parece que dice “puede estar en cualquier parte”.
-¿Quién puede estar en cualquier parte?- Se pregunta Amelia, preocupada.
-Si por añadidura atendemos al gesto de preocupación que muestra Alonso en el vídeo, es probable que esté enfrentándose a un peligro que aún desconocemos.
-Además, si no vamos- Continúa Julián, lanzado- Alonso no saldrá en ese vídeo y la paradoja podría hacer colapsar el universo.
Salvador agita las manos, impaciente.-Tranquilos, el universo no es muy de colapsar. pero admito que nos encontraríamos en un brete. Su equipo viajará al pasado y verificará que no hay nadie por ahí intentando comprometer la Historia.
-Así que iremos a Fresnedillas y descubriremos si alguien ha viajado a ese momento, y porqué- Sintetiza Amelia-. Con discreción, por supuesto…
-Por supuesto. - Añade Ernesto, experto en añadir presión extra a cada misión
- Recuerden que el proyecto Apolo no sólo es un hito en la exploración espacial, sino un hecho destacado en la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la URSS.
Una confusión o un malentendido entre ambas potencias, y las consecuencias serían…
-Dramáticas, sí- Quita importancia Julián-. ¿Algo más?
-Puerta 711, nuestro contacto en 1969 les esperará al otro lado- Salvador vuelve a sus papeles, pero les mira cuando se levantan-. No permitamos que la carrera espacial se rompa por el eslabón español.
-¿Quién querría interferir un acontecimiento como este?- Inquiere Alonso, incómodo con la ropa de los sesenta que le han preparado para esta misión-. Parece una misión ilustre y pacífica. ¿A quién le puede ofender la hazaña de esos valientes?.
-Incluso los rusos así lo vieron, pues significo una victoria para los Estados Unidos y para la humanidad seguida en directo por más de seiscientos millones de personas a través de las radios y televisiones-Le dijo Amelia Folch
-¿Lola Mendieta?- Pregunta Alonso apretando los puños, recordando hechos pasados. Amelia para al grupo. Ahí está la puerta 711.
-No veo qué beneficio podría sacar Lola de algo como esto- Observa la catalana, aunque en seguida recapacita-.Pero esperemos encontrar más datos antes de sacar conclusiones. Esta es nuestra puerta. ¿Preparados?
Julián, Amelia y Alonso se miran un momento, asienten y dan un paso al frente, directamente a 1969. Y la oscuridad que dejaron atrás es la oscuridad con la que se encuentran, habían viajado casi 48 años al pasado, y 1969 huele a lejía .
-Un armario de limpieza- Se lamenta Julián-. ¿No echáis de menos algo de épica en nuestras llegadas al pasado?
-Tsss- Le manda callar Amelia-. ¿No lo oís?.
Eran voces, jóvenes y distantes.
-¡Abajo Franco!
-¡Libertad y amnistía!
-¡Fuera grises de la universidad!
Definitivamente, habían llegado en mal momento por lo que la patrulla aguardo en completo silencio mientas oían las carreras aceleradas y las proclamas de los estudiantes, y el paso marcial de los antidisturbios. Cuando todo parecía mas calmado salieron y Julián pone los brazos en jarras y sonríe.
-Estamos en la Complutense, en el campus de Somos aguas. Anda que no pasé yo tardes aquí mientras estudiaba enfermería.-
- Leí sobre los alzamientos universitarios al final de la dictadura de Franco, pero no creí acabar en medio de uno de ellos- Señala Amelia.
-¡Genial. El ministerio nos ha enviado a mitad de una batalla campal¡- Protesta Julián.
Alonso le contesta sarcástico.-Vos no sabéis lo que es una batalla campal.
-No es propio del ministerio mandarnos a mitad de una revuelta estudiantil- Dice Amelia-. Si alguien simplemente hubiera acudido a la hemeroteca habrían sabido que este día los antidisturbios asaltaron el campus.
-O no- Razona Julián-. Las protestas de los estudiantes eran tan comunes y los deseos del régimen de mantenerlas en secreto tan grandes que la prensa o no las conocía, o no las quería conocer, puede que ni quedaran registradas en los informes policiales.
-Sea como sea, aún tenemos que encontrar a nuestro contacto e impedir que alguien evite que el hombre llegue a la Luna- Interrumpe pragmáticamente Alonso-. Y creo que la mejor forma de hacerlo es saliendo al exterior.
-Pues estamos tres plantas por debajo de la salida- Informa Julián-, y me temo que los antidisturbios están más acostumbrados que nosotros a moverse por este edificio.
-Busquemos la salida cuanto antes- Ordena Amelia-. Si el altercado va a más y llegan refuerzos, tendremos problemas para explicar quiénes somos y qué hacemos aquí
Avanzaron con prudencia y cierto ritmo por la universidad ocupada
-”Os esperará un contacto del Ministerio”-Protesta Julián-. Pues no nos vendría nada mal algo de ayuda ahora.
-Puede que lo hayan detenido, o que no haya querido arriesgarse - Teoriza Amelia
-. Preocupémonos de salir de aquí y ya nos centraremos en el resto de la misión.
-¿Llamamos al Ministerio?- Sugiere Alonso, mirando a los lados como si se encontrara en una trinchera en Flandes.
-¿Y a quién iban a mandar? ¿A Spínola?
-Callaos los dos- Pone orden Amelia-. Julián, dijiste que conocías esta Universidad, ¿Sabrías encontrar una vía de escape que no nos exponga demasiado?
- El edificio es un poco laberíntico, pero creo recordar que cerca de esta zona había una salida; si no la han cerrado, sería una buena vía de escape. Y tras mucho cuidado y paciencia encontraron esa salida: La cafetería
-En este lugar sin duda habrá una entrada trasera para el personal y para la entrega de los pedidos.- Razona Amelia. En efecto, vieron como en la trastienda una puerta abierta da el exterior. Alonso hace un gesto para frenar a sus compañeros.
-No creo que el Caudillo tenga ningún motivo para mantener esta universidad abierta. Es un avispero de problemas. ¿Qué pensáis?
-No pienso igual, Ramírez, que vengan aquí todos los rojos y todos los anarquistas. Así les tendremos fichados y sabremos dónde venir a buscarlos.
-No parecen muy atentos, pero, ¿ Cómo les apartamos de la salida?-Pregunto Julián
-¿No nos puede ser útil este aparato?- Sugiere Alonso en voz baja, sacando el walkie talkie que Irene les dio antes de que traspasaran la puerta 711. A Amelia se le ilumina la cara, lo agarra velozmente y se lo pasa a Julián.-Aléjalos de la puerta
Julián toma el aparato poco convencido y acciona el botón de comunicación.
-Todos los agentes, acudan al vestíbulo. Los manifestantes se están reagrupando. Cambio.
Los ociosos policías se miran y responden a vuestra llamada.
-Identifíquese quien hace la llamada, cambio.- Responde uno de ellos, receloso.
-Coño, Ramírez, no me jodas, venid rápido que nos crujen estos cabrones.
El engaño de Julián funciona, pues los policías dan una última calada a sus cigarrillos y salen corriendo, con sus porras ya preparadas. Julián sonríe con orgullo .
Los tres abandonan su escondite y pasan por la puerta trasera de la cafetería, y por fin logran salir del edificio. Corrían carretera abajo, cuando sonó un claxon.
-¿Habéis conseguido salir?- Dice un hombre desde el interior, bajando la ventanilla de su SEAT 850 rojo-. Porque sois vosotros, ¿Verdad? Los del Ministerio. Los del futuro
-¿Nos llevas y lo discutimos?- Gruñe Julián.
El contacto entra en la cuenta y retira el seguro para que podáis entrar. Una vez dentro pisa acelerador y os alejáis en dirección a la ciudad.
-Menuda se ha liado, esos cabrones no saben cómo joder a los estudiantes.
-La ingenuidad de la juventud- Observa Julián, desencantado-. Como si unas proclamas pudieran acabar con una dictadura.
-Algo han de hacer esos chavales.- Concede el enlace, mirando por el retrovisor para asegurarse de que nadie os sigue.
-¿Lo ha visto?- Inquiere agresiva Amelia-. Pues nos habría venido bien algo de ayuda.
-Lo siento, guapa, pero estoy fichado y si la policía me hubiera detenido habría pasado lo que queda de Régimen en Carabanchel, y ahí dentro de poca ayuda os sería a vosotros o al Ministerio.
-¿Y qué nombre figura en su ficha policial?
-Es cierto, perdonad, me llamo Gregorio Saavedra, pero podéis llamarme Goyo , vendréis a mi casa y descansaréis allí., y mañana por la tarde que es el día del alunizaje, iremos a Fresnedillas y ya el resto quedará en vuestras manos.
¿Cómo conseguiremos entrar en la estación de seguimiento?- Se preocupa Alonso.
-Trabajo en Radio Televisión Española como técnico y productor- Explica Goyo
-. Mañana iré con una cámara y un periodista a cubrir la noticia., y os conseguiré pases para vosotros, no sé, como asistentes.
-Estupendo- Celebra Amelia, mirando por la ventana el paisaje del Madrid del tardo franquismo. Media hora mas tarde la patrulla se encontraba en el piso de Gregorio y decidieron documentarse mas para la misión Julián leía los periódicos , Alonso veía la televisión y Amelia aprovecha la precaria conexión a Internet para ponerse al día de lo que, hasta ahora, pasaría mañana en la llegada del Apolo 11 a la Luna.
-Parece que el mundo se detiene para observar la audacia de esos hombres- Comenta Alonso-. Cosa que no es poco mérito.
-Incluso los rusos parecen aceptar honrosamente su derrota en la carrera espacial
- Señala Julián, hojeando el periódico-. Todo son felicitaciones y deseos de éxito.
-Yo no diría tanto- Replica Amelia, leyendo en su móvil-. A los rusos les dolió bastante esta derrota; ellos habían estado en cabeza de la carrera espacial desde el principio, y fueron derrotados en la recta final.
-Tengo la impresión de que la Rusia del 2017 lo tiene más que superado o, al menos, tiene otras cosas más importantes en las que preocuparse- Insiste Julián-. Sigo sin ver qué interés tendría alguien del presente en alterar este hecho concreto de la Historia.
-¿Y por qué Fresnadillas?¿ Por lo que dicen en este aparato su papel es destacado, pero sólo en las comunicaciones de la nave? ¿Qué más cosas se dice del viaje, Amelia?-Pregunta Alonso
-La nave Apolo fue lanzada por un cohete Saturno 5 y tardó tres días en llegar a la Luna. Estaba tripulada por Buzz Aldrin, Neil Armstrong y Michael Collins, que permaneció en órbita al satélite en el módulo de mando. Armstrong y Aldrin aterrizaron en el Mar de la Tranquilidad y, tras 13 horas, regresaron a la Tierra.
-Caray- Dice Alonso, sin entender demasiado-. Hay que ver lo que inventan.
¿Y decís que en 2017 no seguimos yendo a la Luna?
Julián se encoge de hombros y le contesta
-Después de que los americanos ganaran a los rusos el duelo de llegar los primeros, unos y otros descubrieron que no había mucho que hacer en la Luna, cuatro misiones exitosas y una película de Tom Hanks después se dejó de gastar dinero en eso
Alonso hace un gesto de decepción. Y durante una hora la patrulla continua hablando sobre el Apolo, la Luna y conjeturáis sobre las posibles implicaciones de un fracaso en la misión. Al día siguiente por la tarde el enlace les esperaba aparcado en doble filla
-Suban, señores. Vamos a hacer la Historia.
Gregorio no les recoge en su SEAT 850, si no que lo hace en una camioneta con el logotipo de Televisión Española. El vehículo es amplio, pero entraban a duras penas, por lo que se vieron obligados a compartir espacio con todo el equipo de grabación y transmisión, y con otro miembro de la comitiva de la cadena de televisión. Encendiendo un cigarrillo, vuestro contacto os presenta.
-Señor Vázquez, le presento a Amelia, Julián y Alonso, asistentes de la cadena. Chicos, os presento al señor Vázquez, el enviado especial a Fresnedillas.
-Encantado- Les saluda el periodista.-Tres productores TVE se lo está tomando en serio. Saavedra, coño no me importa que fume aquí pero, ¿Tiene que ser Celtas?
-¿Qué sabemos de la estación de Fresnedillas?- Le pregunto Amelia a Goyo
-Se trata de una base de comunicaciones relativamente pequeña para lo que se podría esperar- Explica, en voz baja-.La vigilancia no es excesiva; la guardia civil vigila el perímetro, pero nosotros estaremos dentro y no tendremos que preocuparnos de ellos. En el interior algunos marines velarán por la seguridad de la misión, pero no se anticipa ninguna amenaza y podréis esquivarlos con facilidad.
-¿Podremos? ¿ No participarás en la misión?- El técnico le niega con la cabeza a la joven catalana .- Tengo que encargarme de la grabación, un fallo en la emisión española de este acontecimiento tampoco gustaría al Ministerio.
-Pero, ¿Cómo podrían afectar a la misión del Apolo desde aquí?- Pregunto Julián
-. Fresnedillas es tan solo una antena de comunicaciones.
Goyo se encoge de hombros.
-La tecnología de esta base es fácil de intervenir con equipo del siglo XXI.
-¿Cómo lo sabes?-Cuestiono Alonso
-Porque hice un curso de actualización en el 2015-Baja la voz en confianza- .Es que soy del comité.
-Saavedra, no me jodas con los sindicatos- Interrumpe Vázquez-. Que no está el horno para bollos y los del Vertical tienen ojos en todas partes.
La intrusión del periodista hace imposible que sigan discutiendo la misión y tras una hora de incómodo viaje llegaron a la base de Fresnadillas que estaba compuesta de una serie de edificios que orbitan alrededor de la antena central. Rodeada de una verja, el único acceso que había era un puesto de control vigilado desde una garita por un único marine que ojea desinteresado un número atrasado de la Newsweek
-Press- Muestra su acceso Gregorio. El marine lo estudia, mira su lista de entrada y levanta el paso, y minutos mas tarde mientras Gregorio y Vázquez preparan el equipo de transmisión, y ante la mirada inquisitiva del periodista, que no entiende porqué no arriman el hombro para ayudarles, un hombre de aspecto amable se acerca a la patrulla para darles la bienvenida y llevarles al a sala de comunicaciones y ahí se encontraron una sala amplia llena de computadoras primitivas junto a los ocupados técnicos de batas blancas, vieron a dos periodistas que hablan animadamente entre ellos mientras sus cámaras graban a los concentrados ingenieros.
-El momento del alunizaje es las 21:30, hora española- Anuncia Ruiz de Gopegui
-. Aquí al lado tienen el pequeño restaurante de la base, a su disposición toda la noche. Si en cualquier momento lo desean, yo mismo les ofreceré información pormenorizada de nuestra labor aquí.
-Acepto su ofrecimiento- Dice Vázquez. Los dos hombres se alejan en plena conversación, mientras los enviados especiales extranjeros charlan distendidamente entre ellos, en ese momento la patrulla quedaron se quedo sola por lo que decidieron salir de la sala de control y se acercan a la antena., la enorme construcción de mas de veinte metros de diámetro apunta al cielo sostenida por un vigoroso soporte de hormigón y metal, una escalerilla asciende a la parte superior para permitir tareas de reparación y mantenimiento
-¿Os habéis fijado?- Se puede ver un paquete adherido al cableado-. No soy especialista, pero yo diría que es tecnología del futuro.
Los hombres del grupo miran de reojo a donde indica Amelia.
-Así que es cierto que alguien intenta manipular este capítulo de la Historia- Dijo Julián- pero ese marine no nos lo va a poner fácil para subir.
-Y avisarle de lo que hemos visto no es una opción- Se lamenta Amelia-: Que esa tecnología caiga en malas manos es tan peligroso en potencia como el plan del propio delincuente temporal. Debemos encontrar la manera de subir allí y pronto.
El tiempo juega en contra nuestra -Observa Julián- Quedan pocas horas para la llegada del Apolo a la Luna, y no sabemos cuando actuara el viajero.
-Lo mejor será separarnos- Concluye Amelia-. Si cada uno intenta encontrar la manera de poder subir a la antena, tendremos mayores posibilidades de éxito.
-Si uno lo consigue que mande un mensaje al móvil y acudiremos el resto-Soltó Alonso. Tras ponerse de acuerdo se desean suerte y se separan.
El tercio camina hacia el puesto de control de seguridad de la entrada que es simplemente una garita desde la que se controla la subida y bajada de una barrera. Dentro halla a un marine joven de claro aspecto anglosajón rendido a la desidia de su trabajo Alonso lo observa bien y se da cuenta que el guardia dispone de un buen manojo de llaves, “quizá me resulten de utilidad mas adelante” pensó. Por lo que se aproxima a la puerta, ubicada en la parte trasera de la garita., que está entornada, no cerrada, lo que facilito que el ex soldado que accediera sin que el sonido del picaporte le delatase, empujo con cuidado la puerta y ves al marine sentado de lado, aburrido y cabeceando. “Podría intentar distraerle, y echar la mano rápidamente para conseguir las llaves“ reflexionaba, pero como no había tiempo para idear estrategias Alonso, en total silencio, se pone detrás del soldado y le rodea el cuello con un brazo, mientras con el otro aumentas la fuerza de la presión, el guardia intenta gritar pero no le llega aire a los pulmones y a los pocos segundos su cerebro cae desmayado. El tercio lo deposita con cuidado en el suelo y se hace con las llaves. Al mismo tiempo Amelia esta en el almacén uno de los edificios más amplios de la base, curioseando sin encontrar nada de interés, y cuando estaba a punto de desistir vio al fondo de la sala dos puertas, se acerco a ellas y afino el oído. De la de la izquierda no se escucha nada, pero desde la de la derecha se oyen un par de voces en un tono muy bajo, jurarías que hablando en inglés por lo que decidió entrar y se oculto tras unas cajas Amelia se esperaba a un par de soldados u operarios de la base hablando de forma técnica pero vio a dos civiles hablando de forma melosa que detienen en cuanto la ven
-Eres tú- Dijo el italiano-… veras, nosotros en realidad…
-August y yo estábamos…- Tartamudea el francés.
- No os preocupéis, en serio, si esto en el futuro va a ser de lo más normal. Una jefa mía, sin ir más lejos…
-Jean y yo hemos coincidido en varios destinos- Explica el periodista ingles, tomando a su amigo de la mano-. Y, bueno, las experiencias vividas nos han unido mucho.
-Intentamos vernos todas las veces posibles- Continua el francés
-En serio, contad con mi discreción- Les aseguro Amelia-. En cualquier caso, pensaba que todos los periodistas estaríais ya cubriendo la noticia.
-Bueno, salimos y entramos pero aun queda un rato para los momentos más comprometidos del viaje- Dice el ingles .-Además, los de TVE también habéis salido.
-Sí, sí- Contesto ella sin querer dar demasiadas explicaciones-. Mis dos compañeros y yo salimos…
-Tres compañeros y tú, querrás decir- Le corrigió el francés.
-¿Tres?
-Sí- Confirma el periodista ingles-. El cámara que iba con vosotros dejó el centro de control al poco de entrar. No sé si ya habrá regresado.
-Seguro que fue a la Unidad Móvil a por algo de equipo- Justifico Amelia, pero ciertamente con la mosca detrás de la oreja-. Os dejo, espero que consigáis disfrutar de vuestra relación, a pesar del rechazo de la gente y de la distancia.
-Si no-Dice el francés-, siempre nos quedará Fresnedillas.
Amelia incomoda se va , ya fuera les escribe un mensaje a Julián y Alonso
El primero se encontraba en un oscuro habitáculo oyendo el suave ronroneo de un generador eléctrico y entre el tamaño del aparato y la cantidad de cableado que surge de él le hicieron pensar que seguramente nutra de energía a prácticamente todo el centro por lo que se acerco al generador, pero compruebas que la reja que lo separa del resto de la habitación está asegurada por un candado de aspecto macizo. Afortunadamente Alonso le llamo para saber donde estaba y cinco minutos después los tres estaban en ese lugar el tercio saco rápidamente las llaves que le arrebato al soldado y el candado de la reja se abre ante ellos y allí estaban los plomos que apagarían las luces de la base. Y mirándose los tres se dijeron que apagarlas sería una buena distracción, que les dejaría el camino libre para acceder a la antena y deseando con todo tu corazón estar en lo cierto bajan los plomos, y las luces del almacén y las del exterior se apagan de repente y oyeron gritos, carreras y órdenes en inglés., y la patrulla rápidamente se esconde tras una esquina y respiran con alivio cuando ves que la sala de control sigue iluminada, seguramente alimentada por su propio generador.
-Subamos por esta escalerilla, en ese pilar es donde vimos el paquete.-Organiza Amelia. Con profesionalidad encumbran la antena y observan como, conectado a sus circuitos, hay unos cables y un smartphone que opera con una aplicación desconocida.
-Son como los que nos da el Ministerio.- Observa Alonso. Julián asiente.
-Y no solo eso- Coge del suelo una colilla pisada-. Celtas, sólo he visto desde que llegamos a una persona fumar esta porquería.
-Gregorio Saavedra- Sentencia Amelia-. Como trabajador del Ministerio del Tiempo dispone de conocimientos y tecnología superiores a los de su época. Es técnico de comunicaciones, con lo que no le costaría manipular la señal del Apolo 11.
-Salvador tenía razón a medias- Dice Julián-. Alguien quería interferir con la misión Apolo, pero no era exactamente un viajero en el Tiempo. Otra cosa tenemos clara: el ministerio debería tener más cuidado con la gente a la que contrata exceptuando a los aquí presentes, claro.
- Debemos quitar esto de aquí, antes de que Gregorio haga lo que quiera que sea que quiere hacer.
-¡Un momento Amelia!- La frena Alonso-. Gregorio es un pájaro astuto,
¿No es posible que esta no sea la última artimaña que tenga preparada?
Amelia coincide con el Tercio.
-Es cierto. Sigue siendo una prioridad encontrar a Saavedra.
-…Y que me dejéis interrogarlo.- Apostilla Alonso. Entretanto, arranca el móvil de la antena. El aparato parpadea y el Tercio lo aplasta de un pisotón.
-A lo mejor habría bastado con apagarlo- Apunta Julián.
-Las sutilezas para los cirujanos- Zanja alonso. La patrulla llego apresuradamente a la sala de comunicaciones. Inconscientes de lo que está ocurriendo, técnicos y periodistas continúan en sus labores. Como era de esperar, Gregorio no está en la sala.
-¿Es que TVE no ha mandado nadie que quiera trabajar hoy?- Protesta Vázquez, micrófono en mano. La cámara apunta a los técnicos, evitando el gesto agrio y de disgusto del periodista. Julián improvisa una excusa.
-Estábamos comprobando la conexión de la antena de la unidad móvil
-¿Dónde ha ido Gregorio?- Inquiere Alonso, apretando los puños.
-A comprobar la conexión de la unidad móvil- Bufa Vázquez-; es raro que no os hayáis cruzado.
Y la patrulla sin darle explicaciones le dieron la espalda y hablaron entre ellos
-Gregorio es un tipo astuto, debemos actuar con rapidez.-Dijo Amelia.
-Puede estar en cualquier parte.- Se lamenta Alonso. Julián le corrige.
-No en cualquier parte, entre todos hemos visitado todos los edificios de la base, pero al menos hemos llegado a una conclusión. Ya sabemos porqué estamos aquí.
-Explícate.- Le contesta Alonso. Julián y Amelia se miran y sonríen.
-¿No te has dado cuenta?- Dice la catalana-. Acabas de pasar delante de la cámara. Como vimos en el Ministerio.
-¿Me estáis diciendo que acaban de grabarme haciendo lo que me vimos hacer hace 27 horas, que será dentro de 48 años?- Sus compañeros asienten, divertidos.
El tercio se persigna-. Válgame cristo este trabajo le obliga a uno a santiguarse más que un obispo.
-Salgamos a buscar a Gregorio- Les apremio Amelia
La patrulla principal del ministerio salio al exterior, que mostraba una insólita tranquilidad. La base, por fortuna, no es tan grande y no deberían tener problemas para localizar al traidor, pero hasta a ellos les sorprende lo rápido que dais con él.
-¡Gregorio!¡Mal Judas!- Brama Alonso, cerrando sus puños. El enlace del Ministerio os mira con una inquietante sonrisa.
-¿Ya lo habéis descubierto? Bien, tarde o temprano tenia que ocurrir.
-Todo esto…-Las palabras de Julián se tornan repentinamente inseguras-, ¿Para qué?
-Seiscientos millones de personas- Razona Amelia-. Todo el mundo mirando a sus televisores, atendiendo a lo que esos tres valientes hagan sobre nuestras cabezas mientras aquí abajo, en un pequeño país oprimido, hay un técnico de sonido con conocimientos superiores y acceso a tecnología del siglo XXI., un técnico que odia al dictador y que está convencido de la utilidad de las proclamas- La catalana niega con la cabeza, reprochándose no haberlo visto antes-. Nunca pretendiste sabotear el alunizaje, sólo querías que te escuchasen, mucha impaciencia es esa. 20 de noviembre de 1975 son solo seis años más aguantando a Franco. Tiempo al tiempo.
El gesto de Gregorio se torna repentinamente gélido.
-No pretendo que lo entendáis, y no os preocupéis, ningún viajero en el tiempo va a cambiar la historia., lo va a hacer alguien de esta época, alguien que ha comido pan negro y carne mohosa y que ha pasado frío esperando en la cola del racionamiento cogido de la mano de su madre, que ha callado sin poder hablar de un padre al que mataron en la tapia de una iglesia. No me habléis de paciencia, si de mi dependiera,
la dictadura moriría hoy mismo, y no de vieja en la cama de un hospital.
-Eso está muy bien- Arranca Alonso, el menos concienciado de los valores democráticos-, pero ahora levantad las manos, que nos vamos a Huesca.
-Esto no ha acabado todavía- Ríe Gregorio-. La antena no es lo único que he manipulado, tengo un escondite preparado donde concluir el plan. Luego estaré dispuesto a acompañaros a descubrir las vistas de Aragón.
-¿Y tendría la bondad de explicarme cómo va a hacer todo eso antes de que te partamos las piernas?- Amenaza Alonso.
-Quizá esta sea una buena manera- El enlace del Ministerio suelta un fuerte silbido.
Y dos marines se acercaron a ellos, acariciando con sus manos sus armas reglamentarias-. These are the people I talked you about. I saw them up in the dish.
-¡¿Qué es lo que les ha dicho?!- Inquiere Alonso. Mientras Gregorio se aleja corriendo, Amelia asustada se apresura a traducirle.
-Que tenemos que actuar inmediatamente.
Alonso se adelanta pillando por sorpresa tanto a los marines como a sus propios compañeros y detiene al primer soldado con un puñetazo en la cara que le rompe la nariz con un desagradable crujido, el segundo levanta su arma, pero el español le aferra la muñeca y con el mismo movimiento, le hunde la rodilla en su entrepierna, levantándolo unos centímetros del suelo antes de hacerle caer, retorciéndose del dolor.
Con los dos asaltantes neutralizados, decidieron llamar a Salvador
-¿Qué tal, patrulla?-Pregunta el subsecretario ¿Ya sabéis quién quiere interferir con la misión Apolo 11 ?-
-Demasiado bien lo sabemos- Se lamenta Amelia-. Gregorio Saavedra ha resultado ser el saboteador, pretende intervenir las comunicaciones de la nave y soltar un discurso antifranquista cuando Armstrong esté por pisar la Luna.
-Voy a tener que ponerme serio con los de recursos humanos; hay que tener cuidado con quién se contrata- Salvador recupera rápidamente la compostura-. Voy a poner el manos libres para que nos escuche Ernesto.
-¿Cómo pretende cortar la señal de Fresnedillas?- Pregunta el profesional jefe de operaciones del siglo XV. La jefa de la patrulla le explica sucintamente lo que vio en la antena y la confesión de Gregorio de haber puesto mecanismos similares en otros lugares de la base.
-Conocí a Saavedra en su curso de formación hace dos años y era un tipo astuto
- Admite Ernesto-. Contando con su habilidad, y el mecanismo que me decís que ha improvisado y con cualquier móvil de nuestros tiempos podría tomar el control de las comunicaciones de Fresnedillas y como Funcionario del Ministerio tiene uno.
-Patrulla, trabajaremos con nuestros ingenieros en una forma de sabotear el sabotaje de Saavedra- Retoma la palabra Salvador-.Pero hasta entonces dependemos de ustedes. Encuéntrenlo rápido por dios. Y la patrulla sin mas dilación se despide
-¿Dónde podemos localizar a Gregorio?- Pregunta Alonso, en tensión-. Ya sabe que le hemos descubierto, se precipitará a cumplir su plan.
-No tanto, Alonso- Le tranquiliza Amelia-. Su objetivo es intervenir las comunicaciones en el momento del alunizaje, cuando todas las televisiones del mundo estén transmitiendo, si lo hace ahora, lo que trascenderá no será más que un hecho aislado fácil de minimizar por la propaganda americana y española.
-Dijo que disponía de un escondite, pero, ¿Dónde?- Plantea Alonso-. Entre todos hemos revisado toda la base.
-No todos los lugares de la base.- Le contradice Julián. Amelia le mira sorprendida.
-Explícate.
Julián señala las unidades móviles y dice -No teníamos ningún motivo para ir allí, y mientras recorríamos toda la base, él preparaba su guarida.
-Hay tres coches- Cuenta Alonso-. Uno inglés, uno francés y uno español.
-Como en el chiste. Pero personalmente creo que debió ponerlo en el de TVE, más acceso y seguridad-Dijo Julián
-Pero en otro tendría más tranquilidad - Apunta Amelia-; somos los que más ganas tenía de evitar y allí no habría posibilidad de que le interrumpiéramos.
-Tengo una corazonada, seguidme- Insta Alonso. Y con cautela la patrulla se acerco al vehículo francés, esperando estar en lo cierto al suponer que esa es la unidad móvil que eligió Gregorio para hacer su guarida. Y no tardaron en descubrir que Alonso estaba en lo cierto; veis al técnico incorporándose hasta el volante y acelerando rápidamente. Amelia actuando con agilidad salta a un lado, arrojando los clavos y chinchetas que tenia guardados consiguiendo que algunos de ellos se clavaran profundamente en los neumáticos, provocando que Gregorio pierda el control del vehículo, que por muy poco no se estrello contra la verja, y aturdido sale corriendo y se apresuraron para atraparle, por desgracia, un marine se encuentra en los alrededores y se tuvieron que esconder para evitar sospechas. En ese momento Amelia noto el móvil vibrando en el bolsillo de su minifalda
-Salvador, ¿Tenéis alguna noticia?-Pregunto la catalana poniendo el manos libres
-Hemos pasado vuestra información a nuestro departamento de telecomunicaciones. Creen haber dado con algo que puede les sirva de utilidad, Gregorio ha vinculado su mecanismo de interferencia a una frecuencia determinada, si conseguimos que el Apolo 11 altere la frecuencia de sus comunicaciones, lo tendrá difícil para continuar .
-¿Y cómo conseguimos que cambie de frecuencia? Aunque el director nos crea, aún dependeremos de que Houston dé el visto bueno-Le respondió la jefa de la patrulla
Alonso lo ve todo más sencillo.-¿Por qué no llamamos al Apolo?- Julián y Amelia le miran sin dar crédito-. No me miréis así tenemos una antena y un teléfono,
Salvador asiente desde su despacho y tras seguir las instrucciones que recibe del Ministerio, Amelia hace la llamada más extraña de su vida.
-(Apolo 11, ¿Me están recibiendo?)
Un silencio que se os hace eterno se rompe con una voz distante y metálica.
-(¿Quién está usando esta frecuencia?)
-(Pasen a frecuencia médica)- Les pide la catalana. Mientras los astronautas discuten entre ellos, la joven explica a sus amigos su petición-. Les he pedido que pasen a línea médica. En la misión Apolo 11 significaba una comunicación segura que los medios de comunicación no oirían; si nos hacen caso, tendremos discreción para hablar.
-(Pasamos a línea médica, aquí el comandante Armstrong, ¿Quién está teniendo acceso a nuestras frecuencias y con qué motivo?)
-(Somos funcionarios españoles desde la base de seguimiento de Fresnedillas. Tenemos información privilegiada que nos permite suponer que agentes subversivos intentas afectar sus comunicaciones. Comuníquense con Houston para cambiar la frecuencia de transmisión y asegurar el enlace con la Tierra.)
Armstrong suelta una imprecación de disgusto.(Ustedes no tienen autorización para pedir tal cosa. Abandonen esta línea o asuman las consecuencias)
La patrulla se miro comprendiendo que era difícil convencerles de que hagan algo así sin ofrecerles un argumento o una prueba. Por fortuna, el grupo contaba con Amelia.
(Comandante Armstrong, sé que es difícil de creer pero ha de escucharnos o la misión podría fracasar)- Ruega ella. Tras una pausa continua con cierta vergüenza
-. (Hágalo por el señor Gorsky. Él es quién más interés tiene en que el alunizaje se complete con éxito.)
Armstrong no respondió y Amelia se ruboriza a ojos vista. Julián mira con desconcierto a Alonso, que directamente no entiende una palabra.
-¿”Hágalo por el señor Gorsky”?- Traduce, encogiéndose de hombros-. ¿Quién demonios es el señor Gorsky?
Armstrong responde.-(Diablos, no sé quienes sois, pero ciertamente disponen de información privilegiada. Hablaremos con Houston. Armstrong fuera.)
-(Muchas gracias, comandante)- Se despide una visiblemente incómoda Amelia
- (Nos aseguraremos de que lleguen a su objetivo sanos y salvos fresnedillas fuera.)
-¿Gorsky?- Insiste Julián. Amelia carraspea antes de responder.
-Todo el mundo sabe cuales fueron las primeras palabras de Neil Armstrong cuando llegó a la Luna, pero no todos saben cuáles fueron las últimas que dijo antes de volver. Dijo “buena suerte, señor Gorsky”.
-¿Y quién era Gorsky?- No se rinde Julián.
-¿Un ruso?- Tantea Alonso.
-Era el vecino del comandante Armstrong .- Responde la joven, incómoda con cada palabra-. Tras varios años desconcertando a todo el mundo, lo confesó en 1995, cuando el señor Gorsky ya había muerto.
-¿Y qué hizo que ese héroe se acordase de un vecino en el momento más glorioso de su vida, de la de su patria, y quizá de la Historia de la Humanidad?- Pregunta Alonso, con inocencia. Amelia se gira hacia sus compañeros, con determinación en su voz pero evitando sus miradas.
-A pesar de lo que hemos vivido y de trabajar en 2017 no dejo de ser una señorita del siglo XIX y hay cosas de las que no hablo- Alonso y Julián se miran y se encogen de hombros. Amelia les reprende-. ¡Buscadlo vosotros mismos cuando volvamos!
Los chicos de la patrulla le conceden una tregua. Veis como, por algún motivo, todos los periodistas que deberían estar en la sala de control están en el exterior del edificio, hablando entre ellos con evidente desconcierto.
-Parece que les han hecho salir a todos.- Observa Amelia. Julián chasquea los dedos.
-A mi madre le gustan mucho los programas de misterio y conspiraciones y recuerdo que en uno de ellos oí como a los periodistas que seguían la misión lunar fueron invitados a abandonar las salas de seguimiento durante unos minutos, sin más explicaciones. Era como si la NASA no quisiera que nadie oyese las comunicaciones con el Apolo en esos momento es posible que nosotros seamos el motivo por el que se desalojó a los periodistas de Fresnedillas y de las otras estaciones. Muchos decían que se debía a que los astronautas habían contactado con extraterrestres.
-La gente siempre busca las explicaciones más raras a cualquier hecho Julián.- Le contesto Amelia. Julián le regala una sonrisa. diciendo-Claro, la explicación más sencilla no son los extraterrestres, sino los viajeros en el tiempo.
El reloj avanzaba sin retorno ya eran más de las nueve y el Águila está descendiendo. Aldrin y Armstrong se acercan a la superficie lunar mientras seiscientos millones de personas observan con el corazón en un puño el momento que no olvidarán en sus vidas. La señal del Apolo llega a este pequeño pueblo de la sierra madrileña y se distribuye por los cinco continentes mientras que un hombre desesperado se encuentra al pie de una gran antena dispuesto a cambiar la Historia por una buena causa. Gregorio está de pie, con el móvil en la mano., en unos minutos intervendrá la señal y denunciará ante el mundo a una dictadura criminal, y no parece que tenga intención de echarse atrás. La antena iluminada ofrece una vista impresionante, y la patrulla se acerco al traidor al Ministerio. Ya era hora de acabar con todo esto.
-¿Sabéis lo único que he lamentado?- Les dice el técnico-. Haber tenido que llamar a la policía para denunciar actividad subversiva en la universidad para conseguir que os detengan. Usar a los grises es algo de lo que nunca estaré satisfecho
-El Apolo 11 ha cambiado su frecuencia de comunicaciones. Todo ha terminado
-Hemos llamado a la nave- Explica Julián-. Hablamos con el propio comandante Armstrong, les avisamos de lo que pretendías hacer; y ya han tomado medidas.
Gregorio deja caer su móvil. Sus ojos se enrojecen.
-Yo sólo quería que todo el mundo supiera lo que ocurre en España. los asesinatos,
la opresión, la persecución de todo el que simplemente quiere vivir en libertad.
-Vete.- Dijo repentinamente Amelia. -. Deja el móvil aquí, olvídate del Ministerio y no alces ni una palabra contra el Régimen hasta 1975 y si tardas un poco mas mejor.
-¿Por qué?-Pregunto Gregorio desconcertado
-Porque trabajando en el Ministerio he aprendido demasiado de la historia y tienes toda la razón., las dictaduras tienen que morir en las calles y no en los hospitales.
Gregorio los mira y con un gesto de agradecimiento, se gira y se va antes de que pudieran cambiar de opinión. Una vez que se quedaron solos los compañeros le dieron la razón a Amelia en la decisión que tomo: la misión ha sido un éxito y no tiene sentido que nadie más sufra por una dictadura enterrada. Y satisfechos con su tarea, entraron en la sala de control, allí los operadores trabajan recibiendo las tenues señales que indican que el ser humano ha logrado una de sus mayores proezas. Una proeza sin derramamiento de sangre. El fin de una batalla de la ciencia, la técnica y la determinación, en las pantallas de la sala ven al pequeño vehículo aproximándose a la pálida superficie lunar, y en pocos minutos Neil Armstrong, de 38 años, se convierte en el primer ser humano en pisar otro mundo.
-One little step for a man, one giant lep for mankind.
-Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad.- Traduce Amelia, emocionada. La patrulla permaneció en silencio observando la escena. Armstrong y Aldrin caminan por la Luna y durante unas horas recogerán muestras lunares y tomarán mediciones. Luego subirán a la cápsula, serán capturados por Collins y, juntos, regresarán a la Tierra. El resto como se suele decir es historia.
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janessi1
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MensajeTema: CAPITULO TRES: EL RETO DEL TIEMPO   Mar Jul 19, 2016 9:31 am

RESIDENCIA DE ESTUDIANTES [1916]

A pesar del frío invierno en Madrid, decenas de personas se agolpan alrededor de un pequeño escenario improvisado en el salón de actos de la Residencia de Estudiantes. En el centro de este escenario, tras un atril, una mujer de 65 años, con vestido largo y negro y tocado a juego, habla con la vista al frente, tratando de calar en todos los ojos que tiene frente a ella. Era Emilia Pardo Bazan.
-El Arte es cosa brava, antojadiza, indómita, y hasta cuando surge de las hondas fuentes nacionales, se resiste a consignas y encasillamientos, a rutas de antemano señaladas.-Decía Emilia. Entre los presentes estaba a Amelia, entregada y obnubilada por las palabras de tan grande escritora.
Emilia (CONT’D) -El Arte es un eterno rebelde y un eterno inventor y navegante de espacios, que no puede darse nunca por satisfecho con la tierra descubierta ya. …
Amelia en ese momento busca con la mirada a su alrededor, tratando de encontrar sentimientos afines entre el resto de estudiantes. De repente repara en uno de ellos, un intelectual ( Juan Carlos Monedero) que parece de más edad que el resto.
Era un hombre bajito y con gafas, que viste con chaleco, camisa y pantalones de pana, y que mueve los labios repitiendo en silencio las palabras de Emilia Pardo Bazán. Amelia vuelve a mirarlo, extrañada. Se asegura de que nadie la vea y saca de entre sus ropas un pequeño libro del siglo XXI. Lo mira y luego vuelve a mirar al hombre que asiste a la conferencia. Sí, es él. El hombre se percata y le dedica una sonrisa.
Y Amelia alucina. Al día siguiente por la mañana tanto ella como sus compañeros fueron convocados en el despacho de Salvador. Una nueva misión les aguardaba
Salvador dijo señalando un proyector -Sé que esto les chocará... Pero
sí, es él, y no es la primera vez que nos lo pone difícil.
En el vídeo que se está proyectando podemos ver a un hombre con rizos y bigote y de profundos ojos marrones. Era Gustavo Adolfo Becquer, sentado en un bar actual junto a otro hombre al que solo podemos ver de espaldas. Salvador seguía explicándoles el asunto en cuestión .-Y tenemos este otro vídeo grabado momentos después del atentado a Carrero Blanco, como ven, Becquer también atravesó esta puerta y aquí aparece con otro de nuestros agentes infiltrados.
No vemos las imágenes pero sí vemos cómo las mira Amelia, hasta ahora con la mirada perdida. Se sonríe. Julián también las mira, ahora completamente perplejo y suelta -¿Es...
Salvador asiente. Alonso que no entiende nada y le pregunta a Julián -¿Quién es?
-Un intelectual. Se llama Juan Carlos Monedero.
-No sé qué es un intelectual.-Le responde el tercio sinceramente
-Ni usted ni nadie-Exclama Salvador.- Pero lo importante es que precisamente son
ellos, los intelectuales de nuestra época, los que más nos ayudan colaborando eventualmente con el Ministerio, sobre todo durante el Siglo de Oro.
-¿Ellos también viajan por el tiempo? -Dice Julián sonriente .-Ahora entiendo muchas
cosas... Lo que no comprendo es lo qué pasa con Becquer. ¿Es él el disidente?
En ese momento entra Irene por la puerta, trayendo una carpeta con documentos.
-Eso le corresponde a Irene explicárselo. Adelante -Le dice el subsecretario
-Pues sí, es curioso pero nuestro escritor más ilustre es también nuestro mayor obstáculo hace tres meses le intentamos reclutar como agente del Ministerio, pero se negó y ahora uno de sus pasatiempos es ponernos una serie de trampas allá donde vamos., sabemos que no lo hace de mala fe, nos lo han confirmado nuestros agentes. Tened en cuenta que Gustavo Adolfo Becquer ha sido el mayor genio de nuestra literatura, rebosa creatividad por todos los poros. Y también rebeldía.
-Ósea, que se aburre.-Soltó Julián
-Podríamos decirlo así. Dice Salvador.- La cuestión es que ayer recibimos un aviso de 1869, Becquer ha averiguado que morirá dentro de un año y quiere despedirse a lo grande. Pretende boicotear los festejos y conferencias que se celebraron el año en el que se cumplió el 46 aniversario de su muerte, por lo tanto deben viajar a dos épocas
: 1869 y 1916, en la primera tienen que averiguar cuáles son los planes del escritor y en la segunda deben impedir el boicot a toda costa. No podemos permitir que la figura de este hombre quede dañada
Amelia estallando enfadada le interrumpe -¡Por supuesto que no podemos permitir que la figura de ningún hombre quede dañada! ¡Faltaría más!
Todos la miran, estupefactos. Amelia se levanta y, recogiéndose el vestido, sale del despacho cabreada. Los demás se quedan en silencio. Y Salvador le hace un gesto a Irene para que vaya tras ella. La jefa de logística del ministerio lo hizo y pocos minutos mas tarde llego a la cafetería donde se encuentra a Amelia sentada en una mesa en un rincón, aguantando las lágrimas. Irene entra y se sienta a su lado.
-¿Sabes? Últimamente he estado leyendo cosas diferentes y me he dado cuenta de que el pensamiento ha evolucionado a pasos de gigante.
Irene sonriendo le suelta una pulla cordial. -¿El tuyo o el de la humanidad?
Amelia esbozando la primera sonrisa del día le responde .-Ambos... esta mañana he terminado ‘Una habitación propia’ de Virginia Woolf., y ya tengo preparadas a Silvia Plath,, a Hildegart Rodríguez Caballeira y a Emilia Pardo Bazán. ..Que no te siente mal lo que te voy a decir, pero... ¿No te parece que la Historia que estamos ayudando a preservar, nos ayuda muy poco a nosotras?
-¿A las mujeres, dices? Sí. Sí que me lo parece-Le contesta Irene
-¿Y no te molesta?
-Claro que me molesta, me gustaría volver a los años 20 para convencerles de que no esperen a la segunda república para permitir el voto femenino, o al franquismo para impedir que la guía de la esposa perfecta se publique.
-Es aberrante Irene
-Lo es, pero así es la historia. Ha tenido que llover mucha mierda para que se hayan terminado consiguiendo cosas.
Amelia la mira y luego saca de sus bolsillos unos recortes de periódico y le contesta
-Yo no veo que se haya conseguido nada.
Y segundos mas tarde se levanta y deja los recortes sobre la mesa y se marcha. Irene la mira preocupada y luego miro los recortes y leyó los titulares de las noticias:
‘La real escuela de la lengua española solo tiene dos mujeres de veintiocho miembros’, ‘El 51% de las víctimas adolescentes no identifica la violencia machista en España’,‘El 78% de las mujeres tienen serios problemas para conciliar vida laboral y familiar’, ` En Brasil una chica de 16 años fue violada por un grupo de 30 hombres‘.
Por su parte Alonso y Julián se están vistiendo con ropajes del XIX. El primero se mira al espejo, contento, el segundo está incómodo.
¿Podría llevar más capas? -
-No te quejes Julián y mira qué porte te hace.
Julián no está muy convencido. Se sienta a atarse los zapatos y le pregunta a Alonso
-Oye, ¿estará bien Amelia?
-Irene fue en su búsqueda. Supongo que tendrán asuntos de mujeres.
-Me parece que ese es el problema
-¿Cuál?
-Joder, Alonso, eres un poco corto.
-Yo me veo más bien alto.
-Corto, Alonso., de entendederas, que no te estás dando cuenta de lo que le pasa
-Ya te lo he dicho, cosas de mujeres. Ahí no somos bienvenidos ninguno de los dos, por razones obvias. .
-Tienes que dejar de llamarlo así: cosas de mujeres, creo que a Amelia no le sienta muy bien y seguro que si Elena te escuchara pensaría igual ambas luchan cada día en una guerra que es más importante. Son mujeres , Elena seguramente debe luchar el doble para conseguir lo mismo que nosotros y a Amelia por ejemplo solo por el simple hecho de serlo, en su época hasta le mandaban callar
-Ahora es ella quien nos manda a nosotros. Es una buena manera de desquitarse.
-No busca eso. Le jode toda la injusticia que hay alrededor de las demás mujeres.
Alonso ya mas relajado le contesta .-Eso la honra.
-Por eso., tenemos que hablar con ella y hacerle ver que estamos de su parte.
En ese momento llega Amelia, ya vestida como una tabernera de la época.
-Podemos hablar por el camino, si queréis.
Julián y Alonso la miran. Pillados. Y segundos mas tarde los tres caminan hasta las puertas del tiempo, en silencio. Allí se encuentran con Irene
-Cuando lleguéis a la posada de Inés preguntad por el Mesón de la Tinaja. Allí suele pasar las tardes Becquer. Es donde conoció a la madre de sus tres hijos
Irene entrega una bolsa con dinero a Amelia mientras se miran a los ojos
Amelia, Julián y Alonso pasan a través de la puerta, este último tras persignarse.
La patrulla entra a la habitación de una humilde posada por un túnel hecho en la pared, tras un armario. (Rótulo: Madrid, Enero de 1869). La puerta de la habitación se abre y Alonso se pone en guardia. Es la posadera, Inés, de unos 30 años.
-Bienvenidos.
-Eres Inés, ¿Verdad? Yo soy Amelia, encantada. Ellos son Alonso y Julián.
Inés los mira, sonrojándose. Julián sonríe.
-¿Podrías decirnos cómo llegar al Mesón de la Tinaja?
-Está en la calle Tudescos. Mi esposo puede dibujaros un mapa.
-No va a hacer falta, la conozco. Ahora hay un restaurante chino, El Buda Feliz. ¡Siempre quedaba ahí con los colegas cuando íbamos al centro!-Dijo Julián
- ¡Jesús! Un restaurante chino, lo que hay que oír.
-Y una vez lleguemos, ¿Con quién podemos hablar? -Cuestiono Amelia
-Con Sancho, el ayudante del tabernero. Es de confianza.
-¡Vaya, qué casualidad! El mismo nombre que el del escudero de Don Quijote.
Julián y Amelia ríen por la coincidencia. Y Alonso también
CALLE TUDESCOS [1869]
Amelia maravillada, camina por la calle del brazo de Alonso que observa con nostalgia a varios soldados que beben y ríen dentro de una taberna. Algo más adelantado va Julián, riendo por lo diferente que es la calle a la que él conoce.
-¡Otra taberna...! No, si ya lo decía Sabina: Solo en Antón Martín hay más bares que en toda Noruega. (Girándose hacia sus compañeros) Y ahí detrás, ahora, hay un
Deutsche Bank. Hemos involucionado.-Dijo Julián
-En realidad eso no es muy diferente a este siglo. Resulta que la calle debe su nombre a un colegio de jesuitas alemanes-Le contesto Amelia
Alonso dice sarcástico ¿Alemanes viviendo en una calle llena de bares? Quien lo iba a decir…-La patrulla sigue caminando hasta que se topan con el letrero de
la taberna: Mesón de la Tinaja. -Aquí es.
Y los tres entran en el mesón . Dentro hay grupos de soldados beben vino sentados a las mesas del bar. Alguna pareja bien vestida come algo en la barra. Detrás de esta está Sancho, el ayudante del tabernero. Era alto y delgado, alguien totalmente distinto al personaje del Quijote. La patrulla se acerca a la barra.
-Tabernero, tres chatos de tu mejor Rioja.-Dijo Alonso. Amelia lo rechaza con un gesto, profesional.
-Que sean dos-Dijo Alonso
El tabernero comienza a servir los vasos y Alonso le habla en voz baja.
¿Eres Sancho?
-Para servirle a Dios y a usted. ¿Qué se le ofrece? -Pregunto Sancho
-Venimos de parte de Inés, la posadera.
-Buena señora, y también su esposo.
-Veréis, ella nos ha dicho que aquí podremos encontrar a don Gustavo Adolfo Becquer. Pero nos gustaría ser discretos-Le dijo Julián
-Ya estuvo aquí, anoche y por cómo se marchó, diría que no se debe de encontrar en las condiciones para volver hoy. Además, el patrón está al caer y nunca ha sido amigo de don Gustavo. Como se dice que él también pretendía a la antigua patrona...
-¿Habéis observado si Becquer se encuentra extraño últimamente?-Pregunto Amelia
-No más de lo normal, bebe y habla con otros poetas., a menudo sobre asuntos de los que un servidor no entiende ni papa. Este es el barrio de las Musas, ya sabe. ..
-¿Y podríamos hablar con alguno de esos poetas que sea amigo suyo?-Cuestiono Julián. Y señalando hacia un rincón Sancho respondió -Claro., precisamente allí tienen a uno. Todos miran hacia allí y las caras de Amelia y Julián cambian por completo. Sentado a una mesa, delante de un chato de vino y leyendo un pequeño incunable, se encuentra Juan Carlos Monedero, el intelectual que también viaja por el tiempo. Cuando la patrulla llega hasta él, levanta la cabeza y sonríe dulcemente a Amelia, a la que ha reconocido de la conferencia de Pardo Bazán.
-Buenos días, ¿Nos podemos sentar contigo? -Pregunto Julián
-Por supuesto, amigos.
Todos se sientan y Juan cierra el libro que está leyendo. Es ‘El principito’.
-Disculpa que no te dijera nada en la conferencia. No sabía que eras un agente por cierto tienes unas interesantes teorías políticas-Dijo Amelia
-Para nada, no te disculpes. Me alegró ver que llevabas uno de mis libros contigo.
-Ella también las tiene. Por algo es la jefa-Le contesto Julián a Juan Carlos
-Las mujeres siempre deben serlo..
-Estamos buscando información sobre Gustavo Adolfo Becquer, no sé si Salvador os habrá puesto al corriente.-Soltó Alonso
-La verdad es que soy un agente un tanto disfuncional, prefiero ir por libre, así que no tenía ni idea. Pero contadme, por favor.
-Nos han dicho que ambos soléis compartir tertulia ,y tenemos una misión delicada...
Gustavo se ha enterado de la fecha de su muerte, y se le ha ocurrido la “feliz” idea de hacer una gamberrada para dentro de 46 años
-Ajá. Entiendo... Dijo extrañado.- ¿Y eso os parece mal?
-Ni bien ni mal. Son las órdenes que tenemos que cumplir-Le contesto Alonso
Juan Carlos a los otros, señalando a Alonso dijo.-Soldado, ¿Verdad? A ver qué podemos hacer. …
Una hora mas tarde estaban en despacho de Salvador [2017]
-A ver si lo he entendido bien: ¿Tenemos que evitar que salga a la luz un nuevo trabajo de Becquer para que el Ministerio no sea descubierto?
-Eso parece. Juan Carlos no nos ha querido contar más, es muy amigo
de Becquer pero...
Salvador serio le responde a Amelia -Pero se debe al Ministerio, no nos olvidemos.
-Yo lo tendría muy claro. Buscamos el susodicho libro y a la hoguera con él.
-No lo digas muy alto, Alonso que se nos presenta el hijo mayor de Ernesto por aquí. Hablando de Ernesto, ¿Dónde anda? -Cuestiono Julián
-De vacaciones con su hijo Javier . Vuelve el domingo.
-Ah el youtuber, pobre Ernesto que mala suerte tiene con sus hijos solo le falta que aparezca un tercero y que sea tertuliano del corazón
-Alonso, no crea que su idea me disgusta., pero estamos hablando del mismísimo Becquer, si destrozamos una de sus obras es posible que rueden cabezas.
A Amelia, que se había quedado pensativa, se le enciende una lucecita, responde
-Podemos rescribirlo.
Julián contesta irónico -¡Perfecto! Seremos los negros de Gustavo Adolfo Becquer.
No sé vosotros, pero yo hace años que no escribo, desde que estuve un verano enviándome cartas con Maite.
-No serían muy distintas a las Rimas y Leyendas de Becquer.
-Pero no estamos hablando de una novela romántica Irene, sino de una en la que se pone en evidencia la existencia de este Ministerio. Es casi más ciencia­ficción...
-Yo... creo que puedo hacerlo-Dijo Amelia
¿Está segura? -Cuestiono Salvador sorprendido
-He leído tantas veces la maquina del tiempo que hasta podría recitarlo de memoria.
-Amelia si aceptas la misión, no solo tendrás que suplantar la identidad del escritor más importante de todos los tiempos. También tendrás que aprender a escribir...
-... ¿Como si fuera un hombre? Ese es el reto, ¿No? -Contesto ella
MINISTERIO: PUERTAS DEL TIEMPO [2017]
Amelia, Alonso y Julián van vestidos con ropas de principios del siglo XX. Irene camina junto a ellos.
-Lo principal es conocer quién encontró el libro sellado-Decía la rubia
-Esto es España, tierra de cotillas. ¿Seguro que seguirá sellado? -Pregunto Julián
-Otro de nuestros intelectuales infiltrados ha hablado con los periodistas de entonces, y parece ser que sí-En ese momento la rubia se para y dice.-Aquí es puerta 777 suerte a todos... Sobre todo a ti, Amelia.
Se despiden de Irene y segundos mas tarde Amelia coge aire y entra por la puerta. Alonso se persigna, y entra también. Julián
ESTACION TREN DE ALBACETE [ Abril de 1916]
La patrulla aparece por una puerta detrás de la estación de tren..
-Joder... Me siento Harry Potter
Alonso (Sacudiéndose algo de polvo) pregunta -¿Y ese quién es Julián?
-El protagonista de otra novela.-Respondió Amelia
-Todo son novelas ¿Cuándo nos tocará investigar alguna gesta?-Dijo Alonso desilusionado. En ese momento el silbido de un tren les llama la atención.
-Ese debe ser el tren en donde llega Pardo Bazan.
De repente, multitud de curiosos se acercan al andén. Quieren ver a doña Emilia.
La patrulla mira hacia el tren, sonrientes y admirando sobre todo la catalana.
-Vamos, nos esperan en el Ateneo-Dijo Julián. Una hora mas tarde la patrulla se encuentran en el Ateneo Albacetense y allí un conserje atiende a la patrulla.
-Buenos días. ¿Vienen por lo de la celebraciones de Gustavo Adolfo Becquer?
-En efecto, caballero. Pero antes nos gustaría visitar su biblioteca, ¿Es posible?
-Como gusten. Es por ahí.
Los tres se encaminan en la dirección que señala. Una vez entraron se encontraron con una cuidada biblioteca con cientos de libros clasificados en las altas estanterías. Amelia entra y abre mucho los ojos, como si fuera una niña con zapatos nuevos.
Mira a sus compañeros, que sonríen. Y empieza a curiosear entre las estanterías.
-¡Mirad qué poemario de Quevedo! -Exclamo Amelia .- ¡Y aquí está toda la obra de Lope! (Yendo hacia otro estante) ¿Nos podemos quedar en esta época?
Julián en plan guasón le contesta .¿Para qué? ¿Para oírte recitar a Lope todos los días?
-Busquemos a nuestro contacto. Irene dijo que estaría en la biblioteca-Dijo Alonso
-Será otro intelectual...
¿Otro? ¿Y por qué no otra? -
Amelia Folch se queda petrificada al oír la voz. Era Emilia Pardo Bazan
-Buenas tardes señores, señorita yo soy vuestro contacto. Creo que el asunto que os ha llevado hasta aquí es importante y lo que es peor el tiempo y nunca mejor dicho apremia, por lo tanto será mejor que nos pongamos a ello cuanto antes
¿Alguna idea para solucionar lo que va hacer Becquer?
-Si mi compañera Amelia Folch, quiere reescribir el libro -Dijo Julián
-Aunque seria mas fácil destruirlo, pero bueno este hombre es el escritor mas grande que ha dado España y Salvador no quiere arriesgarse -Soltó Alonso
-Y hace bien, a mi la idea de reescribirlo no me parece mal. El problema es precisamente Becquer-Le respondió Emilia Pardo Bazan
-Yo mas que de Becquer me preocuparía por saber quien encontró el libro sellado , ¿Quién ayudo a Gustavo? Y sobre todo ¿Cómo piensa sabotear el aniversario de su muerte? . Dudo mucho que solo sea para presentar su libro…-Pregunto Amelia
-Buenas preguntas, pero lamentablemente solo tenemos una respuesta debemos proteger el secreto del ministerio del tiempo -Dijo seriamente la famosa escritora
-En eso los cuatro estamos de acuerdo, yo primero apostaría a que Amelia junto a usted reescriban ese libro como plan B, y Julián y yo nos iremos a buscar a Becquer le preguntemos y con suerte le convenceremos para que de un paso atrás ese es el plan A. Y sino funciona ni el A ni el B pues..improvisaremos como buenos españoles
-Entonces en marcha-Dijo Amelia Folch. Y la patrulla y la escritora así lo hicieron
-Si Gustavo va escribir algo que pondría al descubierto el ministerio del tiempo, es ciencia ficción pero dentro de ese genero hay varios subgéneros. Deberíamos leerlo primero y después ver como lo escribes
-Me precipite al pedirle a salvador que lo escribiera yo…pense que me iba a encontrar a un Juan Carlos Monedero no a una de las mejores escritoras de este país, lo mas adecuado seria que lo hicieras tu, solo así la misión tendrá éxito-Le contesto Amelia
- Te ayudare pero no escribiré por ti, sino contigo, ¿Y sabes porque ?. Porque se que tienes talento y eres lista se te ve a mil kilómetros , así que olvídate de los miedos y de los complejos, hazme caso porque de lo contrario si harás que la misión falle además piensa que si yo me hubiera dejado llevar por ellos no hubiera llegado hasta aquí
-Así lo hare doña Emilia. ¿Abrimos juntas el libro?-Le pregunto Amelia admirada y la escritora sonriendo asiente. Por su parte Julián y Alonso estaban buscando al escritor
-¿Estas seguro de que esta en Albacete?. Como el también viaja por el tiempo…
-Tiene que estar aquí Alonso, es el aniversario de su muerte. La pregunta es donde
-Pues hay un refrán español que dijo que preguntando se llega a Roma, y si ..- Pero el tercio pronto se desdijo , estaban en 1916 no en 2017 no podían enseñar una foto de Becquer a través del móvil y menos hablar de el porque les tomarían por locos, ya que Becquer estaría muerto para todos desde hace 46 años
-Quizás este a punto de llegar al Ateneo. Esperemos cinco minutos
-O quizás ni eso, mira quien esta hablando con el conserje, ¿Qué hacemos lo entretenemos para que no vaya a la biblioteca?-Pregunto Julián
-Lo dejaremos ir a la biblioteca y ya ahí le sonsacaremos-Soltó Alonso decidido
Y como si ambos tuvieran poder de clarivendencia , Gustavo hizo lo que pensaban ya que rápidamente se dirigió a la biblioteca para ver su libro , su obra de arte.
Al hacerlo se encontró con Amelia y Emilia leyéndolo
-¡¡¿Quiénes sois?¡¡, ¿Qué hacéis aquí?¡¡-Grito Becquer al verlas
-Gustavo sabes quienes somos y sobre todo sabes lo que queremos-Soltó Amelia
-¡¡No os lo permitiré¡¡. ¡¡Este libro es mi obra maestra¡¡-Le chillo Gustavo a Amelia y a Emilia al mismo tiempo que sacaba una revolver dispuesto a usarlo contra ellas, pero Alonso y Julián llegaron a tiempo para impedir que disparase
-¡¡NI SE TE OCURRA DISPARAR CONTRA ELLAS¡¡-Grito Alonso de Entrerrios
-¿Por qué haces todo esto? ¿Qué ganas tu con descubrir el ministerio del tiempo?. Gustavo piénsalo si te presentas a la conferencia por el aniversario de tu muerte diciendo que eres uno de los mejores escritores de este país , sabes donde acabaras, en un manicomio ¿Es eso lo que quieres?-Le decía Julián conciliador
-Obviamente no voy hacer algo tan idiota por eso pedí ayuda para que publiquen mi obra . Lo que estáis viendo es la segunda parte de mi libro , la primera va a ser publicada mañana a primera hora y no lo vais a impedir-Le contesto Gustavo Becquer
-¿Ah no? ¿Y que vas hacer para frenarnos?-Le respondió burlón Alonso de Entrerríos
-Vamos se razonable Gustavo, no compliques mas las cosas-Dijo Emilia Pardo Bazan
-¡¡Las complicáis vosotros.¡¡ ¿No os dais cuenta?. Mi libro habla de viajes por el tiempo ¿De verdad creéis que alguien se va a creer que eso es posible?. Lo leerán de la misma forma en la que leen crepúsculo de Stephanie Meyer o Harry Potter de JK Rowling. Yo solo quiero ser conocido algo mas que por Rimas y Leyendas y por ser un escritor del post romanticismo, quiero ser el percusor de la ciencia ficción en España ¿Acaso es malo querer mejorar la historia literaria de este país?
-Entendemos lo que quieres hacer, pero también tienes que entender que no puedes cambiar las cosas, la historia es la que es y tu historia no será mala, todo lo contrario los chicos leerán tus poemas en los colegios, te conocerán en todo el mundo como uno de nuestros mejores escritores ¿Por qué arriesgarte a caer en el olvido?. Piénsalo
-Yo no tengo que pensar nada. además este libro se venderá como churros mucho mas que Rimas y Leyendas y seguramente eso ayudara mas a mis hijos y a mi mujer
-No queríamos llegar a esto, pero bueno…-Dijo Julián y en ese momento dio un cabezazo a Gustavo Adolfo Becquer y Alonso aprovecho el desconcierto para sujetarlo y drogarlo con cloroformo
-Hala estará un buen rato durmiendo, ¿Cómo va la lectura? Pregunto el enfermero
-El libro se titula las puertas del tiempo , lo curioso es que más que un libro se parece al diario que yo escribía antes de que mi madre me lo confiscara…
-¿Y eso es bueno o malo?-Cuestiono Alonso
-A medias…-Le respondió la catalana-.Pero lo preocupante es que este libro es solo la segunda parte y además no esta escrito por Gustavo sino por su primogénito ese es el primer problema , el segundo que la primera parte saldrá mañana y no sabemos a que editor se lo habrá mandado, ni quien le habrá ayudado. Yo llamaría al ministerio para pedir consejo. Pues esto es muy gordo....-
Y Amelia Folch así lo hizo, que le contó todo los planes de Becquer a Salvador
-¡¡La madre que lo parió¡¡-Chillo el subsecretario del ministerio tras escucharla
-¿Qué hacemos Salvador?-Pregunto Amelia
-Vamos hacer una cosa , mientras vosotros sacareis información a Gustavo, sobre quien le ayuda y quien es su editor mientras Irene y Ortigosa irán al 1869 para encontrar ese libro que será destruido y cambiado por Rimas y Leyendas
-Es que hay un pequeño problema esta drogado no quiso razonar por las buenas y…
-¡¡Pues lo despiertan¡¡.
-Y si no quiere colaborar ¿Que hacemos?
-Lo drogáis con el suero de la verdad. Lo importante es que Becquer no publique ese libro, de lo contrario vamos a tener serios problemas ¿De acuerdo?
-Hecho jefe-Musito Amelia que en el fondo compadecía a Gustavo
En el ministerio Salvador aviso a Irene y a Ortigosa de que fueran al 1869 y así lo hicieron. Mientras ellos se preparaban para viajar al siglo XIX , en 1916 la patrulla principal del ministerio leyeron el libro para sonsacarle mas información cosa que consiguieron gracias al suero de la verdad que Julián llevaba en su maletín.
Y tras esto llamaron otra vez a Salvador para informarle, y este a su vez antes de que Ortigosa e Irene cruzaran al puerta les dio el nombre del editor: Luis González Bravo
Diputado del partido liberal. Al mismo tiempo ellos cruzaban la puerta 177 para hacer ese cambio al diputado, la patrulla principal del ministerio y Emilia estaban leyendo el libro. La escritora al ver la fascinación con que Amelia leía el libro de Gustavo le susurro al oído-Llévatelo a casa
-Me encantaría pero este libro dentro de poco dejara de existir
-Por eso, cópialo y léelo y puede que incluso te ayude a escribir el tuyo propio…
-¿Cómo?. Yo no sirvo como escritora y aunque así fuera ningún editor querría publicármelo, ser mujer en el siglo XIX es una desgracia doña Emilia
-Yo también soy del siglo XIX y mírame ahora. Ya te lo dije no te dejes vencer por el miedo y de los complejos porque si lo haces nunca podrás ser feliz aparte tu quieres cambiar las cosas ¿No?. Pues no se me ocurre mejor manera que escribiendo
-No crees que es injusto que yo si puedo cambiar la literatura y Gustavo no.
Sus intenciones no son malas-Le respondió la catalana
-Lo se, pero el a diferencia de ti ya tiene su destino escrito, tu aun no-Le dijo Emilia
Julián las escucho sin querer y le dio la razón mentalmente a la escritora gallega.
Y Amelia así lo hizo cogio un bolígrafo y rápidamente empezó a copiar el libro de 34 paginas de Becquer con la ayuda de Pardo Bazan , Irene y Ortigosa por mientras estaban en el ateneo madrileño del 1869 visualizando al diputado liberal leyendo la primera parte del libro de Becquer
-Irene usa tus armas de mujer para cambiar el dichoso libro
-Eso esta hecho querido -Le respondió la rubia. Y así que se acerco a el y durante una hora estuvo coqueteando y emborrachando al diputado liberal. Y cuando ya estaba lo suficientemente confiado Irene , hizo un gesto a Ortigosa para indicarle que era el momento idóneo . Este asintió levemente con la cabeza , e Irene se levanto con la excusa de pedir otra copa sabiendo que Luis González Bravo la seguiría sin preocuparse de nada mas y momento en el que el su compañero aprovecharía para coger de su maletín el libro de ciencia ficción de Becquer para poner Rimas y Leyendas, con una nota “amenazadora” exigiéndole que ese libro fuera publicado después de la muerte de Gustavo o que se abstuviera a las consecuencias. Al mismo tiempo Amelia y Emilia ya habían terminado de escribir el libro de ciencia ficción de Becquer cuando la jefa de logística la llamo informándole de lo sucedido.
-Ufff menos mal-Dijo Amelia.-Me estaba temiendo lo peor
-Pues ya esta todo solucionado , la historia se queda tal y como es. Ah y antes de iros convencer a Gustavo de que acepte su destino, porque no me veo yo otra vez emborrachando y coqueteando otra vez con el diputado
-Tranquila que así lo haremos Irene-Le respondió Amelia Folch.
A Gustavo ya se le estaba pasando el efecto del suero de la verdad cuando quiso levantarse y acabar con la patrulla y Emilia por inmiscuirse en sus asuntos, pero Alonso se lo impidió -Todo ha terminado, tu destino ya esta escrito-
-No tenéis corazón, yo solo quería cambiar las cosas en este país y ayudar a mi familia
¿Qué hay de malo en ello? ¿Por qué sois tan crueles?
-Eres consciente de que eres Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, uno de los mejores escritores del postromanticismo. Te lo dijimos antes, todos sabrán de ti y en cuanto a tu familia Rimas y Leyendas les ayudara y mucho y lo sabes
-Si un éxito que no podré saborear porque ya estaré muerto y lo que es peor seré conocido como un escritor bohemio y triste una imagen que no se corresponde con la realidad. Pero esto no se quedara así os lo aseguro, aun me quedan 11 meses y 22 días de vida, y esta vez haré las cosas bien, no le pienso decir nada nadie y menos a un funcionario del ministerio-Le contesto Gustavo a la catalana
-No, no lo harás porque si lo haces te buscaremos y si es necesario te amarraremos para que no cometas ninguna estupidez. Y sabes que lo haríamos-Le dijo Alonso
-De escritora a escritor, yo también estoy en las misma que tu. Escribiré , 58 libros en toda mi vida ¿Y sabes cual va a ser mis obras mas reconocidas?. Los Pazos de Ulloa y la madre naturaleza. Ningún chico en 2017 leerá mis libros sino es obligado y si le preguntas por ellos te dirán esos dos o quizás con suerte alguno mas, pero no seré precisamente la autora de cincuenta sombras de Grey, que se ha hecho millonaria y famosa escribiendo literatura erótica con un lenguaje soez y pésimo…-Pero Gustavo la interrumpió-No es lo mismo Emilia a ti te respetan y te reconocen en vida a mi no
-Esas palabras me hacen ver que lo que buscabas en realidad no era cambiar la literatura española ni ayudar a tu familia sino ayudarte a ti mismo. Ego puro y duro
-Gustavo se que es difícil pero piénsalo el libro que escribiste es de ciencia ficción y tu provienes del 1869, quizás la sociedad no estuviera preparada para ello y eso no ayudara económicamente a tu familia ni a la literatura. Quizás tardarías años en ser reconocido y si es que lo hubieras conseguido, estarías en las mismas solo con la diferencia de que Rimas y Leyendas si cambiaran la literatura y ayudaran a tu familia. Piénsalo por favor-Le decía Amelia. Gustavo Adolfo Becquer se quedo callado y segundos después rompió a llorar como un niño y Emilia con cariño le abrazo y le consoló, entendía muy bien como se sentía. Y así se quedaron un buen rato hasta que la charla de la escritora gallega llego y los invito a escucharla, cosa que la patrulla y el propio Gustavo hicieron. Cuando la conferencia llego la patrulla se despidieron de los escritores y les dejaron hablando, mientras que ellos se dirigieron a la puerta que había en la estación de tren de Albacete rumbo al 2017. Al llegar al despacho de Salvador Marti este les felicito por su trabajo bien hecho
-Mañana tendrá el informe jefe-Le dijo Amelia
-Lo estaré esperando-Le respondió este. -Ahora iros a vuestras casas a descansar
Y la patrulla del ministerio así lo hizo. Horas mas tarde ya instalados en ellas
Alonso estaba con Elena haciendo el amor, Julián leyendo Rimas y Leyendas de Becquer y Amelia leyendo Vampiro de Emilia Pardo Bazan, hasta que recordó sus palabras “Olvídate de los miedos y de los complejos porque sino nunca serás feliz”
y con esas palabras en la mente llamo a Pacino al móvil para invitarle a cenar a un chino en el 2017 para celebrar su cumpleaños numero 39 y este acepto encantado.
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janessi1
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MensajeTema: CAPITULO CUATRO : TIEMPOS DE COLERA   Mar Jul 19, 2016 9:35 am

Amelia no estaba en absoluto convencida y así se los dijo a sus compañeros de patrulla mientras entraban en el despacho
-Sigo pensando que lo de Hércules Poirot y que su hija estudie en ese internado es solo una mera cuestión de azar
-¿De que hablan?-Se intereso Salvador el subsecretario.
-Del libro un gato en el palomar de Ágata Christie. Estoy poniendo a mis compañeros al día culturalmente-Se escudo el ex enfermero del Samur
-Un hombre de honor , ese Hércules Poirot-Declaro escuetamente Alonso
-Seguro. Les he llamado para encargarles su siguiente misión o mejor dicho misiones. Valencia, 1885 el investigador Jaume Ferran y Clua ha desarrollado un tratamiento revolucionario contra la enfermedad azul
-El cólera-Dijo Julián poniendo mala cara
-En efecto-Concedió el subsecretario poco acostumbrado a que Julián acertara las referencias mas oscuras que a veces lanzaba-.Sabemos que Ferran encontró bastantes reticencias para inocular a la población, pero por lo que nos ha dicho nuestro hombre en el ayuntamiento de Valencia, Alcira se niega en redondo a probar el remedio.
-¿Es una enfermedad grave esa cólera? Pregunto Alonso
-Cierto, usted no la conoce, no llego a Europa hasta 1827. Y si es una enfermedad muy grave, sus síntomas van desde las diarreas y las fiebres y con el tiempo la muerte. El trabajo del doctor Ferran fue clave para poder erradicar la enfermedad. Miles de personas que se salvaron podrían morir a causa de esta reticencia y eso seria catastrófico para los años que seguirán, cuando ingresaron en el ministerio todos ustedes fueron tratados para que no puedan contagiar a nadie de las posibles enfermedades que lleven desde el siglo XXI a los anteriores y viceversa.
-¿Y la segunda misión?-Pregunto Amelia
-A eso iba también deben hacer una tarea de reclutamiento. Deben tratar de reclutar a Enrique Gaspar y Rimbau . El ministerio esta falto de diplomáticos y nos vendría bien uno la verdad…han cumplido las suficientes misiones como para hacer una de reclutamiento. Venga chicos el siglo XIX os espera-Dijo Salvador
La patrulla del ministerio salio del despacho pensativos , hojeando las carpetas con la información, los datos y los mapas de la situación. Era la primera vez que les mandaban hacer dos misiones en una y no las tenían todas consigo.
Media hora después salieron por la puerta vestidos como en 1885 aunque de una forma peculiar. Eran dos curas y una monja. Al traspasar la puerta 155 se encontraron en un despacho pequeño donde la esperaba un hombre menudo con bigote.
-Soy Vicenc Soler, agregado del ministerio y vicesecretario del alcalde de Valencia don Josep María Ruiz Lihory, el no esta al tanto del ministerio como tampoco el doctor Ferran. A todos los efectos ustedes serán unos enviados de los franciscanos con experiencia en misiones en África. Esperemos que con dios de nuestra parte los Alcireños se dejen vacunar porque si no lo vamos a pasar muy mal.
-¿Hay muchos casos?-Pregunto Amelia
-Es una epidemia señorita-Soler parecía realmente asustado y se aflojaba a menudo el nudo del corbatín, como si sintiera una aprensión natural por el aire mismo que le rodeaba como si el cólera fuera contagiadle por el mero hecho de pensar en el.
Los cuatro salieron por otra puerta y atravesaron un largo y tortuoso pasillo hasta llegar a una salita que recorría una y otra vez de parte a parte un hombre de unos 35 años, que mas que esperar desesperaba, lucia barba y bigote y una incipiente calvicie que llegaba demasiado pronto. Sujetaba con fuerza el asa de un abombado maletín.
-Señores os presento al doctor Ferran-Dijo Soler haciendo las presentaciones
-Un placer. Leí su memoria sobre el parasitismo bacteriano del año pasado, me parece que usted es la autoridad que la situación requiere-
En ese momento la expresión del doctor cambio, estaba sorprendido por la reacción de la monja. La catalana suponía lo que pasaba por su cabeza, un hombre de ciencia al que obligaban a viajar con unos curas y una monja y que ya había empezado a temer que le reprocharían su acercamiento racional a los males del diablo. Pero se rehizo pronto y le respondió con una breve inclinación
-Esto que pasa ahora en Valencia ha pasado antes en Europa, y en la India. Es un mal endémico, yo lo vi en Marsella el año pasado y allí el cólera fue devastador, coincido con Herr Koch que el trasmisor de la enfermedad es una bacteria y creo que he aislando el bacilo y reduciendo su fortaleza e inyectándoselo a personas sanas las inmunizaremos y no podan enfermar de verdad.
A Alonso le había parecido imposible aquello cuando les pusieron las..¿Vacunas? . Pero parecía que funcionaba correctamente y el doctor Ferran era un pionero en aquella técnica y si conseguía su propósito iba a salvar a miles de personas.
-Confío plenamente en usted, doctor -Dijo Julián con firmeza recordando lo que le decían amigos suyos de la facultad que trabajan en médicos sin fronteras.-En África hemos visto casos de niños, mujeres y ancianos que se consumen
-¿Qué enfermedades han tratado en su misión concretamente?-
Detectando que era el momento para ellos, Vicenc Soler intervino
-¿Quieren hablar con el alcalde?
-No será de utilidad, solo perderíamos el tiempo con el intercambio de telegramas
-¿Entonces?
-Vayamos directamente a Alcira, es la población ideal para empezar a probar la vacuna, cuando lleguemos allí ya convenceremos a la gente o las autoridades-
Sin estar muy seguro de lo que hacia, Soler les condujo por el laberinto hasta la entrada principal del ayuntamiento. Ante la puerta esperaban dos diligencias y el funcionario se fue a hablar con el conductor de la primera. Desde las escaleras la patrulla y Ferran no alzaban a escuchar lo que decían pero si vieron que Soler gesticulaba cada vez mas y se iba enrojeciendo . Finalmente regreso con ellos
-Podrán llegar hasta Alcira, esta se dirigía a Barcelona pero la he requisado.
Como están las cosas sin permiso no podría salir igualmente. Aun esta ocupada un caballero llegado de Madrid, alguna clase de diplomático por lo que podido inquirir. Tengan el salvoconducto-Amelia se adelanto a recogerlo pero se detuvo y cambio el gesto para ofrecérsela al doctor-.Sin esto no les dejarían circular y les harían darse la vuelta en el primer control. Tengan suerte.
Los cuatro subieron a la diligencia y partieron enseguida hacia el sur.
El distinguido caballero que llevaba como pasajero original, tenia los brazos cruzados sobre el pecho mostrando su enfado por semejante atropello, y tardo en abrir la boca aproximadamente una hora hasta que se dio cuenta del maletín que llevaba el doctor
-¿Medico?-Pregunto entonces.-De alguien afortunado si le envían con unos religiosos desde el mismo ayuntamiento. Suerte tienen algunos de estar tan bien situados
-Mi deber no es curar solo a uno, señor mío sino a muchos. Si se dejan.
-¿No quieren curarse?-
-No saben que quieren. Ah soy el doctor Jaume Ferran y Clua
-Enrique Gaspar y Rimbau, encantado. He sido cónsul en China pero ya me he cansado de esos pagos-Le dijo el dándole la mano-.¡¡Cochero¡¡. Vaya tan rápido como pueda , aquí hay un hombre que piensa en los demás.
La patrulla se dio cuenta de que ese caballero era el hombre que debían reclutar por lo que se miraron contentos por su buena suerte. En el pescante de la diligencia el cochero mascullo algo en latín, no estaba contento con el giro que estaba tomando aquello y lo que prometía ser un golpe fácil, de repente se complicaba con un medico y unos religiosos, iba a necesitar refuerzos para asegurar la cuestión. Se retorció con nerviosismo el anillo que llevaba en la mano derecha. Un rato después tuvieron un percance en que no se habían matado de puro milagro, Don Enrique ayudo a Amelia a salir de la maltrecha diligencia. El doctor Ferran tenia una brecha en la cabeza, pero su preocupación no eran sus propias heridas ni la salud de sus compañeros de viaje
lo primero que comprobó al salir era si los viales que transportaba en su maletín habían reventado. Por fortuna todos seguían protegidos y solo dos se habían salido de sus fundas sin llegar a romperse.
-No tiene solución-Afirmo el cochero. Alonso por su parte fue a mirar con los ánimos encendidos , listo para lanzar improperios contra aquel conductor descerebrado que les había echo volcar olvidándose de su papel de cura. Pero una de las ruedas delanteras estaba retorcida y fuera de su eje, y algo por detrás del accidente podían verse varios baches bastantes profundos en uno de los cuales sin duda la rueda se había hincado. Quizás no había sido culpa del cochero , después de todo.
Los caballos estaban muy inquietos y relinchaban con los ojos aterrados. Uno de ellos tenia una pata en muy mal estado
-Pobre animal-Se lamento Julián
El doctor sin ningún tacto soltó-Habrá que sacrificarlo-Pero al sentir la mirada del ex enfermero reculo-.Posiblemente pero vete tu a saber-
-Desenganchemos al caballo sano-Dictamino don Enrique-Y que lo monte la hermana., nosotros tres podemos seguir a pie. Mozo usted llevara mi equipaje.
Todos siguieron sus instrucciones sin protestar aparentemente contentos de que alguien llevara las riendas de la situación
-¿Cree que llegaremos a alguna aparte antes de que caiga la noche? Pregunto el doctor tras ayudar a la catalana a subir al corcel sano
-Me pareció ver antes que el sol arrancaba algún destello algo más al sur, pueda que sea Alcira-Dijo Julián. No lo era: Los tejados que había visto eran los de una empresa textil abandonada a las afueras de algamesi. Allí no pudieron pedir demasiada ayuda pero vieron los estragos que estaba causando el cólera en toda la población.
Mas de cien personas habían muerto por la epidemia y otras tantas estaban gravemente enfermas. Muchas casas estaban cerradas a cal y canto y desde las ventanas muchas de ellas con crespones negros les lanzaban miradas huidizas
-Necesito pacientes sanos-Murmuro el doctor.
Atravesaron la villa cruzada la acequia real y pasado el río Júcar (y transformados los campos de arroz en huertos de naranjos) arribaron a Alcira con los últimos rayos de luz de aquel día. Era una población grande, mas del doble que la villa vecina, debían vivirá allí alrededor de 18000 personas. Buscaron alojamiento y todos agotados y magullados se derrumbaron en sus cuartos. Tan solo el cochero aprovecho para indagar en el equipaje de don Enrique. Pero allí no estaba lo que le buscaba.
Debía llevarlo en la bolsa de la mano de la que nunca se separaba. “mañana” se dijo mentalmente antes de arrebujarse en la manta de su pequeño cuarto “Ishtar.”suspiro.
Al día siguiente Alonso , Julián y Amelia decidieron usar sus disfraces para visitar todas las iglesias de Alcira. La respuesta fue unánime
-¡Que recemos a San Roque, esa es su única solución para la epidemia¡- Grito Amelia
-¿Y que esperabais ?-Contesto el científico entre divertido y ofendido-.Superchería inútil y no os ofendáis ninguno de los tres pues creo que son unas excepciones pero es lo único que ofrece la iglesia de este país a los ciudadanos. aunque no tiene el monopolio, cuando no se trata de rezos y procesiones católicas son los remedios y oraciones “mágicas” de los curanderos
-Están desesperados, esta gente se ha visto desbordada por completo no es extraño que entreguen su confianza a otras “esferas”-Dijo Julián
-¿Cómo habéis visto la situación?-Pregunto Alonso
El doctor resoplando contesto-La situación es critica en los barrios de santa María y Villela, en cambio no hay casi afectados en la Alquerieta ni en Materna, quizás tengan alguna clase de inmunidad o puede que beban de afluentes distintos. El cólera se focaliza en el agua, ahí es donde el vibrio se desarrolla y se trasmite y con el Júcar y con tanto regadío por aquí esta a sus anchas
-El río y la miseria-Sentencio Amelia
-Por cierto doctor tenga usted cuidado con esos viales-Añadió Enrique
-¿Aguantaron bien el accidente?-Le pregunto el doctor
-No lo digo por eso, estoy bastante seguro de que alguien ha intentado entrar en mi habitación durante el día. No se llevaron nada pero mis cosas no estaban exactamente como las había dejado, y dudo mucho que estuvieran interesado en mi, sino más bien que no saben quien de nosotros es el doctor ¿Me comprende?
-Insinúa que alguien quiere destruir las vacunas-
-Creo que la ignorancia es un buen motivo para hacer estupideces doctor Ferran
-Quizás podemos aprovecharos de es ignorancia..-Dijo Julián de forma pensativa.
¿Cómo dices?-Pregunto Alonso. Julián en ese momento empezó a trazar un plan que comunico al doctor y al resto. El doctor Ferran movió la cabeza negativamente
-Va en contra de lo que creo-
-Pero puede funcionar-Dijo Amelia.
A regañadientes el medico les dio la razón. Don Enrique rato después salio de la posada hecho una furia, perseguido por el doctor Ferran ,en mangas de camisa
-¡¡En mi vida me habían insultado tanto¡¡
-Pero deje que le explique..
-¡¡Es usted un farsante y un insulto para la profesión.¡¡, ¡¡ Pienso ocuparme personalmente de que le expulsen del colegio de medicina ¡¡ -
La patrulla salio tras ellos, se los veía preocupada pero no intervino en la discusión
-No cree lo suficiente-Se lamento Ferran a modo de excusa.-Debe creer, para que el vacunomio funcione., solo el que crea se salvara
-¿Qué le ocurre a los caballeros,?- Preguntó una anciana a Amelia
-Es el doctor Ferran
-Si ya corrió la voz de que ese matasanos iba a venir aquí a hacer experimentos con nosotros., pero no nos pillara, bastante tenemos ya
-Parece que el doctor Ferran en realidad, no es medico-Le contó ella en voz baja tratando de que nadie mas la oyera y con algo de azoramiento-Usa una especie de remedios de los gitanos, hierba del traidor, mezclada con otras plantas raras, cogidas a la luz de la luna y con agua bendita-Se santiguo y añadió con desprecio-.Solo es un curandero y que quede entre nosotras, sabe de ciencia como yo de alpargatas.
Menos mal que don Enrique que si es una eminencia, lo ha descubierto.
Mientras Enrique Gaspar y Rimbau seguía dejando en ridículo al doctor Ferran, con una dignidad de un dramatismo cómico para la patrulla. Pero sucedió lo que esperaban la señora mayor se acerco a otra y empezó a soltarle el rumor y antes de que hubiese acabado la tarde ya corría por toda la plaza. Los Alciranos hicieron cola para recibir el “vacunomio” milagroso de Ferran el curandero, con tal éxito que por la noche, casi se le habían acabado los viales y el doctor empezó a preparar nuevos cultivos debilitados
-Ha sido tan humillante como satisfactorio-
-Si la ignorancia van hacer que vivan o mueran, más vale curarlos a base de ignorancia. Has tenido una idea fantástica Julián-Soltó Amelia
-No hay bacteria que se transmita mas rápido que un rumor-.Respondió el con satisfacción.-Es tarde ya y mañana quizás tendremos que repetir el numero en otro barrio. Buenas noches
-Buenas noches-Contestaron los demás
Don Enrique siguió el ejemplo de ex enfermero y se fue a su cuarto, quien le iba a decir que su afición teatral le iba a servir, finalmente para salvar vidas. No solo en el sentido social sino directamente. Se metió en su cuarto alumbrado por la débil luz de un quinqué sin darse cuenta de que escondido detrás de la puerta, le esperaba el conductor de la diligencia
-¿Dónde esta?-Pregunto en voz baja, emergiendo de las sombras. Don Enrique dio un respingo-¡¡Pero hombre de dios¡¡ ¿Qué hace ahí?..¡¡Menudo susto me ha dado¡¡
-¿Dónde esta?-Repitió en tono mucho mas amenazador, levantando un cuchillo de buenas dimensiones
-¿Qué quiere, dinero? Sé llevo la mano al bolsillo interior del chaqué-.Me temo que va a quedar bastante descontento…
- ¿Dónde esta lo que le dio el profesor Melida en Madrid ?. No esta en su maleta, no esta en su bolsa, no estaba en la diligencia ¡¡¿Dónde esta la llave de Ishtar Rimbau?¡¡
-No es necesario que os pongáis violento señor. Tengo lo que buscáis en mi chaqueta. Si me permitís lo sacare.
Y realizando movimientos lentos se abrió la solapa, metió la mano en el bolsillo interior y saco un pañuelo anudado que contenía algo dentro. Lo dejo sobre la cama
-No esta bien envuelto como la pieza se merece, pero había prisa y..
-¡¡Abridlo¡¡-Ordeno el cochero. Don Enrique levanto las dos manos y obedeció
-Ahí tenéis la llave de Ishtar
El cochero dio un paso adelante y palideció al ver la tablilla de barro en tres trozos.
Y furioso se acerco a don Enrique dispuesto a matarlo
-¡¡Ya estaba así cuando me la dieron¡¡-Trato de defenderse Rimbau retrocediendo por la habitación-. Hasta donde yo se siempre ha estado así..
El cochero se le acercaba profiriendo improperios en latín y con la intención decidida de coserlo a puñaladas. De repente se oyó un ruido sordo y el cochero se cayo al suelo. Tras el Amelia sostenía un orinal de cerámica con el que le acababa de arrear la cabeza. Por si acaso le asentó un segundo golpe
-¿Se encuentra usted bien?-Pregunto la catalana
-¡¡Sabia que usted no era monja¡¡-
-Las religiosas también debemos defendernos-Le respondió ella disimulando
-Las monjas no se presentan dando su apellido-Don Enrique se ajusto de nuevo la corbata.- En cualquier caso muchas gracias.
En ese momento empezó a sonar el móvil de la catalana
-¿Que ha sido eso?
-Se lo explicaremos yo y mis compañeros. Siempre que usted acepte guardar silencio. Lo que vamos a proponerle es secreto de estado-
-Trato hecho, se guardar secretos sobre todo los importantes- Le contesto Enrique
Minutos después la patrulla le confeso la existencia del ministerio del tiempo
-¿Me están diciendo que con esas puertas pueda el hombre retroceder en el tiempo, saliendo hoy de Valencia para llegar ayer al monasterio de Yuste para tomar chocolate caliente con el emperador Carlos V?-Pregunto alucinado el diplomático
-No suele haber ocasión para eso, cruzamos las puertas para mantener la historia-
-¿Nunca para mejorarla?-Cuestiono don Enrique
-No una buena acción en el pasado podrían tener consecuencias terribles en el futuro-
-No me parece justo don Alonso, pero es cierto que el hombre se eleva frente a la adversidad, sin los errores del pasado, nunca podría llegar a dar lo mejor de si mismo, no podría aspirar a ser todo lo que puede ser. Me gustaría ir con ustedes
-A eso venimos a reclutaros, pero recordad vuestra vida cambiara para siempre-Dijo Julián. Horas mas tarde los cuatros estaban en una diligencia rumbo hacia Valencia, para llegar al ayuntamiento con las misiones cumplidas y dejando al doctor Ferran haciendo mas vacunas contra la enfermedad azul en la ciudad de Alcira .
Y ya en el ministerio Salvador y Ernesto hablaron con Rimbau sobre su reclutamiento
-Lo mas sabio seria quedarme en casa pero la curiosidad me pone señores.
Estoy dispuesto a ser parte de este ministerio-Contesto Don Enrique Gaspar y Rimbau Amelia, Julián y Alonso se fueron al cabo de un rato a sus respectivas casas con los deberes cumplidos. Mientras eso ocurría en el Madrid de 2017 en el Milán de 1965
(se vería en un rotulo 07-08-1965) los problemas no hicieron mas que empezar
- ¡¡¿Eres consciente de lo que me estas pidiendo que haga?¡¡.
-Se que puede resultarte difícil e incluso humillante lo que te estoy pidiendo Valeria pero tienes que entender esto Pilar ha muerto en el parto por culpa de la eclampsia
y por lo tanto esta niña solo nos tiene a nosotros, y sobre todo tienes que entenderme a mi esta niña es mi hija y yo no puedo ni quiero abandonarla a suerte
-¿Qué te entienda?. Después de tu falta de respeto y de tu traición me pides que te entienda eres el colmo del cinismo ¡¡Y tu me entiendes a mi?¡¡. Porque yo creo que no lo estas haciendo. ¡¡Joder Diego que no me estas pidiendo que te cocine una paella para la cena me estas pidiendo que críe y acepte al resultado de tu infidelidad¡¡.
-Nunca fue mi intención hacerte daño ni faltarte el respeto créeme,
-Pues para no haber querido lo disimulas muy bien ¿Sabes?. Porque no me has puesto los cuernos con una desconocida me has traicionado con Pilar Lloverás, una chica a la que yo quería como una hermana y como si no fuera suficiente con eso engendraste una hija con ella, una niña a la que ahora me pides que acepte, cuide y quiera como si fuera mía, ¿Te puedes imaginar lo mucho que me estas insultando y humillando con eso Diego?. Y mas sabiendo lo que paso con Rubencito
- No fuiste la única que lo paso mal ¿Sabes?. Para mi también fue muy duro y muy doloroso tener que enterrar a mi propio hijo de apenas tres meses .
-¿Y cuando lo pasabas mal y sufrías por nuestro bebe? ¿Cuándo la zorra de Pilar Lloverás se ponía encima de ti? ¿O era al revés?. ¡¡Cuéntamelo se sincero conmigo por primera vez en tu miserable vida¡¡-Le grito Valeria Prado a Diego
-No seas injusta comigo ni mucho menos con Pilar respétala acaba de morir
-¡¡Por mi que se pudra en el infierno junto al miserable de su padre¡¡. Ahora entiendo muchas cosas, esas tardes de ausencia, el porque Amadeo dejo a Pilar, el porque nos fuimos de Roma para irnos a Milán, claro como ellos ya vivían aquí…
-Tu sabes que dejamos Roma porque tu psiquiatra nos recomendó cambiar de aires para que pudiéramos superar nuestros problemas de pareja y la muerte de Rubencito
-¡¡No te atrevas a meter a nuestro hijo en esto, ni mucho para justificar tu traición¡¡
En ese momento el bebe se despertó he intentando aflorar el instinto maternal de la rubia, Diego se acerco a ella para mostrárselo bien pero fueron rechazados
-¡¡No te atrevas acercarte a mi con esa niña¡¡, ¡¡Me dais asco ¡¡-Le grito ella
-Valeria por favor ¿No te das cuenta de que podemos ser una familia?. Mírala
-¡¡No quiero formar una familia con alguien como tu ¿Y sabes porque?. Porque ya no confío en ti Diego y tampoco voy a ser capaz de aceptar ni de amar a esa bastarda y así es imposible que seamos felices. ¡¡Imposible¡¡. Así que lo mejor que podemos hacer es separarnos , yo ahora me voy a ir al taller y estaré allí toda la mañana cuando vuelva no os quiero ver ni a ti ni a esa bastarda en esta casa ¿Te queda claro?
-Eres una idota y una cobarde Valeria Prado y vas acabar arrepintiéndote de no darnos una oportunidad, pero cuando te des cuenta ya será demasiado tarde porque ni yo ni Giovanna estaremos esperándote tenlo muy presente
-Hasta nunca Diego Tudela Suárez -Le contesto la rubia para segundos después marcharse enfadada por la puerta de su casa rumbo a su taller de moda en Milán que iba a ser inaugurado al día siguiente. Allí estuvo durante un buen rato ordenando el taller sin imaginarse lo que le iba suceder ya que al ir a guardar unas cajas a uno de los se dio cuenta de que sonaba demasiado hueco al empujar dicha caja hasta el fondo de aquel armario y aunque en un primer momento intento ignorarlo la curiosidad o la intriga pudieron con ella y empezó a dar unos golpes secos en aquel fondo, uno de ellos fue tan fuerte que sin querer la rubia provoco que dicho fondo se cayera hacia adelante dejando un gran hueco para pasar , cosa que Valeria Prado hizo inmediatamente pero al hacerlo dejo atrás la Italia y el Milán de 1965 .
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janessi1
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MensajeTema: capitulo cinco : por un puñado de tiempo   Sáb Mayo 20, 2017 11:45 am

La charla distendida en la que encontráis a Ernesto Jiménez y a Salvador Martí contrasta con el gesto solemne y severo con el que el director del Ministerio del Tiempo y su jefe de operaciones suelen recibiros al asignaros cada destino y misión.
-¿A qué acontecimiento histórico nos envían esta vez?- les interrumpe Julián Martínez. Salvador y Ernesto levantan sus miradas de sus cafés y se fijan en vosotros-. Últimamente pienso que tenemos a los mozárabes muy abandonados.
-Son ustedes los que nos dirán cuál es su año de destino.- la respuesta de Salvador os pilla por sorpresa.
-¿A qué se refiere?- se interesa Amelia. Ernesto les extiende un expediente. Al abrirlo y hojearlo, la catalana comprueba que las escasas páginas que lo componen están llenas de espacios en blanco e interrogantes.
-Van ustedes a explorar nuevas puertas del tiempo.- resume escuetamente el jefe de operaciones. Alonso de Entrerríos chasquea los dedos.
-Como esa otra vez. Con Pacino.
-¿Amelia?- pide una explicación Julián. Su larga ausencia, suplida en el grupo por el policía de la década de los 80 al que apodan Pachino, trajo al equipo memorables misiones, de las que no de todas ha sido puesto al día el enfermero madrileño.
-Existen puertas en el Ministerio sin catalogar- explica algo turbada Amelia Folch, una de las primeras universitarias de nuestro país. Las experiencias que vivió con Pacino todavía la agitan, y aún no ha sido capaz de aclarar sus sentimientos-. En una de nuestras misiones se nos pidió pasar a través de algunas de ellas y descubrir el momento al que nos conducen.
-Yo no habría sido capaz de explicarlo mejor. Rutina, en el Ministerio.- admite el veterano subsecretario. Julián parece decepcionado.
-¿No es tarea para un becario?- pregunta directamente. Salvador Martí tuerce el gesto.
-¿Dejaría usted la historia de España en manos de un becario?
-Existe un pasillo, en el subnivel catorce, con cuatro puertas por catalogar- desarrolla Ernesto, más amigo de dar órdenes que explicaciones. No sabemos a dónde conducen, así que sean prudentes. Alonso, conviene que vaya armado.
El soldado asiente, sintiéndose como siempre responsable y comprometido con la seguridad del equipo.
-Deberán atravesar esas puertas, descubrir el lugar y la fecha a la que conducen y regresar al Ministerio.
-Y redactar un informe sobre lo que han encontrado.- Amelia no agradece el gesto gentil con el que Salvador la señala. De nuevo, la burocracia será cosa suya.
-Parece sencillo.- observa Julián. Salvador le mira por encima de sus gafas.
-O no. No sabemos dónde llevan esas puertas. Podrían llevarles a plena peste negra de 1348, a la Guerra de los Comuneros, a las Guerras Carlistas, al bombardeo de Guernika…
-O podría llevarnos al principio de los tiempos, cuando no existía ni la Tierra- añade Amelia, casi sin pensar. Julián la mira incrédulo.
-Desde luego, Amelia, ¿quién te mete esas ideas en la cabeza.
El equipo desciende a uno de los niveles más bajos a los que habéis llegado. Vuestros pasos reverberan en el oscuro abismo y el ambiente es opresivo y cargado. No os habéis cruzado con ningún otro agente en varios niveles y os sentís casi como exploradores de un nuevo mundo.
-Aquí es.- señala Alonso. Ante vosotros se abre un pasillo cubierto por el polvo y las telarañas. Unos tablones cubren el acceso parcialmente y la bombilla amarillenta que lo ilumina crepita lastimosamente.
-Parece que alguien ha venido hace poco.- observa Alonso, señalando los tablones que hay apoyados en la barandilla. Julián recapacita.
-Seguramente quien redactó el informe que nos ha pasado Ernesto. ¿Qué es lo que dice, Amelia?
La líder del grupo lo repasa por última vez, tras haberlo estudiado con detalle mientras sus compañeros se preparaban para la misión.
-Poca cosa- se lamenta-. Muchos espacios en blanco que se espera que rellenemos. Cuatro puertas, la 1456, 1457, 1458 y 1459.
-¿No se sabe nada de ellas?- inquiere Alonso, visiblemente emocionado ante la inminente exploración. Amelia Folch niega con la cabeza.
-Nada. Únicamente la 1456 fue asignada a otra patrulla hace diez meses para su catalogación, pero la encontró bloqueada.
-Eso pasa con algunas puertas- recuerda Julián-. Pierden su conexión a su destino y se convierten, bueno, en simples puertas.
-Si es así, no tardaremos en catalogar esa puerta.- observa Amelia. Alonso se acerca a la segunda puerta, la 1457, y pone su oído sobre ella.
-Distingo cánticos, festejos. No parece mal destino.
Julián se pone ante la tercera puerta, la 1458.
-Diría que hay humedad- observa-, ¿quizá una ciudad costera?
Es posible. No deja de sorprenderte como puestas anexas pueden comunicar con Cartagena de indias en el siglo XV o con el pirineo catalán en plena glaciación.
-¿Y la última?
Ante la pregunta de Amelia, Alonso pone lo mejor de sus sentidos para intentar detectar algo.
-Nada.- admite finalmente, decepcionado.
Te encoges de hombros. Al fin y al cabo, con todas tendréis que aventuraros sin saber demasiado.
-Entonces- pone los brazos en jarra Julián-, ¿por cuál empezamos?
Dando tiempo a que Alonso se santigüe entráis por la 1459. Tras atravesar un corto pasillo os topáis con una débil puerta que se abre sin dificultad. Salís de un deteriorado chamizo y dais con un agreste paisaje, seco, sofocante y rocoso. La escasa vegetación, apenas unos hierbajos resecos, se mueve agitada por una brisa ardiente. El paisaje se extiende kilómetros y kilómetros sin que veíais un sólo edificio recortándose en un cielo sin nubes. Alonso avanza unos pasos y pone los brazos en jarras.
-¿Dónde estamos?
-Podría ser en cualquier punto de España.- se encoge de hombros Julián.
Amelia busca alrededor en pos de algún indicio.
-O de las colonias- recuerda-. España fue una palabra que en su momento abarcó medio mundo.
Julián sonríe con picardía.
-Imagino que si hay un Ministerio del Tiempo en Andorra lo tendrán más fácil que nosotros.
-¡Mirad!- les interrumpe Alonso. Aproximándose a dónde estáis vosotros, un par de hombres a caballo se acercan, levantando una nube de polvo.
-¿Nos habrán visto?- se inquieta Amelia. Julián niega con la cabeza.
-Dudo que vean algo con tanta polvareda.
-¿Y esas vestimentas?- pregunta el soldado, acariciando por si acaso su arma. Sombrero redondo de ala muy ancha, poncho colorido. Parece claro.
-Mejicanos- les identifica Julián. Con esas ropas, junto con esos bigotones y su piel aceitunada, parecen clichés sacados de un anunció de tomate frito.
Y con esos revólveres que penden de sus cintos.
-Su aspecto no me da confianza- admite Amelia-. Yo diría que su indumentaria es la típica de algún momento del siglo XIX. Según el momento en el que estemos, nuestro acento puede ponernos en problemas. El siglo XIX no es el mejor para las relaciones entre España y Méjico.
-Parecen personas que primero actúan y luego preguntan- dice el soldado, señalando sus bien visibles armas-. Podemos hacer lo mismo. Dejadme a mi y responderán a cualquier pregunta con una glock apuntándoles.
-¿Sin previo aviso?- se escandaliza Amelia-. ¿Sin provocación alguna?
-Pues decidamos nuestro curso de acción- insiste el pragmático Alonso de Entrerríos-. Los jinetes se acercan y no tardarán en vernos.
Os escondéis tras la destartalada caseta esperando que los mejicanos pasen de largo sin darse cuenta de vuestra presencia, pero uno de ellos advierte vuestra presencia y tira de las riendas para detener a su caballo. Su compañero le sigue y los dos se ponen ante vosotros. Alonso se pone, protector, entre sus compañeros y los mejicanos, dispuesto a, si fuera necesario, desenfundar y abatirles ante cualquier gesto sospechoso. Tal situación no resulta necesaria.
-¿Qué hacéis, payos?- dice uno. Su llamativo acento definitivamente no es de ultramar-. ¿Os sigue la guardia civil?
Gitanos. Pero, ¿y sus vestimentas?
-¿Están rodando una película?
Uno de los gitanos rie, controlando a su caballo.
-Ay, el chacho, que no le escapa ni una. Allí estamos, con los italianos rodando su pinícula, que bien nos pagan.
El otro se toca la mejilla, como señalando su tonalidad aceitunada.
-Parece que damos el color de mejicanos, por eso nos pagan más.
-O a lo mejor Méjico está lleno de gitanos, paisano.- observa el otro. Les haces un gesto para que te dejen continuar.
-¿Van ustedes al rodaje, entonces? ¿Está muy lejos?
-A una legua escasa, pallá vamos.
-Si van en esa dirección- señala el otro- llegarán al pueblo, si lo prefieren.
-Muy agradecidos. Esperemos que haya algún trabajo para nosotros.- improvisas. Ellos se giran y se despiden. A Julián no le cuesta llegar a conclusiones.
-Y Almería, ¿queda muy lejos?
Los dos calés se carcajean.
-Ay, que perdido está el payo. Almería estará a seiscientos kilómetros- Julián abre los ojos de par en par-. Estamos en Burgos.
Ambos se alejan levantando una nube de polvo. Os aseguráis de que están bien lejos para continuar hablando.
-¿Almería, decís?- inquiere Alonso de Entrerríos, sin entender la relación -fallida- que hizo Julián. El madrileño se excusa.
-En los años sesenta y ochenta del siglo XX se rodaron en España muchas producciones extranjeras, aprovechando las condiciones favorables que el régimen de Franco puso a las productoras para recibir un flujo constante de divisas. El Cid, El doctor Zhivago, 55 días en Pekín- enumera-. Pero las más conocidas fueron los Spaguetti Western, películas de factura italiana ambientadas en la conquista del Oeste de los Estados Unidos. Por el paisaje desértico de Almería, muchas de esas películas se rodaron allí, de ahí mi error.
Julián guarda un repentino silencio. Al momento chasquea los dedos.
-Burgos, ¡claro!
-¿Tiene que significar eso algo?- pregunta Amelia, a la defensiva. La catalana puede presumir de una inteligencia y un hambre de conocimiento que le han hecho, en poco tiempo, experta en la historia de España posterior a su época, aún más incluso que la mayoría de los que vivieron esos años. En ciertos ámbitos, no obstante, sus conocimientos son, como mucho, limitados y fraccionados. El deporte y el cine son dos de esos ámbitos, y la universitaria no se siente cómoda cediéndole el puesto de experto a Julián.
-Como os decía- explica el enfermero-, la mayoría de los Spaguetti Western se rodaron en Almería, pero una película, una en concreto, usó la provincia de Burgos como escenario para muchas de sus escenas. Hablamos, posiblemente, de la mejor película del género, y una de las obras maestras de la historia del cine. El bueno, el feo y el malo, de Sergio Leone.
-Curioso título, a fe mía- opina Alonso-. ¿Y decís que, dentro de toda la Historia de España, de entre todos los siglos en los que nada ocurrió en estos parajes, hemos recalado justo en este momento?- Julián asiente, de buen humor.
-Una fabulosa casualidad, ¿no es cierto?- A pesar del calor, a Alonso le recorre un escalofrío.
-A veces pienso que el Tiempo tiene sus propios planes para nosotros.- se santigua, supersticioso.
-Iniciemos la marcha- les interrumpe Amelia-. ¿A dónde vamos?
La marcha al pueblo es fatigosa, máxime con el calor del verano, y aceleráis el paso al distinguir las primeras casas. Uno de los pueblos más cercanos al rodaje de El bueno, el feo y el malo es Covarrubías, pequeña localidad típicamente castellana coronada por un torreón, que nutrió a la película de extras, y a cuyas calles dio colorido la presencia de miembros de la producción, tanto españoles como americanos e italianos. Lo que más os choca al llegar es la cantidad de soldados que se ven en este pequeño pueblo burgalés. No extras disfrazados de soldados unionistas o confederados, a punto de rodar una escena, sino auténticos soldados del ejército español, jóvenes desconcertados, sin duda reclutas haciendo su servicio militar. Creéis distinguir a su superior, un hombre en la treintena, de porte más militar, pulcro corte de pelo y finísimo bigotillo, que reprende a un recluta con una serie de improperios que el otro recibe con increíble estoicismo.
-Ese capitán podría informarnos de la situación del pueblo y del rodaje.- aboga Alonso, respetuoso con la cadena de mando. Amelia tiene que recordarle vuestra misión.
-Tenemos que averiguar la fecha exacta en la que estamos. Para eso bastaría preguntar a los soldados.
Julián guarda un enigmático silencio. Entrecierra los ojos con serenidad y, ante el estupor de sus compañeros, habla con profundidad.
-Deberíamos ir a la taberna- dice-. Las mejores historias del oeste empiezan siempre en una taberna
A Julián le habría encantado abrirse paso por una puerta de vaivén en la taberna del pueblo, pero se tiene que conformar con una cortina antimoscas para entrar más bien en una tasca con decoración taurina. Amelia regala un gesto de reproche a Julián por insistir en entrar aquí, pero él le señala un calendario con una fotografía de Palomo Linares tras la barra. 17 de Julio de 1966. Misión cumplida, parece decir el madrileño con su sonrisa. El camarero, un hombre entrado en años que mueve de un lado a otro de su boca a gran velocidad un mondadientes, os mira con indisimulado desprecio. No parece contento con la llegada de forasteros de la película -evidentemente os toma por tales- a su local. Y enseguida veis porqué.
-Otraa- un hombre alto, de rasgos marcados, mirada penetrante y bigote cuidado, da dos golpes en la barra con un vaso vacío-. Otraa- repite. Posiblemente sea la única palabra que conozca en español, y da buen uso de ella-. Otraaaaa- dice una tercera vez, dando frenéticos golpecitos con el vaso en la barra. El camarero le arrebata el vaso para llenárselo-. Whiskie.- pide el extranjero, con un tono repentinamente dulce.
-Tintorro.- corrige el hostelero. Colma el vaso, lo pone sobre la mesa y lo desliza hacia el borracho, que lo agarra con destreza y se lo bebe con un mismo movimiento.
-Oh, Dios mío- si en una de vuestras misiones os topaseis con el apóstol Santiago, Julián no mostraría más admiración reverencial-. Es Lee Van Cleef… el malo.
Tras reclamar otra copa, el altísimo actor se pasea por la tasca haciendo gala de porte y embriaguez.
-Eyyy, amigos- te echa el brazo por encima. Parece que sí sabe más palabras en español. Pasa de grupo en grupo, recitando con su voz rota diálogos de la película-. “Even a filthy beggar like that has got a protecting angel. A golden-haired angel watches over him ”- y apuntando a unos y a otros, recreando con su dedo índice un Colt Walker del 47.
No todos reciben sus cabriolas de borracho igual que vosotros.
-Harto nos tiene el beodo este- protestan unos jóvenes, a los que el intérprete de Solo ante el peligro reproduce el diálogo del duelo en el cementerio-. Menudo protagonista tiene la peliculita…
No es el protagonista, es el malo, piensas, pero te pones en tensión cuando Lee Van Cleef derrama la bebida de uno de los chavales que, sin amedrentarse por la evidente diferencia de altura, se levanta y le coge de la pechera, derribándole sobre una mesa. ¿Acabará esto sin más repercusiones, como una discusión de taberna normal o puede dar al traste con una de las películas más importantes rodadas en España?
-¿Algún problema, señor Van Cleef?- el intérprete intenta enfocar sus ojos de distinto color en Julián, pero no es capaz de ordenar una sílaba tras otra. Los zagales del pueblo fijan su atención ahora en la patrulla del tiempo.
-Si queréis, hay también para vosotros.- os amenaza uno. Julián extiende las manos y pide calma.
-No queremos problemas, chavales. Somos de la productora, venimos a pagar la cuenta, a llevarnos al señor Van Cleef…
-Mister Van Cleef.- corrige aquel, mientras cabecea apoyado en Alonso.
-A mister Van Cleef- cede Julián- y a dejaros tranquilos. ¿Estamos de acuerdo?
Los jóvenes miran al camarero, que asiente. Por fortuna, entre los bolsillos del actor Amelia encuentra una cartera rebosante, con la que saldáis cuentas y dejáis una buena propina- “la siguiente ronda a cargo de mister Van Cleef”, anunciáis al pagar. Cuando salís ayudando a un tambaleante Lee Van Cleef, un preocupado hombrecillo, regordete y de poblado bigote, os sale al paso.
-Mister Van Cleef, mister Van Cleef- su acento y su inglés dejan mucho que desear-. Were are you? I am worry.
-Tranquilo, amigo- le dice Julián-. Un trago que le ha sentado mal.
Al darle dos contundentes palmadas en el pecho en señal de camaradería, el enfermero sólo logra que el actor suelte una abundante vomitona. El olor nauseabundo de vino regurgitado te produce nauseas.
-Gracias por sacarle de allí- dice con un brillo de sinceridad en los ojos, mientras se hace cargo del villano de la película-. ¿Puedo hacer algo por vosotros?
-Quizá nos podría acercar al rodaje- aprovechas-. Nos gustaría participar en la película.
Sin dudarlo por un momento, el asistente os señala su Land Rover y juntos partís hacia el rodaje
Gracias a su amable favor, llegáis al rodaje en el vehículo de un trabajador, al que astutamente en la conversación podéis sonsacar que estáis a 17 de Julio de 1966. Os apeáis mientras se despide para ir a aparcar su coche, y podéis estudiar el plató. El escenario en el que estáis representa un fuerte norteamericano en la Guerra de Secesión. Una triste empalizada y un grupo de casuchas y tiendas hacen las veces de centro de prisioneros. Su aspecto es algo lastimoso, pero -asegura Julián- el efecto en pantalla mejora, y va en consonancia con la atmósfera sucia, hostil y decadente de los Spaguetti Western.Soldados, extras, técnicos y actores se mueven de un lado a otro en un caos que os hace imposible creer que de todo ello salga una película. Vivís en directo la Historia de cómo se contó la Historia. Los paisajes más yermos de España sirvieron para reflejar los remotos desiertos de norteamérica. Los áridos Nuevo Méjico, Nevada y Colorado, fueron en realidad Burgos, Madrid y Almería, y nativos americanos y colonos anglosajones fueron representados por españoles que, por ganarse un jornal, quedaron inmortalizados en un celuloide que se seguirá admirando décadas, y posiblemente siglos después. Absortos por su trabajo, nadie repara en vosotros.
-Y ahora, ¿qué?-pregunta finalmente Alonso, quizá demasiado prosaico-. Estoy tan admirado como vosotros por esta representación, pero, ¿hacemos algo aquí? Ya sabemos año y lugar, puede que debamos volver al 2016 y continuar nuestra labor en el Ministerio.
-No perdemos nada por curiosear y asegurarnos de que todo se desarrolla con normalidad.- sugiere Julián, oportunista. Sorprendentemente, Amelia le concede algo de razón.
-Una labor del Ministerio es patrullar los hitos más importantes de nuestra Historia y asegurarse de que todo va bien- ecuánime, continua-. Con ello, bien es cierto, nos exponemos a contaminar nosotros mismo este momento.
-Decidamos pues- pide Alonso-.
Avanzáis por el escenario, en el que en este momento no se rueda nada y soldados confederados y unionistas con acento burgalés confraternizan y discuten sobre la liga española de fútbol. Identificáis al que parece un miembro del equipo de producción, angustiado a ojos vista, y le abordáis sin piedad.
-Buenos días- dices-. Estábamos interesados en ofrecernos para el rodaje de la película- al ver su cara de incomodidad decides plantearlo desde un punto de vista más atractivo-. No nos preocupa el jornal, simplemente nos resulta atractiva la idea de decir que hemos trabajado en el cine.
Sin regatearos ese punto de vuestra propuesta, el hombre localiza una hoja arrugada de personal y se apoya precariamente en el resto de sus papeles.
-Algo encontraremos para ustedes. Díganme sus nombres.
-Amelia Folch. Efe O Ele Ché.
-Alonso de Entrerríos.
Alonso dibuja una sonrisa en su rostro.
-Estefanía. Marcial Lafuente Estefanía.
Vuestro interlocutor levanta la mirada, arisco.
-¿Cómo el escritor?
A Julián le recorre un escalofrío la espalda. ¿Cómo iba a saber que el escritor de novelitas de vaqueros que su padre leía cuando él era niño ya escribía en 1966?
-El problema de hacerse el listo- le susurra Alonso, paladeando el momento-, es que a veces quedas como todo lo contrario.
-Julián- recula, agachando la cabeza-. Julián Martínez.
-Tengo varios trabajos disponibles. ¿Quieren hacer constar algo que pueda ser de interés para la película?
Amelia recuerda que esta es una coproducción en la que participan profesionales de tres países, y los españoles nunca han destacado por su conocimiento de otros idiomas.
-Yo hablo inglés fluidamente.- dice sin presumir. El asistente parece satisfecho.
-¿No hablarás también algo de italiano?
En realidad, Amelia leyó La Divina Comedia en su italiano original a los 14 años.
-Algo.- se limita a decir.
-Estupendo. Nuestro intérprete está en la cama con un cólico. Si puedes servir de traductora, ayudarás a que la grabación sea un poco menos caótica. Tú- señala a Alonso-, normalmente no se lo pediría a un trabajador recién llegado, pero acabar el puente es una prioridad; irás con los reclutas a rematar la construcción. Y tú- se detiene en Julián-, puede que sirvas de figurante. Algo encontrarán para ti las de vestuario. ¡Venga, vamos! ¿No teníais tantas ganas de trabajar?
El señor Leone resulta ser un director en la treintena, algo obeso y con unas gafas de gruesos cristales. Por algún motivo te transmite una confianza y una sensación de inteligencia y creatividad que dejan bien claro porqué pasará a la Historia como uno de los mejores directores de cine que han existido. Le ayudas traduciendo órdenes al equipo español, aunque en ocasiones su pura ansiedad le hacen hablar mezclando el inglés, el italiano y el español. También te queda claro que no hay decisión importante en la producción que no sea dada o aprobada por él. Fascinante el mundo del cine, no te extraña que despierte tanto interés en Julián y en Pacino. En tu época, las imágenes en movimiento no eran más que un espectáculo de feria en el que no había cabida para la narración ni el arte.
No desatiendes, en tu improvisada labor de traductora y asistente, tu misión como agente del Ministerio. Habéis decidido aseguraros de que el rodaje se completa con éxito, y alguna conversación discretamente atendida entre Sergio Leone y Fabio Fava, uno de sus ayudante de dirección, te hace ver que el equipo artístico no las tiene todas consigo.
-<¿Es ese capitán, ese Eugenio Camorlinga, el que se encarga del puente?>- pregunta preocupado Leone. Su ayudante de dirección asiente-. <Vaya cómo la lió. No debí dejarle accionar el detonador cuando rodamos por segunda vez la explosión del puente, ¡no había dado la orden de grabar y el maldito puente ya estaba volando por los aires!>
-<Se ha comprometido ha tener el puente construido para esta tarde>- intenta exculparle Fava. Sergio Leone gruñe algo intraducible.
-Como otra vez nos encontremos con una explosión demasiado débil, o a destiempo, no sé qué va a pasar con la película. ¡Amelia, querida, dile a esos hombres que vayan cargando las cámaras en las camionetas, que vamos al puente a grabar!.
Con una profesionalidad irreprochable, y siguiendo las estrictas instrucciones del director de la Trilogía del dólar, organizas el traslado de los equipos para una de las escenas más importantes, y sin duda la más sensible, de la película.
Cuando os encontráis otra vez, Alonso está sudoroso y fatigado, Amelia carga con una montaña de carpetas con datos de la producción y hace anotaciones y actualizaciones con un grueso rotulador, y Julián viste un impoluto uniforme azul, que luce con alegría casi infantil.
-Voy a salir en la película.- presume. Amelia consulta sus papeles.
-Ahora se va a rodar la escena de los músicos. Creo que saldrás ahí.
Julián saca pecho y pone pose de pistolero.
-Tienes un aspecto horrible- Pregunta a Alonso, que está cubierto de polvo y barro y visiblemente cansado-. ¿Qué te ha pasado?
-Mejor ni preguntes.- gruñe.
-Bueno, ¿qué habéis descubierto.
Explicas lo que has oído en relación al puente y a la escena que se rodará en poco tiempo. Todos estáis de acuerdo en que ese es un momento que, por su sensibilidad, deberíais vigilar de cerca. A vuestro alrededor, los técnicos van colocando cámaras y extendiendo cables. Los figurantes reciben las primeras instrucciones y los actores se acercan repasando sus papeles. Julián señala a uno.
-¡Ese es Eli Wallach!- explica-. ¡El feo!
Un hombre bajito, de rostro simpático y ropa desastrosa, llega al punto de rodaje charlando amigablemente con el actor vestido de soldado unionista que está a punto de torturarlo. Profesionalmente, Amelia se le acerca y le entrega unas hojas de guión. El actor le sonríe con amabilidad y picardía.
-Gracias, preciosa.- se esfuerza a decir en castellano.
Sergio Leone, un joven regordete y sudoroso, da instrucciones a interpretes y extras para la escena. Un grupo de soldados confederados de aspecto quebradizo ocupan la primera línea, portando instrumentos musicales. Julián describe a sus compañeros la escena que van a grabar.
-Sentencia, el Malo está a punto de torturar a Tuco, el Feo, para conseguir información sobre la localización de un botín de cientos de miles de dolares- narra-. Manda tocar a estos soldados para que el honesto comandante de la prisión no oiga los gritos de la agonía.
Alonso se santigua.
-Valiente barbarie.
-¡Qué película!- se maravilla Julián-. ¡Qué diálogos!¡Y qué silencios!
Cada uno de los extras parece mostrar en sus escasas carnes los rigores de la guerra. Ciertamente, lo crudo de la posguerra juega a favor de la producción y la nutre de famélicos figurantes.
Leone repara en Alonso y le grita algo. Amelia traduce al director italiano.
-Alonso, dice que te pongas ese uniforme.
El soldado toma un gastado uniforme gris.
-¿Voy a salir en la película?
Julián, soldado unionista y guardia en la escena, levanta su rifle de atrezzo.
-Y deprisita- interpreta-. Que no te lo tenga que decir dos veces.
Tras soltar una maldición impropia de un caballero, y empujado diligentemente por la boca del arma de Julián, los dos ocupan su lugar en la escena. Se dan las últimas instrucciones, suena la claqueta y se rueda. En pantalla, unos tristes músicos tocan una melodía a punta de pistola.
El gesto de Julián al gritarse “corten” no sería de menor alegría si acabara de recibir un Oscar de la Academia. Amelia les felicita por su actuación con poca convicción, todo sea dicho. Las principales escenas del día en la prisión unionista ya se ha rodado, y se acercan camiones para recoger el equipo y trasladarlo a otro lugar del valle del Arlanza.
-La escena de la explosión del puente.- explica Amelia. Julián se quita su chaqueta de soldado yanqui.
-La tercera vez que se rueda. Esperemos que todo vaya bien.
Alonso da un trago a una cantimplora y señala con la barbilla al capitán Camorlinga.
-No me gusta ese hijo del diablo- sentencia-. Un buen capitán no necesita tratar así a sus hombres para ganarse su respeto.
En efecto, el oficial grita, abronca y amenaza a uno de sus soldados. Éste, estoico, no se amedrenta y recibe el temporal en silencio con la cabeza bien alta. Cuando el capitán considera haber dado suficientes gritos, se acerca a otro par de reclutas y les da instrucciones para que carguen un Land Rover. El soldado que recibió el rapapolvo, disciplinado, mantiene la posición de firmes.
-Me pregunto de qué habrán hablado.- dices. Pero quizá tu curiosidad no tenga que ser satisfecha.
-Aunque tal vez deberíamos irnos- admite Amelia-. No hemos visto nada sospechoso, y tenemos una responsabilidad con el Ministerio.
-No perderemos demasiado tiempo si curioseamos un poco más- opina Alonso-. Tengo un oscuro presentimiento.
-Y la escena del puente es la más sensible de la película- recuerda Julián-, ¿por qué no ir a asegurarnos de que todo va bien?
Para no comprometer al joven soldado, decidís no hablar con él hasta que el capitán Camorlinga se aleja en el todoterreno del ejército.
-He servido en el ejército durante dos décadas y a pocos superiores tan miserables he tenido que servir- le confía Alonso, ahora que el recluta abandona su posición de firmes. El chico, imberbe pero de expresión adulta y madura, no dice nada, receloso. Julián le extiende una cantimplora.
-No hemos podido evitar como, en un par de ocasiones, se ha cebado especialmente contigo- el soldado bebe con ansia. No ha sido menos de quince minutos cara al sol -no podía ser de otra manera- como se ha visto obligado a estar-. ¿Qué tripa se le ha roto para tratarse así?
-Soy Amelia, y ellos son Julián y Alonso. Tememos que el capitán Camorlinga se traiga algo entre manos que pueda poner en peligro el rodaje. Si tú subieras algo….
Tras recapacitar un instante, el chaval parece decidir que puede confiar en vosotros. O al menos, que la situación no puede ser peor.
-Me llamo Ignacio Vergara- se presenta-. Tenéis motivos para estar preocupados. El capitán es el oficial al mando de la construcción del puente que se va a volar esta tarde- asientes-. Y no sólo eso. También se ha encargado al ejército español que sea el responsable de la detonación. Seguramente ya sepáis que las dos primeras veces que se rodó esa escena fueron un fracaso absoluto, una vez por poner una carga muy pequeña y en la segunda, por la precipitación del propio capitán a la hora de activar el explosivo. Camorlinga no quiere volver a fracasar, pero ha cometido un gran error.
-¿Un error?- preguntas.
-La carga explosiva que ha puesto es excesiva. El equipo de grabación y los actores estarán prudencialmente alejados del punto de la explosión, pero incluso a esa distancia puede haber heridos… o algo más. Advertí al capitán, pero me llamó ignorante, cobarde y traidor.
-Detesto defender a ese bellaco- admite Alonso-, pero es posible que tenga razón. Él es un militar de carrera y vos sois un miliciano.
Ignacio no se ofende por la apreciación.
-Sé bastante de explosivos. Mi padre es dinamitero en una mina de Asturias, y he crecido entre barrenos. Sé bien calcular cargas y ondas expansivas. El capitán ha puesto cinco cartuchos de dinamita por pilar, cuando tres garantizarían una detonación espectacular. Intenté avisar a los miembros de la producción, pero me envió al calabozo para evitarlo. Espero haberme equivocado pero temo que ocurra una catástrofe
Hablando con unos y con otros, Amelia consigue plazas para todos en los vehículos de la producción. Vuestros compañeros de viaje cabecean en la parte trasera de la camioneta en la que viajáis, y en voz baja podéis intercambiar impresiones.
-La explosión del puente en la película es impresionante- recuerda Julián-. Si han puesto mayor carga explosiva de la necesaria, puede llegar a ser muy peligrosa.
-Si hablamos con el director, puede que le convenzamos de que su equipo de efectos especiales revise la carga del capitán Camorlinga- es la sugerencia de Amelia-. Me he ganado su confianza y estoy segura de que me escuchará.
-Actuemos nosotros mismos- dice Alonso, tajante-. Conozco el puente y he recibido formación de explosivos en el Ministerio. Podemos bajar antes de que comience a grabarse la escena y quitar unos cuantos barrenos.
-Puede ser muy peligroso- juzga Julián-. Podemos ponernos sobre el puente, a la vista de todos, y no movernos hasta que se limite la cantidad de dinamita.
La camioneta se detiene y llegáis al lugar del rodaje. El reducido caudal del río Arlanza ha sido retenido con una presa para que dé mejor impresión en pantalla. Un largo puente de madera lo cruza, y a uno y otro lado se han excavado trincheras de los dos ejércitos que, según la trama, se enfrentan por la estructura. Una gran batalla se rodó hace un par de semanas, y los atrezzistas colocan cadáveres de tela y paja vestidos de soldado en ambas orillas. Los técnicos hincan las cámaras. La escena no tardará en grabarse
Toda en la producción están muy atareados y no ven como os metéis en el río y recorréis cada uno de los pilares. Eso os da la oportunidad de trabajar con libertad, pero os expone a un peligro de muerte si no os ven cuando vuelen el puente por los aires. Pilar a pilar, Alonso va reduciendo la carga explosivo y lanzando los barrenos que retira al río, donde el agua los degradará poco a poco.
-¿Qué estáis haciendo?- no os habíais dado cuenta, pero Camorlinga está allí. Al bajar a hacer una última comprobación, os ha encontrado saboteando su trabajo-. Vais a pasar mucho tiempo en la cárcel, hijos de puta. Os voy a acusar de robar dinamita para cometer atent…
Alonso es tan de pocas palabras e implacable como un personaje de una película de Leone. Sin esperar una amenaza más, saca su pistola y apunta al capitán a la cara.
-Esa no es de atrezzo.- le aclara Julián. Alonso apremia a sus compañeros.
-Ya sabéis cómo se hace, id quitando barrenos de los otros pilares.
Julián y Amelia cumplen eficazmente mientras al tercio no le tiembla el pulso mientras apunta al capitán.
-Os perseguirán- amenaza este-. No hay sitio donde os podáis esconder.
-Vos haced vuestro trabajo, que es estar callado, y nosotros haremos el nuestro, que será desaparecer.
-¡Ya está!- anuncia Julián.
-Haced una señal al director para decir que todo está bien.- impone Amelia al capitán. El cañón del arma de Alonso es un buen incentivo, y cuando lo hace, salís del río y buscáis un buen refugio.
-Tú te quedas con nosotros hasta que todo esto termine- informa Julián al cautivo-. No queremos que vuelvas a estropear esta escena.
Ignoráis su mirada de odio y os escondéis tras unas sólidas rocas, cuerpo a tierra. A los pocos minutos ocurre. Con las cámaras grabando una escena que pasará a la Historia del cine, ese puente quebradizo construido sobre un río poco caudaloso por jóvenes reclutas explota por los aires. El suelo tiembla, todo retumba, los cascotes vuelan por los aires y, cuando os asomáis, sólo quedan restos negros y humeantes. La explosión ha sido tremenda y los italianos aplauden y se felicitan por el resultado. Sólo ahora el capitán de infantería Eugenio Camorlinga tiembla al comprender qué habría ocurrido si se hubiera dejado la cantidad de dinamita que había preparado. Consternado y asustado, aprovecha que bajáis la guardia para salir corriendo y alejarse de allí. Bueno, ya no supone un peligro para nadie.
-Que se vaya- concedes-. Ya no es nadie.
-Esta no está siendo para nada una misión rutinaria.
-Completamente de acuerdo- concedes-. Partamos. Queda mucho camino hasta llegar a la Puerta del Tiempo.
Dejando atrás duelos, traiciones y ambiciones, abandonáis este lugar. Con la satisfacción de haber cumplido con vuestra misión, camináis hacia el atardecer.
Al regresar al pasillo del Tiempo aún sentís la garganta áspera y seca por el sofocante verano castellano, pero tenéis una buena historia que contar y habéis presenciado la grabación de una de las películas más importantes.
-El bueno, el feo y el malo es la película favorita de Tarantino- explica Julián-. Stephen King se inspiró en su protagonistas para componer a uno de sus personajes más conocidos.
-¿Y quiénes son esas personas de las que habláis?- se interesa Alonso. Amelia quiere cortar de raíz el anecdotario cinematográfico de Julián.
-Autores del siglo XXI que difícilmente se cruzarán con nosotros en nuestras misiones- Julián se permite fantasear con esa posibilidad. La catalana hace una anotación en el informe.- 1459, lleva al 17 de Julio de 1966 a Burgos. Cincuenta años redondos, será una puerta de utilidad.
Alonso se vacía de tierra las botas.-Un día como pocos.- valora .
-¿Un día? Diría que han sido jornadas enteras- le corrige Julián.
-Venga, os invito a comer. Tenemos que asimilar todo lo que hemos vivido.
-Lo acepto, si antes nos duchamos y nos cambiamos de ropa.- propone Amelia. Subís la escalinata circular del foso del Ministerio discutiendo sobre las decisiones tomadas y los momentos de vuestra misión en la que todo pudo haber fallado. Pero el rodaje de El bueno, el feo y el malo siguio su curso para convertirse en la mejor pelicula de la historia.
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janessi1
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MensajeTema: capitulo seis :ANTES DE TIEMPO   Sáb Mayo 20, 2017 11:46 am

Os cuesta forzar la puerta al otro lado, pero finalmente cede, levantando una nube de polvo y dejandoos entrar en lo que parece una pequeña tienda de moda. Fotos amarillentas de elegantes vestidos cuelgan de las paredes y maniquíes desvestidos se exponen ante un escaparate cubierto de mugre.
-Lleva abandonado mucho tiempo.- observa Alonso, pasando un dedo sobre la capa de polvo que cubre el mostrador. Julián observa la oscuridad absoluta a través de la puerta que habéis atravesado.
-Es milagroso que nadie encuentre estas puertas por casualidad.
Amelia se dedica a mirar los cuadros de modelos que cubren las paredes.
-Por el estilo de la moda, debemos estar a principios del siglo XX. No muy lejos de mi época.
Alonso encuentra un viejo calendario enmohecido.
-1906- señala el año-, pero sepa Dios cuánto lleva esto aquí.
-Descubrámoslo.- decide Julián, abriendo la puerta del establecimiento cerrado y cediendo el paso a sus compañeros. Siendo la primera en salir, Amelia se encuentra junto a un puerto concurrido. Un enorme barco de chimenea humeando toca su bocina, acallando el grito de las gaviotas. Una gran sonrisa se le dibuja en la cara al reconocer ese muelle, esas calles, esa inconfundible estatua subida a una alta columna.
-Barcelona- respira profundamente-. Estamos en mi ciudad.
A pesar de que a diario regresa a su hogar, son pocas las veces -y no las más agradables- que una misión la ha traído a su ciudad natal. Bulliciosa, culta, abierta al mar, una de las urbes más importantes y hermosas de Europa les recibe, como siempre, con los brazos abiertos.
O quizá no.
-Algo está pasando, Amelia.- advierte Alonso, poniéndole una mano en el hombro. Al girarse, la catalana ve como la gente corre por las calles o se esconde en sus casas. La guardia civil persigue a todo el mundo sin hacer distinción y golpea con sus porras a los rezagados. De más de una decena de focos en toda la ciudad ascienden oscuras columnas de humo. Barcelona está ardiendo.
-Dios mío- dice Julián-, ¿qué es lo que está ocurriendo?
Oís disparos, gritos y protestas. Cristales rotos, llantos y cascos de caballos.
-Creo que sé cuándo estamos- aventura Amelia-, y preferiría estar en cualquier otro momento y lugar.
-Quedaos detrás de mi- Alonso acaricia su pistola, esperando no tener que llegar a utilizarla.
-¿Qué sucede, Amelia?- le pregunta el enfermero, que empuja a sus compañeros tras una esquina para evitar que los guardias civiles a caballo les vean.
-Si no me equivoco, estamos en 1909- para sus compañeros eso no aclara nada-. En la que se llamó Semana Trágica de Barcelona.
-¿Qué locura se ha desatado en la ciudad?- le insiste Alonso. Su mentalidad respetuosa con la autoridad no entiende nada. Muchos barceloneses de aspecto humilde se reunen en las encrucijadas de las calles, cargando armas improvisadas y encarándose contra las fuerzas de la ley.



-Tenemos que encontrar a ese hombre- concluye Julián-. Pero, ¿cómo localizar a una persona en una ciudad en llamas?
-Parecía que el populacho le conocía- recuerda Alonso-. Preguntemos a los levantiscos y que nos indiquen de quién se trata.
-Sin duda la guardia civil también le conocerá- colige Amelia-. Por mi aspecto podría acercarme a uno sin levantar sospechas, e intentar sonsacarle información.
-Entonces- busca consenso Julián-, ¿preguntamos a los sublevados o a las fuerzas del orden?
Sintiéndote responsable por lo que ha ocurrido, pides ser tú quien se acerque a uno de los manifestantes para preguntar sobre el hombre con el que chocaste.
-Disculpe, caballero- un hombre de unos cuarenta años, con barba frondosa, gorra calada y que porta una barra de metal se gira y te mira con recelo. Comprendes que, si hubiera sido algo más joven, el destino de este obrero le habría llevado a los áridos desiertos de África a luchar una guerra que nadie entendía-. Mis amigos y yo hemos escuchado el discurso inspirador de ese hombre, y teníamos curiosidad por saber quién era, ¿le conoce usted?
Como en tantos momentos como este, el recelo y la sospecha anidan en persona, ¿Cómo distinguir a posibles aliados de agentes encubiertos y delatores?
-¿Y quién lo pregunta?
Tus amigos no están aquí para asistirte, y la paranoia en este obrero es evidente. Por fortuna, ahora él también está solo y no supone un peligro inmediato.
-Que vagin a la guerra els fills dels rics!
-O tots o cap!!
Vuelan en todas las direcciones piedras y balas. Veis cómo se han levantado barricadas y se han volcado tranvías. Encontráis un escondite perfecto en un callejón oscuro.
-En 1909, el gobierno de Antonio Maura movilizó a los reservistas para enviar tropas a lo que quedaba de las colonias en Marruecos- expone Amelia-. En Barcelona, muchos padres de familia, los que sustentaban a los hogares más humildes, se vieron obligados a dejar a sus mujeres e hijos e ir a luchar a África. Los pobres, por supuesto, pues un pago de 1500 pesetas eximía a los pudientes de ir al frente. Las mujeres de los reclutados forzosos, y luego toda la población civil, se levantaron contra la autoridad. La participación de los anarquistas dirigió las acciones de la turba contra la institución eclesiástica, a la que se acusaba de privilegiada, de apoyar el injusto poder establecido y de perpetuar el status quo.
-¿Se levantaron contra el rey y contra la Iglesia?- reguñe Alonso-. No es esa la España por la que he luchado toda mi vida.
-Lo que está ocurriendo estos días en Barcelona, y en gran parte de Cataluña es injustificable- admite Amelia, sinceramente consternada por lo que ve a su alrededor-, pero la pobreza y la actitud de un Gobierno injusto e indifetente, han hecho mucha mella en las clases más humildes. Se asaltaron iglesias y conventos, pero en gran medida se respetó a los clérigos. Por desgracia, la represión será brutal, y queda por derramarse mucha sangre por ambos bandos.En pocas misiones han visto Julián y Alonso a Amelia tan consternada. No es para menos, esta es su ciudad, es su gente la que sufre y son las calles que conoce las que arden. Además, lo que están presenciando está sólo unas décadas por delante del año del que ella procede, y no es imposible que sus padres aún vivan. O incluso ella podría encontrarse en estas calles. Con un empuje que casi raya lo imprudente, Amelia sale de vuestro escondite y agarra las hojas de un periódico que son arrastradas por el viento.
-28 de Julio de 1909- lee-. Puede que sea suficiente.
-Tal vez no sea la prensa de hoy.- siente decir Alonso.
-Cierto, pero la ciudad es un polvorín- recuerda Amelia-. Podemos volver en una semana, cuando todo acabe, y precisar más la fecha exacta. Estoy segura de que Ernesto y Salvador lo entenderán perfectamente.
-Estoy de acuerdo- coincide Julián con todo severo-. Vayamonos de aquí antes de que todo empeore.
-Que me place.- consiente Alonso de Entrerríos, contento con la decisión tomada. Retornáis a las calles principales a toda prisa, agachandoos cada vez que oís un disparo y escondiéndoos cada vez que un grito anuncia una carga. Llegáis al carrer de la Boqueira, a tan solo un par de calles de la puerta del tiempo, y veis a un grupo de obreros reunidos, portando barras, porras e incluso cuchillos y navajas. Se reúnen en torno a un hombre de unos cincuenta años, de cierta elegancia en su porte e indiscutible halo de carisma. Se dirige a los exaltados, con los gestos y ademanes del que está acostumbrado a hablar al público y convencer. No sois capaces de distinguir si les arenga y les enciende, o si está llamando a la calma y al sosiego, pero la reunión acaba cuando unos guardias a caballo entran a trote en la calle dispuestos a disolverla. La gente huye en vuestra dirección y, pillados por sorpresa, no sois capaces de apartaros con la suficiente premura. El distinguido caballero que hablaba a la multitud choca contigo, y casi te hace caer. Se agacha a recoger algo del suelo y, sin solución de continuidad, se aleja a la carrera cuando los agentes a caballo embisten a la turba y se oyen gritos y ruegos de los golpeados y los pisoteados bajo los cascos de los caballos. Tus compañeros te arrastran a un soportal y os escondéis hasta que todo pasa.
-Este es el momento, corramos y regresemos a 2016.
-¡Esperad!- no das crédito. Buscas en tus bolsillos, jurarías que estaba allí hace un momento-. He perdido mi móvil.
-Busca bien.- te apremian. Nada.
-¿Tienes la seguridad de que lo has traído?
-Sí. Hasta hace un momento lo tenía- atas cabos-. Se me ha tenido que caer cuando me han empujado.
Regresáis a la calle donde os cruzásteis con la multitud. No queda nadie y podéis buscar sin que os molesten. No tenéis suerte.
-Puede que lo perdieses antes. Piensa.
La situación es ciertamente comprometida. Un objeto tecnológico tan avanzado un siglo antes de tiempo supondría un peligro inimaginable para la preservación de la Historia; ¿cuántos años se adelantarían muchos descubrimientos técnicos si fuera analizado por personas expertas? Incluso alguien particularmente intuitivo seria capaz de desvelar su funcionamiento y acceder al basto conocimiento de Internet, ¿qué repercusión tendría eso en los acontecimientos del convulso siglo XX? Intentas mantener la calma y te tomas unos segundos para recapacitar.
-¡Me choqué con el hombre que estaba dando la proclama!- recuerdas-. Él se agachó para coger algo. Supuse que se le había caído algo, ¡pero puede que se me cayese a mi, y que quisiera devolvérmelo! Con la carga, no tardamos en perdernos de vista

Sintiéndote responsable por lo que ha ocurrido, pides ser tú quien se acerque a uno de los manifestantes para preguntar sobre el hombre con el que chocaste.
-Disculpe, caballero- un hombre de unos cuarenta años, con barba frondosa, gorra calada y que porta una barra de metal se gira y te mira con recelo. Comprendes que, si hubiera sido algo más joven, el destino de este obrero le habría llevado a los áridos desiertos de África a luchar una guerra que nadie entendía-. Mis amigos y yo hemos escuchado el discurso inspirador de ese hombre, y teníamos curiosidad por saber quién era, ¿le conoce usted?
Como en tantos momentos como este, el recelo y la sospecha anidan en persona, ¿Cómo distinguir a posibles aliados de agentes encubiertos y delatores?
-¿Y quién lo pregunta?
Tus amigos no están aquí para asistirte, y la paranoia en este obrero es evidente. Por fortuna, ahora él también está solo y no supone un peligro inmediato.
Sintiéndote responsable por lo que ha ocurrido, pides ser tú quien se acerque a uno de los manifestantes para preguntar sobre el hombre con el que chocaste.
-Disculpe, caballero- un hombre de unos cuarenta años, con barba frondosa, gorra calada y que porta una barra de metal se gira y te mira con recelo. Comprendes que, si hubiera sido algo más joven, el destino de este obrero le habría llevado a los áridos desiertos de África a luchar una guerra que nadie entendía-. Mis amigos y yo hemos escuchado el discurso inspirador de ese hombre, y teníamos curiosidad por saber quién era, ¿le conoce usted?
Como en tantos momentos como este, el recelo y la sospecha anidan en persona, ¿Cómo distinguir a posibles aliados de agentes encubiertos y delatores?
-¿Y quién lo pregunta?
Tus amigos no están aquí para asistirte, y la paranoia en este obrero es evidente. Por fortuna, ahora él también está solo y no supone un peligro inmediato.
Tus compañeros no dan crédito cuando te presentas ante ellos y les comunicas que vais a quemar una iglesia. Argumentas, en voz baja, que tu único propósito era no levantar sospechas y que en cuánto encontréis un momento continuaréis. Además, cabe la posibilidad de que encontréis a Ferrer i Guardia en vuestra razzia.
El hombre con el que hablaste resulta ser Marc, el cabecilla de un pequeño grupo de exaltados que han seleccionado la pequeña iglesia de Sant Tomàs como su objetivo. Cargan con teas y combustible como acelerante y contra toda lógica son vitoreados por vecinos que desde la callle o las ventanas proclaman su apoyo al levantamiento. La iglesia de Sant Tomàs se encuentra en la calle de Jaume I, cerca de la Catedral. No muy lejos del barrio en el que, treinta años antes, vive Amelia.
-No puedo creérmelo- dice la universitaria-. Aquí hice mi primera comunión.
-Si cuando os digo que el tiempo tiene sus propios planes…- recuerda Alonso, santiguándose. La cuadrilla entra en la iglesia con su líder dando una patada seca a su sólida puerta doble. Uno de ellos escupe nada más entrar. Otro, golpea la pila de agua bendita hasta que la maciza piedra cede. Es el comienzo de una serie de desmanes en el interior de este sitio sagrado.
-Recordad- dice Amelia-, no estamos aquí para intervenir. Lo que pase aquí, tiene que pasar.
Las porras se descargan sobre cada objeto sagrado del lugar mientras Marc vacía una lata de gasolina entre los reclinatorios.
-¡Vosotros!- os grita-. ¡Id a la sacristía!¡Comprobad si hay algo que sirva para hacer una hoguera!
Obedecéis, esperando el momento de iros. A la sacristía se accede por una puerta tras el altar. La conforman un par de estancias amplias y espartanamente decoradas.
-Tenemos que encontrar la manera de irnos de aquí.- sentencia Julián.
-Estoy de acuerdo.- coincide Amelia. Alonso les pide silencio. Ha oído algo. Con sigilo felino, el soldado se acerca a un armario y lo abre de par en par. En su interior tiembla un anciano vestido con una amplia sotana.
-Agafeu el que vulgue prò per favor no em feu res!
-Tranquil, mussèn, no volum fer-li mal- le calma Amelia. El hombre, derrotado, sale y se sienta en una de las sillas de la sacristía, sometido a vuestra clemencia. Os retiráis unos pasos para discutir sobre esta nueva eventualidad.
-No podemos dejar a este pobre hombre aquí, merced de estos desalmados.- dice Alonso.
-Siento ser abogado del diablo- replica Julián-… nunca mejor dicho. Pero en teoría no debíamos participar en los acontecimientos, y, Alonso, sacarle de aquí sería interferir en la Historia.
-Ayudar a un viejo cura no creo que haga que la Historia cambie- se sorprende diciendo Amelia-. Aunque puede que no tengamos que hacerlo. Como os dije, la revuelta no era contra los religiosos, sino contra sus propiedades. La mayor parte de las veces se les dejó ir.
-La mayor parte de las veces.- recalca Alonso. Amelia se ve obligada a asentir.
-Hubo muertos. Sin duda, demasiados.
Alonso muestra discretamente su arma.
-Pongamos las cosas claras a estos blasfemos- propone-. Que quemen el edificio, pero nos dejen salir con el padre.
-Pues decidamos qué hacer- dice Julián-. Esta iglesia está a punto de arder como una pira.
No es sencilla la decisión que tomáis, pero cruzáis los dedos para que todo vaya bien. Entre Alonso y Julián sacan al cura, que se revuelve y agita.
-Tranquilo, padre, saldremos de aquí- intentas calmarle, en voz baja-. ¡Hemos encontrado al cura!¡Vamos a echarle para que no nos moleste mientras quemamos su iglesia!
Vuestra idea funciona. Los vándalos le increpan, le insultan, manipulan impúdicamente las imágenes sagradas en su presencia, pero, aunque aterrado, el cura no sufre ningún daño. En el exterior os ofrecéis a escoltarle a un lugar seguro, pero sale corriendo torpemente, y se pierde entre las calles de Barcelona. Oís cómo le insultan los transeúntes, pero creéis que ha podido huir. Aprovecháis el momento para alejaros y buscar a Ferrer i Guardia.
-Francisco Ferrer i Guardia.- repite Amelia.
-¿Debería significar algo ese nombre?- pregunta Julián.
-Es una figura muy conocida en Cataluña, y en ámbitos educativos en toda España- aclara ella-. Librepensador y ateo, sus ideas progresistas y la escuela que abrió en Barcelona fueron un soplo de aire fresco para el anquilosado sistema educativo español de esta época. Por sus propuestas provocadoras, y su amistad con Mateo Morral, se ganó muchos enemigos.
-¿Mateo Morral?- repite Julián-. ¿El que tiró una bomba en la boda de Alfonso XIII?
Amelia asiente.
-Hace tres años, exactamente.
Alonso, honrado ciudadano y devoto católico, no da crédito.
-Profanaciones, alzamientos, quema de iglesias, bombas contra los reyes- enumera-. Vive Dios que estos son unos años endiablados.
-¿Y cuáles no lo son en nuestra Historia?- se lamenta Julián.
¿Dónde buscáis a Francisco Ferrer i Guardia
La sensación al llegar al carrer de Roses es la de haber atravesado la frontera de un mundo cínico y surrealista. En lo que hasta hace unas horas era un barrio humilde de trabajadores se levantan ahora barricadas y se vuelcan tranvías. En las escalinatas de una iglesia hasta ayer frecuentada y respetada, ahora se agolpan ataúdes abiertos y carcomidos, exponiendo las momificadas reliquias de lo que fueron monjas y sacerdotes, con sus mandíbulas abiertas y sus cuencas vacías expuestas a pleno sol.
-Jamás, ni en ninguna guerra, vi tal profanación.- se santigua Alonso.
-La población civil barcelonesa protestaba por los focos de infección que podían ser los cementerios de las iglesias- explica Amelia, sin justificar-. Los religiosos eran enterrados en plena ciudad, mientras los simples seglares eran sepultados lejos de ella.Los alzados, aprovechando un momento de tranquilidad en los enfrentamientos, pasean con sus familias con naturalidad ante los despojos humanos. La normalidad con la que presencian los cadáveres resecos os estremece. Vuestra agitación aumenta cuando veis a unos jóvenes, poco más que niños, bromeando ante los cadáveres de unas religiosas. Uno de ellos, escaso de luces, toma uno de los cadáveres y comienza a bailar con él en medio de la plaza, ante el aplauso de sus compañeros.
-Habrase visto- bufa Alonso, atribulado-. Ese necio necesita una lección, y como que hay Dios que yo se la daré.
Julián le detiene, agarrándole del brazo.
-¿No ves que es un deficiente mental?
-Muchos como él he conocido- asegura el andaluz-, y sabían mostrar el debido respeto a sus padres, a su fe y a sus muertos.
-Disculpe, caballero- Julián se acerca a un hombre sentado al sol, que aprovecha las últimas caladas de lo que queda de un cigarrillo-. Buscamos al profesor Ferrer i Guardia, ¿sabría decirnos dónde encontrarlo?
Es una suerte que vuestro objetivo sea una pequeña celebridad en la ciudad.
-Me han dicho que ha estado muy activo esta jornada- responde, desechando por fin la colilla-, pero no le he visto. Roger, ese chico de la gorra roja, me ha contado que ha estado con él.
Le dais las gracias y os acercáis al tal Roger. Es un joven alto, delgado y no demasiado agraciado, que encabeza la construcción de un parapeto a pesar de su pronunciada cojera. Antes de que lleguéis a su altura, la plaza estalla en gritos.
-¡Viene el ejército!
En efecto, un escuadrón cerrado de soldados de uniformes grises desciende calle abajo hacia la plaza en la que os encontráis. Se oyen los primeros disparos, que impactan contra los muros de ladrillo de las barricadas. Roger se atrinchera, y espera a los soldados sin más arma que un adoquín en la mano.
-Llegamos en el peor momento- apunta Julián-… otra vez.
-Estamos demasiado cerca- dice Alonso, acostumbrado al silbido de las balas-. No podemos desaprovechar la oportunidad.
-Es demasiado arriesgado, Alonso.- le dice Amelia. Con todo, sigue siendo una opción.
Las repercusiones de vuestro fracaso pueden ser inimaginables, así que avanzáis buscando cobertura hacia los atrincherados. Unos pocos valientes mantienen la posición e incluso intentan defender la posición con armas que bien podrían haberse usado en la Guerra de Independencia. Cuando alcanzáis a Roger, un joven barcelonés es abatido a vuestro lado con una bala que le vacía el cráneo.
-¡¡Roger!! ¡Estamos buscando al profesor Ferrer i Guardia!
-¡¿Qu.. qué?!
-Es muy importante- dices. Estar en medio de un asalto para seguir una pista vaga lo hace evidente-. Tiene que darnos algo que es vital.
-¿Sabe donde está?- interviene uno de tus compañeros. Él asiente, aún incrédulo.
-Me contó que iba a ir a ver a sus amigos anarquistas, al bar L´Estiu.
Apenas ha acabado la frase cuando un par de soldados asaltan la barricada. Alonso se abalanza sobre uno de ellos, le arrebata el rifle y le golpea en la barbilla con él, con un movimiento ascendiente. Roger no tiene tanta suerte, y su atacante le clava la bayoneta en el pecho. En un último esfuerzo, el joven idealista le quita la pistola de su cinto y la descarga en su pecho. Los dos mueren olvidados por la Historia mientras el caos se adueña de la ciudad condal. Antes de huir ves un sobre asomando de la chaqueta del soldado muerto. Impulsado por una corazonada, te haces con él.
-¿Qué es eso que has cogido?
Lo abres y lo lees con detalle.
-Es una carta de presentación del soldado a su nuevo destino- explicas-. Pobre chico, otro muerto más en este sinsentido.
-Conservémosla- te sugiere uno de tus compañeros-. Puede que nos sea útil más adelante.



En torno al bar L´Estiu revolotean hombres armados, algunos gritando al pueblo las maravillas de la revolución.
-Trenqueu les vostres cadenes! Que els seus provilegis cremin amb les seves esglésies!
No podéis evitar un escalofrío al ver los ataúdes profanados de clérigos abiertos en la calle, con los despojos de su interior a la vista de todo el mundo. La calavera de una monja os observa al pasar, con sus ojos vacíos y su gesto carcajeante.
-Quien no respeta la muerte, no respeta la vida.- sentencia Alonso. Toda empatía que pudiese sentir por la causa de los alzados el recto Alonso de Entrerríos queda en nada ante gestos como este.
Os abrís paso entre la muchedumbre reunida en la taberna. No tardáis en reconocer a Francisco Ferrer i Guardia, que con su discurso progresista y convincente atrae a los parroquianos.
-Una societat supersticiosa i inculta mai no podrà reclamar el seu dret inalienable a la llibertat- agita -. Anarquia i llibertat no és caos i barbàrie.
Unos aplauden, otros protestan, algunos matizan, El mitin improvisado de Ferrer i Guardia concluye con varios focos de discusión de los que el pensador se aleja. Es vuestro momento para abordarle.
-Profesor Ferrer- le dices-, no se acordará de mi, pero nos chocamos durante una carga de la guardia civil.
Su gesto evidencia que sí se acuerda. Y que algo dejó un significativo recuerdo de ese encuentro.
-Perdí algo en ese momento, y creo que usted lo encontró.
-Vengan conmigo
El profesor intercambia unas palabras con el tabernero, que os deja paso libre a la trastienda. Entre barriles, botellas y olor a vino, Ferrer i Guardia ceba y enciende una pipa.
-Así que lo tiene usted.- abordas directamente. El maestro apaga la cerilla agitando la mano y se toma su tiempo para paladear una profunda calada.
-Cuando nos chocamos vi que se le caía algo- confirma-. Lo tomé del suelo e intenté devolvérselo, pero ya se oían disparos y salí corriendo. Admito que luego olvidé completamente ese extraño objeto, pero cuando lo saqué…
-No es suyo, devuelvánoslo y toco quedará zanjado.- impone Amelia. Algo en el rostro del académico deja claro que no será tan fácil.
-Curiosa esa tablilla- rememora-. Al principio no sabía lo que era, pero resulto ser de un manejo bastante intuitivo.
Tiemblas al oír eso, ¿qué información habrá conseguido del móvil?
-Si no es por las buenas, puede ser por las malas- toma la palabra Alonso. Lo que se está jugando aquí es demasiado importante-. Denos esa tablilla y continúe con su revolución.
-No la tengo- intentas descifrar su gesto, para saber si está siendo sincero o no-. Se lo di a un amiga, Constancia Rodríguez, una erudita y coleccionista de rarezas. Ella tendría más interés en una cerámica que hace ruidos y emite luz.
Ojalá sea sólo eso, y Ferrer i Guardia no haya sido capaz de descubrir cómo el teléfono que perdiste es en realidad una ventana a una cantidad de conocimiento inimaginable.
-¿Dónde podemos encontrar a Constancia?- inquiere Julián.
-Por desgracia, mi amiga ha sido detenida en las protestas.- se lamente.
-¿Llevaba con él esa cerámica?
-Imagino que sí- conjetura-. Se la entregué al poco de cruzarme con vosotros. Lo siguiente que supe de ella es que había sido llevado bajo custodia al cuartel de la avenida de Roma. Un lugar muy activo en estos momentos, todo sea dicho.
-Si el ejército se ha hecho con ese aparato…- plantea Alonso. Amelia quiere ser más optimista.
-Los detenidos están siendo muchos. Posiblemente sólo les hayan confiscado las armas.
-En todo caso, esa es nuestra única pista- concluye Julián-. Debemos ir ahí.
-Ese curioso objeto parece muy importante para vosotros- os dice Ferrer i Guardia-. Hacéis bien
Os acercáis a la Avenida de Roma, donde se encuentra el acuartelamiento del ejército y sus temidos calabozos. Unos calabozos muy concurridos, en estos días. Guardias de fiero aspecto bloquean la puerta, con sus armas en la mano y clara disposición para utilizarlas. Iglesias y conventos en toda la ciudad se convierten en nubes de humo negro, y los peores momentos para Barcelona están lejos de pasar. Debéis encontrar la manera de liberar a Constancia Rodríguez de un fortín, y aún no sabéis ni cómo entrar. Rodeáis la manzana, intentando haceros una idea de la disposición del edificio. Las ventanas que no están enrejadas están en el segundo piso, y no son una alternativa a vuestra incursión. En la parte trasera distinguís una puerta de servicio, cerrada. Os alejáis con naturalidad, pero ese parece haber sido un prometedor descubrimiento.
-Diría que esa puerta sólo se puede abrir desde dentro.- intuye Julián. Alonso no quiere dejar pasar esa oportunidad.
-Podría intentar forzar la cerradura. Todas las defensas se concentran en el acceso principal.
Amelia apunta otra opción.
-Los alzados revolotean por la cárcel, sin atreverse a actuar. Puede que en ellos esté la solución.
-No sé si es peor tener pocas opciones, o demasiadas.- se lamenta Julián.
Amelia entra en la comisaría con gesto compungido. Un policía le sale al paso, preguntándole el motivo de su presencia.
-Mi hermana Constancia está detenida aquí- miente a medias-. Quiero ver como está, mis padres están muriendo de preocupación.
La situación a la que se enfrenta la ciudad no invita a visitas carcelarias, pero los soldados son ante todo caballeros y el aspecto dulce y delicado de Amelia juega a su favor. El agente accede a acompañar a la joven, a la que dirige por el interior de la comisaría hablando despectivamente del comportamiento de los detenidos y compadeciéndose del sufrimiento que por su culpa sufrirán los padres. Una explosión retumba en todo el edificio. Viene del exterior, pero pone en alerta al uniformado.
-¡Quédese aquí, ahora vengo!
Amelia no está dispuesta a obedecer esa orden, y en cuanto ve cómo su acompañante gira una esquina, se encamina hacia la dirección en la que está la puerta de servicio y la abre para sus compañeros
El caos que reina en la ciudad se traslada al interior de la prisión, en las que los guardias van y vienen, se gritan órdenes y se descuidan los procedimientos más básicos. Lo que, todo sea dicho, os beneficia. Tan solo un par de veces os tenéis que esconder en alguna habitación o en un rincón oscuro mientras alguien pasaba y no tardáis en encontrar las celdas.
-¡Constancia!- gritas- ¡Buscamos a Constancia!
Una mano se asoma entre las rejas. En uno de los calabozos encontráis a una mujer joven, atractiva y rostro inteligente. Su aspecto y su entereza parece desentonar con el resto de presos, asustados, de aspecto mal encarado y en un escalón social evidentemente más bajo.
-Nos envía Francisco Ferrer- dices-. Tienes algo que nos pertenece.
-Yo…- le cuesta pronunciar palabra, sorprendida por vuestra presencia.
-¡A un lado!- Alonso fuerza violentamente la cerradura con su daga. El mecanismo de la cerradura salta por los aires y la puerta cede dócilmente.
-¡Venga, salgamos de aquí!
-¡Oye!¡Ábrenos a nosotros!- os instan los otros presos.
-No está todo acabado- lamenta decir Amelia-. Aún tenemos que salir de aquí.
Decidís ser lo más discretos posibles y tú en solitario recorres la planta buscando algo que pueda seros de utilidad en la huida. Encuentras el vestuario de los soldados, ahora vacío, con algún uniforme colgado. Más allá descubres el polvorín, bien surtido, con rifles, pistolas, e incluso granadas y balas de cañón. ¡Buena falta le habrían hecho estas armas a los barceloneses a los que han enviado a la guerra!¡Mejor uso tendría que el que se le va a dar aquí, de reprimir y asesinar españoles!
Alonso y Julián se enfundan uniformes del ejército con los que no llamar la atención al salir.
-Si os preguntan- dice Alonso dirigiéndose a Amelia y a Constancia-, sois las hermanas desconsoladas de uno de los detenidos. Mejor eso que vestiros de monja alférez.
Los uniformes no les quedan bien, pero darán el pego. Salís agachando la cabeza y a paso acelerado, y casi sin creéroslo, os encontráis en el exterior
Corréis junto con Constancia hasta estar seguros de que estáis lo suficientemente lejos y de que ya no se escuchan los disparos de la guardia. Encontráis la puerta de un almacén de carbón abierta y os escondéis allí. Tenéis mucho de lo que hablar.
-Francisco Ferrer i Guardia nos dijo que usted tiene algo que nos pertenece.- aborda Alonso sin más preámbulos.
-¿El… el qué?
-Una tablilla pequeña, como de cerámica- aclara Amelia. Para ella, hasta hace poco, los móviles eran tan incomprensibles como lo son para Ferrer i Guardia-. Francisco se lo entregó en las revueltas.
La joven niega con la cabeza.
-Francisco no me entregó nada- asegura-. Me crucé con él en las revueltas, sí, pero sólo hablamos. Me dijo que tuviera cuidado, me dijo que yo podía ser más útil en las aulas que en las calles, pero no me convenció de que dejase la lucha. Me juró que, en caso de que me detuviesen, haría lo imposible por liberarme.
-Y bien que lo ha hecho, vive Dios.- blasfema Alonso, sintiéndose engañado. El profesor libertario os hizo creer que su amiga tenía el teléfono móvil para que la rescataseis. Es inevitable sentir cierta satisfacción por haber rescatado a esta pobre chica
Encontráis a Francisco Ferrer i Guardia en su casa. Su mujer, temblorosa, os deja pasar. El anarquista está en su biblioteca, tomándose un brandy mientras mira por la ventana una ciudad en llamas.
-Rodríguez ya está en su casa.- dice Amelia. No hay reproche en su voz, no es momento para ello.
Francisco mira al suelo, avergonzado.
-Siento haberos utilizado. Pero pensé que alguien con vuestros recursos no tendría ningún problema en sacar a Constancia de la cárcel.
Francisco Ferrer echa mano a su bolsillo y saca tu móvil. Lo deja sobre la mesa.
-Curioso objeto este- dice, entre el asombro y la melancolía-. Un hombre introduce su nombre y descubre todo lo que le depara su futuro. Incluso cómo morirá. Recuperas el móvil.
-No todos los hombres- dice Amelia-. Sólo los que marcaron la diferencia.
Francisco Ferrer i Guardia le dedica una sonrisa de agradecimiento.
-Todo esto no servirá de nada- se lamenta-. Nosotros queríamos que esto fuera la chispa para que todo el país se levantase contra la tiranía y Maura les hará creer que es un alzamiento secesionista. Quien no lo haya vivido no sabrá porqué se luchó y murió estos días.
-Pero los que sobrevivan lo contarán.- asegura Amelia. Ferrer i Guardia intenta mantener la entereza.
-Yo no estaré entre ellos.
Se hace el silencio. El concienciado anarquista ha descubierto su destino. Un juicio injusto y un pelotón de fusilamiento en el castillo de Mont Juic.
-Y yo que sólo temía que se inventase el Candy Crush un siglo antes de tiempo.- bromea sin ganas Julián. A Alonso le cuesta preguntar.
-Ahora que sabéis lo que va a ocurrir, ¿no vais a hacer nada para evitarlo?
Amelia sabe leer en su expresión.
-La ejecución de Francisco Ferrer i Guardia provocó una ola de protestas contra el gobierno conservador en toda Europa y en América- explica. Desde el primer momento, la astuta, resuelta y profesional líder del equipo conocía el destino del erudito-. Fue un duro golpe para el gobierno español.
-El objetivo de un profesor es enseñar, y esta será una clase que no olvidarán- da un sorbo a su bebida-. Por desgracia, por lo que he leído, a este país le quedan demasiadas clases por delante antes de que realmente se aprenda.
La puerta de la casa se abre estruendosamente. La esposa de Ferrer grita, suplica, llora. Un grupo de agentes se presenta ante vosotros.
-Francisco Ferrer i Guardia, queda detenido como promotor de los alzamientos contra la autoridad.
El filósofo no protesta, no argumenta, no habla sino con su silencio. Es esposado y empujado fuera de la casa. Un furgón de policía le espera abajo.
-Viéndoos a vosotros- os dice como única despedida- uno al menos tiene cierta confianza en el futuro.
El vehículo de la policía se aleja. Francisco Ferrer i Guardia no volverá a conocer la libertad y morirá ajusticiado por un gobierno sin argumentos. Os quedáis unos minutos consolando a la esposa del profesor hasta que unos familiares y vecinos llegan a ofrecerle su apoyo. Os vais sin nada que poder decir y, en silencio, volvéis a la puerta del Tiempo. Habéis cumplido con vuestra misión, pero habéis presenciado una de esas páginas de la Historia de España que hubierais preferido no conocer
Regresáis desolados al presente, afectados por conocer el destino de Ferrer i Guardia. Poco consuelo es saber que habéis ayudado a una inocente y evitado que una tecnología demasiado avanzada caiga en malas manos
-Otro episodio desgraciado de la Historia de España-sintentiza julian.
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janessi1
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MensajeTema: capitulo siete: A TIEMPO PARCIAL   Sáb Mayo 20, 2017 11:48 am

Al atravesar la puerta os invade la extraña sensación del cambio en la gravedad. La oscuridad os envuelve, avanzáis unos pasos y retrocedéis ¿décadas? ¿siglos? y os hayáis empujando una portezuela carcomida y semienterrada en un lugar desconocido. La puerta cede al primer “vive Dios” de Alonso, que ayuda con vigor a Julián y con gentileza a Amelia a salir del acceso temporal.
-¿Dónde nos hallamos?- inquiere Alonso, comprobando el peso tranquilizador de su bolsa con su pistola y su daga. Es noche cerrada y os rodean los árboles. La temperatura es fresca y húmeda y oís claramente una corriente de agua.
-Diría que estamos a mediados del siglo XX.- observa Amelia. Alonso la mira intrigado.
-¿Cómo podéis saberlo?- la joven señala la ciudad que tenéis frente a vosotros.
-Es una ciudad grande, y se observa luz eléctrica, pero no demasiada. Una población de este tamaño estaría más iluminada en décadas posteriores. Estamos en la orilla de un río bastante caudaloso, ¿quizá en el Norte de la península?
-Yo añadiría que en un islote- añade Julián, a su espalda-. Aquí hay otra orilla.
-Pardiez que es pequeño- gruñe Alonso-, que si nos ponemos costado con costado a los de los extremos se les mojarían los pies.
-Y no tendrá un centenar de metros de largo.- dice Amelia, avanzando con cuidado en la completa oscuridad. Julián contempla el cielo estrellado, tan difícil de ver en su ciudad y en su año.
-La patrulla que investigó esta puerta hace diez meses la encontró intransitable, ¿cuál sería el motivo?
-Puede que el río sufriera una crecida y cubriese la puerta.- razona Amelia. Alonso piensa en ello.
-En ese caso, a Dios gracias que no la abrieron. Nos habríamos encontrado con un río manando por el Ministerio.
Julián recuerda el medio palmo de sedimentos que cubría la puerta y pone su mano sobre el hombro de su amigo.
-O quizá no tenían un tercio de Flandes capaz de abrirla.
Alonso sonríe ante el halago, pero Amelia rápidamente les impone su pragmatismo.
-En cualquier caso, debemos llegar a la orilla. Aquí difícilmente podremos saber dónde y cuándo estamos.
-¿Qué tal nadáis?- pregunta Julián a modo de sugerencia-. Estamos a veinte metros de cualquiera de las orillas, y parece haber ciudad a ambos lados.
El soldado del grupo no parece satisfecho con la propuesta.
-Demasiado me metí en ríos en las encamisadas de Flandes- a la desesperada, el andaluz mira a los alrededores y da con algo-. Allí se acerca una barca- señala-, seguramente un pescador. Podríamos hacerle señas y que nos acercase a la ribera.
-Debemos pensar en si nos conviene llamar la atención- hace notar Amelia-, ¿qué hacemos?
Salís de entre los árboles y agitáis los brazos, gritando para aseguraros de que el barquero advierte vuestra presencia. Parece que lo conseguís, porque la barca se detiene y un hombre arrugado, embozado en un impermeable y con una colilla de cigarrillo apagada colgando de su labio extiende su pequeño farol hacia vosotros.
-Arratsalde on.- dice, extrañado. Al menos ya tenéis claro que estáis en el País Vasco.
-Buenas noches, señor- dice Julián-, ¿sería tan amable de acercarnos a la ciudad?
-¿A qué ciudad?- pregunta, con un español precario-. ¿A Irun?
El enfermero se apresura a asentir, como si hubiera otra opción. El buen hombre recoge sus útiles de pesca para dejaros sitio, y subís a la barca, que cruje y zozobra bajo vuestro peso. El pescador comienza a remar, mirándoos con extrañeza.
-Ustedes no parecen de aquí.- dice finalmente. Julián asiente con una sonrisa.
-No sabe usted hasta qué punto.
-Somos de Santander- interviene Amelia-. De viaje a Francia… a gestionar unas compras para nuestra empresa familiar.
-Ya- masculla el hombre, poco convencido. Tarda un par de brazadas en atreverse a preguntar-. ¿Y qué hacían ustedes en Konpantzia?
-Nos quedamos varados.- señala lo evidente Alonso, sin querer añadir una sílaba de más. Por fortuna, vuestro samaritano parece hombre de pocas palabras y acepta la discreta respuesta.
-Son raros ustedes, pues- dice por fin-. Está claro que son de Santander.
Tras un viaje corto pero incómodo, el pescador os deja en la orilla de Irún, sin haceros más preguntas y aceptando con un gesto desganado vuestra gratitud.
Dejáis que llegue el amanecer para adentraros en la ciudad. Os encontráis en una localidad de cierto tamaño atravesada por un gran río en uno de sus márgenes con otra ciudad en el contrario. Las gentes salen a las calles con la primera luz del día, personas sencillas en un lugar que parece haber conocido una gran destrucción hace no demasiados meses, y por todos lados veis edificios en ruinas y muros oscurecidos por el hollín y la ceniza. Intentáis pasar todo lo desapercibido posible y no llamar la atención a un par de parejas de la guardia civil que miran a los paisanos con cierta suspicacia. Aguzáis el oído para escuchar alguna conversación.
-Es la parla vizcaína.- observa Alonso hablando en susurros. Amelia asiente.
-O un castellano bastante forzado, con un fuerte acento- hace notar-. Como si no pudieran hablar en su propio idioma.
-Puedes estar segura de ello- recién llegados a la plaza central, Julián señala lo que parece el edificio consistorial. Un único nombre aparece escrito tres veces con grandes letras negras.
-Hemos limitado algo el año en el que estamos- se consuela el enfermero-. Al menos, a cuarenta años grises.
Las campanadas de la iglesia suenan seis veces.
-Son las seis y ya ha amanecido, y el clima es benigno- observa Alonso-. Diría que estamos en verano.
Julián se agacha a coger un periódico arrugado que ensucia el suelo.
-En efecto- lee-, 30 de Julio de 1940. Parece el periódico de ayer.
Amelia se detiene y abre los ojos de par en par. Se tapa la boca, entre el espanto y la vergüenza. Lleva a la patrulla a una callejuela donde puede hablar con discreción.
-¡Por supuesto, tuve que haberlo adivinado al instante!¡Estamos en Irún!- se fustiga. Sus compañeros la miran sin entender-. ¡Konpantzia! ¡La isla de los Faisanes!
-Amelia, ya sé que lo que te voy a decir es algo nuevo- ironiza Julián-, pero vas a tener que entender que no sabemos de que hablas y explicarnos dónde está el problema.
-Julián, tú leíste en el informe que otra patrulla intentó catalogar la puerta por la que hemos pasado- ¡¿en serio aún no se habían dado cuenta?!-. Hace diez meses.
-Seguramente la hallaron trabada.- medita Alonso. Amelia niega con la cabeza.
-¿Y si el problema no fue ese?¿Y si el problema es que el lugar donde se halla la puerta es la Isla de los Faisanes?
-¿Qué sitio es ese?- lamenta insistir Julián. Amelia se concede un momento para respirar y comparte su razonamiento.
-Hace diez meses la puerta no pudo abrirse, porque las Puertas del Tiempo solamente funcionan en territorio español, y hace diez meses esa isla no era española.
-¿Una nueva conquista?- se acaricia la perilla el guerrero del grupo-. Así se reconstruye un imperio, poco a poco.
-No es eso, Alonso. La Isla de los Faisanes es un condominio entre España y Francia. En el Bidasoa, a medio camino entre Irún y Hendaya, ambos países se reparten la isla. Seis meses al año es española, los otros seis, francesa. Por eso la otra patrulla no consiguió llegar a pasar la puerta; estaba en el periodo de control francés, y por tanto era inaccesible. Cuando esta mañana hemos llegado nosotros, ese pedazo de tierra era español, por lo que pudimos entrar.
-Por tu tono, lo que está pasando va más allá de la anécdota.- intuye Julián. Amelia asiente, gélida.
-Hoy es 31 de Julio- recuerda-. A las 12 de la noche, la Isla de los Faisanes volverá a ser francesa. Si no llegamos antes, no podremos regresar a nuestra época hasta dentro de seis meses.
Una anciana cargada con una cesta de manzanas pasa a vuestro lado, recelosa.
-Egun on- saluda Amelia. La mujer asiente, pero pasan varios metros antes de que aparte su inquisitiva mirada de vosotros-. Tenemos horas por delante, pero debemos tener cuidado. En estos momentos muchos simpatizantes de la República intentan acceder a Francia para huir de la represión, y el ejército y la Guardia Civil están muy atentos a cualquier sospechoso o persona extraña cerca de la frontera.
Los miembros del grupo se miran unos a otros.
-Pues tiene que haber poca gente más sospechosa o extraña que nosotros.- se lamenta Julián.
-Y en el peor de los casos- desea aportar Alonso-, ¿no podríamos viajar a Madrid y contactar con el Ministerio del Tiempo de este año? Nos dejarían acceso a sus puertas y paso franco para regresar a 2016.
Amelia vuelve a ser portadora de malas noticias.
-En cualquier otro momento esa sería una opción, pero el Ministerio del Tiempo pasó a la clandestinidad durante el levantamiento nacional y en los primeros años del franquismo, para que la Guerra Civil no se convirtiera en una Guerra del Tiempo. El Ministerio sólo volvió a funcionar cuando quedó claro que ninguno de los bandos lo usaría con otra función que no fuera preservar la Historia.
Julián recapacita un instante, saca su móvil e intenta hacer una llamada intertemporal-. No puedo comunicar con Ernesto.
-Si se han bloqueado tantas puertas del Tiempo- recapacita Alonso-, es muy probable que las comunicaciones se hayan visto comprometidas.
-Pues a funcionar, equipo- anima Julián-. Tenemos 18 horas para volver a ese islote y no levantar sospechas. En peores nos hemos visto.
Amelia y Alonso asienten, esperando que su compañero tenga razón en su optimismo.
Regresáis al margen del río, agachando la cabeza para pasar desapercibidos. Vuestro aspecto y vuestra misma presencia llaman la atención en un momento y un lugar demasiado peligrosos. Al otro lado del caudaloso Bidasoa se encuentra Hendaya, una ciudad en mucho parecida a Irún, pero que no ha sufrido los rigores de la guerra ni las penurias de las posguerra. Por ahora. Por desgracia, el siglo XX aún está por traer grandes penalidades al país vecino.
Podéis ver el puente en el que se encuentra el paso fronterizo. Barreras a ambos lados bloquean a los viajeros que intentan entrar en el otro país, y guardias civiles y gendarmes se encargan de comprobar pasaportes y visados. Ahora claramente visible a la luz del día veis la Isla de los Faisanes, pequeño islote cubierto de árboles y vegetación que dentro de unas horas pasará a dominio francés. Sólo vosotros mostráis interés en ese grano de arena en medio del río, pero severos guardias civiles pasean por la rivera en todo momento; no se muestran concienzudamente vigilantes, pero su presencia imposibilita que podáis llegar a nado a pleno sol.
Con la experiencia de muchas misiones a vuestras espaldas, pasáis el tiempo que resta de sol que quedan alejandoos de miradas indiscretas. Por fortuna, Irún es una ciudad grande y, aunque de aspecto extraño, sois capaces de manteneros oportunamente alejados de la guardia civil. Dan las nueve campanadas cuando pensáis que la penumbra os ofrecerá suficiente cobertura y os dirigís a la ribera del Bidasoa. La mayoría de losiruneses se han retirado a sus hogares y vuestra presencia en las calles pasa inadvertida. A escasos metros, la Isla de los Faisanes, que dentro de unas horas pasará a ser francesa para no volver a soberanía española hasta dentro de medio año. Julián mira a ambos lados con prudencia.
-¿Listos para un baño?- Amelia asiente y Alonso masculla alguna protesta sin convicción. Os acercáis al caudaloso río, pero el soldado detiene al grupo.
-Hay alguien a vuestra izquierda.- señala, en un tono casi inaudible. Sus compañeros, discretos, miran lo suficiente como para ver la silueta de un hombre fumando que parece contemplar la melliza francesa de Irún. Da una profunda calada y el brillo del cigarro ilumina momentáneamente su rostro. En su gesto se lee que intenta aparentar que no os ha visto; ¿será un peligro para vosotros, un aliado o simplemente alguien que sale a tomar el fresco en una agradable noche de verano?
Apostáis vuestra fortuna a que el paseante, incluso si os está vigilando, no es más que un iruñés trasnochando. Incluso, razonáis, en el caso de que viesen como llegáis a la Isla de los Faisanes y encontrasen la puerta, dentro de un par de horas estará bloqueada y los que os persigan no verán más que una portezuela inservible. Aún hay guardias que, adormilados y aburridos, recorren la ribera, pero no os cuesta evadirlos y esperar al momento oportuno. Das la indicación para lanzaros al agua. Los tres os zambullís, contando las brazadas que os restan para llegar a vuestro objetivos.
-¡Huidos! ¡A mi la guardia!
Esos gritos no son buen presagio. Nunca sabréis si la figura extraña era un guardia civil de paisano, un confidente o simplemente un delator, pero no tardáis en oir pasos a la carrera y luego disparos en vuestra dirección. La oscuridad os protege, pero tú te llevas la peor parte; un disparo afortunado te alcanza cerca de la clavícula y sólo consigues salir del agua con la ayuda de tus compañeros. Los focos del puente fronterizo os apuntan y más disparos hacen saltar astillas en los árboles del islote. La mano viene bien dada, pues los guardias civiles dan por supuesto que no tenéis por escapatoria y paran el tiroteo, dandoos la oportunidad de abrir la puerta del tiempo y regresar a vuestro siglo. La misión no ha sido un éxito y necesitarás tratamiento inmediato para tu fea herida, pero por lo menos regresáis y viviréis para contarlo.
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